Día: 30 abril 2008

La Presciencia de Dios

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LA PRESCIENCIA DE DIOS

Arthur W. Pink

“Pedro, apóstol de Jesucristo; a los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos conforme al previo conocimiento de Dios Padre por la santificación del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Gracia y paz os sean multiplicadas”. (1Ped. 1,2).

Muchas controversias ha engendrado este tema en el pasado. Pero, ¿qué verdad hay en la Santa Escritura que no haya sido tomada como ocasión de batallas teológicas y eclesiásticas?

La Deidad de Cristo, su nacimiento virginal, su muerte expiatoria, su segunda venida; la justificación del creyente por la fe, su santificación, su seguridad; la iglesia, su organización, oficiales y disciplina; el bautismo, la cena del Señor, y muchísimas otras verdades preciosas que podríamos mencionar.

Con todo, las controversias sostenidas en torno a estas no cerraron la boca de los siervos fieles a Dios. Hay dos cosas, acerca de la presciencia de Dios, que muchos ignoran: el significado del término, y su alcance bíblico. Debido a que esta ignorancia está tan extendida, le resultará fácil a un predicador o maestro el defraudar con perversiones de este tema aun al pueblo de Dios.

Sólo hay una salvaguardia contra el error; estar confirmados en la fe; y para ello ha de haber estudio diligente y oración, y una recepción humilde de la asimilación de la Palabra de Dios, ya que algunos falsos maestros de la Biblia pervierten su presciencia con el fin de desechar su absoluta elección para vida eterna Sólo entonces seremos fortalecidos contra los ataques de aquellos que nos asaltan.

Cuando se expone el tema bendito y solemne de la predestinación, y el de la eterna elección por parte de Dios de ciertas personas para ser hechas conformes a la imagen de su Hijo, el enemigo envía algún hombre a contradecir que la elección se basa en la presciencia de Dios y esta “presciencia” se interpreta significando que previo que algunos serían más dóciles que otros, que responderían más prontamente a los esfuerzos del Espíritu, y que, debido a que Dios sabía que creerían, El, en consecuencia, los predestinó para salvación.

Pero tal declaración es radicalmente errónea. Repudia la verdad de la depravación total, ya que argumenta que hay algo bueno en algunos hombres. Quita a Dios su independencia, ya que hace que sus decretos descansen en lo que El descubre en la criatura. Trastorna las cosas completamente, ya que decir que Dios previo que ciertos pecadores creerían en Cristo, y que, en consecuencia, El los predestinó para salvación, es lo contrario a la verdad.

La Escritura afirma que Dios, en su absoluta soberanía, separó a algunos para que fueran recipientes de sus favores distintivos “Al oír esto, los gentiles se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron cuantos estaban designados para la vida eterna”. (Hech. 13:48), y, por tanto, determinó otorgarles el don de la fe.

La falsa teología hace del conocimiento previo que Dios tiene de nuestra fe la causa de su elección para salvación; mientras que la elección de Dios es la causa, y nuestra fe en Cristo es el efecto. Antes de seguir debatiendo este tema, hagamos una pausa y definamos los términos. ¿Qué quiere decir la palabra “presciencia”? “Conocer de antemano”, es la pronta respuesta de muchos. Pero no debemos juzgar precipitadamente, ni tampoco aceptar como definitiva la definición del diccionario, ya que esto no es un asunto de etimología del término empleado.

El uso que el Espíritu Santo hace de una expresión define siempre su significado y alcance. Lo que causa tanta confusión y error es el dejar de aplicar esta regla tan sencilla. Hay muchas personas que piensan conocer el significado de una palabra determinada usada en la escritura, pero que son reacias a poner a prueba sus suposiciones por medio de una concordancia. Ampliemos este punto.

Tomemos la palabra “carne”. Su significado parece ser tan obvio que muchos considerarán que el examinar sus varias conexiones en la Escritura es una pérdida de tiempo. Se supone precipitadamente que la palabra es un sinónimo del cuerpo físico, y no se procura indagar más. Pero, en realidad, la “carne” en la Escritura frecuentemente incluye mucho más de lo que es corporal. Sólo por medio de la comparación atenta de cada caso, y el estudio de cada contexto por separado, puede descubrirse todo lo que el término abarca.

Tomemos la palabra “mundo”. El lector de la Biblia imagina frecuentemente que esta palabra equivale a la raza humana, y, en consecuencias interpreta equivocadamente los pasajes en los que la misma aparece. Tomen la palabra “inmortalidad”. ¡Sin duda alguna, ésta no requiere estudio! Es obvio que hace referencia a la indestructibilidad del alma.

Cuando se trata de la Palabra de Dios, el dar por sentado algo sin comprobarlo es locura y error. Si ustedes se toman la molestia de examinar cuidadosamente cada pasaje en el que se encuentran las palabras “mortal” e “inmortal”, se dará cuenta que estas nunca se aplican al alma, sino al cuerpo.

Todo lo dicho acerca de “carne”, “mundo”, o “inmortalidad”, es aplicable con igual fuerza a los términos “conocer” y “preconocer” (conocer desde antes). Lejos de bastar con la simple suposición de que estas palabras no significan otra cosa que simple conocimiento, veremos que los diferentes pasajes en los que se encuentran requieren ser considerados cuidadosamente.

