La Relación Interpretativa Entre los Dos Testamentos

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ESJ-2017 1017-001

La Relación Interpretativa Entre los Dos Testamentos

Por Alva J. McClain

“La forma en que Cristo y sus discípulos tratan el Antiguo Testamento nuevamente nos enseña el principio de que la mera afirmación dogmática de un pasaje de las Escrituras, debe considerarse decisiva en cuanto a su significado. En el Nuevo Testamento hay unas 400 citas del Antiguo Testamento, y en todas ellas la mera expresión “Escrito esta” es determinante para clarificar su significado. Otro de los rasgos característicos e instructivos de los escritores del Nuevo Testamento es que se abstienen completamente de utilizar el método alegórico de interpretación, tan común por aquellos días, particularmente en los escritos de Fi16n. Ni siquiera Gálatas 4:22 (si lo entendemos correctamente) es una excepción a esta regla, porque, si después de todo, en este texto hay una interpretación alegórica, es un argumentum ad hominem. El método de interpretaci6n de los autores del Nuevo Testamento, sobrio y gramatical, también se destaca por su audaz y fidedigno contraste con los primeros exegetas cristianos como Orígenes, por ejemplo.” – G. H. Schodde’

Al pasar del Antiguo al Nuevo Testamento, debemos decir algo acerca de la relación hermenéutica que existe entre estos dos cuerpos de revelación divina. Esta relación es de especial importancia con respecto a nuestro tema del Reino Mesiánico. Entre los eruditos creyentes hay una total coincidencia con respecto al Rey mismo, su persona y su obra redentora que salva a los hombres del pecado, tal como está delineado en los dos Testamentos. De acuerdo a la profecía del Antiguo Testamento, el Mesías sería el divino Hijo de Dios; pero también seria descendiente de David, nacido de una virgen en el pueblo de Belén; que se presentaría como Rey de Israel cabalgando sobre un pollino de asno. Sería

rechazado, sufriría, moriría, y se levantaría de su sepultura. A través de detalles como estos se comprende que hay una coincidencia clara y literal entre las profecías del Antiguo Testamento y su cumplimiento histórico registrado en el Nuevo Testamento

Pero cuando llegamos el tema glorioso del reino del Mesías y su establecimiento entre los hombres. aunque el material del Antiguo Testamento es voluminoso y está ubicado en el mismo contexto profético, los antimilenialistas comienzan a defenderse y a moverse inquietos, insistiendo en que se le debe dar un trato interpretativo especial a lo que dicen los profetas sobre estos temas. En consecuencia, llenan a conclusiones que frecuentemente son arbitrarias e inverosímiles. De acuerdo a tales esquemas, se alega que, para comprender el sentido oculto de la profecía, debemos encontrar alguna “clave” que nos permita desentrañar el misterio de las Escrituras. Y casi siempre ésta “clave” resulta ser algún énfasis teológico exclusivo o algún texto del Nuevo Testamento cuyo significado quizá no es muy claro. Entonces, el intérprete insiste en que cada cosa debe leerse de acuerdo a esta “clave.” O, para usar otra ilustración, ese texto clave o ese énfasis especial se convierte en una especie de gafas de colores a través de las que se lee la profecía del Antiguo Testamento, distorsionando algunas cosas y cambiando otras por completo.[2] El testimonio bíblico en contra de este tipo de procedimientos es sólido claro y convincente.

1. La Autoridad y la Claridad del Antiguo Testamento.

Primero, durante muchos siglos y hasta la era cristiana los hombres contaban con una única revelación escrita: las escrituras del Antiguo Testamento; y este conjunto de verdades era el tribunal final de apelaciones. Así lo atestiguan muchas veces los profetas, nuestro Señor, sus apóstoles escogidos, y la iglesia primitiva, (compare Lucas 24:44; Hechos 28:23; etc.).

