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¿Por Qué la Doctrina Tiene Importancia?
¿Por Qué la Doctrina Tiene Importancia?
(Por John MacArthur)
Tomado de Pulpit Magazine
¿Es suficiente «creer en Jesús» en algún sentido amorfo que divorcia la «fe» de cualquier doctrina en particular acerca de él, o es la doctrina – y el contenido de nuestra fe – realmente importante después de todo?
La Sagrada Escritura explícitamente enseña que nosotros debemos ser sanos en la fe – lo que significa decir que la doctrina si tiene importancia (1 Tim. 4:6; 2 Tim. 4:2-3; Tit. 1:9; 2:1). Tiene mucha importancia.
«Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe…» (1 Tim. 6:3-4, énfasis agregado).
La sana doctrina bíblica es un aspecto necesario de la verdadera sabiduría y la fe auténtica. La actitud que desprecia la doctrina al elevar sentimientos o una confianza ciega no puede legítimamente ser llamada fe en absoluto, aun si se hace pasar por Cristianismo. Es de hecho una forma irracional de incredulidad.
Dios nos hace responsables por lo que creemos así como por el que pensamos de la verdad que él ha revelado. Toda la Sagrada Escritura da testimonio del hecho de que Dios quiere que nosotros sepamos y comprendamos la verdad. Él quiere que nosotros seamos sabios. Su voluntad es que usemos nuestras mentes. Se supone que debemos pensar, meditar, y sobre todo, tener discernimiento.
El contenido de nuestra fe es crucial. La sinceridad no es suficiente.
Considere, por ejemplo, estos versos conocidos. Note el uso repetido de palabras como verdad, conocimiento, discernimiento, sabiduría, y comprensión:
«He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría » (Sal. 51:6).
«El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; Su loor permanece para siempre.» (Sal. 111:10).
«Enséñame buen sentido y sabiduría, Porque tus mandamientos he creído» (Sal. 119:66).
«Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia, Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.» (Prov. 2:2-6).
«Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.» (Prov. 4:7).
«Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,» (Col. 1:9)
«en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.» (Col. 2:3).
«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarg:uir, para corregir, para instruir en justicia,» (2 Tim. 3:16).
La Palabra de Dios deja abundantemente claro que él quiere nosotros usemos nuestras mentes. Y uno de los deberes más vitales que cada cristiano debe afrontar – especialmente en una era (como la nuestra) cuando la iglesia es invadida con ideas contradictorias y confusión espiritual – es el deber del discernimiento. Como aquellos creyentes Bereanos fieles de la Palabra (Hech. 17:11), debemos tener el cuidado de observar nuestras vidas y nuestra doctrina detenidamente (1 Tim. 4:16).
Mayordomía cristiana y ofrendar como un acto de adoración
Mayordomía cristiana y ofrendar como un acto de adoración
Recientemente, fui citado por el diario neoyorquino de finanzas the Wall Street Journal afirmando que dije que los pastores que enseñan a diezmar el 10% lo hacen debido «muy a menudo a su pragmatismo, tradición e ignorancia.» Mientras que esto representa la esencia de lo que dije durante una conversación telefónica de treinta minutos, me preocupa que al sacar este comentario de su contexto, pueda ser malinterpretado. Como intérpretes de las escrituras, sabemos bien lo importante que es el contexto para comprender el mensaje que alguien intenta comunicar. Al no proporcionar el contexto completo, the Wall Street Journal efectivamente permite que mis comentarios sean malinterpretados. Con optimismo, espero que al presentarle a usted con el trasfondo completo y un amplio contexto pueda mostrarle lo que mi corazón siente al respecto e ilustrar cuan fácil es ser distorsionado de las verdaderas intenciones que uno pueda tener, no importa cuan cauteloso uno pueda ser al lidiar con los medios de comunicación, incluso con publicaciones de tanta reputación como the Wall Street Journal.
Cuando la reportera del Wall Street Journal me llamó poco después del Día de Acción de Gracias diciéndome como se me iba a citar textualmente, de inmediato presenté mis argumentos pidiendo que se cambiara la palabra «ignorancia.» La reportera se opuso de inmediato. Cuando insistí en el cambio, ella dijo que llevaría el asunto al editor, pero que no me podía prometer que el cambio se llevaría a cabo. Al final, la cita fue dejada como estaba. También rechacé la forma como la reportera me presentó como «desafiante ante el diezmo en mis clases de Nuevo Testamento,» pero, de nuevo sin provecho alguno. Tal parece que se necesitaba a un representante del «Anti-diezmo en el aula de clases» (el subtítulo), incluso cuando esta es solo una presentación parcial y tendenciosa de mi práctica mientras enseño.
¿Qué es lo que enseño con respecto a la mayordomía cristiana y las ofrendas? La respuesta es: Yo enseño exactamente lo que dice el documento Baptist Faith and Message 2000 acerca de eso: «Dios es la fuente de todas las bendiciones, temporales y espirituales; y todo lo que tenemos y somos se lo debemos Él. Los cristianos tienen una deuda espiritual con todo el mundo, una oficina de administración santa en el evangelio, y una mayordomía que involucra todas sus posesiones. Están, por lo tanto, bajo obligación de servirle a Él con su tiempo, talentos y posesiones materiales; y debería reconocer todas éstas como confiadas a ellos y para ser usados para la gloria de Dios y para ayudar a otros. De acuerdo con las escrituras, los cristianos deben contribuir con sus posesiones alegre, regular, sistemática, proporcional y liberalmente para el avance de la causa del Redentor en la tierra» (el énfasis es mío).
Note que el Baptist Faith and Message 2000 no usa las palabras «diezmo» o «diezmar» o especifican un porcentaje particular del ingreso. Fija (acertadamente, en mi opinión) dar financieramente dentro de un contexto mayor que el de la mayordomía de uno al de las posesiones, materiales o de cualquier tipo. Muestra que la mayordomía cristiana (incluyendo dar los recursos financieros) es parte de la adoración personal y presenta muchos principios neo testamentarios acerca de cómo uno debe dar: alegre, regular, sistemática, proporcional y liberalmente. Como notó Daniel Akin recientemente en una reciente pieza de BP First Person, estos son los distintivos de lo que él llamó «Dar de gracia.» A la vez, y este era mi punto en responder la pregunta de la reportera, ni el Nuevo Testamento ni nuestro legado confesional hace mención alguna acerca del porcentaje, sea el 10% o algún otro, como obligatorio para los creyentes de hoy.
Así que, ¿es mi enseñanza «anti- diezmos en el aula de clases»? No del todo. Mi enfoque no está basado en como no dar, sino en los principios del Nuevo Testamento para dar que han sido resaltados por el documento de Fe y Mensaje Bautista 2000. Ya que crecí como Católico Romano en Austria en un tiempo en el que un porcentaje prefijado se daba como «impuesto eclesiástico» y que era deducido en la planilla individual de impuestos, he llegado a apreciar el énfasis que el Nuevo Testamento pone en dar voluntariamente. Me preocupa que si estipulamos un porcentaje mínimo para dar como algo que la iglesia requiere, por ejemplo, entonces dar no sería voluntariamente como enseña el Nuevo Testamento. Es verdad, por lo tanto, que si un estudiante en una de mis clases me pregunta si yo creo que el Nuevo Testamento enseña que todos los cristianos deben dar (al menos) el 10% de sus ingresos a su iglesia local, no puedo responder de buena conciencia que «sí» a esa pregunta pero debe clasificarse mi respuesta en muchos aspectos: la actitud del corazón es más importante que la cantidad específica; dar de nuestras finanzas es parte de nuestra mayordomía cristiana y adoración y debería suceder con un espíritu de gracia y no de legalismo.
¿Transmití, por lo tanto, con mis comentarios que los cristianos no necesitan dar, o necesitan dar solamente una pequeña cantidad a su iglesia local? Por su puesto que no. Por el contrario: me parece que en vez de inducir a los creyentes a dar tan poco como les sea posible, la gracia de Dios debe esperar que mueva al agradecido pecador redimido a dar con liberalidad, incluso sacrificadamente, reconociendo que todo lo que él o ella tiene no es suyo, sino de Dios en primer lugar. En este contexto, le dije a la reportera que deberíamos tomar la materia de dar financieramente no en un espíritu de pragmatismo o de temor a que a no ser que diéramos el mínimo 10% requerido la gente no iba a dar, o solamente dar muy poco. En su lugar, deberíamos tener fe en el trabajo de Dios en los corazones de nuestra gente, confiando que él va a moverlos a dar liberalmente así como libremente han recibido.
Si puedo ser tan atrevido en añadir un comentario para los Bautistas del sur que creemos en la Biblia. Las batallas que han sido peleadas sobre la doctrina de la infalibilidad de las Escrituras, y esta doctrina son justamente importantes para nosotros, puesto que de ella fluyen muchas otras doctrinas. Aunque la inerrancia debe ser más que una simple doctrina que afirmamos en términos generales; la inerrancia debe ser practicada cuando enfocamos cualquier asunto dado, incluyendo la mayordomía cristiana. Este era mi punto cuando hablé con la reportera acerca de «la tradición.» Cuando lidiamos con una pregunta, deberíamos preguntarnos: ¿Qué dice la Biblia al respecto?, no simplemente ¿Cuál es nuestra tradición? En este contexto, cuando hablé de «ignorancia,» lo que yo tenía en mente era el hecho que algunos (y de ninguna manera todos) pueden estar insuficientemente familiarizados con las enseñanzas Bíblicas de dar financieramente por parte de los cristianos. Pero si sostenemos que la Biblia es nuestra mayor autoridad en todos los aspectos de fe y prácticas, deberíamos saber y estudiar lo que la Biblia dice. Ciertamente, yo esperaría que como Bautistas del Sur podamos tener discusiones significativas acerca de los que las Escrituras enseñan en un tema determinado, incluyendo las ofrendas financieras cristianas.
Entiendo que este es un asunto particularmente volátil, porque se habla de dinero, y esto golpea muy de cerca de nuestro sustento y seguridad. Pero en esta área, como en todas las demás, deberíamos confiar que el Señor va a proveer para todas nuestras necesidades. ¿Creo yo que todos aquellos que enseñan que se debe dar un diezmo del 10% lo hacen por ignorancia? No del todo. ¿Creo yo que los cristianos no deberían dar o dar tan solo un poquito? ¡NO! Por el contrario, ellos deberían dar tanto como les sea posible, lo cual, en muchos casos, creo que es considerablemente mayor que un 10%. ¿Creo yo que el Nuevo Testamento enseña que dar el 10% es un requerimiento para todos los cristianos? No, y aquí es donde algunos de ustedes no van a estar de acuerdo conmigo, y estoy abierto a mayor discusión en este tema. Confío en que esta pieza sirva al propósito de clarificar y mejorar la comprensión. He aprendido que cuando los eruditos están sujetos a las leyes del periodismo (cuando muy a menudo en el fragmento de una entrevista se permite ceder precisión en sustancia), la verdad total, a menudo se convierte en la víctima. Pero, ¿Quién sabe si tal vez Dios es capaz de utilizar incluso a la reportera del Wall Street Journal con objetivos buenos de ayudarnos a aprender más acerca del cómo y el cuánto deberíamos dar para el crecimiento de su reino? Yo creo que él lo es.
El Dr. Köstenberger es Profesor de Nuevo Testamento y director de estudios de Ph. D. en el Seminario Southeastern Baptist Theological Seminary en Wake Forest, Carolina del Norte y fundador de BIBLICAL FOUNDATIONS (Fundamentos Bíblicos) (www.biblicalfoundations.org). Ha sido el co autor de una serie en dos partes acerca de diezmar en inglés (presione aquí y aquí para mayor información al respecto), así como de una columna digital o blog que reúne sus puntos de vista en este campo, y que están publicados en su página web.
¿Requiere Dios que Yo de Diezmo de Todo lo que Gano?
¿Requiere Dios que yo dé un diezmo de todo lo que gano?
Hay dos tipos de ofrenda que se enseñan consistentemente en las Escrituras: ofrendar al gobierno (que siempre fue obligatorio), y ofrendar a Dios (que siempre fue voluntario).
Sin embargo, este tema ha sido confundido en gran manera por aquellos que malinterpretan el motivo de los diezmos del Antiguo Testamento. Las ofrendas no fueron principalmente regalos para Dios, sino impuestos para financiar el presupuesto nacional de Israel.
Como Israel era una teocracia, los sacerdotes Levíticos actuaban como el gobierno civil. Así que la ofrenda Levítica (Levítico 27:30-33) fue el precursor de los impuestos de hoy, como lo era también la segunda ofrenda anual que Dios requería para el financiamiento del festival nacional (Deuteronomio14:22-29). Impuestos de menos cantidades también fueron requeridos de la gente por la ley (Levítico 19:9-10; Éxodo 23:10-11). Así que el total de las ofrendas requeridas de los Israelitas no fue diez por ciento, sino quizás más del 20 por ciento. Todo ese dinero se usaba para que funcionara la nación.
Toda la ofrenda que se daba, aparte de lo que era requerido para la nación, era totalmente voluntaria (vea Éxodo 25:2; 1 Crónicas 29:9). Cada persona ofrendaba lo que estaba en su corazón ofrendar; ningún monto fue especificado.
A creyentes del Nuevo Testamento nunca se les ordeno que ofrendaran. (Mateo 22:15-22 y Romanos 13:1-7) nos relatan, sobre la única ofrenda que fue requerida durante el tiempo de la iglesia, y esa era para pagar impuestos al gobierno. Es interesante que hoy, tanto en Estados Unidos como en otros países del mundo, pagamos entre el 20 a 30 por ciento de nuestros ingresos al gobierno-una figura muy similar al requisito bajo la teocracia de Israel.
La directriz para nuestra ofrenda a Dios y Su obra se encuentra en 2 Corintios 9:6-7: «Pero esto digo: El que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará. Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.»
Para estudio más profundo: Henry Tolopilo, El modelo Bíblico para ofrendar (serie en casetes).
© 2006 Grace to You -La enseñanza Bíblica de John MacArthur.
Todos los Derechos Reservados. Usado con Permiso.
Este artículo originalmente apareció Aquí en Gracia a Vosotros
Porqué Amo a la Iglesia (Conclusión)
La Iglesia Es Una Expresión Terrenal del Cielo
Why I Love the Church (Conclusion)
Tomado de Pulpit Magazine
(Por John MacArthur)
Aquí hay aún otra razón de las Sagradas Escrituras de por qué amo a la iglesia: Es como un cielo en la tierra. No quiero decir que la iglesia sea perfecta, o que ofrezca alguna clase de escape utópico de las realidades de un mundo pecaminoso. Pero quiero decir que la iglesia es el único lugar donde todo lo que ocurre en el cielo también ocurre en la tierra.
Cristo nos dio instrucciones para orar, “hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo” (Mat. 6:10). ¿Qué esfera es en donde esto pueda suceder? ¿En el Congreso de los Estados Unidos? Ni en sueños. ¿En la Corte Suprema? Probablemente no. ¿En la universidad? No. ¿El Ayuntamiento? No cuente con eso.
¿Dónde se lleva a cabo la voluntad de Dios en la tierra así como en el cielo? Sólo en un lugar, y eso es en la iglesia.
¿Qué sucede en el cielo? ¿Si todas las actividades del cielo fuesen conectadas a la tierra, qué actividades predominarían?
Ante todo, la adoración. En cada descripción bíblica donde los hombres de Dios tuvieron visiones del cielo, lo único que sobresale más es la adoración. La alabanza, la adoración, y la devoción son en todo tiempo constantemente ofrecidas a Dios en cielo. Lo vemos, por ejemplo, en Isaías 6:1-3, donde el profeta Isaías escribió:
“…vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos;(B) toda la tierra está llena de su gloria.”
Lo vemos en el Apocalipsis 4:8-11, donde el apóstol Juan escribió,
“Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos;(G) y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso,(H) el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”
En otras palabras, cada criatura en el cielo esta continuamente ocupada en la adoración.
La adoración es también una de las principales actividades de la iglesia. En 1 Corintios 14, donde Pablo describió lo que tuvo lugar en una reunión típica en la iglesia primitiva, escribió: “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.” (v. 26). Allí él describe las actividades cuyo diseño es tanto para adorar a Dios como para edificar a los creyentes. Y si un incrédulo viniera a la reunión, ésta es la respuesta deseada: “lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros. » (v. 25).
Una segunda actividad del cielo es la exaltación de Cristo. Teniendo terminado Su obra terrenal, Cristo está ahora sentado en la diestra del Padre en la gloria en una exaltación pura (Hechos 5:31). Dios mismo ha exaltado a Su Hijo, y le ha dado un nombre que es sobre todo nombre (Fil. 2:9). Cristo es “exaltado por sobre los cielos» (Heb. 7:27). Y a lo largo de toda la eternidad estaremos ocupados exaltando Su nombre (cf. Apoc. 5:11-14). Entretanto, la iglesia es la única esfera en la tierra donde el nombre de Cristo es verdaderamente y genuinamente exaltado.
Una tercera actividad que tiene lugar en el cielo es la preservación de la pureza y la santidad. El cielo es un lugar sagrado. Apocalipsis 21:8 dice: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” quedan excluidos del cielo, y en lugar de esto son consignados al lago de fuego. Apocalipsis 22:14-15 acentúa la pureza perfecta de los habitantes de cielo: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” Nadie que no sea santo es admitido en el cielo (Heb. 12:14).
Asimismo, la iglesia en la tierra esta encargada de conservar la pureza dentro de sí. Mateo 18:15-20 diseña un proceso de disciplina por la cual la iglesia debe conservar por sí misma pura, si es necesario a través de la excomunión de miembros. No es necesario en este contexto describir el proceso completo de la disciplina, pero tome nota de la promesa hecha por Cristo en el verso 18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.”
Atar y desatar eran expresiones rabínicas que hablaban de ocuparse de la culpabilidad de las personas. Se decía que una persona impenitente estaba atada a su pecado, y que una persona arrepentida estaba desatada. Aquí Cristo sugiere esto que cuando la iglesia en la tierra siga el método correcto para la disciplina, lleva a cabo intermediariamente el veredicto del cielo en la iglesia terrenal. El cielo está conforme con su decisión. Cuando la iglesia en la tierra excomulga a un miembro impenitente, los ancianos de esa iglesia simplemente declaran lo que ya ha dicho el cielo. La disciplina de la iglesia es por consiguiente una expresión terrenal de la santidad del cielo.
Otra actividad del cielo que ocurre en la iglesia es la comunión de los santos. Nuestra comunión en la iglesia en la tierra es una anticipación de la comunión perfecta que disfrutaremos en el cielo.
La iglesia, entonces, es como una expresión terrenal del cielo. Es lo más cercano que podemos llegar al cielo en la tierra.
Se habla mucho en estos días acerca de las iglesias del “consumidor-amigable”. Los expertos sobre crecimiento de la iglesia aconsejan a los líderes de la iglesia a intentar proveer una atmósfera en la cual las personas “sin iglesia” se puedan sentir a gusto y en casa. Eso me da la apariencia de ser un enfoque completamente erróneo de la iglesia. Las personas “sin iglesia” que vienen a nuestro compañerismo salen diciendo a sí mismo, ¡nunca he visto algo como esto en la tierra! Si se marchan pensando, ¡Ah, eso se sintió bien¡. Eso fue muy familiar – entonces algo está seriamente mal. La iglesia debería ser como una exhibición preliminar de cielo.
El apóstol Pablo escribió de “la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Tim. 3:15). Más que alguna otra institución en la tierra, la iglesia es donde la verdad de Dios es defendida. La iglesia es llamada para alzar la verdad y tenerla muy en alto. Utilizando la verdad como un arma, debemos hacer pedazos las fortalezas ideológicas de las mentiras de Satanás (2 Cor. 10:3-5). Y es en la búsqueda de esa meta que la iglesia finalmente logrará su máximo triunfo.
Por todo por esto es que amo a la iglesia. Y en tanto que el Señor me de aliento, espero invertir mi vida y mis energías en el ministerio y en el avance de la misión de la iglesia.
Traducido por Armando Valdez
Por Que Amo a la Iglesia (Parte 4)
Por Qué Amo A la Iglesia (Parte 4)
Why I Love the Church (Part 4)
(Por John MacArthur)
Tomado de Pulpit Magazine
La Iglesia Es la Realidad Más Preciosa en la Tierra
Hay una tercera razón bíblica de por que amo la iglesia: Es la cosa más preciosa en esta tierra – más preciosa que la plata, o el oro, o algún otro activo terrenal.
¿Qué tan preciosa es la iglesia? Demandó el precio más alto que alguna vez haya pagado por cualquier cosa. “Usted ha sido comprado por un precio” (1 Cor. 6:20). ¿Cuál precio? “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,” (1 Pedro, 1:18-19). En Hechos 20:28 se refiere a la iglesia que “él ganó por su propia sangre”.
