Desenmascarando La Incredulidad

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ESJ-2020 0116-001

Desenmascarando La Incredulidad – 1 Juan 4:8

Por John F. Macarthur

El amor es intrínseco al carácter de Dios. Es también un árbitro crítico para distinguir quién es y quién no es uno del pueblo de Dios.

Al escribir su primera epístola, el objetivo del apóstol Juan era ayudar a los creyentes que luchan por obtener la seguridad de su salvación. Establece su propósito en 1 Juan 5:13: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (énfasis añadido).

Pero 1 Juan también sirve un propósito secundario, y es destruir la falsa seguridad de aquellos que pueden profesar la fe en Cristo sin conocerlo realmente. Por lo tanto, escribe cosas tales como: “Si decimos que tenemos comunión con Él, pero[a] andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6). Y, “El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él;” (1 Juan 2:4). Y “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas.” (1 Juan 2:9).

Aquí hace del amor piadoso una especie de prueba de fuego para el verdadero cristiano: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (1 Juan 4:8). Con respecto a esta afirmación, Martyn Lloyd-Jones observó,

Juan no pone esto simplemente como una exhortación. Lo pone de tal manera que se convierte en un asunto desesperadamente serio, y casi tiemblo al proclamar esta doctrina. Hay personas que son poco amorosas, poco amables, siempre criticando, murmurando, hablando a espaldas, complacidas cuando escuchan algo en contra de otro cristiano. Oh, mi corazón se aflige y sangra por ellos cuando pienso en ellos; están pronunciando y proclamando que no son nacidos de Dios. Están fuera de la vida de Dios; y repito, no hay esperanza para tales personas a menos que se arrepientan y se vuelvan a Él. [1]

Tristemente, la mayoría de nosotros hemos encontrado cristianos profesantes cuyos corazones parecen carecer de cualquier amor genuino. La amonestación del apóstol Juan es un solemne recordatorio de que una mera pretensión de fe en Cristo no vale nada. La fe genuina será inevitablemente mostrada por el amor. Después de todo, la verdadera fe funciona por medio del amor (Gálatas 5:6).

Este tipo de amor dado por Dios no es fácil de falsificar. Mire todo lo que está involucrado: amor por Dios mismo (1 Corintios 16:22); amor por los hermanos (1 Juan 3:14); amor por la verdad y la justicia (Romanos 6:17-18); amor por la Palabra de Dios (Salmo 1:2); ¡e incluso amor por los enemigos! (Mateo 5:44). Tal amor es contrario a la naturaleza humana. Es antitético a nuestro egoísmo natural. La sola idea de amar esas cosas es odiosa para el corazón pecador.

Más adelante en este mismo capítulo, el apóstol escribe, “Dios es amor, y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16) -una vez más haciendo del amor piadoso la marca de la fe genuina.

Martyn Lloyd-Jones enumeró diez maneras sencillas y prácticas de saber si permanecemos en el amor. Las he parafraseado aquí y he añadido referencias bíblicas para subrayar cada punto:

– ¿Hay una pérdida del sentido de que Dios está en contra mía? (Romanos 5:1; 8:31).

– ¿Hay una pérdida miedo a Dios, y un correspondiente aumento de temor piadoso? (cf. 1 Juan 4:18; Hebreos 12:28).

– ¿Siento el amor de Dios por mí? (1 Juan 4:16).

– ¿Sé que mis pecados son perdonados? (Romanos 4:7-8).

– ¿Tengo un sentido de gratitud hacia Dios? (Colosenses 2:6-7).

– ¿Tengo un odio creciente por el pecado? (Romanos 7:15-16).

– ¿Deseo complacer a Dios y vivir una vida santa? (Juan 14:21; 1 Juan 2:5-6).

– ¿Existe el deseo de conocer mejor a Dios y acercarse a Él? (Filipenses 3:10).

– ¿Hay un arrepentimiento consciente de que mi amor por Él es menor de lo que debería ser? (Filipenses 1:9-10).

– ¿Hay un sentido de deleite al escuchar acerca de Dios y las cosas de Dios? (Salmo 1:1-2).

Supongamos que fallas esos exámenes. ¿Cómo puedes conocer el amor de Dios? En palabras de Lloyd-Jones: “No necesitas empezar a recorrer el camino místico, no necesitas tratar de trabajar en los sentimientos; sólo hay una cosa que puedes hacer: enfrentarte a Dios, verte a ti mismo y a tu pecado, y ver a Cristo como tu Salvador.” [3]

(Adaptado de The God Who Loves)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B200115
COPYRIGHT ©2020 Grace to You

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