¿Por Qué Era Necesaria La Reforma?

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¿Por Qué Era Necesaria La Reforma?

Por W. Robert Godfrey

La iglesia siempre necesita una reforma. Incluso en el Nuevo Testamento, vemos a Jesús reprendiendo a Pedro, y vemos a Pablo corrigiendo a los Corintios. Puesto que los cristianos son siempre pecadores, la iglesia siempre necesitará una reforma. Sin embargo, la pregunta para nosotros es: ¿cuándo se convierte la necesidad en una necesidad absoluta?

Los grandes reformadores del siglo XVI llegaron a la conclusión de que la reforma era urgente y necesaria en su época. Al buscar la reforma de la iglesia, rechazaron dos extremos. Por un lado, rechazaron a aquellos que insistían en que la iglesia era esencialmente sana y no necesitaba cambios fundamentales. Por otro lado, rechazaron a aquellos que creían que podían crear una iglesia perfecta en cada detalle. La iglesia necesitaba una reforma fundamental, pero también necesitaba siempre reformarse a sí misma. Los reformadores llegaron a estas conclusiones de su estudio de la Biblia.

En 1543, el reformador de Estrasburgo, Martin Bucer, le pidió a Juan Calvino que escribiera una defensa de la Reforma para presentarla al emperador Carlos V en la dieta imperial que se reuniría en Speyer en 1544. Bucer sabía que el emperador católico romano estaba rodeado de consejeros quienes estaban difamando los esfuerzos de reforma en la iglesia, y él creía que Calvino era el ministro más capaz para defender la causa protestante.

Calvino aceptó el desafío y escribió una de sus mejores obras, “La Necesidad De Reformar La Iglesia”. Este importante tratado no convenció al emperador, pero muchos lo consideran la mejor presentación de la causa reformada jamás escrita.

Calvino comienza observando que todos estuvieron de acuerdo en que la iglesia tenía “enfermedades tanto numerosas como graves”. Calvino argumenta que los asuntos eran tan graves que los cristianos no podían soportar un “retraso más largo” para la reforma o esperar “remedios lentos”. Rechaza el argumento de que los reformadores eran culpables de una “innovación apresurada e impía”. Más bien, insiste en que “Dios levantó a Lutero y otros” para preservar “la verdad de nuestra religión”. Calvino vio que los cimientos del cristianismo estaban amenazados y que solo la verdad bíblica renovaría la iglesia.

Calvino observa cuatro grandes áreas en la vida de la iglesia que necesitaban reforma. Estas áreas forman lo que él llama el alma y el cuerpo de la iglesia. El alma de la iglesia está compuesta por el “culto puro y legítimo de Dios” y “la salvación de los hombres”. El cuerpo de la iglesia está compuesto por el “uso de los sacramentos” y “el gobierno de la iglesia”. Para Calvino, estos asuntos estaban en el corazón de los debates de la Reforma. Son esenciales para la vida de la iglesia y solo pueden entenderse correctamente a la luz de la enseñanza de las Escrituras.

Podríamos sorprendernos de que Calvino haya colocado la adoración de Dios como el primero de los temas de la Reforma, pero este fue un tema coherente suyo. Anteriormente, le había escrito al cardenal Sadoleto: “No hay nada más peligroso para nuestra salvación que una adoración de Dios absurda y perversa”. La adoración es donde nos reunimos con Dios, y esa reunión debe ser dirigida por los estándares de Dios. Nuestra adoración muestra si realmente aceptamos la Palabra de Dios como nuestra autoridad y nos sometemos a ella. La adoración creada por uno mismo es tanto una forma de justicia de obras como una expresión de idolatría.

A continuación, Calvino se dirigió a lo que a menudo consideramos como el mayor tema de la Reforma, a saber, la doctrina de la justificación:

Primero, mantenemos, que cualesquiera que sea la descripción de cualquier obra humana, el hombre es considerado como justo ante Dios simplemente por sostenerse en la misericordia gratuita; porque Dios (sin ninguna consideración a obra alguna) lo adopta gratuitamente en Cristo, imputándole la justicia de Cristo, como si fuera suya propia. Esto llamamos la justicia de la fe: esto es, cuando un hombre despojado y vaciado de toda confianza en las obras, se siente convencido que el único fundamento para ser aceptado por Dios es una justicia que él mismo carece, y que se obtiene en Cristo. El punto en que el mundo siempre se extravía (pues este error ha prevalecido casi en toda época) es en imaginarse que el hombre, sin importar lo deficiente que pueda ser parcialmente, aún en algún grado él merece el favor de Dios por sus obras.

Estos asuntos fundamentales que forman el alma de la iglesia son apoyados por el cuerpo de la iglesia: los sacramentos y el gobierno de la iglesia. Los sacramentos deben ser restaurados al significado puro y simple y al uso dado en la Biblia. El gobierno de la iglesia debe rechazar toda tiranía que ata las conciencias de los cristianos en contra de la Palabra de Dios.

Al mirar a la iglesia en nuestros días, podemos concluir que se necesita la reforma -de hecho, es necesaria- en muchas de las áreas en las que Calvino estaba tan preocupado. Sólo la Palabra y el Espíritu de Dios reformarán finalmente la iglesia. Pero debemos orar y trabajar fielmente para que tal reforma llegue en nuestro tiempo.

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