Día: 30 enero 2009

¿Porqué Orar si Dios es Soberano? (Parte 3)

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clip_image002¿Porqué Orar si Dios es Soberano? (Parte 3)

Lunes, Enero 26, 2009

Tomado de Pulpit Magazine

(Por Matt Waymeyer)

Hasta ahora, hemos considerado dos razones para orar a la luz de la soberanía de Dios. Hoy consideraremos dos más.

3. Dios puede responder nuestras oraciones.

En vez de obstaculizar las oraciones de los creyentes, la soberanía de Dios debe motivarlos a orar, pues “la oración crece de la certeza de la omnipotencia y la soberanía de Dios” (The God Who Hears, 47). Dicho de otra manera, si Dios no reina en la soberanía sobre Su creación y no es capaz de lograr lo que desea en y a través de El, ¿por qué preocuparse pidiéndole lo que El es incapaz de entregar?

Por ejemplo, si un niño de cinco años de edad repetidamente le pregunta a su madre que haga que deje de llover en una mañana del sábado, esto puede crear un precioso recuerdo, pero en última instancia la petición del niño es un error. Por mucho que su madre pudiese alterar el clima, ella simplemente carece de habilidad para hacer eso, y por consiguiente, pedirle a ella eso tiene poco sentido. Pero cuando los hijos de Dios ante el trono de gracia, vienen con la seguridad completa de que su Padre celestial puede llevar a cabo lo que El se complace en hacer, pues nada es demasiado difícil para El. Y esto los debe motivar a orar.

“Ser digno de orar,” escribe Hunter, “Dios ante todo tiene que tener el poder para hacer lo que le pedimos. En segundo lugar, El debe tener la soberanía sobre la creación para hacer lo que El quiere hacer” (The God Who Hears, 48). Así que quizás la pregunta: “¿Porqué orar si Dios es soberano?” ¿Podría ser reemplazado con la pregunta, “¿Porqué orar si Dios no es soberano?” Los creyentes deben venir a su Dios presentándole sus peticiones porque El tiene tanto la autoridad y la capacidad para conceder lo que le han pedido en sus peticiones y oraciones intercesoras.

4. Dios realmente responde la oración.

La cuarta razón por la que los creyentes deberían orar es que Dios no sólo puede, sino que realmente cambia el curso de la historia en respuesta a la oración. Jesús dijo, “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Como Wayne Grudem señala, Jesús “hace una clara conexión entre buscar cosas de Dios y recibirlas. Cuando pedimos, Dios responde (Systematic Theology, 377).

La Escritura está llena de ejemplos de Dios concediendo a Su pueblo lo que han solicitado en sus oraciones de petición e intercesión. Primero de Crónicas 4:10a registra la oración de Jabez la cual dice: “E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: !!Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe!” En respuesta a la oración de Jabez, “Y le otorgó Dios lo que pidió.” (v. 10b). En Éxodo 32:10, Dios le dijo a Moisés sobre Sus intenciones de destruir al pueblo de Israel por su idolatría. Pero Moisés intercedió en nombre de Israel (vv. 11-13), y en respuesta a su oración Dios cedió y no los destruyó. (v.14). Y como Santiago registra, Dios respondió a las oraciones fervientes de Elías al iniciar y poner fin un período de tres y medio años de sequía (Santiago 5:17-18; cf. Génesis 18:22-33; 32:26 Daniel 10:12; Amos 7:1-6; Hechos 4:29-31; 10:31; y 12:5-11).

Al mismo momento que es reconocido que Dios sea soberano, luego, también debe ser admitido que “La oración eficaz del justo puede mucho.” (Santiago 5:16b; Cf. 4:2). De hecho, inmediatamente después de contestar la pregunta de cómo orar en Lucas 11:2-4, Jesús procede a contestar la pregunta de por qué orar dando dos razones – porque Dios recompensa la diligencia en la oración concediendo peticiones (Lucas 11:5-10), y porque Dios se deleita con darle buenos regalos a Sus hijos (Lucas 11:11-13).

En palabras de Richard Pratt, entonces, “la Oración es un esfuerzo humano poderoso que significativamente puede afectar no sólo las vidas de los individuos sino el mismo curso de la historia universal” (Pray with Your Eyes Open, 112). Esta verdad, sin duda, debería ser un motivo poderoso para que los hijos de Dios oren. Como Grudem escribe:

Si estuviésemos realmente convencidos de que la oración cambia la manera en que Dios actúa, y que Dios puede producir cambios notables en el mundo en respuesta a la oración,…entonces oraríamos mucho más de que lo oramos. Si oramos poco, es probablemente porque realmente no creemos que la oración logre mucho en absoluto (Systematic Theology, 377).

