Esperanza que Purifica

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Esperanza que Purifica

Por John MacArthur

Una cosa que parece faltar en la cultura popular cristiana de hoy es cualquier preocupación por la santidad y la pureza personal. Y sin embargo, esto es a lo que todos nosotros estamos llamados:

Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él. Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. (1 Juan 2:28-3:3)

Este es un pasaje sobre la esperanza en la segunda venida. Como creyentes, estamos esperando la aparición de Jesús. Pero también es un pasaje sobre cómo esta esperanza nos purifica. Al esperar a nuestro Dios, nos santificamos. Nos despojamos progresivamente del pecado y crecemos en santidad.

El deseo del Señor es tener una iglesia santa, un pueblo santo. Vea lo que dice Pedro:

sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo..” (1 Pedro 1:15-16)

Estamos llamados a la santidad. Debemos separarnos del pecado para alcanzar la justicia. La obligación es clara. Se repite una y otra vez en las Escrituras. Y una de las motivaciones más fuertes que tenemos para buscar la santidad es la esperanza.

Como creyentes, tenemos la esperanza de que Jesús aparecerá un día, y nos uniremos a Él. Y si realmente vives a la luz de este momento venidero, si realmente reconoces que algún día vas a enfrentarte al Juez y tu vida va a ser evaluada como la base de tu recompensa eterna, estarás motivado a buscar la santidad.

Recuerda, todos vamos a estar ante el Señor. Todos vamos a estar allí en el tribunal de Cristo, y nuestras vidas van a ser evaluadas. No vamos a pagar por nuestros pecados, porque Jesús ya lo hizo. Pero toda la escoria de nuestras vidas, todos los fracasos, nos restarán nuestra recompensa eterna. Como nos advierte Pablo,

Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. (1 Corintios 3:12-15)

Vivir a la luz de la eternidad no es fácil en esta sociedad. Muy pocas personas, incluso cristianas, lo hacen. Nos aferramos a esta vida con fuerza. Hacemos todo lo que podemos para llenar esta vida con todas las buenas experiencias, beneficios y posesiones que son concebibles. Es una maldición, en cierto modo, vivir en una sociedad materialista.

Siempre me acuerdo de la vez que volé a Kazajstán para hacer una serie de reuniones con 1.700 pastores de Asia central que se reunían para la primera conferencia de pastores en la historia de esa zona. Y se suponía que debía enseñar todo sobre el plan de Dios para la iglesia, durante seis días seguidos.

Alrededor del tercer o cuarto día, los líderes vinieron a mí y me dijeron: "¿Cuándo llegamos a la parte buena?". Y yo dije: "¿Qué quieres decir con ‘la parte buena’?" Dijeron: "La parte del cielo".

Esta gente no tenía nada. Estábamos dos personas en casa de una viuda que había perdido a su marido hacía unos meses. Ella hacía largas colas para conseguir un poco de carne de caballo y algunos huevos para alimentarnos cada día. No había nada en este mundo a lo que ella se aferrara; vivía en la esperanza del cielo. Vivía en la esperanza de su recompensa eterna y del reencuentro con su amado esposo.

Esta esperanza es poderosa. Nos motiva a obedecer mientras esperamos escuchar: “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:23)

Espero que no estés atrapado en sacar el máximo provecho de esta vida y el mínimo de la vida venidera. Esta vida es un vapor. La que viene dura para siempre.

Este post está basado en un sermón que el Dr. MacArthur predicó en 2003, titulado "La Esperanza Purificadora, Parte 1".

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