La iglesia es tan preciosa que el Hijo de Dios estaba dispuesto a sufrir las agonías de la cruz y a morir en obediencia para con el Padre a fin de que este regalo eterno de amor pudiese hacerse una realidad. El apóstol Pablo le recordó a los corintios de esta gran realidad: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Cor. 8:9). Ese verso no tiene nada que ver con las riquezas terrenales o cosas materiales. Cristo era rico como Dios es rico – rico en gloría (cf. Juan 17:5). Ni es una pobreza en el sentido de una pobreza terrenal. Cristo se deshizo de Su gloria. Él vino de una deidad sobrenatural soberana, para tomar sobre si mismo la forma de siervo – y finalmente para una muerte en la cruz en la cual toda la fuerza de la ira divina fue derramada en él (Col. 2:6-8).
Así pues, el valor precioso de la iglesia se ve aquí en el precio que se estaba pagando, cuando el que fue tan rico como Dios en la plenitud de gloria, se volvió tan pobre como alguien distanciado de de Dios (cf. Mat. 27:46).
Y, para regresar al punto de 2 Corintios 8:9, Cristo hizo esto para que pudiésemos hacernos ricos. Su muerte nos hizo herederos de Dios y co-herederos con Cristo (Rom. 8:17). En otras palabras, al ceder Sus riquezas divinas, Cristo hizo posible que la iglesia tomara parte de esas riquezas. Eso hace a la iglesia la cosa más preciosa en la tierra.
Traducido por Armando Valdez
Porque Amo a la Iglesia (Parte 3)
Por Qué Amo A la Iglesia (Parte 3)
Why I Love the Church (Part 3)
(Por John MacArthur)
Tomado de Pulpit Magazine
La Iglesia Es el Resultado de un Plan Eterno
En Tito 1:2, el apóstol Pablo escribe de la “la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos”. En este contexto, el apóstol Pablo describía su ministerio, un ministerio de evangelismo y salvación “conforme a la fe de los escogidos de Dios” – la iglesia (v. 1).
Y como Pablo describe su ministerio, él esboza el propósito redentor de Dios, de la elección (“los escogidos de Dios” v. 1), para la salvación (“el conocimiento de la verdad,” v. 1), para la santificación (“en la esperanza de la vida eterna,” v.1 («que es de acuerdo a la santidad,» v.1), para la gloria final. 2). Todo esto es obra de Dios (cf. Rom. 8:29-30), algo que él “prometió desde antes del principio de los siglos”.
En otras palabras, en la pasada eternidad, antes de que cualquier cosa fuese creada – antes de que el tiempo comenzase – Dios determinó comenzar y terminar Su plan redentor. Las personas estaban escogidas. Sus nombres estaban por escrito que podrían ser traídos a la fe, para la santidad, y para glorificarse. Dios «lo prometió» esto antes de que el tiempo comenzase.
¿A quién hizo Dios la promesa? Esto estaba antes del tiempo, y por consiguiente antes de la creación. Así que no existían aun las personas u otras criaturas entonces. ¿A quién, entonces, hizo Dios esta promesa?
Encontramos la respuesta en 2 Timoteo 1:9. Allí leemos que Dios “con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” . Ese verso finaliza con la misma frase que encontramos en Tito 1:2: “Antes del principio de los siglos”. Y aquí el apóstol dice que el eterno propósito de Dios – esta misma promesa que estaba hecho antes del comienzo de los tiempos – nos fue dado en Cristo Jesús». El compromiso eterno de nuestra salvación, el convenio divino de redención, implicó una promesa hecha por el Padre para el Hijo de Dios antes de que el tiempo comenzara.
Ésta es una realidad asombrosa. En el misterio de la Trinidad que vemos que hay un amor inefable y eterno entre los Miembros de la Trinidad. Jesús se refiere a esto en Su gran oración sacerdotal: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.” (Juan 17:24).
Ese amor debe encontrar una expresión. El amor verdadero siempre busca formas de darse. Y en una comprobación de Su amor perfecto para con Su Hijo, el Padre hizo un compromiso para el Hijo de Dios. ¿Y cuál fue ese compromiso? Él le prometió al Hijo de Dios personas redimidas – justificados, santificados, y glorificados. Él prometió traer a los redimidos a la gloria, para que pudiesen morar en el mismo lugar donde el Padre y el Hijo han morado desde entonces antes de que el tiempo comenzara – el mismo reino de Dios. Y este cuerpo humano colectivo de los llamados – un pueblo para Su nombre (Hechos 15:14) de cada tribu, pueblo, lengua y nación. (Apoc. 13:7) – formarían un templo vivo para el Espíritu Santo (Efes. 2:21-22), convirtiéndose en el mismo lugar de la morada de Dios.
Esa es la promesa eterna que el Padre hizo para el Hijo de Dios. ¿Por qué? Como una expresión de Su amor. Lo redimidos de la humanidad, entonces, son un regalo de generación en generación.
Con esto en mente, considere las palabras de Jesús en Juan 6:37 “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.”. Eso, una vez más, afirma la invencibilidad absoluta de la iglesia. Cada individuo que sea redimido – a cada uno que se le el regalo de fe, el perdón, y la justificación delante de Dios por la gracia – es un el regalo de amor del Padre para el Hijo de Dios. Y no uno de ellos podrá en ser echado. ¿Aceptaría Cristo un regalo de amor de Su Padre?
Además, la importancia de la doctrina de elección emerge de todo esto. Los redimidos son escogidos y dados para el Hijo de Dios por el Padre como un regalo. Si es un creyente, no lo es porque usted es más listo que sus vecinos incrédulos. Usted no se vino a la fe a través de su ingeniosidad. Usted fue atraído a Cristo por el Padre Eterno (Juan 6:44, 65). Y cada individuo que venga a la fe está llevado por Dios y es recibido como una dádiva de amor del Padre para el Hijo de Dios, como parte de un pueblo redimido – la iglesia – ofrecidas al Hijo de Dios antes de que el tiempo comenzara.
El significado completo del propósito eterno de Dios se hace más claro en su estado actual revelado a nosotros en el libro de Apocalipsis. De allí tomamos un destello del cielo, y ¿qué es lo que usted supone que hace allí la iglesia triunfante? ¿Qué ocupación tienen los santos glorificados a todo lo largo de la eternidad? Adoran y glorifican al Cordero, alabándole y sirviéndole – y aun reinando con él (Apocalipsis. 22:3-5). El cuerpo humano colectivo es descrito como Su prometida, pura e inmaculada y vestida lino fino blanco (Apoc. 19:7-8). Morando con El eternamente donde no hay noche, ni lágrimas, ni ningún pesar, y ningún dolor (21:4). Y le glorifican y le sirven al Cordero por siempre. Esa es la plenitud del propósito de Dios; Esa es la razón por la que la iglesia es Su regalo hacia Su Hijo.
Ahora esta promesa eterna implicó una promesa recíproca del Hijo de Dios para el Padre. La redención no estaba al lado de ningún instrumento de trabajo del Padre a solas. Para lograr el plan divino, el Hijo de Dios tendría que entrar en el mundo como miembro de la raza humana y pagar las consecuencias por el pecado. Y el Hijo de Dios se sometió completamente a la voluntad del Padre. Eso es lo que quiso decir Jesús en Juan 6:38-39: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”
La redención del pecado no podría ser comprada por sacrificios animales o de alguna otra manera. Por eso el Hijo de Dios vino a la tierra para el propósito expreso de morir por el pecado. Su sacrificio en la cruz fue un acto de sumisión hacia la voluntad del Padre. En Hebreos 10:4-9 menciona este mismo punto:
…porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.
Así es que el Hijo de Dios se sometió a la voluntad del Padre, demostrando Su amor para con el Padre. Y el edificio de la iglesia es por consiguiente no sólo la expresión de amor del Padre para con el Hijo de Dios, sino que también la expresión del Hijo de Dios de amor para con el Padre.
Todo esto significa que la iglesia es algo tan monumental, tan vasta, tan trascendente, que nuestras mentes pobres apenas pueden comenzar a apreciar su significado en el plan eterno de Dios. Nuestra salvación como individuos es casi incidental. La meta verdadera del plan de Dios no es meramente para llevarnos al cielo. Sino el drama de nuestra salvación tiene un propósito aun más grandioso: Es una expresión de amor eterno dentro de la Trinidad. Somos sólo el regalo.
Hay una cosa más digna de notar más sobre el plan eterno del Padre acerca de la iglesia. Romanos 8:29 dice que a los que el Padre eligió para darle al Hijo de Dios él también los predestinó a ser conformados a la imagen del Hijo de Dios. No sólo que él los justificaría, los santificaría, los glorificaría, y los llevaría al cielo para que para siempre jamás y pudieran decir, «digno es el Cordero» – sino que El también determinó que se harían como el Hijo de Dios. Tanto como sea posible que parezca para una humanidad finita asemejarse a una deidad encarnada, seremos como Jesucristo. Esto es “a fin de que él sería el (prototokos) primogénito entre muchos hermanos» (Rom. 8:29). Prototokos se refiere no a alguien que nació primero en una cronología, sino el primero en el rango de una clase. En otras palabras, Cristo es lo supremo sobre una hermandad entera de personas que son como El.
Nuestra glorificación instantáneamente nos transformará en la semejanza de Cristo. Juan escribió, “pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2). Pablo le dice a los Gálatas, “hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Galatas. 4:19). Estamos siendo conformados a la imagen de Cristo. Y las buenas noticias son que esta meta será lograda. La iglesia emergerá de todas sus pruebas triunfante, gloriosa, inmaculadamente formadas con el fin de conocer a su novio.
¿Cómo no podemos gozarnos con esta perspectiva? ¿Cómo pueden ser apáticos los cristianos acerca de la iglesia?
Un nuevo cristiano exuberante se puso de pie para dar un testimonio en una reunión pública. Él había notado que la congregación, en su mayor parte de creyentes mayores, parecían haber perdido el gozo de su salvación. Él dijo simplemente, “Esta semana leeré el fin del libro, y ¿sabe qué? ¡Al final, ganamos!” Esa es una perspectiva bastante buena de la escatología. La iglesia finalmente es invencible. Los propósitos de Dios no pueden ser frustrados.
Hay una conclusión fascinante en todo esto. Pablo lo describe en 1 Corintios 15:24-28:
Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.
Describa la escena. Todos los enemigos de Cristo serán destruidos y derrotados. Todas las cosas serán colocadas en sometimiento para el Hijo de Dios. El Padre le ha dado a El el gran regalo de amor, la iglesia, para ser su prometida y para estar sometida a El. Cristo está en el trono. Todas las cosas le están ahora sujetas – excepto el Padre, quien puso todas las cosas bajo Su Hijo. “Entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (v. 28).
En otras palabras, cuando el Hijo de Dios lleve la iglesia a la gloria y el Padre se los de al Hijo de Dios como Su regalo eterno de amor, entonces el Hijo dará la vuelta y dará a El todo, incluyéndose El mismo, de nuevo al Padre.
Ésta es una mirada impactante de nuestro futuro. Éste es el plan de Dios para la iglesia. Somos un pueblo llamado para Su nombre, redimido, y conformado a la imagen de Su Hijo, hecho para ser una expresión inmensa, incomprensible, incomparable de amor entre las Personas de la Trinidad. La iglesia es un regalo que es intercambiado. Éste es el plan eterno de Dios para la iglesia. Debemos estar profundamente agradecidos, entusiasmados y emocionados de ser parte de ella.
Traducido por Armando Valdez
Porque Amo a la Iglesia (Parte 2)
La Iglesia Está Siendo Edificada por el Señor Mismo
Por John Macarthur
Why I Love the Church (Part 2)
Tomado de Pulpit Magazine
La iglesia es la contraparte de Nuevo Testamento del Templo del Antiguo Testamento. No estoy refiriéndome a un edificio de iglesia, sino al cuerpo humano de todos los verdaderos creyentes.
Es un edificio espiritual (1 Pedro 2:5), el lugar de residencia del Espíritu Santo (1 Cor. 3:16-17; 2 Cor. 6:16), el lugar donde la gloria de Dios es manifestada más claramente en la tierra, el núcleo correcto y el punto focal del culto de la vida espiritual y la adoración para la comunidad de los redimidos.
Dios mismo es el arquitecto y el constructor de este templo. En Efesios 2:19-22, Pablo escribe,
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Es imposible exagerar la importancia de la iglesia en el plan eterno de Dios. La iglesia es Su edificio (1 Cor. 3:9). Además, él es el Señor inmutable, soberano, omnipotente del cielo. Su Palabra no puede regresar vacía sino que sino siempre cumplirá lo que El diga (Isa. 55:11). Él es siempre fiel y no se puede negar a sí mismo (2 Tim. 2:13). Su propósito soberano siempre se llevará a cabo, y Su voluntad finalmente se cumplirá (Isa. 46:10). Su plan es invencible e inconmovible, y llevará a cabo todo lo que él ha hablado (v. 11). Y él ha hablado de edificar la iglesia en las palabras más triunfantes.
Por ejemplo, en Mateo 16:18 Cristo dicho, “edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Él conoce por nombre a Sus ovejas (Juan 10:3) – El escribió sus nombres desde antes de la fundación de mundo. (Apoc. 13:8) – El personalmente garantiza que las puertas del Hades no prevalecerán en contra de la iglesia que El edifica.
«Las puertas del Hades» era una expresión del judío para la muerte. El Hades es el lugar de los muertos, y las puertas del Hades representan el portal en ese lugar – la muerte misma. El Hades es también el dominio del diablo. Hebreos 2:14 se refiere a Satanás como el mismo «que tuvo el poder de muerte,» y el verso 15 dice que utiliza ese poder para mantener a las personas en el miedo y en esclavitud todas sus vidas. Pero ahora Cristo ha quebrantado ese poder, y ha liberado a Su pueblo del dominio de Satanás – en esencia, El ha derribado las puertas del Hades. Y por consiguiente el poder de muerte – el arma más firme que Satanás esgrime – no puede impedir el triunfo final de la iglesia que El edifica.
Aun hay más significado para el simbolismo “las puertas de Hades”. Las puertas son las medidas preventivas más defensivas y vitales de una ciudad amurallada. Las palabras de Cristo por consiguiente ilustran a la iglesia combatiente, asaltando las mismas puertas del infierno, salvando victoriosamente a personas del poder de la muerte. De esta manera Cristo asegura el triunfo de la misión evangelística de la iglesia. Él edifica la iglesia, y la obra no será frustrada.
La promesa de Cristo en este pasaje no debería ser malinterpretada. Él no sugiere que cualquier iglesia en particular será infalible. Él no enseña que cualquier de los obispos de la iglesia será libre del error. Él no garantiza que esta o aquella iglesia individual no apostatará. Él no le promete éxito y prosperidad a cada congregación. Pero El garantiza que la iglesia – el cuerpo universal de creyentes bajo la dirección de Cristo – el esposo, el cuerpo y la plenitud de Aquel que lo llena todo –será un ser visible y un testimonio en este mundo en tanto que este mundo dure. Y todos los enemigos de la verdad juntos nunca conseguirán derrotar o destruir a la iglesia.
Note también que la iglesia es una obra en curso. Cristo aun edifica Su iglesia. Estamos aún siendo unidos (Efes. 2:21). La iglesia está todavía bajo construcción (v. 22). Dios aun no la tiene terminada. Las imperfecciones y las manchas en la iglesia visible están todavía siendo refinadas por el Maestro de Obras.
Y aquí hay algo notable: El plan para el producto terminado es una diseño que se trazó en la eternidad pasada.
Traducido por Armando Valdez
Porqué Amo a la Iglesia
Por Qué Amo A la Iglesia (Parte 1)
Why I Love the Church (Part 1)
Tomado de Pulpit Magazine
(Por John MacArthur)
Nota de la redacción: Corrimos esta serie de artículos aproximadamente hace un año en el Púlpito. Sin embargo, a consecuencia del artículo y el debate de ayer, parece apropiado que esta serie aparezca de nuevo. Esperamos que disfrute al recordarle estas grandes verdades.
Un joven pensando en convertirse al Catolicismo Romano me escribió para explicarme por qué él pensaba en salirse del protestantismo:
“Los protestantes no parecen apreciar a la Iglesia. La Biblia describe a la Iglesia como una institución que Cristo fundó y amó. La Iglesia es todo para los católicos; y no es nada para la mayoría de mis amigos protestantes.”
De manera, en la publicación del 15 de julio de 1998 de Christianity Today (Cristiandad Hoy) incluyó un artículo por Timothy George, decano de Beeson Divinity School en Samford University: «Lo Que Me Gustaría Decirle al Papa Acerca de la Iglesia». El subtítulo del artículo: “Respondiendo a las principales críticas de los Católicos que tienen en contra de los evangélicos: Que no tenemos doctrina de la iglesia”. El Dr. George citado de un sermón por Dietrich Bonhoeffer, en el cual Bonhoeffer notó que la palabra iglesia “suena a los protestantes como una frase muy infinitamente común, más o menos indiferente y superflua, que no hace que su corazón lata mas fuerte; algo a lo cual muchas veces se le asocia con un sentido de aburrimiento”.
Seamos honestos: Hay también mucha verdad en esas críticas para descartarlos ligeramente. Los evangélicos son muy propensos a la indiferencia acerca de la iglesia. Algunos evangélicos viven al margen de la iglesia, asistiendo y observando sin que nunca realmente se conviertan en parte integral del cuerpo. Muchos que profesan fe en Cristo permanecen completamente apáticos acerca de la iglesia. Como el autor que Michael Griffiths notó:
“Una proporción alta de personas que “van a la iglesia” ha olvidado de que se trata todo. Todas las semanas asisten a los servicios en un edificio especial y experimentan su rutina particular, avalada por el tiempo, pero consideran poco el propósito de lo que están haciendo. La Biblia habla acerca de lo «la novia de Cristo» pero la iglesia hoy tiene la apariencia de una Cenicienta harapienta. Necesita reafirmar los elementos no negociables y esenciales que Dios diseñó para ser comprometida”. [God ‘s forgetful Pilgrims ( Grand Rapids : Eerdmans, 1978 )]
Él está en lo correcto. Peor aún, sé de personas de tiempo completo en el servicio cristiano, empleado por organizaciones evangélicas paraeclesiásticas, quienes no tienen ninguna intervención en absoluto con alguna iglesia local. Esto es para vergüenza del movimiento enteramente evangélico.
Por supuesto, el remedio para la apatía evangélica acerca de la iglesia no es un regreso a la eclesiología torcida y extrabíblica de la Iglesia Católica Romana. Los protestantes evangélicos deben acercarse a la eclesiología de la misma manera que la soteriología -desde la perspectiva de la Sagrada Escritura solamente. Desafortunadamente aun entre muchos protestantes, muchos de los conceptos populares acerca de la iglesia están cargados de tradiciones humanas, supersticiones, y otros remanentes de la Iglesia Católica medieval. La Sagrada Escritura a solas puede darnos una apreciación y entendimiento sano del verdadero papel y naturaleza de la iglesia.
Amo la iglesia. Soy amante empedernido e incurable de la iglesia. Me emociona más allá de toda expresión servir a la Iglesia. Aunque estoy también involucrado en algunos ministerios paraeclesiásticos, no intercambiaría mi ministerio en la iglesia para todos ellos juntos. La iglesia lleva el primer lugar en mis prioridades de ministerio, y todos los ministerios paraeclesiásticos a los que sirvo están subordinados, y crecen de mi ministerio en la iglesia.
De hecho, mi vida entera ha sido en la iglesia. Mi papá fue un pastor, como lo fueron mis abuelos por tres generaciones más antes de él. Así es que un amor profundo por la iglesia prácticamente corre en mi sangre.
En una serie breve de artículos próximos, voy a esbozar algunas razones bíblicas por las que amo a la iglesia.
Traducido por Armando Valdez
El Arrepentimiento
El Arrepentimiento
Gary Gilley
Si hay un elemento del mensaje del evangelio que es minimizado hoy en día es la doctrina del arrepentimiento. Algunos lo han eliminado totalmente; otros han distorsionado y suavizado su significado. Algunos lo han hecho sobre fundamentos teológicos, otros por razones más pragmáticas. En el nivel pragmático tenemos que admitir que el arrepentimiento no se desarrolla muy bien en una sociedad narcisista y orientada al yo. Muchos están muy contentos en recibir a Cristo obteniendo vida eterna sin ninguna interferencia fundamental en sus estilos de vida pecaminosos. Si el arrepentimiento es echado a la mezcla, todo cambia. Si el mensaje del evangelio es que Jesucristo murió por nuestros pecados, nuestra respuesta al evangelio es creer y poner nuestra fe en El para perdón de pecados. Pero, ¿es posible confiar en nuestro Señor para perdón y la justicia correspondiente de Dios (2 Cor. 5:21) y al mismo tiempo continuar aferrándonos a nuestros pecados e ídolos? En otras palabras, ¿podemos volvernos a Cristo para perdón y no tener ninguna intención de volvernos del pecado? Pablo no lo creía (Hechos 26:18-20). La palabra bíblica para volvernos del pecado es “arrepentimiento”, la cual, como intentaré demostrar, es esencial para la experiencia de la salvación. El arrepentimiento no es un paso adicional de fe, representa los dos lados de la misma moneda.
