Día: 23 enero 2009

Aclarando el Calvinismo – Conclusión

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clip_image001Aclarando el Calvinismo -Conclusión

21 de enero, 2009

(Por Phil Johnson)

Parte VIII: Para resumir…

Hemos estado tomando nota de cinco verdades importantes dadas a entender en las siete palabras de 1 Juan 4:19 (“le amamos Porque él nos amó primero”). Hice una aliteración de las cinco implicaciones de este texto que enfaticé para usted, pero si usted simplemente les da ligeramente nombres diferentes, se deletrearía TULIP:

* La perversidad de nuestro estado caído – esa es la doctrina de la Depravación Total.

* La prioridad electiva de la elección de Dios – esa es la doctrina de Elección Incondicional

* La particularidad de Su obra salvadora – esto, como hemos visto, vínculos la doctrina que a menudo es llamada la Expiación Limitada.

* El poder de Su liberación amorosa – esa, de nuevo, es la doctrina de la Gracia Irresistible.

* La perfección de Su plan redentor – no es nada mas que la doctrina de la Perseverancia.

Usted podría ser una de esas personas que no quiere ser llamado un calvinista o un arminiano. Pero el hecho es, si usted es un cristiano del todo, usted ya afirma el principio básico en cada una de estas verdades. Usted ya sabe en su corazón que usted no fue nacido de nuevo porque usted era moralmente superior que sus vecinos incrédulos. Usted era digno de la ira de Dios tanto así como ellos (Efes. 2:1 3). Según Efesios 2:4-6, fue Dios que le apresuró y le mostró una misericordia especial – y por esto es que usted es un creyente. Usted ya sabe eso en su corazón. Usted realmente no cree que usted obtuvo fe y vino a Cristo en sus fuerzas y por su libre albedrío sin ayuda. Usted realmente no cree que usted sea moralmente superior a las personas que no creen. Usted por consiguiente debe ver, en alguna parte de su alma, que Dios le ha dado una gracia especial que él necesariamente no ha mostrado a todo el mundo.

Usted también cree que Dios es absolutamente soberano sobre todas las cosas. Sé que usted lo cree, porque usted se apoya en la promesa de Romanos 8:28. Y esa promesa no significaría nada si Dios no estuviera en control de cada detalle de todo lo que ocurra. Si él no está en control de todas las cosas, ¿cómo pudo El hacer que todas las cosas funcionen para bien?

Además, usted ora por los perdidos, lo cual quiere decir en su corazón, que usted cree que Dios es soberano sobre la salvación de ellos. Si usted realmente no creyese que él es soberano en salvar a los pecadores, usted había dejado de pedirle por el perdido y en lugar de esto comenzaría a hacer todo lo que usted pudiera para forzarlos a entrar al reino por las buenas o por las malas. Pero usted sabe que eso sería una insensatez. Y usted ora por otras cosas también ¿no es así? Usted le pide que Dios cambie el corazón de esta persona, o que modifique las circunstancias de ese problema. Eso es calvinismo puro. Cuando vamos a Dios en oración, expresamos fe en Su soberanía sobre las circunstancias de nuestras vidas.

Usted aun cree que Dios opera soberanamente en la administración de toda Su providencia. Usted dice cosas como, “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:15) – porque en su corazón usted cree que Dios obra todas las cosas bajo el consejo de Su voluntad, (Efes. 1:11) y nada ocurre aparte de Su voluntad.

Nada es más bíblico que estas doctrinas que son comúnmente llamadas calvinismo. En cierto modo, es una lástima que hayan recibido un nombre extrabíblico, porque estas verdades son la misma esencia de lo que la Escritura enseña. La misma esencia del calvinismo no es en ningún lugar más claramente afirmadas que en las palabras simples de nuestro versículo: “le amamos, porque él nos amó primero.”

Aclarando el Calvinismo – Parte 7

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clip_image002Aclarando el Calvinismo (Parte 7)

20 de enero, 2009

(Por Phil Johnson)

Parte VII: Una segunda mirada a uno de los versículos más cortos en la Biblia

Hemos estado viendo cinco implicaciones doctrinales de un verso muy corto, 1 Juan 4:19: “le amamos a él, porque él nos amó primero.”

Llegamos al punto tres. Este versículo no sólo resalta la perversidad de nuestro estado caído; y nos enseña acerca de la prioridad electiva de la elección de Dios; pero, en tercer lugar, nos muestra –

3. LA PARTICULARIDAD DE SU OBRA SALVADORA

¿Qué quiero decir por eso? Mire el versículo de nuevo: “le amamos a él, porque él nos amó primero”. Esas palabras expresan la convicción de Juan de que Dios ha hecho algo especial por nosotros. “Le amamos. . .” Pero no todo el mundo le ama. Dios ha hecho algo en nuestro beneficio y en nuestros corazones que él no hace por todo el mundo. Él ha demostrado un amor particular para nosotros.

