El Precio de un Pueblo

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Por Tom Wells

¿Qué Clase de Acto fue la Muerte de Cristo?

Si preguntáramos, “¿Qué clase de acto fue la muerte de Cristo?” no sería difícil encontrar una respuesta. Es un acto que aspira traer hombres a Dios. Todo cristiano, pienso, estaría de acuerdo con esta respuesta. Usted y yo bien no podemos comprender la muerte de Cristo en la misma manera, pero una cosa esta clara para nosotros: Cristo murió para que hombres, mujeres y niños vinieran a Dios.

Esto hace surgir otra pregunta, sin embargo. ¿Qué cosas hacen retener a una persona que venga a Dios? Si no existe nada que me impida venir a Dios, Jesús no tendría porque morir por mí. Eso esta claro también ¿no? Hay barreras entre Dios y yo. En alguna manera la muerte del Señor Jesús fue con el fin de tratar con estas barreras.

Claro que una barrera fue mi falta de disposición de venir a Dios. Pero no pienso solo en ese problema. Si esa fuera la única barrera que existiera entre Dios y yo, la muerte de Cristo no sería necesaria. Todo lo que tendría que hacer es cambiar de manera de pensar y volverme a Dios. El problema estaría resuelto y ¡solo sería eso!

Puedo ver en mi Biblia que el problema entre Dios y yo era mas grande que un mero cambio de mentalidad de mi parte. Es verdad de que no podría ser cristiano si mi mente no fuera cambiada en muchas cosas. Pero la muerte de Cristo tiene que ver con algo más que una obra que cambiara mi mente. Muchos cristianos están de acuerdo que la muerte de Cristo trata con algo más que mi sola actitud hacia Dios.

Pero, ¿Qué son estas barreras que mantienen separado al hombre de Dios?

Comencemos con algunas fuerzas que mantienen el hombre en esclavitud. Las Escrituras nos dicen que todos los hombres están sujetos por poderes que ellos no pueden romper. ¿Qué son estos poderes? Permítame enlistarlos:

1. El hombre es esclavo del pecado.

2. El hombre es esclavo de Satanás.

3. El hombre esta sujeto al castigo del sistema judicial de Dios.

Estas cosas no son lo mismo. Dios puede bordarlas en diferentes maneras. Si la muerte de Cristo tiene el objetivo de traer al pecador a Dios, no debemos sorprendernos si Su muerte toca en estas fuerzas que sujetan al hombre en su esclavitud.

Hay oras maneras en que podemos describir los problemas entre nosotros y Dios. La Biblia nos llama enemigos de Dios. Si tenemos que ser amigos de Dios, la muerte de Cristo tiene que obrar en eso también.

Finalmente existe una barrera dentro de Dios mismo. Existe Su ira que debe ser alejada del camino del hombre para venir a Dios. El esta airado con los pecadores por su pecado. La Ira de Dios es real. Si el no tuviera que tratar con ella (si El mismo no trata con nosotros de alguna manera) ningún hombre, mujer o niño pudiera venir a El. Pero ¿cómo pudo Dios remover Su ira? La respuesta recae en la cruz, la muerte de Jesucristo.

Podemos responder a esta pregunta, “¿Qué clase de acto fue la muerte de Cristo?” en alguna otra forma. Fue el acto que le dio significado a Sus otros actos. Siendo que la muerte de Cristo es la solución a tantos problemas, es sencillamente que Su muerte es el punto clave en su vida terrenal. ¿Vino El para buscar y salvar al perdido? Sí, el lo hizo. Ese era Su propósito principal al venir a nosotros. Pero su muerte es el significado principal que El usó. Podemos decir, entonces, que el vino a morir.

Muchos se han perdido en este punto. Algunos han visto a Cristo como un mártir de una buena causa, una victima de una serie de acontecimientos que estaban en su contra. No existe una base en las Escrituras sobre este punto de vista. Podemos llamar a esto un punto de vista ateo; deja a Dios totalmente fuera de la historia.

