Adoración
¿Oras?
¿ORAS?
J.C. RYLE
«También les refería Jesús una parábola sobre necesidad de orar siempre. » (Lucas 18: l.)
«Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar.» (1ª Timoteo 2:8.)»
Te presento una pregunta para que la consideres seriamente. Es la que encabeza la página. Contiene una palabra: ¿Oras?
Sólo tú puedes contestarla. Si asistes a los cultos lo puede decir el pastor. Si tenéis oración en la familia, lo saben tus parientes. Pero si oras en privado, es algo que sólo lo sabéis tú y Dios.
Lector, no te ofendas por lo directo de la pregunta. Si tienes el corazón en regla para con Dios, no tienes por qué asustarte de ella. No desvíes la pregunta diciendo que «repites tus oraciones». Una cosa es recitar oraciones y otra orar. No me digas que la pregunta es innecesaria. Escúchame v voy a mostrarte las razones por las que la pregunto.
II. Te pregunto si oras, porque la oración es absolutamente necesaria para la salvación del hombre.
Digo absolutamente necesaria y lo digo con razón. No hablamos de niños o débiles mentales. No nos referimos al problema de los paganos. A quien se le da poco, poco le es requerido. Hablo especialmente de los que se llaman cristianos en países cristianos. Y aquí, ninguna persona puede esperar salvarse si no ora.
Defiendo la salvación por la gracia. Yo ofrecería de buena gana perdón pleno y gratuito al mayor pecador que ha existido. No vacilaría en decirle en su lecho de muerte: «Cree en el Señor Jesucristo, ahora, y serás salvo.» Pero no veo en la Biblia que un hombre pueda salvarse sin pedir la salvación, sin tan sólo levantar su corazón interiormente y decir: «Señor Jesús sálvame.» Esto no se halla en la Biblia. No puedo hallar que nadie vaya a salvarse por sus oraciones, pero tampoco que pueda salvarse sin oración.
No es absolutamente necesario que un hombre lea la Biblia para salvarse. Puede que no sepa leer o que sea ciego y, con todo, tener a Cristo en su corazón. No es absolutamente necesario que oiga la predicación pública del Evangelio, pues puede vivir donde no se predique, o ser sordo, o estar imposibilitado en la cama. Pero, con la oración, ya es distinto: es absolutamente necesario para salvarse que el hombre ore.
Hay cosas que no las puede hacer una persona por otra. Todo el mundo sin excepción tiene que atender a las necesidades de su propio cuerpo o su mente. Nadie puede comer o dormir por cuenta ajena. Ni aprender a leer. Todas estas cosas las tiene que hacer cada uno por sí mismo.
Tal como ocurre con la mente y el cuerpo, ocurre con el alma. Hay ciertas cosas absolutamente necesarias para la salud del alma. Cada uno debe efectuarlas por sí mismo. Tiene que arrepentirse. Tiene que suplicar el favor de Cristo él mismo. Debe hablar a Dios y orar.
¿Cómo puedes esperar ser salvo por un Dios «no conocido»? ¿Cómo puedes conocer a Dios sin orar? Para conocer a las personas, en el mundo, tienes que hablar con ellas. No puedes conocer a Dios, en Cristo, a menos que le hables en oración. Si quieres ir al cielo tienes que ser su amigo en la tierra. Para serlo, debes orar.
Lector, habrá muchos a la diestra de Cristo en el último día. Los 5antos, congregados de los cuatro puntos cardinales, serán una multitud que nadie podrá nombrar. El cántico de victoria que brotará de sus gargantas, cuando su redención sea por fin completa será verdaderamente glorioso. Será más fuerte que las muchas aguas, y los truenos poderosos. Pero no habrá discordia alguna en este canto. La experiencia común a todos ellos será que habrán creído. Todos habrán sido lavados por la sangre de Cristo. Todos habrán nacido de nuevo. Todos habrán orado. Hemos de pasar por la escuela de la oración, si hemos de ser aptos para el festival de alabanza.
Lector, el no orar es estar sin Dios, sin Cristo, sin gracia, sin esperanza y sin cielo. No te maravilles, pues, de la pregunta: ¿Oras?
II. Te pregunto de nuevo si oras, porque el hábito de la oración es una de las marcas seguras del verdadero cristiano.
Todos los hijos de Dios en la tierra son iguales a este respecto. Desde el momento que su religión pasa a ser viva N, real, oran. Es como el primer signo de vida de un niño cuando nace, que es el respirar; el que nace de nuevo, ora.
Esta es una de las marcas comunes de todos los elegidos de Dios: «Claman a é1 día y noche.» (Lucas 16: l.) El Espíritu Santo, que los hace nuevas criaturas obra en ellos el sentimiento de adopción, y hace que exclamen: «Abba, Padre.» (Romanos 8:15.) El Señor Jesús, que los vivifica, les da voz y lengua para que no se queden mudos. Dios no tiene hijos mudos. El orar es parte de su naturaleza, como la del niño es llorar. Ven su necesidad de misericordia y gracia, su vaciedad y debilidad. Sólo pueden orar.
He considerado cuidadosamente las vidas de los santos de Dios en la Biblia. No he hallado uno sólo que no fuera un hombre de oración. Veo que se menciona como una característica de las personas piadosas que «invocan al Padre», que «invocan el nombre del Señor Jesucristo». Hallo que la característica de los malos es que «no llaman al Señor» (I Pedro 1: 17; I Corintios 1: 2; Salmo 14: 4).
He leído sobre las vidas de muchos cristianos eminentes desde los días bíblicos. Los había de todas clases y denominaciones. Algunos enamorados de la liturgia y otros sin interés en ella. Pero todos tenían una cosa en común. Eran hombres de oración.
Los informes de las sociedades misioneras de nuestros días nos dicen que hay paganos que reciben el Evangelio en varias partes del globo. Hay conversiones por todo el mundo. Las personas que se convierten son muy distintas en muchos aspectos. Pero observo que todos ellos son personas que oran.
Lector, no niego que un hombre puede orar sin poner en ello el corazón, sin sinceridad. No digo que el mero hecho de que una persona ore demuestre algo sobre su alma. Como en otras partes de la religión, aquí también hay engaño e hipocresía.
Pero esto puedo decir, que el no orar es una prueba clara de que el hombre no es un cristiano todavía. No puede realmente sentir sus pecados. No puede amar a Dios. No puede sentirse deudor a Cristo. No puede anhelar la santidad. No puede desear el cielo, Todavía tiene que nacer de nuevo. Tiene que ser hecho una nueva criatura. Es posible que se jacte de su confianza en ser uno de los elegidos, de tener gracia, fe, esperanza y conocimiento, y engañar a las personas ignorantes. Pero puedes estar seguro que todo esto son palabras vanas, si no ora.
Y además, diré que de todas las evidencias de la obra real del Espíritu, se puede considerar un sano hábito de oración privada como uno de los más satisfactorios. Un hombre puede predicar por motivos deficientes. Puede escribir libros y hacer discursos elocuentes, y parecer diligente en buenas obras y, con todo, ser un Judas Iscariote. Pero un hombre raramente va a su aposento, y derrama su alma delante de Dios en secreto, a menos que lo haga en serio. El Señor mismo dio su sello a la oración como la mejor prueba de la verdadera conversión. Cuando envió a Ananías a Saulo, que estaba en Damasco, le dio como única evidencia de su cambio de corazón: «He aquí él ora.» (Hechos 9: 1 l.)
Sé que pueden haber ya muchas cosas en la mente de un hombre antes de ser conducido a orar. Puede que ten-Ea muchas convicciones, deseos, sentimientos, intenciones, resoluciones, esperanzas y temores. Pero todas estas cosas son una evidencia muy incierta. Se hallan a veces en personas no piadosas y, con frecuencia, quedan en nada. En muchos casos no son más duraderas que una nube de verano, o el rocío matutino. Una oración sana, sincera, sentida, de un espíritu contrito y quebrantado, vale más que todas estas otras cosas juntas.
Sé que los elegidos por Dios han sido escogidos para la salvación desde toda la eternidad. Sé que el Espíritu Santo, que los llama a su debido tiempo, en muchos casos los conduce muy lentamente al conocimiento de Cristo. Pero el ojo del hombre sólo puede juzgar por lo que ve. No puedo decir que nadie esté justificado hasta que cree. No me atrevo a decir que alguien cree hasta que ora. No puedo comprender una fe muda. El primer acto de la fe es hablar con Dios. La fe es para el alma lo que la vida es para el cuerpo. La oración es a la fe lo que el respirar a la vida. No se puede comprender que un hombre viva sin respirar, pero tampoco puedo comprender que alguien crea y no ore.
Lector, nunca te sorprendas si oyes a los ministros del Evangelio que hacen mucho énfasis sobre la oración. Este es el punto que queremos hacer ver, queremos asegurarnos de que oras. Tus puntos de vista sobre la doctrina puede que sean correctos. Tu amor al protestantismo es cálido, es indiscutible. Pero esto puede ser sólo conocimiento intelectual y espíritu de partido. Lo que falta saber es si estás en tratos con el trono de la gracia y si puedes hablar con Dios, no sólo hablar de Dios.
Lector, ¿quieres descubrir si eres un verdadero cristiano? Si quieres, ten la seguridad que mi pregunta es de importancia capital: ¿ORAS?
III. Te pregunto si oras, porque no hay deber en la religión que sea descuidado tanto como la oración privada.
Vivimos en unos días de abundantes manifestaciones de carácter religioso. Hay más lugares de culto público que nunca antes. Hay más personas que asisten a ellos que en el pasado, por lo menos en nuestro país. Y con todo, a pesar de toda esta religión pública, creo que la oración privada es muy descuidada.
Esto no lo habría dicho hace unos pocos años. Creía, tiempo atrás, que la mayoría de los cristianos oraban de modo regular. Pero luego he visto que me equivocaba. Hoy he llegado a la conclusión que un gran número de cristianos profesos no oran en absoluto.
Sé que esto es algo que apena, y a muchos les va a asombrar oírlo. Pero estoy convencido que la oración es simplemente una de las cosas que se considera como «natural», y que como muchas cosas semejantes es tenida en gran descuido. Es una de las transacciones privadas que tienen lugar entre Dios y el alma, oculta a la vista, y por ello hay la tentación de pasarla por alto, y dejarla sin hacer.
Creo que hay millares que nunca dicen una palabra en oración. Comen y beben y hacen todo lo demás necesario al sostén del cuerpo. Respiran el aire de Dios, disfrutan de su sol y gozan de su misericordia. Tienen cuerpos mortales y les espera el juicio y la eternidad. Pero nunca hablan con Dios. Viven como si carecieran de alma. No tienen una palabra que decir al que tiene la vida de ellos en sus manos, y de cuya boca van a recibir la sentencia de su destino eterno. ¡Cuán espantoso es esto! Pero, ¡cuán común
Creo que hay millones, para los cuales las oraciones no son más que una mera fórmula, una serie de palabras repetidas de memoria, prácticamente sin significado alguno. Algunos repiten unas cuantas frases aprendidas en la infancia. Algunos se contentan con repetir el Credo, sin acordarse de que no hay ninguna petición en él. Algunos añaden el Padrenuestro, sin el menor deseo de que las solemnes peticiones que con él se expresan, sean concedidas.
Muchos, aun los que usan formas adecuadas, repiten sus oraciones una vez se han metido en la cama; o las van diciendo mientras se lavan o se visten por la mañana. Los hombres pueden pensar lo que quieran, pero a la vista de Dios esto no es oración. Las palabras dichas sin pensar son completamente inútiles para el alma, como el batir un tambor ante un ídolo, como hace el pagano. Donde no hay el corazón sólo hay servicio de labios, pero esto no lo escucha Dios: no es oración. Saulo dijo muchas oraciones antes de encontrar al Señor en el camino de Damasco. Pero no fue hasta que su corazón estaba quebrantado que el Señor dijo: «He aquí él ora.»
Lector, ¿te sorprende el oír esto? Escúchame y te mostraré que no hablo sin motivos. ¿Crees que mis afirmaciones son exageradas? Préstame atención.
¿Has olvidado que no es «natural» que nadie ore? La mente carnal es enemiga de Dios. El deseo de la carne es mantenerse alejado de Dios, y no tener nada que ver con él. El sentimiento que muestra hacia él no es amor, sino temor. Como podría orar un hombre si no posee un sentido real de pecado, de necesidades espirituales, no tiene convicción sobre las cosas invisibles, y no tiene deseo de santidad o del cielo? Todas estas cosas, la gran mayoría de personas, no las conocen ni las sienten. Las multitudes andan por el camino ancho. No puede olvidarse esto. Por ello insisto en que pocos oran.
¿Has olvidado que no está de moda orar? Es una cosa de la que muchos se avergonzarían. Muchos preferirían desafiar una tempestad a declarar públicamente que tienen el hábito de la oración. Muchos se, avergonzarían de orar ante otro al irse a dormir en la misma habitación en una posada y preferirían meterse en la cama sin orar. El vestir elegante, ir a bailes y conciertos, todo esto se considera estimable y está de moda, pero no el orar. Por ello creo que los que no oran son la mayoría.
