¿Por Qué Pablo Prohíbe a la Mujer Predicar al Hombre? 2a. Parte

Posted on

ESJ-2020 0129-003

¿Por Qué Pablo Prohíbe a la Mujer Predicar al Hombre? – 2a. Parte

Por Jay Street

En esta serie de 2 partes, intentamos responder a la pregunta: “¿Por qué Pablo prohíbe a las mujeres predicar a los hombres en 1 Timoteo 2:12?” En la primera parte, mostré que el libro está organizado en torno a dos actos con un intermedio entre ellos. El acto I nos dice cómo debe ser el ministerio de la iglesia en 1 Timoteo 1:3 – 3:13. El acto II nos dice cómo debería funcionar el ministerio de la iglesia en 1 Timoteo 4:6 – 6:19. Pero el intermedio en 1 Timoteo 3:14 – 4:5 es la parte más importante, porque define tanto el propósito del libro como el propósito de la iglesia misma. Nos centramos, en particular, en los versículos 14-15, donde el apóstol Pablo dice claramente, “Te escribo estas cosas, esperando ir a ti pronto, pero en caso que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad.” Pablo enmarca el propósito de la iglesia alrededor de tres títulos que cada uno define un aspecto particular sobre su propósito, pero también forman una declaración de misión compuesta para la iglesia.

​Como la Casa de Dios, la iglesia transmite: Tenemos la respuesta. Si la iglesia sigue los pasos de la Casa de Dios original (el tabernáculo o el templo), entonces tiene la misma misión: Mostrar al mundo que el paraíso no está perdido. Hoy en día, la iglesia lo hace señalando al templo supremo, Jesucristo, como la respuesta que el mundo está buscando (Juan 2:21).

Como la Iglesia del Dios Vivo, la iglesia proclama: Tenemos la única respuesta. Muchas otras religiones afirman tener respuestas para ayudar a un mundo caído. Pero la iglesia debe demostrar que sólo hay una respuesta, sólo hay una persona, que puede llevar al mundo de vuelta al paraíso. Su nombre es Jesús (Hechos 4:12).

​Como Columna y Sostén de la Verdad, la iglesia declara: Tenemos la única respuesta por la que vale la pena luchar. Sólo hay una respuesta y sólo hay una institución a la que se le ha confiado esa respuesta. La iglesia tiene la responsabilidad de mantener la esperanza del evangelio de generación en generación. No hace falta decir que hay mucho en juego, y la iglesia debe tomar en serio su trabajo como la única guardiana de esta esperanza. Comprometerla no es una opción.

Pablo quiere que la iglesia adopte la declaración de misión completa: que tenemos la única respuesta por la que vale la pena luchar. Cuando la iglesia entienda que este es su papel en el plan de Dios, preservará la preciosa esperanza del evangelio que señala el camino hacia una nueva creación. Pero lo que puede sorprendernos es que la forma en que Pablo quiere que la iglesia preserve la verdad es principalmente a través de su conducta. La razón por la que escribe esta carta es para que Timoteo sepa “cómo debe conducirse uno en la casa de Dios.” [1] El comportamiento es el enfoque de los Actos I y II del libro (1 Timoteo 1:3 – 3:13; 4:6 – 6:19 ), y esto comienza a ayudarnos a ver por qué Pablo prohíbe a las mujeres predicar a los hombres en 1 Timoteo 2:12. La prohibición de Pablo de que las mujeres prediquen a los hombres cae en el medio del Acto I. Describe un aspecto de la conducta de la iglesia, al igual que el resto del Acto I. Y como hemos visto, Pablo se preocupa por la conducta, porque impacta directamente en la integridad del evangelio. Por lo tanto, parece probable que la razón fundamental por la que Pablo prohíbe a las mujeres predicar a los hombres es porque de alguna manera protege la integridad del evangelio. En otras palabras, si a las mujeres se les permite predicar a los hombres, el evangelio se vería comprometido de alguna manera.

​Esta es una afirmación seria. Así que la pregunta que debemos responder en la segunda parte de esta serie es: “¿Hay alguna evidencia de que esta es la lógica que Pablo usa en 1 Timoteo 2 para prohibir a las mujeres predicar a los hombres?” Creo que sí y quiero pasar el resto del artículo demostrando precisamente eso.

