John Frame: A los 80 Años, Soy Más Consciente Del Misterio

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John Frame: A los 80 Años, Soy Más Consciente Del Misterio

POR JOHN FRAME

Aunque he disfrutado de una carrera de 50 años exponiendo razones para la fe, siempre he tenido un profundo sentido de la “incomprensibilidad de Dios”. No importa cuán claros sean nuestros conceptos y convincentes nuestros argumentos, Dios es, al final, un ser trascendente, por encima y más allá de nosotros, uno que no podemos dominar ni por la fuerza física ni por la habilidad mental. Su inmanencia es importante también, su entrada en la historia para revelarse y redimirnos en Cristo. Pero, incluso en su más íntima cercanía, sigue siendo Dios.

Y como Dios, su conocimiento, incluso de las cosas más familiares para nosotros, es muy diferente del nuestro. Él y yo conocemos la palma de sagú de mi jardín, pero él sabe mucho más sobre ella de lo que yo podría comprender. La conoce como su Creador, como el que hizo todo el universo y predeterminó su historia (Ef. 1:11), como el que planeó desde el principio el proceso por el cual esa palmera de sagú crecería en mi jardín. Además, su conocimiento es normativo, un conocimiento que rige cómo todas sus criaturas deben pensar en todo. Porque Dios es el Rey supremo, tiene el derecho de decirme y mostrarme cómo debo pensar acerca de la palma de sagú.

Con el conocimiento de Creador, Dios conoce todo sobre mi sagú; con el conocimiento de criatura, sé lo que quiera hacerme saber. Cuando aprendo algo nuevo sobre mi sagú, lo aprendo de Dios, de acuerdo con sus normas.

Hay ciertamente una fuerte similitud, una fuerte analogía, entre el conocimiento de Dios y el mío, porque estoy buscando saber de acuerdo a su revelación. Él lo ha ordenado así. Pero no sé nada como la norma final de la verdad sobre ese objeto. Mi conocimiento no es idéntico al de Dios, porque no soy Dios.

Mi conocimiento no es idéntico al de Dios, porque no soy Dios.

Todo eso implica que hay una profunda dimensión de misterio en el universo. Dios le dice a Isaías que el hombre malvado debe “abandonar sus pensamientos”, porque

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos —declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.. (Isa. 55:8–9)

Así que, por mucho que sepamos, siempre habrá algo más allá de nosotros. No podemos conocer a Dios como Dios se conoce a sí mismo. Tampoco podemos conocer nada en la creación como Dios la conoce. Ni siquiera podemos conocernos a nosotros mismos como Dios nos conoce. Nuestro conocimiento es adecuado para servir a Dios como él quiere, y nuestra ignorancia nunca es una excusa para la desobediencia. Pero nuestro conocimiento nunca es exhaustivo.

Humildad de Misterio

En mi estudio de la historia del pensamiento, he visto a muchos pensadores sofisticados luchar con el misterio de Dios. Los antiguos filósofos griegos trataron de lograr un conocimiento último y exhaustivo de las cosas a través de la razón humana solamente, sin la asistencia de la revelación divina. Pero lo mejor que podían hacer era concebir un “ser puro” del que emanaran seres inferiores de alguna manera. Sabían que no podían lograr su objetivo sin algo trascendente, pero no podían comprender cómo un ser puro podía contener suficiente impureza para hacer que emanaran seres impuros.

Los pensadores más recientes han intentado un enfoque diferente, anticipado por los atomistas griegos. Han tratado de dar una explicación racional completa del mundo cortando el mundo en pedazos cada vez más pequeños: moléculas, átomos, partículas subatómicas, tal vez “supercuerdas”. Pero las partículas más pequeñas que dicen existir no pueden ser la explicación última de todo, ya que no pueden ser entendidas excepto por referencia a las cosas más grandes. (“Átomo” no tiene sentido excepto como un componente de algo más grande. Más aún, “supercuerdas”).

Hoy en día algunos pensadores creen que el mundo está hecho en gran parte de “materia oscura” y “energía oscura”. Pero estas, por definición, son realidades que no conocemos, porque son oscuras. Esto quiere decir que para todos nuestros sofisticados esquemas filosóficos y científicos, la realidad más fundamental del mundo es desconocida para nosotros.

Para todos nuestros sofisticados esquemas filosóficos y científicos, la realidad más fundamental del mundo es aún desconocida para nosotros.

Lo mismo ocurre con la teología. No vemos “Porque ahora vemos por un espejo, veladamente” (1 Cor. 13:12). En la teología, buscamos tomar las Escrituras – la revelación de Dios de sí mismo – y aplicarlas a nuestras vidas en el mundo. En el mejor de los casos, esto es “sabiduría” (Prov. 1:7). La sabiduría es un conocimiento práctico que Dios da para ayudarnos a realizar el trabajo que nos asigna. Pero tenemos que superar la idea de que la teología elimina todo el misterio del mundo.

A medida que envejezco, me impresiona cada vez menos la gente, incluyendo a los teólogos, que piensan que lo tienen todo resuelto. Los teólogos confiesan fácilmente la incomprensión de Dios como punto doctrinal, pero a menudo pasan de ahí a escribir como si tuvieran ese conocimiento último y final que pertenece sólo a Dios.

Tenemos que superar la idea de que la teología elimina todo el misterio del mundo.

En la teología conservadora, los escritores tienden a confesar el misterio, pero luego explican meticulosamente cosas como el orden de los decretos de Dios y las actividades internas de las personas trinitarias sin ninguna base bíblica clara.

Los escritores liberales dicen que los teólogos conservadores afirman tener demasiado conocimiento del Dios misterioso, pero luego pasan a explicar con gran detalle qué programas de gobierno nos exige Dios para ayudar a los necesitados, una vez más, sin base bíblica.

A los 80 años, miro ambos tipos de teología con tristeza y diversión. Dios no está aquí para motivar nuestra búsqueda racionalista. Dios es el Señor del cielo y de la tierra. Viene a impulsarnos a arrepentirnos del pecado y a abrazar a Jesucristo como Señor y Salvador.


John Frame (DD, Belhaven Collegees profesor de teología sistemática y filosofía emérito del Seminario Teológico Reformado de Orlando. Ha publicado numerosos libros, incluyendo We Are All Philosophers (Lexham Press, 2019), Apologetics: A Justification for Belief (P&R, 2015), y A History of Western Philosophy and Theology (P&R, 2015).

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