Otros buenos hombres se han fijado en la muerte de Cristo como un clímax de prueba de Su vida única en la tierra, pero ellos no lo han visto como la clave de todo. Para ellos la encarnación es lo que nos salva. Lo más importante es que Dios y el hombre han sido unidos para siempre en la persona de Cristo, quien era Dios y hombre a la vez. Ilustran a Dios y al hombre juntos en Sí mismo de tal manera, que nos llevan a Dios. Esto esta lejos del ateísmo; es una postura cristiana distintiva. Pero se queda muy corta.

¿Dónde pone la Biblia el énfasis? Es verdad que Jesucristo es Dios y hombre. Es también verdad que no podemos ser salvos si eso no fuera cierto. Pero el punto clave es este: Jesucristo murió y resucitó por los pecadores. Sin eso, nada de lo demás importa. Allí es donde el Nuevo Testamento pone énfasis.

¿Qué clase de acto fue la muerte de Cristo? Fue el acto clave de Su vida. Fue el acto en el que debemos observar también, que las barreras entre nosotros y Dios han sido quitadas. Y es el acto revelado a nosotros en aquéllas palabras difíciles que he hablado al principio de este libro.

Es tiempo ahora de volvernos a esas palabras.

Redención, Su Historia en el Antiguo Testamento,

La idea de la palabra “redención” no es difícil de sostener. ¿Qué queremos decir con ella? Algo como “rescate”. Estamos diciendo que redimir algo es cuando lo dejamos libre. Podemos usar la palabra “lanzar”. O “rescate” puede quedar bien.

Quiero comenzar con la palabra “redención”. En la Biblia, las naciones e individuos incluso las cosas se decían redimidas. No puede usted alejarse de esta idea, dondequiera que vea en la Palabra de Dios.

La redención en la Biblia a menudo –algunos dirán “siempre”- involucra el pago de un precio[1]. Si un hombre tiene un esclavo, él no lo dejará ir sin antes haber recibido un pago por él de alguna manera. El quiere dinero para liberarlo. Un hombre que tiene un pedazo de tierra que quiere comprar de su vecino no la querrá dar sin antes obtener algo de valor a cambio. Casos como este giraban en las sociedades antiguas cada día. Y eran comunes en Israel.

Comenzamos como esclavos.

Un israelita podría venderse a sí mismo a un extranjero que viviera en Israel. ¿Por qué haría algo así? Quizás para pagar sus deudas. ¿Sería ese el final de él? No. La ley de Dios decía que el no sería dejado en esclavitud y en el olvido. En cualquier momento un pariente de sangre podía redimirlo. Su amo extranjero tendría que entregarlo.

El precio de su libertad sería basado en número de años hasta el año del Jubileo[2]. Usemos los dólares y digamos que el trabajo de un esclavo era de $300 al año. Si quedaran 5 años para el Año de Jubileo, costaría 5 veces $300 para redimirlo. Eso significaría que su pariente tendría que gastar $1,500 para liberarlo.

Podemos ver aquí lo que significa redención. El pariente del esclavo paga un precio para obtener su libertad. Cuando un precio era pagado, el esclavo era liberado o se había pagado un rescate por él. El había sido redimido. A menudo, entonces, la redención significa “liberación por el pago de un precio”. Veremos el significado más amplio cuando lleguemos al Nuevo Testamento.

Un “precio” también es parte de otras redenciones en el Antiguo Testamento. Puede recordar que solo antes de que Dios sacara a Israel de Egipto El destruyó todo primogénito de los hijos de Egipto. Al mismo tiempo El reclamó todo primogénito de los hijos de Israel para Sí mismo. Cuando el Señor toma algo para Sí mismo, estaba vivo y era generalmente para sacrificarlo a El y llevarlo a la muerte. Pero El no quería matar a esos hijos de Israel. En vez de esto, El los redimió. Y lo hizo de esta manera:

Habló además Jehová a Moisés, diciendo:

He aquí, yo he tomado a los levitas de entre los hijos de Israel en lugar de todos los primogénitos, los primeros nacidos entre los hijos de Israel; serán, pues, míos los levitas. Porque mío es todo primogénito; desde el día en que yo hice morir a todos los primogénitos en la tierra de Egipto, santifiqué para mí a todos los primogénitos en Israel, así de hombres como de animales; míos serán. Yo Jehová. (Números 3:11-13).