LAS RELACIONES DE LA IGLESIA

En este punto, quiero estrechar nuestro enfoque desde la amplitud del libro a la profundidad del pasaje. El capítulo 2, donde encontramos a Pablo prohibiendo a las mujeres predicar a los hombres, está anidado entre otros dos capítulos que destacan dos categorías de la iglesia en relación a su conducta. El capítulo 1 se centra en la postura de la iglesia contra las falsas enseñanzas (1:3-20). El capítulo 3 se centra en la norma de la iglesia para el liderazgo (3:1-13). Y cada uno de estos temas cae bajo el paraguas de cómo debe ser el ministerio de la iglesia en el Acto I del libro. El capítulo 2, entonces, no es una excepción. También cae en la categoría de cómo debería ser el ministerio de la iglesia, y se centra en la estrategia de la iglesia para el orden (2:1-15). Dentro de este capítulo, Pablo propone dos áreas dentro de la iglesia que deben ajustarse a la estrategia para el orden: La relación de la iglesia con el mundo y la relación de la iglesia entre hombres y mujeres.

1. LA RELACIÓN DE LA IGLESIA CON EL MUNDO

Al principio del capítulo 2, encontramos a Pablo instruyendo a la iglesia sobre su relación con el mundo. Lo vemos en el mandato de apertura a toda la iglesia en 1 Timoteo 2:1-2:

Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad.

​La razón por la que Pablo quiere que la iglesia ore por todos, incluyendo a los oficiales prominentes del gobierno, es para que su gente ejemplifique vidas de paz y estabilidad ante el mundo. Esto es parte de la estrategia para crear orden dentro de la iglesia. Y el propósito detrás de esto es para que el evangelio no sea obstaculizado. Como he afirmado antes, la integridad del evangelio es el objetivo final de la conducta de la iglesia, y vemos evidencia de ello en los siguientes versículos:

Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo (1 Timoteo 2:3–6).

​La oración pacífica y la preocupación por los perdidos preservan la integridad del evangelio ante un mundo perdido. Si la iglesia no se comporta de manera cuidadosa o gentil con su sociedad, robará al evangelio su esperanza y puede impedir que alguien acepte a Cristo como el agente que escoltará al mundo a un nuevo paraíso. A veces podemos ver nuestra vida de oración o las actitudes sobre el gobierno como insignificantes. Pero Dios lo ve como algo vital para preservar la credibilidad del evangelio.

2. LA RELACIÓN DE LA IGLESIA ENTRE HOMBRES Y MUJERES

En 1 Timoteo 2:8, Pablo pasa de la relación externa de la iglesia con el mundo a la relación interna de la iglesia consigo misma. En particular, se centra en la relación entre hombres y mujeres en la iglesia. Al principio, trata el papel de cada género dentro de la iglesia, por separado.

Para los hombres, dice:

Por consiguiente, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones. (1 Timoteo 2:8).

Una vez más, el enfoque está en el orden. Pablo quiere que el comportamiento de los hombres sea pacífico y ordenado en sus servicios de culto público. No hay lugar para pelear.

Para las mujeres, dice:

Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad. (1 Timoteo 2:9–10).

​Una vez más, el objetivo de su conducta es el orden y la corrección. Nadie debe hacer alarde de lo que lleva puesto, sino que todos deben vestirse con modestia y humildad, para no desviar la atención de sí mismos de la centralidad del evangelio.

Pero entonces Pablo cambia el papel de cada género, distinto de cada uno, a cómo los géneros interactúan entre sí:

Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada (1 Timoteo 2:11–12).

