La Sutileza de la Idolatría

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La Sutileza de la Idolatría

Salmo 50:21

Cuando pensamos en la idolatría usualmente pensamos en un pagano primitivo en una choza de barro que se inclina ante un pequeño dios en el suelo, o imaginamos un templo pagano, muy elaborado y adornado con un montón de incienso ardiente. Pero la idolatría va más allá de la idea de crear un Dios falso. Fundamentalmente, la idolatría es tener pensamiento acerca de Dios que son falsos de Él, o entretener pensamientos acerca de Él que son indignos de Él.

En ese sentido, muchos evangélicos son culpables de idolatría. Estoy horrorizado por lo que algunos cristianos suponen que Dios es. Dios también está horrorizado, cuando dice en el Salmo 50:21, “pensaste que yo era tal como tú; pero te reprenderé, y delante de tus ojos expondré tus delitos.” El cristianismo contemporáneo ha bajado a Dios a su nivel, robándole de majestad y santidad. Eso es tan idólatra como adorar una roca.

Sin embargo, eso es precisamente lo que muchos han hecho. Ellos han hecho un dios falso en su propia semejanza. Sus pensamientos acerca de Él provienen de la imaginación de sus propias mentes, y no tienen nada que ver con lo que Él realmente es.

AW Tozer escribió:

La historia de la humanidad probablemente mostrará que ningún pueblo se ha levantado por encima de su religión y que la historia espiritual del hombre demostrará positivamente que ninguna religión ha sido alguna vez más grande que su idea de Dios. La adoración será pura, o baja, según el lugar en que el adorador tenga a Dios.

Por esta razón, la cuestión más importante que la Iglesia tiene delante siempre será Dios mismo, y la realidad más portentosa acerca de cualquier ser humano no es lo que él pueda decir o hacer en un momento dado, sino la forma en que concibe a Dios en lo más profundo del corazón. [1] AW Tozer, The Knowledge of the Holy (Harper & Row, 1961), 9.

La verdad más básica en la adoración, entonces, es la comprensión de Dios por parte del adorador.

Conocer a Dios

En Oseas 6: 6 el Señor dice: “Porque más me deleito en la lealtad que en el sacrificio, y más en el conocimiento de Dios que en los holocaustos.” Esta afirmación eleva el conocimiento de Dios a una posición de suprema importancia.

Proverbios 9:10 dice: “El principio de la sabiduría es el temor del SEÑOR, y el conocimiento del Santo es inteligencia.” Nadie es sabio hasta que conoce a Dios; nadie tiene ni el más mínimo entendimiento hasta que tenga el conocimiento del Santo. Sin el conocimiento de Dios, toda adoración es una adoración inaceptable, no diferente de la más grosera idolatría.

Nos metemos en problemas cuando tratamos de hacer que Dios se parezca demasiado a lo que conocemos. Cuando usamos símbolos humanos para describir a Dios, debemos recordar que Él es el máximo e infinito patrón y no una copia. Ninguna metáfora puede explicar completamente a Dios. Por ejemplo, entendemos el amor de Dios porque conocemos el amor humano. Pero cuando el amor de Dios se comporta diferente de nuestro amor, no debemos suponer que el amor de Dios es defectuoso. Eso es hacer del amor humano el patrón absoluto y juzgar el amor de Dios a través de él.

A menudo es más fácil pensar en Dios en términos negativos. Vivimos en un mundo que es tan opuesto a Dios que frecuentemente tenemos que entender lo que es Dios al decir lo que Él no es, porque Él es diferente a todo lo que entendemos. Por ejemplo, cuando decimos que Dios es santo, queremos decir que Él no tiene pecado. No podemos concebir la esencia de la santidad absoluta; todo lo que hemos experimentado es pecado. No podemos comprender la eternidad o el infinito, pero entendemos los límites, así que decimos que Dios no tiene ninguna limitación.

Pero ¿podemos entender a Dios? La Biblia dice que podemos. Nunca podemos comprenderlo completamente, pero ciertamente podemos entender las cosas verdaderas acerca de Él. Esto es porque Dios se ha revelado a nosotros no sólo en Su creación, sino más específicamente en Su Palabra. Es nuestro deber comprender con exactitud Su auto-revelación.

Sin embargo, la tentación es siempre fuerte para conformar el carácter de Dios a nuestro modelo de pensamiento. Y eso está plagado de peligro cuando vivimos y funcionamos en un mundo que está cambiando constantemente.

El concepto mismo de un Dios inmutable es incompatible con un mundo formado e impulsado por el descubrimiento científico, la tecnología en constante evolución y la moralidad autodeterminada. La expectativa cultural de "cambiar con el tiempo" también se aplica invariablemente a Dios. Se espera que Su justicia cambie y se deslice con los estándares de nuestros tiempos, una supuesta indulgencia que acomoda nuestras preferencias y propensiones pecaminosas.

Pero esos son supuestos peligrosos que ofrecen un falso consuelo. Ellos vuelan ante el testimonio claro de la Escritura sobre el carácter inmutable y la naturaleza de Dios -en términos teológicos, Su inmutabilidad.

En los días venideros exploraremos el registro bíblico concerniente a la inmutabilidad de Dios. Además, consideraremos la gran seguridad que podemos sacar de conocer la naturaleza firme de las promesas irreversibles de Dios: el consuelo supremo que proviene de adorar al Único y verdadero Dios inmutable.

(Adaptado de Worship .)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B170206
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