Día: 3 enero 2009

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 5

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Gary E. Gilley

Recibí recientemente el catálogo de otoño para 2005 de Quaker Books. El promo encontrado en el catálogo para el libro Creeds and Quakers (Credos y los Cuáqueros) se lee como sigue:

La autoridad espiritual Cuáquera no recae sobre sistemas de creencia – en credos – sino sobre la comunicación directa entre Amigos individuales y el Espíritu Divino. Todos las demás formas de autoridad, “sean palabras escritas [incluyendo la Escritura, supongo] casa-pináculo o una jerarquía clerical,” no pueden reemplazar esta comunión directa.

Ésta es la teología Cuáquera histórica en la cual la “luz interna” emanando del Espíritu Divino conlleva una autoridad final, aun sobre la Escritura. Mientras apasionadamente negado por la mayoría, creo que sobre una base objetiva gran parte del evangelicalismo no está sólo esta siendo dirigido hacia la misma dirección, sino que ya está allí ahora. Pocos si acaso evangélicos, o aun carismáticos respecto a esto, serían tan obvios como los Amigos (Cuáqueros). Casi todos colocarían la autoridad final en la Escritura al llenar sus declaraciones doctrinales, pero cuando la goma cubre el camino, la autoridad final para muchos, al igual que con los Cuáqueros, no descansa sobre el registro de la Palabra de Dios, sino sobre voces internas y corazonadas subjetivas. Esto está bien ilustrado en los escritos de Henry Blackaby que ha hecho mucho para promover la vida subjetiva y mística del cristiano (no clásica) que cualquier otro líder no-carismático moderno. En un libro co-escrito con su hijo Richard, él escribe: “Cada vez que Dios habla, su Palabra se convierte en una estrella norte para su vida.  No cambia. Es segura. Al cumular usted un registro de Dios hablándole por años, usted tendrá un cuadro claro de dónde Dios lo está guiando. Esto le dará una seguridad poderosa al continuar Dios guiándole en el futuro”.1 Esta es una declaración atemorizante cuando usted se percata de que los Blackaby no hablan de las Escrituras sino de una supuesta comunicación privada, no-verbal de Dios que se le da estatus similar a las Escrituras. Note la capitalización de “Palabra” en referencia a estos mensajes extrabíblicos de Dios. También note que estos mensajes toman características de la Escritura al convertirse en palabra de Dios que nos guía, nos da seguridad del futuro, y es aun puesta por escrita para una posterior referencia.2

 

Los Blackaby está siendo coherentes en reconocer hacia donde su punto de vista los guía. En realidad, han adoptado y han popularizado una teología que permite adiciones a la Palabra de Dios. Si uno toma la posición de Blackaby, esto tiene sentido perfecto y es, de hecho, inevitable. Si Dios habla específicamente a cada uno de nosotros, dando instrucciones en cada asunto importante, tenemos que preguntarnos ¿qué papel juega la Escritura? Para algunos, la Biblia se vuelve un libro muerto de historias antiguas y de la teología formal. Una vez que dominan con maestría esas cosas, están listos para seguir adelante hacia la palabra de Dios “fresca” recibida hoy a través de voces internas directas dentro de sus almas. Bajo este panorama, la Escritura se vuelve secundaria a lo mucho y muy probablemente innecesaria (excepto por la doctrina básica). Pronto caemos en la cuenta para descubrir que hemos aceptado la perspectiva del Cuáquero de la revelación y la autoridad.

Algunos preguntarán, “¿No es cierto que la mayor parte de los hijos de Dios en la Escritura escucharon de Dios directamente? ¿Fue esta la norma en la Biblia, no deberíamos esperar lo mismo hoy?” ¿Dios no se ha vuelto mudo?

Primero, el hecho de que algo haya sucedido en la Biblia no necesariamente quiere decir que se vuelva normativo para todos los tiempos. Dios a menudo hizo cosas específicas para personas específicas en tiempos específicos que no se repetirán, aun en la Escritura. Sólo con una persona (Moisés) habló “cara a cara” como si hablar a un amigo (Éxodo 33:11: Deuteronomio 34:10). Sólo en las manos de Moisés, Elías y Eliseo hizo Dios realizar grandes milagros en el Antiguo Testamento; sólo en una ocasión entregó Dios Sus Leyes; y así sucesivamente.

En lo que se refiere al asunto de que Dios habla a casi todo el mundo en las Escrituras, eso simplemente no es cierto. El creyente común en cualquier Testamento nunca oyó una palabra personal de Dios, y aun la mayor parte de los personajes clave nunca oyeron la voz de Dios personalmente. Cuando Dios habló en la Escritura casi siempre trató con el concepto general de lo que Dios estaba desempeñando en Su programa de redención o la vida de Su pueblo en general. Usted buscará en vano al tratar de encontrar a Dios hablando a personas qué trabajo hacer, cuántos burros ha de comprar, o qué tierra a comprar – exceptúe en lo que estuviese relacionado con el asunto principal de los tratos de Dios con Su pueblo.

