Recordando la Resurrección

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Recordando la Resurrección

Viernes, Abril 10, 2009

(Por John MacArthur)

Tomado de Shepherds Fellowship – Pulpit Magazine

En 1874, un ministro bautista llamado Robert Lowry escribió uno de los himnos más conmovedores jamás escrito para exaltar la resurrección de Jesucristo – “La Tumba le Encerró”. Note cómo contrastan estos versos la impotencia de la muerte y el sufrimiento con el poder de la resurrección de Cristo:

La tumba le encerró, Cristo, mi Salvador;
El alba allí esperó Cristo mi Señor.
De guardas escapó, Cristo, mi Cristo;
El sello destruyó, Cristo el Señor

La muerte, el principal enemigo que teme el hombre, es impotente para reinar sobre el Señor de la vida. Y esa verdad tiene significado para usted y para mí, aquí y ahora en el siglo veintiuno. Usted lo puede ver en la parte más excitante y conmovedora del himno de Lowry, el estribillo que enfatiza a cada estrofa:

 

Cristo la tumba venció
Y con gran poder resucitó;
Del sepulcro y muerte
Cristo es vencedor,
Vive para siempre
Nuestro Salvador.
¡Gloria a Dios! //
¡El Señor resucitó

¿Ve usted en esas líneas lo que la significa la resurrección de Jesús para usted? Si usted es un cristiano, usted puede regocijarse en el hecho de que Cristo se levantó de la tumba como un vencedor, un campeón que vive por siempre para reinar, “con Sus santos”. Eso se refiere a la promesa basada en nuestro bautismo en la muerte y resurrección de Cristo – es nuestra esperanza, razón y base de todo lo que creemos.

¿Pero qué pasaría si no hubiera resurrección? ¿Qué sucedería si la resurrección de Jesucristo fuera simplemente un mito del primer siglo que debe ser ignorado o marginado a un asunto secundario? Las implicaciones de ese acercamiento son devastadoras para la Cristiandad.

Quiero llamar su atención a lo que Pablo escribió en 1 Corintios 15:16-19 a fin de que usted pueda ver qué sucede cuándo usted olvida la resurrección:

“Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”.

Sin lugar a dudas, si Jesús está todavía en la tumba, si El es perpetuamente la víctima y nunca el Vencedor, entonces usted y yo estamos perdidos desesperadamente. Y sin embargo ese no es el caso, quiero enfocar la atención en el “y que si no” hipotético que Pablo asume por ahora en 1 Corintios 15. “¿Qué pasaría si la resurrección fuera un mito? ¿Qué pasaría si Jesucristo estuviera todavía muerto y en la tumba?”

Ante todo, usted todavía estaría en sus pecados, bajo la tiranía de la muerte junto con el pagano más vil e incrédulo. Si Jesús no resucitase de entre los muertos, entonces el pecado ganó la victoria sobre El y sigue victorioso sobre usted también. Si Jesús se quedase en la tumba, entonces, cuando usted muera usted también se quedaría allí. Además, puesto que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), donde usted permanecería muerto, la muerte y el castigo eterno serían su futuro.

El propósito de confiar en Cristo es para perdón de pecados, porque es del pecado que necesitamos ser salvados. “Cristo murió por nuestros pecados” y “fue sepultado, y…. resucitó al tercer día” (1 Corintios 15:3-4). Si Cristo no resucitó, Su muerte fue en vano, su fe en El sería sin sentido, y sus pecados todavía serían contados en contra de usted sin ninguna esperanza de una vida espiritual.

En segundo lugar, si no hay resurrección, entonces “Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron”. Eso quiere decir que cada santo del Antiguo Testamento, cada santo del Nuevo Testamento, y cada santo desde que Pablo escribió estarían sufriendo el tormento en este preciso momento. Eso incluiría a Pablo mismo, al resto de apóstoles, Augustín, Lutero, Calvino, Wesley, Moody, y los fieles y santos piadosos que usted haya conocido – cualquier otro creyente en cada época también estarían en el infierno. Su fe habría sido en vano, sus pecados no habrían sido perdonados, y su destino sería condenación.

A la luz de las otras consecuencias, la última es la más obvia. “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.” Sin la resurrección de Cristo, y la salvación y las bendiciones que conllevan, el Cristianismo sería sin sentido y digna de compasión. Sin la resurrección no tendríamos a un Salvador, ningún perdón, ningún evangelio, ninguna fe significativa, ninguna vida, y nunca podríamos tener esperanza alguna de esas cosas.

Haber esperado en Cristo solamente en esta vida sería enseñar, predicar, sufrir, sacrificar, y trabajar enteramente por nada. Si Cristo está aun muerto, entonces El no sólo no tiene capacidad para salvarle en el futuro, sino que El no puede ayudarle tampoco hoy. Si El no estuviera vivo, ¿cuál sería su fuente de paz, gozo, o satisfacción ahora? La vida cristiana sería una parodia, una farsa, una broma trágica y cruel. Los cristianos que sufren y aun mueren por la fe serían tan ciegos y patéticos como aquellos “creyentes” que siguieron a Jim Jones y el Templo del Pueblo, David Koresh y los Branch Davidians, y Marshall Applewhite y el culto a la Puerta del Cielo.

Puesto que un cristiano no tiene a un Salvador más que Cristo, ningún Redentor más que Cristo, y ningún Señor más que Cristo, si Cristo no resucitó, El no está vivo, y nuestra vida cristiana no tiene vida. No tendríamos nada para justificar nuestra fe, nuestro estudio de la Biblia, nuestra predicación o testimonio, nuestro servicio hacia El o nuestro culto a El, y nada para justificar nuestra esperanza en esta vida o la venidera. Mereceríamos nada menos que una compasión reservada para tontos.

Pero, Dios resucitó a “Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:24-25). Porque Cristo vive, también viviremos (Juan 14:19). “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hechos 5:30-31).

No debemos ser tenidos por lástima, pues Pablo inmediatamente termina con el terrible sección del “y que si no” diciendo: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20). Como Pablo dijo al final de su vida: “porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).

Aquellos que no esperan en Cristo solamente para salvación son los verdaderos tontos; son los que necesitan escuchar su testimonio compasivo acerca del triunfo de la resurrección de Cristo. Así es que no olvide la resurrección; gócese de eso y gloríese de eso, pues El ciertamente ha resucitado.

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