Día: 8 agosto 2016
La Santidad de Dios y Tu Adoración
La Santidad de Dios y Tu Adoración
Éxodo 15:11; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 1:16; Apocalipsis 4: 8
Por John MacArthur
¿Cuál es la primera cosa que viene a la mente cuando adora a Dios? ¿Es Su infinita sabiduría, Su poder ilimitado, o Su soberanía definitiva? ¿Es un atributo o característica que encuentre particularmente atractivo, imponente, o reconfortante?
Saber que Dios es inmutable, omnipotente, omnipresente, y omnisciente es importante, pero esos atributos dan una visión limitada de lo que Dios espera de nosotros. ¿Qué es —más allá de su inmutable, omnipotente e infinita presencia conocida — lo que nos impulsa a adorar?
Cómo Compartir el Evangelio
Cómo Compartir el Evangelio
1. Háblale de Dios
Dios como creador de todo. Dios es el creador de todo lo que existe. Mira a tu alrededor, tu persona, la naturaleza, el universo entero; todo lo que existe ha sido creado por Dios (Génesis 1:1). Antes de que existiese la tierra y todo lo que vemos estaba Dios y solamente Dios. Él creó todo detalle en la creación. En su mente infinita y perfecta él ingenió absolutamente todo. ¿Por qué? Él no lo hizo porque se sentía solo o porque necesitaba a los humanos. Más bien él diseñó y creó todo por causa de su gloria y placer.
¿Hubo Milagros Durante el Tiempo de Agustín?
¿Hubo Milagros Durante el Tiempo de Agustín?
Hace un tiempo recibí la siguiente pregunta por correo electrónico:
Me pregunto cuál es su opinión sobre lo que Agustín escribió en un libro “Ciudad de Dios” (libro 22, capítulo 8) donde habla acerca de muchos milagros que tuvieron lugar en Cartago durante su tiempo. Siempre me ha parecido que Agustín es una persona confiable, pero estoy sintiendo un poco de superstición hacia sus escritos ¿Podría ayudarme a aclarar lo que Agustín quiso decir?
El Mandato de Cristo de Ser Compasivos
El Mandato de Cristo de Ser Compasivos
Lucas 14: 12-14
Por John MacArthur
La compasión divina tiene implicaciones humanas. Debido a que Dios es compasivo, Él espera que Su pueblo sea así. La misericordia que El ha extendido a pecadores como nosotros nos debe motivar a ser similarmente compasivos con los demás. De hecho, Cristo nos manda a ser compasivos.