La palabra “preconocimiento” (traducida en la versión española por “conocer de antes”) no se encuentra en el A.T., pero si que se da frecuentemente el término “conocer”. Cuando éste es usado en relación con Dios significa a menudo mirar con favor, comunicando, no un simple conocimiento, sino un afecto por el objeto mirado. “Te he conocido por tu nombre” (Exo. 33:17). “Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco” (Deut. 9:24). “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Amós 3:2). En estos pasajes “conocer” significa amar o bien designar.

Asimismo en el N.T., se usa frecuentemente la palabra “conocer” en el mismo sentido que en el Antiguo. “Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!” (Mat. 7:23). “Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”. (Juan 10:14). “Pero si alguien ama a Dios, tal persona es conocida por él”. (1Cor. 8:3). “Conoce el Señor a los que son suyos” (2Tim. 2:19).

El término “Preconocer”, o “presciencia”, tal como se usa en el Nuevo testamento, es menos ambiguo que en su simple forma “conocer”. Si todos los pasajes en los que aparece son estudiados cuidadosamente, se descubrirá que es muy discutible que el término haga referencia a una simple percepción de eventos que han de tener lugar. En realidad, este término nunca es usado en la Escritura en relación con sucesos o acciones, sino que, por el contrario, siempre se refiere a personas. Dios “conoció por anticipado” a las personas, no a sus acciones. Para demostrarlo, citaremos los pasajes en los que se encuentra esta expresión.

El primero es hechos 2:23, donde leemos de Jesús: “Entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendísteis y matásteis por manos de inicuos, crucificándole”. Si nos fijamos con atención en las palabras de este versículo, veremos que el apóstol no estaba hablando del conocimiento anticipado de Dios del acto de la crucifixión, sino de la Persona crucificada: “este, entregado por…”, etc.

El segundo es en Rom. 8:29,30. “Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a estos también llamó.” Fíjense bien en el pronombre que se usa aquí. No es lo que, sino los que antes conoció. Lo que se nos muestra no es la sumisión de la voluntad, ni la fe del corazón, sino las personas mismas. “No ha desechado Dios a su pueblo, el cual antes conoció” (Rom. 11:22). Una vez más, la referencia es claramente a personas solamente.

La última cita es 1Ped. 1:2: “Elegidos según la presciencia de Dios Padre” ¿Quienes son ellos? El versículo anterior nos lo dice: la referencia es a los “extranjeros esparcidos”, es decir, la Diáspora, los judíos creyentes de la dispersión. Aquí, también, la referencia es a personas, no a sus hechos previstos. En vista de estos pasajes ¿qué base bíblica hay para decir que Dios “Previo” los hechos de algunos, a saber, su “arrepentimiento y fe”, y que, a causa de los mismos, los eligió para salvación? Absolutamente ninguna.

La Escritura jamás habla del arrepentimiento y la fe como algo previsto o preconocido por Dios. Es verdad que Dios conocía desde toda la eternidad que algunos se arrepentirían y creerían, pero la Escritura no se refiere a esto como objeto de la “presciencia” de Dios. El término se refiere invariablemente a Dios preconociendo a personas; así pues, “retengamos la forma de las sanas palabras” (2Tim. 1:13).

Otra cosa sobre la que deseamos llamar particularmente la atención es que los dos primeros pasajes citados, muestran de manera clara, y enseñan implícitamente, que la presciencia de Dios no es cautiva, sino que, detrás de ella precediéndola, hay algo más: su propio decreto soberano. Cristo fue “entregado por el (1) determinado consejo y (2) anticipado conocimiento de Dios” (Hech. 2:23). Su “consejo” o decreto fue la base de su anticipado conocimiento.

Asimismo en Romanos 8:29. Este versículo empieza con la palabra “porque”, lo cual nos habla de lo que precede inmediatamente. ¿Qué es, entonces, lo que dice el versículo anterior? “Todas las cosas les ayudan a bien… a los que conforme al propósito son llamados” Así pues, “el anticipado conocimiento” de Dios se basa en su “propósito” o decreto (véase Salmo 2:7)

Dios conoce por anticipado lo que será, porque él ha decretado que sea. Afirmar, por lo tanto que Dios elige porque preconoce es invertir el orden de la Escritura, es como poner el carro delante del caballo. La verdad es que preconoce porque ha elegido. Esto elimina la base o causa de la elección como algo de la criatura, y la coloca en la soberana voluntad de Dios.

Dios se propuso elegir a ciertas personas, no porque hubiera algo bueno en ellas, ni porque previera algo bueno en las mismas, sino solamente, a causa de su pura buena voluntad. El por qué escogió a éstos no lo sabemos; lo único que podemos decir es: “Así, Padre, porque así te agradó”. La verdad clara de Romanos 8:29, es que Dios, antes de la fundación del mundo, separó a ciertos pecadores y los escogió para salvación (2Tes. 2:13).

Esto se ve claro en las últimas palabras del versículo: los “predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo”, etc. Dios no predestinó a aquellos que él preveía que “eran hechos conformes…”, sino que, por el contrario, predestinó a aquellos a los que “antes conoció” (es decir, amó y eligió) “para que fuesen hechos conformes…”. Su conformidad a Cristo no es la causa, sino el efecto de la presciencia y predestinación de Dios.

