Estudios Bíblicos
12 Razones de porque el Supersesionismo No es una Doctrina Bíblica
12 Razones de por qué el Supersesionismo / La Teología del Reemplazo No Es Una Doctrina Bíblica
Tomado de www.theologicalstudies.org
Por Michael J. Vlach, Ph.D.
“Creo que no atribuimos suficiente importancia a la restauración de los judíos. No pensamos mucho en eso. Pero ciertamente, si hay algo prometido en la Biblia es esto”.
– Charles H. Spurgeon
“Sostener la opinión de que Dios reemplazó a Israel con la iglesia es apartarse de un enorme cuerpo de evidencia bíblica”.
– Walter C. Kaiser, Jr.
El Supersesionismo es la perspectiva de que la Iglesia Neotestamentaria suplanta, reemplaza, o cumple el papel y el lugar de la nación de Israel en el plan de Dios. Estoy convencido de que la teología del reemplazo/supersesionismo es una doctrina no bíblica que viola las claras afirmaciones tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento que enseñan y afirman una salvación nacional y una restauración de Israel. A continuación hay doce razones de por qué el supersesionismo viola el testimonio bíblico:
Diaconos – Siervos Calificados para la Iglesia
El Liderazgo de la Iglesia
Diáconos – Siervos Calificados para la Iglesia (Parte 1)
Por
John MacArthur
Todos Los Derechos Reservados
Este Artículo Apareció originalmente aquí en Bible Bulletin Board
(Una copia de este mensaje en cassette puede ser obtenida llamando a 1-800-55-GRACE)
1 Timoteo 3:8-13 Cinta GC 54-25
Introducción
Cuando pienso acerca de la palabra “diácono” recuerdo a un cierto hombre austero que me agarró por la oreja y me llevó afuera de mi clase de escuela dominical. Odio admitirlo, ¡pero esto sucedió por varias ocasiones! En mis días de juventud los diáconos representaron la autoridad en la iglesia. En la mayoría de las iglesias donde crecí ellos eran los líderes espirituales de la iglesia. En muchas iglesias de hoy son el cuerpo gobernante, aun el pastor puede ser empleado y puede trabajar para los diáconos. Leer el resto de esta entrada »
Guía Bíblica en Práctica
Guía Bíblica en Práctica
Gary E. Gilley
Algunos meses atrás escribí una serie de artículos sobre la voluntad de Dios ocupándose de asuntos sobre como encontrar Su voluntad y si El nos habla hoy o no aparte de las Escrituras. La posición que he tomado es la que llamaría un entendimiento total de sola Scriptura de la vida cristiana. Esto quiere decir que Dios habla hoy exclusivamente a través de la autoritativa e inspirada Palabra la cual no necesita ningún suplemento adicional de alguna otra fuente. Esto no es negar la “revelación general” de la creación de Dios que nos dice algo sobre el poder y la gloria del Creador (Salmo 19:1-6; Romanos 1:20). Pero en lo que se refiere a “la revelación específica” no esperamos que nuestro Señor nos hable aparte de las Escrituras. Su guía no debe ser buscada en visiones, sueños, ángeles u otras manifestaciones sobrenaturales. Ni debemos nosotros buscar internamente corazonadas, impulsos, “pequeñas voces,” o la paz de Dios. Aun las circunstancias, las oportunidades, las “puertas abiertas”, y el buen consejo, aunque de gran ayuda en nuestra toma de decisiones, no son autoritativas. Somos sabios para considerar cuidadosamente estos asuntos externos pero estos no llevan el peso de la Escritura ni constituyen un mandato de Dios.
Si nosotros aceptamos esta tesis de sola Scriptura, ¿cómo le hacemos para “encontrar” la voluntad específica de Dios para nuestras vidas? Lo hacemos examinando las enseñanzas de las mismas Escrituras. Podemos comenzar por notar en que hay un número de ejemplos en el Nuevo Testamento en los cuales el Señor específicamente indica Su voluntad para nosotros:
· Es la voluntad de Dios que seamos llenos del Espíritu Santo – “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu (Efesios 5:17-18). En el momento de la conversión cada hijo de Dios es inmediatamente habitado (1 Corintios 6:19), bautizado (1 Corintios 12:13), regenerado (Tito 3:5-6) y sellado por el Espíritu Santo (Efesios 1:13; 4:30). Estos ministerios del Espíritu Santo traen al creyente a la presencia única de Dios, nos unen con Cristo y Su cuerpo, crean dentro de nosotros una naturaleza nueva y aseguran nuestra posición en Cristo. Ninguno de estos es un equipo opcional para el cristiano. El ministerio del llenar del Espíritu, por otra parte, no es automático, es condicional. Llenarse del Espíritu tiene la intención de ser controlado por El. Cuando el creyente vive en obediencia humilde para con el Señor él es lleno, o se controla, por el poder del Espíritu Santo. Es la voluntad expresa de Dios que seamos llenos del Espíritu.
· Es la voluntad de Dios que seamos santificados – “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Tesalonicenses 4:3). El término “santificación” quiere decir “ser apartado” y, cuando se usa en un trasfondo cristiano, lleva la connotación de ser apartado para un propósito santo. En el contexto inmediato del texto Primera Tesalonicenses el Señor está llamando a la pureza moral. Es la voluntad expresa de Dios que Su pueblo viva moralmente vidas puras.
· Es la voluntad de Dios que seamos agradecidos – “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” (1 Tes. 5.18). El agradecimiento parece ser contrario a nuestra carne y así también no es una cualidad natural, pero Dios quiere que Sus hijos sean agradecidos. Es más instructivo esto en Efesios 5:20 Pablo menciona agradecimiento como resultado de la llenura del Espíritu Santo y Colosenses 3:16 habla de “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” como producto de ser habitados por la palabra de Cristo. El agradecimiento no es ser humanamente confeccionado; es un subproducto del control del Espíritu y de la Palabra en nuestras vidas. Es la voluntad expresa de Dios que Su pueblo sea agradecido.
· Algunas veces es la voluntad de Dios que suframos – “Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal” (1 Pedro 3:17). No está siempre en el plan de Dios que suframos por Su causa pero cuando es así, debemos sufrir por nuestro testimonio piadoso, no por el comportamiento pecaminoso. Es algunas veces la voluntad expresa de Dios que suframos por El.
Estas son, claro es, las declaraciones generales que son ciertas para todos los cristianos de todos los tiempos – y no es una lista exhaustiva. A estos mandamientos de la “voluntad de Dios” podríamos agregar todos los requisitos revelados, las demandas y los mandatos encontrados en la Palabra que es aplicable para el creyente del Nuevo Testamento. En conclusión – encontramos la voluntad de Dios a través del estudio cuidadoso de la Palabra de Dios. Esto incluiría todo desde un marido amando a su esposa como Cristo amó la iglesia (Efesios 5:25) hasta cristianos no demandándose el uno al otro (1 Corintios 6:1-8) hasta la restauración de un creyente caído (Gálatas 6:1-2).
¿Encontrando la Voluntad de Dios?
Lo que descubrimos es que Dios no ha encubierto Su voluntad a nosotros necesitando de una fórmula secreta para desenredar Sus misterios. Su voluntad para nosotros es encontrada justo en las páginas de la Escritura lista para ser extraída hasta para el deleite de todos los hijos de Dios habitados por el Espíritu dispuestos a leer y aplicar la revelación Divina. La meta, como es expresada en el Nuevo Testamento, no es encontrar la voluntad de Dios sino hacer la voluntad de Dios. Puesto que Dios quiere que usted haga Su voluntad, asegúrese de que El no la haya escondido y luego enviarlo hacia alguna clase de caza de tesoro cósmico para encontrarlo. Él no nos desafía a que descubramos las pistas que conducirán a Su plan para nuestras vidas. Más bien, Su voluntad es claramente impresa en las páginas de la Escritura. Fue con este fin que Pablo le dijo a Timoteo procurara “con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Muchos tienen simplemente pocos deseos de hacer la obra “diligente” y necesaria para correctamente manejar la palabra de verdad y andan buscando atajos. El Señor no nos llama por atajos; en lugar de eso se requiere “la diligencia”.
¿Qué es que funciona el entendimiento de sola Scriptura de la voluntad de Dios y a la toma decisiones en la práctica? Tal vez la mejor forma para acercarse esto es usar un ejemplo real. Demos marcha atrás hacia mi decisión de enseñar en Brasil como he mencionado en un artículo anterior. Como usted recordará recibí instrucciones de ir a Brasil por 17 días para ministrar a pastores brasileños en un retiro, presentando una serie de seminarios prácticos enfocados a las tendencias contemporáneas mirando que hoy enfrenta la iglesia y a predicar en varias iglesias. Además, tenía oportunidad de observar los ministerios de tanto de brasileños y misioneros y ofrecer consejo.
Obviamente, éstas son todas cosas buenas – ciertamente parecería ser la voluntad de Señor ir allá. Pero contrarrestar lo positivo fue un número de negativas. Se requeriría centenares de horas para preparar los materiales necesitados para el viaje, en parte porque mis presentaciones PowerPoint y notas todas tendrían que ser traducidas al portugués – una tarea enorme que personalmente no podría hacer. Tendría que llevar a un ejército pequeño de ayudantes para lograr una tarea tan enorme. Por otra parte estoy en una posición única en que un número de personas en mi iglesia habla y escribe portugués (ciertamente inusual para una iglesia en los campos de maíz de Illinois). Los voluntarios se pusieron en fila para producir los materiales y hacer el trabajo de traducción – parecería que Dios se agradara del trabajo, pero hubo otros obstáculos.
En primer lugar, tenía que irme de mi iglesia dos semanas y media y perder tres domingos, algo que ni yo ni los ancianos de la iglesia encontraron deseable. ¿Y qué acerca de todos los demás proyectos en los que estoy involucrado como el escribir, aconsejar, prepararme enseñando materiales y cosas por el estilo? Mientras otros miembros de la administración y otros ancianos podrían llenar el púlpito y ministrar para las necesidades inmediatas de la gente mientras me ausentaba, ninguno de ellos podría manejar estos otros proyectos para mí. Me convencía de una carga de trabajo casi infranqueable – y volvería a casa exhausto. También habría una buena probabilidad de que adquiriría alguna clase de “insecto” exótico mientras estaba en Brasil, algo que a menudo consigo al viajar al extranjero (en esto resulté exitoso otra vez). Luego estaba la situación financiera. Éste era un viaje costoso y, al igual que con la mayoría de los ministerios de esta naturaleza, el gasto sería toda mío.
Entonces, mientras se que un ministerio en Brasil presentaba una oportunidad maravillosa a la vez ofrecía muchas dificultades – la decisión no estaba arreglada de antemano. Ciertamente habría sido agradable si el Señor audiblemente me dijese qué hacer. Excepto eso, pude haber utilizado algún presentimiento o corazonada fidedigna. Habría sido feliz con simplemente un poco de “paz de Dios” guiándome, pero como siempre estaba simultáneamente en paz y ansioso sobre cualquier decisión. El examen de las circunstancias y las “puertas abiertas” guiaba en ambas formas y, como mencioné antes, el consejo piadoso fue de poca ayuda. Así que ¿Qué debía hacer?
Al final, elegí hacer el viaje, ¿pero sobre qué base? Dios no me había hablado tampoco audiblemente o místicamente. La paz fue elusiva como lo fue el buen consejo. Las puertas estaban abiertas en todas las direcciones. Los obstáculos fueron igualmente evidentes a cada paso. Aun la Escritura no contenía versículos diciendo: “usted debe (ó, no debes) ir a Brasil”. ¿Cómo podía tomarse la decisión correcta – una que traería mas honra a Dios?
La Toma De Decisiones Bíblica
De hecho esa última pregunta es engañosa. Yo pregunté, “¿Cómo podía tomarse la decisión correcta – una que traería mas honra a Dios?” Eso presupone que sólo hay una decisión correcta que pudo haber sido hecha para traer honra a Dios. ¿Pero es cierto eso? El haber elegido yo quedarme en casa, asistir a mi congregación local, predicar y enseñar la Palabra en los Estados, enfocar la atención en mi ministerio extendido de escritura y pasar tiempo de calidad con mi familia, ¿no haría una decisión que glorificase a Dios? ¿Desobedecería al Señor y así estar viviendo en rebelión (sombras de Jonás) si había tomado esta ruta? Muchos dirían sí, pero creo que la Biblia dice no.
Busque un ejemplo en cómo fueron las decisiones hechas en el Nuevo Testamento:
· La donación financiera debía hacerse con base en la elección del corazón (2 Corintios 9:7).
· El viajar a otro país o pueblo (excepto en pocas ocasiones cuando Dios audiblemente entró) fue dejado al individuo (1 Corintios 16:5-7; Hechos 20:16).
· El consumo de comidas diversas fue determinado por la convicción del que comía (Romanos 14:2-4; 1 Corintios 8).
· La observancia, o el incumplimiento, de días santos especiales era una decisión personal – que no siempre era compartido con otras personas piadosas (Romanos 14:5-9).
· El matrimonio, después de que una obediencia correcta a los mandatos bíblicos y principios, fue dejado a los deseos del individuo (1 Corintios 7:39-40).
· Aquellos en el liderazgo de la iglesia deberían aspirar al cargo (1 Timoteo 3:1).
· Aquellos en los negocios, mientras dejándole lugar a la voluntad soberana de Dios por el contrario, eran libres de ejercer su actividad ya que la habían considerado oportuna (Santiago 4:13-17).
En ninguno de estos ejemplos, y muchos más que podríamos listar, pudimos encontrar al creyente buscando la voluntad específica de Dios. Nada de corazonadas e impulsos o experiencias de paz interior entran en juego. Estos individuos se ocuparon de sus asuntos obedeciendo la voluntad revelada de Dios, haciendo lo que estimaron ser lo más sabio y mejor para una situación dada, siempre conocedores y abiertos al hecho de que Dios podría cambiar sus planes. El cristiano del Nuevo Testamento no siempre operó desde una posición de certeza absoluta, ni parecieron tener necesidad de hacer eso. No fue raro para Pablo, por ejemplo, tomar un curso de acción porque a él le “…pareció bien” (1 Tesalonicenses 3:1 RVA), o porque “…creí necesario” (Filipenses 2:25 RVA), o “si conviene” (1 Corintios 16:4 RVA).
Éste fue el proceso de toma de decisiones típico en el Nuevo Testamento por personas piadosas. Al vivir en obediencia a la voluntad revelada de Dios, hicieron decisiones basadas en la mejor información que tuvieron al ver que podían honrar a Dios. Al final hicieron elecciones sabias, informadas según sus deseos, mientras vivieron de conformidad con la Palabra de Dios y siempre mantuvieron como su meta la gloria de su Señor. En ese momento no hay evidencia de que se atormentaron sobre la posibilidad de estar fuera de la voluntad de Dios. Estaban en la voluntad de Dios en virtud de sus vidas obedientes. Ellos, por consiguiente, tuvieron la libertad de hacer elecciones sabias y piadosas según la mejor información que tuvieron a su disposición. En cualquier situación dada un número de decisiones pudieron haber sido tomadas, las cuales todas igualmente honraban el Señor.
Conclusión:
Encerremos todo de esto en mi elección sobre el viaje para Brasil. Según mi leal saber y entender vivía en la voluntad de Dios en virtud del hecho de que me esforzaba por vivir en obediencia a la Escritura. La pasión de mi vida es traer gloria a nuestro Señor. Si me quedé en casa o me encaminé a Brasil no cambiaría tampoco estas cosas – me creí estar en la voluntad de Dios como es descrita en la Palabra. Así es que no me atormenté sobre mi estatus ante Dios. Cualquier decisión, creí, podía y debía traer honra a El Salvador. Pero saqué en conclusión que he gastado virtualmente mi vida entera en los Estados Unidos. América ha sido el foco de la mayor parte de mis esfuerzos en el ministerio – a pesar de de existen grandes necesidades en otros lugares – necesidades que el Señor me ha puesto para suplir. No pretendía que mi ministerio en Brasil sería muy impactante; aún supe que el Señor usa muchos instrumentos diferentes, tan débiles como personalmente podría ser, para cumplir con nuestros propósitos. Creí que tenía algo que contribuir para los cristianos en Brasil. Además, la iglesia que pastoreo es sana con un número de buenos líderes para manejar excelentemente el ministerio en el frente doméstico sin mí presencia por algunas semanas (de hecho mucho más tiempo que eso pero odio admitirlo). Las finanzas estaban en orden y mi carga de trabajo podría ser manejada si haría buen uso de mi tiempo al viajar.
Al fin decidí ir a Brasil porque quise ir y porque creí sería el mejor uso de mi tiempo para la gloria de Dios. Viendo atrás todavía creo fue la mejor opción. Sin embargo, si hubiese escogido rechazar el viaje, pude haber hecho eso para la gloria de Dios igualmente. Cualquier elección era buena. Cualquier elección le agradaba a Dios (2 Corintios 5:9). Ninguna elección me colocaría fuera de Su voluntad.
Al intentar tomar las decisiones que honren a Dios debemos libremente examinar las circunstancias, los sentimientos, la lógica, etcétera, pero nunca podemos concluir que de cosas el Señor definitivamente nos guía en una forma particular. El cuadro bíblico es del pueblo de Dios tomando decisiones sabias basadas en los principios y mandatos evidentes de las Escrituras. Al mismo tiempo siempre estuvieron dispuestos a inclinarse ante la voluntad de un Dios soberana que en cualquier momento podía cambiar su dirección. Tales cristianos no se preocuparon de perderse de la voluntad de Dios porque vivían en la voluntad revelada de Dios y confiaban en el Señor para tomar la iniciativa para asegurarse de que ellos estaban donde El quería que ellos estuvieran. En el Nuevo Testamento no se nos da instrucciones de buscar la voluntad de Dios sino de tomar decisiones sensatas basadas en los principios y mandatos bíblicos. La comprensión de estos principios le da al hijo de Dios la libertad maravillosa y la gran confianza en su búsqueda de vidas que agraden a su Señor.
Traducción: Armando valdez
La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 2
La Voluntad de Dios, Perdida o Encontrada – Parte 2
Gary E. Gilley
En el práctico libro de Dave Swavely, Decisions Decisions escribe:
Muchos cristianos, que dirían que no creen en una revelación nueva, esencialmente buscan revelación nueva en su toma de decisiones. Pueden tener una teología de “cesacionismo” en su perspectiva de la revelación, pero en su práctica diaria contradicen esa teología intentando escuchar a Dios decir algo que no está en la Biblia. Y sugeriría que su teología es correcta, así es que le deberían permitir que esta forjara su vida práctica. Dios habla hoy, pero él habla a través de su Palabra.1
¿Pero no podemos contar con ambas alternativas? ¿No podemos tener la revelación completa de Dios en la Biblia y revelaciones extrabíblicas, que no se acerquen totalmente a la revelación y a la par? O. Palmer Robinson sugiere que:
¿Y por qué no ambos? ¿Por qué no la iluminación de la Escritura combinada con revelaciones nuevas del Espíritu? Simplemente porque si usted dice necesitar para ambos, usted ha dado a entender la insuficiencia de la misma. Usted se ha posicionado en la estructura del antiguo pacto, en un tiempo donde nuevas revelaciones se requerían debido a lo incompleto del antiguo. Pero Cristo es la última palabra.2
Por el otro lado de la cerca están aquellos que dicen que tal teología es un Deísmo práctico, despojándonos de un Dios personal que está obrando en nosotros individualmente. La Escritura, dirían, es incuestionablemente la Palabra inspirada de Dios – pero es la Palabra de Dios para todo el mundo igualmente. Cuando leo que el “Señor es mi pastor” o que Cristo murió por nuestros pecados, éstas son declaraciones verdaderas, pero son ciertas para cada creyente no sólo para mí. Preguntan ¿Qué le parece a usted si su esposa dijese que ella le ama pero ella ama igualmente a todos los que ella conoce? ¿Le haría eso sentirse especial o justo? Así los es Dios y nosotros. Él sostiene que ama al mundo y El ha hablado en general a todos (a través de la Biblia), pero también necesitamos palabras personales – las palabras solo para nosotros, para afirmar nuestra relación personal. Y la parte de esa palabra personal incluye la dirección. Si el Señor realmente me ama y El es infinitamente sabio, entonces necesito Sus instrucciones íntimas. No es suficiente, de nuevo, que él le haya dado instrucciones amplias, principios y la orientación a todo el mundo. Necesito algo más, algo solamente para mí, algo privado. Las Escrituras me dicen que Dios me guía en los caminos de rectitud – y eso es bueno. Pero necesito de Su dirección en asuntos más específicos como la selección de un trabajo, con que persona se casaré, qué casa he de comprar y docenas de otras preocupaciones. No necesito Su ayuda para escoger qué ropa he de llevar puesta o que ruta he debería tomar hacia la iglesia (aparentemente hay un umbral debajo del cual soy capaz de hacer mis propias elecciones), pero para las decisiones grandes de la vida necesito un mensaje personal.