La afirmación es hecha por algunos de que los creyentes durante los tiempos bíblicos oyeron la voz de Dios de forma regular. La implicación es que Dios personalmente habló y dirigió a casi a todo el mundo que vivió durante los días en que la Escritura fue escrita – y lo hizo todo el tiempo. Y, si eso es cierto, ¿por qué no deberíamos nosotros esperar lo mismo hoy? En respuesta necesitamos tomar un panorama objetivo de la Escritura para ver si esta aseveración puede ser confirmada. En esta visión general descartaremos el escuchar la Palabra de Dios a través de los profetas – los portavoces señalados de Dios antes del cierre de la Escritura. Andamos buscando aquellos que personalmente oyeron la voz de Dios (o de ángeles enviados por El) ya sea audiblemente o en palabras internas directas de impulsos o corazonadas.

La primera cosa que encontramos es literalmente miles de personalidades menos conocidas de las cuales no sabemos nada de este aspecto de sus vidas.  Ni Matusalén, ni Jabez, ni Josué el sacerdote, ni demás innumerables, escucharon la voz de Dios para nuestro conocimiento. Mientras éste es un argumento en silencio (para aquellos en ambos lados del debate) deberíamos esperar que el registro bíblico nos transmita fielmente la vida normal del creyente de entonces. Si la norma fuese para que la persona común escuchara a Dios hablar regularmente y personalmente esperaríamos a un testimonio de esto en la Escritura. Pero tal registro no es encontrado. Así es que debemos regresar de nuestra búsqueda de personajes principales en tiempos bíblicos.

Abajo vemos una cierta cantidad de personajes importantes encontrados en el Antiguo Testamento que nunca escucharon directamente de Dios según lo que sabemos:

Caleb, Ester, Mordecai, Rut, Joab, Ezequías, Josías, Josafat, Jonatán, la mayoría de los jueces, Esdrás, Nehemías, Sadrac, Mesac y Abed-Nego (aunque pudieron haber sido confortados por el Hijo de Dios en medio del fuego). Además todas las categorías de líderes clave nunca escucharon de Dios personalmente, incluyendo a ninguno de los hijos de Jacob excepto José, ninguno de los reyes de Judá después de Salomón, ninguno de los jueces excepto por Gedeón, ninguno de los exiliados restituidores y ninguno de los grandes hombres o líderes militares de David. Éste es simplemente un ejemplo; muchos más podrían ser citados.

Por supuesto hubo varios individuos usualmente importantes, que si escucharon de Dios directamente, o de una representación angélica. Además de los profetas que podríamos listar:

· Noé y sus hijos (Génesis 6:13; 7:1; 8:15; 9:1,8,18)

· Job (Job 38-42)

· Abrahám (16 Veces)

· Abimelec (1 vez) (Génesis 20:3)

· Isaac (2 Veces) (Génesis   26:2, 24)

· Rebeca (1 vez) (Génesis 25:23)

· Jacob (8 Veces) (Génesis 28:12,13; 31:11,13,14; 32:1, 24-32; 35:1; 35:10; 46:2-4)

· Agar (1 vez) (Génesis 16:13)

· Sara (1 vez) (Génesis 18:10-15) (Ella oyó a Dios hablando con Abraham)

· El Faraón (1 vez) (Génesis 41:25)

· Labán (1 vez) (Génesis 31:24)

· Moisés (en menos 85 veces)

· Aarón (Éxodo 4:27; 6:13; 12:1; Levítico 10:8; 11:1; 13:1; 15:1; Números 2:1; 4:1,17; 12:4; 18:1; 19:1; 20:12)

· Miriam (1 vez) (Números 12:4)

· Josué (Deuteronomio 31:23; Josué 1:2-9; 3:7; 4:1, 15; 5:2,9,15; 6:2; 7:10-15; 8:1, 18; 11:6; 20:1)

· Gedeón (Jueces 6:14-36; 7:2-9)

· Manoa y su esposa (1 vez) (Jueces 13)

· Samuel (1 vez antes del comienzo de su ministerio profético) (1 Samuel 3:10-14)

· David (1 Samuel 23:2, 10-12; 30:8; 2 Samuel 21; 5:19-25; 21:1)

· Salomón (3 Veces) (1 Reyes 3:5-14; 9:2-9; 11:11-13)

· Simeón (Lucas 2:25)

· María (Lucas 1:30)

· José (Mateo 1:20; 2:13)

· Zacarías (Lucas 1:13)

· Los Magos (Mateo 2:12)