Dios no eligió a ningún pecador porque viera que creería, por la razón sencilla pero suficiente, de que ningún pecador cree jamás hasta que Dios le da fe; de la misma manera que ningún hombre puede ver antes de que Dios le de la vista. Ya que la vista es el don de Dios, y ver es la consecuencia del uso de su don.

Asimismo, la fe es el don de Dios “Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe” (Efe. 2:8), y creer es la consecuencia del uso de este don. Si fuera cierto que Dios eligió a algunos para ser salvos porque a su debido tiempo éstos creerían, eso convertiría el creer en un acto meritorio, y, en este caso, el pecador tendría razón de jactarse, lo cual la Escritura niega enfáticamente, (Efe. 2:9).

En verdad la Palabra de Dios es suficientemente clara al enseñar que creer no es un acto meritorio. Afirma que los cristianos son aquellos que “por la gracia han creído” (Hech. 18:27). Por lo tanto, si han creído “por gracia”, no hay absolutamente nada meritorio, el mérito no puede ser la base o causa que movió a Dios a escogerlos.

No, la elección de Dios no procede de nada que haya en nosotros, o de nada que proceda de nosotros, sino únicamente de su propia y soberana buena voluntad. Una vez más, en Romanos 11:5, leemos de “un remanente escogido por gracia”. Ahí está suficientemente claro; la misma elección es por gracia, y gracia es favor inmerecido, algo a lo que no tenemos derecho alguno.

Precisamente, se ve la importancia para nosotros, de tener ideas claras y bíblicas sobre la presciencia de Dios. Quien no solamente conoció el final desde el principio, sino que planeó, fijó y predestinó todo desde el principio. Ya que, si ustedes son cristianos verdaderos, lo son porque Dios los escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, (Efe. 1:4), y lo hizo, no porque previo que creería, sino porque, simplemente, así le agradó hacerlo; te escogió a pesar de tu incredulidad natural.

Siendo así, toda la gloria y la alabanza le pertenece solo a El. No tienes base alguna para atribuirte ningún mérito. Has creído “por la gracia”, y eso porque tu misma elección fue “de gracia” (Rom. 11:5).

La Omnisciencia de Dios

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LA OMNISCIENCIA DE DIOS

Arthur W. Pink

“No existe cosa creada que no sea manifiesta en su presencia. Más bien, todas están desnudas y expuestas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. (Heb. 4:13).

Dios es omnisciente, lo conoce todo: todo lo posible, todo lo real, todos los acontecimientos y todas las criaturas del pasado, presente y futuro. Conoce perfectamente todo detalle en la vida de todos los seres que están en el cielo, en la tierra y en el infierno (Dan. 2:22). “Conoce lo que hay en las tinieblas”.

Nada escapa a su atención, nada puede serle escondido, no hay nada que pueda olvidar. Bien podemos decir con el salmista: (Sal. 139:6). “Tal conocimiento me es maravilloso; tan alto que no lo puedo alcanzar” Su conocimiento es perfecto; nunca se equivoca, ni cambia, ni pasa por alto alguna cosa. ¡Sí, tal es Dios al que tenemos que dar cuenta!

Sal. 139:2-4; “Tú conoces cuando me siento y cuando me levanto; desde lejos entiendes mi pensamiento. Mi caminar y mi acostarme has considerado; todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y tú, oh Jehová, ya la sabes toda”. ¡Qué maravilloso ser es el Dios de la Escritura! Cada uno de sus gloriosos atributos debería de honrarle en nuestra estimación.

La comprensión de su omnisciencia debería de inclinarnos ante El en adoración. Con todo ¡Cuán poco meditamos en su perfección divina! ¿Es ello debido a que, aun el pensar en ella, nos llena de inquietud?

¡Cuán solemne es este hecho; nada puede ser escondido a Dios, (Eze. 11:5). “Diles yo he sabido los pensamientos que suben de vuestros espíritus” Aunque sea invisible para nosotros, nosotros no lo somos para él. Ni la oscuridad de la noche, ni la más espesa cortina, ni la más profunda prisión pueden esconder al pecador de los ojos de la Omnisciencia. Los árboles del huerto fueron incapaces de esconder a nuestros primeros padres.

Ningún ojo humano vio a Caín cuando asesinó a su hermano, pero su Creador fue testigo del crimen. Sara podía reír por su incredulidad oculta en su tienda, mas Jehová la oyó. Acán robó un lingote de oro que escondió cuidadosamente bajo la tierra pero Dios lo sacó a la luz (Jos. 7). David se tomó mucho trabajo en esconder su iniquidad, pero el Dios que todo lo ve no tardó en mandar uno de sus siervos a decirle: (2Sam. 12). “Tú eres aquel hombre”. Y a las tribus que quedaban al oriente del Jordán se les dice: (Núm. 32:23). “Pero si no lo hacéis así, he aquí que habréis pecado contra Jehová, y sabed que vuestro pecado os alcanzará”.

Si pudieran los hombres despojarían a la Deidad de su omnisciencia; ¡Qué prueba esta de que “la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Rom. 8:7). Los hombres impíos odian esta perfección divina que, al mismo tiempo, se ven obligados a admitir.

