El Amor No Es Un Sentimiento – Es Un Compromiso

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ESJ-2020 0123-005

El Amor No Es Un Sentimiento – Es Un Compromiso

POR OWEN STRACHAN

En esta serie (aquí está la primera parte), estamos echando un vistazo a la teología que nos rodea. Nos concentramos en los “eslóganes”, dichos cortos, en los que la gente se apoya para dar sentido, estructura y coherencia a sus vidas. En estos artículos cortos, estamos deconstruyendo estos lemas para “destrucción de fortalezas” (2 Cor. 10:4). Esperamos que Los Dichos Que No Salvan, irónicamente, ayuden a salvar y fortalecer a las personas que están probando el amargo fruto del pensamiento no bíblico.

No es una canción nueva, pero básicamente nos dice la doctrina de amor de nuestra cultura.

Yo…, estoy atrapado a un sentimiento

Estoy muy convencido de…

Que estás enamorado de mí

El grupo que lanzó “Hooked on a Feeling” [Atrapado en un Sentimiento] en 1973, Blue Swede, probablemente no tenía la intención de señalar un cambio importante en la cosmovisión sobre el tema del amor. Sin embargo, esta vieja canción resume sucintamente lo que mucha gente piensa hoy en día sobre el amor, incluyendo el romántico. El amor no es un compromiso; el amor es un sentimiento.

Esto explica mucho de nuestro contexto romántico contemporáneo. La gente piensa que el amor es un impulso y actúa en consecuencia. En una oleada de emoción positiva, se “enamoran”; en una oleada de emoción negativa, se salen de ella. Pienso en el modelo popularizado por The Bachelor [El Soltero] y otros programas relacionados. Vas a algunas citas (o más) con una persona atractiva del sexo opuesto, todo es divertido y fresco y excitante, te comprometes con esa persona de alguna manera, pero luego la vida real se estrella en tu estado de felicidad y la relación termina. Estás atrapado a un sentimiento hasta que no lo estás.

Hay una forma Hollywoodizada de esto que es fácil de burlar; también hay, tristemente, una forma mucho más realista. Los novios y las novias tienen un hijo (o hijos) juntos, tal vez se comprometan, tal vez incluso se casen, pero todo explota. La emoción se desvanece, la atracción se marchita, los verdaderos defectos y fracasos y los pecados se muestran, y el sueño muere. Aparte de la juventud fugaz, hoy en día no es raro que se desmoronen las uniones de parejas de mediana edad; el proyecto compartido de criar a los hijos termina, y también el pacto.

Qué triste y desastroso es esto. Revela que el matrimonio nunca se construyó sobre una base sólida. Muchos matrimonios terminan en parte debido a una comprensión totalmente errónea del amor; fuera del matrimonio, muchas personas se queman por este tipo de pensamiento de diversas maneras. Tenemos que ser claros aquí: romántico o no, el amor no es un sentimiento. El amor sin duda involucra sentimientos, sentimientos que son dados por Dios y no son en absoluto insignificantes. Sin embargo, el amor en términos bíblicos es un compromiso férreo. Más que eso: el amor en su cúspide en nuestro mundo es pactual. El Padre nos elige en el Hijo por el poder del Espíritu, lo que significa que el amor nos llega según el pacto eterno, el desborde del amor trinitario, el amor que nos arrastra a la vida eterna misma (Efesios 1; Hebreos 13).

Esta enseñanza bíblica significa que la iglesia tiene una comprensión completamente diferente del amor que la cultural que enfatiza la naturaleza temporal y efímera del mismo. No es que los incrédulos dejen de experimentar el amor; es que no pueden y no conocen el amor en su forma más pura, el amor de Dios. Este amor se derrama del cielo a nuestras vidas a través del ministerio del evangelio, liberándonos del pecado, de Satanás, de la muerte y del infierno. Transforma cada parte de nuestra vida. Se podría decir que el amor activa el amor. El hecho de que Dios nos ame significa que ahora amamos a los demás como deberíamos, pero no perfectamente en esta vida, por desgracia.

Esta última frase merece ser anotada. El amor no es una corriente ininterrumpida de afirmación sin fin de todo lo que hace un ser querido. El amor en un mundo caído significa confesión, arrepentimiento, disculpas, cambio, crecimiento, odio al pecado, compromiso firme de luchar contra el pecado, y así sucesivamente. El amor bíblico significa luchar contra la carne (somos “santos y amados” en Cristo según Col. 3:12). Luchamos contra el pecado en deseo, pensamiento, sentimiento y acción por amor a Dios, sabiendo que expresamos amor al seguir al que amamos. Luchamos contra nuestro pecado de una manera muy secundaria porque amamos a los demás, y no queremos equivocarnos, herir y obstaculizarlos. El amor significa mucho más, en otras palabras, que conocer el “lenguaje del amor” de nuestro cónyuge. Si eres cristiano, parte de tu “lenguaje del amor” -una parte mucho más importante que el color de las flores que te gustan y las películas que ves en las citas nocturnas- es la mortificación del pecado.

El amor, entonces, no significa nunca tener que decir que lo sientes. En un mundo caído, el amor significa tener que decir regularmente que lo sientes. El amor no es el aspecto de su vida que se experimenta solamente cuando están flotando sobre las nubes con deleite; el amor también se encuentra en los momentos en que dices que lo sientea. También se encuentra en muchos momentos tranquilos y anónimos: cuando para la gloria de Dios cuidas a tu madre con Alzheimer, visitas a los enfermos desesperados, limpias el baño de la iglesia, animas a un amigo que lucha, cubres un turno de un compañero de trabajo cansado, predicas el evangelio a un amigo obstinado que no se arrepiente. El amor es accional.

Nada de esto significa que debas buscar vaporizar en tu corazón el afecto alegre por los demás. Es algo hermoso tener sentimientos de amor por el cónyuge, por la familia, por los amigos queridos, por los compañeros de la iglesia, por los incrédulos arruinados por el pecado, y sobre todo por Dios (uno piensa en la pasión creciente del Salmo 119, por ejemplo). El pacto y el sentimiento no están en desacuerdo; están unidos. El primero impulsa al segundo, de hecho. Sin embargo, hay que evitar el error cultural de equiparar el amor con los impulsos y las sensaciones. Se trata de un error trágicamente común.

Haz un movimiento diferente hoy. Haz uno radical. En lugar de basar el amor en los sentimientos, basa los sentimientos en el amor. En otras palabras, reconozca que el amor tiene un fundamento metafísico. El amor se basa en la Trinidad, un disfrute personal mutuo del amor divino. Debido al afecto predestinado del Padre, el amor fluye hacia nosotros por medio de la obra de Cristo, obra cuyos efectos nos son aplicados por el Espíritu (Efe. 1: 4-5). Para los creyentes, de aquí viene el amor; así es como conocemos el verdadero amor. Este fundamento teísta cambia la manera en que amamos a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de iglesia y a los perdidos. Hace una diferencia real y potencialmente masiva.

Al menos ellos creen que lo son. Creen que entienden el verdadero amor, ya sea romántico o no, pero fuera de la gracia de Dios, no pueden. Nuestro mundo nos entrena para querer el sentimiento sin el fundamento; nos anima a probar la sensación sin la sustancia. En un clima así, una parte importante del testimonio fiel en 2020 es ésta: decir la verdad sobre el amor. Resulta que no sólo tenemos una doctrina de Dios diferente a la del mundo, sino que también tenemos una doctrina de amor diferente. Esta doctrina en sí merece ser amada; esta doctrina merece ser predicada, y compartida, y vivida.

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