La Santidad de Dios

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LA SANTIDAD DE DIOS

Arthur W. Pink

“¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? Porque tú sólo eres santo” (Apoc. 15:4)

Sólo El es infinita, independientemente e inmutablemente santo. Con frecuencia Dios es llamado “El Santo” en la Escritura; y lo es porque en él se halla la suma de todas las excelencias morales. Es pureza absoluta, sin la más leve sombra de pecado. “Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1Juan. 1:5).

La santidad es la misma excelencia de la naturaleza divina: el gran Dios es “magnífico en santidad” (Ex. 15:11). Por eso leemos: “muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab. 1:13). De la misma manera que el poder de Dios es lo opuesto a debilidad natural de la criatura, y su sabiduría contrasta completamente con el menor defecto de entendimiento, su santidad es la antítesis de todo defecto o imperfección moral.

En la antigüedad, Dios instituyó algunos “que cantasen a Jehová y alabasen en la hermosura de su santidad”. (2Crón.. 20:21). El poder es la mano y el brazo de Dios, la omnisciencia sus ojos, la misericordia su entraña, la eternidad su duración, pero “la santidad es su hermosura”. Es esta hermosura lo que le hace deleitoso para aquellos que han sido liberados del dominio del pecado.

A esta perfección divina se le da un énfasis especial. “Se llama santo a Dios más veces que todopoderoso, y se presenta esta parte de su dignidad más que ninguna otra. Esta cualidad va como calificativo junto a su nombre más que ninguna otra. Nunca se nos habla de Su poderoso nombre, o su sabio nombre, sino su grande nombre, y, sobre todo, su santo nombre. Este es su mayor título de honor; en ésta resalta toda la majestad y respetabilidad de su nombre.” Esta perfección, como ninguna otra, es celebrada ante el trono del cielo por los serafines que claman: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos” (Isa. 6:3).

Dios mismo destaca esta perfección: “Una vez he jurado por mi santidad” (Sal. 89:35). Dios jura por su santidad porque ésta es la expresión más plena de sí mismo. Por ella nos exhorta: “Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad” (Sal. 30:4). “Podemos llamar a éste un atributo trascendental; es como si penetrara en los demás atributos y les diera lustre” (J. Howe 1670). Por ello leemos de la “hermosura del Señor” (Sal. 27:4), la cual no es otra que la “hermosura de su santidad” (Sal. 110:3).

“Esta excelencia destacada por encima de sus otras perfecciones, es la gloria de éstas; es cada una de las perfecciones de la deidad; así como su poder es el vigor de sus otras perfecciones, su santidad es la hermosura de las mismas; de la manera que sin omnipotencia todo sería débil, sin santidad todo sería desagradable. Si ésta fuera manchada, el resto perdería su honra.

Esto sería como si el sol perdiera su luz: perdería al instante su calor, su poder y sus virtudes generadoras y vivificadoras. Así como en el cristiano la sinceridad es el brillo de todas las gracias, la pureza en Dios es el resplandor de todos los atributos de la divinidad. Su justicia es santa, su sabiduría santa, su brazo poderoso es un santo brazo (Sal. 98:1). Su verdad o palabra es una Santa Palabra (Sal. 105:42). Su nombre, que expresa todos sus atributos juntos, es un Santo Nombre (Sal. 103:1)”

La santidad de Dios se manifiesta en sus obras. Nada que no sea excelente puede proceder de El. La santidad es regla de todas sus acciones. En el principio declaró todo lo que había hecho “bueno en gran manera” (Gen. 1:31), lo cual no hubiera podido hacer si hubiera habido algo imperfecto o impuro.

Al hombre lo hizo “recto” (Ecl. 7:29), a imagen y semejanza de su creador. Los ángeles que cayeron fueron creados santos, ya que, según leemos, “dejaron su habitación” (Judas. 6). De Satanás está escrito: “perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad” (Eze. 28:15).

La santidad de Dios se manifiesta en su ley. Esa ley prohíbe el pecado en todas sus variantes: en las formas más refinadas así como en las más groseras, la intención de la mente como la de contaminación del cuerpo, el deseo secreto como el acto abierto.

Por ello leemos: “la ley a la verdad es santa y el mandamiento santo y justo, y bueno” (Rom. 7:12). Sí, “el precepto de Jehová es puro que alumbra a los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Sal. 19:8,9).

La santidad de Dios que se manifiesta en la cruz. La expiación pone de manifiesto de la manera más admirable, y a la vez solemne la santidad infinita de Dios y su odio al pecado. ¡Cuán detestable había de serle este cuando lo castigó hasta el límite de su culpabilidad al imputarlo a su hijo! “los juicios que han sido o que serán vertidos sobre el mundo impío, la llama ardiente de la conciencia pecadora, la sentencia irrevocable dictada contra los demonios rebeldes, y los gemidos de las criaturas condenadas, nos demuestran tan palpablemente el odio de Dios hacia el pecado como la ira del Padre desatada sobre el Hijo.

La santidad divina jamás apareció más atractiva y hermosa que cuando la faz del salvador estaba más desfigurada por los gemidos de la muerte. El mismo lo declara en el Salmo 22. Cuando Dios esconde de Cristo su faz sonriente y le hunde su afilado cuchillo en el corazón haciéndole exclamar Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?, Cristo adora esa perfección divina: “pero tu eres santo, v. 3”.