Aquí vemos un simple intercambio: Un levita por un hijo primogénito. El Levita, era un miembro de la tribu de Leví, vendría ser ayudante de los sacerdotes. De esta manera, era un servidor especial de Dios, una posesión propia de Dios (Cf. Tito 2:14).

Usted podría decir que un Levita era el “dinero” por el que un hijo de Israel era redimido. Puesto que el Levita pasaba el tiempo sirviendo al Señor en el tabernáculo, el hijo primogénito era liberado para hacer su propio trabajo y vivir su vida propia.

¿Puede usted ver que el Levita era como un dinero? Un texto más adelante lo hace más simple. Dios hablando:

Y para el rescate de los doscientos setenta y tres de los primogénitos de los hijos de Israel, que exceden a los levitas, tomarás cinco siclos por cabeza; conforme al siclo del santuario los tomarás. El siclo tiene veinte geras. Y darás a Aarón y a sus hijos el dinero del rescate de los que exceden. (Números 3:46-48)

Existe un problema: había mas hijos primogénitos que Levitas. ¿Cómo podían ser todos redimidos? La respuesta es: con dinero. Un precio debía ser pagado. Si podía ser pagado con un Levita tendría que pagarse con plata. Aquí vemos nuevamente un intercambio, pero no es un hombre por otro. En este caso el dinero reemplazó al Levita.

Antes vimos que la redención puede significar “libertad por el pago de un precio”. Podemos ver aquí igualmente, pero mas aun. El precio puedes ser otra persona, un substituto. Eso será igual de importante cuando vayamos a la redención en el Nuevo Testamento.

Miremos una ley más acerca de la redención:

Si un buey acorneare a hombre o a mujer, y a causa de ello muriere, el buey será apedreado, y no será comida su carne; mas el dueño del buey será absuelto. Pero si el buey fuere acorneador desde tiempo atrás, y a su dueño se le hubiere notificado, y no lo hubiere guardado, y matare a hombre o mujer, el buey será apedreado, y también morirá su dueño. Si le fuere impuesto precio de rescate, entonces dará por el rescate de su persona cuanto le fuere impuesto. (Éxodo 21:28-30)

Este caso raya en el homicidio, así que quiero agregar lo que la ley que Dios colocó para redención de aquellos que matan a otros a sangre fría:

Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá. (Números 35:31)

¿Qué podemos aprender acera de la redención en estos dos pasajes?

Está claro, que no debía existir ningún pago de rescate para liberar a un asesino, cierto? Esa seria el primer punto.

Pero hay algo más aquí. El hombre que dejara suelto a su buey, después de habérsele advertido, era una clase de asesino. Por esto el debía sufrir la pena de muerte. El era responsable por la muerte de otro; era su culpa. Pero el podía ser libre de la penalidad al pagar un rescate o una multa a los parientes del hombre o de la mujer que murieron. Así que, después de todo, un asesino podía ser redimido.

No hay contradicción aquí porque podemos ver que los dos casos no son lo mismo. Un hombre –el hombre en Números 35- asesinado a sangre fría, era lo que llamamos “asesinato premeditado”. El otro caso era diferente. No existía ningún plan de realizarlo. Pero aun así era culpable de muerte. El dueño del buey no podía alegar inocencia. El había sido advertido y el había rechazado la advertencia.

Lo que podemos ver aquí es que: la redención puede funcionar donde se ha cometido pecado. En el caso del asesino total, usted pudiera pensar acerca de la redención; era concebible, pero ilegal. Dios no permitiría que lo hiciera.

Pero en el otro caso del dueño del buey sería liberado de una de las consecuencias de su pecado. El pecado y la redención se juntan en esta parte de la ley de Dios. Tenemos aquí una pista que podemos ver en el Nuevo Testamento. La respuesta al pecado puede ser “libertad por el pago de un precio”.

La redención en el Antiguo Testamento, como hemos ya visto, es rescate. Trae consigo a menudo el pago de un precio. Los esclavos eran redimidos, cuando los primogénitos eran varones. Aun el asesino era libre cuando el pagaba un rescate. Podemos ver que la redención jugó un papel importante en la vida de Israel.

