Dios Es

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ESJ-2020 0303-002

Dios Es

Romanos 1:18–20

Por John F. Macarthur

“Si Dios es real, ¿por qué no se me muestra a mí?” “¿Dónde está la evidencia de la existencia de Dios?” “Necesito una prueba de Dios… ¿dónde está la prueba?” Todos hemos escuchado esas preguntas – o quizás más precisamente, objeciones – antes. Pero nunca debemos ser intimidados por ellas. Más bien, debemos seguir el patrón que las Escrituras establecen.

La Biblia presupone, en lugar de probar, la existencia de Dios. La Escritura dice esto sobre Dios en el Salmo 90:2: “Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.” Esa es una clásica afirmación doctrinal sobre Dios. Nos dice que Dios es el único Dios: “Tú eres Dios”. Nos dice que Dios es el Dios eterno: “Desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Dios”. Nos dice que Dios es el Dios creador: “Tú diste a luz a la tierra y al mundo”.

Como cristianos aceptamos una verdad fundamental: Dios. Entonces todo lo demás tiene sentido. Un ateo niega a Dios y tiene que aceptar explicaciones increíbles para todo lo demás. Se necesita más fe para negar a Dios que para creer en Él.

Los teólogos dan varios argumentos a favor de la existencia de Dios. La lógica no puede probar la existencia de Dios, pero nos muestra claramente que hay más razones para creer en Dios que para no creer en Él.

Evidencia Externa

Una razón lógica para aceptar la existencia de Dios es el argumento teleológico. Eso viene de la palabra griega teleos, que significa “resultado perfecto”, “fin” o “final”. Algo que se completa y perfecciona muestra evidencia de un creador. El diseño implica un diseñador. Desmonta tu reloj y pon todas las piezas en tu bolsillo. Sacudirás tu pierna mucho tiempo antes de que escuches el tic-tac del reloj. Cuando algo funciona, alguien lo hizo funcionar. Si ves un piano, no asumes que un elefante corrió hacia un árbol donde alguien estaba sentado en una rama tocando un arpa, y todo el marfil, la madera y las cuerdas se juntaron y se convirtieron en un piano. El argumento teleológico dice que el orden en el universo es la evidencia de que una inteligencia suprema, Dios, lo creó.

Un segundo argumento para Dios es el argumento estético. Afirma que porque hay belleza y verdad tiene que haber, en algún lugar del universo, un estándar en el que se basen la belleza y la verdad.

El argumento volitivo dice que debido a que la criatura humana se enfrenta a una miríada de elecciones y tiene la capacidad de tomar decisiones voluntarias, debe haber en algún lugar una voluntad infinita, y el mundo debe ser la expresión de esa voluntad.

El argumento moral dice que el hecho mismo de que sepamos que existe el bien y el mal sugiere la necesidad de un estándar absoluto. Si algo está bien y algo está mal, en algún lugar hay alguien que determina cuál es cuál.

El argumento cosmológico es el argumento de causa y efecto. Concluye que alguien hizo el universo porque todo efecto debe ser rastreado a una causa. La causa del infinito debe ser infinita. La causa del tiempo infinito debe ser eterna. La causa del poder debe ser omnipotente. La causa del espacio ilimitado debe ser omnipresente. La causa del conocimiento debe ser omnisciente. La causa de la personalidad debe ser personal. La causa del sentimiento debe ser emocional. La causa de la voluntad debe ser volitiva. La causa de los valores éticos debe ser moral. La causa de los valores espirituales debe ser espiritual. La causa de la belleza debe ser estética. La causa de la rectitud debe ser santa. La causa de la justicia debe ser justa. La causa del amor debe ser amorosa. La causa de la vida debe ser la vida.

Evidencia Interna

Pero, de acuerdo con el apóstol Pablo, todos esos argumentos sólo sirven para reforzar lo que el pecador incrédulo ya sabe.

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad; porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa.. (Romanos 1:18-20)

Incluso aparte de su revelación escrita, lo que se conoce de Dios es evidente incluso en los gentiles paganos, ya que Dios se lo hizo evidente a ellos. El Señor testifica a través de Pablo que su manifestación externa y visible de sí mismo es universalmente conocida por el hombre. Es evidente dentro de ellos así como fuera de ellos. Todos los hombres tienen evidencia de Dios, y lo que sus sentidos físicos pueden percibir de Él, sus sentidos internos pueden entenderlo. Los filisteos vieron y reconocieron el poder de Dios, al igual que los cananeos, los egipcios y todos los demás pueblos que han vivido en la tierra. Los rebeldes que construyeron la torre de Babel vieron y reconocieron la grandeza de Dios, al igual que los malvados habitantes de Sodoma y Gomorra. Todos los hombres saben algo y entienden algo de la realidad y la verdad de Dios. Son responsables de una respuesta adecuada a esa revelación. Cualquier respuesta errónea es “sin excusa”.

Pablo también especifica el contenido de la auto-revelación de Dios que Él da a conocer a toda la humanidad. Desde la creación del mundo, Dios ha hecho visibles sus atributos invisibles. Los atributos particulares que el hombre puede percibir en parte a través de sus sentidos naturales son el “poder eterno” de Dios y su “naturaleza divina”. El poder eterno de Dios se refiere a su omnipotencia que nunca falla, la cual se refleja en la impresionante creación que ese poder trajo a la existencia y sostiene. La naturaleza divina de Dios de bondad y gracia se refleja, como dijo Pablo a los listranos, en las “lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría.” (Hechos 14:17).

El célebre teólogo Charles Hodge testificó: “Dios, por lo tanto, nunca se ha quedado sin testigo. Su existencia y sus perfecciones se han manifestado de tal manera que sus criaturas racionales están obligadas a reconocerlo y adorarlo como el verdadero y único Dios” [1].

La revelación natural de Dios de sí mismo no es oscura o selectiva, observable sólo por unas pocas almas perspicaces especialmente dotadas. Su revelación de sí mismo a través de la creación puede ser vista claramente por todos, siendo entendida a través de lo que ha sido hecho. El Salmo 14:1 y el Salmo 53:1 dicen: “El necio ha dicho en su corazón: ‘No hay Dios'”. Sólo un tonto rechazaría la prueba que ya conoce inherentemente.

Pero no basta con reconocer la existencia de un ser supremo. Einstein reconoció una fuerza cósmica en el universo pero pensó que Dios era desconocido. Pensó en Dios como una batería cósmica flotante, una especie de gran corriente eléctrica que se descargó un día y dio lugar al universo. Una popular organización de autoayuda dice a sus miembros, “Tienes que tener una relación con Dios tal y como lo percibes“. Eso es una locura. Cómo percibes a Dios sin la revelación de Él en las Escrituras no tiene nada que ver con cómo es en realidad.

(Adaptado de Worship y The MacArthur New Testament Commentary: Romans 1–8)


Disponible en línea en: https://www.gty.org/library/blog/B200226
COPYRIGHT ©2020 Grace to You

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