El entendimiento de que la salvación es el resultado de la sola gracia de Dios, recibida a través de solo la fe en Cristo solamente, fue la piedra angular de la reforma y es universalmente reconocida por todos los verdaderos cristianos fundamentales/evangélicos. Sin embargo, todos los aspectos de esta triple declaración de las solas están bajo ataque hoy dentro de los círculos evangélicos. Por ejemplo, el evangelio son las buenas noticias que Dios ha provisto el regalo del perdón, la redención y la reconciliación, solo por gracia. Pero, mientras que todas las ramas cristianas defienden la idea de la gracia, se está haciendo cada vez más popular el entendimiento de que la gracia puede ser administrada a través de ciertos sacramentos u obtenida como resultado de ciertos esfuerzos de nuestra parte. Por consecuencia, algunos negarían que la salvación esta basada en Cristo y su sangre derramada, pero algunos afirman que aun aquellos que nunca han escuchado acerca de Cristo o de la cruz pueden encontrar la redención. Afortunadamente, aun cuando estas herejías están ganando popularidad aun se mantienen al margen de la iglesia conservadora. Aun no han penetrado profundamente al corazón del cristianismo que cree en la Biblia.
De una naturaleza más divisiva es la batalla reciente sobre la segunda de las “solas”- una vez más, todos los verdaderos evangélicos están de acuerdo que la gracia de Dios es recibida a través de la fe sin obras de ningún tipo. El debate es sobre la naturaleza de la fe salvadora. Exactamente, ¿Qué es la fe? En el pasado, desde la reforma hasta la mitad del siglo veinte, había solo la cuestión entre los creyentes conservadores de que la fe salvadora incluía un volver del pecado y volverse a Dios. Algunas citas representativas de un amplio rango de perspectivas teológicas pueden ayudar a demostrar este hecho. No aprueba la teología de cada individuo mencionado abajo: Ellos solamente sirven para mostrar el amplio rango de acuerdo sobre el tema entre líderes cristianos importantes del pasado:
Charles Spurgeon (Bautista Reformado)
“Cristo Jesús ni vino con el fin de que usted pudiera continuar en el pecado y escapar de su penalidad; el no vino tampoco para prevenir la enfermedad mortal, sino para alejar lejos esa enfermedad… Cristo ni vino para salvarnos en nuestros pecados, sino para salvarnos de nuestros pecados”[i]
William Booth (Metodista)
“El principal peligro del siglo veinte será: la religión sin el Espíritu Santo, el cristianismo son Cristo, el perdón sin arrepentimiento, la salvación sin la regeneración, y el cielo sin el infierno”.[ii]
A.W. Tozer (Evangélico – Alianza Cristiana Misionera)
“Los cuasi-cristianos siguen un cuasi-Cristo. Ellos quieren Su ayuda pero no Su intervención. Lo halagarán pero nunca lo obedecerán.”[iii]
“Es totalmente dudoso que un hombre pueda ser salvo quien venga a Cristo pidiendo Su ayuda, pero sin la intención de obedecerle en absoluto”.[iv]
Benjamín Warfield (Anglicano)
“No podemos decir que creemos en aquello que desconfiamos demasiado para comprometernos a ello”[v]
J.I. Packer (Anglicano)
“El arrepentimiento que Cristo demanda a Su pueblo consiste en una negación firme de poner limites a los reclamos que El pueda hacer sobre sus vidas… El no tiene ningún interés en reunir una vasta muchedumbre de profesantes quienes se dispersen tan pronto como se enteren lo que realmente demanda seguirle.”[vi]
Más recientemente, sin embargo, algunos se han levantado un desafío de este entendimiento de nuestra gran salvación. El Catecismo Menor de Westminster de 1647 (el cual representa el entendimiento teológico de los cristianos conservadores de esa época y aun permanece representativo de muchos el día de hoy) declara: “El arrepentimiento para vida es una gracia evangélica… Y al comprender la misericordia de Dios en Cristo, para aquellos que se arrepienten, el pecador se aflige y aborrece sus pecados, de manera que se aparta de todo ellos y se vuelve hacia Dios.” Y, “EL arrepentimiento para vida principalmente consiste en dos cosas: volverse del pecado y abandonarlos”.[vii]
Algunos, como Charles Ryrie, por el otro lado, han declarado que el arrepentimiento no es nada más que un cambio de mente acerca de Cristo y no tiene nada que ver con el cambiar nuestras mentas acerca del pecado[viii]. Otros, como Zane Hodges, van más allá y dicen que la predicación del arrepentimiento a un crédulo es agregar obras al evangelio[ix]. Mientras que ambos hombres estarían de acuerdo en que la salvación es salvación no solo para justicia y vida eterna sino también salvación (liberación, rescate) del pecado, no creen que cuando un incrédulo se vuelve a Dios este debe también por lo tanto y de acuerdo a estos hombres, pueda volverse a Cristo, confiar en El para salvación, y pedir perdón y aun no tener una intención ni desear absolutamente volverse del pecado. Ya aun ser salvos del pecado y declarados justos.
Algo seriamente esta mal aquí. ¿Es parte del mensaje del evangelio el volverse del pecado así como el volvernos a Dios o no lo es? Como hemos visto, hombres piadosos están formados en ambos lados del tema. Pero las declaraciones de hombres, mientras que sirven como un punto de referencia, no son la fuente final de la verdad. Por esto debemos volvernos a las Escrituras.
La Conversión
Hay tres palabras griegas, epistrepho, metamelomai y metanoeo, encontradas en el Nuevo Testamento que tratan con el concepto de volverse del pecado y volverse a Dios. La primera de estas palabras es episthrepho a menudo traducida “dar la vuelta, regresar o ser convertido”. Alrededor de la mitad de sus usos involucran un cambio físico o secular. Por ejemplo, el demonio exorcizado de un hombre dice: Volveré (epistrepho) a mi casa de donde salí (Mat. 12:44). El resto de los usos de epistrepho tienen una implicación teológica o espiritual –es este el que queremos examinar.
“El significado básico de epistrepho es volverse en el sentido físico, mental o espiritual del término; y esto por lo tanto cuando la palabra se mueve en el mundo del pensamiento y de la religión, significa un cambio de perspectiva y una nueva dirección dada ala vida o a la acción”[x]. Un cambio de cualquier clase involucra dos cosas: volverse de algo y volverse hacia algo. En la esfera de la conversión espiritual (epistrepho) significa, por una parte, un cambio hacia Dios. “Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron (epistrepho) al Señor.” (Hechos 9:35). “Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió (epistrepho) al Señor.” (Hechos 11:21). “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten (epistrepho) a Dios” (Hechos 15:19). “Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto (epistrepho) al Pastor y Obispo de vuestras almas.” (1 Ped. 2:25). Aun en el evangelio de Juan, donde a menudo encontramos el concepto del arrepentimiento, si no la palabra, nos topamos con epistrepho. “Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan (epistrepho), y yo los sane.” (Juan 12:40). A mi entender, pocos tendrían problema con la idea de que la fe salvadora involucra un cambio hacia Dios.
Por el otro lado, una persona no puede volverse a alguien o a algo sin antes volverse de algo. Es en este punto que mucho de la controversia irrumpe. Cuando una persona se convierte a Dios por la gracia salvadora ¿de se convierte ella? Un examen de los textos clave claramente revela que cuando uno se convierte a Dios, simultáneamente se convierte del pecado. Miremos las Escrituras: En 1 Tesalonicenses 1:9 Pablo escribe: “porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis (epistrepho) de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”. Al convertirse a Dios, los tesalonicenses se convirtieron de sus ídolos. ¿Puede uno convertirse a Dios y aun continuar y aun aferrase a sus ídolos? Pablo no lo creía. Convertirse a Dios de los ídolos es un paquete –ligado inseparablemente.
Cuando Pablo predicaba el evangelio en Iconio el fue claro: “Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis (epistrepho) al Dios vivo” (Hechos 14:15). Es obvio que Pablo no preveía a alguien convirtiéndose a Dios sin antes convertirse de “estas vanidades”. Y recuerde, esto fue en el contexto de la predicación del evangelio, no dando instrucciones sobre la santificación.
En la conversión de Pablo el fue comisionado a los gentiles con el propósito de “para que abras sus ojos, para que se conviertan (epistrepho) de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” (Hechos 26:18). El evangelio predicado, a través del poder del Espíritu Santo, preparará a las personas a ver la verdad con el fin de que puedan convertirse de algo hacia algo. Se convertirán de la oscuridad (pecado, maldad) a la luz (justicia), del dominio o señorío de Satanás al dominio o señorío de Dios. Y justo cuando no malentendamos la comisión de Pablo, note como él lo aplica a su propio ministerio: el fue a los gentiles predicando: “anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen (metanoeo- vea el significado de esta palabra) y se convirtiesen (epistrepho) a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento (metanoeo)” (Hechos 26:20). Pablo no vaciló en llamar al arrepentimiento y a la conversión. El no veía incongruencia entre la fe y el arrepentimiento del pecado. No había pasos separados, sino que eran parte y conjunto de una misma cosa: el evangelio.
El Diccionario de Teología del Nuevo Testamento (una fuente y estándar valioso para el estudio de palabras) dice esto: “Cuando un hombre es llamado en el Nuevo Testamento para conversión, significa fundamentalmente una nueva conversión de la voluntad humana hacia Dios, un retorno a casa de la ceguera y error hacia el Salvador de todos (Hechos 26:18; 12 Ped. 2:25)… La conversión involucra un cambio de señores. Uno quien hasta entonces había estado bajo el señorío de Satanás (Efesios 2:1-2) viene hacia el señorío de Dios, se lleva a cabo una rendición de vida a Dios en fe incluyendo toda su ser (Hechos 26:20).”[xi]
Un Lamento
La siguiente palabra griega que debemos considerar es metamelomai, una palabra que es a menudo confundida con el verdadero arrepentimiento. No lleva la idea de un cambio de mente o de arrepentimiento, sino más bien un nivel de sentir que de un nivel cognitivo. La idea básica de metamelomai parece ser un lamento, un lamento que puede o no puede llevar a alguien a convertirse a Dios. Por ejemplo, Judas “sintió remordimiento” (metamelomai) de su traiciona Jesús pero el no se arrepintió (Mat. 27:3). Es importante señalar que muchos usan el relato de Judas para probar que el arrepentimiento no es parte de la fe salvadora. Ellos dicen: “Miren a Judas, el se “arrepintió”, pero obviamente no se hizo cristiano”. Sin embargo, la palabra no es metanoeo (arrepentimiento) sino metamelomai (lamento). Judas estaba triste por sus acciones –por cosas que no resultaron como las había esperado. Pero el no estaba arrepentido –el no se volvió de sus pecados hacia Dios para perdón. Ni tampoco se convirtió (epistrepho) en el sentido de convertirse a Dios. El simplemente sintió remordimiento.
En 2 Corintios 7:8, 9 la distinción es clara. Pablo escribe: “Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa (metamelomai), aunque entonces lo lamenté (metamelomai); porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento (metanoia)”.
El verdadero arrepentimiento puede incluir aspectos de lamento y remordimiento y lo más probable que así será, pero estrictamente hablando, el arrepentimiento es un cambio de mente acerca de algo.
Arrepentimiento
El verbo más importante en nuestro estudio es la palabra griega metanoeo. Esta es la palabra mas a menudo traducida como “arrepentimiento” en el Nuevo Testamento. El uso secular significa el cambio de mente acerca de algo –que es algo que depende del contexto. En el uso del Nuevo Testamento, como lo veremos, metanoeo siempre tiene una referencia al cambio de mente acerca del pecado en tal manera que el individuo realmente se vuelve del pecado.
El Arrepentimiento en el Antiguo Testamento
Un número de palabras en los registros del Antiguo Testamento son traducidos o llevan el significado de “arrepentirse” o “arrepentimiento”. Walter Kaiser escribe que “el uso antiguo profético del término “arrepentimiento” “volverse” al Señor, aparece en 1 Samuel 7:3:[xii]
“Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.”
Note que Samuel llama al pueblo no solo a volverse a Dios sino también a volverse de sus ídolos. Este es el entendimiento típico del Antiguo Testamento del concepto del arrepentimiento y el mensaje constante de los profetas. “Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos” (2 Reyes 17:13). Al arrepentimiento del Antiguo Testamento incluye un volverse del pecado y volverse a Dios. Este tema es llevado al Nuevo Testamento y es también un mensaje constante y consistente.
El Arrepentimiento en el Nuevo Testamento
Antes de que exploremos el significado y uso del arrepentimiento en el Nuevo Testamento debemos primero examinar el pasaje favorito de aquellos que niegan que el arrepentimiento tiene lugar en el momento de la salvación. En Hechos 16 tenemos el relato del carcelero de Filipos quien, debido a una poderosa manifestación de Dios, pide a Pablo y a Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (vv. 30, 31). Puesto que Pablo dice “cree” y no menciona el arrepentimiento o el convertirse del pecado a Dios, la conclusión es que el arrepentimiento es un acto innecesario, de hecho es una agregar obras para la salvación. Si el arrepentimiento fuera necesario Pablo lo hubiera mencionado. ¡Caso cerrado!
Peor no tan rápido. De acuerdo, la salvación es través de la fe solamente en Cristo solamente, pero hay un ciertos de asuntos que tenemos que investigar aquí. Esta simple respuesta de Pablo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” hacen surgir una serie de preguntas: “¿Qué quiere decir con creer? ¿Quién es el Señor Jesucristo? ¿Qué quiere decir son ser salvo? El carcelero quería ser salvo, pero, ¿salvo de que?
La salvación significa “rescate” o “liberación”. Podemos asumir que el carcelero quiso ser salvo de su pecado y de sus consecuencias. Implícitamente, si no que explícitamente, esto es arrepentimiento. Pero más relacionado a esta discusión es que información adicional con respecto al evangelio ha sido proporcionada. Es cierto que Pablo no menciona el arrepentimiento, peor también es cierto que el no menciona la gracia, la cruz, la resurrección, la muerte substitutoria de Cristo, y muchos otros aspectos del mensaje del evangelio. ¿Significa esto que estos temas no están relacionados y son innecesarios? Prácticamente hablando puedo ir con un incrédulo y decirle “cree en el Señor Jesucristo” y el puede afirmar fe en Cristo. Pero sin más información el nunca podría conocer quien es Cristo o que es lo que ha hecho. El podría “creer” pero no ser salvo.
Seguramente en nuestros esfuerzos evangelísticos bien podemos no pedirle a alguien que crea en Cristo sin antes primero explicarle todo el evangelio –y tampoco lo hizo Pablo. En el siguiente versículo se nos dice: “Y le hablaron la palabra del Señor a él” (v. 32). No sabemos el contenido de esta instrucción, pero podemos confiar que antes que el carcelero verdaderamente colocara su fe en Cristo el conoció el evangelio desde el principio hasta el fin. El punto es que es muy difícil e incorrecto, basar una doctrina en un pasaje sencillo, tal como este lo es, en el cual no conozcamos exactamente que fue lo que se dijo.
Por el otro lado, mientras que no sabemos los detalles de lo que se le dio al carcelero, no sabemos el contenido de algunos sermones apostólicos. En Pentecostés, en el primero sermón de Pedro concluye con esta invitación: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Pedro no perdió el tiempo, en su siguiente oportunidad el demandó: “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Ni es solo una doctrina de los labios de Pedro. Pablo proclamó en el Areópago: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Después cuando Pablo estaba defendiendo su comisión apostólica al Rey Agripa el explica que el Señor lo envió “para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí (Cristo), perdón de pecados y herencia entre los santificados.” (Hechos 26:18). El evangelio que Pablo predicó llamaba a los hombres a convertirse (epistrepho), por la fe, de las tinieblas a la luz y del dominio de Satanás al dominio de Dios. Ahora, antes de que comencemos a decir lo que esto significa, todo o que tenemos que hacer es ir a los versos 19 y 20 y ver lo que Pablo quiere decir. “…no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen (metanoeo) y se convirtiesen (epistrepho) a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” Sin preguntar Pablo veía su ministerio llamando a hombres y mujeres a arrepentirse y convertirse a Dios el cual resultaba en una vida transformada.
Pero ¿qué significa arrepentimiento?
Seguramente nadie puede estar en desacuerdo con las palabras claras de la Escritura. Así que ¿cuál es el problema? El debate recae ampliamente en el área de la definición. La palabra griega más importante (metanoeo) significa cambio de mente acerca de algo. Charles Ryrie y los demás como él enseñan que el arrepentimiento es un cambio de mente acerca de quien es Jesucristo. Al arrepentimiento, en su entendimiento, no tiene nada que ver con el pecado. Cambiar nuestras mentes acerca de Cristo es parte de la fe salvadora, pero cambiar nuestras mentes acerca del pecado y de su señorío sobre nuestras vidas son “obras”, como ellos dicen. ¿Es esto cierto? ¿El arrepentimiento no tiene ninguna referencia al pecado? Bueno, la única manera de saberlos es estudiando la Escritura misma.
Examinando el uso del verbo “arrepentirse” (metanoeo) y el sustantivo “arrepentimiento” (metanoia) podemos determinar como es usada la palabra en el Nuevo Testamento. No todas las referencias que examinaremos están en el contexto de la salvación o del evangelio, porque no es nuestra intención en este punto unir el arrepentimiento y la fe salvadora (lo haremos después). En este punto simplemente queremos ver como los escritores del Nuevo Testamento usaron las palabras metanoeo/metanoia. Cuando los lectores originales del Nuevo Testamento encontraron la palabra “arrepentirse” ¿Qué creyeron que significaba?
Metanoeo y Metanoia en los Evangelios
Anteriormente señalé el concepto del Antiguo Testamento del arrepentimiento (y la conversión). Esta más allá de la duda que cuando los profetas del Antiguo Testamento llamaron al arrepentimiento, estaban llamando al pueblo a convertirse de sus pecados. La idea de “cambiar su mente” acerca de Cristo sería completamente extraña para los escritores del Antiguo Testamento. Esto debemos tenerlo en mente al irnos al los evangelios. Cuando Juan el bautista y Jesús vinieron predicando el arrepentimiento ¿Qué fue lo que su audiencia entendió acerca de su significado? Seguramente la primer cosa que cruzó por sus mentes fue arrepentirse del pecado y convertirse a Dios. A menos que Juan, Jesús o los escritores de los evangelios específicamente redefinieran el arrepentimiento en otros términos, podríamos esperar que el arrepentimiento llevara la misma connotación que había tenido por siglos. Pero no vemos tal cambio.
En el Nuevo Testamento el significado de metanoeo/metanoia no es definido por el contexto en numerosos pasajes. En otras palabras, las palabras mismas son usadas pero su significado específico es discutible (Mat. 3:2; 3:8, 11; 4:17; Mar. 1:15; Luc. 3:8; 16:30). Como ejemplo, Juan el bautista llamó al pueblo a “arrepentíos por que el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2). Jesús aun no había venido a escena cuando Juan pronunció estas palabras, entonces, podríamos esperar que el pueblo judío vieran de la misma manera lo que veían en mensajes similares de los profetas del Antiguo Testamento, i.e., volverse del pecado y volverse a Dios. Dando el beneficio de la duda, no podemos probar que esto fue lo que quiso decir Juan.
Por el contrario, en muchos otros casos el contexto en el cual metanoeo/metanoia son usados, el sujeto es claramente el pecado y la necesidad de convertirse de ello (Mat. 9:13; 11:20; 12:41; Mar. 1:4; 2:17; Luc. 3:3; 5:32; 6:12; 10:13; 11:32; 13:3, 5; 15:7, 10; 17:3). Algunos pasajes representativos dicen: “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7); “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” (Luc. 15:10); “Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” (Luc. 17:3, 4). En la Gran Comisión, Jesús informa a sus discípulos: “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones” (Luc. 24:47). En cada uno de estos casos es irrefutable que el arrepentimiento/arrepentirse significa un cambio de mente o convertirse del pecado. Ni una sola vez es definido el arrepentimiento como un cambio de mente acerca de Jesús.
Metanoeo y Metanoia en el Libro de los Hechos
Al dejar la escena Jesús, encontramos a los apóstoles, en obediencia a la Gran Comisión, predicando arrepentimiento. De los once usos de mentanoeo/metanoia en el libro de los Hechos, dos (5:31; 8:22) están en el contexto del pecado en general. Hablando a Simón el mago, por ejemplo, quien decía ser un creyente pero había cometido un gran pecado, Pedro dice: “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón” (hechos 8:22). Simón debía convertirse de su pecado si quería ser perdonado.