Hay que recordar también la clase de vidas que vive la gente. ¿Es posible suponer que oran contra el pecado noche y día, cuando se lanzan al mismo con entusiasmo, Podría decirse? ¿Podemos suponer que oran contra las asechanzas del mundo cuando se dejan atraer por él? ¿Podemos pensar que piden realmente gracia a Dios para servirle, cuando ni tienen el menor deseo de hacerlo? ¡Oh, no!, es más claro que el agua que la gran mayoría no oran, y si lo hacen, no dan ningún sentido a lo que dicen. El orar y pecar no pueden ir juntos. 0 la oración consume el pecado, o el pecado ahoga la oración. Por esto creo que pocos oran.
Recuerda también la hora de la muerte de muchos. Muchos al llegar la hora de su muerte parecen totalmente extraños a Dios. No sólo no conocen su Evangelio, sino que carecen incluso del poder de hablar a Dios. Se sienten terriblemente desconcertados, tímidos cuando tienen que acercarse a Él. Se ve que no tienen la costumbre de hacerlo. Recuerdo haber oído a una señora que estaba ansiosa de que hubiera un ministro del Evangelio a su lado en su última enfermedad. Deseaba que orara por ella, pero cuando el ministro le preguntó qué es lo que quería que pidiera a Dios, la anciana no supo contestar. Ni tan sólo tenía idea de que había de pedirle a Dios la salvación de su ¡alma. Daba la impresión que todo lo que quería era la fórmula de las oraciones del ministro. Puedo comprender esto, porque el lecho de muerte es un gran revelador de secretos. Yo mismo he visto a muchos enfermos y moribundos. Esto me conduce a creer que son pocos los que oran.
IV. Te pregunto si oras, porque la oración es el acto en la religión al que más se nos estimula.
Dios trata de hacer la oración fácil, si el hombre quiere hacer uso de ella. Todo está dispuesto por parte de Él. Ha previsto todas las objeciones y dificultades. El camino quebrado ha sido allanado y, por tanto, no queda ninguna excusa para el hombre que no ora.
Hay un camino por el que todo hombre, incluso el más pecador e indigno, puede acercarse a Dios el Padre. Jesucristo ha abierto este camino por medio del sacrificio que hizo en la cruz. La santidad y la justicia de Dios no tienen que asustar al pecador y mantenerle lejos. Sólo los que invocan a Dios en el nombre de Jesús, sólo los que se acogen a la sangre expiatoria de Jesús, hallarán a Dios en el trono de la gracia, dispuesto a escucharlos. El nombre de Jesús es un pasaporte infalible para nuestras oraciones. En este nombre, un hombre puede acercarse a Dios con confianza, y pedir con osadía. Dios se ha comprometido a escucharle. Lector, recuérdalo. ¿No te anima esto?
Hay un Abogado o Intercesor siempre esperando para presentar las oraciones de aquellos que le emplean. Este abogado es Jesucristo. Él mezcla nuestras oraciones con el incienso de su propia todopoderosa intercesión. Unidas así asciende su suave fragancia delante del trono de Dios. Aunque son pobres de por sí, son poderosas en las manos de nuestro Sumo Sacerdote y hermano mayor. Un cheque sin firma al pie carece de valor: es un pedazo de papel. Unos rasgos con la pluma le dan todo su valor. La oración de un pobre hijo de Adán es una cosa muy endeble, pero endosada por la mano del Señor Jesús, vale mucho. Había un empleado en la ciudad de Roma que estaba designado para que tuviera las puertas siempre abiertas, para recibir a cualquier ciudadano romano que solicitara ayuda. De la misma manera el oído del Señor Jesús está siempre abierto para todos los que quieren gracia y misericordia. El cargo que tiene es para ayudarles. Se deleita en oír sus oraciones. Lector, al pensar esto, ¿no te sientes animado?
Hay el Espíritu Santo que siempre está dispuesto a ayudarnos en nuestras debilidades en la oración. Una parte de sus oficios especiales es ayudarnos en nuestros esfuerzos para hablar con Dios. No tenemos por qué estar abatidos y afligidos por el temor de no saber lo que tenemos que decir. El Espíritu nos dará palabras con sólo que busquemos su ayuda. Él nos suplirá «pensamientos que respiren y palabras que ardan». Las oraciones de los que pertenecen al Señor son inspiradas por el Espíritu del Señor: la obra del Espíritu Santo que mora en ellos como el Espíritu de gracia y de súplica. Sin duda los hijos de Dios esperan ser escuchados. No es ya que ellos oren, simplemente, sino que el Espíritu Santo ruega en ellos. Lector, Piensa en esto. ¿No te da ánimos?
Hay grandes y abundantes promesas para los que oran. Esto lo vernos cuando consideramos las palabras del Señor- Jesús: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad ~ se os abrirá. Porque, todo aquel que pide, recibe; Y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.» (Mateo 7: 7, S.) «Si tenéis fe… todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.» (Mateo 21:22.) «Cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, la haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.» (Juan 14:13, 14.) ¿Qué quería decir el Señor cuando les refirió a los discípulos las parábolas del amigo a medianoche, y de la viuda importuna? (Lucas 11: 5, 18: 1). Lector, piensa en estos pasajes. Son sin duda un estímulo a la oración, o no tienen sentido.
Hay maravillosos ejemplos en la Escritura sobre el poder de la oración. No hay nada que parezca demasiado grande, o demasiado difícil para que lo pueda realizar la oración. Ha obtenido cosas que parecían inalcanzables, imposibles. Ha ganado victorias sobre el fuego, el aire, la tierra y el agua. La oración abrió paso a los israelitas a través del mar Rojo. Trajo agua de la roca y pan del cielo. La oración hizo parar al sol: trajo fuego del cielo sobre él sacrificio de Elías. La oración trastornó el ejército de Senaquerib. Bien podía decir María, reina de Escocia, que «temía más las oraciones de John Knox que un ejército de diez mil hombres». La oración ha curado enfermos, ha resucitado muertos. La oración ha procurado la conversión de almas. «El hijo de muchas oraciones -dijo la madre de Agustín- nunca perecerá.» La oración, y la fe lo consiguen todo. Nada parece imposible para el hombre que tiene el espíritu de adopción. «Déjame», es la notable respuesta de Dios a Moisés, cuando Moisés estaba tratando de interceder por los hijos de Israel. (Éxodo 32: 10.) La versión caldea dice: »Deja de orar.» En tanto que Abraham siguió pidiendo clemencia por Sodoma, el Señor fue cediendo. Nunca cesó de hacerlo, hasta que Abraham dejó de pedir. Piensa esto, lector. ¿No te da ánimo para orar?
¿Qué más se necesita para inducir a un hombre a tomar cualquier paso en religión, que las cosas que acabo de decir sobre la oración? ¿Qué más puede hacerse para facilitar el acceso al propiciatorio, o eliminar toda ocasión de tropiezo en el camino del pecador? Si los demonios en el infierno tuvieran una puerta abierta así delante de ellos, saltarían de contento.
Pero, ¿dónde va a esconder el hombre su cabeza al fin de la edad si descuida estos gloriosos estímulos? ¿Qué puede decirse en descargo del hombre que muere sin oración.
Sin duda, lector, tienes por qué sentirte ansioso de no pertenecer a ellos. Sin duda, hago bien preguntándote: ¿ORAS?
V. Te pregunto si oras. porque la diligencia en la oración es el secreto de la santidad.
Es evidente que hay una gran diferencia, individualmente, entre los cristianos. Un inmenso intervalo entre la vanguardia v la retaguardia de las huestes de Dios.
Todos luchan en la misma batalla; pero, los unos pelean con más ardor que los otros. Todos hacen la obra del Señor; pero, algunos trabajan más. La luz de unos brilla más que la de otros. Algunos corren más rápido que otros en la misma carrera. Todo el mundo puede ver estas cosas.
Hay algunos, que nunca parecen progresar después de su conversión. Han nacido de nuevo, pero permanecen como niños recién nacidos toda la vida. Aprenden en la escuela de Cristo, pero no progresan más allá del A B C en sus estudios. Todos pertenecen al mismo redil, pero algunos se echan y ya no andan más adelante. Año tras año, se les ve cometiendo los mismos pecados. Su apetito espiritual es escaso, y son remilgados y difíciles: sólo aceptan leche, no se les puede dar carne espiritual fuerte: les sienta mal. Siempre en la infancia, débiles, con la mente poco desarrollada y el corazón angosto: les falta interés más allá de su pequeño círculo, como diez años atrás. Lamento tener que decirlo, pero es así.
Hay otros que siempre están progresando. Crecen como hierba después de la lluvia, como Israel en Egipto. Siempre van añadiendo gracia sobre gracia, fe sobre fe, esfuerzo a esfuerzo. Su estatura espiritual crece. Aumenta su fuerza. Cada año saben más, ven más, creen más y sienten más. Hay en ellos no sólo buenas obras para probar la realidad de su fe, sino que son celosos de las mismas. No sólo hacen bien, sino que no se cansan de hacer bien. Intentan hacer cosas grandes, y las hacen. Si fracasan, lo intentan otra vez. Y si caen, pronto se levantan. Y con todo, se consideran siervos inútiles. Son ellos los que hacen parecer la religión deseable a los ojos de los extraños. Incluso los no convertidos tienen que alabarlos. Cuando los ves te da la impresión que, como Moisés, acaban de salir de la presencia de Dios. Cuando te separas de ellos tienes la impresión que en su compañía, tu alma ha estado junto al fuego. Sé que no hay muchos de esta clase, aunque podría haber más.
Ahora bien, ¿cómo explicar la diferencia entre estos dos tipos descritos? ¿Por qué algunos creyentes brillan más y son más santos que otros? Creo que la diferencia, en casi todos los casos, procede de sus hábitos de oración privada, que son diferentes. Creo que los que viven una vida santa oran mucho y los otros, oran poco.
Temo que esta opinión pueda sobresaltar a algunos lectores. Es indudable que muchos creen que la santidad sobresaliente es una especie de don, y que sólo unos pocos pueden aspirar al mismo. Lo admiran a distancia, en los libros. Creen que es hermoso cuando ven un ejemplo cerca. Pero nunca se les ha ocurrido que pueda tratarse de algo que todos pueden alcanzar, no un monopolio concedido sólo a unos pocos creyentes favorecidos.
Yo creo que ésta es una equivocación peligrosa. Creo que la grandeza, tanto espiritual como natural, depende mucho más del uso de medios que están al alcance de cualquiera, que de nada más. Naturalmente, no digo que tengamos el derecho a esperar una concesión milagrosa de dones intelectuales. Pero sí digo esto, que cuando un hombre se ha convertido a Dios, el que rebose en él la santidad o no, depende principalmente de su propia diligencia en el uso de los medios designados. Afirmo confiadamente que el medio principal por el que la mayoría de los creyentes pueden llegar a ser grandes en la Iglesia de Cristo, es el hábito de la oración privada diligente.
Considera las vidas de los siervos de Dios más notables y útiles, sea en la Biblia o fuera de ella. Ve lo que se ha escrito de Moisés, de David, de Daniel y de Pablo. Nota lo que se ha escrito de Lutero, de Bradford, de los reformadores. Observa lo que se nos dice de las devociones privadas de hombres como Whitefield, Cecil, Venn, Bickersteth v M’Ches,ne. Dime de uno solo de la compañía de santos y mártires que no tuviera esta marca de modo prominente: era un hombre de oración. Lector, puedes estar seguro de ello, la oración es poder!
La oración consigue nuevos y continuos derramamientos del Espíritu Santo. Sólo Él empieza la obra de gracia en el corazón del hombre. Sólo Él puede hacerla progresar. Pero el Espíritu quiere que se le suplique. Y aquellos que piden más, siempre serán los que son más influidos por Él.
La oración es el remedio más seguro contra el diablo y la tentación. Nunca puede permanecer adherido y resistirse un pecado contra el que se ora con fervor. Si invocamos al Señor para que le eche, el diablo nunca va a tener un largo dominio sobre nosotros. Pero hemos de presentar nuestro caso delante del Médico Celestial, si nos ha de conceder alivio. Hemos de arrastrar a los diablos que nos acosan a los pies de Cristo y pedirle que los empuje al abismo.
Lector, ¿quieres crecer en la gracia y ser un cristiano santo? Puedes estar seguro que nunca se te puede hacer una pregunta más importante que ésta: ¿ORAS?
VI. Te pregunto si oras, porque el descuido de la oración es una de las principales causas de que los cristianos se vuelvan atrás.
Hay algo que es volverse atrás en la religión, después de haber hecho una buena profesión de fe. Personas que van bien durante una temporada, como los gálatas, pero que luego se desvían para seguir a falsos maestros. Hombres que dan testimonio en voz muy alta, cuando sus sentimientos arden, pero que luego, como Pedro, niegan al Señor en la prueba. Personas que pierden el primer amor, como los cristianos de Efeso. Personas cuyo celo para hacer el bien se enfría, como Marcos, el compañero de Pablo. Hombres que siguen al apóstol un tiempo y, luego, como Dimas, se vuelven al mundo. Todo esto pasa.
Es muy triste ser un apóstata. Quizás es una de las peores cosas que puede sucederle a un hombre. Un barco sin timón, un arpa sin cuerdas, una iglesia en ruinas, o un jardín lleno de malas hierbas, todo esto son cosas tristes, pero un apóstata es algo más triste aún. La verdadera gracia nunca se extingue, y la verdadera unión con Cristo nunca se rompe, de esto no me cabe duda. Pero un hombre puede apartarse tanto, que pierde de vista su propia gracia y desespera de su salvación. Y si esto no es el infierno, es lo que más se le parece. Una conciencia herida, una memoria llena de reproches, un corazón atravesado por las flechas del Señor, esto es un anticipo del infierno.