Desearían que no existiera el Testigo de sus pecados, el Escudriñador de sus corazones, el Juez de sus acciones. Intentan quitar de sus pensamientos a un Dios tal: (Os. 7:2).“Y no dicen en su corazón que tengo en la memoria toda su maldad” ¡Cuán solemne es el octavo versículo del Salmo 90! Todo aquel que rechaza a Cristo tiene buenas razones para temblar ante él: “Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.

Pero la omnisciencia de Dios es una verdad llena de consolación para el creyente. En la perplejidad, dice a Job: “Más él conoció mi camino” (Job 23:10). Esto puede ser profundamente misterioso para mí, completamente incomprensible para mis amigos pero, ¡él conoce nuestra condición; “se acuerda que somos polvo” (Sal. 103:14).

Cuando nos asalten la duda y la desconfianza acudamos a este mismo atributo, diciendo: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno” Sal. 139:23,24.

En el tiempo de triste fracaso, cuando nuestros actos han desmentido a nuestro corazón, nuestras obras repudiado a nuestra devoción, y hemos oído la pregunta escrutadora que escuchó Pedro: “¿Me amas?”, hemos dicho como Pedro: “Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo” (Juan 21:17). Ahí hallamos estímulo para orar. No hay razón para temer que las peticiones de los justos no sean oídas, ni que sus lágrimas y suspiros escapen a la atención de Dios, ya que él conoce los pensamientos e intenciones del corazón.

No hay peligro de que un santo sea pasado por alto en la multitud de aquellos que cada día y cada hora presentan sus peticiones, porque la Mente infinita es capaz de prestar la misma atención a millones, que a uno solo de los que buscan su atención. Asimismo la falta de un lenguaje apropiado y la incapacidad de dar expresión al más profundo de los anhelos del alma no comprometerá nuestras oraciones, porque “Y sucederá que antes que llamen, yo responderé; y mientras estén hablando, yo les escucharé”. (Isa. 65:24). “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; su entendimiento es infinito”. (Sal. 147:5).

Dios, no solamente conoce todo lo que sucedió en el pasado en cualquier parte de sus vastos dominios, y todo lo que ahora acontece en el universo entero, sino que, además, El sabe todos los hechos, desde el más insignificante hasta el más grande, que tendrán lugar en el porvenir. El conocimiento del futuro por parte de Dios es tan completo como completo es su conocimiento del pasado y el presente; y esto es así porque el futuro depende enteramente de él. Si algo pudiera en alguna manera ocurrir sin la directa agencia o el permiso de Dios, ello sería independiente de él, y Dios dejaría, por tanto, de ser Supremo.

El conocimiento Divino del futuro no es una simple idealización, sino algo inseparablemente relacionado con su propósito y acompañado del mismo. Dios mismo ha designado todo lo que ha de ser, y lo que él ha designado debe necesariamente efectuarse. Como su Palabra infalible afirma: “él hace según su voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien detenga su mano ni quien le diga: ¿Qué haces?” (Dan. 4:35), Y (Prov. 19:21): “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá”.

El cumplimiento de todo lo que Dios ha propuesto está absolutamente garantizado, ya que su sabiduría y poder son infinitos. Que los consejos Divinos dejen de ejecutarse es una imposibilidad tan grande como lo es que el Dios tres veces Santo mienta. En lo relativo al futuro, nada hay incierto en cuanto a la realización de los consejos de Dios. Ninguno de sus decretos, tanto los referentes a criaturas como a causas secundarias, es dejado a la casualidad. No hay ningún suceso futuro que sea solo una simple posibilidad, es decir, algo que pueda acontecer o no: “Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras” (Hech. 15:18). Todo lo que Dios ha decretado es inexorablemente cierto, “porque en él no hay mudanza ni sombra de variación” (Stg. 1:17). Por tanto, en el principio de aquel libro que nos descubre tanto del futuro, se nos habla de “cosas que deben suceder pronto” (Apoc. 1:1).

El perfecto conocimiento por Dios de todas las cosas es ejemplificado e ilustrado en todas las profecías registradas en su Palabra. En el A.T., se encuentran docenas de predicciones relativas a la historia de Israel que fueron cumplidas hasta en los más pequeños detalles siglos después de que fueran hechas. Ahí, también, se hayan docenas prediciendo la vida de Cristo en la tierra, y estas también fueron cumplidas literal y perfectamente. Tales profecías sólo podían ser dadas por Uno que conocía el final desde el principio, y cuyo conocimiento descansaba sobre la certeza absoluta de la realización de todo lo preanunciado.

De la misma manera, tanto el Antiguo como el N.T., contienen muchos anuncios todavía futuros, los cuales deben cumplirse porque fueron dados por Aquel que los decretó. Pero debe señalarse que ni la omnisciencia de Dios ni su conocimiento del futuro, considerados en si mismos, son la causa. Jamás, sucedió o sucederá, algo simplemente porque Dios lo sabía. La causa de todas las cosas es la voluntad de Dios.

El hombre que realmente cree las Escrituras sabe de antemano que las estaciones continuarán sucediéndose con segura regularidad hasta el final de la tierra: (Gén. 8:22), “Mientras exista la tierra, no cesarán la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.” pero su conocimiento no es la causa de esta sucesión.

