Confundiendo La Voz Del Hombre Con La Voz De Dios

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Confundiendo La Voz Del Hombre Con La Voz De Dios

POR BRAD KLASSEN

Las consecuencias de una mala interpretación pueden ser mortales. Se estima que siete mil personas mueren cada año por errores relacionados con la mala interpretación de la receta de un médico. Esto significa que dos estadounidenses murieron en la última hora porque las instrucciones de un médico fueron malinterpretadas. El número de errores interpretativos que causan daños no mortales pero sí graves a la salud de los pacientes es significativamente mayor.

Nadie se atrevería a argumentar a las miles de familias que han perdido a sus seres queridos que una interpretación exacta no es un asunto de vida o muerte. Sin embargo, esto es exactamente lo que muchos hacen con la Biblia. Algunos argumentan esto agresivamente. Las interpretaciones de las Escrituras no son ni correctas ni incorrectas, dicen. Cualquier significado que el texto bíblico tenga para un individuo será diferente para diferentes personas, o incluso diferente para la misma persona de un día para otro. Juzgar la validez de una interpretación no sólo es innecesario, sino ofensivo, un intento vergonzoso de ejercer control sobre los demás. Desafiar a los lectores sobre la exactitud de su interpretación es visto como un intento sutil de intimidar a los creyentes en la Edad Media, una época en la que la Biblia era mantenida fuera de las manos de la gente y sólo la élite religiosa era considerada apta para interpretarla correctamente.

Otros pueden no articular estos argumentos, pero los aplican en su manejo diario de la Biblia. Su enfoque desordenado revela una convicción subyacente de que la interpretación inexacta tiene poco o ningún efecto secundario perjudicial. Lo más importante es que una persona use la Biblia. No importa cómo la use. Después de todo, Dios es misericordioso.

Esto plantea la cuestión: ¿Es necesario siquiera pensar en cómo interpretamos la Biblia? ¿Realmente importa? Bernard Ramm nos ayuda a considerar lo que realmente está en juego:

Determinar lo que Dios ha dicho es una tarea elevada y santa. Con temor y temblor, cada uno debe tener mucho cuidado de lo que ha adoptado como su método de interpretación bíblica. Sobre la correcta interpretación de la Biblia descansa nuestra doctrina de la salvación, de la santificación, de la escatología y de la vida cristiana. Es nuestra solemne responsabilidad saber lo que Dios ha dicho con respecto a cada uno de ellos. Esto sólo se puede hacer si hemos formulado cuidadosa, completa y sistemáticamente ese sistema de interpretación bíblica que producirá más fácilmente el significado nativo[original] de la Biblia.

Además, necesitamos saber el método correcto de interpretación bíblica para no confundir la voz de Dios con la voz del hombre. En cada uno de los lugares donde nuestra interpretación es errónea, hemos sustituido la voz del hombre por la voz de Dios. Necesitamos conocer a fondo la hermenéutica, aunque sólo sea para preservarnos de la insensatez y de los errores de los principios defectuosos de la comprensión[1].

Podemos añadir a la respuesta de Ramm tres razones convincentes por las que una interpretación precisa realmente importa.

1. LA ESCRITURA MISMA LO ESPERA

Un panorama de las Escrituras revela exhortaciones, advertencias y ejemplos dados para recordar al estudiante de la palabra de Dios que él debe manejarla correctamente. Destaca un texto en particular: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.” (2 Tim 2:15).

La exhortación de Pablo a Timoteo está incrustada en medio de una advertencia concerniente a la amenaza de falsos maestros (2 Timoteo 2:14-19). Hombres como Himeneo y Fileto estaban difundiendo el error sobre doctrinas como la resurrección. A estos hombres les importaban poco los demás, pero les encantaba discutir, especialmente sobre las palabras. En respuesta, Pablo no exhorta a Timoteo a minimizar o ignorar la importancia de las palabras y la precisión en la interpretación. Por el contrario, él instruye a Timoteo a duplicar esfuerzos en su manejo de la Palabra.