¿Cuáles son las razones de este volverse atrás? Creo que, como regla general, el motivo principal es el descuido de la oración. Esta es mi opinión como ministro de Cristo, y estudioso del corazón humano.
Cuando se lee la Biblia sin oración, o se escuchan sermones, o se contrae matrimonio, o se hacen viajes, en fin, se hacen toda clase de actividades sin oración, estamos descendiendo peldaños hacia la condición de parálisis espiritual, y se llega al punto en que Dios permite que esta persona haga una tremenda caída.
Éste es el proceso que vemos en el contemporizador Lot, el inestable Sansón, el apasionado Salomón, el inconsistente Josafat, y el de tantos que podemos hallar en la Iglesia de Cristo. Con frecuencia, la historia de estos casos es simple: descuidaron la oración privada.
Lector, puedes estar bien seguro que los hombres caen primero en privado antes de caer en público. El problema fue que no doblaron las rodillas. Como Pedro, descuidaron el aviso del Señor de velar y orar y, por ello, sin fuerzas, en la hora de la tentación negaron al Señor.
El mundo toma nota de su caída y se mofa. Pero el mundo no sabe nada de la verdadera razón. Los paganos consiguieron que el anciano cristiano, Orígenes, ofreciera incienso a un ídolo cuando le amenazaron con un castigo peor que la muerte. Fue un gran triunfo para ellos el hacerle caer en la cobardía y la apostasía. Lo que los paganos no sabían y que nos cuenta el mismo Orígenes, es que aquella mañana se había levantado y dejado su cuarto de prisa, sin haber terminado sus oraciones acostumbradas.
Lector, si eres un verdadero cristiano, confío que nunca caerás en la apostasía. Pero, si no quieres hacerte atrás, recuerda la pregunta: ¿ORAS?
VII. Te pregunto, finalmente, si oras, porque la oración es una de las mejores recetas para conseguir felicidad y contento.
Vivimos en un mundo en que abundan las penas. Éste es el estado del mundo desde que el pecado entró en él. No hay pecado sin aflicción. Y hasta que el pecado sea expulsado del mundo, es en vano intentar escapar de las penalidades.
Para algunos, la copa de penas que han de beber es mayor que para otros. Pero pocos son los que se escapan de ellas. Nuestros cuerpos, propiedades, familias, hijos, amigos, vecinos, todo ello es una posible fuente de cuidados y desazón. Enfermedades, muertes, separaciones, ingratitudes… todo esto es común. Cuanto mayores son nuestros afectos, más profundas serán nuestras aflicciones, y cuanto más amor, más lágrimas.
Y ¿cuál es la mejor receta para procurarse el contento en un mundo así? ¿Cómo podemos cruzar este valle de lágrimas con un mínimo de dolor? No conozco mejor receta que el hábito de llevarlo todo a Dios en oración.
Éste es el simple consejo que da la Biblia, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo. ¿Qué dice el Salmista? «Llámame en el día de la angustia, y yo te libraré, y tú me glorificarás.» (Salmo 1:15.) «Echa tu carga sobre Dios y Él te sustentará: No, no dejará para siempre caído al justo.» (Salmo 55:22.) ¿Qué dice el apóstol Pablo? «Por nada os inquieteis, sino que sean presentadas vuestras peticiones delante de Dios mediante oración y ruego con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6, 7.) ¿Qué dice el apóstol Santiago? «¿Hay alguno afligido entre vosotros? Que ore.»
Esta fue la práctica de todos los santos cuya historia registra la Escritura. Fue lo que hizo Jacob cuando temía el encuentro con Esaú. Lo que hizo Moisés cuando el pueblo estaba a punto de apedrearle en el desierto. Lo que hizo Josué cuando Israel fue derrotado en Hay. Esto es lo que hizo David cuando estaba en peligro en Keila; Ezequías, cuando recibió las cartas de Senaquerib. Esto es lo que hizo la Iglesia cuando pusieron a Pedro en la cárcel, y Pablo cuando fue echado a la mazmorra de Filipos.
El único modo de ser realmente feliz en un mundo así es echar siempre todos los cuidados sobre Dios. Es el tratar de llevar las propias cargas lo que entristece a los creyentes. Si le presentaran sus cuitas a Dios, podrían llevarlas con más facilidad que Sansón llevó las puertas de Gaza. Si quieren acarrearlas sobre sus hombros están siempre abrumados.
Hay un amigo que está esperando siempre para ayudarnos, si queremos abrirle el pecho cuando estamos afligidos. Un amigo que se compadecía de los pobres, enfermos y afligidos cuando estaba sobre la tierra; un amigo que conoce el corazón del hombre, pues anduvo treinta y tres años entre nosotros, un amigo que llora con los que lloran, experimentado en quebrantos, un amigo que puede ayudarnos, pues no hay mal para el que no pueda ofrecer remedio. Este amigo es Jesucristo. El camino de la felicidad es tener siempre abierto nuestro corazón a Él. ¡Oh!, si todos fuéramos como el pobre cristiano negro a quien amenazaron castigarle: «Voy a contárselo al Señor», respondió.
Jesús puede hacer feliz a aquellos que confían en Él e invocan su nombre, cualesquiera que sean sus condiciones externas. P-1 puede darles paz en el corazón aunque estén en una cárcel, contento en medio de la pobreza, consuelo en la desolación, gozo al borde de una tumba. Hay plenitud en Él para los miembros que creen, una plenitud que está dispuesto a derramar sobre todo aquel que se lo pide en oración. ¡Oh, si los hombres quisieran entender que la felicidad no depende de las circunstancias exteriores, sino del estado del corazón!
La oración puede aligerar una cruz, por pesada que sea. Puede poner a nuestro lado a Aquel que nos ayudará a llevarla. La oración puede abrir puertas que a nosotros nos parecen cerradas a piedra y lodo. Puede traernos a Aquel que dice: «Éste es el camino, anda por él.» La oración puede dejar pasar un rayo de esperanza a través de las tinieblas más densas. Puede hacernos oír las palabras: «No te desapararé ni te dejaré.» La oración puede aliviarnos cuando se van aquellos a quienes amamos. Puede llenar los huecos de nuestro corazón y hacer que sus olas agitadas se calmen. ¿Por qué los hombres no se darán cuenta, como Agar, de que tienen a su lado el pozo del que pueden sacar agua en abundancia, en tanto que se están muriendo de sed?
Lector, quiero que seas feliz. Lo mejor que puedo hacer para conseguirlo es preguntarte: ¿ORAS?
Y ahora, tengo que terminar. Espero que te he hecho notar cosas que debes considerar seriamente. Ruego a Dios que bendiga tu alma.
1. Sólo voy a decir unas pocas palabras a aquellos que no oran. Algunos que leen estas páginas no pertenecerán al grupo de los que oran. Quiero darles el mensaje que Dios ha puesto en mis manos para ellos.
Lector que no oras. Quiero advertirte, y muy solemnemente. Estás en grave peligro. Si mueres en tu estado presente tu alma será perdida. Te volverás a levantar, pero será para un estado de miseria eterna. Quiero decirte que de todos los cristianos profesos, tú eres el que tiene menos excusas. No hay una sola buena excusa para que vivas sin oración.
Es inútil decir que no sabes orar. La oración es el acto más simple en toda la religión. Es simplemente orar a Dios. No se necesita sabiduría ni conocimientos especiales para empezar. Lo que se requiere es corazón y voluntad. El niño más débil llora cuando tiene hambre, y el mendigo más pobre extiende la mano y no pide con lenguaje adornado. El hombre más ignorante tiene palabras para dirigir a Dios; basta con que quiera decirlas.
Es inútil decir que no hallas lugar apropiado para hacerlo. Cualquier sitio es apropiado. Nuestro Señor oraba en una montaña; Pedro en un terrado; Isaac en el campo; Natanael bajo una higuera; Jonás en el vientre de una ballena. Cualquier sitio puede ser un aposento, un oratorio, un Betel, para ponernos delante de la presencia de Dios.
Es inútil decir que no tienes tiempo. Hay tiempo en abundancia, si se quiere usar. Puede que no sobre, pero siempre basta. Daniel se cuidaba del reino v oraba tres veces al día. David era rey de una poderosa nación Y, con todo, decía: «Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y Él oirá mi voz.» (Salmo 55:17.) Cuando se quiere tener tiempo, se encuentra.
Es inútil decir que no puedes orar hasta que tengas fe y un nuevo corazón, y que tienes que aguardar hasta poseerlos. Esto es añadir más pecado al pecado anterior. Es malo no convertirse e ir al infierno. Pero aún es peor decir: «Lo sé, pero no pediré misericordia.» Éste es un tipo de argumento que no se halla respaldado en la Escritura. «Llamad a Jehová en tanto que está cercano», dice Isaías (55:6). «Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle … » (Oseas 14:2.) «Arrepiéntete… y ruega a Dios», le dijo Pedro a Simón el Mago (Hechos 8:22). Si quieres tener fe y un nuevo corazón, ve al Señor y pídeselos. El mismo intento de orar ha significado el avivamiento de muchas almas muertas. ¡Ay, no hay diablo tan peligroso como un diablo mudo!
Oh, lector que no oras! ¿Quién eres tú que no vas a pedirle nada a Dios? ¿Has hecho un pacto con la muerte y el infierno? ¿No tienes pecados para que te sean perdonados? ¿No le temes al tormento eterno? ¿No tienes deseo de ir al cielo? ¡Ojalá despertaras de tu presente locura! ¡Que consideraras tu fin! ¡Que te levantaras y acudieras a Dios! ¡Ay, llega un día en que muchos dirán: «Señor, Señor, ábrenos»!, pero será tarde: en que muchos dirán a las rocas que los cubran, y a los collados que los escondan; lo dirán aquellos que nunca invocaron el nombre de Dios. Lector, con afecto te aviso. Evita este fin para tu alma. La salvación está cercana. No te pierdas ir al cielo por no pedirlo.
2. Una palabra, ahora, para aquellos que tienen verdaderos deseos de salvación, pero que no saben los pasos que han de seguir o cómo han de empezar. Deseo que muchos de mis lectores se hallen en este estado mental, Y aunque fuera para uno sólo, diría estas palabras de aviso y ánimo.
Hay que dar el primer paso en todo viaje. Tiene que haber un cambio que venza la inercia de estar quieto. El viaje de Egipto a Canaán duró cuarenta años para Israel, y fue largo y penoso; por fin atravesaron el Jordán; pero tuvieron que dar el primer paso. ¿Cuándo da el hombre el primer paso para salir del mundo y el pecado? Lo da el primer día en que ora de todo corazón.
En todo edificio hay que poner la primera piedra. Noé tardó 120 años en construir el arca, pero tuvo que dar el primer golpe de hacha. El templo de Salomón era un edificio glorioso, pero hubo que colocar la primera piedra. ¿Cuándo empieza a aparecer el edificio del Espíritu en el corazón del hombre? Empieza, por lo que podemos juzgar, el primer día que derrama su corazón a Dios en oración.
Lector, si deseas ser salvo y quieres saber lo que tienes que hacer, te advierto que vayas hoy mismo a Jesucristo, y en el primer lugar aparte que encuentres, le pidas en oración que salve tu alma.
Dile que has oído que recibe a los pecadores, y que ha dicho: «Al que a mí viene no le echo fuera.» Dile que eres un vil pecador, y que acudes a P-1 por fe en su invitación. Dile que te pones enteramente en sus manos, que te sientes ruin, impotente y sin esperanza en ti, y que a menos que él te salve, no puedes ser salvo. Pídele que te libre de tu culpa, del poder y las consecuencias del pecado. Pídele que te perdone y te limpie con su propia sangre. Pídele que te dé un nuevo corazón y ponga el Espíritu Santo en tu alma. Pídele que te dé gracia, fe y la voluntad y poder de ser su discípulo y siervo el resto de tu vida y para siempre. Lector: ve este mismo día, y dile estas cosas al Señor Jesucristo, si piensas seriamente en tu alma.
Díselo con tus propias palabras, como le dirías a un médico dónde te duele si lo necesitaras. Si tu alma se siente enferma, puedes decírselo a Cristo.
No dudes, por el hecho de que eres un pecador, de su buena voluntad para salvarte. Ésta es su misión, salvar a los pecadores. De sí mismo dice: «No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento. » (Lucas 5:32.)
No esperes a sentirte digno. No esperes nada ni a nadie. El esperar es del diablo. Tal como estás, ve a Cristo. Cuanto peor te consideres, más necesitas ir a él y pedirle ayuela. Por más que lo intentes tú nunca vas a mejorarte por tu cuenta sin ir a Él.
No temas, aunque tu lenguaje sea pobre, tu lengua débil N, tartamuda. Jesús te entiende, como una madre entiende al niño que balbucea. Jesús puede leer un suspiro o un gemido.
No te desanimes si no recibes respuesta inmediata. Mientras estás hablando, Jesús te escucha. Si demora la respuesta es por razones de prudencia, y para ver si eres sincero. Sigue pidiendo, y la respuesta no tardará mucho en llegar. Aunque se demore algo, llegará al fin.
Lector, si tienes deseo de ser salvo, recuerda este consejo. Obra con sinceridad y serás salvo.