Segundo, las primeras predicaciones neotestamentarias de la 1glesia apostólica eran examinadas a la luz de su concordancia con el Antiguo Testamento. Así es que encontramos que los judíos de Berea eran dignos de alabanza porque después de haber escuchado a Pablo Y a Silas, escudriñaban “cada día las Escrituras para ver si esas cosas eran así; y como resultado muchos fueron convencidos y creyeron. (Hechos 17:11-12) Otro ejemplo es el del apóstol Pablo; mientras se defendía ante el rey Agripa del cargo de herejía religiosa que los Judíos le hacían, declara que él no había dicho “nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder” (Hechos 26:22).

Tercero, nuestro Señor y sus ap6stoies invariablemente dieron por sentado que las escrituras del Antiguo Testamento podía entenderse lo suficiente como para que sus lectores y oyentes fueran tenidos como moralmente responsables por creer sus demandas esenciales. Los hombres tenían que “escudriña” estas Escrituras, porque daban testimonio de Cristo (Juan 5:39). Y el fracaso de los judíos que no creyeron en El se atribuye a su fracaso por no creer al Antiguo Testamento: “Si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió el. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5:46-47). Además, en una notable narraci6n registrada en Lucas 16:20-31, se oye a Abraham responder al ruego del rico que le pide una oportunidad para avisar a sus cinco hermanos: “A Moises y a los profetas tienen; óiganlos” (v. 29). Si rehusaban oír a los profetas, tampoco creerían aun cuando alguien fuera enviado desde el mundo de los muertos (v. 31).

Cuarto, no hay ninguna indicación de que las escrituras del Antiguo Testamento tuvieran un carácter esotérico, es decir, que no era posible entenderlas excepto por medio de alguna “clave” descubierta siglos después de su redacci6n. Esto no significa que no hay problemas de interpretación en el Antiguo Testamento, porque los mismos profetas a veces escudriñaban sus propios escritos tratando de desentrañar su significado. Pero esos problemas tenían que ver principalmente con el tiempo en relaci6n con profetas condicionadas moralmente (compare 1 Pedro 1:10-11 ). Y este problema en particular solamente pudo resolverse cuando los profetas se cumplieron históricamente en la primera venida del Mesías. 3 Además, esa venida proveyó un modelo de cumplimiento literal que al lector le ayuda para no interpretar err6neamente las profetas que todavía no se han cumplido.

Quinto, es cierto que frente a los problemas de interpretaci6n del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento siempre debe tener la última palabra. Pero no debemos olvidar que aun el Nuevo Testamento tiene pasajes que son “difíciles de entender” (2 Pedro 3:16). Y ninguno de estos textos difíciles jamás deberá usarse para “torcer ” o invalidar las afirmaciones claras de los profetas del Antiguo Testamento. Además, donde los problemas del Antiguo Testamento son solucionados recurriendo al Nuevo Testamento, la voz decisiva debe surgir de la totalidad de lo que dice la Escritura sobre el punto en cuesti6n.

Sexto, si existe alguna dificultad para entender las doctrinas esenciales de las Escrituras -y seguramente el Reino es una de estas doctrinas – el problema radica más bien en el hombre que en la revelación. Scbodde ha observado acertadamente: “La Biblia fue escrita para los hombres y por consiguiente, no hay ninguna 1ógica, o ret6rica. o gramática exclusivamente bíblica.” [4] Esta es la razón por la que Dios puede hacer responsables a todos los hombres en cuanto a creer y satisfacer las demandas esenciales que hay en la Palabra escrita en cualquier etapa de la revelaci6n. Si es posible para autores humanos escribir lo suficientemente claro como para que los lectores entiendan lo que leen, ¿no podría Dios hacer lo mismo? El apóstol Juan nos da la respuesta: “Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios” ( I Juan 5:9). Entonces, ¿Cuál es el problema que los hombres algunas veces no entienden las grandes verdades esenciales de las Escrituras?

2. Algunos problemas relacionados con el entendimiento humano.

a. El Problema de la ignorancia.