Para hacer esto, Pablo primero le recuerda a Timoteo la audiencia final del intérprete: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado” (v. 15a). El mandato de “ser diligente” significa “ser celoso, esforzarse, ser especialmente consciente en el cumplimiento de su obligación.” Esto era algo que los falsos maestros de los días de Timoteo obviamente no estaban haciendo. Además, como intérprete y maestro de la Escritura, la obligación de Timoteo era presentarse “a Dios aprobado.” El cuadro que Pablo pinta es aleccionador. Aquellos que manejan las Escrituras no tienen derecho al juicio privado. No hacen su trabajo como islas para sí mismos.


Ellos conducen su interpretación ante Dios y deben presentarle sus resultados.

Él está allí, y está observando


Pablo describe entonces el carácter necesario del intérprete: “como obrero que no tiene de qué avergonzarse” (v. 15b). Para continuar con la analogía, Pablo describe al intérprete como un “obrero,” un término comúnmente usado para referirse a aquellos contratados para trabajos físicos. Timoteo y todos los que interpretan y enseñan la Biblia son precisamente eso, obreros. Tienen una tarea delegada en ellos que no es ni fácil ni intrascendente. Su responsabilidad es cumplir esa tarea con cuidado, de la manera que su maestro lo ha querido. Más que eso, deben llevar a cabo su labor con la vista puesta en el premio. Al final del día, su trabajo será juzgado digno de recompensa o condenado como una vergüenza.

Tercero, Pablo explica la tarea singular del intérprete: “que maneja con precisión la palabra de verdad” (2:15c). El participio traducido como “maneja con precisión” significa literalmente “corte recto.” Se refiere a la actividad de cortar una trayectoria recta sin virar a la izquierda o a la derecha. Lo que debía ser “cortado” se identifica como “la palabra de verdad,” sinónimo de la palabra de Dios (cf. Jn 17,17). Este es el quid de la instrucción de Pablo. Para evitar un destino vergonzoso en el tribunal divino, Timoteo debía manejar la verdad de Dios de una manera particular -con exactitud. Este era su singular deber. La futura recompensa de Timoteo dependía de ello.

2. EL PELIGRO DE ERROR LO EXIGE

El mayor daño a la humanidad no ha sido infligido por los intentos del enemigo de silenciar la Palabra de Dios, sino a través de las acciones que realiza para distorsionarla. De hecho, la historia comienza con este mismo acto, cuando Satanás introduce a Adán y Eva al pecado por medio de una tentación basada en la interpretación inexacta de las palabras de Dios (Génesis 3:1-7). La historia humana desde la caída de Adán hasta nuestros días está repleta de ejemplos similares. Como dijo un teólogo: “¡La Biblia es el libro más difamado del mundo!”

Ningún intérprete de la Escritura puede ignorar esta realidad. No interpretamos en un ambiente estéril, impermeable a las influencias de la ignorancia personal u otros poderes más nefastos. El apóstol Pedro advirtió a sus lectores de esto cuando señaló la presencia de hombres “ignorantes e inestables” que “tuercen… las Escrituras” (2 Pedro 3:16b). Él prescribe este enfoque como respuesta: “Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano, estad en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigáis de vuestra firmeza; antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (vv. 17-18a).


En el mundo peligroso en el que vivimos, nada menos que la vigilancia interpretativa servirá


En particular, el intérprete debe prestar atención a tres factores que dan lugar al error. En cierto sentido, todas las distorsiones de la Escritura tienen su origen en estas tres influencias:

Una Atribución Inapropiada De Autoridad

En otras palabras, la Escritura ya no es “recta” cuando en el proceso de interpretación se da la primera y última palabra a algo que no sea la Escritura. Los candidatos comunes incluyen la razón humana, la experiencia personal o la tradición religiosa. Cuando estas cosas son tratadas como irrefutablemente confiables, e incluso como fuentes de verdad en sí mismas, el texto de la Escritura es inevitablemente distorsionado en un esfuerzo por hacerlo agradable a la propia razón, intuición o tradición.

