Retened Lo Bueno

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ESJ-2018 0606-002

Retened lo Bueno

1 Tesalonicenses 5:21-22

Por John F. Macarthur

El cristianismo no es una religión pasiva o puramente académica. La Palabra de Dios nos llama a la acción e investigación con respecto a todas las afirmaciones de verdad: “Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno; absteneos de toda forma de mal” (1 Tesalonicenses 5:21-22).

La última vez consideramos lo que significa “examinadlo todo” y discriminar entre la verdad y el error, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Una vez que se ha hecho esa división, debemos responder abrazando lo que está bien o rechazando lo que es malo.

“Retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21) es un eco de Romanos 12:9: “aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno.” Las expresiones “retened” o “aplicándonos” hablan de proteger celosamente la verdad. Pablo está pidiendo la misma vigilancia cuidadosa que exigió a Timoteo cada vez que le escribió: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado” (1 Timoteo 6:20);  “Retén la norma de las sanas palabras que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús. Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado” (2 Timoteo 1:13-14). En otras palabras, la verdad es entregada a nuestra custodia, y estamos encargados de protegerla de todas las amenazas posibles.

Esto describe una postura militante, defensiva y protectora contra cualquier cosa que socave la verdad o la viole de alguna manera. Debemos mantener la verdad de forma segura, defenderla celosamente, preservarla de todas las amenazas. Calmar a los enemigos de la verdad o bajar nuestra guardia es violar este mandamiento.

“Retened” también conlleva la idea de abrazar algo. Va más allá del puro asentimiento a “lo que es bueno” y habla de amar la verdad de todo corazón. Aquellos que son verdaderamente perspicaces están apasionadamente comprometidos con la sana doctrina, la verdad y todo lo que es inspirado por Dios.

Todo verdadero cristiano tiene esta cualidad hasta cierto punto. Pablo incluso definió la salvación como “el amor de la verdad” (2 Tesalonicenses 2:10), y les dijo a los corintios que demostraron su salvación al aferrarse al evangelio que él había librado (1 Corintios 15:2). Aquellos que fallan por completo en aferrarse al mensaje salvador son aquellos que han “creído en vano”; es decir, su fe estaba vacía. El apóstol Juan dijo algo similar: “Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron, a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros.” (1 Juan 2:19). Todos los verdaderos creyentes se aferran al Evangelio.

Pablo estaba instando a los tesalonicenses a nutrir y cultivar su amor por la verdad, a dejar que gobernara su pensamiento. Quería que fomentaran un compromiso consciente con toda la verdad, una fidelidad a la sana doctrina, un patrón de aferrarse a todo lo que es bueno.

La actitud que esto exige es incompatible con la sugerencia de que debemos dejar la doctrina a un lado por el bien de la unidad. No se puede conciliar con la opinión de que las verdades duras deberían minimizarse para hacer que la Palabra de Dios sea más aceptable para los incrédulos. Es contrario a la noción de que la experiencia personal tiene prioridad sobre la verdad objetiva. Dios nos ha dado Su verdad objetivamente en Su Palabra. Es un tesoro que debemos proteger a toda costa.

Esto es lo opuesto a la fe sin discernimiento. Pablo no hace lugar para una fe ciega e irracional que se niega a considerar la autenticidad de su objeto y simplemente acepta al pie de la letra todo lo que dice ser verdadero. Él descarta el tipo de “fe” que es impulsada por los sentimientos, las emociones y la imaginación humana. En cambio, debemos identificar “lo que es bueno” al examinar todo con cuidado, objetiva y racionalmente, utilizando las Escrituras como nuestro estándar.

Ningún maestro humano, ninguna experiencia personal, ningún sentimiento fuerte está exento de esta prueba objetiva. Jay Adams escribe: “Si las profecías inspiradas en la era apostólica tuvieron que someterse a pruebas. . . entonces seguramente las enseñanzas de los hombres de hoy también deberían ser puestas a prueba.” [1] De hecho, si eran necesarias ser examinadas y evaluadas las palabras de los profetas en tiempos apostólicos, entonces seguramente deberíamos someter las palabras de los autoproclamados “profetas” y predicadores de hoy a un escrutinio aún más intenso a la luz brillante del Nuevo Testamento completo. Lo mismo es cierto de cada experiencia subjetiva y cada emoción. La experiencia y los sentimientos, no importa cuán poderosos sean, no determinan lo qué es verdad. Por el contrario, esas cosas en sí deben someterse a la prueba.

“Lo bueno” es la verdad que concuerda con la Palabra de Dios. La palabra “bueno” es kalos, que significa algo inherentemente bueno. No es solo algo que es justo ver, bello o hermoso en apariencia. Esto habla de algo bueno en sí mismo: genuino, verdadero, noble, correcto y bueno. En otras palabras, “lo bueno” no se refiere a lo que es entretenido. No se refiere a lo que gana elogios del mundo. No se refiere a lo que es satisfactorio para la carne. Se refiere a lo que es bueno, verdadero, preciso, auténtico, confiable, aquello que está de acuerdo con la infalible Palabra de Dios.

Cuando encuentres tal verdad, abrázala y protégela como un tesoro.

(Adaptado de Fool’s Gold )


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B180606
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