El apóstol Juan estaba siempre muy al tanto de este hecho. Él se glorió del conocimiento de que el amor de Jesús por él era un amor especial. Esa es la implicación de su descripción favorita personal: “aquel discípulo a quien Jesús amaba” (Juan 21:7). Juan volvió a usar esa frase una y otra vez porque él se deleitó con el conocimiento de que Cristo le amó en particular. Dios lo había redimido en particular. Él no fue simplemente el beneficiario de una buena voluntad general que Dios tiene para toda creación; él estaba convencido de que el amor de Cristo para con él era personal y especial. Jesús le amó en particular.

¿Sabe qué? Cada Arminiano nacido de nuevo dirá eso también: Él me ama en particular. Él me ama con un amor especial. No soy simplemente un perro, lamiendo las migajas del amor general de Dios por todo el género humano. Soy uno de los hijos que él ha sentado en Su mesa. Él tiene un amor especial para mí. Cada Arminiano creyente podría referirse a sí mismo, como lo hizo el apóstol Juan: “aquella persona a quien Jesús ama”.

Por cierto, yo creo con todo mi corazón que Dios tiene un amor general de Dios para cada uno de la raza humana. “Sus misericordias sobre todas Sus obras” (el Salmo 145:9). Hechos 17:25: “pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.”– y esas son señales de bondad y buena voluntad genuina que se extiende hacia todo el que haya nacido. Dios aun ama a Sus enemigos (Mateo 5:45) “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.”

Pero el amor de Dios para el elegido es un amor particular. Él los ama con el amor de un Padre para con Sus hijos. Él les ama a cada uno excepcionalmente. Él los ama en una forma especial. Su amor para con ellos es la clase más alta y sagrada de amor conocido por el hombre. Ningún amor mayor posiblemente puede ser extendido para cualquier criatura. Y ese gran amor queda al descubierto en una forma particular. Es una clase sacrificial de amor que no hará escala en nada para conservar su objeto. “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. El amor de Cristo lo movió a dar la vida por Sus amigos.

Mire de nuevo algunos v. 9-10: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” La prueba de Su amor electivo – y lo que amorosamente garantiza la salvación de Su pueblo – es la obra expiatoria de Cristo.

Dios dio a Cristo para morir por ellos con el fin de ser propiciación para sus pecados. Eso simplemente quiere decir que él satisfizo la justicia en su beneficio. Él satisfizo la ira de Dios en su beneficio. Él llevó su culpabilidad. Él murió en su lugar, a fin de que no tuviesen que sufrir el castigo por sus pecados. Él llevó la ira de Dios en su nombre. Él pagó totalmente la pena de sus pecados. Él fue su substituto. El murió por ellos en particular.

Así es que hablemos de “la expiación limitada”. Alguno de ustedes piensa, he ahí una doctrina que ningún Arminiano presupone. Realmente, pienso que cualquiera que cree que la expiación fue substitutoria presupone una doctrina Calvinista de la expiación. Y los Arminianos históricos y evangélicos si creen en la expiación substitutoria. Cristo sufrió en mi lugar. Él no fue un substituto para el castigo de Judas, porque si lo que dijo Jesús acerca de que Judas es cierto, Judas está en el infierno ahora mismo, sufriendo la ira de Dios por el mismo.

No me gusta la expresión “expiación limitada,” porque sugiere que la expiación es limitada en su suficiencia.

Déjeme aclarar esto a usted: Ningún calvinista verdadero cree eso. Si a usted tiene la idea de que el calvinismo establece algún límite en el valor o la suficiencia de la expiación, olvide esa idea. Cualquier calvinista que niega que la muerte de Cristo fuera suficiente para hacer expiación por los pecados de todo el mundo es un calvinista malo. El sacrificio de Cristo fue infinito en su suficiencia, “abundantemente suficiente como para expiar los pecados de todo el mundo”. (De hecho, esa frase, “abundantemente suficiente como para expiar los pecados de todo el mundo,” es citado directamente de los cánones del Sínodo de Dort, lo cual es la declaración original del calvinismo.) La muerte de Cristo es infinitamente suficiente y aquél sacrificio pudo haber expiado los pecados de todo el mundo, si eso hubiese sido el plan de Dios.

¿Pero fue ese el plan de Dios? O ¿Fue Su muerte el objeto central y supremo la salvación de aquellos que Dios había amado con un amor especial desde antes de la fundación de mundo? Creo que esas preguntas están definitivamente resueltas para siempre por 1 Timoteo 4:10: “esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.” En el diseño de Dios, la obra expiatoria de Cristo tiene un significado especial para el elegido, porque fue la manera por la cual él aseguró y garantizó su salvación para siempre. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Juan 10:11). Y los Arminianos afirman la esencia básica de esa verdad – la expiación de Cristo es eficaz sólo para aquellos que realmente creen.