· Los Pastores (Lucas 2:10)

· Las mujeres en la Tumba (Marcos 16:6)

Más allá de estos pocos individuos, encontrar a un individuo no-profético en la Escritura que escuchó directamente de Dios se convierte en una tarea difícil. Algunas observaciones adicionales deberían ser hechas. Primero, con algunas excepciones, aquellos citados arriba jugaron papeles sumamente importantes en el desarrollo del programa de Dios. En segundo lugar, cuando Dios habló, El lo hizo en una voz audible o, en ocasiones, a través de una visión o un sueño. No hay registro en el cual el Señor habló a través de una voz interna e inaudible en alguna parte del corazón o la mente del individuo. En segundo lugar, estas revelaciones de Dios son inevitablemente de significado profundo, no sólo para el individuo, sino a menudo a muchos más igualmente.

La argumentación de que Dios habló a casi todo el mundo todo el tiempo, guiando y dirigiendo, simplemente no pasa la prueba de un estudio cuidadoso de las Escrituras. Aun con aquellos a quienes Dios habló, sólo con Noé, Abraham, Moisés, Jacob, Aarón, Josué, David y Salomón Dios habló más de dos veces en todas sus vidas. Adicionalmente, la noción de que la revelación de Dios a menudo vino en una “pequeña voz interna” no es garantizada. Aun en una sola ocasión en la cual Dios habló en una “pequeña voz” a Elías es a menudo malentendida. En 1 Reyes 19:12-13 nos encontramos con que Elías escuchó un “silvo apacible y delicado” del viento. Fuera de esa brisa suave vino la “voz” de Dios. El texto realmente no dice que fuese una “pequeña voz”. No dice absolutamente nada acerca de la intensidad del sonido de la voz. Pero aun si fuese una voz tranquila, fue todavía una voz audible. ¿Cuántos cristianos, en base a este mal entendimiento de este pasaje, han afirmado que también han escuchado la voz de Dios? Mantienen haber escuchado una voz interna, poco audible – algo así como Elías. Pero Elías no oyó nada de eso. Fue la voz de Dios – clara y bien definida. 

Pero ¿qué acerca del Nuevo Testamento y especialmente el libro de Hechos? ¿No es evidencia abrumadora la guía directa de Dios en las vidas de los santos de la época de iglesia? Realmente, no. Un estudio detallado de las Escrituras del Nuevo Testamento no revela lo que muchos afirman.

Virtualmente todos los relatos del Nuevo Testamento de Dios hablando y dando instrucción directa son encontrados en el libro de Hechos. Esto en sí es significativo, pero lo reservaré hasta después. Si le damos nuestra atención al libro de Hechos encontramos trece ocasiones bien definidas en las cuales Dios habló directamente a individuos (dos de estos a través de ángeles): 8:26-29; 9:4, 10; 10:3, 11-16; 12:7-8; 13:2-4; 16:6,9-10; 18:9; 21:4, 11; 22:17-21; 23:11. El Señor usó métodos variados para comunicarse en estas ocasiones incluyendo visiones, ángeles, profecía, y palabras directas de Jesús o del Espíritu Santo. De estas trece revelaciones, ocho de ellas fueron a dos apóstoles (Pablo y Pedro). Las otras tres se esparcieron entre Felipe, Ananias, Agabo, Cornelio y la iglesia en Antioquía.

Un número de cosas sobresale acerca de estas palabras especiales del Señor. Primero, Dios toma la iniciativa en cada una. Los recipientes no buscaban revelaciones del Señor, y en dos ocasiones (Saulo y Cornelio) incrédulos al final estaban recibieron el mensaje. Segundo, debería ser notable que ninguno de estos individuos necesitara aprender un método para escuchar a Dios y, en cada caso, los oyentes no habían tenido duda de que fue el Señor quien hablaba. Esto es especialmente interesante en el caso del incrédulo Saulo que inmediatamente trata a Jesús como “Lord”. También, en cada caso que podemos percibir, el mensaje fue dado en una voz audible. No hay terminología como “sentí al Señor guiándome” o “tuve paz acerca de lo que debía hacer”. Lo que Dios tuvo que decir fue claro y más allá de mal entenderlo o de mal interpretarlo.

Usando simplemente el libro de Hechos, inmediatamente deberíamos reconocer un contraste fuerte entre lo que tenía lugar allí y lo que está siendo afirmado hoy. En Hechos no encontramos a cada creyente escuchando del Señor todo el tiempo acerca de todo.  Realmente, encontramos a seis personas y una congregación que escuchó de un miembro de la Trinidad o un ángel (dos mientras aun eran no salvos), y las cosas que oyeron fueron de gran significado espiritual en el plan de Dios.  En Hechos, nadie tuvo que aprender a escuchar la voz de Dios ni alguien fue guiado por medio de corazonadas o impulsos. La voz de Dios fue inconfundible y Su mensaje fue más claro que el agua. En Hechos nadie es alentado o adiestrado a buscar la voz de Dios; más bien solo se ocupaban de sus asuntos cuando Dios intervino.