Dios odia todo pecado porque El es santo. El ama todo lo que es conforme a sus leyes y aborrece todo lo que es contrario a las mismas. Su palabra lo expresa claramente: “el perverso es abominado de Jehová” (Prov. 3:32). Y otra vez: “abominación son a Jehová los pensamientos del malo” (Prov. 15:26). De ello se desprende que él, necesariamente ha de castigar el pecado.

El pecado no puede escapar a su castigo porque Dios lo aborrece. Dios ha perdonado a menudo a los pecadores, pero jamás perdona el pecado; el pecador sólo puede ser perdonado a causa de que otro ha llevado su castigo, porque “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22). Por eso se nos dice que “Jehová se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos” (Nah. 1:2).

A causa de un pecado Dios desterró a nuestros primeros padres del Edén. Por un pecado toda la descendencia de Cam cayó bajo una maldición que todavía perdura. Moisés fue excluido de Canaán a causa de un pecado. Y por un pecado el criado de Eliseo fue castigado con lepra y Ananías y Safira fueron separados de la tierra de los vivientes.

En eso tenemos pruebas de la inspiración divina de las Escrituras. El alma no regenerada no cree realmente en la santidad de Dios el concepto que de su carácter tiene es parcial. Espera que su misericordia superara todo lo demás. “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21), es la acusación de Dios a los tales.

Piensan en un dios cortado según el patrón de sus propios corazones malos. De ahí su persistencia en una carrera de locura. La santidad atribuida en las Escrituras a la naturaleza y carácter divinos es tal, que demuestra claramente el origen sobrenatural de estas. El carácter atribuido a los “dioses” del paganismo antiguo y moderno es todo lo contrario de la pureza inmaculada que pertenece al verdadero Dios.

¡Los descendientes caídos de Adán jamás podían idear un Dios de santidad inenarrable que aborrece totalmente todo pecado! En realidad, nada pone más de manifiesto la terrible depravación del corazón humano y su enemistad con el Dios viviente que la presencia del que es infinita e inmutablemente sabio.

La idea humana del pecado está prácticamente limitada a lo que el mundo llama “crimen”. Lo que no llega a tal gravedad, el hombre lo llama “defectos”, “equivocaciones”, “enfermedad”, etc. E incluso cuando se reconoce la existencia del pecado, se buscan excusas y atenuantes.

El “dios” que la inmensa mayoría de los que profesan ser cristianos “aman” es como un anciano indulgente, quien, aunque no las comparta disimula benignamente las “imprudencias” juveniles. Pero la Palabra de Dios dice: “Aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Sal. 5:5), y “Dios está airado todos los días contra el impío” (Sal. 7:11).

Pero los hombres se niegan a creer en este Dios, y rechinan los dientes cuando se les habla fielmente de como odia al pecado. No, el hombre pecaminoso no podía imaginar un Dios santo, como tampoco crear el lago de fuego en el que será atormentado para siempre.

Porque Dios es santo, es completamente imposible que acepte a las criaturas sobre la base de sus propias obras. Una criatura caída podría más fácilmente crear un mundo que hacer algo que mereciera la aprobación del que es infinitamente puro. ¿Pueden las tinieblas habitar con la luz? ¿Puede el inmaculado deleitarse con los “trapos de inmundicia”? (Isa. 64:6). Lo mejor que el hombre pecador puede presentar está contaminado. Un árbol corrompido no puede producir buen fruto, si Dios considerara justo y santo aquello que no lo es, se negaría a sí mismo y envilecería sus perfecciones; y no hay nada justo ni santo si tiene la menor mancha contraria a la naturaleza de Dios. Pero bendito sea su nombre, porque lo que su santidad exigió, lo proveyó su gracia en Cristo Jesús, Señor nuestro cada pobre pecador que se haya refugiado en él es “acepto en el amado” (Efe. 1:6). ¡Aleluya!.

Porque Dios es santo, debemos acercarnos a él con la máxima reverencia. “Dios terrible en la grande congregación de los santos y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo” (Sal. 89:7). “Ensalzad a Jehová nuestro Dios, e inclinaos al estrado de sus pies: él es santo” (Sal. 99:5). Sí, “Al estrado”, en la postura más humilde, postrados ante él. Cuando Moisés se acercaba a la zarza ardiendo, Dios le dijo: “quita tus zapatos de tus pies” (Exo. 3:5).

A él hay que servirle “con temor” (Sal. 2:11). Al pueblo de Israel dijo: “En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado” (Lev. 10:3). Cuando más temerosos nos sintamos ante su santidad inefable, más aceptables seremos al acercarnos a él.

Porque Dios es santo, deberíamos desear ser hechos conformes a él. Su mandamiento es: “Sed santos, porque yo soy santo” (1Ped. 1:16). No se nos manda ser omnipotentes u omniscientes como Dios, sino santos, y eso “en toda conversación” (1Ped. 1:15). este es el mejor medio para agradarle. No glorificamos a Dios tanto con nuestra admiración ni con expresiones elocuentes o servicio ostentoso, como con nuestra aspiración a conversar con El con espíritu limpio, y a vivir para El viviendo como El”.