Lo que estas personas están diciendo parece tener sentido pero ¿están en lo correcto? Parecería que un número de pasajes de la Escritura señalan que no lo son. Lo que si, como Garry Friesen dice, las impresiones no son autoritativas pero ¿son realmente son solo impresiones?3 ¿Qué si no son mensajes de Dios del todo?, es decir, los incrédulos tienen impresiones, ¿no es así? ¿Cuál es la fuente de sus impresiones? Veamos lo que la Biblia dice.
Pero ¿Qué Acerca de Aquellos Textos Bíblicos?
El salmo 19 nos enseña hay dos fuentes de revelación: de naturaleza (vv. 1-6) y de la Escritura (vv. 7-14). La “revelación general” de la naturaleza, hablando a rostro firme de la gloria de Dios, aun tiene serias limitaciones. Romanos 1:20 confirma que la naturaleza es capaz de revelar al género humano el poder eterno y la naturaleza divina de Dios; por consiguiente aun aquellos que no saben nada de Jesucristo están sin excusa cuando rechazan a Dios. Pero la revelación general es incapaz de exponer una multitud de cosas incluyendo a Jesucristo, la cruz, la gracia, la vida eterna, etc. Para cosas así necesitamos la “revelación específica” de la Escritura. Estas dos revelaciones generales y específicas, han sido reconocidas por el pueblo de Dios a todo lo largo de las épocas como los medios normales en los cuales Dios se comunica con nosotros. Ocasionalmente, el Señor se abre paso en otras formas, ya sea por ángeles, visiones, sueños y aun burros, pero éstas son excepciones raras como hemos explorado en artículos previos. Pero estos han estado agregados en otra forma de comunicación, uno que no es encontrada en la Palabra – eso de la voz interna de Dios en una forma u otra. Mientras que ya hemos encontrado que esta voz interior está ausente en la Escritura (la “voz aun pequeña” que Elías escuchó en 1 Reyes 19:12-13 a menudo es presentada como evidencia de la voz interior de Dios, pero aun una mirada rápida al pasaje demuestra que ésta fue una voz “externa” literal, no una impresión interna), aun hay un número de textos que parecerían señalar que Dios guía en esta época del Nuevo Testamento aparte de la Escritura. Es decir, para ser claro, Dios parece en estos pasajes comunicar instrucciones específicas acerca de nuestras vidas individuales a través de fuentes extrabíblicas, la mayoría a través de las circunstancias, impresiones y consejo divino. Que en la toma de decisiones debería ser sabio el cristiano en poner atención cuidadosa a estos asuntos no está en debate. La pregunta es si Dios realmente comunica Su voluntad autoritativa particular a un individuo en particular a través de esta manera en particular. Creo que la respuesta es un claro “no”.
Pero ¿qué acerca de los textos que parecen implicar que Dios tiene una voluntad específica y que El nos guiará en ella si encontramos ciertas condiciones? Estos textos bíblicos incluyen: Proverbios 3:5, 6; Colosenses 1:9-10; 3:15; Filipenses 4:6, 7; Romanos 8:14, 16; Salmo 32:8; Juan 16:12-14; Efesios 5:17. Echemos una ojeada rápida a lo que predomina en estos para ver lo que realmente enseñan en contexto.
Romanos 8:14 – “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Una interpretación común de este versículo es que una de las formas en que sabemos que somos hijos de Dios es a través de la guía interior del Espíritu Santo en nuestras vidas. Si hemos nacido de nuevo deberíamos esperar que el Espíritu Santo confirme nuestra condición espiritual por la constante recepción de la guía extrabíblica y sobrenatural del Espíritu Santo acerca de las decisiones personales. Pero el contexto del pasaje no tiene nada que ver con la toma de decisiones y todo lo que tiene que ver con la vida piadosa. La prueba de nuestra conversión, dice Pablo, es la guía del Espíritu Santo en nuestras vidas – pero esa guía está hacia la vida justa y no hacia la toma de decisiones (vv. 9-13).
Romanos 8:16 – “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” Pero ¿no habla este versículo de un testimonio interno del Espíritu Santo? Aun si nosotros reconocemos que el contexto tiene que ver con la evidencia de una vida espiritual y no a la toma de decisiones, ¿no estará diciendo Pablo que un cristiano sabrá que él es salvo porque el Espíritu Santo en cierta forma le habla a su corazón? Bueno en primer lugar, aun si eso fuera cierto, no es nos dice cómo es que el Espíritu Santo nos “da testimonio a nuestro espíritu”. Muchos llegan a la conclusión de que este testimonio es una impresión o voz interna por la cual sentimos la presencia de Dios a través del Espíritu Santo y así sabemos que somos salvos. Pero no creo que la interpretación pueda ser confirmada de este versículo. Para empezar, el versículo no dice que el Espíritu Santo testifica a nuestro espíritu sino “con” nuestro espíritu (nota: en inglés es “con” en lugar de “a”, en la versión Actualizada [RVA] dice: “El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”). En otras palabras, cuando el Espíritu Santo y nuestro espíritu están de acuerdo, sabemos que nos salvamos. Cuando el testimonio del espíritu del creyente, en lo que se refiere a por qué cree él que es un hijo de Dios, está de acuerdo con el testimonio del Espíritu Santo (el evangelio inspirado en espíritu como es registrado en la Biblia), entonces él sabe que él es un hijo de Dios. Estoy de acuerdo con Don Matzat en este versículo:
Los maestros de la Biblia generalmente están de acuerdo que cuando el apóstol Pablo nos dice que seamos guiados por el Espíritu, él no está hablando de alguna invasión externa momentánea del Espíritu Santo en nuestra conciencia, diciéndonos qué hacer y cómo hacerlo. Ni se esta refiriendo a nuestro esfuerzo de llamar por medios mágicos el Espíritu en algún encuentro místico. Pablo simplemente nos dice que vivamos según nuestra vida nueva en Cristo, la cual es Cristo morando en nosotros por Su Espíritu Santo, o ser “guiados por el Espíritu” en oposición a el vivir según nuestra antigua naturaleza pecaminosa, o sea “guiado por la carne”.4
Salmo 37:4 – Con Base en este versículo, “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón,” algunos concluyen que los creyentes viviendo en conformidad con el Señor pueden confiar en sus deseos para guiarlos. Se registra que Calvino dice: “ama a Dios y actúa como te plazca”. Pero esta interpretación presiona el versículo demasiado lejos y está en contra de otros textos bíblicos. La comprensión normal de este versículo es que, cuando nos deleitamos en el Señor, dará como resultado un cambio de nuestros deseos a fin de que estén en armonía con los deseos de Dios para con nosotros. Pero el Salmo no sigue diciendo que nuestros deseos son ahora completamente confiables. Nuestra carne está en guerra con el Espíritu mientras estemos en estos cuerpos humanos (Gálatas 5:16-18), haciendo siempre difícil saber que los deseos de nuestro corazón son puros. Pablo pareció luchar contra estar en deseos conflictivos en una base normal (Romanos 7:14-25) y él quiso ir a España, pero nunca lo hizo (Romanos 15:24, 28). Aun Jesús quiso evitar la Cruz pero eligió someterse por sí mismo a la voluntad del Padre (Mateo 26:36-46). Los deseos del cristiano comprometido pueden ser un buen punto de partida en nuestro proceso de toma de decisiones, pero bíblicamente no podemos afirmar que nuestros deseos hayan sido implantados por el Espíritu, o que son guías infalibles.
Filipenses 4:6-7 comparado con Colosenses 3:15 son versículos que han sido usados por multitudes de creyentes que buscan la “paz de Dios” en su toma de decisiones. El argumento va como sigue: El juez final (gobernante) para conocer la voluntad de Dios es la paz de Dios. Si el Señor quiere que nosotros tomáramos acción él indicará Su aprobación dándonos Su paz. Por otra parte, si no estamos en la voluntad de Dios, el Señor hará evidente esto a través de una intranquilidad en nuestros corazones.
Como joven intentando aplicar la teoría de la “paz de Dios” a mi vida, me encontré con algunos problemas muy prácticos. Por ejemplo, nunca podría obtener la paz de Dios cuando hacía compras grandes. “Deseaba” un coche nuevo (¿era esto un deseo de Dios o no?) pero era demasiado para un avariento tener “paz” en gastar grandes cantidades de dinero. Estaba paralizado. No tuve paz acerca en comprar el coche pero ninguna paz en no comprándolo también. En cierta forma la teoría de paz (y aun la teoría del deseo respecto a esto) no funcionaba para mí. Asumí que era demasiado estúpido y demasiado pecaminoso también discernir la paz de Dios. Entonces observé personas clamando la paz de Dios sobre lo más estúpida de las decisiones – las decisiones que regresarían a obsesionarlos. No fue sino hasta años más tarde que fui aliviado al regresar a estos pasajes y descubrir que no estaban en el contexto de la toma de decisiones en absoluto. Ambos pasajes hablaban de paz (o la falta de conflicto) entre el creyente y otras personas y/o Dios, no alguna paz interna que indicaría cuándo hemos hecho las decisiones correctas. La armonía con nuestro prójimo y con Dios viviendo Su voluntad revelada es el contexto y no la toma de decisiones.
2 Corintios 2:12-13 – ¿Y qué acerca de aquellas puertas abiertas? En este pasaje se lee: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.” Los versículos que hablan de puertas abiertas (vea también, Hechos 14:27; 1 Corintios 16:8, 9; Colosenses 4:3) nos “abren la puerta” para examinar el papel que jugaban las circunstancias en la voluntad específica de Dios. ¿Son las circunstancias la manera de Dios de comunicarnos Su voluntad? La Escritura no señala que lo sean. Uno de los problemas con las circunstancias es su naturaleza subjetiva; es decir, podemos leer en ellas simplemente acerca de alguna cosa que deseamos. Si no podemos encontrar un buen trabajo en nuestra ciudad natal, es esta una manera de Dios de decirnos que nos mudemos o Su manera de sacar el materialismo de nuestras almas? ¿Si interpretamos que es la voluntad de Dios que nosotros debamos movernos, simplemente donde me está dirigiendo El? Ciertamente el Señor fue directo con llamar a Pablo para Macedonia, pero esa fue una maniobra única por parte del Señor de incluir una visión, no simplemente un cambio en las circunstancias. Por supuesto, si el Señor abre una puerta, o cierra una (algo nunca mencionado en la Biblia), necesitamos fijarnos bien. Pero aun estas puertas abiertas no son autoritativas. Pablo oró por puertas abiertas para el evangelio, pidiendo oportunidad para propagar las buenas noticias, pero en 2 Corintios 2:12-13 Dios le había dado una puerta abierta que él decidió ignorar porque él tenía otras cosas en mente. En el mejor de los casos, las circunstancias representan oportunidades (o la falta de ellas) que nos pueden ayudar a en nuestras decisiones pero no son mandatos de Dios. Si yo creo que he sido “llamado” a predicar pero nadie parece ser llamado (o dispuesto) para escuchar, el examen de esa circunstancia puede resultar ser más útil. Pero eso ni confirma ni invalida si debo ser un pastor, aunque podría suministrar datos útiles en mis elecciones vocacionales.
Proverbios 3:5-6 – “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.”
Esto es seguramente uno de los pasajes más amados en la Palabra y con razón. Durante los grandes momentos de estrés y duda ¿que creyente no ha leído o citado estas palabras con gran consuelo? Pero ¿simplemente qué se les ofrece a aquellos que confían y reconocen el Señor? La comprensión del pasaje es torcida por la KJV (Versión Rey Jaime) traduciendo la frase final, la cual dice: “y él guiará tus caminos”. La implicación, al menos para muchos, es que el Señor nos dirigirá en Su voluntad perfecta y específica para nuestras vidas si nosotros confiamos en El. El problema con esta comprensión del pasaje es que la palabra “caminos” no se refiere no a la voluntad específica en el uso del Antiguo Testamento, pero habla del camino general de la vida. En Proverbios 4:18 se nos habla de la “senda de los justos”. Y en Proverbios 15:19 se nos dice que “Mas la vereda de los rectos, como una calzada.” Proverbios 11:5 da una promesa similar 3:6 cuando dice: “La justicia del perfecto enderezará su camino.” Lo que tenemos entonces no es una promesa de una dirección individual a través del confiar en Dios, sino una descripción del tipo de vida que conduce el confiar. Es una vida en conformidad a la voluntad moral o revelada de Dios. Aquellos que se apoyan en El van en dirección correcta en el camino de la vida. Viven como Dios quiere que el justo viva. Friesen dice esto bien: “el punto de Proverbios 3:5-6, entonces, es que aquellos que confían en Dios, y confían en Su sabiduría en vez de su propio entendimiento mundano, y reconocen a Dios en cada parte de su vida, cosecharán una vida que tiene éxito mediante los estándares de Dios.5
Juan 14:26 – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”
John 16:12-14 – “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”
Muchos toman estos versículos como teniendo aplicación universal. Pero ¿debemos nosotros leer estos pasajes como una promesa para todos los creyentes en todo momento, o son estas promesas peculiares para los apóstoles e indicadores de que la revelación del Nuevo Testamento pronto la recibirían a través del Espíritu Santo? Juan 14:12 especialmente ha sido usado por muchos para dar apoyo ya sea a una revelación permanente o a una iluminación única, pero tal interpretación es dificultosa por la frase final que promete: “él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Jesús claramente hablaba de instrucciones dadas a los apóstoles mientras él andaba entre ellos. Mucho de lo que él les enseñó trascendía su comprensión. Este discurso encontrado en Juan 14-16 contiene cierta teología de la más profunda alguna vez dada por nuestro Señor y trascendió fácilmente la comprensión de los apóstoles. Él por consiguiente les promete que en el futuro un Ayudante vendría: el Espíritu Santo, quien traerá estas cosas de vuelta a su memoria y aun los guiaría a una revelación nueva (16:13-14). No creo que Jesús esté estableciendo referencias para la toma de decisión individual con respecto a las áreas de rutina de la vida. Sino mas bien, creo que él habla del método por el cual el Señor transmitiría la verdad del Nuevo Testamento para la iglesia (vea a 1 Corintios 2:9-10).
Una Aplicación Personal
Al escribir este artículo estoy sentado sobre una terraza en Brasil. Algunos meses atrás fui invitado por algunos pastores brasileños a venir a su país y ministrar en una conferencia de pastores, predicar en varias iglesias y enseñar temas teológicos contemporáneos en un seminario. Cuando se me invitó, tuve que tomar una decisión. Las oportunidades para presentar la Palabra, enseñar y animar el liderazgo brasileño de la iglesia y a otros creyentes fueron enormes. Pero por otra parte el viaje era costoso y tendría que apartarme de mi iglesia y de mi familia por 17 días. ¿Cómo debía yo decidir “la voluntad del Señor” sobre este punto? Una puerta de oportunidad estaba abierta, pero perdería el derecho a otras oportunidades. Podría buscar la paz del Señor pero yo estaba entre la espada y la pared de mi dilema usual – cualquier cara de la moneda de la paz era difícil de encontrar. Busqué el consejo de mis ancianos de la iglesia y ellos dijeron: “haga cualquier cosa que usted desee” – de gran ayuda fueron. Si sólo el Señor me dijera qué hacer, o mínimo me diera algunas corazonadas fuertes, entonces podría saber qué hacer, pero ninguna de las corazonadas aparecía. Al fin tomé la decisión de venir a Brasil, una decisión que creo que fue una que honró al Señor. Pero si el Señor no me estaba “guiando” a venir a Brasil, ¿cómo sabría yo si estaba en Su voluntad? Sin presentimientos, sin corazonadas, sin la paz de Señor, o circunstancias definitivas, ¿cómo sé que hice la decisión correcta? O ¿podía haber permanecido en casa y aun estar en Su voluntad? Hasta la próxima.
[1] Dave Swavely, Decisions, Decisions, (Phillipsburg, New Jersey: P&R Publishing, 2003), p. 65.
[2] As quoted in Swavely, pp. 30-31.
[3] Garry Friesen, Decision Making and the Will of God (Portland, Oregon: Multnomah Press, 1983), p. 131.
[4] Don Matzat, The Lord Told Me, I Think, (Eugene, Oregon: Harvest House, 1996), p. 64.
[5] Garry Friesen, p. 98.
¿Quien es Jehová? ¿Quien es Jesús?
¿Quién Es Jehová? ¿Quién Es Jesús?
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios (Juan 1:1).
Tomado de http://www.spurgeon.org/~phil/articles/deity.htm
Publicado con Permiso del Autor
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Derecho de autor © 1996 por Phillip R. Johnson. Todos los derechos reservados.
Los Testigos de Jehová son bien conocidos para su negativa de la deidad de Cristo. Según su teología, Jesús fue una encarnación de un arcángel supremo, no Dios en carne humana.
El nombre histórico para esta enseñanza es arrianismo. Arrio fue hereje del cuarto siglo cuya doctrina estaba opuesta por Atanasio y condenada en el concilio de Nicea en 325. La doctrina de la Encarnación de Arrio fue virtualmente idéntica a la de los Testigos de Jehová del día de hoy. Arrio aun usó muchas de las mismas discusiones que los T.J. utilizan hoy. Atanasio brillantemente respondió a Arrio y expuso sus distorsiones de la Escritura. El trabajo de Atanasio titulado Sobre la Encarnación representa una respuesta efectiva hacia los Testigos de Jehová.
Pero por el momento ignoremos los escritos de Atanasio, los documentos del Concilio de Nicea, y cualquier otra fuente histórica y teológica excepto la Escritura misma. ¿Es posible demostrar concluyentemente desde la Biblia solamente que Jesucristo se muestre en la Escritura como Dios? Creo que si lo es. Y estoy convencido de que aquellos que rechazan la deidad de Cristo por consiguiente también deben rechazar el significado simple de la Palabra de Dios.
Al menos ocho líneas de discusión se combinan para hacer el caso bíblico de la deidad de Cristo:
1. El Antiguo Testamento predijo a un Salvador divino
Necesitamos probar sólo con algunos pasajes cruciales para establecer el punto:
- El salmo 2 es un Salmo Mesiánico y fue reconocido como tal por los judíos estudiosos, siglos antes de Jesucristo. En Hechos 13:33, Pablo afirma que este salmo tiene un significado Mesiánico. El salmo cierra con estos versos, “Servid a Jehová con temor, Y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; Pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.” (vv. 11-12).
- Allí las frases “Servid a Jehová con temor” y “Honrad al Hijo” es paralelo. Y como es típico en el paralelismo poético hebreo, esto quiere decir que las dos frases son equivalentes lógicos. Servid a “Jehová” significa “Honrad al Hijo”. Además, este salmo presenta al Hijo de Dios como Alguien en quien los creyentes pueden refugiarse – un Salvador que es el propio Hijo de Dios, idéntico en carácter y rango con el Padre Eterno.
- El salmo 110 es identificado como un Salmo Mesiánico por el escritor de Hebreos (Heb. 5:6; 7:17). Aquí David le llama a Señor: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies., Hasta Que los hago a Suyos enemigos un banquillo para Sus pies” (v.1). Jesús mismo citó este verso en Mateo 22:43-45 para demostrar que él existió antes de David y que era superior a cualquier rey terrenal. La palabra traducida “Señor” en este versículo necesariamente no designa a la deidad. Es una palabra hebrea que a menudo se aplica a un amo terrenal. Así es que es sólo una unidad en el acertijo – no en particularmente significativo por sí mismo, pero cuando es pesado con el resto de la evidencia, su significado completo se aclara.