Hechos es un libro de sucesos. Nos dice lo que hizo Dios; no siempre explica por qué hizo Dios lo que hizo ni lo hace ser necesariamente una norma para nosotros hoy. Este hecho se pone aun más interesante cuando dejamos Hechos y comenzamos a estudiar las epístolas. Las epístolas, a diferencia de Hechos, no se especializan en relatos históricos, pero en lugar de eso enfocan la atención en instruir al creyente con respecto a cómo vivir en la era del Nuevo Testamento. El silencio con respecto a acontecimientos milagrosos y de escuchar la voz de Dios es casi ensordecedor en las epístolas. Nadie es designado, adiestrado o impulsado a buscar la voz de Dios. En lugar de eso, ellos (y nosotros) reciben instrucciones de poner atención a la Escritura (cp. 2 Timoteo 3:15-4:4). La doctrina, la verdad y la instrucción, como es encontrada en el Antiguo Testamento y la enseñanza de los apóstoles, son el pan de cada día de las epístolas. Me parece que si el Señor tuvo algo mejor que ofrecer (ó más) más allá de las Escrituras, él habría tenido por regla decirlo en las epístolas. En lugar de eso, él inspiró a Pablo a escribir, “predica la Palabra”. 

Fowler White representa mi sentir:

La Biblia no nos da razón para pretender que Dios hablará a Sus hijos hoy aparte de las Escrituras. Aquellos que enseñan de otra manera necesitan explicar a los hijos de Dios cómo pueden ser estas palabras “frescamente habladas del cielo” tan necesarias y estratégicas para los propósitos más elevados de Dios para sus vidas cuando su Padre no hace nada para asegurar de que alguna vez realmente escucharán esas palabras. Ciertamente, deben explicar por qué esto no es apagar el Espíritu. Además, la promesa de tal guía inevitablemente distrae la atención de las Escrituras, en particular sobre las preocupaciones prácticas y apremiantes de la vida. En la Biblia la iglesia oye la voz real de Dios; en las Escrituras, sabemos que El nos dice Sus mismas palabras. Los defensores de palabras “frescamente habladas del cielo” deberían tener cuidado: De distraer la atención de las Escrituras, ellos apagan al Espíritu que habla en ellas.3

 

Creo que nuestro mandato hoy es éste: En vez de buscar comunicación extrabíblica de Dios, necesitamos diligentemente aprender a manejar la Palabra de Verdad – para que podamos ser aprobados por “Dios como obreros que tienen de que avergonzarse” (2 Timoteo 2:15).  Me gusta la forma en que el Puritano inglés, Thomas Watson, lo dijo: “aquellos que dejan a la luz de la Palabra y siguen la luz dentro de ellas, como algunos dicen, prefiere lo brillante de la luciérnaga antes del astro rey”.4

[1] Henry and Richard Blackaby, Hearing God’s Voice (Broadman & Holman: Nashville, 2002), p. 230.

[2] Ibid., pp. 227, 229, 230, 241.

[3] Fowler White, “Does God Speak Today Apart from the Bible?”, in The Coming Evangelical Crisis, ed. John H. Armstrong (Chicago: Moody Press, 1996), p. 87.

[4] Don Kistler, ed., The Puritan Pulpit: Thomas Watson (Soli Deo Gloria Publications, 2004), p. 141.

La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 4

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Gary E. Gilley

Los anteriores artículos explicaron que la comprensión subjetiva, mística de la dirección del Señor a través de revelaciones internas, en lugar de la Escritura, no están bíblicamente fundamentados. Este artículo se ocupa de algunas de las preguntas que a menudo surgen sobre el tema.

P. Muchos en el movimiento carismático creen que Dios habla hoy a través de profecías y palabras de conocimiento. Insisten en que tal revelación no está en contradicción con la Palabra escrita y que no debería recibir un estatus igual o adición a la Sagrada Escritura. ¿Cómo difiere esta perspectiva carismática de revelación de la perspectiva no-carismática de que Dios habla y da dirección a través las corazonadas y voces internas?