Así pues, por cuanto solo Dios es la fuente y manantial de la santidad, busquemos la santidad en él; que nuestra oración diaria sea que “El Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo” ( 1Tes. 5:23).

La Inmutabilidad de Dios

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LA INMUTABILIDAD DE DIOS

Arthur W. Pink

“El padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17).

Esta es una de las perfecciones divinas que nunca han sido suficientemente estudiadas. Es una de las excelencias que distinguen al creador de todas sus criaturas. Dios es el mismo perpetuamente; no está sujeto a cambio alguno en su ser, atributos o determinaciones.

Por ello, Dios es comparable a una roca (Deut. 32:4) que permanece inmovible cuando el océano entero que la rodea fluctúa continuamente; aunque todas las criaturas estén sujetas a cambios, Dios es inmutable. El no conoce cambio alguno porque no tiene principio ni fin. Dios es por siempre.

En primer lugar, Dios es inmutable en esencia. Su naturaleza y ser son infinitos y, por lo tanto, no están sujetos a cambio alguno. Nunca hubo un tiempo en el que El no existiera; nunca habrá día en el que deje de existir. Dios nunca ha evolucionado, crecido o mejorado. Lo que es hoy ha sido siempre y siempre será. “Yo Jehová no me cambio” (Mal. 3:6).

Es su propia afirmación absoluta. No puede mejorar, porque es perfecto; y, siendo perfecto, no puede cambiar en mal. Siendo totalmente imposible que algo externo le afecte, Dios no puede cambiar ni en bien ni en mal: es el mismo perpetuamente. Sólo él puede decir “Yo soy el que soy” (Ex. 3:14). El correr del tiempo no le afecta en absoluto. En el rostro eterno no hay vejez. Por lo tanto, su poder nunca puede disminuir, ni su gloria palidecer.

En segundo lugar, Dios es inmutable en sus atributos. Cualesquiera que fuesen los atributos de Dios antes que el universo fuera creado, son ahora exactamente los mismos, y así permanecerán para siempre. Es necesario que sea así, ya que tales atributos son las perfecciones y cualidades esenciales de su ser. Semper Idem (siempre el mismo) está escrito sobre cada uno de ellos.

Su poder es indestructible, su sabiduría infinita y su santidad inmancillable. Como la deidad no puede dejar de ser, así tampoco pueden los atributos de Dios cambiar. Su veracidad es inmutable, porque su palabra “permanece para siempre en los cielos” (Sal. 119:89). Su amor es eterno: “con amor eterno te he amado” (Jer. 31:3), y “como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan. 13:1). Su misericordia es incesante, porque es “para siempre” (Sal. 100:5).

En tercer lugar, Dios es inmutable en su consejo. Su voluntad jamás cambia. Algunos ya han puesto la objeción de que en la Biblia dice que “arrepintióse Jehová de haber hecho al hombre” (Gen. 6:6). A esto respondemos: Entonces, ¿se contradicen las escrituras a sí mismas? No, eso no puede ser.

El pasaje de Núm. 23:19 es suficientemente claro: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta”. Asimismo, en 1Sam. 15:29, leemos: “El vencedor de Israel no mentirá, ni se arrepentirá; porque no es hombre para que se arrepienta”. La explicación es muy sencilla, cuando habla de sí mismo, Dios adapta a menudo, su lenguaje a nuestra capacidad limitada. Se describe a así mismo como vestido de miembros corporales, tales como ojos, orejas, manos, etc. Habla de sí mismo “despertando” (Sal. 78:65), “madrugando” (Jer. 7:13); sin embargo, ni dormita, ni duerme.

Así, cuando adopta un cambio en su trato con los hombres, Dios describe su acción como “arrepentimiento”. Si Dios es inmutable en su consejo. “porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.” (Rom. 11:29). Ha de ser así, porque si él se determina en una cosa, ¿Quién lo apartará? Su alma deseó e hizo (Job 23:13). El propósito de Dios jamás cambia. Hay dos causas que hacen al hombre cambiar de opinión e invertir sus planes: la falta de previsión para anticiparse a los acontecimientos, y la falta de poder para llevarlos a cabo.

Pero, habiendo admitido que Dios es omnisciente y omnipotente, nunca necesita corregir sus decretos. No, “El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones” (Sal. 33:11). Es por ello que leemos acerca de “la inmutabilidad de su consejo” (Heb. 6:17).

En esto percibimos la distancia infinita que existe entre la más grande de las criaturas y el Creador. Creación y mutabilidad son, en un sentido, términos sinónimos. Si la criatura no fuera variable por naturaleza, no sería criatura, sería Dios. Por naturaleza, ni vamos ni venimos de ninguna parte. Nada, aparte de la voluntad y el poder sustentador de Dios, impide nuestra aniquilación.

Nadie puede sostenerse a sí mismo ni un sólo instante. Dependemos por completo del Creador en cada momento que respiramos. Reconocemos con el salmista que “él es el que puso nuestra alma en vida” (Sal. 66:9). Al comprender esta verdad, debería humillarnos el sentido de nuestra propia insignificancia en la presencia de Aquel en quien “vivimos, y nos movemos, y somos”. (Hech. 17:28).