- Otras profecías Mesiánicas son aún más evidentes en atribuir la deidad al Ungido del Señor.
- Isaías 9:6, por ejemplo, es una promesa evidente del Mesías. Da una serie de nombres que se aplican a él: “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno o [“padre de la eternidad”], Príncipe de Paz.”. Una profecía anterior de Isaías, se halla en Isaías 7:14, le da el nombre de Emmanuel, lo cual literalmente quiere decir: “Dios con nosotros”.
- Miqueas 5:2 profetizó que el lugar del nacimiento del Mesías sería Belén, y habló de él con estas palabras profundamente importantes: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”.
- En Malaquías 3:1-2 encontramos una de las profecías más evidentes, más vívidas del Mesías entrante. Marcos 1:2 identifica este versículo como una profecía de Cristo:
“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.”
Note que retrata a Jesús como Señor (ésta es la palabra hebrea Adonai), quien viene a Su templo. Y él viene a hacer una obra de juicio divino.
2. Jesús es llamado Jehová
En este punto los bien entrenados Testigos de Jehová quieren hacer una distinción entre la palabra Adonai, la cual es “Señor” traducida en la mayoría de Biblias inglesas, y la palabra Jehová (o Yahweh), también traducida “Señor” en la mayoría de Biblias inglesas. Si usted quiere señalar la diferencia entre las palabras en la mayoría de las traducciones, cuando el original es Adonai, la palabra “Señor” aparecerá en letras mayúsculas y minúsculas; cuando la palabra hebrea es Jehová, la palabra “Señor” aparecerá en letras mayúsculas y minúsculas.
Supongamos que los hipotéticos puntos de los Testigos de Jehová señalen que en todos los versículos que me he referido hasta ahora se ha utilizado la palabra Adonai y no Jehová. Puesto que los Testigos de Jehová creen que Jehová es el único nombre verdadero de Dios, cualquier pasaje que aplique el término Jehová a Cristo concluyentemente desbarataría su teología entera. ¿Existirán tales versículos?
Ciertamente hay. El Salmo 23:1, por ejemplo, dice, “Jehová es mi pastor”. Jesús muy claramente se aplicó este pasaje a Sí Mismo en Juan 10:11, 14 cuando él dijo, “Yo soy el Buen Pastor”. Y el escritor de Hebreos también le aplicó este pasaje a Cristo en Hebreos 13:20, cuando él escribió: “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,” – Jesús nuestro Jehová.
¡En Isaías 6:5, cuando Isaías tuvo la visión del cielo, con el Señor sentado sobre su trono alto y sublime, él dijo, “…!!Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.”. Pero el apóstol Juan, con respecto a este mismo incidente, escribe que Isaías vio la gloria de Cristo, “y habló acerca de él” (Jn. 12:41).
En la profecía famosa de Juan el Bautista encontrada en Isaías 40:3, Jesús es llamado Jehová: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.”.
Y en Jeremías 23:5-6, un texto muy crucial para la doctrina de la justificación por la fe. Este verso introduce un nombre nuevo para Dios, Jehovah Tsidkenu, “Jehová nuestra justicia”. Note a quienes es aplicado: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. [Esta es claramente una profecía mesiánica.] En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra.” (Jer. 23:5-6).
He aquí hay un pasaje muy familiar, Joel 2:32: “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo”. Tanto Hechos 2:21 y Romanos 10:13 citan ese pasaje, aplicándole el título Jehová a Cristo.
El simple hecho es que los Testigos de Jehová no son testigos del Jehová verdadero de la Escritura. Rechazan a Su testigo y el testimonio de Su Palabra de que Cristo mismo es Jehová quien vino en carne humana a la tierra.
3. Los Títulos Reservados para Jehová son Aplicados a Cristo
En Isaías 10:20, encontramos la expresión, “Jehová, el Santo de Israel”. Se dice que el Santo es nada menos que Jehová mismo. Y en Hechos 3:13-14, Pedro le dice a los hombres en Jerusalén: “El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo”.
En Isaías 44:6 leemos: “Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.” En este versículo se ofrece fuertemente una prueba para la Trinidad, porque diferencia entre Jehová y Su Redentor Jehová. Pero también reserva para Jehová Dios esta expresión: “el primero… y el postrero”. Ese título sale a la superficie otra vez en Apocalipsis 1:8, donde otra vez es aplicado a Jehová: “soy el Alfa y la Omega, principio y fin dice el Señor, el que es y el que era y que ha de venir, el Todopoderoso”. No hay duda alguna acerca de quien posee ese título. Note también que ese es un título que difícilmente se comparte con cualquier ser creado: El Alfa y la Omega, el principio y el fin, el que es y el que era y que ha de venir, el Todopoderoso. Aún al final del libro de Apocalipsis leemos estas palabras otra vez, esta vez hablando acerca de Jesucristo: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.” (Apoc. 22:13).
En Isaías 43:11, Dios habla: “Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve”. ¿Se ha dado cuenta usted que el título “salvador” es reservado en la Escritura a Dios? Este verso dice entonces en términos posibles más simples. “Soy Jehová; Y no hay salvador fuera de Mí”. Por esto es que Pablo, escribiéndole a Tito, no se reprimió en aplicarle tanto el nombre Dios y la palabra Salvador a Jesucristo. Titos 2:11-13 dice esto:
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.”
Zacarías 12:10 incluye una profecía más interesante. En contexto, es Jehová quien habla. El versículo 4 nos lo dice así. Luego el versículo 10 dice: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” ¿Quién fue el que fue traspasado? Fue Cristo. Y Juan 19:37 específicamente le aplica este texto a Cristo.
Deuteronomio 10:17 dice, “Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible,”. Pero Apocalipsis 17:14 le aplica el título “Señor de señores” al cordero, Jesucristo: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.”
4. Jesús Posee Todos los Atributos Incomunicables de Dios
- Cristo es eterno, como notamos en Miqueas 5:2, y en Sus títulos, “el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el principio y el fin”.
- Él es omnipresente. En Mateo 18:20, él dijo, “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”; Y en Mateo 28:20, él prometió, “he aquí, yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
- Él es omnisciente. En la noche en que Cristo fue traicionado, los discípulos le dijeron: “Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios.” (Jn. 16:30). Más tarde, Pedro apeló a la omnisciencia de Cristo en su defensa, Juan 21:17: Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.” En Apocalipsis 2:23 Cristo se describe a Sí Mismo en estos términos: “y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón”.
- Él es omnipotente. Filipenses 3:21 dice él “el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” Hebreos 1:3 dice que él “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”.
- Él es inmutable, invariable. Este atributo nunca podría ser cierto de cualquier ser creado. Pero Hebreos 1:10-12, dicen de Cristo:
“Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura, Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, Y tus años no acabarán.”
Hebreos 13:8 es una afirmación familiar de la inmutabilidad de Cristo: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”
En resumen, la Escritura dice que Cristo encarna cada atributo que es verdadero de Jehová, Colosenses 2:9: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Y Hebreos 1:3 dice Cristo es siendo el resplandor de su [Jehová] gloria, y la imagen misma de su sustancia. Jesús es Jehová Dios.
5. Jesús Hace las Obras de Dios
- Jesús hace las obras que solo Dios puede hacer. Por ejemplo, Cristo creó “todas las cosas”. Juan 1:3 dice: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Si esto es cierto, entonces él mismo no podría ser un ser creado.
- Colosenses 1:16 dice la misma cosa con más detalle, descartando la posibilidad de que él podría ser alguna clase de arcángel: Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.” El versículo 17 va un paso más allá y lo ilustra no sólo como Creador sino también como Sustentador: “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”.
- Él Supervisa la operación de la Divina Providencia. En Juan 17:2, Cristo ora al Padre: “como le has dado [al Hijo] potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.” Efesios 1:22 hace eco de eso: “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia.”
- El perdona pecados. Ésta fue una controversia enorme en el ministerio terrenal de Jesús. Mateo 9:2-7 y Marcos 2:5-10 dan los relatos de cómo se ofendieron los fariseos de que él perdonara pecados. En Marcos 2:7 ellos le preguntan: “¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” Comprendieron claramente las implicaciones de Su autoridad.
- Él tiene el poder de resucitar a los muertos y emitir juicio final. En Juan 5:22, Jesús dijo: “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo”. Ese es un reclamo muy explícito de deidad, y en el versículo 24, Jesús aun establece la base del juicio la cuestión de que ya sea si alguien se oye su palabra o no. Hechos 10:42 dice que a Cristo “Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos”. Hechos 17:31 dice lo mismo. 2 Timoteo 4:1 dice: “Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino”.
- Es El quien nos llevará en la plenitud de la glorificación. Filipenses 3:21 dice que él “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. En Apocalipsis 21:5 dice el: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.”
6. Jesús recibe adoración.
Jesus Mismo en Mateo 4:10 dijo al que se dice Diablo: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” Si Jesús mismo fuese sólo una criatura, él habría sido culpable de hipocresía, pues él mismo recibió adoración. Ni una vez Jesús hizo alguna vez reprensión a alguien por adorarle. Nunca él rechazó la adoración de alguien. De hecho, él corrigió a aquellos que regañaron duramente a otros por adorarle a El, como en Juan 10, cuando Marta estaba enojada de que María se había sentado a Sus pies. Y en Mateo 26, él reprendió a los discípulos por indignarse de que una mujer le había ungido con un costoso ungüento.
Escuche cuidadosamente estos versículos, y recuerde que en cada caso Jesús recibió la adoración que le fue ofrecida:
§ Mateo 14:33 – “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.”
§ Juan 9:38 – “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.”
§ Mateo 28:9 – “he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: !!Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.”
§ Mateo 28:17-18 – Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
§ Juan 20:28-29 – “Entonces Tomás respondió y le dijo: !!Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”
La respuesta de Jesús de adorar en contraste con la respuesta de Pedro: “Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró.” (Acto 10:25). El versículo 26 dice: “Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.” Hechos 14:11-18 habla de un episodio similar en el ministerio de Pablo, cuándo él y Bernabé rehusaron ser adorados por parte de toda una muchedumbre. Luego en Apocalipsis 19:10 y 22:8-9, tenemos a los ángeles rehusando adoración del Apóstol Juan. En 22:9 el ángel dice, “Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.”
La Sagrada Escritura explícitamente manifiesta que el Hijo de Dios debe ser adorado. Juan 5:22-23 dice: “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” Jesús se colocó a Sí Mismo en el nivel más alto posible cuando él se hizo objeto de nuestra fe, Juan 14:1: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.”.
¿Quiere usted una última prueba de que Jesús no es un ángel? Hebreos 1:6 dice que cuando el Padre trajo al mundo al Hijo de Dios, él dijo, “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.”
Sigamos adelante hacia las dos líneas finales de discusión que prueban que Jesús es Dios. He guardado lo más fuerte para el final. Pues si Jesús es Dios, usted esperaría que la Biblia lo diga en lo más fuerte de los términos. Y de hecho lo hace.
7. La Biblia dice que Jesús es Dios.
Juan 1 es un texto favorito de los Testigos de Jehová. Las personas que vienen a su puerta están profundamente adiestradas para cómo responder si usted les muestra Juan 1:1. Vuélvase hacia ese pasaje y veamos los primeros tres versos:
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”
Ésta es una declaración muy fuerte sobre la deidad de Cristo. Cada frase es significativa. “En el principio” recuerda a Génesis 1:1 y establece el comienzo del evangelio de Juan en la pasada eternidad, antes de que cualquier cosa o alguien fuera creado. B. B. Warfield escribió:
Lo que se declara es que “en el principio” – no “desde el principio” sino “en el principio,” – cuando las cosas vinieron a ser, el Verbo, no vino a existir, a fin de que él podría ser la primera parte de aquellas cosas que vinieron a ser realidad, sino que ya existía. La eternidad absoluta del ser es afirmada por el Verbo en un lenguaje tan preciso y fuerte como la eternidad absoluta del ser pueda ser afirmada. El Verbo precede el comienzo de las cosas; Él ya existía.[i]
La siguiente frase: “y el Verbo era con Dios” sólo fortalece la aseveración de la deidad en este pasaje. Quiere decir que desde la eternidad, el Verbo coexistió con Dios, a lo largo de él, en una Inter.-comunión personal con él. En palabras de Warfield: “él ha sido de Compañero de Dios desde la eternidad.”[ii]
Esta relación eterna entre Dios y el Verbo es acentuada por una frase en Juan 1:18: “…el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” Jesucristo estaba en el seno del Padre, en cierta forma bien definido de Dios y aún al mismo tiempo idéntico a El. Por cierto, la traducción New American Standard en el v. 18 es precisa; en el griego, la redacción literal es, “el Dios unigénito” – otra prueba firme de la deidad de Cristo. Todo el principio de la Trinidad está absorto en esta expresión, “el Verbo era con Dios.”
Pero regresemos a la tercera frase en Juan 1:1, pues ésta es la parte en que los Testigos de Jehová sienten que pueden contestar: “El Verbo era Dios”. Esto es precisamente y literalmente lo que este texto dice en el griego. Un TJ bien entrenado tratará de convencerle de que nuestra traducción es defectuosa. En el griego, le dirán a usted, la palabra Dios carece de artículo definido (muy correcto). Por consiguiente, dicen, un artículo indefinido debe ser suministrado: “El Verbo era un Dios”. Ese es mal griego y completamente injustificado. Era es lo que es conocido como un verbo copulativo. Usted le pudo haber llamado un “verbo asociado” en la escuela primaria. Simplemente asocia el sustantivo a un lado con el sustantivo por otra parte El Verbo era Dios. “Dios” en esa frase es un predicado nominativo. Sólo puede ser traducida en la forma en que usted la encuentra en la mayoría de las Biblias: “El Verbo era Dios”. Para insertar la palabra “un” es tanto un mal griego y una mala gramática.
Los Testigos de Jehová han producido su Biblia con su traducción. Y tienen a un puñado de estudiosos de griego que han intentado desesperadamente defender esta traducción. Excepto lo que estos “estudiosos” TJ no le dicen a sus personas es que hay docenas de lugares en su Biblia donde son metidas a la fuerza a través de un sentido común de violar la misma regla que ellos quieren intentar imponer en Juan 1:1. Le daré dos ejemplos de este mismísimo contexto. Si siguiésemos la construcción TJ y añadimos la palabra “uno” cada vez que el artículo definido falte, he aquí cómo un par de otros versículos de Juan 1 se leerían:
§ v. 6. Hubo un hombre enviado de (un) Dios, el cual se llamaba Juan.
§ v. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de (un) Dios;
Así es que Juan 1:1 es el Talón de Aquiles de la teología de los Testigos de Jehová, y por esto es que cada TJ es enseñado qué decir cuándo es abordado. Pero sus respuestas no son del todo satisfactorias para alguien que sabe una cantidad menor de gramática griega, y su negativa de la deidad de Cristo es fácilmente desenmascarada meramente por el contexto de este verso. Usted no puede ser sacudido en esto por las afirmaciones de los TJ.
Por supuesto, hay más versículos en el Nuevo Testamento que explícitamente llaman a Jesús Dios. Recuerde, como vimos antes, que cuando Tomás exclamó, “Señor mío y Dios mío”, Jesús no le reprendió, sino que lo alabó por su fe (Jn. 20:29).
Tito 2:13 y 2 Pedro 1:1 se refieren a Jesús como “nuestro Dios y Salvador”. Romanos 9:5 dice que él es “Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos”. Filipenses 2:6 dice que él existió desde toda la eternidad en forma de Dios. Y 1 Juan 5:20 dice: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.”
Uno de los mejores versículos para desafiar a los TJ es Hebreos 1:8, porque es tan claro en su afirmación de la deidad de Jesús como Juan 1:1, y el típico TJ no habrá sido endoctrinado con una respuesta concisa. Este versículo cita al Padre Eterno, quien le habla al Hijo de Dios: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino”. La cita viene del Salmo 45:6, donde la atribución de la deidad es absolutamente inequívoca en el hebreo. (Desafortunadamente, La Traducción del Nuevo Mundo los TJ ha alterado intencionadamente y deliberadamente el significado de ambos textos, traduciendo Hebreos 1:8 como: “Dios es su trono,” y artificialmente obligando su traducción del Salmo 45:6 a acomodarle ese significado. Pero la declaración «Dios es su trono” no hace en absoluto ningún sentido en ese contexto. Todo el punto de Hebreos 1 es para demostrar que Jesús es más alto que cualquier ángel. Ese es el punto que necesita enfatizarse cuando usted discute este texto con el Testigo de Jehová.)
8. Jesús Mismo dice ser Dios.
Finalmente, si Jesús es Dios, podríamos esperar que El lo dijera. ¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué él simplemente no dijo: “soy Dios” y poner fin a alguna posibilidad de confusión?
Realmente, él lo hizo. Lo que él dice en Juan 8:58 a Su audiencia Judía fue una declaración mucho más explícita que si él meramente hubiese dicho “yo soy Dios”. Es importante ver este pasaje en su contexto. En el versículo 53, vemos que los fariseos se incomodaban con las afirmaciones de Jesús, comenzaron a sospechar que él se ponía en un nivel de autoridad que ningún simple hombre podría tener algún derecho de hacerlo. Dijeron:
53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? !!Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo?
54 Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.
55 Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra.
56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.
57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.
Note que estos hombres comprendieron precisamente lo que decía Jesús. Y debido a que él obviamente también comprendió lo que le preguntaban, Su respuesta es tanto más significativa. Él les decía que él era Dios, utilizando el nombre de Jehová mismo que había sido revelado a Moisés en la zarza ardiente, “Yo SOY”. Él no pudo haber hecho una afirmación más fuerte de la deidad. Si ese no hubiese sido Su significado, si él sólo afirmara ser el ángel primogénito, él habría dicho: “antes de que Abraham naciera, yo nací”.
El evangelio de Juan incluye una serie completa de declaraciones que Jesús hizo acerca de Sí mismo usando este nombre “Yo soy” – soy el camino, la verdad, y la vida (Jn. 14:6); Yo Soy el Buen Pastor; Yo Soy la puerta; Yo Soy el pan de la vida; Yo Soy la luz de mundo. Cada una de estas declaraciones, estudiadas en su contexto, revelan que El estaba afirmando una y otra su absoluta deidad.
La evidencia bíblica de la deidad de Cristo es conclusiva. Es una prueba apabullante e irrefutable. De hecho, lo que hemos cubierto aquí es sólo una prueba representativa. Aun no he mencionado a Juan 10:30, “yo y el Padre somos uno”. Este, y muchos otros pasajes similares prueban aun más concluyentemente que de acuerdo a la Escritura, él es Dios.
Tanta evidencia no puede ser hacerse aun lado o ignorarse. O usted lo cree, o usted se condena a si mismo a una eternidad inconcebible. De hecho, Jesús dijo, “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Jn. 8:24). Allí Jesús muestra Su “Yo Soy” – sin un predicado – como el objeto de nuestra fe. Él obviamente se coloca a Sí mismo en el lugar de Dios, y él puede hacer esto sólo porque él es Dios. Aquellos que saben que la Escritura es la Palabra de Dios sólo pueden creer, y pueden tomar parte en la adoración a él en cuyo nombre toda rodilla se doblará.
Phil Johnson
Traducido por Armando Valdez
[i] B. B. Warfield, Faith and Life (Edinburgh: Banner of Truth, 1990 reprint), 87.
[ii] Ibid., 89.
Infierno: El Horno de Fuego
Infierno: El Horno de Fuego
por
John MacArthur
Mateo 13:47-52
Tomado de www.biblebb.com titulado Hell-the Furnace of Fire
Introducción
Nuestro Señor habló acerca del infierno; El dijo muchas cosas acerca la morada de los perdidos. Pero quizás la cosa más terrorífica que Jesús dijo acerca del infierno fue la que dijo a los líderes religiosos judíos en Mateo 23:33 “¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” Parece extraño para nosotros escuchar palabras como esas viniendo de la boca del Señor Jesucristo, puesto que no lo asociamos con el infierno como deberíamos. El habló más del infierno que del amor. El habló más acerca del infierno que otros predicadores en la Biblia combinados. Si debemos moldear nuestra predicación basándonos en esto, el infierno sería el tema de principal para todos nosotros.