En Hechos 11:18; 13:24; 19:4 el contexto no es suficientemente específico para determinar dogmáticamente que el arrepentimiento significa convertirse del pecado, sin embargo esto sería la conclusión más probable en cada caso.
Las otras cinco referencias son todos en el contexto de la salvación. Hemos visto en algunas de ellas antes pero note cuidadosamente cada contexto. En Hechos 2:38 los judíos se les dice que se arrepientan para el perdón de pecados. En Hechos 3:19 se les dice que se arrepientan para que sus pecados sean borrados. Hechos 17:30 dice que Dios llama a hombres en todo lugar a arrepentirse. En Hechos 20:21 Pablo dice que el predicó tanto a judíos como a griegos la necesidad del “arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”. En Hechos 26:20 esta la declaración de la misión de Pablo la cual es llamar a hombres a arrepentirse y convertirse a Dios. En ninguno de estos ejemplos el arrepentimiento es redefinido como un cambio de mente acerca de quien es Jesús. En el menos tres de los casos metanoeo/metanoia están definitivamente en el contexto del pecado y el perdón de pecados. Nuestra conclusión a través del libro de los Hechos es que nada ha cambiado –el arrepentimiento aun significa lo que siempre ha significado: convertirse de pecado.
Metanoeo y Metanoia en Apocalipsis
Cada mención de metanoeo/metanoia en Apocalipsis esta en el contexto inmediato del pecado (2:5, 16, 21, 22; 3:3, 19; 9:20, 21; 16:19,11). Apocalipsis 2:21 dice: “Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.” Apocalipsis 9:21 dice así: “y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.”. Esto es instructivo puesto que Apocalipsis es el último libro del Nuevo Testamento escrito y encontramos que el significado del arrepentimiento ha permanecido constante. En cada pasaje claramente definido en el Nuevo Testamento, el arrepentimiento tiene siempre el significado de convertirse del pecado. Metanoeo/metanoia no son siempre usados en referencia a la salvación sino siempre conlleva la connotación de convertirse del pecado.
Metanoeo y Metanoia en las Epístolas
En las epístolas metanoia es encontrada varias veces. Ocasionalmente, su significado es indeterminado (Rom. 2:4; 2 Tim. 2:25; Heb. 6:1, 6). En otros casos el pecado es indiscutiblemente el contexto (2 Cor. 7:9, 10; Heb. 12:17). El único uso de metanoeo en las epístolas es 2 Corintios 12:21; “que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido”. Aquí, una vez más, el arrepentimiento es usado en el contexto del pecado. Ninguna vez encontramos lo contrario. Ninguna vez encontramos arrepentimiento haciendo alguna referencia a cambiar nuestras mentes acerca de quien es Cristo. El contexto, cuando puede ser determinado, siempre esta en la esfera del pecado; en ningún pasaje esta la idea de convertirse del pecado extraña a su contexto.
Con esto en mente 2 Pedro 3:9 debe ser considerado cuidadosamente: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (metanoea).” Si, cuando las Escrituras nos llaman al arrepentimiento, significa convertirse del pecado y volverse a Dios como hemos demostrado, entonces, decir a los pecadores que no deben volverse del pecado (solo deben cambiar su mente acerca de Cristo para ser salvos) es un evangelio falso. La salvación es a través de la fe solamente. La fe salvadora significa que nos hemos convertido de nuestros ídolos y del pecado en el cual hemos confiado siendo salvos habiendo sido esclavos por mucho tiempo y convertirnos a Cristo en fe, con el fin de recibir el perdón y la libertad de esos pecados (Rom. 6:12-14) y la justicia de Dios (2 Cor. 5:21). Ser salvos seguramente significa que somos salvos de algo para algo. Somos salvos del pecado para la justicia encontrada en Cristo.
Sin embargo, los oponentes del arrepentimiento rápidamente notan que metanoeo/metanoia es rara vez usada en referencia a la salvación en las epístolas. Por tanto, ellos concluyen, que no es parte del evangelio. ¿Cómo refutamos esto? De varias maneras:
1) El libro de los Hechos registra el mismo período de tiempo durante el cual muchas de las epístolas fueron escritas. Por ejemplo cuando Pablo hablo las palabras registradas en Hechos 26:20 diciendo que su ministerio había sido llamar a las personas a “arrepentirse y convertirse a Dios”, el ya había escrito 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Corintios, Gálatas, y similarmente Romanos. Mientras que el menciona el arrepentimiento solo cuatro veces en estas cinco epístolas. Sin embargo él proclama en Hechos 26:18-20 que llamar a los hombres y mujeres al arrepentimiento siempre había sido su ministerio por todo el tiempo.
2) El Nuevo Diccionario Internacional de Teología del Nuevo Testamento tiene un excelente comentario en este punto:
El hecho de que este grupo de palabras no ocurre a menudo en los escritos Paulinos (solo 5 veces) y no todos en los Joanianos (aparte de Apocalipsis), no significa que la idea de la conversión no esté presente ahí sino que solamente que mientras tanto se ha desarrollado una terminología mas especializada. Tanto Pablo como Juan están de acuerdo en la idea de la conversión mediante esa fe. Pablo habla de la fe como “siendo de Cristo”, como “la muerte y resurrección del hombre junto con Cristo”, como “la nueva creación”, como “vistiéndose del nuevo hombre”. La literatura joanina representa la nueva vida en Cristo como el “nuevo nacimiento”, como pasando de la muerte a la vida y de la oscuridad a la luz, o como la victoria de la verdad sobre la falsedad y el amor sobre el odio.[xiii]
3) Puesto que la Escritura nunca contradice la Escritura es un precedente peligroso marcar una parte de la Escritura en contra de otra. Debemos reconocer las distinciones de su contexto, pero rechazar una enseñanza cara de doctrina solo porque no es encontrado en ciertos pasajes favoritos es un serio error. Por ejemplo, nuestro Señor ni una sola vez utilizó la palabra “gracia” (y es solamente encontrada cuatro veces en los cuatro evangelios, y nunca es usada en la primera epístola de Juan) pero ¿quien lo descartaría de su lugar de prominencia en el mensaje del evangelio? Es posible aislar las Escrituras. Si, Es cierto que las epístolas fueron escritas principalmente para enseñar doctrina a la iglesia –pero esto no significa que la doctrina no pueda ser encontrada en otras partes de la Escritura. El arrepentimiento, definido como convertirse del pecado como parte de la fe salvadora, es claramente enseñado en muchos pasajes de las Escrituras. Quienes somos para redefinir esa palabra, o eliminarla totalmente, solo porque no es encontrada en pasajes en los cuales algunos dicen que debe estar (tales como el evangelio de Juan)
Estudios de Palabras
En realidad el peso de la prueba están en aquellos quienes deben luchar con los llamados claros al arrepentimiento encontrados en la Escritura (e.g. Hechos 2:38; 3:19; 26:18, 20). Hay solo en realidad tres opciones cuando es examinada la evidencia. Pedro y pablo sabía de que estaban hablando y llamaban a las personas a la fe a convertirse de sus pecados y volverse a Dios. O, estos hombres y otros más estaban en un error en lo que enseñaban (una posición impensable). O, el arrepentimiento significa algo más, i.e. cambiar la mente acerca de quien es Jesús. ¿Cuál de estas es?
Creemos que hemos mostrado una prueba conclusiva de que en cada caso, donde puede ser determinado su significado, metanoeo/metanoia en el Nuevo Testamento significa convertirse del pecado. Por el otro lado, no hay ni un solo uso claro de cualquier palabra para arrepentimiento que específicamente y exclusivamente cambie la mente acerca de Cristo. ¡Ni uno!
Sigamos adelante y examinemos las definiciones dadas por los expertos sobre estudio de palabras:
Estudio de Palabras de West: El Arrepentimiento en el Nuevo Testamento “incluye no solo el acto de cambiar la actitud hacia una opinión sobre el pecado sino también renunciar a él… El acto de arrepentimiento es basado primero que todo principalmente sobre una comprensión de el carácter del pecado, la culpa del hombre con respecto a ellos, y el deber del hombre de apartarse de ellos”[xiv]
Vines: “En el NT el asunto tiene referencia principalmente al “arrepentimiento” del pecado, y este cambio de mente incluye tanto volverse del pecado como volverse a Dios.”[xv]
El Nuevo Diccionario Internacional de Teología del Nuevo Testamento: “convertirse (en el OT) significa dar completamente una nueva dirección al hombre como un todo y volverse a Dios. Esto incluye apartarse de la maldad… (en el NT) el entendimiento intelectualmente predominante de metanoia como cambio de mente juega un apequeña parte en el NT. Más aún la decisión del hombre a darle la vuelta es enfatizada. Es claro que no estamos preocupados por un cambio externo simplemente ni con un simple cambio intelectual de ideas.”[xvi]
Kittel: el arrepentimiento es una “conversión radical, una transformación de naturaleza, un volverse definitivo de la maldad, un cambio decidido a Dios en obediencia total”.
Conclusión
Algunos han concluido que incluir el arrepentimiento como parte de la fe salvadora es “obras de justicia”. Esto es, es un acto en el que un hombre deben agregar a la fe con el fin de ser salvo. Hemos mostrado desde la Escritura que ese no es el caso. Además, de acuerdo a la Escritura, el arrepentimiento es un don de Dios (vea Hechos 11:18; 2 Tim. 2:25). As1= nadie puede confiar en Cristo para salvación a menos que Dios lo capacite para hacerlo, así, nadie se arrepiente si Dios no le concede el arrepentimiento. El arrepentimiento no es una obra más de lo que lo la fe es.. El punto es, cuando una persona verdaderamente se convierte a Cristo el también se convierte del pecado. Esto es claro en la enseñanza de la Palabra de Dios.
Tomado del libro:
This Little Church Went To Market
[i] Charles Spurgeon, Metropolitan Tabernacle Pulpit Vol. 11, (Banner of Truth 1992), p. 138.
[ii] Como se cita en The Day Drawing Near, Vol. 2 no. 2, p. 4.
[iii] A.W. Tozer, Man: The Dwelling Place of God (Harrisburg: Christian Publications, 1966), p. 143.
[iv] A.W. Tozer, The Root of Righteous (Harrisburg: Christian Publications, 1955), p. 85
[v] Benjamin B. Warfield, Biblical and Theological Studies (Presbyterian & Reformed, 1952), p. 403.
[vi] J.I. Packer, Evangelism and the Sovereignty of God (Downers Grove: Inter-Varsity Press, 1961), p. 403.
[vii] The Westminster Shorter Catechism section LXXXVII
[viii] Vea Charles Ryrie, So Great Salvation (Chicago: Moody Press, 1997), pp. 96-99.
[ix] Vea Zane Hodges, The Gospel Under Siege (Dallas: Redención Viva, 1981).
[x] William Barclay, Turning to God (Philadelphia: The Westminster Press, 1964), p. 20.
[xi] Colin Brown (Editor General), The New International Dictionary of New Testament Theology, Vol. 1 (Grand Rapids: Zondervan, 1979), p. 355.
[xii] Walkter C. Kaiser, Jr. Toward an Old Testament Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1978), p. 137.
[xiii] Ibíd., p. 359.
[xiv] Kenneth Wuest, Studies in the Vocabulary of the Greek New Testament (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans, 1976), p. 28.
[xv] Vines Complete Expository Dictionary of Old and New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1985), pp. 1002-1003.
[xvi] Gerhard Kittle, Theological Dictionary of the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1985), pp. 1002-1003
Lo Que Creemos Acerca de los 5 Puntos del Calvinismo
LO QUE CREEMOS ACERCA DE LOS 5 PUNTOS DEL CALVINISMO
Staff de la Bethlehem Baptist Church (Iglesia Bautista Belén). Mineapollis, MN Marzo, 1985 Revisado en Marzo, 1998
PREFACIO
Amamos a Dios. Él es nuestro gran tesoro, y nada se le compara. Uno de los más antiguos y grandiosos catecismos dice: “Dios es un Espíritu infinito, eterno, inmutable, sabio, poderoso, santo, justo, bueno y verdadero”. A Ese es el que amamos. Amamos todo el panorama de sus perfecciones. El fin de la búsqueda del alma para eterna satisfacción, es conocerle y ser amados por Él. Él es infinito; Y eso responde a nuestro anhelo por plenitud. Él es eterno; y eso responde a nuestro anhelo por permanencia. Él es inmutable; y eso responde a nuestro anhelo por estabilidad y seguridad. No hay alguien como Dios. Nada se puede comparar con Él. Dinero, sexo, poder, popularidad, conquista, nada se compara con Dios.
Mientras más le conoces, más quieres conocerle, mientras más te deleitas en su compañía, más hambriento estarás por una comunión más profunda y rica. Satisfacción a los niveles más profundos produce un santo anhelo para el tiempo cuando tengamos el poder de Dios para amar a Dios. Esa es la manera en que Jesús ora por nosotros al Padre, “… que el amor con que me amaste pueda estar en ellos”. Eso es lo que anhelamos: que el mismo amor del Padre por el Hijo nos llene, permitiéndonos amar al Hijo, con el mismo amor del Padre. Luego las frustraciones de un amor inadecuado terminarán.
Si, mientras más lo conoces, lo amas y confías en Él, más anhelas conocerle. Por eso es que hemos escrito este folleto. Anhelamos conocer a Dios y disfrutar de Él. Otro antiguo catecismo dice: “¿cual es el fin principal del hombre?” y responde: “El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre”. Creemos que disfrutar de Dios es la forma en que le glorificamos, porque Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en Él. Pero para disfrutar de Él debemos conocerle. Verle es saborearle. Si Él permanece borroso, o en una vaga neblina podríamos estar intrigados por un momento. Pero no estaríamos maravillados con gozo, como cuando la neblina se aclara y te encuentras a ti mismo en el borde de un precipicio.
Nuestra experiencia es que un claro conocimiento de Dios tomada de la Biblia es la llama que sostiene el fuego de nuestros afectos por Dios. Y probablemente el tipo más crucial de conocimiento, es el conocimiento de lo que Dios es como lo es en la salvación. De eso tratan los cinco puntos del Calvinismo. Nosotros no empezamos como calvinistas y defendiendo un sistema.
Empezamos como cristianos creyentes en la Biblia quienes quieren poner la Biblia por encima de todo sistema de pensamiento. Y a través de los años- muchos años de lucha- hemos profundizados en la convicción de que las enseñanzas calvinistas en los cinco puntos, son bíblicas y por lo tanto verdaderas.
Nuestra lucha nos hace pacientes con otros que están en el camino. Creemos que toda batalla para entender lo que la Biblia enseña acerca de Dios es valiosa. Dios es una fuerte roca en un mundo de arena movediza. Conocerle en su soberanía es convertirse en un árbol fuerte ante un viento de adversidad y confusión. Y acompañando la fortaleza, esta su dulzura y ternura, que va más allá de nuestra imaginación. El soberano León de la tribu de Judá es el dulce cordero de Dios.
Esperamos que puedas ser ayudado. Por favor no sientas que debes leer este folleto en un orden en particular. Pues muchos de ustedes querrán saltar la introducción histórica porque no es tan relevante en el momento para responder las preguntas bíblicas. Hay un orden intencional en este folleto. Pero siéntete libre de empezar donde sea de más urgencia para ti. Si obtienes ayuda entonces volverás atrás al resto del mismo. Si no obtienes ayuda, entonces, retorna a la Biblia y léela con todas tus fuerzas. De todas maneras, ahí es donde queremos que termines: Leyendo y entendiendo y amando y disfrutando y obedeciendo la palabra de Dios, no la nuestra.
Por la supremacía de Dios en todas la cosas, para el gozo de todas las personas.
INTRODUCCION HISTORICA
Juan Calvino, el más famoso teólogo y pastor de Ginebra, murió en 1564. Junto a Martín Lutero en Alemania, fue la fuerza más influyente de la reforma protestante. Sus comentarios e Institución de la Religión Cristiana, están aun ejerciendo una tremenda influencia en el mundo cristiano.
Las iglesias que han heredado estas enseñanzas de Calvino son usualmente llamadas Reformadas, en oposición a luteranos y Episcopales heredados de la reforma. Mientras no todas las iglesias Bautistas adoptan la teología reformada, existe una tradición bautista significativa que creció fuera de y aun abraza las doctrinas centrales heredadas de la rama Reformada.
La controversia entre arminianos y calvinistas llego a Holanda cerca de los 1600. El fundador del Arminianismo fue Jacobo Arminio (1560-1609). El estudio bajo el estricto calvinismo de Teodoro Beza en Ginebra y fue profesor de teología de la universidad de Leiden en el 1603.
Gradualmente, Arminio comenzó a refutar algunas enseñanzas calvinistas. La controversia se propagó en toda Holanda, donde la iglesia reformada era la gran mayoría. Los arminianos trazaron su credo en 5 artículos (escritos por Uytenbogaert), y los plantearon frente a las autoridades del estado de Holanda en 1610 bajo el nombre de La protesta, firmado por 46 ministros. (Estos 5 artículos pueden ser leídos en Philip Schaff, Creeds of Christendom, vol. 3, pp. 545-547).
Los calvinistas responden con una contra-protesta. Pero la respuesta oficial calvinista vino del Sínodo de Dort, quien sostuvo para considerar Los Cinco artículos desde el 13 de noviembre de 1618 hasta el 9 de mayo del 1619. Hubo 84 miembros y 18 comisionados seculares. El Sínodo escribió lo que se conoce como los Cánones de Dort. Estos aun son parte de la confesión de la iglesia reformada en América y de la iglesia cristiana reformada. Ellos afirman los cinco puntos del calvinismo en respuesta a los cinco artículos de protesta Arminiana. (Ver Schaff, vol. 3, pp. 581-596).
Así que, los cinco puntos del Calvinismo no fueron escogidos por calvinistas como un resumen de su enseñanza. Ellos surgen como respuesta a los Arminianos, quienes escogieron estos 5 puntos para oponerse.
Es más importante dar una posición Bíblica positiva en los Cinco puntos que conocer la forma exacta de su controversia original. Estos cinco puntos todavía están en los corazones de la teología Bíblica. Ellos son importantes. Donde nos encontramos, estas cosas profundas afectan nuestro punto de vista de Dios, hombre, salvación, expiación, regeneración, seguridad, adoración y misiones.
En algún punto del camino, los cinco puntos vinieron a ser resumidos bajo en acróstico TULIP.
T- Total depravity (Depravación total).
U- Unconditional election (Elección incondicional)
L- Limited atonement (expiación limitada)
I-Irresistible grace (Gracia irresistible)
P-Perseverance of the saints (Perseverancia de los santos)
Nota: No seguiremos este orden en nuestra presentación. Hay una buena razón para este orden tradicional: Comienza con el hombre en necesidad de salvación y luego da, en el orden en que ocurren, los pasos que Dios da para salvar a su pueblo. Dios elige, envía a su Hijo para expiar los pecados de los elegidos, de una manera irresistible atrae a su pueblo a la fe, y finalmente trabaja para que ellos perseveren hasta el fin.
Hemos encontrado, de todas maneras, que el hombre capta estos puntos más fácilmente si seguimos una presentación basada en el orden en que se experimentan.
1-Experimentamos nuestra propia depravación y nuestra necesidad de salvación.
2-Experimentamos la irresistible Gracia de Dios llevándonos a la fe.
3-Confiamos en la suficiencia de la expiación de la muerte de Cristo por nuestro pecado.
4-Descubrimos que detrás del trabajo de Dios en expiarnos de nuestros pecados y traernos a la fe estaba la elección incondicional de Dios.
5-Finalmente, descansamos en su elección de Gracia para darnos la fuerza y voluntad paraperseverar hasta el fin en fe.
Este es el orden que seguiremos en nuestra presentación.
Quisiéramos expresar lo que creemos que las Escrituras enseñan sobre estos cinco puntos. Nuestro gran deseo es dar honor a Dios por medio de entender y creer su verdad revelada. Estamos abiertos a cambiar cualquiera de nuestras ideas que contradiga la verdad de las Escrituras. No tenemos ningún interés en Juan Calvino mismo, y encontramos que algunas de las ideas que enseño están erradas. Pero, en general, estamos dispuestos a llamarnos calvinistas en estos cinco puntos, porque encontramos que la posición calvinista es Bíblica.
Compartimos los sentimientos de Jonathan Edwards quien dijo en el prefacio de su libro LA LIBERTAD DE LA VOLUNTAD, “No tomaría del todo inoportuno ser llamado calvinista, por alguna distinción: aunque rechazo una completa dependencia en Calvino, o una creencia en las doctrinas que sostengo, porque el las creyó y también las enseño; y no puedo ser cargado con creencias de cada cosa que el enseñaba.