3. Voy a decir algo, finalmente, a los que oran. Espero que algunos que leen este libro saben bien lo que es la oración y tienen el espíritu de adopción. A los tales ofrezco unas palabras de exhortación y fraternal consejo. El incienso ofrecido en el tabernáculo tenía que ser preparado en una forma especial. No se podía usar cualquier clase de incienso. Del mismo modo, seamos cuidadosos en la forma y fondo de nuestras oraciones.
Hermano que oras, sí, yo conozco el corazón del cristiano, sé que muchas veces estás cansado de tus propias oraciones. Cuando estás de rodillas es cuando te das más cuenta de las palabras del apóstol: «Quisiera hacer el bien, pero hallo que el mal está en mí.» Puedes comprender las palabras de David: «Los pensamientos vanos aborrezco.» Puedes simpatizar con el pobre hotentote convertido que decía: «Señor, líbrame de todos mis enemigos, especialmente de esta mala persona que soy yo.» Pocos son los hijos de Dios que no encuentran a menudo la hora de oración una hora de conflicto. El diablo se llena de coraje contra nosotros cuando nos ve de rodillas. Y con todo, creo que las oraciones que no nos cuestan conflicto, deben ser consideradas con alguna sospecha. Creo que juzgamos pobremente de la bondad de nuestras oraciones, y que la oración que menos nos complace es la que más complace a Dios. Permíteme decirte, pues, como compañero en la milicia cristiana, unas palabras de exhortación. En un punto somos de un mismo sentir: hemos de orar. No podemos dejar de hacerlo.
Insisto, pues, en la importancia de la reverencia y humildad en la oración. No olvidemos quiénes somos y cuán solemne es hablar con Dios. Nada de prisas en su presencia, nada de descuido o liviandad. Digámonos a nosotros mismos: «El lugar en que estoy es tierra santa. No es nada menos que la puerta del cielo. Si digo lo que no siento, estoy jugando con Dios. Si abrigo iniquidad en mi corazón, el Señor no me va a escuchar.» Recordemos las palabras de Salomón: «No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra.» (Eclesiastés 5:2.) Cuando Abraham habló a Dios, dijo: «Soy polvo y ceniza.» Cuando Job lo hizo, exclamó: «Soy vil.» Haz tú lo mismo.
En segundo lugar, te recuerdo la importancia de orar espiritualmente. Quiero decir que debes esforzarte siempre para tener la ayuda directa del Espíritu en tus oraciones, y abstenerte de formas hueras. No hay nada tan espiritual que no pueda, con el tiempo y rutina, transformarse en una forma o molde, y esto es especialmente verdad de la oración privada. Podemos entrar en la costumbre de usar las palabras más apropiadas, y ofrecer las peticiones más escriturales y, con todo, hacerlo todo por rutina, sin sentimiento, e ir dando vueltas, como un caballo en la noria. Deseo mencionar este punto con cuidado y delicadeza. Sé que hay algunas cosas que queremos diariamente, y que no hay nada formalístico en pedirlo con las mismas palabras. El mundo, el demonio y nuestro corazón son los mismos, cada día iguales. Por necesidad, pues, tenemos que pasar por terreno trillado. Pero, como dije, hemos de ser muy cuidadosos en este punto. Si el armazón de nuestras oraciones se vuelve por hábito una fórmula, esforcémonos por vestir y llenar las oraciones, en tanto que sea posible, con el Espíritu. En cuanto a orar leyendo palabras de un libro, no lo puedo aprobar. Si le podemos decir al médico el estado de nuestro cuerpo sin un libro, deberíamos poder decirle a Dios el estado de nuestra alma. No tengo nada en contra de que después de una fractura de la pierna el individuo use muletas. Es mejor usar muletas que no poder moverse. Pero si veo a estas personas en muletas toda su vida, no será una situación de la que podamos felicitarle. Lo deseable es que se ponga bastante fuerte para tirar las muletas.
Te recomiendo, luego, la importancia de hacer de la oración un asunto regular de la vida. Podría decir algo sobre el valor de las horas regulares, durante el día, para la oración. Dios es un Dios de orden. Las horas para el sacrificio matutino y vespertino en el templo judío estaban fijadas con un propósito. Uno de los frutos más visibles del pecado es el desorden. Pero no quisiera poner a nadie una camisa de fuerza. Sólo digo que es esencial para la salud del alma orar como un asunto importante durante el día, cada día. Tal como dedicamos cierto rato a comer, dormir o a los negocios, debemos dedicarlo a la oración. Escoge tú mismo las horas y ocasiones. Por lo menos, tienes que hablar con Dios por la mañana, antes de hablar con el mundo: tienes que hablar con Dios por la noche, después de haberlo hecho con el mundo. Pero deja establecido en tu mente que la oración es una de las cosas importantes a hacer durante el día, cada día. No se trata de usar un rato perdido y ocioso, que así se aprovecha, sino que se trata de un asunto muy importante y necesita su tiempo designado.
Te recomiendo, luego, la importancia de perseverar en la oración. Una vez has empezado el hábito, no renuncies a él. Tu corazón puede decir: «Ya tengo las oraciones con la familia; ¿qué daño puede causarme si dejo las oraciones privadas?» 0 bien tu cuerpo puede decirte: «Estás fatigado, soñoliento; no tienes por qué orar hoy.» 0 tu mente dirá: «Tienes un asunto muy importante que atender: haz las oraciones más cortas.» Todas estas sugerencias proceden directamente del diablo. Es como si dijéramos: «Descuida tu alma.» No digo que todas las oraciones tengan que ser de la misma duración; pero sí que no tienes excusa para dejar de orar. «Orad sin cesar», dice Pablo. No quería decir que hemos de estar constantemente de rodilla, como alguien ha defendido en el pasado. Lo que quería decir era que nuestras oraciones tenía que ser como el holocausto continuo: algo en que hemos de perseverar cada día, que debe ser como la rotación permanente de siembra y siega, verano e invierno; algo que se hace de modo regular, como el fuego del altar, que no siempre consume sacrificios, pero que nunca se apaga. No olvides que puedes unir las devociones de la mañana y de la noche con oraciones cortitas durante el día. Incluso en compañía de otros, en los negocios, en la calle, puedes estar enviando mensajeros alados, en silencio, a la presencia de Dios, como hizo Nehemías en la misma presencia de Artajerjes. Y no pienses nunca que el tiempo que dedicas a Dios es perdido. Una nación no se vuelve más pobre porque pierde un año de trabajo cada siete, al guardar el Día de Reposo. El cristiano nunca hallará que pierde, a la larga, por el hecho de perseverar en la oración.
Luego, te recomiendo la importancia de la sinceridad y simplicidad en la oración. No es necesario gritar, ni aun hablar alto, para demostrar que se es sincero. Pero es deseable fervor y sinceridad. Hemos de asegurarnos si realmente estamos interesados en lo que hacemos. La oración «eficaz del justo, tiene mucha fuerza». Una oración no es eficaz cuando es indiferente, perezosa, indolente. Esta es la lección que nos enseñan las expresiones usadas en las Escrituras sobre la oración. Se usan palabras como «luchar, trabajar, esforzarse, clamar, llamar». Esta es, también, la lección de los ejemplos de la Escritura. Jacob lo hizo. Le dijo al ángel en Penuel: «No te dejaré si no me bendices.» (Génesis 22:26.) Daniel también. Oigamos cómo ruega a Dios: «¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, presta atención y actúa! ¡No tardes más, por amor de ti mismo, Dios mío!» (Daniel 9:19.) Nuestro Señor Jesucristo es otro: «En los días de su carne, habiendo ofrecido ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas … » (Hebreos 5:7.) ¡Cuán distintas son muchas de nuestras súplicas, cuán tibias y apáticas! Es muy probable que Dios diga de muchos: «¡No quieres realmente lo que estás pidiendo!» Tratemos de corregir esta falta. Llamemos con más energía a la puerta de la gracia, como Misericordia, en El Peregrino, como si tuviéramos que perecer si no nos oyen. Hemos de dejar claro en nuestra mente que las oraciones frías son como un sacrificio sin fuego. Recordemos la historia de Demóstenes, el gran orador, a quien un individuo visitó para pedirle que defendiera su causa. El gran orador le escuchó con displicencia y sin prestar mucha atención, pues el otro le relataba su historia mostrando poco celo o afecto. El hombre se dio cuenta del desinterés de Demóstenes y, alarmado, le dijo gritando con ansiedad que todo era verdad. «¡Ah! -contestó Demóstenes- Ahora ya empiezo a creerte.»
Luego, te recomiendo que ores con fe, pues es muy importante. Deberíamos esforzarnos en creer que nuestras oraciones siempre son oídas, y que si pedimos cosas conforme a la voluntad de Dios, siempre serán contestadas. Ésta es la simple orden de nuestro Señor Jesucristo: «Por eso os digo que todo cuanto rogáis y pedís, creed que lo estás recibiendo, y lo tendréis.» (Marcos 11:24.) La fe es a la oración como la pluma a la flecha: sin ella no dará en el blanco. Deberíamos cultivar el hábito de reclamar promesas en nuestras oraciones. Deberíamos tomar una promesa y decir: «Señor, aquí has dado tu palabra. Haz por nosotros tal como has dicho.» Ésta era la costumbre de Jacob, de Moisés y de David. El Salmo 119 está lleno de peticiones «conforme a tu Palabra». Sobre todo, deberíamos tener la costumbre de esperar respuestas a nuestras oraciones. Deberíamos hacer como el mercader que envía sus barcos al mar: no deberíamos estar satisfechos hasta que vemos que regresan. Los cristianos suelen quedarse cortos en este punto. La Iglesia de Jerusalén oraba sin cesar para Pedro en la prisión; pero cuando recibieron respuesta a la oración, les costó trabajo creerlo. (Hechos 12: 15.) «Es una marca segura de no tomar la oración seriamente el descuido en cuanto a lo que se recibe de la misma.»
Es necesario insistir, también, en la importancia de la osadía confiada en la oración. Algunas veces se ora de un modo familiar que me parece impropio. Pero la santa osadía es muy de desear. Con esta expresión quiero decir la actitud de Moisés, el cual, cuando suplicaba a Dios que no destruyera a Israel, dijo: «¿Por qué han de hablar los egipcios diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira Y arrepiéntete de ese mal contra tu pueblo.» (Exodo 32:12.) Quiero decir atrevimiento como el de Josué, cuando los hijos de Israel fueron derrotados en Haí, que dijo: « … ¿Qué harás tú a tu gran nombre.)» (Josué 7:9.) Es la osadía con que oraba Lutero. Alguien que le había oído orar dijo: «¡Qué espíritu, qué confianza había en sus expresiones! Con qué reverencia suplicaba, como quien pide a Dios, pero al mismo tiempo con tal confianza y seguridad, como el que habla con un padre amoroso o un amigo.» Ésta es la osadía que caracterizaba a Bruce, el gran predicador escocés del siglo xvii. Se dice que sus oraciones eran «como dardos disparados al cielo». Aquí me temo que también nos quedamos cortos. No comprendemos bastante bien los privilegios del creyente. No pedimos con la frecuencia que deberíamos: «Señor, ¿no somos tu pueblo? ¿No es para tu gloria que debemos ser santificados? ¿No es en tu honor que el Evangelio ha de prosperar?»
Te recomiendo, luego, la importancia de la plenitud y abundancia en la oración. No olvido que nuestro Señor nos advierte contra el ejemplo de los fariseos, que hacían largas oraciones para hacerse ver; y que nos manda que no usemos vanas repeticiones al orar. Pero, por otra parte, aprueba actos de devoción a fondo, pues Él mismo se pasa toda la noche orando a Dios. En todo caso, en nuestros días, no es probable que caigamos en el error de orar demasiado. ¡Lo que deberíamos temer es que muchos oren demasiado poco! ¿No son hoy día muy pocos los cristianos que se dedican a la oración? Temo que las devociones privadas de muchos sean escasas y raquíticas, sólo lo suficiente para demostrar que se está vivo, nada más. Parece que tienen poco a confesar, a pedir o de qué dar gracias. Todo esto está mal. No hay nada más común que oír a creyentes que se quejan de que no progresan. Nos dicen que no crecen en la gracia como deberían. ¿No será porque muchos no la piden? Tienen tanta gracia como piden. Si tienen poca es porque piden poca.
La causa de su debilidad se halla en que sus oraciones son minúsculas, contraídas, apresuradas, estrechas, atrofiadas. No tienen porque no piden. ¡Oh, lector! No estamos en apuros por culpa de Cristo, sino por culpa nuestra. El Señor dice: «Abre tu boca y la colmaré de bienes.» Somos como el rey de Israel que golpeó el suelo tres veces y se paró, cuando debería haber dado seis o más golpes.