Como criaturas caídas, no solamente somos variables, sino que todo en nosotros es contrario a Dios. Como tales, somos “estrellas erráticas” (Judas 13), fuera de órbita “Los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta” (Isa. 57:20). El hombre caído es inconstante. Las palabras de Jacob, refiriéndose a Rubén son aplicables igualmente a todos los descendientes de Adán: “Corriente como las aguas” (Gén. 49:4).

Así pues, atender a aquel precepto: “dejad de confiar en el hombre” (Isa. 2:22), no sólo es una muestra de piedad, sino también de sabiduría. No hay ser humano del que se pueda depender. “No confíes en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él liberación” (Sal. 146:3). Si desobedezco a Dios, merezco ser engañado y defraudado por mis semejantes. La gente puede amarte hoy y odiarte mañana. La multitud que gritó: “¡Hosanna el hijo de David!”, no tardó mucho en decir: “¡Sea crucificado!”

Aquí tenemos consolación firme. No se puede confiar en la criatura humana, pero sí en Dios. No importa cuán inestable sea yo, cuán inconstantes demuestren ser mis a amigos; Dios no cambia. Si cambiara como nosotros, si quisiera una cosa hoy y otra distinta mañana, si actuara por capricho, ¿Quién podría confiar en él?

Pero, alabado sea su Santo Nombre. El es siempre el mismo. Su propósito es fijo, su voluntad estable, su Palabra segura. He aquí una roca donde podemos fijar nuestros pies mientras el torrente poderoso arrastra todo lo que nos rodea. La permanencia del carácter de Dios garantiza el cumplimiento de sus promesas: “Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; más no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti” (Isa. 54:10). En esto hallamos estímulo para la oración. “¿Qué consuelo significaría orar a un dios que, como el camaleón, cambiara de color continuamente? ¿Quién presentaría sus peticiones a un príncipe tan variable que concediera una demanda hoy y la negara mañana?”.

Si alguien pregunta porque orar a Aquel cuya voluntad está ya determinada, le contestamos: Porque El así lo quiere. ¿Ha prometido Dios darnos alguna bendición sin que se la pidamos? “Si demandáramos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1Juan 5:14), y quiere para sus hijos todo lo que es para bien de ellos. El pedir algo contrario a su voluntad no es oración, sino rebelión consumada. He aquí, también, terror para los impíos. Aquellos que desafían a Dios, quebrantan Sus leyes y no se ocupan de Su gloria, sino que, por el contrario, viven sus vidas como si El no existiera, no pueden esperar que, al final, cuando clamen por misericordia, Dios altere su voluntad, anule su Palabra, y suprima sus terribles amenazas.

Por el contrario, ha declarado: “Pues yo también actuaré en mi ira: mi ojo no tendrá lástima, ni tendré compasión. Gritarán a mis oídos a gran voz, pero no los escucharé” (Eze. 8:18). Dios nos se negaría a sí mismo para satisfacer las concupiscencias de ellos. El es santo y no puede dejar de serlo. Por lo tanto, odia el pecado con odio eterno. De ahí el eterno castigo de aquellos que mueren en sus pecados.

“La inmutabilidad divina, como la nube que se interpuso entre los israelitas y los egipcios, tiene un lado oscuro y otro claro. Asegura la ejecución de sus amenazas, y el cumplimiento de sus promesas; y destruye la esperanza que los culpables acarician apasionadamente. Es decir, la de que Dios será blando para con sus frágiles y descarriadas criaturas, y que serán tratados mucho más ligeramente de lo que parecen indicar las afirmaciones de su Palabra. A esas especulaciones falsas y presuntuosas oponemos la verdad solemne de que Dios es inmutable en veracidad y propósito, en fidelidad y justicia”.

La Soberanía de Dios

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LA SOBERANÍA DE DIOS

Arthur W. Pink

“Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere” (Isa. 46:10)

La Soberanía de Dios puede definirse como el ejercicio de su supremacía. Dios es el Altísimo, el Señor del cielo y de la tierra está exaltado infinitamente por encima de la más eminente de las criaturas. El es absolutamente independiente; no está sujeto a nadie, ni es influido por nadie. Dios actúa siempre y únicamente como le agrada.

Nadie puede frustrar ni detener sus propósitos. Su propia Palabra lo declara explícitamente: “En el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano” (Dan. 4:35). La soberanía divina significa que Dios lo es de hecho, así como de nombre, y que está en el Trono del universo dirigiendo y actuando en todas las cosas “según el consejo de su voluntad” (Efe. 1:11).

Con gran razón decía el predicador bautista del siglo pasado Carlos Spurgeon, en un sermón sobre Mat. 20:15, que:

“No hay atributo más confortador para Sus hijos que el de la Soberanía de Dios. Bajo las más adversas circunstancias y las pruebas más severas, creen que la Soberanía los gobierna y que los santificará a todos.

Para ellos, no debería haber nada por lo que luchar más celosamente que la doctrina del Señorío de Dios sobre toda la creación -el reino de Dios sobre todas la obras de sus manos- El trono de Dios, y su derecho a sentarse en el mismo. Por otro lado, no hay doctrina más odiada por la persona mundana, ni verdad que haya sido más maltratada, que la grande y maravillosa, pero real, doctrina de la Soberanía del infinito Jehová.