Durante una entrevista que ví por televisión, un reportero preguntó a una joven envuelta en el rock punk, “¿Qué es lo que buscas con eso?” Ella dijo, “Estoy buscando la muerte” El reportero preguntó porqué, ella dijo: “¡Quiero morir para poder ir al infierno y tener diversión!”
¡Que decepción! El infierno no es diversión. Un escritor dijo: “No hay manera para describir el infierno, nada en esta tierra se le puede comparar. Ninguna persona que viva tiene una idea de lo que es. Ningún loco en un vuelo salvaje de demencia puede saber el horror. Ningún hombre en delirio puede imaginarse un lugar tan completamente terrible como este. Ninguna pesadilla que se atraviese por una mente febril puede producir jamás un terror que se asemeje al de un infierno suave. Ninguna escena de un asesinato sangriento y una herida grave puede sugerir una repulsión que pueda tocar el borde del terreno del infierno. Dejemos que el mas dotado escritor agote su habilidad en describir esta crepitante caverna de interminables llamas, y el no solo tocará levemente las orillas del infierno.”
En Mateo 13:47-52, nuestro Señor relata una parábola que advierte acerca del infierno. En las parábolas de Mateo 13, el Señor habla acerca del período de historia entre Su resurrección y Su regreso. El es el Rey, y El reina en el mundo. El permite que el bien y el mal crezcan juntos durante este período de tiempo, como lo aprendemos en la parábola del trigo y la cizaña. El está tolerando el mal en este período. Pero eventualmente habrá un tiempo de juicio. Vemos las parábolas que describen la naturaleza del Reino, el poder del Reino y la apropiación personal del Reino; ahora vamos a ver la última parábola, que advierte el juicio venidero. La parábola dice que en el fin, habrá una separación eterna de los condenados y de los redimidos. Hoy, cerca de cinco mil personas en Estados Unidos mueren a diario y entran a una eternidad, y la mayoría de ellos van al infierno. Veamos la imagen que el Señor traza en Su advertencia.
I. LA IMAGEN (vv. 47-48)
A. La Captura de la Colecta (v.47)
“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar; recoge de toda clase de peces”
Las imágenes que Jesús da en la parábola, nos ayudan a comprender lo que El esta enseñando. La pesca era una actividad común en el tiempo del Señor. Algunos de los discípulos eran pescadores, así que ellos claramente comprendían lo que Jesús estaba hablando. Básicamente, había tres maneras de pescar en aquel tiempo. Los pescadores aun usan esos métodos en Israel el día de hoy en el Mar de Galilea. La primera manera era con…
1. EL USO DEL SEDAL CON ANZUELO
En Mateo 17, cuando Jesús le dijo a Pedro que pagara los impuestos de ambos, El dijo: “…ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero, tómalo y dáselo por mi y por ti” (v.27). En este incidente, se usó el método con sedal y el anzuelo para pescar.
La segunda manera de pescar era por…
2. EL USO DE ECHAR LA RED
Cuando el Señor vino con Pedro y Andrés en Mateo 4, verso 18 dice que ellos estaban “echando la red en el mar”. Echar la Red (Gr. Amphiblestron) era una red especial. Era circular y tenia peso en su perímetro. Un pescador podía echar su red sobre sus hombros, caminar a la orilla y arrojar la red. La red caería al agua a lo largo, en circulo abierto y sus pesas en sus extremos traerían la red hacia abajo sobre todos los peces que hay en el área. Luego los pescadores jalarían la cuerda atada a su mano para acercar la red al saco, y traer lo capturado a la orilla.
El Señor tenía la red en mente cuando el llamó a los discípulos a ser pescadores de hombres (Mat.- 4:19). El buscó a los discípulos para que arrojaran la red, y capturar hombres para Cristo.
El tercer método de pescar, con que el Señor se refirió en Mateo 13:47, envuelve…
3. EL USO DE UNA RED DE ARRASTRE (RED BARREDERA)
Esta es una red completamente diferente, como indica el uso de la palabra Griega sagene. La red de arrastre es también conocida como una “red de jorro” o “red barredera”. Es una red muy larga. El comentarista bíblico R.C.H. Lenski dice que algunas de esas redes cubrían media milla. Por su largo, no podían ser usadas por un solo hombre.
Cuando se usaba, una orilla de la red era atada a la costa, y la otra era atada al bote. El bote podía irse al mar y la red se extendía. Después que la red era extendida, el bote comenzaba a moverse en círculos. Debido a que el borde de arriba de la red flotaba y el borde de abajo tenía peso, se movía a través del mar como una pared vertical. Al completarse el círculo el bote volvía hacia donde estaba atado la red en la orilla, toda la vida del mar que estaba en el circulo que el bote hacía era capturado dentro de las paredes de la red.
Cuando el Señor habló de echar la red, El se refería en una manera positiva; El usaba esta ilustración de los discípulos pescando hombres para Cristo (Mat. 4:19). Cuando El habló de esta (red barredera) Red, estaba hablando acerca de la reunión de los hombres en el juicio.
El Señor enfatizó dos importantes cosas en el verso 47: el tamaño de la red era inmenso, y en la captura estaban todos incluidos. La red arrastraba toda criatura viva o muerta, así como algas marinas y otras cosas. Captura toda forma de vida en el área que la red abarcaba.
Eso nos lleva al verso 48
B. La Pesca Clasificada (v. 48)
“y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera”
Esa era una escena muy común en aquellos días. El pescador seleccionaba la pesca colocando las cosas buenas dentro de un cesto. Si ellos iban a transportar algo, lo mantenía vivo en una cesta conteniendo agua. Y arrojaban lo que no les servía.
Ahora comprendamos la ilustración, miremos…
II. EL PRINCIPIO (v. 49)
Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,
A. El Enfoque de la Parábola
Hay muchas cosas que podríamos decir de la parábola, pero el Señor se esta enfocando en un elemento: el proceso de separación que los pescadores hacían al atravesar la orilla. El enfatizó ese aspecto de la parábola como una ilustración de los ángeles separando a los buenos de los malos en el juicio.
Durante esta era en que el bien y el mal existen juntos, Dios tolera el mal. Pero vendrá un tiempo cuando El separará a aquellos que son súbditos de su Rey de aquellos que no lo son. Poco a poco, sin llamar la atención y silenciosamente, la red de Dios se esta moviéndose a través del mar del tiempo y trayendo todo hombre a las orillas de la eternidad para esta inevitable separación. La red arroja todo tipo de peces; esto sin discriminación. Así que el verso 47 dice: el Reino de los Cielos es como una red que se mueve silenciosamente a través del mar de la vida. Con el tiempo las personas despertarán a lo que Dios esta haciendo, ellos estarán listos para ser llevados a las orilla para ser separados.
La única aplicación espiritual que el Señor hace de la parábola es la del proceso de separación en la orilla. El no comenta nada más. Yo creo que podemos enfocarnos solo en esa cosa, y aprender de la parábola lo que el Señor intentó enseñar.
1. EL TIEMPO DE LA SEPARACION
El verso 49 dice que la separación será “al fin del siglo”. El juicio del hombre ocurrirá cuando Jesús regrese a la tierra para establecer su reino glorioso. Jesús no estaba tratando de señalar cronológicamente cada elemento del juicio cuando El dijo esto. El nunca especificó aquí lo que significa el Juicio del Gran Trono Blanco, la separación de las ovejas y los cabritos, o el Juicio del bema (cuando los creyentes serán recompensados después del Rapto.) El solo estaba estableciendo en forma general que al final todas las personas en el mundo serán llevadas en la red del juicio.
2. LOS AGENTES DE LA SEPARACION
Notemos que el verso 49 dice que los ángeles son los que separarán a los buenos de los malos. Ellos son mencionados también como separadores en la parábola del trigo y la cizaña (Mat 13:41). La Biblia deja claro que los ángeles son los agentes del juicio de Dios (Mat, 24:31; 25:31; Apoc. 14:18-19)
Dios tolerará el bien y el mal creciendo juntos en Su Reino desde ahora, pero el tiempo de la separación se esta acercando cada día. Jesús también habló de la separación de los creyentes de los incrédulos en Mateo 25:31-34 donde El dice: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” En Juan 5:25-29 Jesús dijo que el regresará en la resurrección de todos los hombres: algunos “a resurrección de vida” otros a “resurrección de condenación”. En esa final separación, Dios determinará el destino eternal de cada alma que ha vivido.
B. La Funciones de la Parábola
Algunas personas se preguntan porqué Jesús dio la parábola de la red, que habla acerca de la separación de los buenos y los malos, cuando El ya había hablado acerca de esa separación en la parábola del trigo y la cizaña. Una razón que el usó esto es porque la parábola del trigo y la cizaña enfatiza la coexistencia del bien y el mal, y no la separación del bien y el mal. Otra razón porque Jesús habló sobre la parábola de la red fue debido a su compasión por el hombre, El quiere advertirnos acerca del infierno. El dijo: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.” (Mat. 25:13; cf. Mar. 13:35). Jesús amonestó a la gente a no tomar sus pecados con ligereza porque inevitablemente que serán contados delante de Dios. El dijo que vendría un tiempo en que los hombres vivirán como en los tiempos de Noe y el juicio vendría después (Luc. 17:26-27). A través de Su profeta Juan el Bautista, el dijo que el vendría quemar a los perdidos “en fuego que nunca se pagará” (Mat. 3:12)
Cuando Jesús miro a la gente alrededor de El en Mateo 9:35-38, el vio la cosecha moviéndose a través del juicio. Su corazón estaba lleno de compasión por la gente en camino a la condenación. Jesús mostró Su corazón compasivo por los hombres advirtiéndoles de la inevitable separación en la parábola de la red.
Dios no tiene placer en ver a los perdidos perecer. El “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2ª Ped. 3:9). Primera Timoteo 2:3-4 dice que Dios, nuestro Salvador: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” Jesús lloró por Jerusalén diciendo: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mat 23:37) El también dijo a los judíos: “…y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Jn. 5:40) Jesús advierte a los hombres porque El los ama.
El Reino de los Cielos es como una red. La red se mueve a través del mundo invisible. Cuando la red toca la parte de atrás del pez, la criatura simplemente nada más hacia adelante, disfrutando lo que parece ser una libertad permanente. Los hombres se mueven en este mundo imaginándose así mismos siendo libres, satisfaciendo sus propios deseos, con un poco de conocimiento de que la red del juicio se acerca mas y mas. Cada vez que los hombres son tocados por la red, ellos se mueven un poco mas adelante. Eventualmente ellos chocarán con la parte de la red delante de ellos. Ellos harán una carrera salvaje para escapar, pero finalmente se rendirán totalmente a la red. Finalmente, ellos serán llevados a la orilla, sacudiéndose al entrar a la muerte.
Los hombres no pueden ver a Dios moviéndose en el mundo, pero El se esta moviendo. Cuando ellos son tocados por el evangelio de Jesucristo, o se asusten cuando sean llevados a juicio, serán lanzados a la libertad que ellos piensan que tienen. Pero tarde o temprano, ellos se encontrarán capturados en la red que se mueve hacia ellos hacia el juicio. El Reino finalmente tragará a todos los hombres, y Dios los separará con Su ángeles.
III. EL PELIGRO (v. 50)
“y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”
Ese es un versículo horrible. Si hubiera una doctrina en la Biblia que pudiera ser no deseada, sería la doctrina del infierno. Pero el infierno no puede ser eliminado de la Biblia. Los perdidos serán echados al “horno de fuego” estas terribles palabras de nuestro Señor. El hablo del infierno más que cualquier otra cosa en la Biblia, y por una buena razón. La gente probablemente no escucharía a alguien que tratara de enseñarles acerca del infierno. Cristo tendría que ser el único que hablara sobre el infierno. No podemos concebir la condenación eterna. Cristo enfatizó el infierno en Su predicación. Si piensas que es cierto, entonces debes prestar atención en Su ministerio.
A. La Discusión del Infierno
1. MATEO 5:22, 29-30
Lee lo que Jesús dijo acerca del infierno en Mateo 5: En el verso 22, El dice: “…y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”. Y Luego dice en los versos 29-30: Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.
2. MATEO 8:12
Aquí, el Dijo que: “mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.”
3. MATEO 11:20-24
“Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo” Jesús condenó a la gente que no se arrepintió de su pecado y dijo que ellos irían al infierno (vv. 21-24). Estas son palabras serias de nuestro Señor.
4. MATEO 12:36-37
Jesús dijo: Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado
El Señor constantemente habló del infierno. El hablo acerca de ello en Mateo 23:14-15, 33 25:29-30, 41,46; Marcos 9:43-48; Lucas 6:24-26 y 12:5. En Lucas 16:19-31, Jesús contó una historia acerca de un hombre rico que murió y fue llevado al infierno. El hombre estaba en tal tormento que gritaba a Abraham que enviara a Lázaro con agua para refrescar su lengua (v.24)
Basado en el ejemplo de Cristo, el énfasis en predicar sería sobre el infierno. Pero la gente no hace esto el día de hoy. Estoy convencido de que hablamos muy poco acerca del infierno. La verdad acerca del infierno es tan terrible y horrenda que si el Señor no hablara sobre el infierno, no creeríamos que existiera.
B. La Descripción del Infierno.
¿Que es el infierno? Déjeme dar cuatro verdades acerca del infierno que creo que responderá a esta pregunta:
1. EL LUGAR DEL CASTIGO
El Infierno es un lugar de absoluto tormento y miseria horrible. La Biblia lo define las tinieblas de afuera (Mat. 8:12; 22:13). Es un lugar de oscuridad impenetrable sin luz. ¿Has estado en la oscuridad en la noche y esperando la luz del día, o estar en un cuarto oscuro sin ninguna luz? La Oscuridad rodea a aquellos que serán llevados al infierno para la eternidad; no habrá esperanza de ver la luz.
La Biblia también dice que el infierno es un lugar de fuego (Mat. 25:41). El fuego del infierno es como un fuego cuando se usa para quemar algo. Dios usa la palabra fuego para describir el infierno como un lugar de tormento, un lugar donde no habrá alivio para el sufrimiento. Dios usa la oscuridad y el fuego para describir el tormento de los condenados.
La Biblia nos da dos elementos de cómo las personas responderán al infierno. Uno es en la parábola que el Señor relata en Lucas 16, donde el hombre que fue llevado al infierno clamaba: “Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.” (v.24). la otra es la declaración que frecuentemente Jesús hizo, diciendo que el en el infierno: “allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mat 8:12; 22:13; 24:51; 25:30; Luc 13:28). El infierno no será un lugar de diversión; sino que será un lugar de lloro, gritos, crujir de dientes y de tormento sin alivio.
2. LOS DETALLES DEL CASTIGO
El infierno es un lugar de tormento sin alivio para el alma y el cuerpo. Cuando un incrédulo muere, su alma deja la presencia de Dios, y se va al infierno. Su alma probablemente no es llevada al lago de fuego donde todos los incrédulos serán arrojados después del Juicio del Gran Trono Blanco (porque un cuerpo es requerido para soportar el fuego), pero aun irá a un lugar de tormento (como es ilustrado por el hombre rico que murió y fue llevado al infierno en Lucas 16).
Cuando las personas no salvas mueran, sus almas descenderán al infierno. En el futuro, habrá la resurrección de los cuerpos de los condenados, y en este tiempo a los condenados les serán dados un cuerpo trascendente para que ellos puedan ser arrojados al lago de fuego. Los cristianos serán resucitados en ese tiempo, y les serán dados un trascendente y glorificado cuerpo para habilitarlos para que vivan eternamente en el cielo. Aquellos que son condenados al infierno serán resucitados para darles nuevos cuerpos para el solo propósito de ser castigados para siempre en esos cuerpos (Jn. 5:25-29; Apoc. 20:11-15). Por esto Jesús dijo: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat. 10:28). Algunas personas piensan que el infierno será experimentado solo en sus conciencias. Pero el infierno será experimentado en el cuerpo, también. Transcendentes cuerpos eternos son los que serán dados a los condenados; ellos sufrirán en esos cuerpos para siempre. Los cuerpos de los hombres no están habilitados hoy para pasar por el infierno porque ellos serán consumidos en un momento.
¿Como sabemos que los condenados tendrán cuerpos en el infierno? Primero, el Señor dijo que el infierno es un lugar donde “el gusano de ellos no muere” (Marcos 9:44; 46,48). Cuando el cuerpo es llevado a la tumba, los gusanos comienzan a consumirlo, una vez que el cuerpo es consumido, los gusanos mueren. Pero en el infierno, los gusanos que consumen los cuerpos nunca morirán porque los cuerpos nunca serán totalmente consumidos. En otras palabras, lo que el Señor esta diciendo es que el tormento sin alivio del cuerpo será para siempre en el infierno. Segundo, el Señor describió el infierno como un lugar donde “el fuego nunca se apaga” (Marc., 9:44, 46,48). Un fuego siempre se apaga cuando nada la da el combustible. Pero porque el fuego del infierno nunca terminará su combustible, nunca terminará. El infierno será un lugar de tormento sin alivio para el cuerpo y el alma.
3. LOS GRADOS DE CASTIGO
Los tormentos sin alivio en el infierno serán experimentados por diferentes personas en grados diferentes. El infierno será horrible para cada uno, pero algunas personas sufrirán más que otras. Hebreos 10:29 dice: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pactoj en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” En otras palabras, aquellos que recibieron mas conocimiento de lo que Cristo hizo por ellos pero aun le rechazan, recibirán un castigo mas severo en el infierno.
En Mateo 11, cuando Jesús condenó a las personas en la ciudades que lo rechazaron, El dijo: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.” (v.24). El Infierno no será tolerable para nadie, pero Jesús estaba diciendo que será mas tolerable paras personas de Sodoma (quienes no vieron los milagros ni oyeron de Sus palabras) mas que aquellos que fueron testigos de Sus milagros y escucharon Sus palabras. En una parábola acerca de su Segunda Venida, Jesús dijo: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” (Lucas 12:47-48)
Asi que, el infierno será un lugar de tormento sin alivio del cuerpo y el alma en varios grados. John Gerstner dijo: “El Infierno tendrá tales grados de castigos severos que un pecador si pudiera, daría todo el mundo para que sus pecados fueran menos”.
4. LA DURACION DEL CASTIGO
El infierno será un lugar de tormento sin alivio para el cuerpo y el alma en varios grados, y será sin fin. Los gusanos nunca morirán; el fuego no se apagará; la luz nunca resplandecerá y el alivio dulce de la muerte no vendrá. La única razón de que algunas personas soportarán esta vida con todos sus sufrimientos y enfermedades es porque creen que la muerte les traerá alivio. Pero no es así. Porque el infierno es eterno, la gente se volverá loca. Usted dirá: “¿Esta seguro de que el infierno es para siempre?” Si, porque Jesús dice que los perdidos “irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat,. 25:46). Infierno y Cielo son eternos.
Dios nunca dijo que el infierno era para las personas. El lo hizo para el diablo y sus ángeles. Pero las personas escogieron ir al infierno al rechazar a Cristo. Algunas almas están sufriendo el tormento ahora mismo, y están esperando sus cuerpos resucitados por miles de años. Pero aun cuando ellos reciban cuerpos trascendentes, ellos no están cerca del fin del eterno castigo que cuando ellos entraron al principio al infierno. ¡Por esto Jesús tuvo que enseñar acerca del infierno!
El gran santo John Bunyan escribió: “en el infierno no tendremos compañía que la de las almas condenadas, con la compañía de innumerables demonios, para mantener esa compañía. Mientras se encuentre en este mundo, el pensamiento del Diablo es aparecérsele, hacer que su carne tiemble de miedo, y hacer que se le paren los cabellos de su cabeza. Pero lo que marchitará eso, no solo es la aparición del diablo, sino la real sociedad de todos los demonios del infierno que estarán acompañándolos, aullando, rugiendo y con alaridos en una manera horrorosa que agudizará su fin aun mas. Y estará más loco por la angustia y los tormentos. Si después de 10 mil años un fin debe venir, habrá alivio. Pero aquí es la miseria, aquí usted debe estar para siempre, para siempre. Cuando usted esté con la compañía de innumerables rugidos de demonios, debe pensarlo bien, esta es mi porción eterna. Cuando este en el infierno tantos miles de años como las estrellas del firmamento o como las gotas del mar, o en las granos de arena de las orilla del mar, usted estará allí para siempre. ¡Oh, esta será una palabra que siempre atormentará el alma!”