Pedro habla acerca de este problema en su segunda epístola. Refiriéndose a las escrituras de Pablo, dice que entre ellas “hay algunas difíciles de entender. las cuales los indoctos e inconstantes tuercen. como así también las otras escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3: 15-16). En lugar de “indoctos·· la Nueva Versión Internacional tiene “ignorantes”. Es evidente que la ignorancia a la que Pedro se refiere de alguna manera está relacionada con la enseñanza o la carencia de ella. Y es un hecho que mucha gente desconoce grandes e importantes áreas de la Palabra de Dios; porque no le han dado ningún lugar en cl pulpito o porque se les enseñó incorrectamente. Como resultado de esto, se tuercen o “tergiversan” otras partes de las Escrituras. lo que acarrea la destrucci6n del alma de los hombres.

Pero también es posible que la ignorancia sea deliberada, como una especie de sendero sobre el cual los hombres ponen sus pies con designios premeditados. Pedro describe a ciertos burladores de los últimos tiempos, como hombres que “ignoran voluntariamente” cosas que deberían conocer. Y es muy interesante notar que lo que ignoran deliberadamente es de naturaleza escatológica, que tiene que ver con la promesa de la segunda venida del Señor (vea 2 Pedro 3.1-5). Además, la mayor parte de la revelaci6n ante la cual estos “burladores” cierra los ojos deliberadamente se encuentra en el Antiguo Testamento (v.s. 5-6, 10). Por supuesto, el remedio para esta ignorancia es recibir y leer la totalidad de la Palabra de Dios con una mente abierta y bajo la guía del Espíritu de Dios.

b. El Problema de la incredulidad.

Existe la posibilidad de que los hombres conozcan la verdad pero permanezcan en incredulidad. Esto es así aun con los creyentes, quienes pueden creer una parte de la Palabra de Dios y al mismo tiempo dudar de otra que es tan clara como aquella. En Lucas 24 se registra un caso instructivo en relaci6n con esto. Después de su muerte y resurrecci6n, nuestro Señor encontró a dos discípulos en el camino a Emaus. Ante el hecho de la muerte y sepultura del Señor, estos dos discípulos se preguntaban si su esperanza en El como el Mesías Redentor de Israel era algo que tenía un fundamento sólido; y la respuesta de Cristo va directamente al coraz6n del problema: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (Lucas 24:25, bastardillas mías). El contexto demuestra que estos discípulos creían las profecías del Antiguo Testamento relacionadas con la gloria del Mesías, pero no habían aceptado literalmente Jo que esos mismos profetas habían dicho acerca de sus sufrimientos y su muerte. En consecuencia, estos hombres realmente estaban vacilando en su fe en Jesús como Mesías. Pisamos terreno sumamente inseguro cuando rechazamos algo de las Escrituras, aunque a la razón humana le parezca inverosímil. Y todo sistema de interpretación que quita su significado normal a alguna porción de la escritura. es una forma de incredulidad que puede conducir a resultados desastrosos. Por ejemplo. la perspectiva unitaria y arriana acerca de nuestro Señor, acepta el testimonio bíblico relacionado con su auténtica humanidad, pero “interpretan” muy equivocadamente el testimonio concerniente a su auténtica deidad. La única actitud segura es aceptar la totalidad de las Escrituras en todos sus distintos temas, sea sobre la persona de Cristo o sea sobre su Reino, y aceptarla al pie de la letra.

c. El Problema del Discernimiento limitado.