Los hombres permitirán que Dios esté en todas partes, menos en su trono. Le permitirán formar mundos y hacer estrellas, dispensar favores, conceder dones, sostener la tierra y soportar los pilares de la misma, iluminar las luces del cielo, y gobernar las incesantes olas del océano; pero cuando Dios asciende a su Trono sus criaturas rechinan los dientes.

Pero nosotros proclamamos un Dios entronizado y su derecho a hacer su propia voluntad con lo que le pertenece, a disponer de sus criaturas como a él le place, sin necesidad de consultarlas. Entonces se nos maldice y los hombres hacen oídos sordos a lo que les decimos, ya que no aman a un Dios que está sentado en su Trono. Pero es a Dios en su Trono que nosotros queremos predicar. Es en Dios, en su Trono en quien confiamos”.

Sí, tal es la Autoridad revelada en las Sagradas Escrituras. Sin rival en Majestad, sin límite en Poder, sin nada, fuera de sí misma, que le pueda afectar. “Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Sal. 135:6).

No obstante, vivimos en unos días en los que incluso los más “ortodoxos” parecen temer el admitir la verdadera divinidad de Dios. Dicen que reconocer la soberanía de Dios significa excluir la responsabilidad humana; cuando la verdad es que la responsabilidad humana se basa en la Soberanía Divina, y es el resultado de la misma. “Y nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Sal. 115:3).

En su soberanía escogió colocar a cada una de sus criaturas en la condición que pareció bien a sus ojos. Creó ángeles: a algunos los colocó en un estado condicional, a otros les dio una posición inmutable delante de él (1Tim. 5:21), poniendo a Cristo como su cabeza (Col. 2:10). No olvidemos que los ángeles que pecaron (2Ped. 2:4). Con todo, Dios previó que caerían y, sin embargo, los colocó en un estado alterable y condicional, y les permitió caer, aunque El no fuera el autor de su pecado.

Asimismo, Dios, en su soberanía colocó a Adán en el jardín del Edén en un estado condicional. Si lo hubiera deseado podía haberle colocado en un estado incondicional, en un estado tan firme como el de los ángeles que jamás han pecado, en uno tan seguro e inmutable como el de los santos en Cristo.

En cambio, escogió colocarle sobre la base de la responsabilidad como criatura, para que se mantuviera o cayera según se ajustase o no a su responsabilidad: la de obedecer a su Creador. Adán era responsable ante Dios (Dios es ley en sí mismo) por el mandamiento que le había sido dado y la advertencia que le había sido hecha. Esa era una responsabilidad sin menoscabo y puesta a prueba en las condiciones más favorables.

Dios no colocó a Adán en un estado condicional y de criatura responsable porque fuera justo que así lo hiciera. No, era justo porque Dios lo hizo. Ni siquiera dio el ser a las criaturas porque eso fuera lo justo, es decir, porque estuviera obligado a crearlas; sino que era justo porque El lo hizo así.

Dios es soberano. Su voluntad es suprema. Dios, lejos de estar bajo una ley, es ley en sí mismo, así es que cualquier cosa que él haga, es justa. Y ¡ay del rebelde que pone su soberanía en entredicho! “Ay del que pleitea con su Hacedor, siendo nada mas un pedazo de tiesto entre los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces?” (Isa. 45:9).

Además, Dios es Señor, como soberano, colocó a Israel sobre una base condicional. Los capítulos 19, 20 y 24 de Éxodo ofrecen pruebas claras y abundantes de ello. Estaban bajo el pacto de las obras. Dios les dio ciertas leyes e hizo que las bendiciones sobre ellos, como nación, dependieran de la observancia de las tales. Pero Israel era obstinado y de corazón incircunciso. Se rebelaron contra Jehová, desecharon su ley, se volvieron a los dioses falsos y apostataron. En consecuencia, el juicio divino cayó sobre ellos y fueron entregados en las manos de sus enemigos, dispersados por toda la tierra, y hasta el día de hoy, permanecen bajo el peso del disfavor de Dios.

Fue Dios, quien en el ejercicio de su soberanía, puso a Satanás y a sus ángeles, a Adán y a Israel en sus respectivas posiciones de responsabilidad. Pero, en el ejercicio de su soberanía, lejos de quitar la responsabilidad de la criatura, la puso en esta posición condicional, bajo las responsabilidades que él creyó oportunas; y, en virtud de esta soberanía, El es Dios sobre todos. De este modo, existe una armonía perfecta entre la soberanía de Dios y la responsabilidad de la criatura. Muchos han sostenido equivocadamente que es imposible mostrar donde termina la soberanía de Dios y empieza la responsabilidad de la criatura. He aquí donde empieza la responsabilidad de la criatura: en la ordenación soberana del creador. En cuanto a su soberanía, ¡no tiene ni tendrá jamás “terminación»!

Vamos aprobar aún más, que la responsabilidad de la criatura se basa en la soberanía de Dios. ¿Cuántas cosas están registradas en la Escritura que eran justas porque Dios las mandó, y que no lo hubieran sido si no las hubiera mandado?

¿Qué derecho tenía Adán de comer de los árboles del jardín del Edén? ¡El permiso de su Creador (Gén. 2:16), sin el cual hubiera sido un ladrón! ¿Qué derecho tenía el pueblo de Israel a demandar de los egipcios joyas y vestidos (Ex. 12:35)? Ninguno, sólo que Jehová lo había autorizado (Ex. 3:22).

