Una Historia De Preparación Escatológica

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ESJ-2020 0122-001

Una Historia De Preparación Escatológica

Por Eric Davis

Los cristianos esperan el regreso de Jesucristo y su restauración de todas las cosas. La consumación de la historia es la razón de la gran esperanza que tenemos los que confiamos en la Persona y la obra de Cristo. Escribiendo cerca de su muerte, el apóstol Pablo dijo: “En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Tim. 4:8 ). Los cristianos aman la futura aparición de su Señor. El Jesús de la Biblia traerá un día el fin del pecado, el sufrimiento, la muerte y la decepción. Esta es la realidad para todos los que se han rendido en fe a Cristo.

Siempre me animan las personas cuyas vidas reflejan tangiblemente el futuro que tenemos en Cristo. Me empuja a levantar la barbilla y a mantener los problemas actuales en perspectiva. Quiero contarles la historia de un conocido que mantuvo esa esperanza futura de Cristo en una realidad, tal vez, cómica y convincente. La siguiente historia es real.

Mientras estaba en el seminario, conocí a un tipo al que llamaremos Ken. Ken era un estudiante de último año en la Master’s University que vivía en un dormitorio fuera del campus. Era un tipo alegre, a menudo sonriendo y riendo.

Una noche, estaba charlando con Ken sobre escatología. Estábamos discutiendo varios eventos próximos en el calendario divino. Y Ken procedió a contarme sobre la vez que pensó que se había perdido el Rapto. “¡¿Qué pasó?!”, pregunté.

“Bueno,” Ken procedió, “fue una mañana en la que tuvimos la capilla del campus. Me desperté tarde, pero no sabía qué hora era”.

Continuó: “Esa mañana estaba peculiarmente tranquilo. Realmente tranquilo. Entonces, me levanté y noté que todos mis compañeros de cuarto se habían ido. Miré alrededor del dormitorio y todos los demás se habían ido. Fue un poco extraño”.

El dormitorio de Ken estaba en una calle bastante transitada. “Estaba tranquilo en todas partes. No había coches en la calle. No había gente. Era extrañamente tranquilo. Además de eso, creo que el teléfono e Internet estaban caídos.”

“No estaba seguro de lo que estaba pasando. Todos los estudiantes se han ido. Internet y teléfono caídos. Calles muy tranquilas. Entonces me di cuenta: ‘El Rapto debe haber ocurrido. Me lo debo haber perdido!’”, dijo Ken.

“Hice una pausa y pensé por un momento. Bien,” dijo, “el Rapto ocurrió. Todavía estoy aquí. Creo en Cristo.” Hizo una pausa. “¡Eso sólo puede significar una cosa!”

¿Qué “una cosa” significaría si tú fueras Ken? ¿Cuál sería tu primer pensamiento?

Ken razonó: “¡Debo ser uno de los dos testigos que respiran fuego de Apocalipsis 11 y que profetizan durante 1260 días en Jerusalén! ¡Debe ser por eso que me perdí el Rapto!”

Cuando Ken se convenció de que se perdió el Rapto, su único pensamiento fue, “Soy uno de esos tipos que predican durante la Tribulación”:

“3Y otorgaré autoridad a mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. 4 Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están delante del Señor de la tierra. 5 Y si alguno quiere hacerles daño, de su boca sale fuego y devora a sus enemigos; así debe morir cualquiera que quisiera hacerles daño. 6 Estos tienen poder para cerrar el cielo a fin de que no llueva durante los días en que ellos profeticen; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda suerte de plagas todas las veces que quieran. (Apoc. 11:3-6)

El pasaje procede a predecir que la bestia los mata, el mundo celebra su muerte, pero tres días y medio después, se levantan de la muerte y ascienden al cielo (cf. Apocalipsis 11:7-12 ).

“Yo soy uno de ellos”, pensó Ken.

Entonces, ¿cuál fue el siguiente pensamiento de Ken? “Bueno, mejor me preparo para profetizar”, pensó. “Así que me senté y comencé a leer mi Biblia de inmediato. Si voy a ser uno de estos tipos, necesito leer y prepararme”.

*     *     *

Ahora, si usted se perdió el Rapto, probablemente no es factible que usted sea uno de los dos profetas extraordinarios predichos en Apocalipsis 11. La mejor conclusión podría ser entender que usted era inconverso, y proceder a arrepentirse e inclinar la rodilla en fe a Jesucristo. Eso aparte, y a pesar de su persuasión escatológica, el enfoque de Ken nos sirve de ejemplo.

Me agrada Ken. Me gusta su fe. Me agrada su reacción instintiva; pensando en las Escrituras. Me agrada su disposición escatológica. Me grada su celo por servir al Señor.

Supuso que los tiempos finales habían llegado, y, aunque estaba equivocado, su primera inclinación fue la de defender a Dios; predicar; entregarse completamente al Señor. Su primer pensamiento no fue: “¿Qué o quién me perderé?”, sino: “¿Qué puedo hacer por Dios?”.

¿Es así como estamos actuando hoy en día?

“Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre.” (Mat. 24:44)

Y, tal vez por causa de Ken, en lugar de dejar un tratado en los comentarios sobre su punto de vista del Rapto y la escatología, considere vivir hoy como alguien que ama la aparición de nuestro Señor.

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