La Simpatía De Cristo Por Su Pueblo

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La Simpatía De Cristo Por Su Pueblo

POR JOHN F. MACARTHUR

Hebreos 5:2

Jesús conoce, comprende y se compadece de nuestras debilidades humanas. Al igual que todos los sacerdotes humanos que le precedieron “para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad” (Hebreos 5:2), el Señor también es capaz de identificarse con nosotros como su frágil pueblo.

De niño, Cristo aprendió y creció como cualquiera (Lucas 2:52). Está claro que ocultó voluntariamente su conocimiento omnisciente a su conciencia humana (Mateo 24:36). Su simpatía hacia nosotros surge de su experiencia -como hombre- de todas nuestras debilidades no pecaminosas. Un verdadero sumo sacerdote tenía que simpatizar con aquellos a quienes ministraba. Un verdadero sumo sacerdote estaría completamente involucrado en la situación humana, inmerso en las realidades de la vida. Por eso Jesús necesitaba vivir entre los hombres como un hombre, para sentir con ellos en sus altibajos y tratarlos con delicadeza.

Metriopatheō, además de significar “tratar gentilmente,” también significa tratar con suavidad o moderación. En el contexto de Hebreos 5:2, puede conllevar la idea de estar en medio de las cosas, en dos sentidos. La primera es el significado de estar en medio de algo y totalmente involucrado. El otro es el de adoptar un punto medio, de saber y entender, pero evitando los extremos. Una persona con esta característica mostraría, por ejemplo, un cierto equilibrio entre la irritación y la apatía frente a las malas acciones. Tendría paciencia con el malhechor, pero no lo perdonaría; comprendería, pero no sería indulgente.

Un ejemplo mejor sería en relación con la pena o el peligro. Una persona demasiado comprensiva o demasiado apática no puede ayudar a alguien en apuros. El que es demasiado comprensivo se verá envuelto en el problema, quedando demasiado apesadumbrado o asustado para poder ayudar. Por otro lado, el que es apático posiblemente ni siquiera reconocerá el problema que tiene otra persona y, en cualquier caso, no se preocupará por ayudar. En el medio está la persona que describe metriopatheō. Puede identificarse plenamente con la persona que tiene un problema sin perder su perspectiva y juicio. Un verdadero sumo sacerdote necesitaba esta característica. El tenia que experimentar los extremos de las emociones y tentaciones humanas mientras era mas fuerte que ellas. De este modo, sería capaz de tratar con delicadeza a aquellos a los que ministraba, sin ser víctima de su miseria.

Aquellos con los que el sacerdote debe "tratar con suavidad" son los que son "ignorantes y descarriados", es decir, los que pecan por ignorancia. La disposición del Antiguo Pacto era: “Y el sacerdote hará expiación por la persona que haya pecado por yerro; cuando pecare por yerro delante de Jehová, la reconciliará, y le será perdonado." (Números 15:28). El sacerdote ministraba sólo en favor de los que pecaban por ignorancia y, por tanto, se extraviaban. En toda la economía del Antiguo Testamento, no hay absolutamente ninguna provisión hecha para el infractor de la ley no arrepentido, deliberado y desafiante. No hay ninguna. “Mas la persona que hiciere algo con soberbia, así el natural como el extranjero, ultraja a Jehová; esa persona será cortada de en medio de su pueblo” (Números 15:30).

Así que el énfasis aquí está en la simpatía. El sumo sacerdote debía tener simpatía hacia los que ignorantemente se extraviaban. Puesto que el propio sacerdote judío era un pecador, tenía la capacidad natural, y debería haber tenido la sensibilidad, para sentir un poco de lo que otros estaban sintiendo. Jesucristo simpatizaba con los hombres; se identificaba con ellos, los comprendía y sentía con ellos. Sin embargo, hizo todo esto sin pecar nunca.

El Señor fue Él mismo un hombre, tan seguramente como cualquier sumo sacerdote que sirvió en el Tabernáculo o Templo antes de Él. "Los días de su carne" (Hebreos 5:7) fueron un interludio en la vida de Jesucristo, que existió antes y después de su vida terrenal. Pero fueron un interludio extremadamente importante y necesario. Entre otras cosas, "ofreció oraciones y súplicas" debido a la angustia que enfrentó al convertirse en el sustituto que carga con el pecado para los que creen en Él. En el huerto de Getsemaní, la noche antes de ir a la cruz, Jesús oró y agonizó tan intensamente que sudó grandes gotas de sangre. Su corazón estaba destrozado ante la perspectiva de cargar con el pecado. Soportó la ira de Dios contra su pueblo. Sintió la tentación. Derramó lágrimas. Le dolió. Se afligió. Lo que siempre conoció en su omnisciencia, lo sintió tangiblemente como hombre. Es un sumo sacerdote plenamente comprensivo porque experimentó lo que nosotros experimentamos y sintió lo que nosotros sentimos.

A menudo, la mejor, y a veces la única, manera de aprender la simpatía es sufriendo nosotros mismos lo que otro está sufriendo. El sufrimiento es un maestro muy hábil. Podemos leer y escuchar sobre el dolor de ser quemado. Incluso podemos ver cómo se quema la gente. Pero hasta que no nos quemamos nosotros mismos, no podemos simpatizar completamente con una víctima de las quemaduras. Yo había leído, e incluso visto, muchos accidentes de tráfico; pero sólo después de estar involucrado en uno que casi me cuesta la vida, me di cuenta de lo horribles que pueden ser.

Jesús tuvo que aprender ciertas cosas mediante el sufrimiento (Hebreos 5:8). No se le eximió de las dificultades y el dolor. Aunque era el Hijo de Dios, Dios en carne humana, fue llamado a sufrir. Y fue obediente en su sufrimiento hasta la muerte, y por eso Dios lo afirmó como un sumo sacerdote perfecto.

Ese es el tipo de sumo sacerdote que necesitamos: uno que conozca y comprenda lo que estamos pasando. Cuando acudimos al Señor en oración y caemos de rodillas ante Él diciendo: "Dios, este problema, esta pérdida, este dolor me está rompiendo el corazón", qué maravilloso es ser consolado por nuestro comprensivo Salvador, que entiende íntimamente y se preocupa por nuestro dolor: nuestro compasivo Sumo Sacerdote "que fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado" (Hebreos 4:15).

(Adaptado de The MacArthur New Testament Commentary: Hebrews)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B210326

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