¿Qué derecho tenía Israel a matar tantos corderos para el sacrificio? Ninguno, pero Dios así lo mandó. ¿Qué derecho tenía el pueblo de Israel a matar a todos los cananeos? Ninguno, sino que Dios les habían mandado hacerlo. ¿Qué derecho tenía el marido a demandar sumisión por parte de su esposa? Ninguno, si Dios no lo hubiera establecido. ¿Qué derecho tuviera la esposa de recibir amor, atención y cuidados, ninguno, si Dios no lo hubiera establecido. Podríamos citar muchos más ejemplos para demostrar que la responsabilidad humana se basa en la Soberanía Divina.

He aquí otro ejemplo del ejercicio de la absoluta soberanía de Dios: colocó a sus elegidos en un estado diferente al de Adán o Israel. Los puso en un estado incondicional. En un pacto eterno, Jesucristo fue hecho su cabeza, tomó sobre sí sus responsabilidades y actuó para ellos con justicia perfecta, irrevocable y eterna.

Cristo fue colocado en un estado condicional, ya que fue “hecho súbdito a la ley, para que redimiese a los que estaban debajo de la ley” (Gál. 4:4,5), sólo que con esta diferencia infinita: los hombres fracasaron, pero él no fracasó ni podía hacerlo. Y, ¿quién puso a Cristo en este estado condicional? El Dios Trino. Fue ordenado por la voluntad soberana, enviado por el amor soberano y su obra le fue asignada por la autoridad soberana.

El mediador tuvo que cumplir ciertas condiciones. Había de ser hecho en semejanza de carne de pecado; había de magnificar y honrar la ley; tenía que llevar todos los pecados del pueblo de Dios en su propio cuerpo sobre el madero; tenía que hacer expiación completa por ellos; tenía que sufrir la ira de Dios, morir y ser sepultado.

Por el cumplimiento de todas esas condiciones, le fue ofrecida una recompensa: (Isa. 53:10-12). Había de ser el primogénito de muchos hermanos; había de tener un pueblo que participaría de su gloria. Bendito sea su nombre para siempre porque cumplió todas esas condiciones; y porque las cumplió, el Padre está comprometido en juramento solemne a preservar para siempre y bendecir por toda la eternidad a cada uno de aquellos por los cuales hizo mediación su Hijo Encarnado. Porque El tomó su lugar, ellos ahora participan del Suyo. Su justicia es la Suya, su posición delante de Dios es la Suya, y su vida es la Suya. No hay ni una sola condición que ellos tengan que cumplir, ni una sola responsabilidad con la que tengan que cargar para alcanzar la gloria eterna. “Porque con una sola ofrenda hizo Perfectos para siempre a los santificados” (Heb. 10:14).

He aquí pues que la soberanía de Dios expuesta claramente ante todos en las distintas formas en que él se ha relacionado con sus criaturas. Algunos de los ángeles, Adán e Israel fueron colocados en una posición condicional en la que la bendición dependía de su obediencia y fidelidad de Dios. Pero, en marcado contraste con estos, a la “manada pequeña” (Luc. 12:32) le ha sido dada una posición incondicional e inmutable en el pacto de Dios, en sus consejos y en su Hijo; su bendición depende de lo que Cristo Hizo Por ellos. “El fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: conoce el Señor a los que son suyos” (2Tim. 2:19).

El fundamento sobre el cual descansan los elegidos de Dios es perfecto: nada puede serle añadido, ni nada puede serle quitado (Ecl. 3:14). He aquí, pues, el más alto y grande exponente de la absoluta soberanía de Dios. En verdad, El “del que quiere tiene misericordia; y al que quiere endurece” (Rom 9:18).

La Supremacía de Dios

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LA SUPREMACÍA DE DIOS

A.W. Pink

“Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21)

En una de sus cartas a Erasmo, Lutero decía: “Vuestro concepto de Dios es demasiado humano”. El renombrado erudito probablemente se ofendió por tal reproche que procedía del hijo de un minero; sin embargo, lo tenía perfectamente merecido.

Nosotros, también, aunque no tengamos lugar entre los líderes religiosos de esta era degenerada, presentamos la misma denuncia contra la mayoría de los predicadores de nuestros días y contra quienes, en lugar de escudriñar las Escrituras por sí mismos, aceptan perezosamente las enseñanzas de sus denominaciones.

En la actualidad, y casi en todas partes, se sostienen los más deshonrosos y degradantes conceptos acerca de la autoridad y el Reino del Todopoderoso. Para incontables millares, incluso entre los que profesan ser cristianos, el Dios de las Escrituras es completamente desconocido.

En la antigüedad, Dios se quejó a un Israel apóstata: “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21). Tal ha de ser ahora su acusación contra una cristiandad apóstata. Los hombres imaginan que al Altísimo le mueven, no los principios, sino los sentimientos. Suponen que su Omnipotencia es una invención vacía y que Satanás puede desbaratar Sus designios a su antojo. Creen que si en realidad El se ha forjado un plan o propósito, ha de ser como los suyos, constantemente sujetos a cambios. Declaran abiertamente que sea el que fuere el poder que posee, ha de ser restringido, no sea que invada el territorio del “libre albedrío” del hombre y lo reduzca a una “maquina”.