Te recomiendo, luego, la importancia de ser específico en la oración. No deberíamos estar contentos con peticiones generales. Deberíamos especificar nuestras necesidades delante del trono de la gracia. No basta con confesar que somos pecadores, deberíamos mencionar aquello de que la conciencia nos dice que somos culpables. Deberíamos mencionar las gracias de las que carecemos o tenemos en escasez. No basta con decir al Señor que estamos atribulados, hemos de decir lo que nos aflige con todas sus particularidades. Esto es lo que hizo Jacob cuando temía la ira de su hermano Esaú. Le dice al Señor exactamente lo que teme. (Génesis 32: 1 l.) Es lo que hizo Eliezer, cuando fue a buscar esposa para el hijo de su amo. Presenta delante de Dios exactamente lo que quiere (Génesis 24:12). Esto es lo que hizo Pablo cuando tenía la espina en la carne. Presentó su súplica clara al Señor (2.a Corintios 12:8). Esto es verdadera fe y confianza. Deberíamos creer que no hay nada demasiado pequeño para ser nombrado delante de Dios. El paciente le dice al médico, no sólo que está enfermo, sino que entra en detalles. ¡Oh, lector! Cristo es el Esposo del alma, el Médico del corazón, el Padre de su pueblo. Mostrémosle lo que pensamos y sentimos, no teniendo reservas en nuestra comunicación con él. No le escondamos nada. Abrámosle el corazón.
Te recomiendo, luego, la importancia de la intercesión en nuestras oraciones. Todos somos egoístas por naturaleza, y nuestro egoísmo es muy capaz de persistir en nosotros aun después de convertidos. Hay la tendencia en nosotros a pensar sólo en nuestras almas -nuestro propio conflicto espiritual, nuestro progreso religioso- y a olvidar a otros. Para contrarrestar esta tendencia tenemos que vigilar y esforzarnos, y aún más, orar. Deberíamos esforzarnos a poner a otros delante de nosotros ante el trono de la gracia. Deberíamos llevar en nuestro corazón la carga de todo el mundo, los paganos, los judíos, los católicos, el cuerpo de verdaderos creyentes, incluidas las iglesias protestantes, el país en que vivimos, la congregación a que pertenecemos, nuestra casa, los amigos y parientes con quienes nos relacionamos. Deberíamos orar por todos ellos. Esta es la caridad más elevada. El que me ama más, me ama en sus oraciones. Esto es para la salud de nuestra alma. Amplía nuestras simpatías y corazones. Es para el beneficio de la Iglesia. Las ruedas de la maquinaria para extender el Evangelio son lubricadas por la oración. El que intercede, como Moisés en el monte, por la causa de Dios, hace tanto como el que lucha como Josué en lo más reñido del combate. Esto es ser como Cristo. £1 lleva los nombres de los suyos en su pecho y hombros, como su Sumo Sacerdote delante del Padre. ¡Oh, qué privilegio el ser como Jesús! Esto es ayudar verdaderamente a los ministros del Evangelio. Si he de poder escoger una congregación, dadme gente que ore.
Te recomiendo, además, la importancia del agradecimiento en la oración. Sé bien que un cosa es pedir a Dios, Y que el alabar y agradecer es otra. Pero veo en la Biblia una relación tan íntima entre la oración y la alabanza, que me atrevo a decir que la verdadera oración lleva siempre consigo la alabanza. No es en vano que Pablo dice: «Presentad vuestras peticiones delante de Dios mediante oración y ruego con acción de gracias.» (Filipenses 5:6.) «Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.» (Colosenses 4:2.) Es por su misericordia que no estamos en el infierno. Por ella tenemos esperanza del cielo. Por ella vivimos en un país con luz espiritual. Por su misericordia hemos sido llamados por el Espíritu, y no abandonados para que cosechemos el fruto de nuestros actos. Por misericordia todavía vivimos y tenemos oportunidades de glorificar a Dios de modo activo o pasivo. Sin duda deberíamos pensar en esto cuando hablamos con Dios. Nunca deberíamos abrir los labios en oración sin bendecir a Dios por esta gracia gratuita por la que vivimos, y por su longanimidad que permanece para siempre. Nunca hubo un santo que no estuviera lleno de agradecimiento. Hombres como Whitefield en el pasado siglo, y Bickersteth en el nuestro, nunca se quedaron cortos en agradecimiento. Oh, lector, si queremos que nuestras lámparas brillen en nuestros días, hemos de albergar un espíritu de alabanza. Y sobre todo, hemos de hacer de nuestras oraciones acciones de gracias.
Te recomiendo, finalmente, la importancia de velar en tus oraciones. La oración es un punto en que hay que vigilar de un modo especial. Aquí es donde empieza la verdadera religión, donde florece o se marchita. Dime lo que son las oraciones de un hombre y te diré cuál es el estado de su alma. La oración es el pulso espiritual. Por él se pone a prueba la salud espiritual. Por medio de ella sabemos lo que hay recto o torcido en nuestros corazones. ¡Oh, vigilemos nuestras oraciones privadas constantemente! Aquí se halla el tuétano y la médula del cristianismo práctico. Los sermones, los libros, los tratados, las reuniones de comités, la compañía de personas piadosas, todo es bueno a su manera, pero no compensan el descuido de la oración privada. Vigila las situaciones, circunstancias, relaciones que desconectan tu corazón de la comunión con Dios y hacen que tus oraciones se arrastren. Hay que estar alerta. Observa qué amigos u ocupaciones dejan a tu alma en la mejor actitud para hablar con Dios. A éstos tienes que adherirte. Lector, si cuidas tus oraciones, te aseguro que nada irá mal en tu alma.
Lector, te ofrezco estos puntos para tu consideración privada. Lo hago con humildad. Yo soy el que tiene que recordarlos más. Pero creo que es la verdad de Dios, y todos hemos de tenerlos presentes.
Quiero que oremos. Quiero que los cristianos de nuestros días sean cristianos que oren. Quiero que la Iglesia de nuestra época sea una Iglesia que ore. El deseo que hay en mi corazón, al escribir estas páginas, es incrementar y propagar el espíritu de oración. Quiero que aquellos que nunca han orado se levanten e invoquen el nombre de Dios, y que, los que ya lo hacen, vean que no oran en vano.
Y ahora, si alguien empieza a orar, u ora con más fervor como resultado de la lectura de este volumen, le pediré que haga un favor a su autor: que le recuerde en sus oraciones.
Mayordomía cristiana y ofrendar como un acto de adoración
Mayordomía cristiana y ofrendar como un acto de adoración
Recientemente, fui citado por el diario neoyorquino de finanzas the Wall Street Journal afirmando que dije que los pastores que enseñan a diezmar el 10% lo hacen debido «muy a menudo a su pragmatismo, tradición e ignorancia.» Mientras que esto representa la esencia de lo que dije durante una conversación telefónica de treinta minutos, me preocupa que al sacar este comentario de su contexto, pueda ser malinterpretado. Como intérpretes de las escrituras, sabemos bien lo importante que es el contexto para comprender el mensaje que alguien intenta comunicar. Al no proporcionar el contexto completo, the Wall Street Journal efectivamente permite que mis comentarios sean malinterpretados. Con optimismo, espero que al presentarle a usted con el trasfondo completo y un amplio contexto pueda mostrarle lo que mi corazón siente al respecto e ilustrar cuan fácil es ser distorsionado de las verdaderas intenciones que uno pueda tener, no importa cuan cauteloso uno pueda ser al lidiar con los medios de comunicación, incluso con publicaciones de tanta reputación como the Wall Street Journal.
Cuando la reportera del Wall Street Journal me llamó poco después del Día de Acción de Gracias diciéndome como se me iba a citar textualmente, de inmediato presenté mis argumentos pidiendo que se cambiara la palabra «ignorancia.» La reportera se opuso de inmediato. Cuando insistí en el cambio, ella dijo que llevaría el asunto al editor, pero que no me podía prometer que el cambio se llevaría a cabo. Al final, la cita fue dejada como estaba. También rechacé la forma como la reportera me presentó como «desafiante ante el diezmo en mis clases de Nuevo Testamento,» pero, de nuevo sin provecho alguno. Tal parece que se necesitaba a un representante del «Anti-diezmo en el aula de clases» (el subtítulo), incluso cuando esta es solo una presentación parcial y tendenciosa de mi práctica mientras enseño.
¿Qué es lo que enseño con respecto a la mayordomía cristiana y las ofrendas? La respuesta es: Yo enseño exactamente lo que dice el documento Baptist Faith and Message 2000 acerca de eso: «Dios es la fuente de todas las bendiciones, temporales y espirituales; y todo lo que tenemos y somos se lo debemos Él. Los cristianos tienen una deuda espiritual con todo el mundo, una oficina de administración santa en el evangelio, y una mayordomía que involucra todas sus posesiones. Están, por lo tanto, bajo obligación de servirle a Él con su tiempo, talentos y posesiones materiales; y debería reconocer todas éstas como confiadas a ellos y para ser usados para la gloria de Dios y para ayudar a otros. De acuerdo con las escrituras, los cristianos deben contribuir con sus posesiones alegre, regular, sistemática, proporcional y liberalmente para el avance de la causa del Redentor en la tierra» (el énfasis es mío).
Note que el Baptist Faith and Message 2000 no usa las palabras «diezmo» o «diezmar» o especifican un porcentaje particular del ingreso. Fija (acertadamente, en mi opinión) dar financieramente dentro de un contexto mayor que el de la mayordomía de uno al de las posesiones, materiales o de cualquier tipo. Muestra que la mayordomía cristiana (incluyendo dar los recursos financieros) es parte de la adoración personal y presenta muchos principios neo testamentarios acerca de cómo uno debe dar: alegre, regular, sistemática, proporcional y liberalmente. Como notó Daniel Akin recientemente en una reciente pieza de BP First Person, estos son los distintivos de lo que él llamó «Dar de gracia.» A la vez, y este era mi punto en responder la pregunta de la reportera, ni el Nuevo Testamento ni nuestro legado confesional hace mención alguna acerca del porcentaje, sea el 10% o algún otro, como obligatorio para los creyentes de hoy.
Así que, ¿es mi enseñanza «anti- diezmos en el aula de clases»? No del todo. Mi enfoque no está basado en como no dar, sino en los principios del Nuevo Testamento para dar que han sido resaltados por el documento de Fe y Mensaje Bautista 2000. Ya que crecí como Católico Romano en Austria en un tiempo en el que un porcentaje prefijado se daba como «impuesto eclesiástico» y que era deducido en la planilla individual de impuestos, he llegado a apreciar el énfasis que el Nuevo Testamento pone en dar voluntariamente. Me preocupa que si estipulamos un porcentaje mínimo para dar como algo que la iglesia requiere, por ejemplo, entonces dar no sería voluntariamente como enseña el Nuevo Testamento. Es verdad, por lo tanto, que si un estudiante en una de mis clases me pregunta si yo creo que el Nuevo Testamento enseña que todos los cristianos deben dar (al menos) el 10% de sus ingresos a su iglesia local, no puedo responder de buena conciencia que «sí» a esa pregunta pero debe clasificarse mi respuesta en muchos aspectos: la actitud del corazón es más importante que la cantidad específica; dar de nuestras finanzas es parte de nuestra mayordomía cristiana y adoración y debería suceder con un espíritu de gracia y no de legalismo.
¿Transmití, por lo tanto, con mis comentarios que los cristianos no necesitan dar, o necesitan dar solamente una pequeña cantidad a su iglesia local? Por su puesto que no. Por el contrario: me parece que en vez de inducir a los creyentes a dar tan poco como les sea posible, la gracia de Dios debe esperar que mueva al agradecido pecador redimido a dar con liberalidad, incluso sacrificadamente, reconociendo que todo lo que él o ella tiene no es suyo, sino de Dios en primer lugar. En este contexto, le dije a la reportera que deberíamos tomar la materia de dar financieramente no en un espíritu de pragmatismo o de temor a que a no ser que diéramos el mínimo 10% requerido la gente no iba a dar, o solamente dar muy poco. En su lugar, deberíamos tener fe en el trabajo de Dios en los corazones de nuestra gente, confiando que él va a moverlos a dar liberalmente así como libremente han recibido.
Si puedo ser tan atrevido en añadir un comentario para los Bautistas del sur que creemos en la Biblia. Las batallas que han sido peleadas sobre la doctrina de la infalibilidad de las Escrituras, y esta doctrina son justamente importantes para nosotros, puesto que de ella fluyen muchas otras doctrinas. Aunque la inerrancia debe ser más que una simple doctrina que afirmamos en términos generales; la inerrancia debe ser practicada cuando enfocamos cualquier asunto dado, incluyendo la mayordomía cristiana. Este era mi punto cuando hablé con la reportera acerca de «la tradición.» Cuando lidiamos con una pregunta, deberíamos preguntarnos: ¿Qué dice la Biblia al respecto?, no simplemente ¿Cuál es nuestra tradición? En este contexto, cuando hablé de «ignorancia,» lo que yo tenía en mente era el hecho que algunos (y de ninguna manera todos) pueden estar insuficientemente familiarizados con las enseñanzas Bíblicas de dar financieramente por parte de los cristianos. Pero si sostenemos que la Biblia es nuestra mayor autoridad en todos los aspectos de fe y prácticas, deberíamos saber y estudiar lo que la Biblia dice. Ciertamente, yo esperaría que como Bautistas del Sur podamos tener discusiones significativas acerca de los que las Escrituras enseñan en un tema determinado, incluyendo las ofrendas financieras cristianas.