R. No mucho si acaso. En esencia, una teología carismática de revelación ha sido adoptada casi completamente por la mayoría de la comunidad evangélica. Lo que hace falta por ambos grupos es que la revelación de Dios, no importa qué formato o escenario, es aun la revelación de Dios. No es posible para Dios dar revelación que no sea autoritativa y que demande obediencia. Toda revelación de Dios conlleva la autoridad de la Escritura. Ahora, es verdad que Dios no ha elegido intercalar toda Su revelación encima de las páginas de la Biblia. Es posible, por ejemplo, durante los tiempos bíblicos que el Señor le habló a Sus siervos pero no eligió incluir esa conversación en las Escrituras. No obstante, cualquier cosa que él dijo en esos momentos llevó la autoridad y todo el peso de la Palabra escrita. Hoy muchos afirman escuchar de Dios, pero lo que escuchan no tiene el estatus y el significado de Escritura. Esto es lógicamente imposible. Ya sea que Dios ha hablado o no lo haya hecho. Si El ha hablado, ese mensaje es tan autoritativo como la Escritura. Estoy de acuerdo con John MacArthur que escribió: “Dios reservó la revelación divina para tiempos especiales, la cual fue incluida en la Palabra escrita, y desde ese tiempo la revelación ha cesado”.1

P. Creo que Dios da revelación extrabíblica hoy. Mi único problema es cómo discernir la voz de Dios de la mía u de otra fuente. ¿Cómo puedo hacer eso?

R. El libro Hearing God’s Voice (Esuchando la Voz de Dios) de Henry y Richard Blackaby, fue escrito mayormente para ocuparse de esta pregunta, pero aun estos expertos en la materia fallaron pobremente en una solución. Ellos sugieren que, para escuchar la voz de Dios, se requiere de fe,2 así como la convicción de que Dios habla aparte de la Escritura.3 Podemos esperar de cristianos nuevos,4 que le escriben, y aquellos que no están en el hábito de escuchar de Dios, estar un poco desorientados por algún rato,5 pero esperanzadamente todo eso cambiará y gradualmente vendremos a reconocer cuándo habla Dios nos habla.6 Y “mientras más cercano usted este de Dios, más fácilmente usted reconocerá Su voz”.7

Nada de esto es de ayuda. El problema es que toda esta conversación está fuera de lugar con lo que encontramos en la Escritura. Primero, virtualmente cada vez que Dios habló en la historia bíblica el recipiente no tuvo ninguna duda de que él escuchaba la voz de Dios – no importando cual haya sido su condición espiritual o nivel de fe. Con excepción del niño Samuel, virtualmente todo el mundo, incluyendo a los incrédulos (e.g. Faraón, Balaam y Saúl), inmediatamente supieron que Dios hablaba. Adicionalmente, ninguna fórmula o ninguna instrucción son encontradas en la Palabra para enseñarnos a cómo percibir la voz de Dios. Aprender a escuchar la voz de Dios simplemente no es enseñado como una habilidad que debamos desarrollar. El no-carismático y no-cesacionista moderno (aquellos que creen que la revelación aun se sigue dando hoy, principalmente a través de formas inaudibles directas) ha creado una categoría de revelación no encontrada en la Escritura. Ellos ahora deben tratar de defender su perspectiva a través de la experiencia porque ninguna defensa bíblica es posible.

Debe reconocerse que casi todo el mundo es un cesacionista de algún tipo. Nadie dice: “todo es válido”. Pero si no establecemos la línea limítrofe en la Escritura no existen criterios por los cuales decidir dónde trazar la línea. Si Dios hubiera pretendido una revelación más allá de las páginas del Nuevo Testamento El nos hubiese provisto una manera por la cual percibir Su voz.  Si Dios hubiera determinado cambiar Su modo de revelación de comunicación verbal a sentimientos internos y voces, habríamos esperado alguna notificación de este cambio. Nosotros también habríamos esperado algunas instrucciones por las cuales pudiésemos descifrar Su mensaje. Él no hizo nada de esto. Por consiguiente debemos concluir que Dios no eligió lanzar una forma única de comunicación después del cierre del canon de la Escritura. Los problemas que encontramos hoy con respecto a la dirección de Dios se remontan a este asunto fundamental.

P. Se nos ha dicho que Dios habla hoy, ya sea a través de voces internas directas o de palabras de profecía, pero que estos mensajes pueden ser parcialmente de Dios y parcialmente de nuestros pensamientos. ¿De qué el valor son estos tipos de comunicaciones cuando no podemos estar seguros qué parte de ellos son realmente las Palabras de Dios?

R.  Tales supuestos mensajes de Dios no son de ningún valor en absoluto y pueden ser un verdadero peligro. Si no sabemos qué porción o parte de un pensamiento, sueño o profecía es de Dios o de alguna otra fuente, ¿cómo debemos nosotros percibir lo que Dios está tratando de decir? Si creemos que Dios nos dice a nosotros que nos casemos con Suzy, mudarnos para Virginia, comprar un edificio comercial ó iniciar un negocio nuevo, pero también sabemos que al menos la mitad de ese mensaje podría ser buenos deseos de nosotros, ¿cómo saber que parte de ellos obedecer (recuerde: ¿Cuándo Dios manda debemos obedecer)?  Una vez más, un problema verdadero en este punto es que nada en la Escritura contesta esta pregunta. Cuando Dios habló en el registro bíblico fue un mensaje completo y comprensible. Nadie cuestionó qué tanto de lo que precisamente oyeron fue su imaginación y que tanto fue de Dios. Ni hay alguna fórmula dada para discernir la diferencia. Los No-cesacionistas han entrado en un tierra de sombras de la cual no hay ayuda bíblicamente. Son abandonados a su suerte.