Aquí hay algo más: la redención era a menudo un asunto de familia. La mayoría de las veces el “redentor” era un pariente cercano del hombre que debía ser redimido. Eso no era ningún accidente. Un hombre en necesidad de ser redimido no miraba alrededor a ver si alguien pudiera ayudarle. ¡No en absoluto! Su familia era responsable de ayudarlo en maneras que pueden sernos extrañas a nosotros.

Allí, como dice el dicho, yace una historia, una de las más grandes historias de la Palabra de Dios. Es la historia del libro de Ruth.

Un hombre de Israel, junto con su esposa y dos hijos, durante una hambruna se trasladaron a un pueblo cercano de Moab. No fue un traslado feliz –antes de que muriera-. Su esposa, Noemí, se mantuvo con los hijos y tomaron esposas Moabitas para ellos, pero los hijos no vivieron mucho y eventualmente Noemí fue la única que quedó de la familia que fue a Moab diez años antes.

Cuando ella escuchó que la hambruna en Israel había terminado ella decidió regresar a casa. Una nuera, Ruth, vino a ella. La devoción de Ruth a Noemí nos dice mucho en las palabras que ella usa para decirle a su suegra que ella no la abandonará:

No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos. (Ruth 1:16-17)

Las palabras de Ruth, hoy tres mil años después, no pueden desparecer como testigos del carácter de un amor desinteresado. Aun sentimos su poder, como Noemí debemos sentirlas también.

Las dos mujeres regresaron al pueblo de Belén a vivir. En aquella cultura era algo amargo para Noemí regresar como una mujer grande despojada de todos sus varones miembros de su familia. Ella no tenía a nadie más que a Ruth que la apoyara y era poco lo que Rut podía hacer para ganarse la vida por ambas. Desde que había la cosecha de cebada, Rut acudía a los campos para recoger el grano que se había dejado o caído por las cosechadoras. El trabajo era duro y normalmente se producía poco. Si Rut no hubiera sido una mujer devota como lo era –amaba a Dios y a Noemí- ella podría haber se reuntado que le había hecho regresar a Israel.

Aquí la historia toma un rumbo que es importante para el tema de la redención. En la bondad de Dios, Rut pronto se encontró espigando en los campos de un hombre llamado Booz. Ella no lo había planeado así; ella no tenía idea de quien era Booz. Sin embargo, Booz eran un pariente del esposo de Noemí y él era adinerado, justo lo opuesto a Noemí y Rut.

En Booz encontramos a un pariente redentor. Se que el nombre suena inoportuno pero tengo buena razones para usarlo. Sus dos partes encajan bien por el significado de la palabra hebrea que nos muestra en su historia varias veces. Permítame explicar.

La ley de Dios proveía para el pobre para que pudiera regresar a su tierra de la cual había sido forzado a venderla por causa de su pobreza. El único que compraba la tierra para ellos (el redentor) sería un hermano u algún otro pariente. Por lo tanto, el nombre es: “pariente-redentor”.

Después de la cosecha, Noemí y Rut no tenían ningún otro medio para alimentarse. Pero ellas poseían un campo[i]. Ellas podían venderla para obtener un dinero y vivir y eso es lo que decidieron hacer. Eran libres de venderlas a cualquier hambre de Israel, pero tuvo sentido de ofrecérsela a un redentor-pariente. ¿Por qué? Porque era una buena oportunidad de que el fuera llamado a devolver la compra después de todos modos. Al vendérsela a él directamente, ellas mantendrían la tierra en su familia y darían un mejor precio más a un extraño.

En la historia de Rut, a la venta de una tierra le estaba atada a algo más: casarse con Rut. Podemos entender del porqué una viuda quisiera casarse, pero en esta condiciones aquí había algo mas que esto. El primer marido de Rut, Malón, podría haber visto al heredero del campo que Noemí y Rut estaban vendiendo. En Su ley, Dios deja claro que El quiere que la tierra pase de padre a hijo. Peor eso planeta un problema. ¿Qué si un hombre no dejaba hijos? Después de todo, Malón murió sin hijos. En ese caso el Señor ordenó que el hermano interviniera. El debía toma la mujer de su hermano para producir un heredero que sería considerado hijo del hombre muerto.