Entiendo que este es un asunto particularmente volátil, porque se habla de dinero, y esto golpea muy de cerca de nuestro sustento y seguridad. Pero en esta área, como en todas las demás, deberíamos confiar que el Señor va a proveer para todas nuestras necesidades. ¿Creo yo que todos aquellos que enseñan que se debe dar un diezmo del 10% lo hacen por ignorancia? No del todo. ¿Creo yo que los cristianos no deberían dar o dar tan solo un poquito? ¡NO! Por el contrario, ellos deberían dar tanto como les sea posible, lo cual, en muchos casos, creo que es considerablemente mayor que un 10%. ¿Creo yo que el Nuevo Testamento enseña que dar el 10% es un requerimiento para todos los cristianos? No, y aquí es donde algunos de ustedes no van a estar de acuerdo conmigo, y estoy abierto a mayor discusión en este tema. Confío en que esta pieza sirva al propósito de clarificar y mejorar la comprensión. He aprendido que cuando los eruditos están sujetos a las leyes del periodismo (cuando muy a menudo en el fragmento de una entrevista se permite ceder precisión en sustancia), la verdad total, a menudo se convierte en la víctima. Pero, ¿Quién sabe si tal vez Dios es capaz de utilizar incluso a la reportera del Wall Street Journal con objetivos buenos de ayudarnos a aprender más acerca del cómo y el cuánto deberíamos dar para el crecimiento de su reino? Yo creo que él lo es.
El Dr. Köstenberger es Profesor de Nuevo Testamento y director de estudios de Ph. D. en el Seminario Southeastern Baptist Theological Seminary en Wake Forest, Carolina del Norte y fundador de BIBLICAL FOUNDATIONS (Fundamentos Bíblicos) (www.biblicalfoundations.org). Ha sido el co autor de una serie en dos partes acerca de diezmar en inglés (presione aquí y aquí para mayor información al respecto), así como de una columna digital o blog que reúne sus puntos de vista en este campo, y que están publicados en su página web.
Musica de Adoración Contemporánea
¿Qué dice la Biblia
acerca de
la Música de Adoración Contemporánea?
John Macarthur
Tomado del Libro Fool`s Gold
Tristemente los cristianos de hoy necesitan ejercitar discernimiento en su iglesia local probablemente más que nunca. Siempre que hay predicación pobre y una filosofía errónea del ministerio, muchas iglesias locales sufren porque carecen de habilidad para distinguir sana doctrina de la falsa enseñanza. Para complicarlo mas, muchos creyentes tiene diferentes opiniones acerca de temas preferentes, algunas veces causando innecesarias divisiones en el cuerpo de Cristo. Discernimiento es necesario para estas situaciones también, y el principio bíblico y gracia cristiana debe prevalecer. Con esto en mente, este capítulo se enfoca con frecuencia en el controversial tema de la música de adoración contemporánea. ¿Debe la iglesia solo cantar himnos, debe sebe cantar coros de adoración, o debe caer en algo en medio? Y ¿Cuales son los principios bíblicos para determinar estos estándares? Este capítulo se dirige estas cuestiones.
Recientemente colaboré en una serie de libros acerca de algunos grandes himnos de la fe cristiana. Mi tarea en el proyecto fue escribir una sinopsis doctrinal de cada himno seleccionado. Fue fascinante y un ejercicio iluminador, causándome profundizar más que nunca antes dentro de la herencia de los himnos cristianos.
Al ir buscando la historia de estos himnos, me hizo recordar que un profundo cambio tuvo lugar en la música de la iglesia en un tiempo cerca del siglo diecinueve. La composición de himnos virtualmente se detuvo. Los himnos fueron reemplazados por «canciones evangélicas», canciones que generalmente son ligeras en contenido doctrinal, con estancias cortas seguidas de un estribillo, un coro, o una línea final lírico común que es repetida después de cada estrofa. Las canciones evangélicas como regla son más evangelísticas que los himnos. La diferencia clave es que la mayoría de las canciones evangélicas son expresiones de testimonio personal que se dirigen a una audiencia de personas, mientras que la mayoría de los himnos clásicos han sido cantos de adoración dirigidas a Dios.
Una Nueva Canción
El estilo y la forma de la canción evangélica es adaptado directamente del estilo de la música popular del último siglo diecinueve. El hombre más común considerado como el padre de la canción Gospel es Ira Sankey, un dotado cantante y compositor que salto a la fama en las reuniones de D.L. Moody. Sankey fue un solista y líder de música para las campañas evangelísticas de Moody en América y en Gran Bretaña.
Sankey quería un estilo de música que fuera simple, mas popular, y mejor apropiada para el evangelismo que los clásicos himnos de la iglesia. Así que el comenzó a escribir canciones gospel (mas cortas, simples tonadas con refranes, en el estilo de la música popular de ese día. Sankey cantaba cada verso como un solo, y luego la congregación se unía cantando cada refrán. Aunque la música de Sankey al principio provocó alguna controversia, la forma captó al mundo entero casi inmediatamente, y para antes del siglo veinte algunos preciosos himnos nuevos fueron agregados a los himnarios modernos. La mayoría de las nuevas obras fueron canciones gospel en el género que Sankey inventó.
Es digno de mención que en la mayoría de los himnarios aun el día de hoy, el único himno más conocido con derechos de autor después de 1940 es «Cuan Grande es El». Y clasificar este trabajo como himno del siglo veinte es exagerar las cosas un poco. «Cuan Grande es El» no sigue necesariamente la forma de los himnos clásicos. Incluye un párrafo, que es más característico de los cantos gospel que de los himnos. Por otra parte, no es realmente una obra del siglo veinte. Las primeras tres estrofas fueron escritas originalmente en 1886 por el muy conocido pastor Sueco Carl Boberg, y traducido del Sueco por el misionero británico Stuart Hine no mucho antes del brote de la Segunda Guerra Mundial. Hine agregó la cuarta estrofa, que es el único verso en la versión popular Inglesa de este himno que es realmente escrito en el Siglo Veinte.
En otras palabras, por más de setenta años virtualmente ningún himno fue agregado al repertorio popular de la música de la iglesia congregacional. Esto refleja el hecho que algunos pocos verdaderos himnos de calidad perdurable han sido escritos.
Mis comentarios no significan una crítica en forma general de las canciones gospel. Muchas canciones gospel familiares son maravillosamente ricas en expresiones de fe. Aunque la canción de Sankey más popular «Las Noventa y nueve» casi nunca se canta como un canto congregacional del día de hoy, fue un hit de la era de Sankey. El improvisaba la música en el spot de de una de las conferencias masivas de Moody en Edimburgo, usando las palabras de un poema que el antes extractó aquella tarde de el periódico de Glasglow. Esas letras, escritas por Elizabeth Clephane, son un simple movida adaptación de la Parábola de la oveja perdida de Lucas 15:4-7.
Y un mas perdurable favorito de la era de oro de las canciones gospel es «Grace Greater Than Our Sin» (Gracia mas grande que nuestro pecado). La canción es una celebración del triunfo de la gracia sobre el pecado. Su estrofa es familiar:
Gracia, Gracia, Gracia de Dios,
Gracia que perdona y limpia por dentro,
Gracia, gracia, Gracia de Dios
¡Gracia que es más grande que todos nuestros pecados!
Canciones como estas han enriquecido las expresiones de fe de la iglesia.
Francamente, sin embargo, muchas de las canciones gospel son terriblemente débiles en contenido en comparación con los himnos cantados en generaciones anteriores. En general, el resurgir de las canciones gospel en los cantos de la congregación, señalan una disminución de énfasis y objetivo doctrinal. El cambio central claramente ha afectado el contenido de los cantos. Vale la pena observar que algunos de canciones gospel típicas son tan insípidas y vacías que los oponentes extremos de la generación actual de la música contemporánea cristiana pudieran quejarse legítimamente sobre esto.
De hecho, las críticos tradicionalistas que atacan la música contemporánea meramente porque su estilo contemporáneo, especialmente aquellas que imaginan que la música antigua es mejor, necesitan pensar estas cuestiones nuevamente. Y por favor entienda que la preocupación que estoy resurgiendo tiene que ver con el contenido y no meramente el estilo. Juzgando las letras solamente, algunas de las más populares canciones antiguas son aun más ofensivas que las cosas modernas. No puedo puedo pensar en otra canción contemporánea que es más banal que los amados recursos antiguos «In The Garden» (En el Jardín):
Vengo al jardín solo,
Mientras el rocío permanece en las rosas,
Y la voz que escucho,
Cayendo en oído,
El Hijo de Dios se revela.
Y el camina conmigo, y el habla conmigo,
Y el me dice que soy de el,
Y la alegría que compartimos se detiene allí
Nunca nadie la ha conocido.
El habla, y el sonido de su voz
Es tan dulce que los pájaros silencian su cantar,
Y la melodía
Que el me ha dado
Dentro de mi corazón esta sonando
Me quedo en el jardín con El
Aunque la noche alrededor de mi este bajando,
Pero él me manda que vaya,
A través de la voz de la aflicción
Su voz a mí llamo.
Estas letras no dicen nada de cualquier sustancia real, y lo que si dicen no es particularmente cristiano. Es una rima un poco empalagosa acerca de alguna experiencia personal y sentimiento, y aún así proclama un mensaje bastante despreocupado y ambiguo. Mientras que los himnos clásicos buscan glorificar a Dios, las canciones gospel como «In The Garden» (En el jardín) están alimentando cruda sentimentalidad.
Numerosas canciones gospel sufren del mismo tipo de debilidad. De hecho, muchos de los más amados favoritos «pasados de moda» son prácticamente desprovistos de cualquier sustancia cristiana verdadera y son marcados con sentimentalidad tonta. «El amor me levantó», «Toma mi mano, precioso Señor», «Susurros de esperanza», y «No es secreto lo que Dios puede hacer» con algunas ejemplos familiares que viene rápidamente a mi mente.
Obviamente, entonces, tampoco ni la antigüedad ni la popularidad de una canción gospel es una buena medida de su mérito. En el hecho que la canción gospel es «pasada de moda» no es ninguna garantía clara para que sea apropiada para la edificación de la iglesia. Cuando se lleva la música a la iglesia, lo antiguo no necesariamente es bueno.
De hecho, esta mismas canciones gospel «pasadas de moda» a menudo ensalzadas por los críticos modernos de la música de la iglesia son realmente lo que preparó el terreno para las tendencias de las criticas que se hacen que algunas veces se denigre correctamente. En particular, la falta de substancia en mucha de la música de hoy es el fruto previsible de la manera del cambio al por mayor de himnos a canciones gospel, que comenzó en algún tiempo al final del siglo diecinueve.
No estoy sugiriendo que el estilo de música que Sankey introdujo no tiene un legítimo lugar. Las canciones gospel jugaron sin duda un papel testimonial importante y efecto evangelístico. Y por tanto ello merece un prominente lugar en la música de la iglesia. Pero es desafortunado para la iglesia que para el principio del siglo veinte, las canciones gospel fueron virtualmente todo lo que se escribió. Los músicos cristianos al final del siglo diecinueve (como los de la era de los teólogos) estaban demasiado enamorados de todo lo «moderno», ellos abrazaron el nuevo estilo de la música congregacional con una agresividad desenfrenada, y en el proceso todos ellos desecharon el estilo antiguo de los himnos de la iglesia. Tristemente, para el final del siglo la canción gospel tomó fuerza y le dio un codazo a los himnos clásicos. Y así la tendencia de Sankey comenzó pero terminó la rica tradición de la himnodia Cristiana que floreció desde el tiempo de Martín Lutero y aun mucho antes.
Antes de Sankey, los escritores de himnos dominantes fueron pastores y teólogos, hombres habilidosos en el manejo de la Escritura y de la sana doctrina. Con el cambio de las canciones gospel, apenas y cualquiera con el instinto para la poesía se sentía calificado para escribir música para la iglesia. Después de todo, la música nueva se suponía que debía ser testimonio personal, no un tipo de tratado doctrinal sublime.
Antes del tiempo de Sankey, los himnos fueron compuestos con un intencionado, auto conciente y didáctico propósito. Fueron escritos para enseñar y reforzar los conceptos bíblicos y doctrinales en el contexto de la adoración dirigida a Dios. En otras palabras, el tipo de adoración que ellos plasmaron hizo demandas en el intelecto humano. Esos himnos apuntaban a adorar a Dios exaltando y proclamando Su verdad en una manera que elevaba la compresión de la verdad al adorador. Ellos colocaban un estándar de adoración que era tan intelectual como emocional. Y esto era perfectamente bíblico. Después de todo, el primer y gran mandamiento nos enseña amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente (Mat. 22:37). Nunca a ha acontecido en nuestros ancestros espirituales que la adoración haya sido algo que deba hacerse con un bajo intelecto. La adoración a Dios busca adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24).
Pero en el pasado siglo y a la mitad, el concepto popular de adoración ha cambiado tan radicalmente como las formas de música que cantamos. Estos días de adoración son caracterizados como algo que sucede bastante fuera de la esfera del intelecto. Esta destructiva noción ha dado un resurgimiento de algunos movimientos peligrosos en la iglesia contemporánea. Puede haber alcanzado su pináculo en el fenómeno conocido como la bendición de Toronto, donde la risa sin sentido y otras salvajes emociones se creen que constituyen la más pura forma de adoración y una prueba visible de bendición divina.
Como he expuesto en algunos de mis libros publicados, creo que la noción moderna de adoración como un ejercicio sin sentido ha tomado un pesado peaje en las iglesias. Ha conducido a un énfasis disminuido en predicación y enseñanza y un aumento de énfasis en el entretenimiento de la congregación y haciendo sentirlos bien. Todo esto deja al cristiano en la banca sin experiencia e incapaces de discernir, con frecuencia alegres e ignorantes de los peligros que le rodean.