Muchas personas están en la red y moviéndose hacia el inevitable horno de fuego.
Podemos ver la ilustración el principio, y el peligro. Veamos ahora…
IV. LA PROCLAMACION (vv. 51-52)
A. La Comprensión del Mensaje
1. LA OBSERVACION (v. 51a)
Jesús dijo a sus discípulos en el verso 51, «¿Habéis entendido todas estas cosas? El les estaba diciendo: “Lo han pensado bien en sus mentes toda la información de las parábolas? ¿Entienden que en la era de la Iglesia el bien y el mal coexistirán, aun el bien continuará creciendo en influencia? ¿Entienden que para llegar a ser parte del Reino es para comprar todo lo que Cristo ha renunciado y les ha dado todo lo que ahora tienen? ¿Pueden ver como en el fin, habrá una inevitable separación del bien y del mal?
2. LA RESPUESTA (v.51b)
Los discípulos dijeron “Si, Señor” para confirmar que ellos entendieron todo lo que Jesús les dijo. Yo creo que Jesús aceptó su afirmativa respuesta, sin embargo, El pudo haberles dicho lo que les dijo en el verso 52. ¿Por qué les preguntó a los discípulos si le entendieron? En Mateo 9:36-38, cuando Jesús vio al mundo como una cosecha que Dios pronto juzgaría, El dijo: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (v.38). En Mateo 10, El llamó a los discípulos, y en los capítulos 11 y 12 El los entrenó. Aquí en Mateo 13, El les dijo a sus discípulos acerca del misterio del Reino. Luego les preguntó en el verso 51, “¿Entendieron lo que les dije? Están listos para ir afuera a la cosecha y advertir a las personas del juicio venidero?” Los discípulos dijeron: “Entendimos lo que dijisteis, estamos listos”
B. La Conclusión del Mensaje
1. LA OBSERVACION (v. 52a)
El les dijo: Por eso todo escriba (Gr grammateus= aprendiz, maestro, o interprete del a ley) docto (Gr. Matheteuo= discípulo) en el reino de los cielos es…
Jesús ha instruido a los discípulos acerca del Reino de los cielos. El les dijo: “ahora están discipulados, maestro bíblico”. Eso es lo que un escriba es: un estudiante e intérprete de la Escritura, un teólogo, doctor de la ley, un predicador. Algunos eran miembros del Sanedrín. Un escriba era una autoridad en el Antiguo Testamento y tradición, y llamado “Rabí”. Ellos eran influyentes. Jesús estaba diciendo que justo así como los líderes judíos entrenaban a sus escribas, El había entrenado a los discípulos para ser maestros bíblicos,
2. LA COMISION (v. 52b)
“…semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.».
Jesús entrenó a sus discípulos para ser obreros en la mies y advertir a los hombres acerca del juicio venidero. El dijo aquí a los discípulos que ahora eran como un padre de familia que provee de su tesoro las necesidades de las personas. Si alguien necesita ropa, comida o cuidado, el padre de familia se lo dará.
El padre de familia era también suficientemente sabio para administrar las cosas nuevas y viejas, así que las cosas viejas serán finalmente sin uso. El será un sabio Administrador de todo lo que posee.
Los discípulos son ahora los padres de familia con un tesoro lleno de cosas nuevas y viejas. En otras palabras, ellos sabían el Antiguo Testamento y sabían acerca de los misterios del Reino. Ellos no solo enseñarían acerca del Antiguo Testamento y la tradición de los escribas Judíos. Todo lo que los escribas sabían del Antiguo Testamento. Pero los discípulos tenían el conocimiento de las cosas viejas y las cosas nuevas cosas en perfecto balance. Dios los ha llamado y los ha entrenado, y ahora quiere que repartan su conocimiento.
El termino “sacar” cerca del final del verso significa “arrojar afuera, dispersión al exterior”. Jesús está diciendo: “Ahora tiene todo este tesoro, así que sáquenlo fuera”. El les esta diciendo que sean liberales con las riquezas que tienen: “Ahora que han sido entrenados como maestros bíblicos, den lo que Dios les ha dicho en el pasado y lo que se les ha dicho acerca del Reino”.
Jesús vio hombres en su camino al infierno (Mat. 9:36-38). Por eso es que dijo a sus discípulos acerca del Reino. El dijo que el bien y el mal coexistirán por un tiempo, pero viene una separación inevitable y juicio. Jesús quería que proclamaran esta verdad.
C. La Continuación del Mensaje
Debemos proclamar el mismo mensaje que los discípulos proclamaron: Las personas del mundo están van rumbo al infierno. En Mateo 22, el Señor dio una parábola similar ala parábola en Mateo 13:47-50. En esa parábola, un rey tuvo una fiesta de bodas. Muchas personas asistieron. Cuando el rey llegó y vio a sus invitados, el vio a un hombre que no estaba vestido de bodas. (el hombre era como un pez atrapado en la red de arrastre de el Reino) El rey dijo: “Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda?…” (v.12). El hombre sin vestido de boda enmudeció. Entonces el rey dijo a sus sirvientes: “Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.” (vv. 13-14).
La red del Reino capturará a muchas personas, pero no todas las capturadas pertenecerán al Reino. Desde que conocemos los misterios del Reino, tenemos la responsabilidad de hacerlos conocer a los demás. Pablo dijo en 2ª Corintios 5:11: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres..” si estamos preocupados sobre el hecho de que las personas están muriendo y yéndose al infierno, entonces somos egoístas. Los cristianos de hoy parecen haber perdido su preocupación por los no salvos.
D. La Circunscripción del Mensaje
Recientemente, un programa de una organización “cristiana” me envió una carta con una lista de cosas que ellos no querían discutir en sus programas. La carta decía que ellos querían ser buenos vecinos en su variedad de oyentes; por tanto, cuando preparaban el material para sus estaciones, algunos tópicos debían ser omitidos: critica a otras religiones, conversión, misioneros, creyentes, incrédulos, el Antiguo Pacto, El Nuevo Pacto, La Iglesia, la cruz, la crucifixión, Calvario, Cristo, la sangre de Cristo, salvación solo a través de Cristo, redención solo a través de Cristo, el Hijo de Dios, Jehová, y la vida cristiana. Entonces la carta decía: “nuestros oyentes están hambrientos de palabras de alivio. Pedimos que te limites a estas restricciones de manera que la Palabra de Dios pueda continuar adelante. Por favor ayúdenos a mantener nuestra posición de traer paz y alivio a aquellas personas que están sufriendo.”
¡Eso no es alivio, eso es maldición! Un falso alivio maldice a las personas. Debemos hablar a las personas la verdad.
Centrándose En Los Hechos
1. Si vamos a usar la predicación de Cristo como un ejemplo de como debemos predicar, ¿cual sería nuestro tema principal?
2.¿Que nos dice la parábola en Mateo 13?
3.¿Cuáles son las tres maneras de pescar en el tiempo de Jesús? ¿Dónde encontramos ejemplo en el Nuevo Testamento de las primeras dos clase de pesca?
4.¿Que nos ilustra la red de bastidor? ¿Qué nos ilustra la red de arrastre?
5.¿Cuales son las dos cosas que enfatiza Jesús en Mateo 13:47?
6.¿Que elemento de la parábola de la red de arrastre enfocó nuestro Señor? ¿qué hace ese cuadro del elemento?
7.¿Cuando ocurrirá el juicio del hombre? ¿Quienes serán los agentes del juicio de Dios? (Mat. 13:49)
8.¿Porqué enseñó Jesús la parábola de la red de arrastre?
9.¿Que siente Dios al ver a los perdidos morir?
10.Describe las tinieblas del infierno. ¿Qué significa la palabra “fuego” cuando es usad apara describir el infierno?
11.Da dos elementos de como las personas responden en el infierno.
12.¿Que les sucede a los incrédulos cuando mueren? ¿Qué le spasará en el futuro?
13.¿Porque Dios les da a los incrédulos un cuerpo trascendente en la resurrección de los condenados? ¿Cómo podeos saber que los condenados tendrán cuerpos eternos en el infierno?
14.¿Como sabemos que hay diferentes grados de castigos en el infierno?
15.¿Cuanto tiempo estará la gente castigada en el infierno?
16.¿Que les preguntó Jesús a sus discípulos en Mateo 13:51a? ¿Por qué les hizo esa pregunta a sus discípulos?
17.¿Que esta diciendo Jesús en Mateo 13:52a? ¿qué significa “escriba” en ese verso?
18. Ahora que los discípulos estaban instruidos acerca del Reino de los Cielos, ¿Como se mostraron? (Mat. 13:52)
19.¿Que quiso decir Jesús cuando el describió a los discípulos como padre de familia con un tesoro lleno con cosas viejas y cosas nuevas? (Mt. 13:52)
20.¿Qué implica el término “sacar” en lo que los discípulos debían hacer con su tesoro? (Mt. 13:52b)
21. Debido a que conocemos los misterios del Reino, tenemos que ___________ para hacerlos conocer a __________
22.¿Que es lo que hace el falso alivio? ¿Qué debemos decirle a los demás?
Reflexionando en los Principios
1. Cuando Jesús miró hacia el mundo en Mateo 9:36-38, El tuvo compasión sobre la multitud de hombres encaminados al juicio. ¿Qué actitud tenemos acerca de los perdidos? Aunque es correcto odiar el pecado, ¿nos libra eso de la obligación de ser compasivos con los incrédulos? Jesús vino al mundo “no a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento” (Marc. 2:17b). Pensemos en algunos ejemplos de la compasión de Jesús por los no salvos. ¿Muestras la misma clase de compasión hacia los perdidos? ¿Pide a Dios que te de un corazón que continuamente exprese la misma compasión de Jesús hacia los incrédulos, y que pase por alto la necesidad de que sea quitado el pecado en las vidas de las personas.
2. La Biblia enseña que las personas no salvas irán al infierno (Mat. 25:41), y que el infierno es eterno (Mat. 25:46) Lea Juan 12:48, Romanos 2:3-6; Colosenses 3:25 y Apocalipsis 20:12-15. ¿Escapará alguno del juicio? No sabemos cuando vendrá el juicio de Dios al hombre; todo lo que sabemos es que es inevitable. Jesús no quiere que todos los hombres que mueran, sabe la importancia de dejar al hombre saber que el podía haber sido redimido. El dios a sus discípulos todo lo que necesitaban saber en Su obra de llamar a los pecadores al arrepentimiento. Jesús tenía una estrategia: En Mateo 10, El llamó a sus discípulos. En los capítulos 11 y 12, El los entrenó. En el capítulo 13 El les dijo acerca del misterio del Reino, y del juicio venidero a todo hombre. Luego El envió a sus discípulos a predicar el mensaje de salvación, y a entrenar a otros a llevar ese mensaje. ¿Tienes una estrategia para alcanzar a las personas no salvas que conoces? Si no, has una lista de personas a las te gustaría compartir el evangelio; luego decide como lo vas realizar. Ora por esas personas. ¿Sabes como testificar a una persona no salva? Si no, pregunta a un cristiano con conocimiento o consulta un libro que explique como compartir el evangelio con personas no salvas. Busca que versículos usar. Haz un compromiso de memorizar esos versículos.
Tony Capoccia
Bible Bulletin Board
El Poder de Dios
EL PODER DE DIOS
“Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza” (Sal. 62:11)
El poder de Dios es la facultad y la virtud por la cual puede hacer que se cumpla todo aquello que agrada, todo lo que le dicta su sabiduría infinita, todo lo que la pureza infinita de su voluntad determina.
A menos que creamos que es, no sólo omnisciente, sino también omnipotente, no podemos tener un concepto correcto de Dios. El que no puede hacer todo lo que quiere y no puede llevar a cabo todo lo que se propone, no puede ser Dios.
El tiene, no solo la voluntad para resolver aquello que le parece bueno, sino también el poder para llevarlo a cabo Así como la santidad es la hermosura de todos los atributos de Dios, su poder es el que da vida y acción a todas las perfecciones de la naturaleza Divina.
¡Qué vanos serían los consejos eternos si el poder no interviniera para cumplirlos! Sin el poder, su misericordia no sería sino una debilidad humana, sus promesas un sonido vacío, sus amenazas alarmas infundadas. El poder de Dios es como él mismo: infinito, eterno, inconmensurable; no puede se contenido, limitado ni frustrado por la criatura.
“Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza” (Sal. 62:11). “Una vez habló Dios”, ¡no es necesario más! El cielo y la tierra pasarán, más su Palabra permanece para siempre. “Una vez habló Dios”, ¡Cuán digna es su majestad divina! Nosotros, pobres mortales, podemos hablar y, a menudo, no ser oídos; pero cuando él habla, el trueno de su poder se oye en mil colinas. “Y tronó en los cielos Jehová y el Altísimo dio su voz: granizo y carbones de fuego. Y envió sus saetas, y desbaratólos; y echó relámpagos, y los destruyó. Y aparecieron las honduras de las aguas, y descubriéronse los cimientos del mundo, a tu reprensión, oh Jehová, por el soplo del viento de tu nariz” (Sal. 18:13-15).
“Una vez habló Dios”. He aquí su autoridad inmutable. “Porque ¿quién en los cielos se igualará con Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados? (Sal. 89:6). “Y todos los moradores de la tierra por nada son contados; y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad; ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Dan. 4:35).
Esto se puso claramente de manifiesto cuando Dios se encarnó y habitó en el tabernáculo humano. El dijo al leproso: “Quiero; se limpio. Y luego su lepra fue limpiada” (Mat. 8:3). A uno que había estado cuatro días en la tumba le llamó, diciendo: “Lázaro, ven fuera”, y el muerto salió. El viento tormentoso y las olas feroces fueron calmados con una simple palabra de su boca; y una legión de demonios no pudo resistirse a su mandato autoritario.
“De Dios es la fortaleza”, y de Dios solo. Ni una sola criatura en todo el universo tiene un átomo de poder, si Dios no se lo ha dado. Su poder no puede adquirirse, ni está en las manos de ninguna otra autoridad. Pertenece inherentemente a Dios. “El poder de Dios, como El mismo, existe y se sostiene por sí mismo. El más poderoso de todos los hombres no podría añadir ni aumentar ni una pequeñez el poder del Omnipotente. El mismo es la causa central y el originador de todo poder.
La creación entera confirma el gran poder de Dios y su completa independencia de todas las cosas creadas. Oigan su reto: “¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?” Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre que están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular?” (Job 38:4-6) ¡Cuán cierto es que el orgullo del hombre está asentado sobre el polvo!
El poder es también usado como un nombre de Dios, “el Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia” (Mar. 14:62), es decir a la diestra de Dios. Dios y su poder son tan inseparables que son también recíprocos. Su esencia es inmensa, no puede ser limitada en el espacio; es eterna, no puede medirse en términos del tiempo; omnipotente no puede ser limitada con relación a la acción. “He aquí, estas son partes de sus caminos: más cuán poco hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo detendrá?” (Job. 26:14).
¿Quién es capaz de contar todos los monumentos de su poder? Incluso lo que en la creación visible, se muestra de su poder, está más allá de nuestra capacidad de comprensión; aún menos podemos concebir la omnipotencia misma. En la naturaleza de Dios hay infinitamente más poder del que todas sus obras revelan. “Partes de sus caminos” es lo que vemos en la creación, la providencia y la redención, pero sólo una pequeña parte de su poder se nos revela en ellas.
Esto es lo que, con evidente claridad, nos dice Hab. 3:4: “Allí estaba escondida su fortaleza”. Es imposible hallar capítulo más grande y elocuente que éste, en el que hallamos tal riqueza de imágenes; sin embargo, nada supera su grandeza a esta declaración. El profeta vio en visión cómo, en una asombrosa demostración de poder, Dios desmenuzaba los montes.
No obstante, el versículo mencionado dice que esto, lejos de ser una manifestación de poder, era una ocultación del mismo. ¿Qué significa esto? Sencillamente que el poder de la Divinidad es inconcebible, inmenso e incontrolable. Y que las terribles convulsiones que él actúa en la naturaleza son sólo una pequeña muestra de su poder infinito.
Es muy hermoso poder unir los pasajes siguientes: “él… anda sobre las alturas de la mar” (Job 9:8), que expresa el poder irrefrenable de Dios; “mientras se pasea por la bóveda del cielo.” (Job 22:14), que expresa la inmensidad de su presencia; “él anda sobre las alas del viento” (Sal. 104:3), que nos habla de la rapidez de sus operaciones.
Esta última expresión es muy interesante. No dice que “vuela” o “corre”, sino que “anda”, y que lo hace en las mismísimas “alas del viento”, uno de los elementos más impetuosos, capaz de ser lanzado con tremenda furia y de arrastrarlo todo con rapidez inconcebible, pero que, así y todo, esta bajo sus pies, y bajo su perfecto control.
Consideremos ahora, el poder de Dios en la creación. “Tuyos los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú los fundaste. Al norte y al sur tú los creaste” (Sal. 89:11,12). Para trabajar, el hombre necesita herramientas y materiales, pero Dios no; una palabra sola creó todas las cosas de la nada. La inteligencia no puede comprenderlo. Dios “dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Sal. 33:9). Bien podemos exclamar: “Tuyo el brazo con valentía; fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra” (Sal. 89:13).
¿Quién, mirando el cielo a media noche y considerando el milagro de las estrellas con los ojos de la razón, puede dejar de preguntarse de que fueron formadas en sus órbitas? Por asombroso que parezca, fueron hechas sin materiales de ninguna clase. Brotaron del vacío mismo. La obra impotente de la naturaleza universal emergió de la nada,
¿Qué instrumentos usó el arquitecto Supremo para ajustar las diversas partes con exactitud tal, y para dar al conjunto un aspecto tan hermoso? ¿Cómo fue unido todo formando una estructura tan bien proporcionada y acabada? Un simple mandato lo consumó. “Sea”, dijo Dios, y no añadió más; y en seguida apareció el maravilloso edificio adornado con toda la belleza, desplegando perfecciones sin número, y declarando, con los serafines, la alabanza de su gran Creador. “Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca’” (Sal. 33:6).
Consideren el poder de Dios en la conservación. Ninguna criatura tiene poder para conservarse a sí misma. “¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?” (Job 8:11). Si no hubiera hierbas comestibles, tanto los hombres como las bestias morirían, y si la tierra no fuera refrescada por la lluvia fertilizadora, las hierbas se marchitarían y morirían.
Por tanto, Dios es el Conservador “del hombre y el animal” (Sal. 36:6) El “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb. 1:3) ¡Qué milagro del poder divino en la vida prenatal del ser humano! El que un ser pueda vivir durante tantos meses, en un lugar tan reducido y sucio, y sin respirar, sería inexplicable si no fuera por el poder de Dios. Verdaderamente, “El es el que puso nuestra alma en vida” (Sal. 66:9).
La conservación de la tierra de la violencia del mar es otro ejemplo claro del poder de Dios. ¿Cómo ese furioso elemento se mantiene encerrado en los límites en los que El lo colocó en el principio, continuando allí sin inundar y destruir la parte baja de la creación? La posición natural del agua es sobre la tierra, puesto que es más ligera, e inmediatamente debajo del aire, porque es más pesada.
¿Quién refrena sus naturales cualidades? El hombre ciertamente no, ya que no podría. Lo que la reprime es el mandato de su creador: “Y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás delante, y aquí cesará la soberbia de tus olas” (Job 38:11). ¡Qué monumento más permanente al poder de Dios es la conservación del mundo! Consideremos el poder de Dios en el gobierno. Tomen por ejemplo, la sujeción en que tiene a Satanás. “El diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1Ped. 5:8). Está lleno de odio contra Dios y de enemistad furiosa contra los hombres, especialmente los santos. El que envidió a Adán en el paraíso, envidia la felicidad que para nosotros significa el disfrute de las bendiciones de Dios.