Este parece haber sido el obstáculo ante el cual estaba tropezando la iglesia de los Corintios, porque a ellos les escribió Pablo “os di a beber leche y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía” ( 1 Corintios 3:2). Esta limitación se debía a su falta de crecimiento espiritual. Eran “niños en Cristo” ( 1 Corintios 3:1 ) y tenía que tratarlos de acuerdo a eso. Pablo también los llama “carnales” (v. 3 ), porque hay cierto grado de carnalidad en la niñez. La mente del niño es incapaz de juzgar correctamente el valor comparativo o la importancia de las cosas, y es más susceptible a la atracción de las cosas que están cerca y que se pueden ver, que a la atracción de las cosas que están lejos y que son menos espectaculares. Además, la dependencia de las corintios de los líderes humanos y su actitud partidista hacia ellos, era otra evidencia de su infantilismo espiritual: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, no sois carnales? (1 Corintios 3:4). Ambos eran hombres grandes, pero aun así eran “ministros por medio de quienes” habían creído (1 Corintios 3:5). Y ningún hombre, ni siquiera el ap6stol Pablo, ha sido jamás el canal por el que fluye toda la verdad divina. Por lo tanto. Alimentarse solo de las escrituras paulinas o únicamente de los cuatro evangelios, o apoyarse totalmente sobre un maestro humano de las Escrituras, o restringir el significado total de una doctrina bíblica a una arbitraria selección de textos, es un índice de inmadurez espiritual y del limitado discernimiento que siempre la acompaña. Por supuesto, el remedio es crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3: 18). Y debido a que las Escrituras dan testimonio de El, cuando leemos, estudiamos y nos alimentamos de toda la Palabra de Dios experimentamos un verdadero crecimiento espiritual.

d. El Problema de la Ceguera £spiritual.

Esta es la condición del mundo entero no salvo; así que, aunque sea grande su erudición, de los hombres no regenerados no podemos esperar otra cosa que una gran confusión de ideas con respecto a las verdades esenciales de las Escrituras. Esta ceguera tiene tres aspectos: Primero, es inherente a la naturaleza pecaminosa de los hombres caídos: “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios . . . no las puede entender” (1 Corintios 2:14). Segundo, se manifiesta y profundiza debido a los pecados personales de aquel que no es salvo: “El que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos” (l Juan 2: 11). Tercero, Satanás, la produce, porque el es el dios de este siglo que “cegó el entendimiento de los incrédulos'” ( 2 Corintios 4:4). En este versículo vale la pena notar que el blanco particular al que apunta el ‘venenoso odio de Satanás es “el evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” Este es un tema de gran importancia en relación con el Remo, porque cuando se establezca el Reino en la segunda venida de nuestro Señor, su “gloria’ se manifestará tan plenamente que “todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7) La realidad de esa gloria, que hoy en día es invisible, forma parte de las buenas nuevas enseñadas en la Palabra escrita, y que aceptamos por fe. Pero, por el engaño de Satanás, la mente de los incrédulos esta cegada y no ve esta gloriosa luz.

Ahora bien, el remedio para esta ceguera es muy simple. En 2 Corintios 3, versículos 14 y 15, Pablo describe la ceguera de aquellos que leen el “antiguo pacto” sin ver la gloria de Cristo: “porque hasta el día de hoy,” dice el ap6stol, “el velo está puesto sobre el coraz6n de ellos.”’ Este “velo” ciertamente es el pecado humano. ¿Y que hay que hacer para que el velo sea quitado y podamos ver? La respuesta es muy clara· “Cuando alguno se convierte al Señor, el velo es quitado” (2 Corintios 3:16, BLA).

e. El Problema de las Limitaciones de la Mente Humana

Con referencia a todo lo que hemos dicho arriba, jamás debemos olvidar que en las Escrituras tenemos una revelación que desciende de una mente infinita, aunque se expresa por medio del lenguaje humano; por lo tanto, como bien dice Alford: “su frase mas sencilla tiene en sí misma una profundidad que la mente humana no puede sondear . .. . Pero esto no significa que los hombres no pueden conocer aquí y ahora las verdades esenciales de las Escrituras. Solamente significa que, en relación con estas verdades, “siempre se arrojará nueva luz sobre la Palabra de Dios, sea por el desarrollo de acontecimientos, sea por medio de los descubrimientos de la investigación histórica y científica.” [6] Por ejemplo, no hay ninguna dificultad insoluble para aprender de la Palabra de Dios escrita, que Jesucristo es tanto Dios como hombre. Ninguna investigación o descubrimiento jamás podrá cambiar estos hechos de la revelación divina. Pero a través de todo el tiempo y la eternidad se podrán ver estas verdades con un brillo nuevo y con nuevas glorias, a medida que perseveramos en la contemplación de la Palabra escrita; pero está búsqueda nunca termina porque ¡Dios no tiene fin!

