¿Es Necesaria la Pluralidad?

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ESJ-2018 1124-001

¿Es Necesaria la Pluralidad?

Por Dave Harvey

Los seres humanos son creados para la comunidad. Estamos hechos a imagen del Dios Trino que mora en los deleites de la comunidad eterna. Somos criaturas relacionales que derivan nuestra existencia, salvación, identidad y esperanza de un Creador relacional. Como Dios existe en comunidad, estamos hechos para existir en comunidad. Esta notable realidad de la comunidad da forma a lo que significa ser verdaderamente humano. El tema de la comunidad fluye a través de las Escrituras e informa al liderazgo de la iglesia.

Los líderes son llamados a la comunidad, a la conexión y a la colaboración. Y así llegamos a la idea de “pluralidad.”

El término “pluralidad” simplemente refleja la evidencia bíblica de que las iglesias del Nuevo Testamento estaban dirigidas por más de un líder.[6] Los ancianos, y los diáconos del Nuevo Testamento trabajaron juntos como socios en un equipo, y disfrutaron de una “pluralidad” en la comunidad que mejoró tanto la toma de decisiones como sus respectivos roles. Pluralidad significa que la iglesia es dirigida por un equipo y a través de un equipo. Esta experiencia de liderazgo basado en la colaboración forma la fuerza, unidad e integridad del liderazgo de la iglesia local para una misión y cuidado duraderos.

Pero, ¿por qué abogar por la pluralidad? Al estudiar las Escrituras, podemos ofrecer por lo menos siete razones por las cuales la pluralidad es un modelo fundamental de liderazgo para la iglesia local:

1. La pluralidad refleja la co-igualdad, la unidad y la comunidad expresada por la Trinidad. (2 Corintios 13:14; Efesios 4:4-6; 1 Pedro 1:2; Judas 20-21).

2. La pluralidad era una característica prominente y esencial del gobierno de la iglesia en el Nuevo Testamento.[8]

3. La pluralidad encarna y expresa el principio del Nuevo Testamento de la interdependencia y la diversidad de dones entre los miembros del cuerpo de Cristo (Romanos 12:4-6; 1 Corintios 12).

4. La pluralidad reconoce las limitaciones humanas al reconocer que ningún anciano puede poseer el complemento completo de los dones con los que Dios se propone usar, bendecir y edificar la iglesia. (1 Corintios 12:21). Por ejemplo, la práctica de la pluralidad desalienta a las personalidades narcisistas que buscan ejercer una autoridad o control único y exclusivo dentro de un equipo. Esta práctica también exige que los líderes tímidos asuman el peso de la responsabilidad de gobernar. Donde la pluralidad realmente existe, los pastores permanecen apropiadamente comprometidos, amados, guiados, encauzados y responsables.

5. La pluralidad crea una estructura de liderazgo donde los hombres deben modelar la unidad que caracteriza a la iglesia (Juan 17:23; Romanos 15:5; Efesios 4:3, 13; Colosenses 3:14).

6. La pluralidad crea una comunidad de cuidado, llamado, apoyo y responsabilidad por la vida y doctrina de los líderes (1 Timoteo 4:14, 16; Tito 1:6; Santiago 5:16).

7. La pluralidad contradice la idea de “genio singular” y la reemplaza con una “multitud de consejeros” (Proverbios 15:22; 24:6) que colaboran dirigiendo y guiando la iglesia juntos. Esto no es simplemente una maniobra constitucional inteligente, sino el reconocimiento de que el modelo del Nuevo Testamento asumía que la autoridad para la iglesia local se le daba a todo el liderazgo de ancianos, no sólo a un líder dotado. En otras palabras, la responsabilidad es inherente al grupo, no al hombre.[9]

Sólo para ser claros: Abogar por el punto de vista de que Dios asigna responsabilidad a un grupo de líderes no es un enfoque pionero de la política de la iglesia. Nuestros antepasados reformados practicaron esta política hace años.[10] Louis Berkhof sugirió que es precisamente la práctica reformada de la co-igualdad entre los ancianos lo que distingue a su sistema de gobierno de otros grupos.

“Las iglesias reformadas difieren, por un lado, de todas aquellas en las que el gobierno está en manos de un solo prelado o anciano presidente y, por otro, de aquellas en las que depende del pueblo en general. No creen en ningún gobierno de un solo hombre, ya sea un anciano, un pastor o un obispo; tampoco creen en el gobierno popular. Eligen a los ancianos gobernantes como sus representantes, y éstos, junto con el ministro(s), forman un consejo o consistorio para el gobierno de la iglesia local.”

Para resumir este punto con una cita de una voz familiar en el mundo del gobierno, Alexander Strauch dice: “Jesucristo le dio a la iglesia una pluralidad de liderazgo.” ]

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