DEPRAVACION TOTAL DEL HOMBRE
Cuando hablamos de la depravación total del hombre, nos referimos a la condición natural del mismo, separado de alguna Gracia ejercida por Dios para restringirlo o transformarlo.
No hay duda de que el hombre podría llevar a cabo más actos pecaminosos contra su prójimo de los normalmente hace. Pero si el mismo es restringido de llevar a cabo más actos pecaminosos por motivos que no pertenecen a una alegre sumisión a Dios, entonces aun su “virtud” es mala a los ojos de Dios.
Romanos 14:23 dice: “Todo lo que no procede de fe es pecado”. Esta es una acusación radical sobre toda virtud que no procede de un corazón humilde que depende de la Gracia de Dios.
La terrible condición del corazón humano nunca será reconocida por personas que la evalúan sólo en relación con otras personas. Romanos 14:23 deja bien claro que la depravación es nuestra condición en relación a Dios primariamente, y de una manera secundaria en relación al prójimo. A menos que empezamos en este punto, nunca percibiremos la totalidad de nuestra natural depravación.
La depravación del hombre es total al menos en cuatro sentidos:
1- Nuestra rebelión contra Dios es total.
Separados de la Gracia de Dios no hay deleite en su santidad, y no hay una alegre sumisión a la soberana autoridad de Dios.
Es claro que el hombre totalmente depravado pudiera ser muy religioso y filántropo. Él puede orar, dar limosna y ayunar, como Jesús enseñó (Mateo 6:1-18). Pero toda su religión es rebelión contra los mandamientos de su Creador si no proviene de un corazón como el de niño, confiado en la libre Gracia de Dios. La religión es una de las principales formas que el hombre usa para ocultar su indisposición de abandonar su auto dependencia y depositar todas sus esperanzas en la inmerecida misericordia de Dios (Lc. 18:9-14; Col. 2:20-23).
La totalidad de nuestra depravación puede ser considerada en Rom. 3:9-10,18: “Ya hemos acusado a Judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como esta escrito: No hay justo ni aun uno; no hay quien busque a Dios…no hay temor de Dios delante de sus ojos”.
Es un mito pensar que el hombre en su estado natural busque a Dios de una manera genuina. El hombre busca a Dios. Pero el hombre no busca a Dios por lo que Él es. Él busca a Dios en un aprieto como uno que puede preservarlo de la muerte o como un medio para incrementar su placer carnal. Separado de la conversión, nadie viene a la luz de Dios.
Algunos vienen a la luz. Pero escuchemos lo que Juan 3:20-21 dice acerca de ellos: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Más el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”.
Sí, existen aquellos que vienen a la luz -llamados como aquellos que sus obras son hechas en Dios. “Hecho por Dios” significa trabajado por Dios. Separado de este trabajo en Gracia de Dios todos los hombres odian la luz de Dios y no vendrán a Él a menos que su pecado sea expuesto- Esto es una rebelión total. “No hay quien busque a Dios…No hay temor de Dios delante de sus ojos”.
2- En su total rebelión todo lo que el hombre hace es pecar.
En Romanos 14:23 Pablo dice: “todo lo que no proviene de fe es pecado”. Por tanto, si todo hombre esta en una rebelión total, todo lo que el hace es el producto de su rebelión y no puede honrar a Dios, pero sólo parte de su rebelión pecaminosa. Si un rey enseña a sus súbditos como luchar bien y esos súbditos se rebelan contra su rey y le resisten, usando todas las habilidades que el mismo rey les enseño, entonces aun aquellas habilidades se tornan malas.
Por esta razón, el hombre hace muchas cosas las cuales sólo las puede hacer porque el ha sido creado a la imagen de Dios, las cuales en el servicio a Dios Él pudiera ser adorado. Pero en el servicio del hombre rebelde que se auto justifica, estas cosas son pecaminosas.
En Romanos 7:18 Pablo dice:”Y yo se que en mi, esto es, en mi carne, no mora el bien”. Esta es una confesión radical de la verdad, que en nuestra rebelión nada de lo que pensemos o sentimos es bueno. Todo es parte de nuestra rebelión. El hecho de que Pablo califica su depravación con las palabras, “en mi carne”, muestra que el desea afirmar que el bien es producido por el Espíritu de Dios en el (Rom. 15:18). “Carne” se refiere al hombre en su estado natural separado del trabajo del Espíritu de Dios. , lo que Pablo esta diciendo en Romanos 7:18 es que separado del trabajo del Espíritu de Dios, todo lo que pensamos, sentimos y hacemos no es bueno.
NOTA: Reconocemos que la expresión “el bien” tiene un margen amplio de significados. Tendremos que usarlo en un sentido restringido para referirnos a muchas acciones de personas caídas, quienes de hecho no son buenas.
Por ejemplo, tendremos que decir que es bueno que la mayoría de los inconversos no asesinen y que algunos inconversos realizan actos de benevolencia. Lo que queremos decir es que cuando llamamos a esos actos “buenos” es que estos más o menos se conforman al patrón externo de vida que Dios ha ordenado en las Escrituras.
De cualquier manera, esta conformidad externa a la voluntad revelada de Dios no es justicia en relación a Dios. No es hecha en dependencia de Dios o para su gloria. El no esta confiado por los recursos, aunque Él se los provee todos. Ni su honor es exaltado, aun cuando esa es su voluntad en todas las cosas (1 Corintios 10:31). De todas maneras, aun estas “buenas” acciones son parte de nuestra rebelión y no son “buenas” en el sentido que realmente cuenta al final –en relación a Dios-.
3- La inhabilidad del hombre para someterse a Dios y hacer el bien es total.
Recogiendo el término “carne” (el hombre separado de la Gracia de Dios), encontramos a Pablo declarando ser totalmente esclavizado en una rebelión. Romanos 8:7-8 dice: “la mente puesta en la carne es enemistad contra Dios; no se somete a la ley de Dios, ni tampoco puede; y aquellos que están en la carne no pueden agradar a Dios”.
“La mente puesta en la carne” es la mente del hombre separada de la morada del Espíritu de Dios (“no estáis en la carne, estáis en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” Rom. 8:9). Así que el hombre natural tiene una mente programada para no someterse ni poder someterse a Dios. El hombre no puede reformarse a sí mismo.
Efesios 2:1 dice que los cristianos estábamos todos una vez “muertos en nuestros delitos y pecados”. El punto de la muerte es que éramos incapaces de la vida de Dios. Nuestros corazones eran como piedra hacia Dios (Efesios 4:18; Ezequiel 36:26). Nuestros corazones estaban ciegos y eran incapaces de ver la gloria de Dios en Cristo (2 Corintios 4:4-6). Éramos totalmente incapaces de reformarnos a nosotros mismos.
4- Nuestra rebelión es totalmente merecedora de castigo eterno.
Efesios 2:3 procede a decir que hemos estado muertos en nuestros delitos y pecados y que por eso éramos hijos de ira. Esto es, que si estamos bajo la ira de Dios por la corrupción de nuestros corazones, nos ha hecho buenos por la muerte de Cristo.
La realidad del infierno es la indignación de Dios por nuestra infinita suciedad. Si nuestra corrupción no mereciese el castigo eterno, Dios fuese injusto tratándonos con un castigo tan severo como el tormento eterno. Pero las Escrituras enseñan que Dios solamente condena a los incrédulos al infierno eterno (2 Tes. 1:6-9; Mat. 5:29; 10:28; 13:49; 18:8; 25:46; Apoc. 14:9-11; 20:10). Así que, de esto se entiende que el infierno es una sentencia total de condenación, para hacer esto debemos entender que somos totalmente culpables y separados de la Gracia salvadora de Dios.
En resumen, la depravación total significa que nuestra rebelión en contra de Dios es total, y que cada cosa que hacemos es rebelión por el pecado, y nuestra inhabilidad de someternos a Dios y de reformarnos a nosotros mismos es total, y que nosotros merecemos el castigo eterno.
Es duro exagerar sobre la importancia de admitir que nuestra condición futura es mala. Si pensamos sobre nosotros mismos como si fuésemos buenos sería contrario a Dios, la obra de la redención pudiera estar entonces defectuosa. Pero debemos humillarnos a nosotros mismos sobre esta terrible verdad, que es nuestra total depravación, estaríamos en una posición de ver y apreciar la gloria y las maravillas del trabajo de Dios, la cual discutiremos en los siguientes 4 puntos.
GRACIA IRRESISTIBLE
La doctrina de la Gracia irresistible no significa que toda la influencia del Espíritu Santo no pueda ser resistida. Significa que el Espíritu Santo puede vencer toda resistencia y hacer su influencia irresistible.
En Hechos 7:51, Esteban dice a los lideres judíos: “Vosotros, que sois duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, resistir siempre al Espíritu Santo; como hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros”. Por otro lado, Pablo habla de entristecer y apagar el Espíritu Santo (Ef. 4:30; 1 Tes. 5:19). Dios da muchos ruegos e incitaciones las cuales son resistidas. De hecho, toda la historia de Israel en el Antiguo Testamento es una historia prolongada de resistencia, como muestra la parábola de los labradores malvados (Mateo 21:33-43; Romanos 10:21).
La doctrina de la Gracia irresistible significa que Dios es soberano y puede vencer toda resistencia cuando el quiere. “Él actúa conforme a su voluntad en el ejercito del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ¿Que haces?” (Daniel 4:35). “Nuestro Dios esta en cielos; todo cuanto quiso ha hecho” (Salmos 155:3). Cuando Dios se propone cumplir su soberano propósito, nadie puede resistirle de una manera exitosa.
Esto es lo que Pablo enseña en Romanos 9:14-18, lo que provocó a sus oponentes decir: “¿Por que, pues, todavía reprocha Dios? porque ¿Quien resiste su voluntad?”. A lo que Pablo responde: “¿Quien eres tu oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto moldeado al que lo moldea: por que me hiciste así? ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honroso y otro para uso deshonroso?” (Romanos 9:20).
Más específicamente, la Gracia irresistible hace referencia a la obra soberana de Dios de vencer la rebelión de nuestro corazón y tráenos a la fe en Cristo y así ser salvos. Si nuestra doctrina de la depravación total es verdadera, no puede haber salvación sin la realidad de la Gracia irresistible. Si estamos muertos en nuestros delitos y pecados, totalmente incapaces de someternos a Dios, entonces nunca creeremos en Cristo a menos que Dios pueda vencer nuestra rebelión.
Alguien podría decir: “Si, el Espíritu Santo debe llevarnos a Dios, pero nosotros podemos usar nuestra libertad para resistir o aceptar esa obra”. Nuestra respuesta es: Excepto por el continuo ejercicio de la Gracia salvadora, siempre usaremos nuestra voluntad para resistir a Dios. Eso es lo que significa ser “incapaz de someterse a Dios”. Si una persona se torna lo suficientemente humilde para someterse a Dios es porque Dios ha dado a esa persona una nueva y humilde naturaleza. Si una persona permanece con un corazón duro y orgulloso ante la voluntad de Dios, es porque esa persona no ha recibido un espíritu de buena voluntad. Pero para verlo persuasivamente debemos buscar las Escrituras.
En Juan 6:44 Jesús dice: “Nadie puede venir a Mi si no lo trae el Padre que me envió”. Esta obra es una obra de la Gracia soberana sin la cual nadie puede ser salvo de su rebelión contra Dios. Otra vez alguien dice: “Él atrae a todas las personas, no sólo a algunos”. Pero esto simplemente evade la clara implicación del contexto de que esta obra del Padre es la razón por la cual algunos creen y otros no.
Específicamente Juan 6:64-65 dice, “Pero hay algunos de vosotros que no creéis. Porque Jesús sabia desde el principio quienes eran los que no creían, y quien era el que le iba a traicionar. Y decía: por eso os he dicho que nadie puede venir a mi si no se lo ha concedido el Padre”.
Notemos dos cosas:
Primero: Que el venir a Cristo es llamado un regalo. No es sólo una oportunidad. Venir a Jesús es “dado” a algunos y a otros no.
Segundo: Que la razón por la que Cristo dice esto, es para explicar por que “hay algunos que no creen”. Podríamos parafrasear de la siguiente manera: Jesús sabía desde el principio que Judas no creería en Él a pesar de todas las enseñanzas e invitaciones que recibió. Y porque Él sabía esto, lo explicó con las siguientes palabras, nadie viene a mí a menos que le sea dado por el Padre. Judas no fue dado a Jesús. Hubo muchas influencias en su vida para su bien. Pero el decisivo e irresistible regalo de la Gracia no le fue dado.
2 Timoteo 2:24-25 dice: “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. Corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad”.
Aquí, como en Juan 6:65, el arrepentimiento es llamado como un regalo de Dios. Notemos que Pablo no está diciendo que la salvación es meramente un regalo de Dios. Él está diciendo que aun el prerrequisito para ser salvo lo es también. Cuando una persona escucha el llamado de arrepentimiento de un predicador puede resistir dicho llamado. Pero si Dios le da el arrepentimiento la persona no puede resistirse porque el regalo es que su resistencia ha sido removida. No estar dispuesto a arrepentirse es lo mismo a resistir al Espíritu Santo. Por esto, si Dios da el arrepentimiento es lo mismo que quitar la resistencia. Esta es la razón por la cual llamamos a esta obra de Dios “la Gracia irresistible”.
NOTA: Debería ser obvio a partir de esto que la Gracia irresistible no implica que Dios nos fuerza a creer contra nuestra voluntad. Esto sería una contradicción de términos. Al contrario, la Gracia irresistible es compatible con la predicación y el testimonio que trata de persuadir a personas a hacer lo que es razonable y lo que es acorde con sus mejores intereses.
1 Corintios 1:23-24 dice. “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles. Más para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios”. Notemos dos tipos de llamado que se implican en este texto.
Primero: La predicación de Pablo va dirigida a todos, tanto judíos como griegos. Este es el llamado general del Evangelio. Este ofrece salvación a todo aquel que cree en el Cristo crucificado. Pero este es llamado necedad por aquellos que no tienen un oído receptivo al mismo.
Segundo: Pablo hace referencia a otro tipo de llamado. Él dice que entre aquellos que oyen hay algunos que son “Llamados” en una manera que se refieren a la cruz como locura pero como sabiduría y poder de Dios. ¿Cuál otro puede ser este llamado si no el irresistible llamado de Dios de las tinieblas a su luz admirable? Si todos los que son “llamados” en este sentido consideran la cruz como el poder de Dios, entonces algo en el llamado debe afectar la fe. Esta es la Gracia irresistible.
Hay otra explicación en 2 Corintios 4.4-6: “En los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús. Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecerá la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo”.
Desde que el hombre es cegado a la gloria de Cristo, se necesita un milagro para que este pueda ver y creer. Pablo compara este milagro con el primer día de la creación cuando Dios dijo: “Sea la luz”. Es en un sentido una nueva creación, o un nuevo nacimiento. A esto es que se refiere el llamado eficaz en 1 Corintios 1:24.
Aquellos que son llamados tienen su ojos abiertos por el soberano poder Creador de Dios, por lo que ellos ya no ven la cruz de Cristo como locura, sino como poder y sabiduría de Dios. El llamado efectivo es el milagro de tener nuestra ceguera removida. Esta es la Gracia irresistible.
Otro ejemplo de esto se encuentra en Hechos 16:14, donde Lidia está escuchando la predicación de Pablo. Lucas dice: “El Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía…” A menos que Dios abra nuestros corazones, no recibiremos el mensaje del Evangelio. A este corazón abierto es a lo que nos referimos cuando hablamos de la Gracia irresistible.
Otra manera de describir esta obra es el “Nuevo Nacimiento” o ser nacido de nuevo. Creemos que el nuevo nacimiento es una creación milagrosa de Dios que permite a una persona muerta recibir a Cristo y ser salva. No creemos que la fe precede o causa el nuevo nacimiento. La fe es la evidencia de que Dios nos ha hecho nacer de nuevo. “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1).
Cuando Juan dice que Dios da el derecho de ser llamado hijo de Dios a aquellos que reciben a Cristo (Juan 1:12), continua diciendo que esos que reciben a Cristo “no nacieron de sangre ni de carne ni de voluntad de varón, sino de Dios”. En otras palabras, Es necesario recibir a Cristo para ser hecho un hijo de Dios, pero el nacimiento que trae a uno dentro de la familia de Dios no es posible por la voluntad de varón.
El hombre está muerto es delitos y pecados. Él no puede hacerse nacer de nuevo, o crear nueva vida en el mismo. Él debe nacer de Dios. Entonces, con la nueva naturaleza de Dios, inmediatamente recibe a Cristo. Los dos hechos (regeneración y fe) están tan estrechamente conectados que en la experiencia no podemos distinguirlos. Dios engendra en nosotros una nueva vida y la primera sombra de vida en el nuevo nacimiento es la fe. Este nuevo nacimiento es el efecto de la Gracia irresistible, porque es un acto de soberana creación –“No por voluntad de hombre sino de Dios”–.
EXPIACIÓN LIMITADA
La expiación es el trabajo de Dios en Cristo en la cruz, por medio del cual cancela la deuda de nuestros pecados, apaciguó su santa ira contra nosotros, y ganando para nosotros todos los beneficios de la salvación. La muerte de Cristo fue necesaria porque Dios no hubiese mostrado una justa recompensa para su gloria si hubiese barrido nuestros pecados debajo de la alfombra sin castigo alguno.
Romanos 3:25-26 dice que Dios “puso a Cristo como propiciación por nuestros pecados por su sangre…con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y El justifica al que es de la fe de Jesús”.
En otras palabras, la muerte de Cristo era necesaria para vindicar la justicia de Dios en justificar al impío por medio de la fe. Sería injusto perdonar pecadores aunque su pecado sea insignificante, cuando de hecho el pecado es un insulto infinito contra la valiosa gloria de Dios. Por lo tanto Jesús lleva en sus hombros la maldición, la cual merecíamos por nuestro pecado, de esta manera podemos ser justificados y la justicia de Dios ser vindicada.
El termino “expiación limitada” señala la pregunta, “¿Por quien murió Cristo?” Detrás de la pregunta sobre la extensión de la expiación dirige a otra pregunta igualmente importante acerca de la naturaleza de la expiación. ¿Qué fue lo que Cristo logro en la cruz por aquellos que murió?
Si dices que Jesús murió por todos los seres humanos en la misma manera, entonces debes definir la naturaleza de la expiación de una manera muy diferente a si creyeras que sólo murió por aquellos que creen. En el primer caso, crees que la muerte de Cristo en realidad no salva a nadie; simplemente hace posible la salvación. En este caso la muerte de Cristo no quita la ira de Dios de ninguna persona, sino que creo un lugar donde las personas pueden ir y encontrar misericordia –si ellos pudieran realizar su propio nuevo nacimiento y traerse ellos mismos a la fe sin la irresistible Gracia de Dios-.
Si Cristo murió por todos los hombres en la misma manera, entonces no compró Gracia regeneradora para aquellos que son salvos. Ellos deberían regenerarse ellos mismos y traerse ellos mismos a la fe. Entonces y sólo entonces ellos se convierten en participantes de los beneficios de la cruz.
En otras palabras, si crees que Cristo murió por todos los hombres en la misma manera, entonces los beneficios de la cruz no pueden incluir la misericordia por la que somos traídos a la fe, porque entonces todos los hombres serían traídos a la fe, pero ellos no lo están. Pero si la misericordia por la cual somos traídos a la fe (Gracia irresistible) no es parte de lo que Cristo compró en la cruz, entonces somos dejados para salvarnos a nosotros mismos desde la esclavitud del pecado, de la dureza de nuestro corazón, de la ceguera de nuestra corrupción y de la ira de Dios.
Por lo tanto se hace evidente que no es el calvinismo quien limita la expiación. Es el Arminianismo, porque niega que la expiación de Cristo logre lo que desesperadamente necesitamos –Llamado, salvación desde la condición de muerte y dureza de corazón y ceguera bajo la ira de Dios. El arminiano limita el valor natural y la efectividad de la expiación de tal manera que dice que es lograda aun por aquellos que mueren en incredulidad y son condenados. En la manera que se dice que Cristo murió por todos los hombres, el arminiano limita la expiación a una simple oportunidad no muy poderosa para que los hombres se salven a ellos mismos de su terrible situación de depravación.
En la otra mano nosotros no limitamos el poder y la efectividad de la expiación. Simplemente decimos que en la cruz Dios tenía en mente la redención de sus hijos. Afirmamos que cuando Cristo murió por estos, Cristo no sólo creó la oportunidad para salvarse a ellos mismos, sino que en realidad compró a favor de ellos todo lo necesario para que fuesen salvos, incluyendo la Gracia regeneradora y el don de la fe.