Si pudiera, trataría a todos como trató a Job: enviaría fuego del cielo sobre los frutos de la tierra, destruiría el ganando, haría que un viento huracanado derribara las casas y cubriría nuestros cuerpos de sarna maligna. Sin embargo, aunque los hombres no se den cuenta de ello, Dios lo reprime hasta cierto punto, impidiéndole realizar sus propósitos malignos, y sujetándole a sus órdenes. Asimismo, Dios restringe la corrupción natural del hombre. El permite suficientes brotes del pecado como para mostrar la tremenda ruina que la apostasía del hombre ha producido, pero, ¿quién es capaz de imaginar los terribles extremos a los que el hombre llegaría si Dios retirara su brazo moderador?
Todos los descendientes de Adán, por naturaleza, tienen bocas “llenas de maledicencia y de amargura; sus pies son ligeros a derramar sangre” (Rom. 3:14,15) ¡Cómo triunfarían el abuso y la locura obstinada si Dios no se impusiera y no edificara muros de contención a las mismas! “Alzaron los ríos, oh Jehová, alzaron los ríos su sonido; alzaron los ríos su estruendo. Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de muchas aguas, más que las recias olas del mar.” (Sal. 93:3,4). Observemos el poder de Dios en sus juicios. Cuando Dios hiere, nadie puede resistírsele: “¿Estará firme tu corazón? ¿Estarán fuertes tus manos en los días cuando yo actúe contra ti? Yo, Jehová, he hablado y lo cumpliré” (Eze. 22:14.) ¡Qué ejemplo más terrible de ello el que nos ofrece el diluvio! Dios abrió las ventanas del cielo y rompió las fuentes del gran abismo, y la raza humana entera (excepto los que se hallaban en el arca), impotente ante el temporal de su ira, fue arrasada.
Con una lluvia de fuego y azufre fueron destruidas las ciudades del valle. Faraón y todas sus huestes fueron impotentes cuando Dios sopló sobre ellos en el Mar Rojo. ¡Qué palabras más terribles las de Rom. 9:22! “¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte?” Dios mostrará su gran poder sobre los reprobados, no sólo encarcelándolos en la Gehena, sino también conservando sus cuerpos, además de sus almas, en los tormentos eternos del lago de fuego.
¡Bien podemos temblar ante tal Dios! Tratar desdeñosamente a Aquel que puede aplastarnos como si fuéramos moscas, es una conducta suicida. Desafiar al que está vestido de omnipotencia, al que puede hacernos pedazos y arrojarnos al infierno al momento que lo desee, es el colmo de la locura. Para decirlo de la manera más clara: obedecer su mandamiento es, cuando menos, actuar con sensatez. “Besad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino, cuando se encendiere un poco su furor” (Sal. 2:12). ¡Bien hace el alma iluminada en adorar a un Dios semejante! Las perfecciones maravillosas e infinitas de un Ser así requieren la más ferviente adoración. Si los hombres poderosos y de renombre reclaman la admiración del mundo, cuánto más debería llenarnos de asombro y reverencia el poder del Todopoderoso. “¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnifico en santidad, terrible en loores, hacedor de maravillas?” (Exo. 15:11)
¡Bien hace el santo en confiar en un Dios tal! El es digno de confianza implícita. Nada le es imposible. Si el poder de Dios fuera limitado. Podríamos desesperar, pero viéndole vestido de omnipotencia, ninguna oración es demasiado difícil para impedirle contestarla, ninguna necesidad demasiado grande para impedirle suplirla, ninguna pasión demasiado violenta para impedirle dominarla, ninguna tentación demasiado fuerte para impedirle librarnos de la misma, ninguna aflicción demasiado profunda para impedirle aliviarla. “Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?” (Sal. 27:1). “A Aquel que es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones de todas las edades, para siempre. Amen” (Efe. 3:20,21)
La Santidad de Dios
LA SANTIDAD DE DIOS
Arthur W. Pink
“¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? Porque tú sólo eres santo” (Apoc. 15:4)
Sólo El es infinita, independientemente e inmutablemente santo. Con frecuencia Dios es llamado “El Santo” en la Escritura; y lo es porque en él se halla la suma de todas las excelencias morales. Es pureza absoluta, sin la más leve sombra de pecado. “Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1Juan. 1:5).
La santidad es la misma excelencia de la naturaleza divina: el gran Dios es “magnífico en santidad” (Ex. 15:11). Por eso leemos: “muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab. 1:13). De la misma manera que el poder de Dios es lo opuesto a debilidad natural de la criatura, y su sabiduría contrasta completamente con el menor defecto de entendimiento, su santidad es la antítesis de todo defecto o imperfección moral.
En la antigüedad, Dios instituyó algunos “que cantasen a Jehová y alabasen en la hermosura de su santidad”. (2Crón.. 20:21). El poder es la mano y el brazo de Dios, la omnisciencia sus ojos, la misericordia su entraña, la eternidad su duración, pero “la santidad es su hermosura”. Es esta hermosura lo que le hace deleitoso para aquellos que han sido liberados del dominio del pecado.
A esta perfección divina se le da un énfasis especial. “Se llama santo a Dios más veces que todopoderoso, y se presenta esta parte de su dignidad más que ninguna otra. Esta cualidad va como calificativo junto a su nombre más que ninguna otra. Nunca se nos habla de Su poderoso nombre, o su sabio nombre, sino su grande nombre, y, sobre todo, su santo nombre. Este es su mayor título de honor; en ésta resalta toda la majestad y respetabilidad de su nombre.” Esta perfección, como ninguna otra, es celebrada ante el trono del cielo por los serafines que claman: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos” (Isa. 6:3).
Dios mismo destaca esta perfección: “Una vez he jurado por mi santidad” (Sal. 89:35). Dios jura por su santidad porque ésta es la expresión más plena de sí mismo. Por ella nos exhorta: “Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad” (Sal. 30:4). “Podemos llamar a éste un atributo trascendental; es como si penetrara en los demás atributos y les diera lustre” (J. Howe 1670). Por ello leemos de la “hermosura del Señor” (Sal. 27:4), la cual no es otra que la “hermosura de su santidad” (Sal. 110:3).
“Esta excelencia destacada por encima de sus otras perfecciones, es la gloria de éstas; es cada una de las perfecciones de la deidad; así como su poder es el vigor de sus otras perfecciones, su santidad es la hermosura de las mismas; de la manera que sin omnipotencia todo sería débil, sin santidad todo sería desagradable. Si ésta fuera manchada, el resto perdería su honra.
Esto sería como si el sol perdiera su luz: perdería al instante su calor, su poder y sus virtudes generadoras y vivificadoras. Así como en el cristiano la sinceridad es el brillo de todas las gracias, la pureza en Dios es el resplandor de todos los atributos de la divinidad. Su justicia es santa, su sabiduría santa, su brazo poderoso es un santo brazo (Sal. 98:1). Su verdad o palabra es una Santa Palabra (Sal. 105:42). Su nombre, que expresa todos sus atributos juntos, es un Santo Nombre (Sal. 103:1)”
La santidad de Dios se manifiesta en sus obras. Nada que no sea excelente puede proceder de El. La santidad es regla de todas sus acciones. En el principio declaró todo lo que había hecho “bueno en gran manera” (Gen. 1:31), lo cual no hubiera podido hacer si hubiera habido algo imperfecto o impuro.
Al hombre lo hizo “recto” (Ecl. 7:29), a imagen y semejanza de su creador. Los ángeles que cayeron fueron creados santos, ya que, según leemos, “dejaron su habitación” (Judas. 6). De Satanás está escrito: “perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad” (Eze. 28:15).
La santidad de Dios se manifiesta en su ley. Esa ley prohíbe el pecado en todas sus variantes: en las formas más refinadas así como en las más groseras, la intención de la mente como la de contaminación del cuerpo, el deseo secreto como el acto abierto.
Por ello leemos: “la ley a la verdad es santa y el mandamiento santo y justo, y bueno” (Rom. 7:12). Sí, “el precepto de Jehová es puro que alumbra a los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Sal. 19:8,9).
La santidad de Dios que se manifiesta en la cruz. La expiación pone de manifiesto de la manera más admirable, y a la vez solemne la santidad infinita de Dios y su odio al pecado. ¡Cuán detestable había de serle este cuando lo castigó hasta el límite de su culpabilidad al imputarlo a su hijo! “los juicios que han sido o que serán vertidos sobre el mundo impío, la llama ardiente de la conciencia pecadora, la sentencia irrevocable dictada contra los demonios rebeldes, y los gemidos de las criaturas condenadas, nos demuestran tan palpablemente el odio de Dios hacia el pecado como la ira del Padre desatada sobre el Hijo.
La santidad divina jamás apareció más atractiva y hermosa que cuando la faz del salvador estaba más desfigurada por los gemidos de la muerte. El mismo lo declara en el Salmo 22. Cuando Dios esconde de Cristo su faz sonriente y le hunde su afilado cuchillo en el corazón haciéndole exclamar Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?, Cristo adora esa perfección divina: “pero tu eres santo, v. 3”.
Dios odia todo pecado porque El es santo. El ama todo lo que es conforme a sus leyes y aborrece todo lo que es contrario a las mismas. Su palabra lo expresa claramente: “el perverso es abominado de Jehová” (Prov. 3:32). Y otra vez: “abominación son a Jehová los pensamientos del malo” (Prov. 15:26). De ello se desprende que él, necesariamente ha de castigar el pecado.
El pecado no puede escapar a su castigo porque Dios lo aborrece. Dios ha perdonado a menudo a los pecadores, pero jamás perdona el pecado; el pecador sólo puede ser perdonado a causa de que otro ha llevado su castigo, porque “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22). Por eso se nos dice que “Jehová se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos” (Nah. 1:2).
A causa de un pecado Dios desterró a nuestros primeros padres del Edén. Por un pecado toda la descendencia de Cam cayó bajo una maldición que todavía perdura. Moisés fue excluido de Canaán a causa de un pecado. Y por un pecado el criado de Eliseo fue castigado con lepra y Ananías y Safira fueron separados de la tierra de los vivientes.
En eso tenemos pruebas de la inspiración divina de las Escrituras. El alma no regenerada no cree realmente en la santidad de Dios el concepto que de su carácter tiene es parcial. Espera que su misericordia superara todo lo demás. “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21), es la acusación de Dios a los tales.
Piensan en un dios cortado según el patrón de sus propios corazones malos. De ahí su persistencia en una carrera de locura. La santidad atribuida en las Escrituras a la naturaleza y carácter divinos es tal, que demuestra claramente el origen sobrenatural de estas. El carácter atribuido a los “dioses” del paganismo antiguo y moderno es todo lo contrario de la pureza inmaculada que pertenece al verdadero Dios.
¡Los descendientes caídos de Adán jamás podían idear un Dios de santidad inenarrable que aborrece totalmente todo pecado! En realidad, nada pone más de manifiesto la terrible depravación del corazón humano y su enemistad con el Dios viviente que la presencia del que es infinita e inmutablemente sabio.
La idea humana del pecado está prácticamente limitada a lo que el mundo llama “crimen”. Lo que no llega a tal gravedad, el hombre lo llama “defectos”, “equivocaciones”, “enfermedad”, etc. E incluso cuando se reconoce la existencia del pecado, se buscan excusas y atenuantes.
El “dios” que la inmensa mayoría de los que profesan ser cristianos “aman” es como un anciano indulgente, quien, aunque no las comparta disimula benignamente las “imprudencias” juveniles. Pero la Palabra de Dios dice: “Aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Sal. 5:5), y “Dios está airado todos los días contra el impío” (Sal. 7:11).
Pero los hombres se niegan a creer en este Dios, y rechinan los dientes cuando se les habla fielmente de como odia al pecado. No, el hombre pecaminoso no podía imaginar un Dios santo, como tampoco crear el lago de fuego en el que será atormentado para siempre.
Porque Dios es santo, es completamente imposible que acepte a las criaturas sobre la base de sus propias obras. Una criatura caída podría más fácilmente crear un mundo que hacer algo que mereciera la aprobación del que es infinitamente puro. ¿Pueden las tinieblas habitar con la luz? ¿Puede el inmaculado deleitarse con los “trapos de inmundicia”? (Isa. 64:6). Lo mejor que el hombre pecador puede presentar está contaminado. Un árbol corrompido no puede producir buen fruto, si Dios considerara justo y santo aquello que no lo es, se negaría a sí mismo y envilecería sus perfecciones; y no hay nada justo ni santo si tiene la menor mancha contraria a la naturaleza de Dios. Pero bendito sea su nombre, porque lo que su santidad exigió, lo proveyó su gracia en Cristo Jesús, Señor nuestro cada pobre pecador que se haya refugiado en él es “acepto en el amado” (Efe. 1:6). ¡Aleluya!.
Porque Dios es santo, debemos acercarnos a él con la máxima reverencia. “Dios terrible en la grande congregación de los santos y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo” (Sal. 89:7). “Ensalzad a Jehová nuestro Dios, e inclinaos al estrado de sus pies: él es santo” (Sal. 99:5). Sí, “Al estrado”, en la postura más humilde, postrados ante él. Cuando Moisés se acercaba a la zarza ardiendo, Dios le dijo: “quita tus zapatos de tus pies” (Exo. 3:5).
A él hay que servirle “con temor” (Sal. 2:11). Al pueblo de Israel dijo: “En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado” (Lev. 10:3). Cuando más temerosos nos sintamos ante su santidad inefable, más aceptables seremos al acercarnos a él.
Porque Dios es santo, deberíamos desear ser hechos conformes a él. Su mandamiento es: “Sed santos, porque yo soy santo” (1Ped. 1:16). No se nos manda ser omnipotentes u omniscientes como Dios, sino santos, y eso “en toda conversación” (1Ped. 1:15). este es el mejor medio para agradarle. No glorificamos a Dios tanto con nuestra admiración ni con expresiones elocuentes o servicio ostentoso, como con nuestra aspiración a conversar con El con espíritu limpio, y a vivir para El viviendo como El”.
Así pues, por cuanto solo Dios es la fuente y manantial de la santidad, busquemos la santidad en él; que nuestra oración diaria sea que “El Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo” ( 1Tes. 5:23).
La Soberanía de Dios
LA SOBERANÍA DE DIOS
Arthur W. Pink
“Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere” (Isa. 46:10)
La Soberanía de Dios puede definirse como el ejercicio de su supremacía. Dios es el Altísimo, el Señor del cielo y de la tierra está exaltado infinitamente por encima de la más eminente de las criaturas. El es absolutamente independiente; no está sujeto a nadie, ni es influido por nadie. Dios actúa siempre y únicamente como le agrada.
Nadie puede frustrar ni detener sus propósitos. Su propia Palabra lo declara explícitamente: “En el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano” (Dan. 4:35). La soberanía divina significa que Dios lo es de hecho, así como de nombre, y que está en el Trono del universo dirigiendo y actuando en todas las cosas “según el consejo de su voluntad” (Efe. 1:11).
Con gran razón decía el predicador bautista del siglo pasado Carlos Spurgeon, en un sermón sobre Mat. 20:15, que:
“No hay atributo más confortador para Sus hijos que el de la Soberanía de Dios. Bajo las más adversas circunstancias y las pruebas más severas, creen que la Soberanía los gobierna y que los santificará a todos.
Para ellos, no debería haber nada por lo que luchar más celosamente que la doctrina del Señorío de Dios sobre toda la creación -el reino de Dios sobre todas la obras de sus manos- El trono de Dios, y su derecho a sentarse en el mismo. Por otro lado, no hay doctrina más odiada por la persona mundana, ni verdad que haya sido más maltratada, que la grande y maravillosa, pero real, doctrina de la Soberanía del infinito Jehová.
Los hombres permitirán que Dios esté en todas partes, menos en su trono. Le permitirán formar mundos y hacer estrellas, dispensar favores, conceder dones, sostener la tierra y soportar los pilares de la misma, iluminar las luces del cielo, y gobernar las incesantes olas del océano; pero cuando Dios asciende a su Trono sus criaturas rechinan los dientes.
Pero nosotros proclamamos un Dios entronizado y su derecho a hacer su propia voluntad con lo que le pertenece, a disponer de sus criaturas como a él le place, sin necesidad de consultarlas. Entonces se nos maldice y los hombres hacen oídos sordos a lo que les decimos, ya que no aman a un Dios que está sentado en su Trono. Pero es a Dios en su Trono que nosotros queremos predicar. Es en Dios, en su Trono en quien confiamos”.
Sí, tal es la Autoridad revelada en las Sagradas Escrituras. Sin rival en Majestad, sin límite en Poder, sin nada, fuera de sí misma, que le pueda afectar. “Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Sal. 135:6).
No obstante, vivimos en unos días en los que incluso los más “ortodoxos” parecen temer el admitir la verdadera divinidad de Dios. Dicen que reconocer la soberanía de Dios significa excluir la responsabilidad humana; cuando la verdad es que la responsabilidad humana se basa en la Soberanía Divina, y es el resultado de la misma. “Y nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Sal. 115:3).
En su soberanía escogió colocar a cada una de sus criaturas en la condición que pareció bien a sus ojos. Creó ángeles: a algunos los colocó en un estado condicional, a otros les dio una posición inmutable delante de él (1Tim. 5:21), poniendo a Cristo como su cabeza (Col. 2:10). No olvidemos que los ángeles que pecaron (2Ped. 2:4). Con todo, Dios previó que caerían y, sin embargo, los colocó en un estado alterable y condicional, y les permitió caer, aunque El no fuera el autor de su pecado.
Asimismo, Dios, en su soberanía colocó a Adán en el jardín del Edén en un estado condicional. Si lo hubiera deseado podía haberle colocado en un estado incondicional, en un estado tan firme como el de los ángeles que jamás han pecado, en uno tan seguro e inmutable como el de los santos en Cristo.
En cambio, escogió colocarle sobre la base de la responsabilidad como criatura, para que se mantuviera o cayera según se ajustase o no a su responsabilidad: la de obedecer a su Creador. Adán era responsable ante Dios (Dios es ley en sí mismo) por el mandamiento que le había sido dado y la advertencia que le había sido hecha. Esa era una responsabilidad sin menoscabo y puesta a prueba en las condiciones más favorables.
Dios no colocó a Adán en un estado condicional y de criatura responsable porque fuera justo que así lo hiciera. No, era justo porque Dios lo hizo. Ni siquiera dio el ser a las criaturas porque eso fuera lo justo, es decir, porque estuviera obligado a crearlas; sino que era justo porque El lo hizo así.
Dios es soberano. Su voluntad es suprema. Dios, lejos de estar bajo una ley, es ley en sí mismo, así es que cualquier cosa que él haga, es justa. Y ¡ay del rebelde que pone su soberanía en entredicho! “Ay del que pleitea con su Hacedor, siendo nada mas un pedazo de tiesto entre los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces?” (Isa. 45:9).
Además, Dios es Señor, como soberano, colocó a Israel sobre una base condicional. Los capítulos 19, 20 y 24 de Éxodo ofrecen pruebas claras y abundantes de ello. Estaban bajo el pacto de las obras. Dios les dio ciertas leyes e hizo que las bendiciones sobre ellos, como nación, dependieran de la observancia de las tales. Pero Israel era obstinado y de corazón incircunciso. Se rebelaron contra Jehová, desecharon su ley, se volvieron a los dioses falsos y apostataron. En consecuencia, el juicio divino cayó sobre ellos y fueron entregados en las manos de sus enemigos, dispersados por toda la tierra, y hasta el día de hoy, permanecen bajo el peso del disfavor de Dios.
Fue Dios, quien en el ejercicio de su soberanía, puso a Satanás y a sus ángeles, a Adán y a Israel en sus respectivas posiciones de responsabilidad. Pero, en el ejercicio de su soberanía, lejos de quitar la responsabilidad de la criatura, la puso en esta posición condicional, bajo las responsabilidades que él creyó oportunas; y, en virtud de esta soberanía, El es Dios sobre todos. De este modo, existe una armonía perfecta entre la soberanía de Dios y la responsabilidad de la criatura. Muchos han sostenido equivocadamente que es imposible mostrar donde termina la soberanía de Dios y empieza la responsabilidad de la criatura. He aquí donde empieza la responsabilidad de la criatura: en la ordenación soberana del creador. En cuanto a su soberanía, ¡no tiene ni tendrá jamás “terminación»!