Rebajan la eficaz expiación, la cual redimió a todos aquellos por los cuales fue hecha, hasta hacer de ella una simple “medicina” que las almas enfermas por el pecado pueden usar si se sienten dispuestas a ello; y desvirtúan la obra invencible del Espíritu Santo, convirtiéndola en una “oferta” del Evangelio que los pecadores pueden aceptar o rechazar a su agrado.

El “dios” del presente siglo veinte no se parece más al Soberano Supremo de la Sagrada Escritura de lo que la confusa y vacilante llama de una vela se parece a la gloria del sol de mediodía. El “dios” del cual suele hablarse desde el púlpito, el que se menciona en gran parte de la literatura religiosa actual, el que se predica en la mayoría de las llamadas conferencias Bíblicas, es una invención de la imaginación humana, una ficción del sentimentalismo sensiblero.

Los idólatras que se encuentran fuera de la cristiandad se hacen “dioses” de madera o de piedra, mientras que los millones de idólatras que se hallan dentro de la cristiandad se elaboran “dioses” producto de sus propias mentes. En realidad, no son otra cosa que ateos, ya que no hay otra alternativa posible sino creer en un Dios absolutamente supremo o no creer en Dios. Un “dios” cuya voluntad puede ser resistida, cuyos designios pueden ser frustrados, y cuyos propósitos pueden ser derrotados, no posee derecho alguno a la deidad, y lejos de ser objeto digno de adoración, merece solamente desprecio.

La distancia infinita que existe entre las más poderosas criaturas y el Creador Todopoderoso es prueba de la supremacía del Dios viviente y verdadero. El es el Alfarero, ellas no son más que barro en sus manos, que pueden ser transformadas en vasos de honra, o desmenuzadas (Sal. 2:9) a su gusto.

Como alguien decía, si todos los ciudadanos del cielo y todos los habitantes de la tierra se unieran en rebelión contra El, no le ocasionarían inquietud alguna, y ello tendría menos efecto sobre su trono eterno e invencible del que tiene sobre la elevada roca de Gibraltar la espuma de las olas del Mediterráneo. Tan pueril e impotente para afectar al Altísimo es la criatura, que la Escritura misma nos dice que cuando los príncipes gentiles se unan con Israel apóstata para desafiar a Jehová y su Cristo, “él que mora en los cielos se reirá” (Sal. 2:4)

La supremacía absoluta y universal de Dios está positivamente declarada en muchos lugares de la Escritura que no admite duda. “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza… Y Tú señorearás a todos” (1Crón. 19:11,12).

Nótese que dice “señorearás” ahora, no “señorearás en el Futuro”. “Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres Tú Dios en los cielos, y te enseñorearás en todos los reinos de las Gentes? ¿No está en tu mano toda fuerza y poder, que no hay quien (ni siquiera el diablo) te resista?” (2Crón. 20:6).

Pero él es Único; ¿quién le hará desistir? Lo que su alma desea, El lo hace”. El Dios de la Escritura no es un monarca falso, ni un simple soberano imaginario, sino Rey de reyes y Señor de señores. “Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:2), o como alguien ha traducido, “ningún propósito tuyo puede ser frustrado”. El hace todo lo que ha designado. Cumple todo lo que ha decretado. “Nuestro Dios está en los cielos: Todo lo que quiso ha hecho” (Sal. 115:3); y, ¿por qué? Porque “no hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo contra Jehová” (Prov. 21:30).

La supremacía de Dios sobre las obras de sus manos está descrita de manera vívida en la Escritura. La materia inanimada y las criaturas irracionales cumplen los mandatos de su Creador. A su mandato el mar Rojo se dividió, y sus aguas se levantaron como muros (Exo. 14); la tierra abrió su boca y los rebeldes descendieron vivos al abismo (Núm. 16). Cuando El lo ordenó, el sol se detuvo (Jos. 10); y en otra ocasión volvió diez grados atrás en el reloj de Acaz (Isa. 38:8).

Para manifestar su supremacía, hizo que los cuervos llevaran comida a Elías (1Rey. 17), que el hierro nadara sobre el agua (2Rey. 6), cerró la boca de los leones cuando Daniel fue arrojado al foso, e hizo que el fuego no quemara cuando los tres jóvenes hebreos fueron echados a las llamas. Así que, “todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Sal. 135:6).

` La Supremacía de Dios se demuestra también en su gobierno perfecto sobre la voluntad de los hombres. Estudiemos cuidadosamente Éxodo 34:24. Tres veces al año, todos los varones de Israel debían dejar sus hogares e ir a Jerusalén, vivían rodeados de pueblos hostiles que les odiaban por haberse apropiado de sus tierras. Siendo así, ¿qué impedía que los cananitas, aprovechando la ausencia de los hombres, mataran a las mujeres y los niños, y tomaran opresión de sus posesiones?