Un Sistema De Interpretación Que Es Inconsistente Con La Naturaleza Del Lenguaje De Las Escrituras

El significado del texto bíblico puede ser distorsionado incluso por aquellos que tienen una visión elevada de las Escrituras. El problema aquí no es la falta de reconocimiento de las Escrituras como la autoridad suprema. Más bien, el problema se remonta a un sistema de interpretación que es inconsistente con la naturaleza del lenguaje de las Escrituras. Un ejemplo es el método alegórico. Las realidades concretas del texto bíblico son menospreciadas en favor de las ideas “espirituales” que supuestamente están detrás del texto. La suposición es que el lenguaje interpretado al pie de la letra es demasiado simple y mundano. Dios es demasiado trascendente para usar el lenguaje de tal manera. Por lo tanto, el lenguaje de las Escrituras debe ser abordado como si fuera de otro mundo.

Una Aplicación Incorrecta O Inconsistente De La Hermenéutica Correcta

Esto es mucho más práctico por naturaleza. Es el problema de una aplicación incorrecta o inconsistente de la hermenéutica correcta. En otras palabras, los intérpretes pueden reconocer correctamente la autoridad última de las Escrituras y adoptar un enfoque interpretativo consistente con el lenguaje de las Escrituras. Pero las limitaciones en la habilidad o la falta de experiencia pueden llevar a un error interpretativo. Esto explica por qué aquellos que tienen la misma reverencia por la Palabra de Dios, y están de acuerdo en la misma metodología interpretativa, pueden llegar a diferentes conclusiones exegéticas. El problema no es que Dios fuera ambiguo en su revelación. El problema se debe a esta realidad tan básica y humilde.

Cualquier intérprete puede caer bajo el efecto de cualquiera de estas influencias. Debe permanecer vigilante contra estos peligros si quiere evitar sustituir su voz por la voz de Dios.

III. LA NECESIDAD DEL PUEBLO DE DIOS LO REQUIERE

El apóstol Pablo provee una serie de preguntas retóricas en Romanos 10:14 que enfatizan la importancia de los medios en la conversión de los pecadores: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” A continuación, hace una afirmación concisa: “Así, pues, la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Rom 10:17).

Claramente, el contenido de la predicación importa. Aunque Dios podría salvar a los pecadores y santificar a los santos sin la predicación de su palabra, Él ha escogido para Su propia gloria incorporar los medios de la predicación humana para alcanzar estas metas.


Si el contenido de la predicación es importante, entonces la interpretación que da origen a dicho contenido es importante ni una pizca menos


En consecuencia, el hecho de que otros a nuestro alrededor puedan ser víctimas de nuestra interpretación inexacta debería obligarnos a buscar una interpretación precisa a toda costa. Recordemos la ilustración de la mala interpretación médica y sus consecuencias. Una cosa es que el propio paciente malinterprete las órdenes del médico y sufra daños. Es totalmente diferente si el farmacéutico malinterpreta la receta y emite una dosis fatal de medicamento.

Los perdidos en nuestro mundo y los miembros de nuestras iglesias necesitan oír la palabra de verdad precisa. Si realmente creemos que la palabra de Cristo es necesaria para que tenga lugar la verdadera conversión, entonces una mala interpretación de esa palabra -una sustitución de nuestra voz por la voz de Dios- tiene un significado terrible para el oyente. Si realmente creemos que los santos son santificados por la verdad de la palabra de Dios, entonces una mala interpretación de esa palabra -una sustitución de nuestra voz por la voz de Dios- será un impedimento peligroso para su crecimiento. Ellos sufrirán las consecuencias, y nosotros también.

UN ASUNTO DE VIDA Y MUERTE

Las consecuencias de una mala interpretación no son poca cosa. Su realización aplazada no debe llevar a la complacencia. Hay mucho en juego. Vidas, en un sentido muy real, dependen de ello. Como tan acertadamente afirma Ramm, “necesitamos conocer el método correcto de interpretación bíblica para no confundir la voz de Dios con la voz del hombre.”

Para más información sobre hermenéutica, lea ¿Afirma Su Hermenéutica La Sola Scriptura?

Fuente

[1] Bernard Ramm, Protestant Biblical Interpretation, 3rd rev. ed. (Grand Rapids: Baker, 1970), 2.


El Dr. Brad Klassen  sirve como Profesor Asociado de la Exposición Bíblica en The Master’s Seminary.

Un comentario sobre “Confundiendo La Voz Del Hombre Con La Voz De Dios

    luzparalasnacionesinternacional escribió:
    23 septiembre 2019 en 10:44 am

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