Note: Cuando Juan escribe: “le amamos, porque él nos amó primero,” él se dirige a aquellos que fueron los objetos particulares de la obra redentora de Cristo. Mire de nuevo el versículo 9: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.” Éste fue el propósito de Dios en la muerte de Su Hijo: “para que vivamos por é”. Él emprendió esta obra salvadora por nosotros en particular, porque somos objetos especiales de Su amor eterno.

Hay más. Aquí hay una cuarta doctrina que encontramos enseñada en este versículo:

4. EL PODER DE SU AMOROSA LIBERACIÓN

Mire de nuevo el versículo: “le amamos porque él nos amó primero”. Juan dice que el amor de Dios por nosotros es la causa de – la causa eficaz – nuestro amor para con El. Otra vez, él no dice simplemente que el amor de Dios sea un motivo o un incentivo para nuestro amor. Más bien, el punto de Juan es que el amor de Dios es la causa productiva real de nuestro amor.

Recuerde que es imposible que una persona no regenerada espiritualmente ame a Dios. El corazón de la carne caída es por definición un enemigo de Dios. No tiene poder para cambiar por sí mismo, más que un leopardo puede cambiar sus manchas. Es la naturaleza de un pecador amar el pecado, y nada es más contrario a un corazón pecaminoso que el amor a Dios. Así es que es moralmente imposible para el pecador amar a Dios.

“¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Recuerda usted la respuesta de Jesús a esa pregunta? “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” (Mateo 19:26). Él hace lo imposible. Su amor por nosotros es tal que él nos compra y nos busca y nos persuade amorosamente para amarle. Y para hacer posible ese amor, El aun bondadosamente nos da corazones nuevos que son capaces de amar. Esa es la promesa que él hace para Su pueblo en Ezequiel 36:

25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.

26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Eso habla de la obra regeneradora de Dios, por medio de la cual El nos resucita a un estado de vida espiritual vibrante e ilumina nuestras mentes para comprender Su verdad, y nos hace atractivas las glorias de Su amor para nosotros para que las encontremos absolutamente irresistibles.

De hecho, esa es exactamente la expresión que algunas veces usamos para hablar de esta verdad: La gracia irresistible.

Algunas personas entienden mal ese término y se imaginan que hay algún tipo de fuerza violenta o coerción involucrada en la atracción de Dios de nosotros a Cristo. Pero la gracia irresistible no es algo que nos empuje en contra de nuestras voluntades hacia Cristo; es algo que nos lleva voluntariamente a él.

Es similar a mi amor por mi esposa. La encuentro irresistible. Pero ella no fuerza mi amor por ella. Ella no utiliza alguna restricción aparte del puro atractivo de sus encantos a los que me llevan a ella. Pero ella es irresistible para mí.

La gracia salvadora de Dios es irresistible para el elegido en el mismísimo sentido. Hablamos de eso como “la gracia eficaz,” porque siempre asegura su objeto. Dios siempre obtiene un amor recíproco de aquellos en quienes él ha establecido Su amor redentor. Como Pablo escribió a en 2 Corintios 5:14: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron”. Murió por nosotros, así es que de ahora en adelante no podemos vivir para nosotros mismos.

Piense acerca de lo que esto quiere decir: No podemos tomar crédito personal por amar a Dios. Nuestro amor por Dios es un fruto del Espíritu, según Gálatas 5:22. Es la obra de Dios en nosotros. “Le amamos, porque él nos amó primero – nuestro amor por El es el fruto natural de Su gran amor por nosotros. Así es que usted puede ver el poder de Su liberación amorosa.

Aquí hay una quinta lección doctrinal de este simple versículo: También nos recuerda de –

5. LA PERFECCIÓN DE SU PLAN REDENTOR

Simplemente considere las primeras dos palabras de nuestro versículo: “amamos”. De nuevo, eso habla de un corazón completamente transformado. Al principio, no amamos. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”. Eso es Tito 3:4 5. Habla una vez más de esa obra regeneradora que convierte nuestros corazones fríos, sin amor y de piedra en corazones que son capaces de un amor verdadero para con Dios.

E inherente a la misma misericordia que obtuvo nuestra salvación es una garantía que perseveraremos en ese amor hasta el final. Le amamos. Somos completamente libres de que la enemistad pecaminosa aquella que una vez nos mantuvo hostiles hacia El. Y El nos ama. Él no permitirá que nada ni nadie nos arrebate de Su mano.

Note los versículos 17-18:

17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

Ese amor es un fruto del propio Espíritu de Dios, y por eso es un amor permanente. Echa fuera nuestro miedo; nos da la audacia aun en el día de juicio. No se desvanecerá o disminuirá. ¿Por qué? “pues como él es, así somos nosotros en este mundo.” Este amor nos conforma a Su imagen, y nos mantiene conformándonos a Su imagen, hasta que esa meta es perfectamente lograda. En otras palabras, el mismo amor que garantizó nuestra salvación del pecado en primer lugar garantiza nuestra perseverancia en la fe.