No negamos que todos los hombres son beneficiados en algún sentido de la cruz. 1 Timoteo 4:10 dice que Cristo es el “Salvador de todos los hombres, especialmente de aquellos que creen”. Lo que negamos es que todos los hombres son proyectados como los beneficiarios de la muerte de Cristo en la misma manera. Toda la misericordia de Dios hacia los inconversos –del sol naciente (Mateo 5:45) de la predicación del Evangelio en todo el mundo (Juan 3:16)-es hecho posible por la cruz.
Esta es la implicación de Romanos 3:25 donde la cruz es presentada como la base de la justicia de Dios en pasar por alto los pecados. Cada respiro que un inconverso tiene es un acto de la misericordia de Dios reteniendo el juicio (Romanos 2:4). Cada momento que el Evangelio es predicado a los inconversos Dios les está mostrando su misericordia dándole esta oportunidad para salvación.
¿De dónde fluye esta misericordia para con el pecador? ¿Cómo es Dios justo y retiene el juicio de pecadores que merecen ser inmediatamente lanzados al infierno? La respuesta es que la muerte de Cristo muestra de una manera clara el justo aborrecimiento de Dios al pecado y que tiene la libertad de tratar el mundo con misericordia sin comprometer su justicia.
Pero Él es especialmente el Salvador de aquellos que creen. Él no murió por todos los hombres en el mismo sentido. La intención de la muerte de Cristo por los hijos de Dios es que la misma compró algo más que el sol saliente y la oportunidad de ser salvos. La muerte de Cristo realmente salva de todo mal a aquellos por quienes “especialmente” Cristo murió.
Hay muchos pasajes que dicen que la muerte de Cristo fue designada para la salvación del pueblo de Dios, no por cada individuo. Por ejemplo:
Juan 10:15. “y pongo mi vida por las ovejas.”. Las ovejas de Cristo son aquellos que son dados por el Padre al Hijo. “Ustedes no oyen mi voz porque no son de mis ovejas”. Notemos: Ser una oveja te permite ser un creyente, no viceversa. Por esto las ovejas por las que Cristo murió son las elegidas por el Padre para ser dadas al Hijo.
En Juan 17:6,9, 19 Jesús ora: “He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste… Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son… Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” La santificación en vista aquí es la muerte de Cristo la cual Él estaba a punto de sufrir. Su muerte y su intercesión son únicamente por sus discípulos, no por el mundo en general.
Juan 11:51-52: “(Caifas) como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación, y no solamente por aquella nación, más también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban dispersos”.Hay hijos de Dios dispersos por todo el mundo. Estos son las ovejas. Estos son los que el Padre entregó al Hijo. Jesús murió para juntar estas personas en un sólo pueblo. El punto es igual a Juan 10:15-16, “Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi alma por las ovejas; También tengo otras ovejas que no son de este corral, aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz; y se hará un corral, y habrá un pastor”. Cristo murió por sus ovejas, esto es, por los hijos de Dios.
Apocalipsis 5:9: “Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste muerto, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación”. En armonía con Juan 10:16 Juan no esta diciendo que la muerte de Cristo rescató a todos los hombres pero que rescató a hombres de todas las tribus del mundo.
Esta es la manera en que entendemos textos tales como 1 Juan 2:2, el cual dice: “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los del mundo entero”. Esto no significa que Cristo murió con la intención de aplacar la ira de Dios por cada persona en el mundo, sino que “las ovejas”, “los hijos de Dios” están dispersos por todo el mundo, “por toda lengua y tribu y nación” son incluidos en la propiciación de Cristo. De hecho el paralelo gramatical entre Juan 11:51-52 y 1 Juan
2:2 es tan cercano que es difícil escapar de la convicción de que el mismo asunto es tratado por Juan en ambos versículos.
Juan 11:51-52, “profetizó que Jesús había de morir por la nación, y no solamente por aquella nación, más también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban dispersos”.
1 Juan 2:2, “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los del mundo entero”.
“El mundo entero” se refiere a los hijos de Dios dispersos por todo el mundo.
Si “El mundo entero” se refiere a cada individuo del mundo, nos vemos forzados a decir que Juan estaria enseñando que todas las personas serían salvas, cosa que él no cree (Apocalipsis 14:9-11). La razón por la que nos veríamos forzados a decir esto es que el término propiciación se refiere a una real remoción de la ira de Dios del pecador. Cuando la ira de Dios contra un pecador es propiciada, la misma es removida de ese pecador. Y el resultado es que todo el poder de Dios ahora fluye en el servicio de su misericordia, resultando en que nada puede detenerlo de salvar a ese pecador.
El pecado propiciado no puede ser castigado. De otro modo la propiciación perdería su significado. Por esta razón si Cristo es la propiciación por todos los pecados de cada individuo del mundo, ellos no pueden ser castigados, y deben ser salvos. Pero Juan no cree en tal universalismo (Juan 5:29). Por esto es improbable que 1 Juan 2:2 enseñe que Jesús es la propiciación por toda persona en el mundo.
Marcos 10:45, en armonía con Apocalipsis 5:9, no dice que Jesús vino a rescatar a todos los hombres. El verso dice: “Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos”.
De manera similar en Mateo 26:28 Jesús dice: “Esta es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de pecados”.
Hebreos 9:28: “así también el Cristo habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos; aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente lo esperan”. (Ver también 13:20; Isaías 53:11-12).
Uno de los pasajes más claros en relación a la muerte de Cristo es efesios 5:25-27. Aquí Pablo no sólo dice que el beneficiario intencional de la muerte de Cristo es la iglesia, sino que también que el efecto intencional de la muerte de Cristo es la santificación y glorificación de la iglesia. Esta es la verdad que queremos preservar, que la cruz no tenía intención de dar a todos los hombres la oportunidad de salvarse a sí mismos, sino que su intención era en realidad salvar a la iglesia.
Pablo dice: “Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra, para presentársela gloriosa para sí mismo”.
De manera similar, en Tito 2:14 Pablo describe el propósito de la muerte de Cristo de la siguiente manera: “Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras”. Si Pablo fuese un arminiano ¿no hubiese dicho: “Él se dio a Sí mismo para redimir a todos los hombres de la iniquidad y purificar a todos los hombres para Él”? Pero Pablo dice que el diseño de la expiación es para purificar para Cristo un pueblo separado del mundo. Esto es lo que precisamente Juan dice en Juan 10:15; 11:51 y Apocalipsis 5:9.
Uno de los textos más cruciales en este aspecto es Romanos 8:32. Se trata de una de las más preciosas promesas para el pueblo de Dios en la Biblia. Pablo dice, “Quien no escatimo ni a su propio Hijo por todos nosotros, ¿como no nos dará juntamente con Él todas las cosas?”.
El asunto crucial a notar aquí es como Pablo sustenta la seguridad de nuestra herencia en la muerte de Cristo. Él dice: “Seguramente que Dios te dará en Cristo todas las cosas porque Él no escatimo a su Hijo, sino que lo entregó por ti”. ¿En qué se convierte este precioso argumento si Cristo es dado por aquellos que de hecho no reciben todas las cosas, sino sólo la condenación? El argumento se desvanecería.
Si Dios dio a su Hijo por los inconversos que al final son condenados, entonces el no puede decir que la dadiva del Hijo garantiza “todas las cosas” para aquellos por los cuales Él murió. ¡Pero esto es lo que el dice! Si Dios dio a su Hijo por ti, entonces Él seguramente te dará todas las cosas. La estructura del pensamiento de Pablo aquí es destruida al introducir la idea de que Cristo murió por cada persona del mundo en la misma manera.
Podemos concluir esta sección con el siguiente resumen. ¿Cual de las siguientes declaraciones es verdadera?
1-Cristo murió por algunos pecados de todos los hombres.
2-Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres.
3-Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres.
Nadie asegura que la primera declaración es verdad, pues todo estaría perdido porque habría pecados por los que Cristo no murió. La única manera de ser salvo del pecado es que Cristo lo cubra con su sangre.
El tercer argumento es el que los arminianos defienden. Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres. Pero entonces, ¿Por qué no todos son salvos? Ellos responden que no todos creen. Pero ¿no es este incrédulo uno de los cuales por los que Cristo murió? Si ellos dicen que sí, entonces ¿Por qué no es cubierto por la sangre de Cristo y todos los inconversos se salvan? Si ellos dicen que no (que la incredulidad no es un pecado por el cual Cristo murió) entonces ellos deben decir que un hombre puede ser salvo sin tener todos los pecados cubiertos por la sangre de Jesús, o ellos deben unirse a nosotros en afirmar el segundo argumento: Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres. Esto es, que murió por la incredulidad de los elegidos por lo cual el castigo de la ira de Dios es aplacado a favor de ellos y su Gracia es libre para traerlos de manera irresistible de las tinieblas a su maravillosa luz.
ELECCIÓN INCONDICIONAL
Si todos nosotros somos tan depravados que no podemos ir a Dios sin haber nacido de nuevo por la irresistible Gracia de Dios, y si esta Gracia en particular es comprada por Cristo en la cruz, entonces es claro que la salvación de alguno de nosotros descansa en la elección de Dios.
Cuando hablamos de la elección nos referimos a la elección para salvación de parte de Dios. Esta elección es incondicional porque no hay condición de que el hombre conozca a Dios antes de que Dios lo escoja para salvación. El hombre está muerto en delitos y pecados. Entonces no hay condición de conocer a Dios antes de que Dios lo escoja para salvarlo de la muerte.
o estamos diciendo que la salvación final es incondicional. No lo es. Debemos experimentar la condición de la fe en Cristo para heredar vida eterna. Pero la fe no es una condición para la elección. Es justamente lo contrario. La elección es la condición para la fe. Esto es así porque Dios nos escoge desde antes de la fundación del mundo para comprar nuestra redención en la cruz y revivirnos con la Gracia irresistible y traernos a la fe.
Hechos 13:48 nos dice como los gentiles respondieron a la predicación del Evangelio en Antioquia de Pisidia: “Y cuando los gentiles escucharon esto, se regocijaron y glorificaron la palabra de Dios; y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”. Notemos, no dice que todos cuantos creyeron fueron ordenados para vida eterna. La elección eterna de Dios es la razón de que algunos creyeran mientras otros no.
De manera similar Jesús dice a los Judíos en Juan 10:26, “Vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas”. Él no dice: “Vosotros no sois mis ovejas porque no creéis”. Ser una oveja es algo que Dios decide por nosotros antes de que pudiéramos creer. Es la base y la capacitación de nuestro creer. Creemos porque somos las ovejas escogidas de Dios, no viceversa (Juan 8:47; 18:37).
En Romanos 9 Pablo resalta la elección incondicional. Por ejemplo, en los versos 11-12 el describe el principio que Dios uso para la elección de Jacob y Esaú: “pues no habían aun nacido, ni habían hecho aun ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino conforme por el que llama, se le dijo: El mayor servirá al menor”. La elección de Dios es preservada de manera incondicional porque es traspasada antes de nacer o hacer algo bueno o malo.
Nota: Algunos intérpretes dicen que Romanos 9 no tiene nada que ver con la elección de individuos para su destino eterno. Ellos dicen que el capitulo sólo se relaciona con los roles históricos que están en juego entre los pueblos descendientes de Jacob y Esaú.
Recomendamos La Justificación de Dios por John Piper, el cual fue escrito para investigar este asunto. El libro concluye que Romanos 9 no sólo relata los roles históricos de todas esas personas, sino también de los destinos eternos de individuos, porque, entre otras razones (justificación, pp. 38-54), los versos 1-5 posan un problema acerca de la perdición de individuos israelitas y ese problema queda totalmente irresuelto si el capítulo no tiene nada que decir acerca de individuos.
La incondicionalidad de la elección de Gracia de Dios es resaltada nuevamente en los versos 15-16: “Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y me compadeceré del que Yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.
Realmente no entendemos la misericordia si pensamos que podemos iniciarla por nuestra propia voluntad
o esfuerzo. Estaríamos desesperanzadamente perdidos en la oscuridad del pecado. Si vamos a ser salvos, Dios tendrá que tomar de una manera incondicional tomar la iniciativa en nuestro corazón e irresistiblemente hacer que nos sometamos a Él de una manera voluntaria.
Efesios 1:3-6 es otro poderoso fundamento de la incondicionalidad de nuestra elección y predestinación para la adopción.
“Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesús Cristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en bienes celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en caridad; el cual nos señaló desde antes el camino para ser adoptados en hijos por Jesús, el Cristo, en sí mismo, por el buen querer de su voluntad, para alabanza de la gloria de su Gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”.
Algunos intérpretes argumentan que esta elección desde antes de la fundación del mundo fue sólo una elección de Cristo, pero no una elección de lo que cada individuo sería en Cristo. Esto sencillamente equivale a decir que no hay elección incondicional de individuos para salvación. Cristo es puesto adelante como el escogido de Dios y la salvación de individuos es dependiente de su propia iniciativa para vencer su depravación y ser unidos a Cristo por la fe. Dios no los escoge y por lo tanto Dios no puede convertirlos de manera efectiva. Él sólo puede esperar a ver quien revivirá de la muerte y le escogerá a Él.
Esta interpretación no encaja bien con el verso 11, el cual dice: “Habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”.
Tampoco el texto literal del verso 4 cuadra con esta interpretación. El significado ordinario de la palabra “escogió” en el verso 4 es seleccionar o escoger de un grupo (cf. Lc. 6:13; 14:7; Jn. 13:18; 15:16,19). Así que el significado natural del versículo es que Dios escogió a su pueblo de la humanidad, antes de la fundación del mundo en virtud de su unión con Cristo su Redentor.
Toda la elección está relacionada con Cristo. No habría elección de pecadores para salvación si Cristo hubiera sido destinado a morir por sus pecados. Así que en ese sentido ellos son elegidos en Cristo. Pero son ellos los que son escogidos desde antes de la fundación del mundo, no sólo Cristo.
Además, el texto del verso 5 sugiere la elección de un pueblo para estar en Cristo, y no sólo la elección de Cristo. Literalmente el texto dice: “Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. Somos los predestinados, no Cristo. Él es quien hace la elección de pecadores posible, y así nuestra elección es “por medio de Él”, pero aquí no se habla de Dios teniendo una visión sólo de la elección de Cristo.
Quizás el texto más importante de todos en relación a la enseñanza de la elección incondicional es Romanos 8:28-33.
“Y ya sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme al Propósito son llamados (a ser santos). Porque a los que antes conoció, también les señaló desde antes el camino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos; Y a los que les señaló desde antes el camino, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificará. ¿Pues qué diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién será contra nosotros? El que aun a su propio Hijo no escatimó, antes lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que los justifica”.
A menudo este texto es usado para argumentar en contra de la elección incondicional basándose en el verso 29 el cual dice: “A los que antes conoció también los predestino…” Así que algunos dicen que las personas no son escogidas de manera incondicional. Ellos son escogidos sobre la base de su fe la cual es producida sin la ayuda de la Gracia irresistible de Dios y la cual Dios ve de antemano.
Pero eso no cuadra con el contexto. Notemos que Romanos 8:30 dice: “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.Enfoca por un momento el hecho de que todo el que Dios llama también lo justifica.
El llamado del verso 30 no es dado a todas las personas. La razón por la cual sabemos que no lo es que todos aquellos que son llamados son también justificados –pero no todos los hombres son justificados. Así que este llamado en el verso 30 no es el llamado general al arrepentimiento que los predicadores dan o que Dios da a través de la gloria de la naturaleza. Todos los hombres reciben ese llamado. El llamado del verso 30 es dado sólo a aquellos que Dios predestina a ser conformados a la imagen de su Hijo (v.29). Y es un llamado que desemboca en justificación: “a los que llamo, a estos también justificó”.
Pero sabemos que la justificación es por la fe (Rom. 5:1). ¿Cuál es entonces este llamado que es dado a todos aquellos que son predestinados y que desemboca en la justificación? Este debe ser el llamado de la Gracia irresistible. Se trata del llamado de 1 Corintios 1:24 discutido en la página 6.
Entre el acto de la predestinación y la justificación está el acto del llamado. Debido a que la justificación es sólo por la fe, el llamado en vista debe ser el acto de Dios por el cual llama a la fe a existencia. Y como esta desemboca de manera necesaria en la justificación, debe ser irresistible. No hay llamado (en ese sentido; no en el sentido de Mateo 22:14) que no sea justificado. Todos los llamados son justificados. Así que, el llamado del verso 30 es el trabajo soberano de Dios el cual trae a la persona a la fe por la que es justificado.
Ahora notemos la implicación que este tiene para el significado de “conoció” en el verso 29. Cuando Pablo dice en el verso 29: “A los que antes conoció también los predestinó”, no puede querer decir (como muchos tratan de hacer que diga) que Dios sabía de antemano quienes usarían su libre albedrío para venir a la fe, así que los puede predestinar para ser adoptados porque ellos hicieron esa libre elección por su propia voluntad. Esto no puede significar semejante cosa porque hemos visto del verso 30 que las personas no vienen a la fe por su propia voluntad. Ellos son llamados de una manera irresistible.
Dios no prevé la libre decisión de personas que creen porque no existe tal libertad de decisión. Si alguien viene a la fe en Cristo, es porque son revividos de la muerte (Efesios 2:5) por el poder creativo del Espíritu de Dios. Eso es, son en efecto llamados de las tinieblas a la luz.
Así que, el previo conocimiento de Romanos 8:29 no es el mero conocimiento de algo que sucederá en el futuro separado de la predeterminación de Dios. En vez de esto, es el tipo de conocimiento referido en el Antiguo Testamento como en Génesis 18:19(“Yo he escogido[literalmente: conocido] a Abraham para que el pueda encargar a sus hijos…que guarden el camino del Señor”), y Jeremías 1:5(“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifique, te di por profeta a las naciones”) y Amos 3:2(“A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra, os castigare por todas vuestras maldades”).
Como C.E.B. Cranfield dice, el previo conocimiento de Romanos 8:29 es “ese especial conocimiento tomado de una persona la cual es escogida por la Gracia de Dios”. Tal conocimiento es virtualmente la misma elección: “A los que antes conoció (i.e. escogió) también los predestinó para ser conformados a la imagen de su Hijo”.
Por tanto, lo que este magnifico texto (Romanos 8:28-33) enseña es que Dios realmente realiza la redención de su pueblo desde el inicio hasta el final. Él conoce de antemano, o sea, escoge personas para Sí desde antes de la fundación del mundo, predestina estas personas para ser conformadas a la imagen de su Hijo, las llama para Si mismo en fe, las justifica por medio de la fe, y finalmente las glorifica –y nada puede separarlas del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Rom. 8:39). ¡A Él sea toda la adoración y la gloria! Amen.
LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS
Continúa lo que se ha dicho anteriormente que el pueblo de Dios perseverará hasta el fin y no se perderá. Los que son previamente conocidos son predestinados, los predestinados son llamados, los llamados son justificados, y los justificados son glorificados. Ni uno de este grupo se pierde. Pertenecer a este grupo es estar eternamente seguro.
Pero queremos significar más que eso con la doctrina de la perseverancia de los santos. Queremos significar que los santos van y deben perseverar en la obediencia que viene de la fe. La elección es incondicional, pero la glorificación no lo es. Hay varias advertencias en las Escrituras de que aquellos que no abrazan pronto a Cristo pueden perderse al final.
Las siguientes siete tesis resumen lo que entendemos sobre esta importante doctrina:
1- Nuestra fe debe perdurar hasta el final si somos de los salvos.
Esto significa que el ministerio de la palabra es el instrumento de Dios para la preservación de la fe como también para engendrar la fe. No aspiramos fácilmente luego que una persona ha orado para recibir a Cristo, como si estuviéramos seguros de nuestra perspectiva de que están ahora más allá del alcance del maligno. Existe una lucha de fe que debe ser peleada. Debemos permanecer en la fe hasta el final si somos salvos.
1 Corintios 15:1,2 dice: “Además os declaro, hermanos, el Evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también están firmes; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, estáis siendo salvos, si no creísteis en vano”.
Colosenses 1:21-23 dice: “A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado en el cuerpo de su carne por medio de la muerte, para haceros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de él; si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del Evangelio que habéis oído; el cual es predicado a toda criatura que está debajo del cielo; del cual yo Pablo soy hecho ministro”.
2 Timoteo 2:11-12 dice: “Es palabra fiel: Que si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará”.
Marcos 13:13 dice: “Más el que perseverare hasta el fin, ese será salvo”.
Mire también Apocalipsis 2:7,10,11,17,25,26; 3:5,11,12,21.
2- La obediencia que es evidencia de la renovación interna que viene de Dios, es necesaria para la salvación final.
Esto no quiere decir que Dios demanda perfección. Es claro en Filipenses 3:12-13; 1 Juan 1:8-10 y Mateo
6:12 que el Nuevo Testamento no sostiene la demanda de una estricta perfección para ser salvos. Pero el Nuevo Testamento sí demanda que debemos ser moralmente cambiados y caminar en novedad de vida.
Hebreos 12:14: “Seguid la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.