P. Primera de Corintios 14:29 menciona profetas del Nuevo Testamento que hablan y luego tienen a otros en el cuerpo de la iglesia que interprete lo que tenían que decir. ¿Qué quiere decir esto?

R.  Primero debe darse por entendido que la profecía de palabra tenga un significado dual. Puede querer decir predicción, como cuando las profecías revelaron algún acontecimiento futuro, o predicación, como cuando un mensaje de Dios con respecto al vivir para El es comunicado. Este pasaje parece referirse con predicación, lo cuál por sí mismo viene en dos variedades. Por un lado, allí está la predicación o proclamación de las Escrituras, tal como se hace hoy. Hubo también predicación divinamente inspirada en la cual Dios dio un mensaje de verdad a través de ciertos individuos. Esta mayoría este pasaje probablemente establece referencias para ambos tipos de predicación. Debería ser recordado que la iglesia es edificada sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas (Efesios 2:20), pues fueron estos dos tipos de personas dotadas que nos dieron la Palabra de Dios inspirada. Hebreos 1:1,2 se lee: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas es estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” Luego en el capítulo dos, los versículos tres y cuatro, el autor de Hebreos continúan éste pensamiento escribiendo: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, m nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.  Lo que es interesante es que este pasaje habla de aquellos que comunicaron la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento como un grupo de personas selectas que escucharon estas palabras del Señor y fue autentificado por señales milagrosas. En 2 Pedro 3:2 recibimos instrucciones: “para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles”. Pedro señala a los profetas del Antiguo Testamento que nos dieron el cuerpo inspirado del Antiguo Testamento y a los apóstoles que nos dieron el texto inspirado del Nuevo Testamento. Cada indicación es que la revelación del Nuevo Testamento fue proporcionada a través de los apóstoles y algunos otros cercanamente relacionados con ellos (Marcos, Lucas, Santiago, Judas y posiblemente el escritor de Hebreos). Juan advierte en la misma conclusión del Nuevo Testamento que no debemos agregar a las profecías del libro de Apocalipsis (22:18, 19). Puesto que Apocalipsis es el último libro en el canon es difícil de imaginar cómo cualquier profecía adicional hoy no violara esta advertencia. 

Cuando Pablo da la exhortación encontrada en 1 Corintios 14:29 él pudo estarse refiriendo a tanto a los que están predicando las Escrituras ya reveladas y a aquellos que afirmaban una palabra inspirada del Señor. Debería ser recordado en ese punto el canon del Nuevo Testamento aun no se cerraba y que Dios aún estaba dando Su Palabra inspirada y autoritativa. Uno de los problemas que los primeros creyentes de siglo tuvieron que afrontar fue el asunto de los falsos profetas y apóstoles que afirmaban una autoridad divina. Por esta razón Pablo habló de falsos apóstoles (2 Corintios 11:13) y señales apóstol verdaderos (2 Corintios 12:12). En Corinto hubo aquellos que se presumían como portavoces divinos para Dios, aun apóstoles. ¿Cómo debían los cristianos probar estas afirmaciones? Pablo dijo que “juzgaran” en lo que estos hombres afirmaban haber recibido de Dios. ¿Cómo debían ellos hacer eso? Primero, determinando si estos individuos si tenían las señales de un apóstol verdadero. Luego, debían discernir su mensaje para ver si era sano. ¿Cómo debían de ocuparse de hacer esto? ¿Debían ellos ir en busca de algún sentimiento subjetivo de afirmación del Espíritu Santo? Nada indica que ese fuera el caso. Más bien, como siempre: “…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11).  En otras palabras, aun cuando la revelación estaba todavía siendo dada, lo que las personas afirmaban haber escuchado de parte de Dios tenían que pasar por alto el escrutinio de la Escritura. Ahora que “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3) y la profecía inspirada ha sido declarada completa (Apocalipsis 22:18-19), ya no hay una necesidad de una revelación más para el pueblo de Dios.

P. A menudo me siento motivado a testificar o a darle una cantidad de dinero específica a alguien. Si Dios no me dijera que haga estas cosas entonces ¿de dónde se originan estos impulsos?