Vamos aprobar aún más, que la responsabilidad de la criatura se basa en la soberanía de Dios. ¿Cuántas cosas están registradas en la Escritura que eran justas porque Dios las mandó, y que no lo hubieran sido si no las hubiera mandado?
¿Qué derecho tenía Adán de comer de los árboles del jardín del Edén? ¡El permiso de su Creador (Gén. 2:16), sin el cual hubiera sido un ladrón! ¿Qué derecho tenía el pueblo de Israel a demandar de los egipcios joyas y vestidos (Ex. 12:35)? Ninguno, sólo que Jehová lo había autorizado (Ex. 3:22).
¿Qué derecho tenía Israel a matar tantos corderos para el sacrificio? Ninguno, pero Dios así lo mandó. ¿Qué derecho tenía el pueblo de Israel a matar a todos los cananeos? Ninguno, sino que Dios les habían mandado hacerlo. ¿Qué derecho tenía el marido a demandar sumisión por parte de su esposa? Ninguno, si Dios no lo hubiera establecido. ¿Qué derecho tuviera la esposa de recibir amor, atención y cuidados, ninguno, si Dios no lo hubiera establecido. Podríamos citar muchos más ejemplos para demostrar que la responsabilidad humana se basa en la Soberanía Divina.
He aquí otro ejemplo del ejercicio de la absoluta soberanía de Dios: colocó a sus elegidos en un estado diferente al de Adán o Israel. Los puso en un estado incondicional. En un pacto eterno, Jesucristo fue hecho su cabeza, tomó sobre sí sus responsabilidades y actuó para ellos con justicia perfecta, irrevocable y eterna.
Cristo fue colocado en un estado condicional, ya que fue “hecho súbdito a la ley, para que redimiese a los que estaban debajo de la ley” (Gál. 4:4,5), sólo que con esta diferencia infinita: los hombres fracasaron, pero él no fracasó ni podía hacerlo. Y, ¿quién puso a Cristo en este estado condicional? El Dios Trino. Fue ordenado por la voluntad soberana, enviado por el amor soberano y su obra le fue asignada por la autoridad soberana.
El mediador tuvo que cumplir ciertas condiciones. Había de ser hecho en semejanza de carne de pecado; había de magnificar y honrar la ley; tenía que llevar todos los pecados del pueblo de Dios en su propio cuerpo sobre el madero; tenía que hacer expiación completa por ellos; tenía que sufrir la ira de Dios, morir y ser sepultado.
Por el cumplimiento de todas esas condiciones, le fue ofrecida una recompensa: (Isa. 53:10-12). Había de ser el primogénito de muchos hermanos; había de tener un pueblo que participaría de su gloria. Bendito sea su nombre para siempre porque cumplió todas esas condiciones; y porque las cumplió, el Padre está comprometido en juramento solemne a preservar para siempre y bendecir por toda la eternidad a cada uno de aquellos por los cuales hizo mediación su Hijo Encarnado. Porque El tomó su lugar, ellos ahora participan del Suyo. Su justicia es la Suya, su posición delante de Dios es la Suya, y su vida es la Suya. No hay ni una sola condición que ellos tengan que cumplir, ni una sola responsabilidad con la que tengan que cargar para alcanzar la gloria eterna. “Porque con una sola ofrenda hizo Perfectos para siempre a los santificados” (Heb. 10:14).
He aquí pues que la soberanía de Dios expuesta claramente ante todos en las distintas formas en que él se ha relacionado con sus criaturas. Algunos de los ángeles, Adán e Israel fueron colocados en una posición condicional en la que la bendición dependía de su obediencia y fidelidad de Dios. Pero, en marcado contraste con estos, a la “manada pequeña” (Luc. 12:32) le ha sido dada una posición incondicional e inmutable en el pacto de Dios, en sus consejos y en su Hijo; su bendición depende de lo que Cristo Hizo Por ellos. “El fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: conoce el Señor a los que son suyos” (2Tim. 2:19).
El fundamento sobre el cual descansan los elegidos de Dios es perfecto: nada puede serle añadido, ni nada puede serle quitado (Ecl. 3:14). He aquí, pues, el más alto y grande exponente de la absoluta soberanía de Dios. En verdad, El “del que quiere tiene misericordia; y al que quiere endurece” (Rom 9:18).
La Supremacía de Dios
LA SUPREMACÍA DE DIOS
A.W. Pink
“Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21)
En una de sus cartas a Erasmo, Lutero decía: “Vuestro concepto de Dios es demasiado humano”. El renombrado erudito probablemente se ofendió por tal reproche que procedía del hijo de un minero; sin embargo, lo tenía perfectamente merecido.
Nosotros, también, aunque no tengamos lugar entre los líderes religiosos de esta era degenerada, presentamos la misma denuncia contra la mayoría de los predicadores de nuestros días y contra quienes, en lugar de escudriñar las Escrituras por sí mismos, aceptan perezosamente las enseñanzas de sus denominaciones.
En la actualidad, y casi en todas partes, se sostienen los más deshonrosos y degradantes conceptos acerca de la autoridad y el Reino del Todopoderoso. Para incontables millares, incluso entre los que profesan ser cristianos, el Dios de las Escrituras es completamente desconocido.
En la antigüedad, Dios se quejó a un Israel apóstata: “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21). Tal ha de ser ahora su acusación contra una cristiandad apóstata. Los hombres imaginan que al Altísimo le mueven, no los principios, sino los sentimientos. Suponen que su Omnipotencia es una invención vacía y que Satanás puede desbaratar Sus designios a su antojo. Creen que si en realidad El se ha forjado un plan o propósito, ha de ser como los suyos, constantemente sujetos a cambios. Declaran abiertamente que sea el que fuere el poder que posee, ha de ser restringido, no sea que invada el territorio del “libre albedrío” del hombre y lo reduzca a una “maquina”.
Rebajan la eficaz expiación, la cual redimió a todos aquellos por los cuales fue hecha, hasta hacer de ella una simple “medicina” que las almas enfermas por el pecado pueden usar si se sienten dispuestas a ello; y desvirtúan la obra invencible del Espíritu Santo, convirtiéndola en una “oferta” del Evangelio que los pecadores pueden aceptar o rechazar a su agrado.
El “dios” del presente siglo veinte no se parece más al Soberano Supremo de la Sagrada Escritura de lo que la confusa y vacilante llama de una vela se parece a la gloria del sol de mediodía. El “dios” del cual suele hablarse desde el púlpito, el que se menciona en gran parte de la literatura religiosa actual, el que se predica en la mayoría de las llamadas conferencias Bíblicas, es una invención de la imaginación humana, una ficción del sentimentalismo sensiblero.
Los idólatras que se encuentran fuera de la cristiandad se hacen “dioses” de madera o de piedra, mientras que los millones de idólatras que se hallan dentro de la cristiandad se elaboran “dioses” producto de sus propias mentes. En realidad, no son otra cosa que ateos, ya que no hay otra alternativa posible sino creer en un Dios absolutamente supremo o no creer en Dios. Un “dios” cuya voluntad puede ser resistida, cuyos designios pueden ser frustrados, y cuyos propósitos pueden ser derrotados, no posee derecho alguno a la deidad, y lejos de ser objeto digno de adoración, merece solamente desprecio.
La distancia infinita que existe entre las más poderosas criaturas y el Creador Todopoderoso es prueba de la supremacía del Dios viviente y verdadero. El es el Alfarero, ellas no son más que barro en sus manos, que pueden ser transformadas en vasos de honra, o desmenuzadas (Sal. 2:9) a su gusto.
Como alguien decía, si todos los ciudadanos del cielo y todos los habitantes de la tierra se unieran en rebelión contra El, no le ocasionarían inquietud alguna, y ello tendría menos efecto sobre su trono eterno e invencible del que tiene sobre la elevada roca de Gibraltar la espuma de las olas del Mediterráneo. Tan pueril e impotente para afectar al Altísimo es la criatura, que la Escritura misma nos dice que cuando los príncipes gentiles se unan con Israel apóstata para desafiar a Jehová y su Cristo, “él que mora en los cielos se reirá” (Sal. 2:4)
La supremacía absoluta y universal de Dios está positivamente declarada en muchos lugares de la Escritura que no admite duda. “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza… Y Tú señorearás a todos” (1Crón. 19:11,12).
Nótese que dice “señorearás” ahora, no “señorearás en el Futuro”. “Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres Tú Dios en los cielos, y te enseñorearás en todos los reinos de las Gentes? ¿No está en tu mano toda fuerza y poder, que no hay quien (ni siquiera el diablo) te resista?” (2Crón. 20:6).
Pero él es Único; ¿quién le hará desistir? Lo que su alma desea, El lo hace”. El Dios de la Escritura no es un monarca falso, ni un simple soberano imaginario, sino Rey de reyes y Señor de señores. “Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2), o como alguien ha traducido, “ningún propósito tuyo puede ser frustrado”. El hace todo lo que ha designado. Cumple todo lo que ha decretado. “Nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho” (Sal. 115:3); y, ¿por qué? Porque “no hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo contra Jehová” (Prov. 21:30).
La supremacía de Dios sobre las obras de sus manos está descrita de manera vívida en la Escritura. La materia inanimada y las criaturas irracionales cumplen los mandatos de su Creador. A su mandato el mar Rojo se dividió, y sus aguas se levantaron como muros (Exo. 14); la tierra abrió su boca y los rebeldes descendieron vivos al abismo (Núm. 16). Cuando El lo ordenó, el sol se detuvo (Jos. 10); y en otra ocasión volvió diez grados atrás en el reloj de Acaz (Isa. 38:8).
Para manifestar su supremacía, hizo que los cuervos llevaran comida a Elías (1Rey. 17), que el hierro nadara sobre el agua (2Rey. 6), cerró la boca de los leones cuando Daniel fue arrojado al foso, e hizo que el fuego no quemara cuando los tres jóvenes hebreos fueron echados a las llamas. Así que, “todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Sal. 135:6).
` La Supremacía de Dios se demuestra también en su gobierno perfecto sobre la voluntad de los hombres. Estudiemos cuidadosamente Éxodo 34:24. Tres veces al año, todos los varones de Israel debían dejar sus hogares e ir a Jerusalén, vivían rodeados de pueblos hostiles que les odiaban por haberse apropiado de sus tierras. Siendo así, ¿qué impedía que los cananitas, aprovechando la ausencia de los hombres, mataran a las mujeres y los niños, y tomaran opresión de sus posesiones?
Si la mano del todopoderoso no estuviera incluso sobre la voluntad de los impíos, ¿cómo podía prometer que nadie ni siquiera “desearía” sus tierras? “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová: a todo lo que quiere lo inclina” (Prov. 21:1). Habrá sin embargo quien ponga en duda una y otra vez esto, leemos en la Escritura, cómo aquellos hombres desafiaron a Dios, resistieron su voluntad, quebrantaron sus mandamientos, desestimaron sus amonestaciones, e hicieron oídos sordos a sus exhortaciones.
Sí, es cierto; pero, ¿anula esto lo que hemos dicho anteriormente? Si es así, entonces la Biblia se contradice manifiestamente a sí misma. Pero esto no puede ser. El que hace esta objeción se refiere únicamente a la impiedad del hombre contra la palabra externa de Dios, mientras que lo que hemos mencionado es lo que Dios se ha propuesto en sí mismo. La norma de conducta que El nos ha dado no es cumplida perfectamente por ninguno de nosotros; sin embargo, sus propios “consejos” eternos son cumplidos hasta el más minucioso de los detalles.
La Supremacía absoluta y universal de Dios se afirma con igual claridad y certeza en el Nuevo Testamento. Ahí se nos dice que Dios “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efe. 1:11), “hace” en griego, significa “hacer efectivo”. Por esta razón, leemos: “Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amen”. (Rom. 11:36). Los hombres pueden jactarse de ser agentes libres, con voluntad propia, y de que son libres de hacer lo que les plazca, pero a aquellos que, jactándose, dicen: “Iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos mercadería y ganaremos…”, la Escritura advierte: “En lugar de los cual deberías decir: Si el Señor quisiere” (Stgo. 4:13,15).
He aquí, pues, lugar de descanso para el corazón. Nuestras vidas no son el producto de un destino ciego, ni el resultado de la suerte caprichosa, sino que cada detalle de las mismas fue ordenado por el Dios viviente y soberano. Ni un solo cabello de nuestras cabezas puede ser tocado sin su permiso. “El corazón del hombre piensa su camino: mas Jehová endereza sus pasos” (Prov. 16:9). ¡Qué certeza, poder y consuelo debería de proporcionar esto al verdadero cristiano! “En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:15). Así, permítanme decir: “Calla delante de Jehová, y espera en él” (Sal. 37:7).
La Omnisciencia de Dios
LA OMNISCIENCIA DE DIOS
Arthur W. Pink
“No existe cosa creada que no sea manifiesta en su presencia. Más bien, todas están desnudas y expuestas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. (Heb. 4:13).
Dios es omnisciente, lo conoce todo: todo lo posible, todo lo real, todos los acontecimientos y todas las criaturas del pasado, presente y futuro. Conoce perfectamente todo detalle en la vida de todos los seres que están en el cielo, en la tierra y en el infierno (Dan. 2:22). “Conoce lo que hay en las tinieblas”.
Nada escapa a su atención, nada puede serle escondido, no hay nada que pueda olvidar. Bien podemos decir con el salmista: (Sal. 139:6). “Tal conocimiento me es maravilloso; tan alto que no lo puedo alcanzar” Su conocimiento es perfecto; nunca se equivoca, ni cambia, ni pasa por alto alguna cosa. ¡Sí, tal es Dios al que tenemos que dar cuenta!
Sal. 139:2-4; “Tú conoces cuando me siento y cuando me levanto; desde lejos entiendes mi pensamiento. Mi caminar y mi acostarme has considerado; todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y tú, oh Jehová, ya la sabes toda”. ¡Qué maravilloso ser es el Dios de la Escritura! Cada uno de sus gloriosos atributos debería de honrarle en nuestra estimación.
La comprensión de su omnisciencia debería de inclinarnos ante El en adoración. Con todo ¡Cuán poco meditamos en su perfección divina! ¿Es ello debido a que, aun el pensar en ella, nos llena de inquietud?
¡Cuán solemne es este hecho; nada puede ser escondido a Dios, (Eze. 11:5). “Diles yo he sabido los pensamientos que suben de vuestros espíritus” Aunque sea invisible para nosotros, nosotros no lo somos para él. Ni la oscuridad de la noche, ni la más espesa cortina, ni la más profunda prisión pueden esconder al pecador de los ojos de la Omnisciencia. Los árboles del huerto fueron incapaces de esconder a nuestros primeros padres.
Ningún ojo humano vio a Caín cuando asesinó a su hermano, pero su Creador fue testigo del crimen. Sara podía reír por su incredulidad oculta en su tienda, mas Jehová la oyó. Acán robó un lingote de oro que escondió cuidadosamente bajo la tierra pero Dios lo sacó a la luz (Jos. 7). David se tomó mucho trabajo en esconder su iniquidad, pero el Dios que todo lo ve no tardó en mandar uno de sus siervos a decirle: (2Sam. 12). “Tú eres aquel hombre”. Y a las tribus que quedaban al oriente del Jordán se les dice: (Núm. 32:23). “Pero si no lo hacéis así, he aquí que habréis pecado contra Jehová, y sabed que vuestro pecado os alcanzará”.
Si pudieran los hombres despojarían a la Deidad de su omnisciencia; ¡Qué prueba esta de que “la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Rom. 8:7). Los hombres impíos odian esta perfección divina que, al mismo tiempo, se ven obligados a admitir.
Desearían que no existiera el Testigo de sus pecados, el Escudriñador de sus corazones, el Juez de sus acciones. Intentan quitar de sus pensamientos a un Dios tal: (Os. 7:2).“Y no dicen en su corazón que tengo en la memoria toda su maldad” ¡Cuán solemne es el octavo versículo del Salmo 90! Todo aquel que rechaza a Cristo tiene buenas razones para temblar ante él: “Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.
Pero la omnisciencia de Dios es una verdad llena de consolación para el creyente. En la perplejidad, dice a Job: “Más él conoció mi camino” (Job 23:10). Esto puede ser profundamente misterioso para mí, completamente incomprensible para mis amigos pero, ¡él conoce nuestra condición; “se acuerda que somos polvo” (Sal. 103:14).
Cuando nos asalten la duda y la desconfianza acudamos a este mismo atributo, diciendo: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno” Sal. 139:23,24.
En el tiempo de triste fracaso, cuando nuestros actos han desmentido a nuestro corazón, nuestras obras repudiado a nuestra devoción, y hemos oído la pregunta escrutadora que escuchó Pedro: “¿Me amas?», hemos dicho como Pedro: “Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo” (Juan 21:17). Ahí hallamos estímulo para orar. No hay razón para temer que las peticiones de los justos no sean oídas, ni que sus lágrimas y suspiros escapen a la atención de Dios, ya que él conoce los pensamientos e intenciones del corazón.
No hay peligro de que un santo sea pasado por alto en la multitud de aquellos que cada día y cada hora presentan sus peticiones, porque la Mente infinita es capaz de prestar la misma atención a millones, que a uno solo de los que buscan su atención. Asimismo la falta de un lenguaje apropiado y la incapacidad de dar expresión al más profundo de los anhelos del alma no comprometerá nuestras oraciones, porque “Y sucederá que antes que llamen, yo responderé; y mientras estén hablando, yo les escucharé”. (Isa. 65:24). “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; su entendimiento es infinito”. (Sal. 147:5).
Dios, no solamente conoce todo lo que sucedió en el pasado en cualquier parte de sus vastos dominios, y todo lo que ahora acontece en el universo entero, sino que, además, El sabe todos los hechos, desde el más insignificante hasta el más grande, que tendrán lugar en el porvenir. El conocimiento del futuro por parte de Dios es tan completo como completo es su conocimiento del pasado y el presente; y esto es así porque el futuro depende enteramente de él. Si algo pudiera en alguna manera ocurrir sin la directa agencia o el permiso de Dios, ello sería independiente de él, y Dios dejaría, por tanto, de ser Supremo.
El conocimiento Divino del futuro no es una simple idealización, sino algo inseparablemente relacionado con su propósito y acompañado del mismo. Dios mismo ha designado todo lo que ha de ser, y lo que él ha designado debe necesariamente efectuarse. Como su Palabra infalible afirma: “él hace según su voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien detenga su mano ni quien le diga: ¿Qué haces?” (Dan. 4:35), Y (Prov. 19:21): “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá”.
El cumplimiento de todo lo que Dios ha propuesto está absolutamente garantizado, ya que su sabiduría y poder son infinitos. Que los consejos Divinos dejen de ejecutarse es una imposibilidad tan grande como lo es que el Dios tres veces Santo mienta. En lo relativo al futuro, nada hay incierto en cuanto a la realización de los consejos de Dios. Ninguno de sus decretos, tanto los referentes a criaturas como a causas secundarias, es dejado a la casualidad. No hay ningún suceso futuro que sea solo una simple posibilidad, es decir, algo que pueda acontecer o no: “Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras” (Hech. 15:18). Todo lo que Dios ha decretado es inexorablemente cierto, “porque en él no hay mudanza ni sombra de variación” (Stg. 1:17). Por tanto, en el principio de aquel libro que nos descubre tanto del futuro, se nos habla de “cosas que deben suceder pronto” (Apoc. 1:1).
El perfecto conocimiento por Dios de todas las cosas es ejemplificado e ilustrado en todas las profecías registradas en su Palabra. En el A.T., se encuentran docenas de predicciones relativas a la historia de Israel que fueron cumplidas hasta en los más pequeños detalles siglos después de que fueran hechas. Ahí, también, se hayan docenas prediciendo la vida de Cristo en la tierra, y estas también fueron cumplidas literal y perfectamente. Tales profecías sólo podían ser dadas por Uno que conocía el final desde el principio, y cuyo conocimiento descansaba sobre la certeza absoluta de la realización de todo lo preanunciado.