Romanos 8:13: “porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu mortificáis las obras del cuerpo, viviréis”.
Gal. 5:19-21: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios”. (Ver también Efesios 5:5; 1 Corintios 6:10)
1 Juan 2:3-6: “Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él. Más el que guarda su Palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo”. (Ver también 1 Juan 3:4-10, 14; 4:20)
Juan 8:31: “Y decía Jesús a los judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. (Ver también Lucas 10:28; Mateo 6:14-15; 18:35; Génesis 18:1922; 16-17; 26:4-5; 2 Timoteo 2:19)
3- Los elegidos de Dios no pueden perderse.
Es por esta razón por la que creemos en la seguridad-llamada, la seguridad eterna de los elegidos. La implicación es que Dios trabajará para que aquellos que escogió para la eterna salvación sean capacitados para perseverar en la fe hasta el fin y cumplir, por el poder del Espíritu Santo, los requerimientos para obediencia.
Romanos 8:28-30, nos dice: “Y ya sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme al Propósito son llamados (a ser santos). Porque a los que antes conoció, también les señaló desde antes el camino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos; Y a los que les señaló desde antes el camino, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificará”. Lo que es evidente de este pasaje es que esos que son efectivamente llamados a la esperanza de la salvación realmente perseveraráan hasta el fin y serán salvos.
Juan 10:26-30: “más vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre una cosa somos”. (Ver también Efesios 1:4-5).
4- Existen caídas en algunos creyentes, pero si esa caída persiste, es muestra de que su fe no era genuina y ellos no habían nacido de Dios.
1 Juan 2:19: “Ellos salieron de nosotros, más no eran de nosotros, porque si fueran de nosotros, hubieran sin duda permanecido con nosotros; pero esto es para que se manifestara que todos no son de nosotros”. De manera semejante se ilustra en la parábola del sembrador en Lucas 8:9-14 ilustra personas que “oyen el Evangelio, lo reciben con gozo; pero como no tienen raíces, ellos sólo creen por un tiempo y en el tiempo de la prueba se apartan”.
El hecho de que tal cosa sea posible es precisamente por lo que el ministerio de la palabra en toda iglesia local debe contener muchas advertencias a los miembros de la iglesia a perseverar en la fe y no enredarse en esas cosas que pudieran extraviarlos y que podría resultar en su condenación.
5- Dios nos justifica en el primer y genuino acto de fe salvífica, pero haciendo
esto, el tiene una visión de todos los actos subsecuentes de la fe contenida,
como en una semilla, en ese primer acto.
Lo que estamos tratando de hacer aquí es confesar la enseñanza de Romanos 5.1, por ejemplo, que enseña que ya somos justificados ante Dios. Dios no espera hasta el final de nuestras vidas para declararnos justos. De hecho, no seríamos capaces de tener la seguridad y libertad de vivir las radicales demandas de Cristo a menos que podamos estar seguros que por nuestra fe ya estamos justificados delante de Dios.
Sin embargo, debemos confesar el hecho de que nuestra salvación final es hecha contingente a la subsiguiente obediencia que proviene de la fe. La manera como estas dos verdades se fusionan es que ya somos justificados sobre la base de nuestro primer acto de fe porque Dios ve en este (así como el puede ver en el árbol de bellota) en embrión de la vida de fe. Esta es la razón por la que esos que no persisten en la vida de fe con su inevitable consecuencia simplemente dan testimonio de que su primer acto de fe no fue genuino.
El soporte textual para esto es que Romanos 4:3 cita Génesis 15:6 al hecho donde Abraham fue justificado por Dios. Esta es una referencia a un hecho de fe muy temprano en la vida de Abraham. Romanos 4:19-22, de todas maneras, se refiere a una experiencia de Abraham muchos años después (Cuando tenía 100 años de edad, ver Génesis 21:5,12) y dice que por la fe de esta experiencia Abraham fue reconocido como justo. En otras palabras, parece ser que la fe que justificó a Abraham no fue su primer acto de fe únicamente, sino la fe que provocó los actos de obediencia más tarde en su vida. (El mismo hecho puede verse en Santiago 2:21-24 en su referencia al acto tardío en la vida de Abraham, llamado, el ofrecimiento de su hijo, Isaac, en Génesis 22). La manera de como tejer estas hebras de la verdad bíblica es declarando que somos internamente justificados sobre la base de nuestro primer acto de fe, pero no sin referencia a todos los subsecuentes actos de fe que dan a luz la obediencia que Dios demanda.
6- Dios obra para causar la perseverancia de sus elegidos.
No somos dejados por nosotros mismos y nuestra seguridad está bien enraizada en el amor soberano de Dios que produce eso para lo cual nos ha llamado a hacer. 1 Pedro 1:5 nos dice: “para vosotros que sois guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrer tiempo”. Judas 24,25 agrega: “A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin pecado, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría, al Dios único sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amén”.
1 Tesalonicenses 5:23-24 dice: “Y el Dios de paz os santifique completamente; para que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida del Señor nuestro, Jesús, el Cristo. Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”.
Filipenses 1:6: “Confiando de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesús el Cristo”.
1 Corintios 1:8-9: “el cual también os confirmará que permanezcáis sin pecado hasta el fin, hasta en el día de nuestro Señor Jesús, el Cristo. Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la confraternidad de su Hijo, Jesús, el Cristo, Señor nuestro”.
7- Por lo tanto debemos ser entusiastas en hacer nuestro llamado y elección segura.
2 Pedro 1:10: “Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”.
TESTIMONIOS CONCLUYENTES
Es posible creer todas estas cosas en tu mente e ir al infierno. Cuan engañosos e hipócritas somos por naturaleza! Por lo tanto nuestro interés en escribir todas estas cosas no es meramente convencer la mente sino también ganar el corazón.
Queremos para otros la dulce experiencia de reposar en el confort masivo de estas verdades. Queremos que otros puedan sentir el tremendo incentivo para la justicia y para las misiones que fluyen de estas verdades. Queremos para otros la experiencia de conocer y confiar en la Gracia soberana de Dios de tal manera que a Él y sólo a Él sea la gloria.
Para este fin hemos recogido aquí algunos testimonios de lo que estas verdades han significado para algunos grandes cristianos del pasado. Para aquellos que las han conocido verdaderamente, ellas nunca han sido meras especulaciones para la cabeza, sino siempre han sido poder para el corazón y la vida.
AGUSTIN
Agustín fue convertido de una manera resonante por la Gracia irresistible de Dios después de dejar una vida inmoral. Él escribió en sus confesiones(X, 40):
“No tengo ninguna esperanza fuera de Tu gran misericordia. Da tu mandato y manda lo que es tu voluntad. Tú impones en nosotros continencia…verdaderamente por continencia somos unidos y traídos de vuelta a esa unidad de la que fuimos dispersados hacia una pluralidad. Te ama poco aquel que ama cualquier otra cosa junto a Ti, la cual no ama para ti. ¡Oh amor siempre ardiente y nunca se apaga! ¡Oh caridad, Dios mío, enciende en mí! Tú mandas continencia. Concede lo que mandas y manda tu voluntad.”
Estas son las palabras de un hombre que amaba la verdad de la Gracia irresistible, porque el sabe que el es totalmente incompleto sin ella. Pero también en sus cartas doctrinales el dirige esta amada verdad a casa (Epístola ccxvii, Para Vitalis):
“Como prefiero pensar en tu caso, si estas de acuerdo con nosotros en suponer que estamos haciendo nuestro deber en oración a Dios, como es nuestra costumbre, por aquellos que rehúsan creer, que sean capacitados para creer y aquellos que resistan o se opongan a su ley y doctrina, que lo crean y lo sigan. Si estas de acuerdo con nosotros en pensar que hacemos nuestro deber en agradecer a Dios, como acostumbramos, por aquellas personas cuando han sido convertidos…entonces estas dispuesto a admitir que la voluntad de Dios es previamente movida por la Gracia de Dios, y que es Dios quien hace que deseen el bien que rechazaban; que es a Dios a quien pedimos que lo haga, y sabemos que es justo darle gracias por tal hecho…”
Para Agustín la verdad de la Gracia irresistible era el fundamento de sus oraciones por la conversión de los perdidos y de su gratitud para con Dios cuando ellos se convertían.
JONATHAN EDWARDS
Jonathan Edwards, el gran predicador Ingles y teólogo del siglo XVIII, tuvo un amor igual de profundo por estas verdades. Él escribió cuando tenía 26 años de edad, el día en que se enamoró de la soberanía de Dios:
“Se ha producido una maravillosa alteración en mi mente respecto a la doctrina de la soberanía de Dios desde aquel día hasta hoy; de manera que casi nunca he encontrado algo que me plantee alguna objeción contra ella en el sentido más absoluto…Desde entonces, no sólo he estado convencido, sino que mi convicción ha sido maravillosa. Esta doctrina me ha resultado a menudo sumamente agradable, brillante y dulce. La soberanía absoluta es algo que me encanta atribuir a Dios…La soberanía de Dios me ha parecido, una grandiosa parte de su gloria. Ha sido siempre mi deleite acercarme a Dios, y más aun adorarle como al Dios soberano” (Narrativa personal).
GEORGE WHITEFIELD
Edwards lloró abiertamente cuando George Whitefield predicó en su iglesia, debido a lo tanto que amó el mensaje que predicó. Whitefield fue un gran evangelista en el siglo XVIII. Él dijo: “Yo abrazo el sistema calvinista, no por Calvino, sino porque Cristo Jesús me lo ha enseñado”(Arnold Dalimore, GEORGE WHITEFIELD 1,p. 406).
Él imploró a John Wesley no oponerse a las doctrinas del calvinismo:
“No puedo soportar los pensamientos de oponerme a ti: pero como puedo evadirlos, si te ocupas (como tu hermano Charles una vez dijo) de echar a Juan Calvino fuera de Bristol. ¡Ay! Nunca he leído algo que Calvino haya escrito; mis doctrinas las tengo de Cristo y sus apóstoles; Fui enseñado por ellos de Dios.” (Dalimore, p. 574)
Fueron estas doctrinas que le llenaron con un santo celo por el evangelismo:
“Las doctrinas de la elección, y la gratuita justificación en Cristo Jesús están diariamente más y más presionando mi corazón. Ellas llenan mi alma con un santo fuego y me proporcionan gran confianza en Dios mi Salvador.
Espero que podamos atrapar fuego uno del otro, y que haya una santa emulación entre nosotros, quienes deben más degradar al hombre y exaltar al Señor Jesús. Nada más que las doctrinas de la reforma pueden hacer esto. Todas las demás dejan el libre albedrío en el hombre y lo hacen, en parte al menos, un Salvador de sí mismo. Mi alma, no se acerca a esos que enseñan esas cosas…Yo se que Cristo es todo en todo. El hombre es nada: tiene un libre albedrío para ir al infierno, pero no para ir al cielo, hasta que Dios trabaje en él para ejercer su buena voluntad.
Oh, la excelencia de la doctrina de la elección y la de la preservación final de los santos! Estoy persuadido, hasta que el hombre venga a creer y sentir estas importantes verdades, no saldrá de sí mismo, pero cuando este convencido de esto y asegure su aplicación en su corazón, entonces caminará por fe efectivamente!” (Dalimore, p. 407)
GEORGE MUELLER
George Muller es famoso por los orfanatos que fundóo y por la asombrosa fe que tenía para pedir por la provisión de Dios. No muchos conocen la teología que soportaba a ese gran ministro. A mediado de los 20 (1829) tuvo una experiencia la cual registró más adelante de la manera siguiente:
“Antes de este período (cuando vine a adoptar la Biblia como mi única regla de juicio) estuve muy opuesto a las doctrinas de la elección, redención particular (expiación limitada), y la final perseverancia por Gracia. Pero ahora fui traído a examinar esas preciosas verdades por la palabra de Dios. Siendo hecho para no querer la gloria para mi mismo en la conversión de pecadores, sino considerándome meramente como un instrumento; y siendo hecho para querer recibir lo que las Escrituras decían, fui a la palabra, leyendo el Nuevo testamento desde el principio, con una referencia particular para estas verdades.
Para mi sorpresa encontré pasajes que hablan directamente sobre la elección y la Gracia perseverante, fueron como 4 veces tantos como esos que hablan aparentemente contra esas verdades; y aun esos pocos, poco después, cuando los examinéy los entendí, sirvieron para confirmarme en dichas doctrinas.
Debido al efecto de mi creencia en estas doctrinas, me siento forzado a declarar para la gloria de Dios, que aunque soy excesivamente débil, y no he muerto a los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, como pudiera, y como debería ser, todavía, por la Gracia de Dios, he caminado más cerca con Él desde ese periodo. Mi vida no ha sido tan variable, y puedo decir que he vivido mucho más para Dios que antes” (Autobiografía, pp. 33-34).
CHARLES SPURGEON
Charles Spurgeon era contemporáneo de George Muller. Era el pastor del Tabernáculo Metropolitano en Londres por 30 años, el pastor más famoso de su época –y un Bautista en la misma. Su predicación era poderosa ganando almas para Cristo. Pero ¿Cual fue su Evangelio que mantuvo a cientos hechizados semana tras semana y atrajo a tantos al Salvador?
“Tengo mi propia opinión y es que no existe tal cosa como predicar a Cristo y a este crucificado, a menos que prediquemos lo que en nuestros días llamamos calvinismo. Es un sobrenombre llamarlo calvinismo; calvinismo es el Evangelio, y nada menos. No creo que podamos predicar el Evangelio… a menos que prediquemos la soberanía de Dios en su dispensación de Gracia; ni a menos exaltemos la elección incondicional, eterna, inmutable, el amor victorioso de Jehová; tampoco creo que podamos predicar el Evangelio a menos que lo basemos en la especial y particular redención del pueblo escogido en los que Cristo obro sobre la cruz; tampoco puedo comprender un Evangelio que deja caer a los santos luego de estos ser llamados” (Autobiografía 1, p.168).
Él no siempre creyó estas cosas. Spurgeon relata su descubrimiento de estas verdades a la edad de 16 años:
“Nacido, como todos nosotros somos por naturaleza, un Arminiano, aun creía las cosas viejas que había escuchado continuamente del pulpito, y no veía la Gracia de Dios. Cuando venía a Cristo, creía que lo hacia por mí mismo, y aunque buscaba al Señor sinceramente. No tenía ni idea de que el Señor me buscaba…puedo recordar el día y la hora cuando por primera vez recibí estas verdades en mi alma – cuando estaban, como John Bunyan dice, ardiendo en mi alma como un hierro caliente.
Una noche, cuando estaba sentado en la casa de Dios, no estaba pensando mucho en el sermón del predicador, por lo que no lo creí. El pensamiento me golpeó, “¿Cómo llegaste a ser cristiano?”. Vi al Señor. “¿Pero cómo viniste a ver al Señor?”. La verdad pasó rápidamente por mi mente en un momento –No le habría visto a menos que hubiese una influencia previa en mi mente que me hiciera buscarle. Oré, pensé, pero entonces me pregunté a mí mismo, ¿cómo vine a orar? Fui inducido a orar por la lectura de las Escrituras. ¿Cómo vine a leer las Escrituras? Las leí, pero ¿qué me permitió hacerlo? Entonces, en un momento, vi que Dios era la zapata de todo esto, y el autor de mi fe, y entonces toda la doctrina de la Gracia me fue clara, y de esa doctrina no he renunciado hasta este día, y deseo hacer de esto mi constante confesión, “Atribuyo mi cambio completamente a Dios” (Autobiografía, pp.164-5).
Spurgeon comenzó una universidad para pastores y tuvo como propósito enseñar que la llave de ser un maestro digno en la iglesia era entender estas doctrinas de la Gracia.
“El Arminianismo es, por lo tanto, culpable de confundir doctrinas y actuar como obstrucción al entendimiento claro y lúcido de las Escrituras; porque representa incorrectamente o ignora el propósito eterno de Dios, disloca totalmente el significado del plan complete de redención. Ciertamente, la confusión es inevitable fuera de la verdad fundamental [de la elección].
Sin esta doctrina, hay falta de unidad de pensamiento, y en general no tienen idea alguna sobre un sistema de divinidad. Es casi imposible convertir a un hombre en teólogo a menos que se empiece con esta [doctrina de la elección]. Si deseas puedes colocar a un joven creyente en una Universidad por 4 años, pero a menos que le enseñes este plan fundamental del pacto eterno, experimentará poco progreso, porque sus estudios no concuerdan, no ve como una verdad encaja con la otra y como todas las verdades deben armonizar juntas…
Tome cualquier condado de Inglaterra y encontrará hombres pobres con picos y palas que tienen mayor conocimiento sobre divinidad que la mitad de aquellos que salen de nuestras academias y universidades, sencilla y totalmente porque estos hombres han aprendido en su juventud un sistema en el cual la elección es céntrica y luego han visto como su propia experiencia encaja exactamente con este.”
Una Apelación Final
Es apropiado concluir este relato sobre nuestra creencia en las doctrinas de la Gracia apelando a usted, el lector, a recibir al Cristo magnífico, quien es el Autor eterno de estas doctrinas. Preste atención a la hermosa súplica presentada por J.I. Packer, un gran defensor de estas verdades:
A la pregunta: ¿qué debo hacer para ser salvo? El Evangelio viejo [Calvinismo] responde: cree en el Señor Jesucristo. A la próxima pregunta: ¿qué significa creer en el Señor Jesucristo? su respuesta es: significa verse pecador y ver a Cristo como aquel quien murió por pecadores; abandonando toda justicia y confianza propia y echándose completamente sobre Él para recibir perdón y paz; e intercambiar esa enemistad natural y rebelión contra Dios por un espíritu de sumisión a la voluntad de Cristo por medio de la renovación del corazón por el Espíritu Santo.
Y a una tercera pregunta: ¿cómo procedo a creer en Cristo y al arrepentimiento si no tengo la habilidad natural para hacer estas cosas? responde diciendo: mira a Cristo, háblale a Cristo, clama a Cristo, tal como eres; confiesa tu pecado, tu impenitencia, tu incredulidad, y échate en Su misericordia; pídele que te de un nuevo corazón obrando en ti verdadero arrepentimiento y una fe firme; pídele que quite de ti tu corazón incrédulo y escriba Su ley dentro de ti, para que nunca te apartes de Él. Vuélvete a Él y confía en Él lo mejor que puedas, y ruega por la Gracia para volverte y confiar más completamente; utiliza los medio de Gracia con expectación, mirando a Cristo acercarte a ti mientras buscas acercarte a Él; mira, ora, lee y escucha la Palabra de Dios, adora y ejerce comunión con el pueblo de Dios, y persevera hasta conocer más allá de cualquier duda que realmente eres un ser cambiado, un creyente penitente y que el corazón que has deseado se te ha concedido (“Redacción Introductoria a La Muerte de la Muerte y la Muerte de Cristo de John Owen,” p. 21).
Permite que Charles Spurgeon te dirija en oración:
Les suplico que se unan a mí en oración en este momento. Únanse a mí mientras pongo palabras en vuestras bocas y las pronuncio en lugar vuestro-“Señor, soy culpable, merezco tu ira. Señor, no puedo salvarme. Señor, quiero un nuevo corazón y un espíritu recto, pero ¿qué puedo hacer? Señor, no puedo hacer nada, ven y obra en mí el querer y el hacer tu buena voluntad. Sólo Tú tienes el poder, lo se, Para salvar a un este infeliz ¿A quién y donde huiré Si no voy corriendo a Ti?
Pero desde mi alma clamo a tu nombre. Temblando, pero creyendo, me echo completamente sobre ti, oh Señor. Confío en la sangre y justicia de tu amado Hijo…Señor, sálvame ahora, por amor Jesús.” (De Iain Murray, The Forgotten Spurgeon [Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1973], pp. 101f.)
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¿Cómo Elegir Una Nueva Iglesia?
¿Qué cosas debo buscar al elegir una nueva iglesia?
Escuchamos respecto al elegir la compra de una casa que es una de las decisiones mas importantes que una persona pudiera tomar. En este mundo temporal puede ser cierto. Sin embargo, elegir donde usted y sus hijos aprenderán las cosas de Dios y servir al Señor Jesucristo tiene ramificaciones eternas. Cada semana en Gracia a Vosotros recibimos cartas de personas pidiendo que les recomendemos una buena iglesia en su área. Estas peticiones indican tres tipos de persona buscando tomar una sabia decisión: Aquellos quienes se van a mudar o se están mudando, nuevos creyentes buscando elegir una buena iglesia y aquellos cuya iglesia actual se ha apartado de los principios bíblicos. Tales circunstancias nos fuerzan a considerar que es lo realmente importante en una iglesia.
¿Es Esta Iglesia Adecuada Para Mí?
