Autoevaluación con Discernimiento

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Autoevaluación con Discernimiento

Por John MacArthur

La Escritura es clara que los creyentes deben ser fieles en examinarse y juzgarse a sí mismos: “Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.” (1 Corintios 11:31). Esto requiere de un minucioso cuidado y juicio de nuestros propios corazones. Pablo llamó a este auto-examen cada vez que participamos de la Cena del Señor (v. 28). Todas las otras formas justas de juicio dependen de este auto-examen sincero. Eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: “Saca primero la viga de tu propio ojo” (Lucas 6:42).

Claramente, el mandamiento que discutimos anteriormente en 1 Tesalonicenses 5:21 “examinadlo todo” de ninguna manera contradice las restricciones bíblicas en contra de ser crítico. El discernimiento que se pide aquí es el discernimiento doctrinal.

Los inusualmente crédulos Tesalonicenses parecía tener un problema en ese sentido. Al igual que muchos hoy en día, que estaban ansiosos de creer todo lo que se predicara en el nombre de Cristo. Eran indiscriminados. Ellos eran propensos a ser como “niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error” (Efesios 4:14). Lucas contrasta los Tesalonicenses con la iglesia más exigente en Berea. Los de Berea “Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11). Evidentemente los tesalonicenses eran escasos en el discernimiento desde el primer día.

Pablo se dirige a esta continua falta de discernimiento en sus dos epístolas a los Tesalonicenses. Existe evidencia en la primera epístola, por ejemplo, que alguien había confundido a los tesalonicenses acerca del regreso de Cristo. Ellos estaban pasando por un momento de severa persecución, y al parecer algunos de ellos pensaban que se habían perdido la segunda venida. En el capítulo 3 nos enteramos de que Pablo había enviado a Timoteo de Atenas específicamente para fortalecerlos y animarlos en la fe (v. 2). Ellos estaban inexplicablemente confundidos acerca de por qué estaban siendo perseguidos. Pablo tuvo que recordarles:

Porque en verdad, cuando estábamos con vosotros os predecíamos que íbamos a sufrir aflicción, y así ha acontecido, como sabéis (v.4)

Evidentemente alguien también había enseñado a los Tesalonicenses que los creyentes que murieron antes de la segunda venida de Cristo se perderían ese evento por completo. Se encontraban en una grave confusión. Los capítulos 4 y 5 contienen los esfuerzos de Pablo para corregir esa confusión. Él les dice que los muertos en Cristo se resucitarán y serán llevados con los vivos (1 Tesalonicenses 4:16-17). Y él les asegura que a pesar de que el día vendrá como un ladrón en la noche (1 Tesalonicenses 5:2), no deben temer de ser llevados con la guardia baja (vv. 3-6).

Aunque parezca increíble, poco después de esto, Pablo tuvo que escribir una segunda carta, de nuevo asegurando a los tesalonicenses que no se habían perdido del gran evento en el calendario profético. Alguien, al parecer, les había enviado una carta falsificada diciendo ser de Pablo y que sugería que el Día del Señor había llegado ya. Ellos no deberían haber sido engañado por una estratagema tal, debido a que Pablo había escrito tan claramente en su primera epístola. Les escribió de nuevo:

Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con El, os rogamos, hermanos, que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado. Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, (2 Tesalonicenses 2:1-3)

No había excusa para su credulidad crónica.

¿Por qué eran tan vulnerables a las falsas enseñanzas? Sin duda, era precisamente porque no tenían el discernimiento ejemplificado por los de Berea. Los tesalonicenses no examinaron todo a la luz de la Palabra de Dios. Si lo hubieran hecho, no habrían sido tan fácilmente engañados. Por eso Pablo les exhortó a "examinar todas las cosas", y por eso también hay que prestar atención a ese consejo.

(Adaptado de from Reckless Faith .)


Disponible en línea en: http://www.gty.org/resources/Blog/B140418
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