Resumiendo esta discusión introductoria, debemos enfatizar dos cosas: primera, los problemas cruciales para entender la revelación escrita de Dios no se encuentran en la revelación misma sino en el hombre; y segunda, salvo las limitaciones del hombre, estos problemas básicamente son de naturaleza moral y espiritual. Si los hombres no pueden ver no se debe a que han perdido su mente, sino a que han perdido su santidad. Si los hombres no creen, no se debe a que son incapaces de ejecutar un acto intelectual de asentimiento, sino a que no quieren creer. No tiene sentido decir que el simple acto de creer, considerado psicológicamente, esta fuera del alcance de la capacidad del hombre. Cada día, por medio de sus actos, los hombres muestran claramente que sí pueden creer en otros, en sí mismos, y aun en las mentiras del aparato propagandístico. Pero los hombres por sí mismos no creerán en Dios. La imposibilidad de creer no se encuentra en un posible significado esotérico de las Escrituras, ni en algún defecto del intelecto humano. La imposibilidad es moral y espiritual. El hombre no puede creer y entender lo que dice Dios porque no quiere hacerlo. Esta es la razón por que los hombres “están siempre aprendiendo”, pero de no mediar la obra salvadora del Espíritu Santo “nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3:7). Y en último análisis, esto se debe a que es Dios quien debe abrirles a los hombres el “entendimiento” para que puedan comprender las Escrituras (Lucas 24:25).

***

I. G. H. Schodde. “Interpretation”. International Standard Bible Encyclopedia (Chicago. Howard-Severance. 195) Vol Ill, p. 1490.

2 Como ejemplo de esto citarnos un artículo de Henry R. Van Til publicado en el Journal of The American Scientific Affiliation de septiembre de 1955, p. 9. Después de escribir con gran erudición acerca de la hermenéutica bíblica, y habiendo afirmado correctamente que hay porciones del Antiguo Testamento que no son claras, a menos que sean aclaradas por el Nuevo Testamento. Van Til dice abruptamente que “Jacobo dice al primer Concilio en Jerusalen que la conversión de los gentiles atestiguada por Pablo y Bernabe es el cumplimiento de la promesa de Dios a David de que su tabernáculo seria edificado y su reino sería seguro, eliminando asía de un solo golpe cualquier reino físico, material, terrenal, de los herederos de David” (p. 13, bastardillas mias). Para el escritor este único texto (Hechos I 5: 13-18). Interpretado privadamente por el mismo aclara todo. No hace ningún intento para interpretar el texto en cuesti6n; no reconoce ninguna alternativa; no examina ninguno de los numerosos pasajes del Nuevo Testamento que tratan este tema; no ofrece ninguna explicación de la profecía del Antiguo Testamento que ha conducido a millones de cristianos devotos e inteligentes a creer en un Reino futuro literal para el Hijo de David y la nación de Israel; simplemente deja al lector sin otra cosa más que un dogmático ipse dixit. Además, Quita valor a toda la cuestión teológica al asumir tácitamente que un Reino literal en la tierra para los herederos de David no podría ser a la vez un reino espiritual. Todo esto en nombre de la “hermenéutica bíblica”.

3. Geerhardus Vos parece admitir este principio cuando dice que “debido a la aparición del Mesías y el cumplimiento parcial de las profecías en el presente, que el Antiguo Testamento describe como un movimiento sincrónico. Ahora se ve dividido en dos etapas.” “Eschatology of the New Testament”, International Standard Bible Encyclopedia, Vol. II, p. 979.

4. G. H. Schodde. op. cit .. Vol 111. p. 1489

5. Henry Alford, New Testament for English Readers (Nueva edición. Boston: Lee and Shepherd, 1872), Intro., p. 4.

6. Henry Alford. op. cit .. Intro .. p. 4.

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