Tal anti-intelectualismo ha infectado nuestra música también. O quizás la música vulgar y frívola es lo que ha engendrado mucho anti-intelectualismo en primer lugar. Efectivamente, puede ser el caso que la música de la iglesia moderna ha hecho mucho más que nadie para preparar el terreno para la predicación superficial, ligera y desnutrida que se ha plagado hoy.
LA ERA DE LOS COROS DE ALABANZA
En el último siglo veinte, otro cambio importante ocurrió. Las canciones Gospel dieron lugar a una nueva forma: los coros de alabanza. Los coros de alabanza son versos medulosos de música pegajosa, generalmente más cortos que las canciones gospel y con menos estrofas.
Los coros de alabanza, como los himnos, son generalmente canciones de adoración dirigidas a Dios. Así que con este mas reciente cambio vino un regreso a la adoración mas pura (mas que el testimonio y el evangelismo) así como al principal enfoque y la razón primordial del canto congregacional.
Pero distinto a los himnos, los coros de alabanza generalmente no tienen un propósito didáctico. Los coros de alabanza se intentan ser cantados como expresión de adoración personal, mientras que los himnos son normalmente expresiones corporativas del culto. Con un énfasis en algunas verdades doctrinales. Un himno normalmente tiene algunas estrofas, cada una construye o expande el tema introducido en la primera estrofa. Por contraste, un coro de alabanza es normalmente mas corto, con uno o dos versos, y la mayoría de estos coros se hace un uso libre de repetición con el fin de prolongar el enfoque en una idea singular o expresión de adoración.
(Obviamente, estas nos son distinciones absolutas. Algunos coros de alabanza contienen instrucción doctrinal, y algunos himnos parecen ser maravillosamente expresiones personales de simple adoración. Pero como regla general, los himnos clásicos sirvieron con un propósito deliberadamente mas didáctico que lo que los coros de alabanza hacen.)
No hay ciertamente nada de malo con la simple y sencilla adoración personal que caracteriza lo mejor de los coros de alabanza del día de hoy. Ni hay nada malo con el empuje evangelístico y testimonial de los cantos Gospel del ayer. Pero es una tragedia profunda que en algunos círculos, solo los coros contemporáneos son cantados. Otras congregaciones limitan su repertorio a cantos Gospel de cien años de antigüedad. Mientras tanto, un largo y rico cuerpo de himnodia cristiana clásica corre peligro de ser completamente y de un descuido completo.
CANTOS, HIMNOS Y CANTICOS ESPIRITUALES
La prescripción bíblica de la música cristiana es encontrada en Colosenses 3:16: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.»
Esta claramente llama a una variedad de formas musicales «salmos e himnos y cánticos espirituales». Respecto a el significado de estas expresiones Charles Hodge escribe: «El uso antiguo de la palabra salmos, himnos, parece haber sido tan inexacto como a los términos que corresponden al Inglés para salmo, himno y canción. Pero aún hay una distinción entre ellos.»
Un salmo hablado es una canción sacra escrita para acompañamiento con un instrumento musical (Psalmos es derivado de la palabra que denota el arrancar de las cuerdas con los dedos). La palabra fue usada para designar los salmos del Antiguo Testamento (cf. Hechos 1:20, 13:33), a si como los cantos cristianos (1ª Cor. 14:26). Un himno hablado es una canción de adoración para Dios, un peán religioso. Una canción, por el otro lado, puede ser sacra o música secular. Así que los apóstoles especifican «cantos espirituales»: cantos acerca de cosas espirituales.
Distinciones precisas entre los términos son algo nebulosas, y así como Hodge indicó, esa nebulosidad es reflejada aun en nuestro uso diario moderno de estas palabras. Pero determinando las formas actuales de la iglesia antigua para «Salmos e himnos y cánticos espirituales» hacer una cuidadosa distinción entre las palabras no era esencial, o la Escritura lo habría recordado estas distinciones para nosotros.
El gran significado de la expresión «salmos e himnos y cánticos espirituales» parece ser este: Pablo estaba llamado a una variedad de formas musicales y a una amplia expresión espiritual que no puede personificarse en una sola forma musical. El punto de vista «solo salmos» (que esta ganando popularidad en algunos círculos Reformados el día de hoy) no permite ninguna de esa variedad. Los puntos de vista de los tradicionalistas fundamentalistas quienes parecen querer limitar la música de la iglesia a las formas de la música gospel del pasado siglo veinte silencian la variedad que Pablo esta llamando. Más significativamente, la disposición predominante en las iglesia moderna evangélica, (donde la gente parece querer comer una dieta constante de nada mas que coros simplistas de alabanza.) también destruye la principal variedad que Pablo pone en conjunto aquí.
Yo creo que la comunidad protestante evangélica ha errado cientos de años hacia atrás cuando la escritura de himnos fue casi completamente abandonada a favor de los cantos gospel. El error no fue abrazar la nueva forma. Una vez mas, la forma de la canción gospel tiene un legítimo lugar en la música de la iglesia. Pero el error cae en completamente hacer a un lado la rica herencia de los himnos, junto con la didáctica, riqueza doctrinal de la música cristiana que ha edificado y sostenido muchas generaciones.
Y estoy convencido que los escritores cristianos hoy están cometiendo el mismo error al caer en dejar de escribir una himnos substanciales y mientras purgando himnos antiguos de nuestro repertorio de música congregacional y reemplazándolos con vulgares coros de alabanza y de canciones tipo pop.
ENSEÑANDO Y AMONESTANDO UNO A OTRO
Con demasiada frecuencia es olvidado por los escritores de coros de alabanza y otras modernas músicas de iglesia que es un mandato bíblico el rol didáctico de la música de la iglesia. Se nos ordena a «enseñarnos ya amonestarnos unos a otros… en salmos e himnos y cánticos espirituales.» Algunos modernos coros de alabanza enseñan y amonestan. En cambio, la mayoría se han escrito para remover los sentimientos solamente. Son cantados con frecuencia como un Mantra místico, que tiene el propósito deliberado de poner el intelecto en un estado pasivo mientras el adorador muestra demasiada emoción cuánto más sea posible.
El paradigma de adoración La Viña fue prácticamente establecido en este principio. Y las iglesias del mundo adoptaron este modelo. Consideremos esta descripción de un servicio típico de adoración moderno:
Musica… es limitada exclusivamente a adorar con coros, con líricos mostradas arriba por proyectores más que usando libros, así el adorador tiene completa libertad para responder físicamente. Cada coro es repetido varias veces, y la única señal para moverse al siguiente verso es cuando la proyección cambia. No hay anuncio u observaciones habladas entre los cantos, es mas, no hay guía de música, así que el canto tiene un espontáneo sentir.
La música comienza lenta y suave y se va construyendo gradualmente pero a ritmo constante en un crescendo de 45 minutos. Cada coro sucesivo tiene un tono más emocionalmente fuerte que el anterior. Después de los 45 minutos, el poder emocional de la música incrementa casi por grados imperceptibles de suave y dulce a poderoso, y conducción intensiva. Como al principio cada uno esta sentado. Al ir incrementando el sentir del fervor, la gente responde casi siempre como se le indica, primero levantando las manos, luego parándose, luego arrodillándose y cayendo postrado en el piso. Al final del tiempo de adoración la mita de la congregación esta en la alfombra, muchos boca abajo y retorciendo sede emoción. La música ha sido cuidadosamente y determinadamente traída a esta intensa máxima emoción. Uno presiente que esto es el propósito completo del cantar congregacionalmente, para elevar las emociones a un candente fervor. Entre más intenso sea el sentimiento, mas gente son convencidas de que han verdaderamente «adorado».
Así mismo en todo esto no hay un particular énfasis en el contenido de los cantos. Cantamos acerca de «sentir» la presencia de Dios entre nosotros, al levantar nuestras emociones a la principal meta su presencia es confirmada y la fuerza de su visitación es medida. Algunas de los cantos dicen al Señor que el Es grande y digno de adoración, pero ninguno realmente dice porqué. No importa, la meta es claramente es mover nuestras emociones, enfocarnos en nuestras mentes y ninguna aspecto en particular de las grandezas de Dios. De hecho, después en el sermón, el predicador nos advierte acercad de seguir nuestras mentes mas que nuestros corazones en cualquiera de nuestros tratos con Dios.
En otras palabras, la adoración aquí es intencionalmente y determinadamente anti-intelectual. Y la música lo refleja. Mientras no existe nada erróneo acerca de de los coros de alabanza que se cantan, no hay nada de substancia en la mayoría de ellos. Fueron escritos para ser vehículos de pasión, porque la pasión (esta deliberadamente divorciada del intelecto), es lo que define este concepto de «adoración.»
No toda la adoración de la música de la iglesia va tan lejos, claro, pero las más populares tienden decididamente en esta dirección. Cualquiera que sea muy cerebral es automáticamente estimada y rechazada como no muy «adorable» del todo, porque la noción general de adoración francamente no da muy poco lugar al intelecto. Por esto es que los sermones del servicio típico de la iglesia se han acortado y aligerado y mas tiempo se la ha dado a la música. La predicación, que ha sido usada para ser el centro del servicio de adoración, es ahora visto como algo distinto de la adoración, algo que realmente introduce el «tiempo de alabanza y adoración», en que el enfoque es música, testimonio y oración, pero sobre todo música y música y el propósito primordial es mover las emociones.
Pero si la función apropiada de la música incluye «enseñanza y amonestación», entonces la música en la iglesia debe ser aún más que un estimulante emocional. De hecho, esto significa que la música y la predicación deben tener el mismo propósito. Ambos, adecuadamente pertenecen a la proclamación de la Palabra de Dios. La predicación es correctamente vista como un aspecto de nuestra adoración. Y en cambio, la música es correctamente vista como un aspecto del ministerio de la Palabra, al igual que la predicación. Por tanto, el escritor de música debe ser hábil en la Escritura y preocupado por la precisión teológica así como el predicador. Y aun más, porque los cantos que escribe probablemente se canten una y otra vez (diferente al sermón que es predicado una sola vez).
Temo que esta perspectiva esta completamente perdida en el promedio de músicos de la iglesia de estos días. Como Leonard Payton ha observado:
Tan extrema esa la situación hoy, que cualquiera que conozca media docena de acordes en una guitarra y pueda producir rimas para las especificaciones de las tarjetas Hallmark (tarjetas de felicitación) es considerado calificado para el ejercicio de este componente de ministerio de la Palabra sin que tenga un entrenamiento teológico.
Payton indica que el liderazgo del músico del Antiguo Testamento (Hemán, Asaf y Etán. 1º. Cron. 15:19) eran primero que todo sacerdotes, hombres que habían entregado sus vidas al servicio del Señor (cf. V.17), hombres entrenados en las Escrituras y habilidosos en el manejo de la Palabra de Dios. Sus nombres estaban enlistados como autores de algunos de los salmos inspirados (cf. Sal. 73-83, 88, 89). Payton escribe:
Era Asaf quien trono que Dios mismo «Y los millares de animales en los collados» (Sal. 50:10). Si los músicos modernos de la iglesia escribieran un texto de adoración como este Salmo 50, el probablemente no sería publicado en la industria contemporánea de música cristiana, y el estaría en vía rápida de ser despedido de su iglesia. El salmo 88 de Hemán es incontestablemente el más desolado de todos los Salmos. Todo esto es para decir, que los músicos Levíticos escribieron Salmos, y esos Salmos no estaban obligados a las demandas emocionales y gnósticas de la música evangélica de la iglesia del siglo veinte.
Primero de Reyes 4:31 dice de Salomón: «Aún fue más sabio que todos los hombres, más que Etán ezraíta, y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue conocido entre todas las naciones de alrededor» Payton observa lo significativo de tal punto:
Si Salomón no estaba en la tierra, dos músicos serían los hombres mas sabios. En resumen, los músicos fueron maestros del más alto orden. Esto me lleva a sospechar que los músicos Levítas, fueron aislados a través de la tierra, sirvieron como maestros de Israel. Además, los Salmos fueron su libro de texto. Y porque este libro de texto fue el libro de música, y puede bien que los músicos Levitas catequizaron la nación de Israel a través del canto de los salmos.
Guste o no, los cantautores del día de hoy son maestros también. Muchas de las letras que ellos escriben pronto serán mucho más profundamente y permanentemente arraigadas en las mentes de los cristianos que cualquier cosa que oigan de la enseñanza de sus pastores desde el púlpito. ¿Cuántos escritores son suficientemente hábiles en teología y la Escritura para calificar para tan vital rol en la catequesis de nuestra gente?
La cuestión es respondida por la escasez de expresión encontrada en muchos de los coros de alabanza de hoy, especialmente cuando son comparados con algunos de los himnos clásicos. Aunque no es verdad en todos los casos, la profundidad teológica que generalmente caracteriza los coros contemporáneos de adoración no es tan profunda y no tan precisa. De hecho, para algunos cantos puede ser apropiado preguntar si la iglesia contemporánea es colectivamente culpable de deshonrar a Dios con esta adoración débil.
Por contraste, lea la estrofa final de un himno clásico de adoración, «Inmortal, Invisible». Después revise justamente la lista comprensiva de atributos divinos, que el escrito escribe:
Gran padre de gloria, Padre puro de luz,
Tus ángeles te adoran, todos velando su visión,
Toda adoración le rendimos- Oh ayúdanos a ver
¡Solo el esplendor de luz que hay en Ti!