Así, el conocimiento de Dios no proviene del hecho de que las cosas son o serán, sino de que él las ha ordenado de ese modo. Dios conocía y predijo la crucifixión de su Hijo mucho siglos antes de que se encarnara, y esto era así porque, en el propósito Divino, El era el Cordero inmolado desde la fundación del mundo, de ahí que leamos que fue “entregado por determinado consejo y providencia de Dios” (Hech. 2:23). El conocimiento infinito de Dios debería llenarnos de asombro.

¡Cuán ilimitadamente superior al más sabio de los hombres es el eterno! Ninguno de nosotros conoce lo que el día de mañana nos traerá; pero el futuro entero está abierto a su mirada omnisciente. El conocimiento infinito de Dios debería llenarnos de santo temor. Nada de lo que hacemos, decimos, o incluso pensamos, escapa a la percepción de Aquel a quien tenemos que dar cuenta: “Los ojos de Jehová están en todo lugar mirando a los malos y a los buenos” (Prov. 15:3) ¡Que freno significaría esto para nosotros si meditáramos más a menudo sobre ello!

En lugar de actuar indiferentemente, diríamos, con Agar: “Tú eres un Dios que me ve” (Gén. 16:13). La comprensión del infinito conocimiento de Dios debe llenar al cristiano de adoración y decir: Mi vida entera ha permanecido abierta a su mirada desde el principio.

El previo todas mis caídas, mis pecados, mis reincidencias; sin embargo, así y todo, fijó su corazón en mi. La comprensión de este hecho, ¡cómo debe postrarme en admiración y adoración delante de él!

La Estrategia de Satanás: El Engañador

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LA ESTRATEGIA DE SATANAS

El Engañador

 

Juan 8:44, Apocalipsis 12:9, 2ª Corintios 11:3; 2ª Juan 7; Genesis 3:1-7

 

1) El Objetivo de Satanás: Tu Mente

 

Cuando Satanás quiso conducir al primero hombre y a la primera mujer al pecado, comenzó atacando la mente de la  mujer. Esto queda claro en 2ª Corintios 11:3.

 

Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad Cristo.

 

¿Por qué le interesa a Satanás atacar tu mente? Porque la mente que tienes es la parte de la imagen de Dios mediante la cual El se comunica contigo, revelándote su voluntad. Es lamentable que algunos cristianos hayan restado importancia al papel de la mente, porque la Biblia destaca su importancia.

 

Leer: Colosenses 3:9-10;  Efesios 4:17-24; Romanos 12:2

 

Dios renueva nuestra vida mediante la renovación de nuestra mente, que a su vez se renueva mediante la verdad. Esa verdad es la Palabra de Dios. 

 

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17)

 

Si Satanás consigue que tú creas una mentira, podrá comenzar a trabajar en tu vida para conducirte al pecado. Es por eso por lo que ataca a la mente, y por eso debemos proteger nuestra mente de los ataques del maligno.

 

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo que justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:8)

 

Tus pensamientos afectan tus sentidos y tu voluntad.

El medico te dice “tu eres lo que comes”, La Biblia dice. “Tu eres lo que piensas”

 

Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. (Proverbios 23:7)

 

Satanás buscará tu mente, porque tu mente afecta todo tu ser. Si Satanás captura tu mente, el podrá trabajar en tu vida.

 

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.  Isaías 26:3

 

 

 

2) El Arma de Satanás: Las Mentiras

 

Satanás se acercó a Eva como la serpiente, el sutil engañador.

 

… la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. (Apocalipsis 12:9)

 

Es importante notar los pasos que Satanás siguió para convencer a Eva de que creyera su mentira.

 

  1. Cuestionó la Palabra de Dios. “Así que Dios os ha dicho…” No negó que Dios les había hablado; se limitó a cuestionar si Dios había dicho realmente lo que Eva pensaba que había dicho. La sugerencia de Satanás era: “A lo mejor habéis malentendido lo que ha dicho Dios. Tienes derecho a volver a pensar en lo que dijo.” Vale la pena darse cuenta de que mediante esta sugerencia, Satanás está también poniendo en tela de juicio la bondad  de Dios. “Si Dios te amara de verdad, no te privaría de nada”. Esta fue la misa técnica que intentó con el Señor cuando estaba en el desierto: “Si eres el Hijo amado de Dios, ¿cómo es que tienes tanta hambre?”

 

  1. Negó la Palabra de Dios. “¡No moriréis!” Hay un solo pequeño paso entre cuestionar la Palabra de Dios y negarla. Por supuesto, ni Adán ni Eva sabía por experiencia lo que era la muerte. Lo único a que podían aferrarse era la Palabra de Dios, pero eso era todo lo que necesitaban. Si Eva no hubiera escuchado a Satanás cuestionando la Palabra de Dios, jamás habría caído en la trampa, cuando éste dio el siguiente paso: negarla.

 

  1. Proporcionó una mentira sustituta. “¡Seréis como Dios!” Adán y Eva había sido creados a imagen de Dios, pero Satanás les tentó con un privilegio aún mayor: ¡ser iguales a Dios! Esta fue, por supuesto, la gran ambición de Satanás cuando aún era Lucifer, el siervo angélico de Dios.