Ahora, finalmente llegamos al tristemente célebre versículo de Pablo que prohíbe a las mujeres predicar a los hombres. ¿Por qué Pablo prohíbe esto? Nos da dos razones en los versículos 13 y 14. Una razón es positiva, la otra es negativa. Una razón es pre-Caída; la otra es pos-Caída:

A. APELACIÓN A LA CREACIÓN (v. 13)

​Primero, Pablo dice en el versículo 13, “Porque Adán fue creado primero, después Eva.” Apela al orden de la creación para demostrar que las mujeres no deben predicar a los hombres. La mujer fue creada del hombre, no al revés, tal como dice 1 Corintios 11:8-9, “Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre; pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre.” Por esta razón, el hombre ejercía una autoridad especial sobre la mujer, incluso antes de la Caída. [2]

Ya tenemos la sensación de que lo que Pablo ordena es intemporal. Se basa en la creación misma, no en un período de tiempo o situación específica de los días de Pablo. No se deriva de una cultura impregnada de misoginia donde hubiera perjudicado el testimonio de la iglesia al permitir que las mujeres predicaran a los hombres; ni se deriva de una situación remota en la iglesia de Éfeso que requería una restricción única diferente de todas las otras iglesias. La prohibición se origina en el diseño original de Dios para hombres y mujeres, destinado a todos los tiempos.

Pero hay más. Pablo no sólo apela al orden de la creación; apela a la esperanza del paraíso. No podemos olvidar que 1 Timoteo está organizado en torno al propósito de la iglesia. Es una institución que anuncia mediante su conducta: Tenemos la única respuesta por la que vale la pena luchar. Lo hace, en primer lugar, adoptando el apodo, la “Casa de Dios”, como emblema de la primera “Casa de Dios”, el Jardín del Edén. Pablo ancló su orden para que las mujeres no predicaran a los hombres con la esperanza de una creación restaurada. Señala el tiempo en que todo estaba bien en el mundo, incluyendo la relación entre el hombre y la mujer, y quiere que la iglesia emule ese momento de la historia. La iglesia hace esto de manera tangible al no permitir que las mujeres prediquen a los hombres, manteniendo así el orden perfecto de la creación. Como resultado, la iglesia mantiene el orden que Pablo busca imitando el orden de la creación, y así continúa ensayando el tema de que el paraíso no está perdido. Esta es la razón positiva por la que Pablo prohíbe a las mujeres a predicar a los hombres. Refleja un condición pre-Caída, con el fin de pronosticar la esperanza de una nueva creación.

B. APELACIÓN A LA CAÍDA (v. 14)

Segundo, Pablo dice en el versículo 14, “Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión.” Este versículo puede hacer que parezca que Eva está siendo castigada por ser más crédula que Adán. Sin embargo, probablemente no sea el caso. Adán era tan culpable como Eva según Romanos 5:12-21. [3] El asunto parece ser que Eva tomó el mando de su relación con Adán en ese momento. Ella hizo el llamado por los dos, no Adán. Como resultado, ella lleva toda la carga de ser engañada, no él. En otras palabras, si ella le hubiera permitido a él tomar la iniciativa en la conversación, él cargaría con la responsabilidad de ser engañado, no ella. Pero tal como es, ella cambió el orden de la creación y la sumió a ella y a su marido en el pecado, porque fue engañada.

Pablo no sólo señala un momento precautorio de la caída como motivo para prohibir a las mujeres predicar a los hombres, sino que también recuerda un momento posterior a la caída. De hecho, es el momento pos-Caída de todos los momentos pos-Caída, porque es el que introdujo al mundo a la maldición, y sentimos sus efectos hasta el día de hoy. Si las mujeres predican a los hombres, sugeriría que la misma acción que Eva tomó para tratar de revertir el orden de la creación es aceptable que la iglesia también lo haga. Le daría credibilidad a la falsa enseñanza que introdujo el pecado en el mundo. Por el contrario, la iglesia debe tomar una postura contra la Caída. Por lo tanto, no sólo es importante para la iglesia señalar al mundo la esperanza de una nueva creación, sino que también debe recordar al mundo que este mundo está roto a causa del pecado. Esta es la razón negativa por la que Pablo prohíbe a las mujeres predicar a los hombres. Recuerda un condición pos-Caída, para condenar el engaño de la antigua creación.

