Día: 23 junio 2026
El evangelio terapéutico y el debilitamiento de la justificación
El evangelio terapéutico y el debilitamiento de la justificación
por Gary Gilley
Volumen 32, Número 5, junio de 2026
En un pasado no muy lejano, prácticamente todos los estudiosos de las Escrituras estarían de acuerdo en que la iglesia existe para dos propósitos básicos: la evangelización y la edificación. Estamos llamados a compartir el evangelio con las almas perdidas («¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?» Romanos 10:14) y debemos discipular a aquellos que vienen a Cristo («Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones» Mateo 28:19). La edificación se lleva a cabo cuando la iglesia local se reúne para recibir la enseñanza de la Palabra y ministrarse unos a otros (Efesios 4:11-16; 1 Corintios 12). Pero para evangelizar verdaderamente a los perdidos se presupone que el evangelista conoce el mensaje del evangelio. ¿Pero qué pasa si el mensaje que muchos, si no la mayoría, están proclamando es una mutilación del evangelio bíblico? ¿Qué pasa si el mensaje de la justificación —las buenas nuevas de cómo, a través de la obra de la cruz de Jesucristo, aquellos que están muertos en sus pecados pueden ahora ser declarados justos ante un Dios santo— se ha cambiado por cómo las personas con problemas pueden encontrar la buena vida, autorrealizarse, mejorar su autoestima y ser prósperas? ¿Es este evangelio terapéutico que acabo de describir lo mismo que el evangelio de la redención enseñado en la Biblia? El enfoque de este artículo es trazar un contraste entre el evangelio bíblico y el evangelio terapéutico. Uno puede salvar; el otro no. Uno ofrece la reconciliación con Dios; el otro, la reconciliación con uno mismo. Uno ofrece vida abundante, incluso eterna, en la presencia de un Dios santo; el otro pretende señalar el camino hacia la felicidad. El primer paso en nuestro análisis es trazar los contornos del evangelio terapéutico. Leer el resto de esta entrada »