No Eximió Ni A Su Propio Hijo

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ESJ-2020 0127-002

No Eximió Ni A Su Propio Hijo – Rom.8:32

por John F. Macarthur

Dios nos ama sin importar el costo. La cruz es una prueba de ello. Considere lo que el amor de Dios por nosotros ya le ha costado: Dio a su propio Hijo amado para que muriera para lograr nuestra salvación. Habiendo pagado ya un precio tan grande para redimirnos, Él no permitirá que el proceso se detenga antes de la meta. Y si ya ha dado lo mejor y más amados por nosotros, ¿por qué nos ocultaría algo ahora?

¿Redimirá Dios a los pecadores a costa de la sangre de Su propio Hijo, y luego hará a un lado a esos mismos creyentes comprados con sangre? Habiéndonos traído a la salvación a un precio tan grande, ¿nos negaría entonces alguna gracia? ¿No terminará lo que comenzó? Romanos 8:32 nos da una respuesta clara y enfática: “El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?”

La muerte de Cristo en la cruz demostró su gran amor por los pecadores. Además, el pago masivo “una vez para siempre” (Hebreos 7:27) que compró nuestra redención fue también una profunda declaración con respecto al compromiso de Dios de mantenerla segura.

Dios dio a Cristo para que muriera por nosotros “siendo aún pecadores” (Romanos 5:8). Él no nos dará la espalda ahora que somos justificados. Si Él no nos rechazó cuando éramos pecadores rebeldes, Él no nos hará a un lado ahora que somos Sus hijos. “Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Romanos 5:10), ¿no parece razonable que Él hará todo lo necesario para mantenernos en el redil ahora que estamos reconciliados? Si Él nos dio gracia para confiar en Cristo en primer lugar, seguramente nos dará gracia para que no nos alejemos.

El Salmo 84:11 dice: “Porque sol y escudo es el Señor Dios; gracia y gloria da el Señor; nada bueno niega a los que andan en integridad.” Dios no es tacaño con su gracia, y la prueba de ello se ve en el sacrificio de Cristo a favor nuestro. “Pero él da más gracia” (Santiago 4:6).

El Plan de Dios Desde la Eternidad Pasada

El sacrificio de Cristo está eternamente ligado al amor de Dios por los elegidos. ¿Sabías que en la eternidad pasada, antes de que Dios hubiera siquiera comenzado la obra de la creación, Él prometió redimir a los elegidos? Tito 1:2 dice que la promesa de la vida eterna fue hecha “desde antes del principio de los siglos” (RV) – literalmente, antes del comienzo del tiempo. Así que esto habla de una promesa divina hecha antes de que cualquier cosa fuera creada.

¿Quién hizo esta promesa, y con quién fue hecha? Ya que fue hecha antes de que la creación comenzara, sólo hay una respuesta posible: Fue una promesa hecha entre los miembros trinos de la Divinidad. Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu prometieron entre ellos redimir a la humanidad caída.

El plan de redención no se hizo después de la caída de Adán, sino antes del comienzo de la creación. Esto es consistente con todo lo que la Escritura dice acerca de la elección. Los salvos son escogidos en Cristo “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4). Dios “nos llamó… en Cristo Jesús desde la eternidad” (2 Timoteo 1:9). El reino eterno está preparado para ellos “desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34). Cristo fue predestinado para derramar su sangre por ellos “antes de la fundación del mundo” (1 Pedro 1:20). Los nombres de los elegidos están escritos en el Libro de la Vida “desde la fundación del mundo” (Apocalipsis 13:8; 17:8).

Esto significa que el plan de redención no es una contingencia. No es el Plan B. No es una estrategia alternativa. Es el plan de Dios, el mismo propósito para el cual nos creó.

Además, significa que los elegidos son el regalo de amor de Dios a su Hijo. Es por eso que Cristo se refiere a ellos como “los que me has dado” (Juan 17:9, 24; 18:9). El Padre ha dado a los elegidos a Cristo como un regalo de amor, y por lo tanto ninguno de ellos se perderá. Tanto el Padre como el Hijo trabajan juntos para asegurar el cumplimiento de su plan eterno de redención. Esto asegura más aún la salvación de todos los elegidos, porque como dijo Jesús: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, yo no le echo fuera. . . . Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.” (Juan 6:37, 40).

Así que Cristo mismo promete ver el plan de redención de Dios hasta el final. Habiendo muerto como un sustituto de aquellos que el Padre le dio, Él promete ver el proceso hasta la consumación final en la gloria. De la misma manera, el Padre, habiendo ya dado a su Hijo para morir por nosotros, no retendrá ahora nada necesario para completar nuestra redención.

(Adaptado de The God Who Loves)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B200124
COPYRIGHT ©2020 Grace to You

Un comentario sobre “No Eximió Ni A Su Propio Hijo

    luzparalasnacionesinternacional escribió:
    28 enero 2020 en 11:55 am

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