​​La iglesia debe mantener su norma doctrinal con su conducta. No importa si estamos hablando de relaciones fuera o dentro de la iglesia, de roles de género independientes o dependientes unos de otros; la iglesia debe comportarse de manera ordenada en cada circunstancia y de todas las maneras, para preservar la integridad del evangelio. Esto incluye los papeles que las mujeres tienen o no tienen en la iglesia. Cuando las mujeres se someten a su liderazgo masculino y no invierten los papeles que les han sido dados, la iglesia toma una posición por el orden del paraíso y contra la falsa enseñanza de la Caída. Proclama a una sola voz, “¡Una nueva creación está llegando!”

RESUMIENDO TODO

Esto fue mucho para cubrir y espero que usted no esté demasiado abrumado. Pero creo que se necesita un resumen suficiente. Entonces, permítame resumirlo todo para nosotros:

​El libro de 1 Timoteo trata de la iglesia preservando la verdad del evangelio (1 Timoteo 3:14 – 4:5). Lo logra encarnando el mensaje que transmiten sus apodos: (1) La Casa de Dios, (2) la Iglesia del Dios Vivo, y (3) la Columna y Sostén de la Verdad (1 Timoteo 3:15). En otras palabras, por la conducta de su gente, la iglesia muestra al mundo, “Tenemos la única respuesta por la que vale la pena luchar.” Esa respuesta es Jesús (1 Timoteo 3:16). Sólo Él escoltará al mundo de vuelta a un paraíso, muy parecido al Edén, pero más grande (1 Timoteo 1:1; 6:14-16), y sólo la iglesia es la única guardiana de este mensaje (1 Timoteo 6:20; 2 Timoteo 1:14). Como resultado, la iglesia debe proteger la verdad del evangelio a través de su estricta enseñanza y su cuidadoso comportamiento.

Parte de ese comportamiento es lo que la iglesia hace en sus relaciones tanto dentro como fuera de la iglesia (1 Timoteo 2:1-15). Su conducta debe ser ordenada, para que el evangelio no pierda su efectividad (1 Timoteo 2:3-6). Dentro de la iglesia, a los hombres y mujeres se les asignan roles específicos para facilitar el orden. En particular, no se permite a las mujeres enseñar o ejercer autoridad sobre los hombres, lo que incluye la predicación, porque de lo contrario, crearía desorden al invertir el orden de la creación (1 Timoteo 2:13), y daría credibilidad al engaño de la falsa enseñanza, sea este el caso o no (1 Timoteo 2:14). En cambio, la iglesia debe prohibir a las mujeres predicar a los hombres, para que puedan ilustrar el orden perfecto del paraíso y rechazar el desorden imperfecto de la Caída. De esta manera, la iglesia lleva al mundo de vuelta a la “Casa de Dios” original, el Jardín del Edén, para que puedan esperar en el permanente por venir.

Como puede ver, las mujeres que predican a los hombres no es un asunto insignificante. La integridad del evangelio y la esperanza de una nueva creación está en juego. No se trata de que los hombres sean mejores que las mujeres o que las mujeres no puedan predicar. Todo lo contrario. Las mujeres son tan iguales a los hombres, como Jesús, el Hijo de Dios, es tan igual a su Padre (1 Corintios 11:3). El hecho de que los roles sean diferentes no hace que uno sea menos valioso que el otro. Y las mujeres son tan capaces de predicar o enseñar como los hombres. De hecho, las mujeres mayores son instruidas por Pablo para enseñar a las más jóvenes (Tito 2:3-5). Pero sólo porque las mujeres puedan predicar no significa que deban hacerlo en todos los casos. Dios traza la línea con las mujeres predicando a los hombres. La iglesia debe preservar el evangelio con su conducta ordenada. Debe señalar el camino hacia una nueva creación.


[1] El énfasis es mío.

​[2] Algunos eruditos no creen que Pablo haya interpretado correctamente el Génesis 2 aquí. Argumentarían que Génesis 2 no dice nada sobre un orden de creación, que, como el hombre fue creado antes que la mujer, ejerció autoridad sobre ella. Para un estudio más profundo de por qué el orden de la creación puede existir en Génesis 2, véase William Varner, To Preach or Not to Preach, pp. 47–48. George W. Knight III, The Pastoral Epistles (NIGTC), pp. 142–43.*

​[3] William Varner, To Preach or Not to Preach, p. 49.*

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s