 

Leer: Isaías 14:12-14

 

Satanás es un ser creado, una criatura, pero quería ser adorado y servido como el Creador. Fue esa actitud la que le llevó a rebelarse contra Dios e intentar establecer su propio reino. “Seréis como Dios” es la mentira gigantesca que ha controlado a la humanidad desde la caída del hombre.

 

“… ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrado y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.” Romanos 1:25

 

Satanás anhela adoración y servicio, ¡y Jesucristo no le iba a conceder una cosa ni la otra!

 

Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito esta: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mateo 4:8-10)

La mentira de Satanás: “seréis como Dios”, motiva y controla buena parte de nuestra civilización actual. El hombre está intentando elevarse, aunque sea tirándose de los cordones de los zapatos. Intenta construir una utopía en este mundo trasladándola quizá al espacio exterior. Por medio de la educación la psiquiatría, las religiones de uno u otro tipo (la mayoría de las cuales ignoran a Jesucristo, el pecado y la salvación), por medio de un mejor entorno natural, el hombre desafía a Dios y así mismo. Está siguiéndole el juego a  Satanás.

 

¿Cómo respondió Eva a la sugerencia de Satanás? Lo hizo cometiendo tres errores que llevaron a pecar.

 

•1)      Se apartó de la Palabra de Dios. En el versículo 2, Eva omitió la expresión “de todo”. Lo que Dios había dicho, en Génesis 2:16 fue: “De todo árbol del huerto podrás comer”. Parece ser que Eva le iba atrayendo la sugerencia de Satanás, la que decía que Dios les estaba negando ciertas cosas. Cuando comenzamos a cuestionar u olvidar la gracia de Dios. Y su bondad, nos resultará mucho más sencillo desobedecer su voluntad.

 

•2)      Añadió algo ala Palabra de Dios. En el mandamiento original de Dios no encontramos la expresión “ni le tocaréis”. Puede que sí las pronunciara, pero desde luego no están registradas en el texto. Eva no sólo redujo la gracia contenida en las palabras de Dios, omitiendo el “de todo”, sino que convirtió el mandamiento en algo más insoportable añadiéndole el “ni le tocaréis”. “Y sus mandamientos no son gravosos” (1ª Jn. 5:3). Satanás quiere convencernos de que so lo son, y que él tienen algo mejor que ofrecernos.

 

•3)      Cambió la Palabra de Dios. Dios no había dicho: “para que no muráis”, Dijo: “porque el día que de él  comieres, ciertamente morirás” (Gn. 2:17). El castigo por la desobediencia, tal y como lo presentó el enemigo, no parecía tan severo; por consiguiente, Eva podía considerar la posibilidad de desobedecer a la voluntad de Dios, obedeciendo ala de Satanás.

 

Una vez que hemos tratado de este modo a la Palabra de Dios estamos abiertos de par en par para que el enemigo llevo a cabo su última jugarreta,. Se limitó permitir a que Eva pensara en aquel árbol aparte de la Palabra de Dios. “¡Échale un buen vistazo! ¡Aprécialo como es realmente!” Era “bueno para comer…codiciable para alcanzar la sabiduría” (Gn. 3:6). Eva tenía que tomar una decisión: ¿la Palabra de Dios o la palabra de Satanás? Rechazó la Palabra divina, creyó a Satanás y pecó. Usted y yo hemos estado padeciendo toda la vida las consecuencias de ese pecado, igual que el resto de la raza humana.

 

Dios cumple sus propósitos para este mundo por medio de la verdad, y Satanás los suyos por medio de las mentiras.

 

Cuando el hijo de Dios cree la verdad divina, el Espíritu de Dios puede obrar con poder; porque el Espíritu Santo es “el Espíritu de verdad” (Jn. 16:13). Pero cuando una persona se cree una mentira, Satanás comienza a trabajar en esa vida, “porque es mentiroso y padre de mentira” (Jn. 8:44). La fe en la verdad divina conduce a la victoria, la fe puesta en las mentiras de Satanás nos lleva a la derrota.

Sin embargo Satanás nunca dirá a nadie: “¡Esto es mentira!” El es la serpiente,  el engañador, y siempre disfraza sus mentiras como si fueran verdades de Dios.

 

Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. (2ª Cor, 11:13-14)

 

Satanás no se acercó a Eva manifestando su verdadera naturaleza, sino que s disfrazó usando a la serpiente. Satanás es un falsificador, un imitador

También existen:

 

  • * Cristianos falsificadores.

 

“en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos” (2ª Corintios 11:26)

 

“El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.” (Mateo 11:38)

 

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.” (Juan 8:44)

 

  • * Imitaciones del evangelio

 

“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” (Galatas 1:8)

 

  • * Falsos ministros del evangelio

 

Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. (2ª Corintios 11:14-15)

 

  • * Imitación de la justicia (Romanos 10:3)

 

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios (Romanos 10:3)

 

  • * Iglesia falsa “Iglesia de Satanás”

 

Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. (Apocalipsis 2:9)

 

  • * Doctrinas falsificadas (1ª Timoteo 4:1)

 

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,” (2ª Timoteo 4:1)

 

Todo esto acabará, por supuesto, cuando entre en escena un imitador de Cristo, el anticristo, que acaparará para Satanás la adoración y servicio de todo el mundo.