La poesía y la sensibilidad son superiores a la mayoría de todo lo que se ha escrito hoy.
Una vez más, mi mayor preocupación tiene que ver más con el contenido que con el estilo de música de la iglesia. Pero el estilo y lo artístico son importantes también. ¿Porque somos más escandalizados cuando alguno interpreta música mala en la iglesia mas que cuando alguno hace un mal arte en una galería? Ofreciendo canciones cursis a Dios es ciertamente más una gran parodia que exponer una pésima pintura en una galería de arte. No hay lugar para la mediocridad en nuestra adoración del Mas Grande Dios. Esto significa no que cualquiera que quiera escribir o interpretar música en la iglesia debe dársele la plataforma. Alguna gente del arte no merece ser exhibidos.
Los escritores modernos claramente necesitan tomar su tarea más seriamente. Las Iglesias deben hacer también todo lo que puedan para cultivar músicos excelentes para que sean entrenados a fondo en el manejo de las Escrituras y sean capaces de discernir la sana doctrina. Más importante, es que los pastores y ancianos necesitan comenzar a ejercitar de cerca y con mas cuidado el descuido del ministerio de música de la iglesia, conscientes de poner un alto standard para el contenido bíblico y doctrinal de lo que cantamos. Si todas estas cosas se hacen, yo creo que comenzaremos a ver una diferencia dramática y cualitativa en la música que es escrita para la iglesia.
Por mientras, vamos no dejemos fuera los himnos clásicos. Mejor aun, recibamos algunos de los que han caído en desuso y agregarlos una vez más en nuestro repertorio.
Para traer este capítulo a un cierre, quisiera incluir un artículo corto escrito por Nathan Busenitz titulado «Una lista de comprobación para la Música de la Iglesia«. Nathan provee una lista de diez preguntas de ayuda que los cristianos puede preguntarse al buscar el discernimiento de lo bueno y lo malo en la música cristiana contemporánea.
ADICIÓN: UNA LISTA DE COMPROBACIÓN PARA LA MÚSICA DE LA IGLESIA
¿Que tipo de música es apropiada para el servicio de adoración de la iglesia? Mientras que la pregunta es bastante simple, las respuestas dadas son también complejas y controversiales. Todavía, la cuestión crucial para considerar el porque la música es una parte central en la adoración cristiana. Si nuestra música no le agrada a Dios, ni la música de unos ni de otros producirá adoración siendo esa la intención que debe producir.
Así que, ¿Pueden las iglesias honrar a Dios en la música que ellos usan? En orden de responder esta cuestión correctamente, debemos comenzar observando los principios de la Palabra de Dios. Ninguna preferencia personal ni ninguna tendencia cultural puede ser nuestra guía. Aun en el área de la música, La Escritura debe ser nuestra autoridad.
Abajo hay diez preguntas que los pastores y los líderes de la iglesia (junto con toda la congregación) debe hacerse acerca de la música de adoración que se usa. Tomadas directamente los principios bíblicos, estas cuestiones pueden no responder cada caso específico, pero ellas proveen una lista de comprobación teológica para examinar la música de la iglesia.
1. ¿Esta la música de su iglesia enfocada en Dios? Sin esta cuestión, la verdadera adoración debe estar centrada en Dios (Exod. 20:3-6), para El solamente debe ser digno de alabar (Sal. 148:13). El merece nuestra más ferviente devoción y nuestra máxima prioridad. El es nuestro Rey exaltado y El debe ser el centro del escenario. Cualquier adoración corta centrada en Dios es idolatría (cf. Jer.2:13, 27-28), y la falsa adoración es caramente inaceptable (Deut. 12:29-31, 16:21-22, Gal. 5:19-21).
Porque el propósito de la música de la iglesia es proveer un vehículo para dorarle, y debe ser enfocada en Dios en vez de ser centrada en el hombre (cf. Sal.27:6, 150:3-4). Cualquier otra propósito o prioridad son secundarios. Desde un estilo de interpretación a la audiencia y su reacción, nada debe usurpar el lugar de Dios como el supremo objeto de nuestro afecto. Porque la adoración bíblica demanda un enfoque centrado en Dios, la música de la iglesia (que es legítimo que se le llame música de adoración) debe comenzar y finalizar con El.
2. ¿Promociona la música de su iglesia un alta perspectiva de Dios? No es suficiente para la música de la iglesia que meramente se enfoque en Dios, y la perspectiva de Dios es presentada inadecuadamente. Muchos canciones cristianas vienen peligrosamente cerca de violar el mandamiento: «no tomarás el nombre de Dios en vano» (Ex. 20:7) al tratarle en una común y mundana moda.
La música que es digna debe promover una correcta y exaltada perspectiva de quien es El. (cf. Isa. 40:12-26). A través de la Escritura, todos los que se han encontrado con el Dios viviente fueron radicalmente cambiados (Moisés en Exodo 33-34, Isaías en Isa. 6, Pedro, Santiago y Juan durante la transfiguración en Mateo 17). No hay nada ordinario acerca del Dios que vieron o de la temblorosa respuesta de completa adoración que ellos dieron. Nuestra música entonces, si debe facilitar la adoración sentida, debe claramente transportar la majestad la gloria, y el honor de Dios (cf. Heb. 10:31, Rom. 11:33-36, Apoc. 14:7).
3. ¿Es ordenada la música de la Iglesia? El Dios a quien servimos es un Dios de orden. Esto se ve mas claramente en Su creación del mundo, cuando le dio forma y función d el masa acuosa (Gen. 1, cf. Rom. 1:20). No es sorpresa, entonces, que el apóstol Pablo mandara a los Corintios que «todas las cosas (en la iglesia) debe hacerse decentemente y en orden» (1ª cor,. 14:40).
Junto a estas mismas líneas, Efesios 5:18 ordena a los creyentes a que continuamente estén bajo el control del Espíritu Santo todo el tiempo. La música de la iglesia, entonces, nunca debe animar a los participantes a salirse del control del Espíritu para el control de alguno otra fuerza, sea emocional, psicológica u otra. Además, los miembros de la iglesia deben estar bajo la influencia de el Espíritu de poder de la Palabra de Dios (cf. Col. 3:16). Emocionalismo sin sentido, mas acelerado por la repetición y el «dejarse llevar», viene muy cerca al paganismo de los gentiles (cf. Mat. 6:7) que al de cualquier forma bíblica de adoración.
4. ¿Suena bíblicamente el contenido de la música de su iglesia? Mientras que la música instrumental es ciertamente apropiada durante el servicio de adoración (cf. 2º. Cron. 5:13) la mayoría de la música dela iglesia incluye un contenido de letra. Por lo menos estas letras deben ser inteligentes y bíblicamente correctas, fácilmente transportando verdad Escritural hacia todo el que las cante (cf. Ef. 5:19-20)
Mas allá de ser exacto, las letras deben también ser claras y mantenerse en el contexto bíblico. Por ejemplo, cantos que vienen del Antiguo Testamento (aun cuando las letras son directamente citadas del pasaje) no deben ser hechas para aplicarlas a la iglesia el día de hoy y solo se aplican al Israel antes de Cristo. (Un excelente ejemplo de esto es cuando el Salmo 51:11 es cantado sin ninguna explicación de el contexto)
Las letras nunca deben manipularse o aligerarse en su tratamiento de los grandes temas bíblicos. En lugar de esto, la música de la iglesia (no importa el estilo que sea) profundiza el entendimiento bíblico y teológico de la congregación. Un canto que es inexacto, fuera de contexto, o ligero solo obstaculizará el crecimiento espiritual de aquellos que lo canten.
5. ¿Promociona la música de su iglesia la unidad? Como he anotado arriba, la meta principal de la música de la iglesia es adorar. Aunque, la Escritura también habla de las canciones cristianas como una forma de edificación (1ª Cor. 14:26, Ef. 5:19-20). Porque la iglesia es el cuerpo de Cristo (1ª Cor. 12), nuestra adoración hacia Dios incluye nuestro servicio hacia otros (Rom 12:1-9)
La meta de la adoración corporal entonces es para glorificar a Dios mientras servimos a otros. Con esto en mente, el acercamiento correcto la música de la iglesia nunca egoístamente demanda preferencias personales, pero siempre busca los intereses de los demás (Fil. 2:1-4). Por otra parte, si algo que hacemos atenta contra el compañerismo cristiano a caer en pecado, debemos proceder con gran cuidado. (Rom. 14; 1ª Cor. 10:31).
6. ¿Esta realizada la música de su iglesia con excelencia? La música de la iglesia, junto con todo lo que hacemos, debe hacerse para la gloria y el honor de Dios (1ª Cor. 10:31). Como nuestro Maestro perfecto y Padre amoroso, El ciertamente se merece lo mejor que podamos ofrecerle. Darle a El cualquier cosa que se quede corta y lejos de lo que El exige. Aun el Israel del Antiguo Testamento se esperaba que diera lo primero y lo mejor que se pudiera. (cf. Lev. 1-7; Num. 18:32). Innecesario es decir, si lleva Su nombre, es digno de lo mejor. Mientras que la iglesia puede no tener los recursos para rentar una orquesta completa o reclutar una gran banda, la música debe ser hecha con todo el corazón y con excelencia. La música que no es sincera, de un corazón puro, no es adoración (Sal. 24:3-4, Amos 5:23). Y la música que es hecha sin excelencia esta realmente distrayendo, de tal modo que aleja de la atmósfera esencial centrada en Dios de la verdadera adoración.
7. ¿Prepara la música de su iglesia a la gente para la predicación de la Palabra de Dios? Segunda de Timoteo 4:2 nos ordena que encendamos la suficiencia de la Escritura y su importancia en nuestras vidas (2ª. Tim. 3:16-17). Es solo a través de la Palabra de Dios que podemos aprender acerca de El; es solo a través de la Biblia que Dios se revela asimismo a nosotros. La Escritura, entonces, debe ser la pieza central de la adoración corporal, proveyendo el concepto y el momento.
Por esta razón, los tiempos de cantar (cuando el pueblo de Dios habla con El) no deben deslucir o eclipsar la predicación (cuando Dios habla a su pueblo a través de la Palabra). En lugar de esto, a la adoración a través del canto que toma lugar antes del sermón debe preparar a la congregación a lo que El Espíritu Santo quiera que oigan. Y la música de la iglesia que sigue al sermón debe ser la respuesta apropiada para que sea recibida (cf. Col. 3:16-17).
8. ¿Adorna la música de la iglesia el evangelio de Jesucristo? El modelo del Nuevo Testamento de la vida de la iglesia implica que es la función primordial de la asamblea local como un lugar de adoración y edificación. (cf. Hechos 2:41-42). Evangelismo, por el otro lado, se espera de los creyentes al ir a todas partes del resto de sus actividades diarias (Mat. 28:18-20).
Al ser dicho esto, la iglesia local (como una asamblea de cristianos) debe estar presente dando buen testimonio para ser visto por el mundo (cf. 1ª. Or. 14:23-25). Después de todo, Pablo nos ordena «adornar la doctrina de Dios nuestro Salvador… en todo» (Tito 2:10), y Pedro nos exhorta a «proclamar las excelencias» de Dios (1ª. Ped. 2:9). La música de la iglesia, entonces, debe ser un testigo maravilloso de las grandezas de nuestro Señor y Salvador. Y no debe empañar su reputación o confundir a los inconversos así como el evangelio enseña.
9. ¿Promociona la música de su iglesia adoración apasionada? Como ya se dijo antes, la música de la iglesia debe ser enfocada en Dios, reverentemente presentándole en toda Su majestad. Al mismo tiempo, nunca debe ser aburrida, seca o anquilosado. Después de todo, Dios no es aburrido. Y el cielo (donde la primordial ocupación es la adoración) no es aburrido (cf. Apoc. 4-5)
Mientras mantengamos una apropiado respeto por Dios, la adoración bíblica es siempre rebosante con pasión personal y emoción de exaltación de Cristo (cf. 1º. Cron. 15:29, 16:4-6)). Claro, la expresión de esta pasión se manifestará por sí misma diferentemente en diferentes congregaciones. Además, esta pasión debe ser expresada en una manera ordenada y con un Espíritu controlado. No obstante, la adoración apasionada (sonando mas como a un arrullo de cuna que a un himno glorioso), no es realmente adoración del todo (Juan 4:23)
10. ¿Esta la filosofía de la música de su iglesia basada en principios bíblicos? A través de numerosas preferencias y opiniones que existen, la filosofía de la música de su iglesia debe estar basada en principios bíblicos. Los líderes de la iglesia no deben simplemente apegarse a ciertos estándares porque esto siempre se ha hecho así. No deben permitir ciegamente algún tipo de música para ser tocada en sus servicios de la iglesia. No obstante, ellos deben buscar las Escrituras (como los de Berea de Hechos 17:11), determinando los principios bíblicos que ciñen una filosofía correcta de música en la adoración.
Una vez que los principios han sido establecidos, el líder de música tiene la libertad de aplicar estos principios en maneras diferentes dependiendo en las necesidades específicas de su congregación. Al final, los pastores deben cuidadosamente, no exaltar la preferencia personal al mismo nivel como el principio bíblico, o ignorar los principios bíblicos bajo la suposición que todo acerca de la música de la iglesia es preferencial.
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