¿Cual es el criterio bíblico que necesita para estar consciente de cuando considerar una nueva iglesia? Comparemos la búsqueda de una iglesia con la búsqueda de una casa nueva. Cuando buscamos una casa, las personas típicamente preguntan: ¿Cuánto cuesta? ¿Cumple las necesidades de la familia? ¿Qué tan bien esta construida? ¿Qué clase de vecinos hay? ¿Tiene una atmósfera cálida y hogareña? ¿Es propicia para la hospitalidad? Similarmente, antes de elegir una nueva iglesia usted necesita considerara su fundamento, estructura, función y entorno.
Antes de que consideremos estos componentes importantes, por favor dese cuenta que ninguna iglesia ha de ser perfecta. Algunas iglesias locales pueden parecer estar en excelentes condiciones, ¡mientras que otras pueden estar en obvio declive! Muchas caen entre los extremos. Usted debe buscar la voluntad de Dios y ser guiado por el Espíritu Santo en seleccionar una iglesia. También usted necesita evaluar que tanto usted y su familia puedan contribuir para ese ministerio, para que no sea solamente otra iglesia, sino una verdadera iglesia.
Investigando Su Fundamento
Jesús dijo que el hombre sabio edifica su casa sobre la roca y el hombre insensato edifica su casa sobre la arena (Mat 7:24-27). Cuando la tormenta viene, la estabilidad del fundamento determina tanto la dirección y la durabilidad de la estructura. Ya sea que usted esté buscando una casa donde vivir o una iglesia donde adorar, su fundamento es crucial.
Hay cuatro principales componentes que hacen el fundamento de una iglesia local fuerte:
Una Correcta Perspectiva de la Escritura. Cuando se investiga el potencial de una iglesia local, ponga una atención en particular a su perspectiva de la Biblia. ¿Sostienen la inspiración e inerrancia de las Escrituras? ¿Creen que la Biblia es la única regla de fe y práctica (2 Tim,. 3:16; 2 Ped. 1:20-21)?
Un Énfasis en la Enseñanza y la Predicación de la Biblia. Observe que clase de predicación se efectúa. ¿Es principalmente expositiva, tópica, o evangelística en naturaleza? ¿Es una dieta repetitiva de mensajes de salvación cada semana, son creyentes que están siendo alimentados por la Palabra (Hechos 20:27; 1 Tim. 4:13-16; 2 Tim. 4:1-5)? Debe haber un fuerte compromiso en una enseñanza bíblica de alta calidad.
Solidez Doctrinal. Justo como usted esperaría una solidez en el fundamento de una casa, así usted debe investigar la postura doctrinal de las iglesias que usted visite. ¿Cual es la postura que mantienen sobre temas importantes de la fe cristiana tales como el nacimiento virginal y la deidad de Jesucristo; la depravación del hombre; la obra de Cristo en la cruz, Su muerte, sepultura, y resurrección corporal; la salvación por gracia a través de la fe solamente; la segunda venida de Cristo; y las ordenanzas del bautismo y la comunión?
Práctica Doctrinal. Observe si la iglesia practica las doctrinas que afirma creer y enseñar. Como Santiago dijo a la iglesia en general: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1:22; cf. Lucas 6:46; Juan 13:17).
Examinando Su Estructura
Una vez que usted esta satisfecho con los aspectos del fundamento de la iglesia, usted necesita ver sus componentes estructurales. Recientemente caminaba frente a una casa nueva bajo construcción. Noté algunos postes que no estaban verticales, parecían no estar correctamente y las vigas estaban torcidas e irregulares. ¡Estos eran defectos estructurales notorios en una casa que se anunciaba como una casa construida por “lo último de los verdaderos artesanos!”
Los componentes estructurales de una iglesia local proporcionan no solo su fortaleza, sino también imponen el carácter y dirección de su ministerio. Estos componentes incluyen:
El Gobierno de la Iglesia. Busque que los líderes de la iglesia funcionen de acuerdo a los principios del Nuevo Testamento (1 Tim. 3:1-13; 5:17-20; Tito 1:4-9; Heb. 13:7, 17). ¿Entiende la centralidad de Cristo como la cabeza de la iglesia y Su deseo de gobernar Su iglesia a través de la pluralidad de hombres piadosos (Efes. 1:22; 4:15; 5:23; Col. 1:18; 1 Cor. 11:3)?
Evidencia de Orden. El ministerio de la iglesia, incluyendo sus servicios, enseñanza y administración, deben tener un sentido evidente de orden. Algunos servicios de la iglesia exhiben mucha falta de planeación como lo hacen las casas con planos mal estudiados. Algunas iglesias tratan con los recursos del Señor y trabajan sin planeación que traen vergüenza al nombre de Cristo. Como Pablo dijo al hablar de la iglesia: “pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Cor. 14:40).
Objetivos y Metas Funcionales. Al investigar en su nueva iglesia, encuentre si el liderazgo tiene metas. ¿Tiene la iglesia planes para futuro progreso y dirección? ¿Tiene en mente métodos en particular de alcanzar esas metas? Como iglesia, nosotros necesitamos hacer como dijo Pablo: “de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Cor. 9:26).
El Tamaño. Cuando se compra una casa, algunas personas prefieren la calidez y lo pintoresco de una casa pequeña en un lugar quieto y silencioso. Otros prefieren vivir en una estructura grande en un área urbana. Lo mismo es cierto cuando consideramos el tamaño de una iglesia. Algunos cristianos aman involucrarse en un ministerio urbano grande con cientos o aun miles de personas. Otros se sienten perdidos en la inmensidad de tal ministerio y simpatizan mejor en una congregación más pequeña. Una vez más, encontrar su huequito en el Cuerpo de Cristo requiere la dirección del Espíritu Santo en su vida.
Viendo Como Funciona
Cuando este satisfecho en como el fundamento y estructura deben ser, el comprador de casa sabio observará que tan funcional es la casa. ¿Cumpla el propósito para la cual ha sido diseñada? ¿Suple las necesidades de la familia?
Al ir observando como funciona la iglesia, busque el énfasis en la adoración vea si el liderazgo hace hincapié en la importancia de honrar y glorificar a Dios en todas las cosas (1 Cor. 10:31; Col. 3:17). También observe la participación de los miembros en lo individual. ¿Ejercitan sus dones espirituales entre el Cuerpo de Cristo (Rom. 12:3-8; Efes. 4:11-13; 1 Ped. 4:10-11), o esperan a que el pastor haga todo?
¿Enfatiza la iglesia el evangelismo como una de sus funciones principales? Son las misiones locales y foráneas una parte importante de su ministerio (Mat., 28:19-20; Marcos 16:15; Hechos 1:8)? ¿Qué hay acerca del discipulado? ¿Puede ver que los miembros y líderes de la iglesia buscan hacer discípulos y reproducirse así mismos en las vidas de los demás (2 Tim. 2:2; Tito 2:3-7; Mat. 28:19-20)?
Una iglesia local fuerte esta marcada por amor. ¿Se cuidan los miembros sinceramente los unos a los otros? ¿Ministran las necesidades de los demás? Al irse poniendo al tanto con la iglesia, ¿siente usted que los miembros se están amando los unos a los otros como Cristo lo ordenó (Juan 13:34-35)? ¿Nota que las amistades se forman fácilmente? (cf. Heb. 10:24-25; Fil. 2:1-4; Efes. 4:1-3).
El liderazgo de la iglesia que usted eligió deben comprometerse a la enseñanza y apoyar el diseño de Idos para la familia (Efes. 5:22-6:4; Col. 3:18-21; Tito 2:1-8; 1 Ped. 3:1-7). ¿Contribuye el programa de la iglesia a fortalecer la familia?
Comprobando Su Entorno
Si usted ha ido alguna vez de caza, usted sabrá como se siente andar a través de la atmósfera del lugar. Se pueden sentir frío y triste o calido y acogedor. Puede tener una sensación hogareña o puede ser impersonal casi de la misma manera que un museo.
Indudablemente usted ha tenido la misma experiencia cuando asiste a varias iglesias. Ciertos factores evidentes contribuyen a la atmósfera general de la iglesia local. Estos componentes de su entorno son normalmente manifestados en actitudes.
Una Visión Alta de Dios. Proverbios 9:10 dice: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría”. Debe ser obvio que las personas, desde el liderazgo hasta abajo, se enfoquen en la gloria y majestad de Dios. ¿Toman a Dios con seriedad y lo exaltan en todo lo que hacen? Su perspectiva de Dios afectará todo aspecto de sus vidas y ministerio. Pregúntese usted mismo si Dios es el enfoque de su adoración o si están preocupados por sí mismos o alguien más.
La Presencia de una Fe Sincera. ¿Es obvio para usted que la iglesia vive y opera por la fe? ¿Tienen las personas la voluntad de confiar en Dios (Heb. 11:1, 6; Efes. 3:20; 2 Cor. 5:7; 1 Tes. 5:24)?
Espíritu de Sacrificio. Puede usted ver que los miembros de la iglesia desean sacrificarse a sí mismos y sus posesiones para el avance del reino de Dios (Rom. 12:1; 2 Cor. 8:3; Mat. 6:33)? ¿Puede percibir que se sacrificarían el por el otro (Fil. 2:3-4; Juan 15:13; Efes. 5:1-2)?
Actitudes Correctas Hacia el Pastor y los Demás Líderes. Al hablar con las personas, sea sensible a que consideración les tienen a sus líderes. ¿Aprecian y estiman al pastor y líderes “en mucha estima y amor por causa de su obra” (1 Tes. 5:13)? Están totalmente detrás de ellos, dando su apoyo espiritual, emocional y material (1 Tim. 5:17-18; Heb. 13:7, 17)?
Espíritu de Unidad. Esto es a menudo la actitud más obvia que irradia de la congregación local. Un desconocido normalmente es rápidamente capaz de sentir si una iglesia esta unida en su ministerio. Eso tiene un gran efecto en su testimonio a la comunidad y lo refleja en el nombre de nuestro Señor (Juan 13:34-35; 1 Cor. 1:10-17; 3:1-9; Efes., 4:1-6; Fil. 2:1-5; 4:1-5).
¿Soy Adecuado Para Esta Iglesia?
Hemos visto el fundamento, la estructura, la funcionalidad y los componentes del entorno de una iglesia vital y saludable. Ahora mírese a sí mismo y pregúntese: ¿Hay oportunidades para mí de servir y ejercitar mis dones espirituales? ¿Tiene este cuerpo local una necesidad que mediante la voluntad de Dios pueda yo suplir? ¿Estoy dispuesto a tomarlo que la iglesia pueda hacer por mí, pero también a que puedo hacer por el Señor cuando sirva en esta iglesia? Estoy dispuesto a dar mi tiempo, dinero, energía y oraciones para contribuir a el éxito de esta iglesia (Marcos 12:30; Rom. 12:1)?
Una casa no es una casa has que todos los miembros de la familia contribuyen a su éxito. Lo mismo es verdad de una iglesia local. Solo cuando cada miembro en la familia de Dios ejercita su dones espirituales, los hijos de Dios se sentirán en casa en Su iglesia.
La decisión que usted tome acerca de a que iglesia asistir afectará grandemente su vida espiritual y las vidas de sus hijos. De hecho, las decisiones que usted tome ahora afectarán a sus descendientes y a las generaciones que vengan. Esa es una realidad en que pensar.
Recuerde que ninguna iglesia cumplirá perfectamente todos estos criterios. No existe una iglesia perfecta. También, recuerde que cada iglesia tendrá su propia armonía de las características que hemos examinado. La clave es encontrar una iglesia que las tenga en un balance adecuado, no poniendo demasiado énfasis en alguna o restándoles énfasis a las demás. Un ministerio equilibrado es un ministerio controlado por el Espíritu. Si usted encuentra una iglesia que posea la mayoría pero no todas las características que he mencionado, no la descarte inmediatamente. Considere si Dios quiere usarlo para ayudarle a mejorar ese cuerpo local al ejercitar usted sus propios dones espirituales.
Elegir una iglesia es una de las decisiones más significativas que usted pueda tomar –una que alcanzará hasta la eternidad. Cada uno de nosotros puede tomar tanto tiempo y esfuerzo en esa decisión así como los tomamos al decidir sobre nuestra morada terrenal.
John Macarthur
Meditando Sobre Dios
MEDITANDO SOBRE DIOS
“¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás? Su dimensión es más larga que la tierra, y más ancha que la mar” (Job 11:7-9)
En los estudios anteriores, hemos observado algunas de las admirables y preciosas perfecciones del carácter Divino. Después de esta meditación sencilla y deficiente de sus atributos, ha de ser evidente para todos nosotros que Dios es, en primer lugar, un ser incomprensible, y, maravillados ante su infinita grandeza, nos vemos obligados a usar las palabras de Sofar:
“¿Alcanzarás tú el rastro de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás? Su dimensión es más larga que la tierra, y más ancha que la mar” Cuando dirigimos nuestro pensamiento a la eternidad de Dios, a su ser inmaterial, su omnipresencia y su omnipotencia, nos sentimos anonadados.
Pero la imposibilidad de comprender la naturaleza Divina no es razón para desistir en nuestros esfuerzos reverentes y devotos para entender lo que tan benignamente ha revelado Dios de sí mismo en su Palabra. Sería locura el decir que, porque no podemos adquirir un conocimiento perfecto es mejor no esforzarnos en alcanzar parte. ‘Nada aumenta tanto la capacidad del intelecto y del alma humana como la investigación devota, sincera y constante del gran tema de la Divinidad.
El más excelente estudio para desarrollar el alma es la ciencia de Cristo crucificado y el conocimiento de la divinidad en la gloriosa Trinidad”. Citando a C. H. Spurgeon, este gran predicador bautista del siglo pasado, diremos que:
“El estudio propio para el cristiano es el de la Divinidad: La ciencia más elevada, la especulación más sublime y la filosofía más importante en la que el hijo de Dios puede ocupar su atención es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra y la existencia del gran Dios al que llama Padre.”
En la meditación de la Divinidad hay algo extremadamente beneficioso para la mente. Es un tema tan vasto, que hace que nuestros pensamientos se pierdan en la inmensidad; tan profundo, que nuestro orgullo queda ahogado. Podemos comprender y dominar otros temas; al hacerlo, nos sentimos satisfechos, decimos: He aquí soy sabio, y seguimos nuestro propio camino. Sin embargo, nos acercamos a nuestra ciencia magistral y nos damos cuenta que nuestra plomada no alcanza su profundidad, y que nuestros ojos de lince no pueden llegar a su altura, nos alejamos pensando: Nosotros somos de ayer, y no sabemos, (Mal. 3:6).
Sí, nuestra incapacidad para comprender la naturaleza divina debería enseñarnos a ser humildes, precavidos y reverentes. Después de toda nuestra búsqueda y meditación, hemos de decir como Job: “He aquí, éstas son partes de sus caminos; ¡mas cuán poco hemos oído de él!” (Job 26:14).
Cuando Moisés imploró que le mostrara su gloria, él le respondió: “Yo proclamaré el nombre de Jehová delante de ti” (Exo. 33:19), y, como alguien ha dicho, “el nombre es el conjunto de sus atributos”. Podemos dedicarnos por completo al estudio de las diversas perfecciones por las cuales el Dios nos descubre su propio ser, atribuírselas todas, aunque tengamos todavía concepciones pobres y defectuosas de cada una de ellas. Sin embargo, en tanto que nuestra comprensión corresponde a la revelación que él nos proporciona de sus varias excelencias, tenemos una visión presente de su gloria.
En verdad, la diferencia entre el conocimiento que de Dios tienen los santos en esta vida y el que tendrán en el cielo es grande; con todo, ni el primero ha de ser desestimado, ni el segundo exagerado. Es cierto que la Escritura declara que le “veremos cara a cara” y que “conoceremos como somos conocidos” (1Cor. 13:12).
Pero deducir de esto que entonces conoceremos a Dios como él nos conoce a nosotros es dejarnos seducir por la mera apariencia de las palabras, y prescindir de la limitación que ellas mismas imponen necesariamente en tema como éste. Hay una gran diferencia entre decir que los santos serán glorificados, y que serán hechos divinos. Los cristianos, aún en su estado de gloria, serán criaturas finitas, y, por lo tanto, incapaces de comprender completamente al Dios infinito.
“En el cielo, los santos verán a Dios con ojos espirituales, por cuanto El será siempre invisible al ojo físico; le verán más claramente de como le veían por la razón y la fe, y más extensamente de lo que han revelado hasta ahora sus obras y dispensaciones; pero la capacidad de sus mentes no serán aumentadas hasta el punto de poder contemplar a la vez y en detalle toda la excelencia de su naturaleza. Para comprender la perfección infinita sería necesario que fuesen infinitos.
Aún en el cielo su conocimiento será parcial; sin embargo, su felicidad será completa porque su conocimiento será perfecto, en el sentido de que será el adecuado a la capacidad del ser, aunque no agote la plenitud del fin, creemos que será progresivo, y que, a medida que su visión se desarrolle, su bienaventuranza aumentará también; pero nunca alcanzará un límite más allá del cual no hay nada más por descubrir; y, cuando los siglos hayan transcurrido, él será todavía el Dios incomprensible.
En segundo lugar, en el estudio de las perfecciones de Dios se pone de manifiesto que es todo suficiente. Lo es en sí y para sí mismo. El primero de todos los seres no podía recibir cosa alguna de otro. Siendo infinito, está en posesión de toda perfección posible.
Cuando el Dios trino estaba sólo, él era el todo para sí. Su entendimiento, amor y energía estaban dirigidos a sí mismo. Si hubiese necesitado algo externo, no hubiese sido independiente, y, por tanto, no hubiese sido Dios. Creó todas las cosas “para él” mismo (Col. 1:16). Con todo, no lo hizo para suplir alguna necesidad que pudiera tener, sino para transmitir la vida y la felicidad a los ángeles y a los hombres, y para admitirles a la visión de Su propia gloria.
Verdad es que exige la lealtad y la devoción de sus criaturas inteligentes; sin embargo, no se beneficia de su servicio, antes al contrario, son ellas las beneficiadas (Job 22:2,3). Dios usa medios e instrumentos para cumplir sus propósitos, no porque su poder sea insuficiente, sino, a menudo, para demostrarlo de modo más sorprendente a pesar de la debilidad de los instrumentos. La absoluta suficiencia de Dios hace de El objeto supremo de nuestras aspiraciones. La verdadera felicidad consiste solamente en el disfrute de Dios. Su favor es vida, y su cuidado es mejor que la vida misma. “Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré” (Lam. 3:24); la percepción de su amor, su gracia y su gloria es el objeto principal de los deseos de los santos, y el manantial de sus más nobles satisfacciones.
Muchos dicen: “¿Quién nos mostrará el bien?” Haz brillar sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú has dado tal alegría a mi corazón que sobrepasa a la alegría que ellos tienen con motivo de su siega y de su vendimia.” (Sal. 4:6-7).
Sí cuando el cristiano está en su cabal juicio, puede decir: “Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos; con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Hab. 3:17-18).
En tercer lugar, en el estudio de las perfecciones de Dios resalta el hecho de que El es Soberano Supremo del universo. Alguien ha dicho, con razón, que, “ningún dominio es tan absoluto como el de la creación. Aquél que podía no haber hacho nada, tenía el derecho de hacerlo todo según su voluntad.
En el ejercicio de su poder soberano hizo que algunas partes de la creación fueran simple materia inanimada, de textura más o menos refinada, de muy diversas cualidades, pero inerte e inconsciente. El dio a otras organismo, y las hizo susceptibles de crecimiento y expansión, pero, aún así, sin vida en el sentido propio de la palabra. A otras les dio, no sólo organismo, sino también existencia consciente, órganos del sentido y movimiento propio. A éstos añadió en el hombre el don de la razón y un espíritu inmortal por el cual está unido a un orden de seres elevados que habitan en las regiones superiores. El agita el cetro de la omnipotencia sobre el mundo que creó.
Alabe y glorifique al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. Y todos los moradores de la tierra por nada son contados; y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano y le diga: ¿qué haces? (Dan. 4:3435).
La criatura, considerada como tal, no tiene derecho alguno. No puede exigir nada a su Creador, y como quiera que sea tratado, no tiene razón en quejarse. No obstante, al pensar en el señorío absoluto de Dios sobre todas las cosas, no deberíamos de olvidar nunca sus perfecciones morales. Dios es justo y bueno, y siempre hace lo que es recto. Sin embargo, ejerce su soberanía según su voluntad imperial y equitativa. Asigna a cada criatura su lugar según parece bien a sus ojos. Ordena las diversas circunstancias de cada una según sus propios consejos. Moldea cada vaso según su determinación inmutable. Tiene misericordia del que quiere, y al que quiere endurece.
Dondequiera que estemos, su ojo está sobre nosotros. Quienquiera que seamos, nuestra vida y posesiones están a su disposición. Para el cristiano es un Padre tierno; para el rebelde pecador será fuego que consume. “Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amen” (1Tim. 1:17)
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