 

Y entonces se manifestará aquel inicuo… cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentiroso, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden. (2ª Tesalonicenses 2:8-10)

 

Y la adoraron a la bestia, el anticristo todos los moradores de la tierra. Apocalipsis 13:8

El objetivo de Satanás es su mente, y su arma son las mentiras ¿Cuál es su propósito?

 

3. El Propósito de Satanás: que tú ignores la voluntad de Dios.

 

 

Satanás ataca la Palabra de Dios porque ésta manifiesta la voluntad divina.

 

Lámpara es mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Salmo 119:105)

 

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. (Salmo 40:8)

 

Alejados de la Palabra de Dios, no podemos comprender bien su voluntad. Y la voluntad divina es la expresión de su amor hacia nosotros.

 

El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de sus corazón por todas las generaciones. (Salmo 33:11)

 

La voluntad de Dios nace de sui propio corazón. No se trata de algo impersonal, sino de algo que para el Señor es muy personal. El tiene una comprensión personal de cada uno de sus hijos e hijas, de su naturaleza, sus nombres, sus actos, en función de la cual obra sus planes en ellos.

 

  • * Dios desea que conozcamos su voluntad. (Hechos 22:14)
  • * Dios desea que comprendamos su voluntad. (Efesios 5:17)
  • * Dios quiere que esa comprensión de su voluntad nos llene y nos dirija, (Colosenses 1:9)

 

El resultado de todo esto es que los creyentes viven de corazón haciendo la voluntad de Dios (Efesios 6:6)

La voluntad de Dios no es una obligación, sino una delicia. El cristiano se goza en descubrir la voluntad de Dios, obedeciéndola luego de todo corazón., la voluntad de Dios es lo que nutre.

 

Mi comida es  que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. (Juan 4:34)

 

Tú y yo debemos  orar (como hizo Epafras) para que estemos:

 

Firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere (Colosenses 4:12)

 

Si Satanás consigue que tú no conozcas la voluntad de Dios, te arrebatará todas las gloriosas bendiciones que Dios ha preparado para tu vida. Tomarás decisiones equivocadas, te verás inmerso en actividades pecaminosas, y llevarás un tipo de vida erróneo. Y, por triste que sea decirlo, ¡influirás a otros para que también practiquen lo malo!

 

Los cristianos ignorantes de la voluntad de Dios se perderán de disfrutar la paz y el poder de Dios. No crecerán a su máxima potencialidad, ni podrán conseguir lo que Dios ha planeado para ellos. En lugar de viajar en primera clase, acabarán en segunda o en tercera, quejándose durante todo el viaje. Viven como mendigos, porque se han aislado de la gran riqueza de Dios. Y ven pasar sus vidas (peor aún, ¡la malgastan!) en lugar de invertirlas.

 

Pero el que hace la voluntad de Dios permanecerá para siempre (1ª Juan 2:17)

 

 

4. Tu defensa: La Palabra inspirada de Dios

 

Solo la Palabra inspirada de Dios puede revelar y derrotar las mentiras del diablo. Nosotros no podemos razonar con Satanás, ni (como Eva descubrió) conversar con él sin que nos influya. La sabiduría del hombre no es rival  para la astucia de Satanás. Nuestra única defensa es la Palabra inspirada de Dios.

 

Fue esta arma la que empleó nuestro Señor cuando fue tentado por Satanás en el desierto.

 

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.(A)  2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.  3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.   4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.(B) 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,  6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:  A sus ángeles mandará acerca de ti,(C) y,  En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.(D)  7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.(E)  8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.(F)  11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. (Mateo 4:1-11)

 

Nuestro Señor no utilizó su divino poder para derrotar a Satanás. Usó la misma arma que nosotros tenemos disponible hoy en día: La Palabra de Dios.

Si tú y yo pretendemos derrotar las mentiras de Satanás, debemos depender de la Palabra divina, este hecho nos hace asumir ciertas responsabilidades.

 

  • 1) Debemos conocer la Palabra de Dios. No existe ningún motivo por el que el creyente deba ignorar el contenido de su Biblia. Hoy día la Palabra de Dios esta disponible para todos. Tenemos al Espíritu Santo que nos enseña las verdades de la Palabra (Juan 16:13-15) Esto significa que debemos dedicar tiempo para estudiar, leer y profundizar en la Biblia. Nadie podría dominar al cien por ciento la Palabra de Dios a pesar de dedicarle toda una vida de estudio, pero deberíamos a prender todo lo que podamos. Debemos buscar voluntariamente tiempo para ello. Del mismo modo que un mecánico estudia los manuales, o el cirujano sus textos de medicina, el cristiano debe estudiar la Palabra de Dios. El estudio bíblico no es un lujo, sino una necesidad.

      Disponemos de una cantidad enorme de recursos para estudiar la Biblia:

  • * La Iglesia local, (pastores y maestros)
  • * Comentarios Bíblicos y libros de estudio de la Biblia
  • * Expositores de la Radio
  • * Seminarios
  • 2) Debemos memorizar la Palabra de Dios. Nuestro Señor cuando estuvo en el desierto, ¡no tenía a mano una concordancia! Pero recordó los libros de Moisés, seleccionó Deuteronomio y citó tres versículos de ese libro para hacer callar a Satanás.

