La Naturaleza de Nuestra Esperanza

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La Naturaleza de Nuestra Esperanza

Por John MacArthur

En esta entrada quiero ofrecerles un poco de teología de la esperanza. Y quiero empezar con la idea de que nuestra esperanza, fundamentalmente, está en Dios. Está en el Dios inmutable, el Dios que no puede decir otra cosa que la verdad. Por eso el Salmo 43:5 puede decir esto:

¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.

Las cosas no son lo que deberían ser. Las cosas no son como las planearíamos si estuviéramos al mando. Y esto puede llevarnos a la desesperación. Pero el salmista dice: "Deja eso y espera en Dios". Dios ha prometido cuidarnos, protegernos, guiarnos y sostenernos, y podemos confiar en Él para la vida eterna.

La Biblia también dice que nuestra esperanza en Dios es un don de la gracia. No es algo que podamos ganar. Mira esta bendición:

Y que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia, consuele vuestros corazones y os afirme en toda obra y palabra buena. (2 Tesalonicenses 2:16-17)

Que no se diga que hemos hecho algo para ganar nuestra esperanza. Dios es quien nos da algo que esperar, y nos da esta buena esperanza por gracia.

Ahora bien, ¿dónde encontramos la esencia de esta esperanza? ¿Dónde aprendemos qué es exactamente lo que esperamos? Esto es lo que dice Romanos 15:4:

Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.

Todo lo que está escrito en la Escritura -tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento- se escribió para que tuviéramos esperanza. Nuestra esperanza viene de Dios por gracia y se nos dispensa en la Escritura. Es a medida que aprendemos lo que dice la Escritura que tenemos esperanza. Y como esta esperanza de Dios por gracia se da a través de la Escritura, es algo razonable. Así lo dice 1 Pedro 3:15:

sino santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia.

Pedro dice que nuestra esperanza es defendible. No se trata de una esperanza ilusoria. Nuestra esperanza en la vida eterna, en el cielo, en ser finalmente hechos como Cristo, en un cuerpo redimido unido en una unidad indivisible por toda la eternidad con nuestro espíritu redimido por el que alabaremos y serviremos al Señor, es una esperanza razonable.

Alguien puede preguntar: "¿Cómo es defendible?". Es defendible porque proviene de la Palabra de Dios. Y la Palabra de Dios es verdadera. Cualquier estudio honesto de la Biblia permitirá que la propia Escritura descargue su propia veracidad sobre un lector de mente abierta. La Biblia puede defenderse ante cualquiera que la estudie.

Además de todo esto, sabemos que nuestra esperanza ya ha sido asegurada para nosotros. ¿Y cómo fue asegurada? Por la resurrección de Jesucristo. De nuevo, Pedro nos ayuda con esto.

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. (1 Pedro 1:3)

Tenemos la esperanza de que nos dirigimos hacia la vida eterna. Y bendecimos a Dios porque nos ha hecho nacer de nuevo a esta esperanza a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Hemos muerto en Él y hemos resucitado en Él. Hemos resucitado para caminar en una vida nueva en la misma resurrección de Jesucristo.

Cuando Jesús fue a la cruz, podría haber habido alguna duda sobre si nuestra esperanza era válida. Podría haber habido alguna razón para preguntarse si la promesa del Antiguo Testamento, "Ni permitirás que tu Santo vea corrupción,” sería realmente cierta (Salmo 16:10). ¿Tenía el salmista alguna razón para esa esperanza? Al menos se podía cuestionar hasta un acontecimiento monumental: la resurrección de Jesucristo.

En la resurrección, nuestra vida eterna fue asegurada. Por lo tanto, tenemos una esperanza viva. Pero con esto no termina este sorprendente tratamiento de la esperanza en la Biblia. Vea Romanos 15:13.

Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

Es el Espíritu Santo quien suscita esa actitud esperanzada en el corazón en respuesta a las promesas de Dios reveladas en la Escritura. La esperanza, pues, abarca al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. El Padre da la esperanza, el Hijo asegura la esperanza y el Espíritu confirma la esperanza.

Como creyentes, pues, debemos vivir con esperanza. No somos un pueblo que tiene esperanza sólo en este mundo; tenemos esperanza en el mundo futuro, y es una esperanza viva. Es una esperanza de vida real, garantizada y asegurada para nosotros porque Jesús venció la muerte no sólo para sí mismo, sino para todos los que están en él. Y como veremos la próxima vez, esta esperanza es nuestra ancla a través de las dudas y pruebas de la vida.

Este post se basa en un sermón que el Dr. MacArthur predicó en 2003, titulado “Una teología de la esperanza.”

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