Pero, ¿qué si el hombre muerto no tenía hermanos? En ese caso la ley quedaba en silencio. No había ningún mandato adicional.

En Booz conocemos a un hombre quien se preocupaba en guardar el espíritu de la ley de Dios. El estaba listo para casarse con Rut y alzar un heredero para Malón. Solo había una cosa que lo detenía. Algún otro pariente cercano. Booz tendría que ver al hombre que lo podía hacer. Cuando el pariente cercano rechazara tomar a Rut por esposa, Booz redimiría la tierra y se casaría con Rut. La historia termina con Noemí recibiendo las felicitaciones de una mujer de Belén por el nacimiento de su nieto: Obed. “Load sea Jehová” luego lloró, “que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel” Y Obed se hizo famoso por se el abuelo del Rey David.

El casamiento de Rut y el nacimiento de su heredero nos interesan, pero nuestra principal consideración es con a redención de la tierra y con el rescate de Rut y Noemí de la pobreza. Eso requería un redentor-pariente, y Booz jugó esa parte.

Aquí podemos ver tres cosas que son verdad en cualquier verdadero pariente-redentor:

1. Tendría que ser un miembro de la familia.

2. tendría que tener la capacidad de redimir. Siendo que la redención era de deuda, esclavitud o muerte, eso significaba que él no debía estar en pobreza o en esclavitud ( ¡o estar muerto!), y el tendría que tener un excedente del cual podría ayudar a otro.

3. El debía tener un corazón voluntario.

Booz queda bien en esta ilustración. El era un pariente cercano. El era adinerado. Y el deseaba usar sus bienes para usarlos con Rut y Noemí en su angustia.

Cuando nos vamos al Nuevo Testamento y la historia del Señor Jesús podemos ver a Dios formando una nueva familia. Siendo que esa familia es formada de personas en necesidad, incapaces de ayudarse a sí mismas, requeriría de llamar a un pariente-redentor. Y cuando el venga El hará lo que un pariente-redentor haría. El tomaría a Su pueblo mediante el pago de un precio, el precio de Su propia muerte. Como Dios es el padre-redentor (Isaías 63:16) del Antiguo Testamento, así el Señor Jesús sería nuestro hermano-redentor (Hebreos 2:14-17) del Nuevo Testamento.

¡La redención es un asunto de familia!


[1] No es mencionado un precio generalmente en el Antiguo Testamento cuando Dios es el redentor (pero vea Isaías 43:1-4). ¿Le costó a Dios redimir a Israel de Egipto y después de Babilonia? La respuesta no es clara, pero compare con el idioma inglés, “¡hay un precio que pagar!” con un verso como Éxodo 6:6 donde Dios dice: “y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes”. En ese sentido fue costoso a Dios.

En adición, cuando Dios habla de hacer lo opuesto a “redención”, cuando el amenaza a su pueblo de entregarlos a sus enemigos, el a menudo lo describe como “vendiendo”, una idea que sugiere la recepción de un precio. (Por ejemplo, lea Deuteronomio 32:30; Jueces 2:14, 3:8; Isaías 52:3) Un precio, entonces, siempre esta conectado mas o menos conscientemente, con la idea de redención.

[2] El Año del Jubileo era un provisión de misericordia del Señor para liberara los Israelitas que fueran forzados ala esclavitud. Cada 50 años todo varón hebreo esclavo seria liberado de cualquiera de los amos extranjeros de la tierra. Puede leer acerca del Año del Jubileo en Levítico 25:8-55.


[i] Estrictamente hablando nadie poseía un campo en Israel. La tierra pertenecía al Señor quien la había dado para el uso de las tribus de Israel. No lo hizo, sin embargo, les permitió disponer de ella permanentemente. En el Año del Jubileo regresaron a la tribu y al clan que tenían al principio. Noemí y Rut, como viudas, tenían el uso de la tierra (por costumbre aparentemente) hasta que murieran. Siendo que el “uso” era todo lo que cualquiera realmente tenía en Israel, la disposición de ella habría sido tratada como una oferta hecha por un propietario varón.

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