R. impulsos son impulsos. Sin duda alguna nos damos cuenta de que los incrédulos tienen impulsos también; ¿De dónde vienen?  Intentar determinar que la fuente de los impulsos no tiene sentido, pero la mayoría de los impulsos simplemente provienen de nuestros pensamientos. Vemos a una persona que necesita Cristo; sabemos el poder y la gloria del evangelio; deseamos contarles a otros acerca de la verdad. ¿Qué tan extraño sería sentir un deseo de contarle a las personas sobre el Señor? El hecho de que seamos motivados a compartir el evangelio o cualquier otra cosa no quiere decir hemos recibido comunicación extrabíblica de Dios. 

P. ¿Cuál es el punto de orar si el Señor no va a hablarnos durante nuestro tiempo de oración? ¿Por qué preocuparnos?

R. Hasta hace poco la mayoría de los cristianos reconocían la oración como nuestra comunicación para con Dios y las Escrituras como la comunicación de Dios para con nosotros. Pero debido a la influencia de Henry Blackaby y muchos otros, cada vez más los creyentes esperan que Dios les hable durante su tiempo de oración. Blackaby escribe: “En las Escrituras, la oración se replantea a menudo como una conversación de dos vías en donde las personas oyen a Dios responder a sus oraciones… La clave para que Dios nos transforme no es encontrada en lo que decimos cuando oramos sino cuándo escuchamos. Al hablarnos Dios, no podemos permanecer sin cambio”.8 El apoyo bíblico para este tipo de comprensión de la oración es pobre. El texto más ampliamente usado del Nuevo Testamento en su defensa es Romanos 8:26-27 acerca del cual Blackaby dice: “[la voluntad del Espíritu Santo] revela los pensamientos del Padre y ayuda a los creyentes de para saber cómo orar”.9 Pero una lectura cuidadosa de estos versículos en contexto no da la interpretación de Blackaby. No se nos promete que el Espíritu Santo nos revelará a nosotros la mente de Dios cuando vayamos a la oración. Más bien, la promesa es que el Espíritu Santo intercederá con el Padre en nuestro beneficio a fin de que nuestras oraciones sean presentadas al Padre de tal manera que estén en conformidad con la voluntad de Dios. Esto es necesario porque a menudo “no sabemos orar como deberíamos” y el Espíritu debe conformar nuestras oraciones a la voluntad de Dios. 

Sería más útil en este asunto estudiar las oraciones del Nuevo Testamento (e.g. Efesios 1:15-23, 3:14-21; Colosenses 1:9-14; Filipenses 1:9-11). En estas oraciones no hay mención de orar unas cuantas palabras y luego sentarse a escuchar la voz de Dios. Las oraciones del Nuevo Testamento son la comunicación del corazón y la mente del creyente hacia el Señor. No es una comunicación de dos vías. Este concepto es completamente extraño en el Nuevo Testamento. No estoy negando que en la Bible Dios en ocasiones, habló a individuos cuando oraban. Pero éste no es el patrón normal dado y, hacerle la norma es distorsionar el propósito expresado de la oración, la cual es para que nosotros hablemos a Dios. 

P. A menudo escucho acerca de alguien entrando en o estando en la presencia del Señor. ¿Qué quiere decir eso y cómo puedo saber cuándo estoy en la presencia de Dios?

R. El Nuevo Testamento enseña que los cristianos tienen la morada de Espíritu Santo (1 Corintios 6:19) y por consiguiente están todo el tiempo en la presencia del Señor. No hay nada que podamos hacer para estar más en la presencia de Dios de la que estamos justo ahora. Cuando un líder de adoración invita a la audiencia a entrar en la presencia del Señor o alguien le pide al Señor venir a Su presencia, está errando. En Hebreos 4:16, sobre la base en la obra terminada de Cristo, el hijo de Dios es invitado a acercarse al trono de la gracia. Es decir, nosotros ahora tenemos acceso directo a Dios y nosotros somos alentados a tomar ventaja de ese acceso en oración. Esto no quiere decir que estemos más cercanos a la presencia de Dios durante la oración; quiere decir que debido a que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote tenemos el privilegio de la presencia de Dios todo el tiempo y nosotros seguramente podemos acercarnos a El en la oración. 