 

En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti. (Salmo 119:11)

 

La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán. (Salmo 37:31)

 

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. (Salmo 40:8)

 

Si no tienes un programa sistemático para memorizar la Biblia, ¡comienza a hacerlo ya!

 

  • 3) Debemos meditar en la Palabra de Dios. La meditación es para el hombre interior lo que la digestión para el exterior. Si tú no fueras capaz de digerir tus alimentos, enfermarías y morirías.

 

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. (Josué 1:8)

 

Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. (Salmo 1:2)

 

¿Realmente te deleitas en la Palabra de Dios, o la lees solo por obligación? ¿Pasas tiempo leyéndola? Reflexiona en los siguientes versículos:

 

¿Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Mas que la miel en a mi boca (Salmo 119:103)

 

Me anticipé al alba, y clamé, esperé en tu palabra. Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en  tus mandatos. (Salmo 119:114)

 

Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata (Salmo 119:72)

 

Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. (Salmo 119:127)

 

¡Aquí tenemos a un santo que prefería tener la Palabra de Dios antes que comida, sueño o dinero! Temprano por la mañana, y por la noche, meditaba en la Palabra y enriquecía su alma. Este tipo de cristiano es el que es capaz de usar la Palabra de Dios para derrotar a Satanás y a sus mentiras.

 

  • 4) Debemos usar la Palabra de Dios. La mente del creyente debería ser como una “computadora espiritual”. Debería estar tan saturada de las Escrituras que, cada vez que se enfrentara a una tentación, recordara automáticamente la porción de la Biblia que trata sobre este tema. El ministerio del Espíritu Santo es traer a nuestra mente la Palabra cuando lo necesitamos.

 

Mas el Consolador, El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:26)

 

¡PERO EL ESPIRITU SANTO NO NOS PUEDE RECORDAR ALGO QUE NO HEMOS APRENDIDO!

 

Debemos permitirle que, antes que nada, nos enseñe la Palabra. Debemos memorizar la Escrituras que El nos abra. Entonces el Espíritu divino podrá recordarnos lo que hemos aprendido., usando esas verdades para derrotar a Satanás. Por favor, recuerda que  ¡Satanás conoce la Biblia mejor que nosotros! ¡Y que es capaz de citarla!

            El Espíritu de Dios te ayudará a utilizar la Palabra en la lucha contra el diablo. El Espíritu te mostrará cuando Satanás esta “usando” la Biblia para promocionar sus propias mentiras, como hizo con Jesús en el desierto. Satanás citó el Salmo 91:11,12, pero adaptándolo a su propias intenciones, omitiendo el “en todos tus caminos”. Dios promete protegernos cuando estemos en sus caminos. Si nosotros, por pura tontería, nos apartamos de ellos, Dios no esta obligado a cuidar de nosotros. Esto explica porqué Jesús respondió: “También esta escrito…” (Mat. 4:7)

Jesús comparaba un pasaje de las Escrituras con otro. Tomaba en consideración el mensaje global de la Biblia, y no se ceñía (como hacia Satanás) a un `pasaje determinado. A Satanás le encanta sacar versículos fuera de su contexto y usarlos para “corroborar” sus falsas pretensiones. Usted y yo debemos tener una visión global de las Escrituras, si queremos detectar las mentiras de Satanás y superarlas.

 

También es importante que contemplemos el mundo que nos rodea usando “los ojos” de la Biblia. Debemos poder decir:

 

Porque por fe andamos, no por vista (2ª Cor. 5:7)

 

Es posible que la propuesta de un negocio “parezca buena” a la mente natural, pero si no se basa en las verdades de la Palabra de Dios, fracasará.

El matrimonio “puede estar bien” desde el punto de vista humano, pero si contradice a la Palabra de Dios, es incorrecto.

 

Haz un inventario:

 

  • 1) ¿Dedico un tiempo cada día a leer la Palabra de Dios y meditar en ella?
  • 2) ¿Intento memorizar las Escrituras de una forma sistemática?
  • 3) ¿Pienso automáticamente en algún pasaje bíblico cuando me siento tentado o cuando debo tomar alguna decisión, o cuando debo telefonear a mis amigos cristianos par a obtener una guía celestial?
  • 4) ¿Creo que soy más capaz que antes de detectar las mentiras de Satanás?
  • 5) Ahora que soy creyente ¿sigue habiendo mentira en mi mente?
  • 6) ¿Conozco la voluntad de Dios para mi vida? ¿de verdad deseo conocerla?
  • 7) ¿Me deleito en la ley de Dios y la practico de corazón?
  • 8) ¿Soy culpable de mentir? ¿Por qué lo hago?
  • 9) ¿Estoy dispuesto a aceptar como verdad todo lo que dice la Palabra de Dios sobre mi vida? ¿O pregunto de vez en cuando “¿De verdad ha dicho Dios eso?” ¿Discuto su Palabra?
  • 10) La Palabra de Dios, ¿me resulta cada día más maravillosa? ¿La disfruto más que los placeres naturales de la vida, incluyendo la comida y el sueño?

 

 Adaptado de La Estrategia de Satanás de Warren W. Wiersbe