La Gran Visión Escatológica De Jeremías (2ª. Pte)

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ESJ-2019 0909-001

La Gran Visión Escatológica De Jeremías (2ª. Pte)

Por Paul M. Henebury

El Locus Classicus del Nuevo Pacto

Entonces llegamos a la profecía sobre el Nuevo Pacto (Jer. 31, 31-34). Los versículos son seguidos inmediatamente por una garantía Divina de cumplimiento futuro (Jer. 31:35-37). Así que nos corresponde mirarlo con atención:

31 He aquí, vienen días —declara el Señor— en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, 32 no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos —declara el Señor; 33 porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande —declara el Señor— pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado. – Jeremías 31:31-34

Como dice claramente el versículo 34, el Nuevo Pacto es un pacto de redención[1]. Ninguno de los otros pactos de Dios tiene la redención incorporada. Debido a esto, todos ellos dependen en última instancia del cumplimiento del Nuevo Pacto. El Nuevo Pacto representa un acto definitivo de Dios[2].

El hecho de que el Nuevo Pacto traiga la redención es central para una correcta comprensión de la interacción del Proyecto de Creación del Pacto de Dios.

Ahora sé que tan pronto como uno lee este texto, la tentación es volverse hacia el Libro de los Hebreos y concluir que se cumple en la Iglesia[3] Pero quiero que mi lector se abstenga de pasar las páginas a la derecha y se quede con Jeremías y el contexto profético del cual él forma parte, y veamos cómo las cosas que estoy tratando de desarrollar en este libro. El Antiguo Testamento tiene el derecho de ser escuchado por sí mismo primero.

La promesa del Nuevo Pacto que atará una vez más a las tribus divididas de Israel está precedida por el estribillo “He aquí vienen días.” (Jer. 31:31): una frase que se encuentra con más frecuencia en este libro (15 veces). Puede referirse a una profecía inminente, como la del cautiverio de Babilonia (por ejemplo, Jeremías 7:32-34. Cf. Isaías 39:6), o a una fatalidad inminente (por ejemplo, Jeremías 9:25; 48:12; 49:2). Pero en aquellos lugares donde la justicia y la salvación están a la vista, el contexto es inquebrantablemente un contexto escatológico de “Nuevo Pacto.” Hemos visto eso en Jeremías 23:5-7 la expectativa de la venida del “Renuevo” que traerá la justicia. Lo mismo puede decirse del gran pasaje mesiánico que aún está por venir en Jeremías 33:14-16. La expresión es usada en Jeremías 30:3 en relación con un retorno que incluirá la resurrección de David (30:9). En Jeremías 31:27 Dios promete edificar la nación una vez más, y aunque esto podría ser visto como una referencia al regreso del exilio, parece más acorde con las promesas del Nuevo Pacto a las que está tan cerca. Puesto que el Nuevo Pacto trata de la salvación y la renovación, a menudo se encuentra la profecía del reino donde se encuentran “los días venideros” (p. ej. Amós 9,13).

Como dice el versículo 32, este “Nuevo” pacto no es una repristinación del antiguo pacto mosaico. Más bien, como dice 31:33-34, este pacto que viene obra interiormente, como fue prometido por Moisés en Deuteronomio 30:6, “Además, el Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” Ezequiel profetizó lo mismo en Ezequiel 11:19-29 y 36:26-27. El Nuevo Pacto es la garantía de la transformación a la conformidad con el resultado del propósito de Dios.

El nuevo pacto venidero es, yo creo, uno y lo mismo con el siervo venidero que será hecho un pacto redentor y restaurador para el pueblo (como vimos en Isaías 42:5 y 49:8). Debido a que la intención declarada del Redentor es restaurar las fortunas de un Israel unido (por ejemplo, Isaías 45:14-17; Jeremías 3:13-18; Ezequiel 37:11-26), la primera función del Nuevo Pacto es facilitar esa intención.

El Nuevo Pacto es el Pacto redentor. Contiene los elementos de reconciliación y renovación para los pecadores y para su mundo maldecido por el pecado. Por esta razón, de ahora en adelante, me referiré a menudo a los pasajes del pacto de salvación y reclamación como “pasajes del nuevo pacto.” Los aspectos de la tierra y la simiente del pacto abrahámico (incluyendo la Simiente); la promesa del reino en el pacto Davídico, y la esperanza de un sacerdocio restaurado que se sostiene en el pacto con Fines, todos encuentran su camino hacia el cumplimiento en y a través del Nuevo pacto. Incluso, podría decirse que el pacto de Noé, con su inclusión del mundo natural dentro de sus prescripciones, se “cumple” en el Nuevo Pacto.

Este enfoque de los pactos bíblicos va en contra de aquellos entendimientos en los que el pacto abrahámico es visto como el más grande de los pactos. Porque aunque las partes nacionales e internacionales del plan de Dios están capturadas en las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob, el camino a su cumplimiento está bloqueado hasta que el pecado de la humanidad sea tratado. Es el Nuevo Pacto en Cristo el que desbloquea el camino hacia el cumplimiento trayendo la reconciliación. Todos los otros pactos divinos son revigorizados por su asociación combinada con el Nuevo Pacto.

Fuente

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[1] No debe confundirse con el “pacto de redención” extrabíblico enseñado en la teología del pacto donde al menos dos de las Personas dentro de la Santísima Trinidad pactaron antes de tiempo para salvar a los elegidos. Tal “pacto” nunca se habla en la Escritura y se infiere a partir de una cierta teología. Para mí, la idea de que había un pacto dentro de la Divinidad es absurda. Los pactos sólo son necesarios cuando al menos una de las partes es, por cualquier razón, potencialmente poco fiable.

Karl Barth planteó una objeción diferente a un pacto pre-creacional cuando afirmó que tal idea era “mitología, para la cual no hay lugar en una correcta comprensión de la doctrina de la Trinidad”. Barth se quejó de que “Dios es un solo Dios. Si se piensa en Él como el supremo y finalmente el único sujeto, Él es el único sujeto.” Si se introduce un pacto entre las Personas de la Divinidad, también se introduce una medida de dualismo; un dualismo que tal pacto crea inevitablemente (Ibid). Además, debido a que necesariamente incluye al hombre, tal pacto dentro de la Trinidad viola la unidad de la economía divina pretemporal. Ver su discusión completa en Karl Barth, Church Dogmatics (Peabody, MA: Hendricksen, 2010), IV.1, 65-66.

Michael Horton observa algunas de las objeciones de Barth en su libro The Christian Faith: A Systematic Theology for Pilgrims on the Way (Grand Rapids: Zondervan, 2011), 303, pero encuentro que su respuesta está lejos de la realidad.

[2] Michael D. Williams, Far As The Curse Is Found: The Covenant Story of Redemption (Phillipsburg, NJ: P&R, 2005), 215.  Williams cree que las frases “pacto eterno” y “pacto de paz” en Isaías 54:8-10; 61:8; Ezequiel 34:25; 37:24-28 (junto con Jeremías 32:37-41; 50:5) son sinónimos del Nuevo Pacto.

[3] Ver Hebreos 8:10-12. Esta es la cita más larga de un pasaje del AT de un autor del NT. En mi opinión, el vínculo automático con la Iglesia se hace demasiado rápido.

Un comentario sobre “La Gran Visión Escatológica De Jeremías (2ª. Pte)

    luzparalasnacionesinternacional escribió:
    9 septiembre 2019 en 1:46 pm

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