Aquellos que hablan de haber experimentado la presencia de Dios usualmente se refieren a un sentimiento subjetivo que tienen en el cuál ellos creen que han encontrado a Dios en alguna forma única. Algunas preguntas muy importantes deberían ser dirigidas a tales experiencias. Primero, ¿como qué siente la presencia de Dios? Mientras que alguien podría decir que sintieron paz o santidad o se abrumaron, nada en el Nuevo Testamento nos dice como se puede sentir a Dios. Aquellos que encontraron a Dios en una manera especial en las Escrituras no describen sentimientos de Dios sino reuniones tangibles directas con El. Tales experiencias con Dios fueron raras aun en tiempos bíblicos, aun involucrando a los personajes más importantes en la Escritura. El pueblo de Dios no vivió para estos encuentros ni los esperaron.  ¿Quiere decir esto que vivieron vidas vacías, huecas, emotivamente deprimidas? De ningún modo. Soy recordado de los hombres en camino a Emmaus que no reconocieron que habían estado hablando con Jesús hasta después de que Jesús desapareció. Inmediatamente se volvieron el uno al otro y dijeron: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32). Tales experiencias, en el cual nuestro corazón “ardía…en nosotros” cuando es expuesto a la verdad absoluta, deberían ser comunes en la vida del creyente.  Esto no quiere decir que hayamos entrado en la presencia de Dios (estamos ya en la presencia de Dios) pero que nuestros corazones han estado tocados por Su verdad. Estos momentos deberían generar pasión verdadera para con Dios, no porque la presencia de Dios está más cercana a nosotros, sino porque nuestros corazones han sido atraídos más de cerca de El en amor.

P. Si la evidencia de la presencia del Espíritu Santo no es una experiencia emocional en particular entonces ¿cuál es la evidencia del Espíritu Santo en mi vida?

R. Bíblicamente, la evidencia del Espíritu Santo en nuestras vidas no son sentimientos sino una transformación espiritual. Dos pasajes importantes, ambos a menudo usados fuera de contexto, nos ayudan aquí. Romanos 8:14-16 habla del Espíritu Santo conduciendo en nuestras vidas, pero la conducción aquí es hacia la santificación. Es a través del poder del Espíritu que ganamos la victoria sobre las acciones del cuerpo (vv. 12-13). En Gálatas 5:16-25 reconocemos la presencia del Espíritu Santo por el fruto espiritual que El produce en nuestras vidas. La semejanza a Cristo es la marca del Espíritu Santo, no un tipo particular de encuentro emocional.

P. ¿Esta usted diciendo que Dios no tiene una voluntad o plan para mi vida? ¿No sería tal punto de vista un deísmo práctico en el cual Dios nos creó, puso en movimiento ciertas cosas, dictó algunos preceptos morales y luego se aleja y no dejó a nuestra suerte?

R. De nuevo, debemos distinguir entre la voluntad soberana de Dios, La revelada (voluntad moral) y Su voluntad individual. Dios soberanamente predomina sobre todas las cosas. En Su providencia y su omnisciencia el Señor tiene todas las cosas planificadas a detalle según Su propósito y para Su gloria – y eso incluye Su voluntad para nuestras vidas. La voluntad soberana de Dios son las cosas secretas que le pertenecen, según Deuteronomio 29:29a, y no pueden ser conocidas por nosotros hasta que son reveladas con el tiempo. La voluntad revelada o moral de Dios es Su voluntad común para todas las personas como se registra en la Escritura. Es la voluntad revelada de Dios que nos pertenece y debe ser observada (Deuteronomio 29:29b). Cuándo se habla de la voluntad individual de Dios será correcto preguntar si Dios le tiene un plan soberano conocido sólo para El de nuestras vidas. La respuesta para esa pregunta es sí. La pregunta real que las personas están haciendo en lo que se refiere a la voluntad individual es: “¿cómo puedo saber la voluntad soberana de Dios para mi vida?” Quieren saber si Dios les ha dado un medio en el que puedan asaltar las puertas del cielo y pueden desatar los consejos secretos de Dios. Si es así, ¿cuáles son esos medios? Lo que he intentado mostrar es que la Escritura no da tal fórmula; más bien el Señor diseña para nosotros los principios y las instrucciones por medio de lo que podemos tomar decisiones sabias que están en conformidad con la voluntad (revelada) de Dios. Como alguien ha dicho: “la insistencia de Jesús y la Escritura no es en la importancia de descubrir la voluntad de Dios, sino siempre en la necesidad de hacerla.”

El cuadro bíblico es que Dios está sumamente involucrado en nuestras vidas en formas que no podemos imaginar, y en muchos casos nunca se sabrá durante esta vida (Romanos 8:28). En este tiempo andamos “por fe, no por vista” (2 Corintios 5:7).

En nuestro artículo final sobre este tema, examinaremos la noción descaminada de que los personajes de la Escritura vivieron en constante comunicación directa con Dios.

1 John MacArthur, www.biblebb.com/files/MAC/NEWREV.HTM

 

2 Blackaby, pp. 52-53.

 

3 Ibid., p. 213.

 

4 Ibid., p. 257.

 

5 Ibid., p. 214.

 

6 Ibid., p. 235.

 

7 Ibid., p. 210.

 

8 Ibid., pp. 34, 122.

 

9 Ibid., p. 37 (vea también las pp. 116, 124, 137).