De la misma manera, tanto el Antiguo como el N.T., contienen muchos anuncios todavía futuros, los cuales deben cumplirse porque fueron dados por Aquel que los decretó. Pero debe señalarse que ni la omnisciencia de Dios ni su conocimiento del futuro, considerados en si mismos, son la causa. Jamás, sucedió o sucederá, algo simplemente porque Dios lo sabía. La causa de todas las cosas es la voluntad de Dios.
El hombre que realmente cree las Escrituras sabe de antemano que las estaciones continuarán sucediéndose con segura regularidad hasta el final de la tierra: (Gén. 8:22), “Mientras exista la tierra, no cesarán la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.” pero su conocimiento no es la causa de esta sucesión.
Así, el conocimiento de Dios no proviene del hecho de que las cosas son o serán, sino de que él las ha ordenado de ese modo. Dios conocía y predijo la crucifixión de su Hijo mucho siglos antes de que se encarnara, y esto era así porque, en el propósito Divino, El era el Cordero inmolado desde la fundación del mundo, de ahí que leamos que fue “entregado por determinado consejo y providencia de Dios” (Hech. 2:23). El conocimiento infinito de Dios debería llenarnos de asombro.
¡Cuán ilimitadamente superior al más sabio de los hombres es el eterno! Ninguno de nosotros conoce lo que el día de mañana nos traerá; pero el futuro entero está abierto a su mirada omnisciente. El conocimiento infinito de Dios debería llenarnos de santo temor. Nada de lo que hacemos, decimos, o incluso pensamos, escapa a la percepción de Aquel a quien tenemos que dar cuenta: “Los ojos de Jehová están en todo lugar mirando a los malos y a los buenos” (Prov. 15:3) ¡Que freno significaría esto para nosotros si meditáramos más a menudo sobre ello!
En lugar de actuar indiferentemente, diríamos, con Agar: “Tú eres un Dios que me ve” (Gén. 16:13). La comprensión del infinito conocimiento de Dios debe llenar al cristiano de adoración y decir: Mi vida entera ha permanecido abierta a su mirada desde el principio.
El previo todas mis caídas, mis pecados, mis reincidencias; sin embargo, así y todo, fijó su corazón en mi. La comprensión de este hecho, ¡cómo debe postrarme en admiración y adoración delante de él!
La Estrategia de Satanás: El Engañador
LA ESTRATEGIA DE SATANAS
El Engañador
Juan 8:44, Apocalipsis 12:9, 2ª Corintios 11:3; 2ª Juan 7; Genesis 3:1-7
1) El Objetivo de Satanás: Tu Mente
Cuando Satanás quiso conducir al primero hombre y a la primera mujer al pecado, comenzó atacando la mente de la mujer. Esto queda claro en 2ª Corintios 11:3.
Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad Cristo.
¿Por qué le interesa a Satanás atacar tu mente? Porque la mente que tienes es la parte de la imagen de Dios mediante la cual El se comunica contigo, revelándote su voluntad. Es lamentable que algunos cristianos hayan restado importancia al papel de la mente, porque la Biblia destaca su importancia.
Leer: Colosenses 3:9-10; Efesios 4:17-24; Romanos 12:2
Dios renueva nuestra vida mediante la renovación de nuestra mente, que a su vez se renueva mediante la verdad. Esa verdad es la Palabra de Dios.
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17)
Si Satanás consigue que tú creas una mentira, podrá comenzar a trabajar en tu vida para conducirte al pecado. Es por eso por lo que ataca a la mente, y por eso debemos proteger nuestra mente de los ataques del maligno.
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo que justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:8)
Tus pensamientos afectan tus sentidos y tu voluntad.
El medico te dice «tu eres lo que comes», La Biblia dice. «Tu eres lo que piensas»
Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. (Proverbios 23:7)
Satanás buscará tu mente, porque tu mente afecta todo tu ser. Si Satanás captura tu mente, el podrá trabajar en tu vida.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3
2) El Arma de Satanás: Las Mentiras
Satanás se acercó a Eva como la serpiente, el sutil engañador.
… la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. (Apocalipsis 12:9)
Es importante notar los pasos que Satanás siguió para convencer a Eva de que creyera su mentira.
- Cuestionó la Palabra de Dios. «Así que Dios os ha dicho…» No negó que Dios les había hablado; se limitó a cuestionar si Dios había dicho realmente lo que Eva pensaba que había dicho. La sugerencia de Satanás era: «A lo mejor habéis malentendido lo que ha dicho Dios. Tienes derecho a volver a pensar en lo que dijo.» Vale la pena darse cuenta de que mediante esta sugerencia, Satanás está también poniendo en tela de juicio la bondad de Dios. «Si Dios te amara de verdad, no te privaría de nada». Esta fue la misa técnica que intentó con el Señor cuando estaba en el desierto: «Si eres el Hijo amado de Dios, ¿cómo es que tienes tanta hambre?»
- Negó la Palabra de Dios. «¡No moriréis!» Hay un solo pequeño paso entre cuestionar la Palabra de Dios y negarla. Por supuesto, ni Adán ni Eva sabía por experiencia lo que era la muerte. Lo único a que podían aferrarse era la Palabra de Dios, pero eso era todo lo que necesitaban. Si Eva no hubiera escuchado a Satanás cuestionando la Palabra de Dios, jamás habría caído en la trampa, cuando éste dio el siguiente paso: negarla.
- Proporcionó una mentira sustituta. «¡Seréis como Dios!» Adán y Eva había sido creados a imagen de Dios, pero Satanás les tentó con un privilegio aún mayor: ¡ser iguales a Dios! Esta fue, por supuesto, la gran ambición de Satanás cuando aún era Lucifer, el siervo angélico de Dios.
Leer: Isaías 14:12-14
Satanás es un ser creado, una criatura, pero quería ser adorado y servido como el Creador. Fue esa actitud la que le llevó a rebelarse contra Dios e intentar establecer su propio reino. «Seréis como Dios» es la mentira gigantesca que ha controlado a la humanidad desde la caída del hombre.
«… ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrado y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.» Romanos 1:25
Satanás anhela adoración y servicio, ¡y Jesucristo no le iba a conceder una cosa ni la otra!
Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito esta: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás» (Mateo 4:8-10)
La mentira de Satanás: «seréis como Dios», motiva y controla buena parte de nuestra civilización actual. El hombre está intentando elevarse, aunque sea tirándose de los cordones de los zapatos. Intenta construir una utopía en este mundo trasladándola quizá al espacio exterior. Por medio de la educación la psiquiatría, las religiones de uno u otro tipo (la mayoría de las cuales ignoran a Jesucristo, el pecado y la salvación), por medio de un mejor entorno natural, el hombre desafía a Dios y así mismo. Está siguiéndole el juego a Satanás.
¿Cómo respondió Eva a la sugerencia de Satanás? Lo hizo cometiendo tres errores que llevaron a pecar.
•1) Se apartó de la Palabra de Dios. En el versículo 2, Eva omitió la expresión «de todo». Lo que Dios había dicho, en Génesis 2:16 fue: «De todo árbol del huerto podrás comer». Parece ser que Eva le iba atrayendo la sugerencia de Satanás, la que decía que Dios les estaba negando ciertas cosas. Cuando comenzamos a cuestionar u olvidar la gracia de Dios. Y su bondad, nos resultará mucho más sencillo desobedecer su voluntad.
•2) Añadió algo ala Palabra de Dios. En el mandamiento original de Dios no encontramos la expresión «ni le tocaréis». Puede que sí las pronunciara, pero desde luego no están registradas en el texto. Eva no sólo redujo la gracia contenida en las palabras de Dios, omitiendo el «de todo», sino que convirtió el mandamiento en algo más insoportable añadiéndole el «ni le tocaréis». «Y sus mandamientos no son gravosos» (1ª Jn. 5:3). Satanás quiere convencernos de que so lo son, y que él tienen algo mejor que ofrecernos.
•3) Cambió la Palabra de Dios. Dios no había dicho: «para que no muráis», Dijo: «porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:17). El castigo por la desobediencia, tal y como lo presentó el enemigo, no parecía tan severo; por consiguiente, Eva podía considerar la posibilidad de desobedecer a la voluntad de Dios, obedeciendo ala de Satanás.
Una vez que hemos tratado de este modo a la Palabra de Dios estamos abiertos de par en par para que el enemigo llevo a cabo su última jugarreta,. Se limitó permitir a que Eva pensara en aquel árbol aparte de la Palabra de Dios. «¡Échale un buen vistazo! ¡Aprécialo como es realmente!» Era «bueno para comer…codiciable para alcanzar la sabiduría» (Gn. 3:6). Eva tenía que tomar una decisión: ¿la Palabra de Dios o la palabra de Satanás? Rechazó la Palabra divina, creyó a Satanás y pecó. Usted y yo hemos estado padeciendo toda la vida las consecuencias de ese pecado, igual que el resto de la raza humana.
Dios cumple sus propósitos para este mundo por medio de la verdad, y Satanás los suyos por medio de las mentiras.
Cuando el hijo de Dios cree la verdad divina, el Espíritu de Dios puede obrar con poder; porque el Espíritu Santo es «el Espíritu de verdad» (Jn. 16:13). Pero cuando una persona se cree una mentira, Satanás comienza a trabajar en esa vida, «porque es mentiroso y padre de mentira» (Jn. 8:44). La fe en la verdad divina conduce a la victoria, la fe puesta en las mentiras de Satanás nos lleva a la derrota.
Sin embargo Satanás nunca dirá a nadie: «¡Esto es mentira!» El es la serpiente, el engañador, y siempre disfraza sus mentiras como si fueran verdades de Dios.
Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. (2ª Cor, 11:13-14)
Satanás no se acercó a Eva manifestando su verdadera naturaleza, sino que s disfrazó usando a la serpiente. Satanás es un falsificador, un imitador
También existen:
Cristianos falsificadores.
«en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos» (2ª Corintios 11:26)
«El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.» (Mateo 11:38)
«Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.» (Juan 8:44)
Imitaciones del evangelio
«Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.» (Galatas 1:8)
Falsos ministros del evangelio
Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. (2ª Corintios 11:14-15)
Imitación de la justicia (Romanos 10:3)
Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios (Romanos 10:3)
Iglesia falsa «Iglesia de Satanás»
Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. (Apocalipsis 2:9)
Doctrinas falsificadas (1ª Timoteo 4:1)
«Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,» (2ª Timoteo 4:1)
Todo esto acabará, por supuesto, cuando entre en escena un imitador de Cristo, el anticristo, que acaparará para Satanás la adoración y servicio de todo el mundo.
Y entonces se manifestará aquel inicuo… cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentiroso, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden. (2ª Tesalonicenses 2:8-10)
Y la adoraron a la bestia, el anticristo todos los moradores de la tierra. Apocalipsis 13:8
El objetivo de Satanás es su mente, y su arma son las mentiras ¿Cuál es su propósito?
3. El Propósito de Satanás: que tú ignores la voluntad de Dios.
Satanás ataca la Palabra de Dios porque ésta manifiesta la voluntad divina.
Lámpara es mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Salmo 119:105)
El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. (Salmo 40:8)
Alejados de la Palabra de Dios, no podemos comprender bien su voluntad. Y la voluntad divina es la expresión de su amor hacia nosotros.
El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de sus corazón por todas las generaciones. (Salmo 33:11)
La voluntad de Dios nace de sui propio corazón. No se trata de algo impersonal, sino de algo que para el Señor es muy personal. El tiene una comprensión personal de cada uno de sus hijos e hijas, de su naturaleza, sus nombres, sus actos, en función de la cual obra sus planes en ellos.
Dios desea que conozcamos su voluntad. (Hechos 22:14)
Dios desea que comprendamos su voluntad. (Efesios 5:17)
Dios quiere que esa comprensión de su voluntad nos llene y nos dirija, (Colosenses 1:9)
El resultado de todo esto es que los creyentes viven de corazón haciendo la voluntad de Dios (Efesios 6:6)
La voluntad de Dios no es una obligación, sino una delicia. El cristiano se goza en descubrir la voluntad de Dios, obedeciéndola luego de todo corazón., la voluntad de Dios es lo que nutre.
Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. (Juan 4:34)
Tú y yo debemos orar (como hizo Epafras) para que estemos:
Firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere (Colosenses 4:12)
Si Satanás consigue que tú no conozcas la voluntad de Dios, te arrebatará todas las gloriosas bendiciones que Dios ha preparado para tu vida. Tomarás decisiones equivocadas, te verás inmerso en actividades pecaminosas, y llevarás un tipo de vida erróneo. Y, por triste que sea decirlo, ¡influirás a otros para que también practiquen lo malo!
Los cristianos ignorantes de la voluntad de Dios se perderán de disfrutar la paz y el poder de Dios. No crecerán a su máxima potencialidad, ni podrán conseguir lo que Dios ha planeado para ellos. En lugar de viajar en primera clase, acabarán en segunda o en tercera, quejándose durante todo el viaje. Viven como mendigos, porque se han aislado de la gran riqueza de Dios. Y ven pasar sus vidas (peor aún, ¡la malgastan!) en lugar de invertirlas.
Pero el que hace la voluntad de Dios permanecerá para siempre (1ª Juan 2:17)
4. Tu defensa: La Palabra inspirada de Dios
Solo la Palabra inspirada de Dios puede revelar y derrotar las mentiras del diablo. Nosotros no podemos razonar con Satanás, ni (como Eva descubrió) conversar con él sin que nos influya. La sabiduría del hombre no es rival para la astucia de Satanás. Nuestra única defensa es la Palabra inspirada de Dios.
Fue esta arma la que empleó nuestro Señor cuando fue tentado por Satanás en el desierto.
1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.(A) 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.(B) 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti,(C) y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.(D) 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.(E) 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.(F) 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. (Mateo 4:1-11)
Nuestro Señor no utilizó su divino poder para derrotar a Satanás. Usó la misma arma que nosotros tenemos disponible hoy en día: La Palabra de Dios.
Si tú y yo pretendemos derrotar las mentiras de Satanás, debemos depender de la Palabra divina, este hecho nos hace asumir ciertas responsabilidades.
- 1) Debemos conocer la Palabra de Dios. No existe ningún motivo por el que el creyente deba ignorar el contenido de su Biblia. Hoy día la Palabra de Dios esta disponible para todos. Tenemos al Espíritu Santo que nos enseña las verdades de la Palabra (Juan 16:13-15) Esto significa que debemos dedicar tiempo para estudiar, leer y profundizar en la Biblia. Nadie podría dominar al cien por ciento la Palabra de Dios a pesar de dedicarle toda una vida de estudio, pero deberíamos a prender todo lo que podamos. Debemos buscar voluntariamente tiempo para ello. Del mismo modo que un mecánico estudia los manuales, o el cirujano sus textos de medicina, el cristiano debe estudiar la Palabra de Dios. El estudio bíblico no es un lujo, sino una necesidad.
Disponemos de una cantidad enorme de recursos para estudiar la Biblia:
La Iglesia local, (pastores y maestros)
Comentarios Bíblicos y libros de estudio de la Biblia
Expositores de la Radio
Seminarios- 2) Debemos memorizar la Palabra de Dios. Nuestro Señor cuando estuvo en el desierto, ¡no tenía a mano una concordancia! Pero recordó los libros de Moisés, seleccionó Deuteronomio y citó tres versículos de ese libro para hacer callar a Satanás.
En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti. (Salmo 119:11)
La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán. (Salmo 37:31)
El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. (Salmo 40:8)
Si no tienes un programa sistemático para memorizar la Biblia, ¡comienza a hacerlo ya!
- 3) Debemos meditar en la Palabra de Dios. La meditación es para el hombre interior lo que la digestión para el exterior. Si tú no fueras capaz de digerir tus alimentos, enfermarías y morirías.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. (Josué 1:8)
Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. (Salmo 1:2)
¿Realmente te deleitas en la Palabra de Dios, o la lees solo por obligación? ¿Pasas tiempo leyéndola? Reflexiona en los siguientes versículos:
¿Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Mas que la miel en a mi boca (Salmo 119:103)
Me anticipé al alba, y clamé, esperé en tu palabra. Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos. (Salmo 119:114)
Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata (Salmo 119:72)
Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. (Salmo 119:127)
¡Aquí tenemos a un santo que prefería tener la Palabra de Dios antes que comida, sueño o dinero! Temprano por la mañana, y por la noche, meditaba en la Palabra y enriquecía su alma. Este tipo de cristiano es el que es capaz de usar la Palabra de Dios para derrotar a Satanás y a sus mentiras.
- 4) Debemos usar la Palabra de Dios. La mente del creyente debería ser como una «computadora espiritual». Debería estar tan saturada de las Escrituras que, cada vez que se enfrentara a una tentación, recordara automáticamente la porción de la Biblia que trata sobre este tema. El ministerio del Espíritu Santo es traer a nuestra mente la Palabra cuando lo necesitamos.
Mas el Consolador, El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:26)
¡PERO EL ESPIRITU SANTO NO NOS PUEDE RECORDAR ALGO QUE NO HEMOS APRENDIDO!
Debemos permitirle que, antes que nada, nos enseñe la Palabra. Debemos memorizar la Escrituras que El nos abra. Entonces el Espíritu divino podrá recordarnos lo que hemos aprendido., usando esas verdades para derrotar a Satanás. Por favor, recuerda que ¡Satanás conoce la Biblia mejor que nosotros! ¡Y que es capaz de citarla!
El Espíritu de Dios te ayudará a utilizar la Palabra en la lucha contra el diablo. El Espíritu te mostrará cuando Satanás esta «usando» la Biblia para promocionar sus propias mentiras, como hizo con Jesús en el desierto. Satanás citó el Salmo 91:11,12, pero adaptándolo a su propias intenciones, omitiendo el «en todos tus caminos». Dios promete protegernos cuando estemos en sus caminos. Si nosotros, por pura tontería, nos apartamos de ellos, Dios no esta obligado a cuidar de nosotros. Esto explica porqué Jesús respondió: «También esta escrito…» (Mat. 4:7)
Jesús comparaba un pasaje de las Escrituras con otro. Tomaba en consideración el mensaje global de la Biblia, y no se ceñía (como hacia Satanás) a un `pasaje determinado. A Satanás le encanta sacar versículos fuera de su contexto y usarlos para «corroborar» sus falsas pretensiones. Usted y yo debemos tener una visión global de las Escrituras, si queremos detectar las mentiras de Satanás y superarlas.
También es importante que contemplemos el mundo que nos rodea usando «los ojos» de la Biblia. Debemos poder decir:
Porque por fe andamos, no por vista (2ª Cor. 5:7)
Es posible que la propuesta de un negocio «parezca buena» a la mente natural, pero si no se basa en las verdades de la Palabra de Dios, fracasará.
El matrimonio «puede estar bien» desde el punto de vista humano, pero si contradice a la Palabra de Dios, es incorrecto.
Haz un inventario:
- 1) ¿Dedico un tiempo cada día a leer la Palabra de Dios y meditar en ella?
- 2) ¿Intento memorizar las Escrituras de una forma sistemática?
- 3) ¿Pienso automáticamente en algún pasaje bíblico cuando me siento tentado o cuando debo tomar alguna decisión, o cuando debo telefonear a mis amigos cristianos par a obtener una guía celestial?
- 4) ¿Creo que soy más capaz que antes de detectar las mentiras de Satanás?
- 5) Ahora que soy creyente ¿sigue habiendo mentira en mi mente?
- 6) ¿Conozco la voluntad de Dios para mi vida? ¿de verdad deseo conocerla?
- 7) ¿Me deleito en la ley de Dios y la practico de corazón?
- 8) ¿Soy culpable de mentir? ¿Por qué lo hago?
- 9) ¿Estoy dispuesto a aceptar como verdad todo lo que dice la Palabra de Dios sobre mi vida? ¿O pregunto de vez en cuando «¿De verdad ha dicho Dios eso?» ¿Discuto su Palabra?
- 10) La Palabra de Dios, ¿me resulta cada día más maravillosa? ¿La disfruto más que los placeres naturales de la vida, incluyendo la comida y el sueño?
Adaptado de La Estrategia de Satanás de Warren W. Wiersbe
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