¿Porqué Orar Si Dios Es Soberano? (Parte 2)

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¿Porqué Orar Si Dios Es Soberano? (Parte 2)

Viernes, Enero 23, 2009

Tomado de Pulpit Magazine

(Por Matt Waymeyer)

¿Por qué Orar?

En esta serie, consideraremos cinco razones de por qué los creyentes deberían orar a la luz de la soberanía de Dios.

1. Dios nos ha ordenado que oremos.

La razón más obvia de orar es que Dios nos ha ordenado que oremos. Esto es evidente a todo lo largo de las enseñanzas tanto de Jesús como del apóstol Pablo. Jesús enseñó a Sus discípulos cómo orar en Mateo 6:9-13, introduciendo la oración con las palabras, “Vosotros, pues, oraréis así” (v. 9). Luego, El instruyó a Sus discípulos a ser persistentes en sus oraciones (Lucas 11:5-13). En Lucas 18:2-8, Jesús les dijo una parábola “sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar” (Lucas 18:1). Y al arribar al Huerto de Getsemaní, El les instruyó, “orad para que no entréis en tentación” (Lucas 22:40).

El apóstol Pablo exhortó a los Tesalonicenses a “orad sin cesar” (1 Tes 5:17); él instruyó a los Filiepenses: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (4:6); él encargó a los Colosenses: “Perseverad en la Oración" (4:2); él le escribió a los Efesios: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí” (6:18-19a); y él urgió a Timoteo “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres” (1 Tim 2:1).

El punto está claro: Dios nos ha ordenado que oremos, y nuestra respuesta a esta orden ante todo debe ser de obediencia. Aun si nunca alcanzamos una comprensión evidente de la relación entre la soberanía de Dios y las oraciones del hombre, el hecho de que Dios lo haya mandado debería ser suficiente para movernos a orar. Cuando Dios le prometió a Abraham un hijo a través del cual él se convertiría en una gran nación (Gen 21:12b) y luego le ordenó a él que sacrificara a ese mismo hijo (Gen 22:2), Abraham se inclinó de modo respetuoso de rodillas en sumisión ante Su Creador y simplemente obedeció lo que fue ordenado por El (Gen. 22:3-10). El creyente que hace la pregunta “¿por qué orar?” Debe seguir su ejemplo y debe hacer lo mismo.

2. Jesús modeló una vida de oración.

Una segunda razón de porque los creyentes debería ofrecer oraciones de petición y de intercesión hacia Dios es que tal oración fue modelada por Jesús que “…se apartaba a lugares desiertos, y oraba.” durante Su ministerio (Lucas 5:16). El ejemplo coherente de oración ferviente de Jesús hacia el Padre es evidente a todo lo largo de los relatos del evangelio. Durante Su ministerio en Galilea, Marcos registra que: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” (Marcos 1:35). Después de alimentar a lo cinco mil en Betsaida, Jesús “Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mat 14:23).

En la noche antes de que él escogiese a los doce discípulos, Jesús se marchó a la montaña a orar, y El “pasó la noche orando a Dios" (Lucas 6:12). Posteriormente Lucas se refiere a un tiempo “mientras Jesús oraba aparte” (9:18), y “Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar” (Lucas 9:28). Y quien podría olvidar Su oración en el Huerto de Getsemaní (Mat. 26:39-44t; Marcos 14:35-39; Lucas 22:41-45) o la “oración sumo sacerdotal” de Juan 17? ¿Y qué creyente puede olvidarse de apreciar el hecho de que El vive para interceder aun hoy a nuestro beneficio (Heb 7:25)?

Al ofrecer oraciones de petición y de intercesión, Jesús no estaba ignorando o negando la soberanía de Su Padre. Esto es obvio en varias de las oraciones de Jesús, no al menos las que incluyen Sus oraciones en el Huerto de Getsemaní (Mat. 26:39-44; Marcos 14:35-39; Lucas 22:41-45). Como Hunter escribe: “El sabía que el mediante determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios El sería llevado a la muerte siendo clavado a la cruz (Hechos 2:23). Él dijo a los discípulos incrédulos esto al menos tres veces. Aún en Getsemaní, como Marcos dice, ‘se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.’ (14:35)” (The God Who Hears, 51). En otras palabras, si bien Jesús estaba bien consciente de que Su muerte en el calvario había sido predeterminada por Dios, El aún decidió presentar una petición a Su Padre de que esta copa podría pasar de él.

Si los seguidores de Cristo deben ser imitadores de él y “andar como él anduvo” (1 Juan 2:6), también deben ser caracterizados por la oración ferviente por ellos mismos y por aquellos a su alrededor. Saber que Jesús oró como una forma de vida bien no puede aclarar la tensión que existe en las mentes de los creyentes entre la soberanía de Dios y las oraciones de los hombres, pero los debería motivar a imitar al Único que no vio disparidad entre Sus oraciones y la soberanía de Su Padre.