Si la mano del todopoderoso no estuviera incluso sobre la voluntad de los impíos, ¿cómo podía prometer que nadie ni siquiera “desearía” sus tierras? “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová: a todo lo que quiere lo inclina” (Prov. 21:1). Habrá sin embargo quien ponga en duda una y otra vez esto, leemos en la Escritura, cómo aquellos hombres desafiaron a Dios, resistieron su voluntad, quebrantaron sus mandamientos, desestimaron sus amonestaciones, e hicieron oídos sordos a sus exhortaciones.

Sí, es cierto; pero, ¿anula esto lo que hemos dicho anteriormente? Si es así, entonces la Biblia se contradice manifiestamente a sí misma. Pero esto no puede ser. El que hace esta objeción se refiere únicamente a la impiedad del hombre contra la palabra externa de Dios, mientras que lo que hemos mencionado es lo que Dios se ha propuesto en sí mismo. La norma de conducta que El nos ha dado no es cumplida perfectamente por ninguno de nosotros; sin embargo, sus propios “consejos” eternos son cumplidos hasta el más minucioso de los detalles.

La Supremacía absoluta y universal de Dios se afirma con igual claridad y certeza en el Nuevo Testamento. Ahí se nos dice que Dios “hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Efe. 1:11), “hace” en griego, significa “hacer efectivo”. Por esta razón, leemos: “Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amen”. (Rom. 11:36). Los hombres pueden jactarse de ser agentes libres, con voluntad propia, y de que son libres de hacer lo que les plazca, pero a aquellos que, jactándose, dicen: “Iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y compraremos mercadería y ganaremos…”, la Escritura advierte: “En lugar de los cual deberías decir: Si el Señor quisiere” (Stgo. 4:13,15).

He aquí, pues, lugar de descanso para el corazón. Nuestras vidas no son el producto de un destino ciego, ni el resultado de la suerte caprichosa, sino que cada detalle de las mismas fue ordenado por el Dios viviente y soberano. Ni un solo cabello de nuestras cabezas puede ser tocado sin su permiso. “El corazón del hombre piensa su camino: mas Jehová endereza sus pasos” (Prov. 16:9). ¡Qué certeza, poder y consuelo debería de proporcionar esto al verdadero cristiano! “En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:15). Así, permítanme decir: “Calla delante de Jehová, y espera en él” (Sal. 37:7).

La Presciencia de Dios

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LA PRESCIENCIA DE DIOS

Arthur W. Pink

“Pedro, apóstol de Jesucristo; a los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos conforme al previo conocimiento de Dios Padre por la santificación del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Gracia y paz os sean multiplicadas”. (1Ped. 1,2).

Muchas controversias ha engendrado este tema en el pasado. Pero, ¿qué verdad hay en la Santa Escritura que no haya sido tomada como ocasión de batallas teológicas y eclesiásticas?

La Deidad de Cristo, su nacimiento virginal, su muerte expiatoria, su segunda venida; la justificación del creyente por la fe, su santificación, su seguridad; la iglesia, su organización, oficiales y disciplina; el bautismo, la cena del Señor, y muchísimas otras verdades preciosas que podríamos mencionar.

Con todo, las controversias sostenidas en torno a estas no cerraron la boca de los siervos fieles a Dios. Hay dos cosas, acerca de la presciencia de Dios, que muchos ignoran: el significado del término, y su alcance bíblico. Debido a que esta ignorancia está tan extendida, le resultará fácil a un predicador o maestro el defraudar con perversiones de este tema aun al pueblo de Dios.

Sólo hay una salvaguardia contra el error; estar confirmados en la fe; y para ello ha de haber estudio diligente y oración, y una recepción humilde de la asimilación de la Palabra de Dios, ya que algunos falsos maestros de la Biblia pervierten su presciencia con el fin de desechar su absoluta elección para vida eterna Sólo entonces seremos fortalecidos contra los ataques de aquellos que nos asaltan.

Cuando se expone el tema bendito y solemne de la predestinación, y el de la eterna elección por parte de Dios de ciertas personas para ser hechas conformes a la imagen de su Hijo, el enemigo envía algún hombre a contradecir que la elección se basa en la presciencia de Dios y esta “presciencia” se interpreta significando que previo que algunos serían más dóciles que otros, que responderían más prontamente a los esfuerzos del Espíritu, y que, debido a que Dios sabía que creerían, El, en consecuencia, los predestinó para salvación.

Pero tal declaración es radicalmente errónea. Repudia la verdad de la depravación total, ya que argumenta que hay algo bueno en algunos hombres. Quita a Dios su independencia, ya que hace que sus decretos descansen en lo que El descubre en la criatura. Trastorna las cosas completamente, ya que decir que Dios previo que ciertos pecadores creerían en Cristo, y que, en consecuencia, El los predestinó para salvación, es lo contrario a la verdad.

La Escritura afirma que Dios, en su absoluta soberanía, separó a algunos para que fueran recipientes de sus favores distintivos “Al oír esto, los gentiles se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron cuantos estaban designados para la vida eterna”. (Hech. 13:48), y, por tanto, determinó otorgarles el don de la fe.

La falsa teología hace del conocimiento previo que Dios tiene de nuestra fe la causa de su elección para salvación; mientras que la elección de Dios es la causa, y nuestra fe en Cristo es el efecto. Antes de seguir debatiendo este tema, hagamos una pausa y definamos los términos. ¿Qué quiere decir la palabra “presciencia”? “Conocer de antemano”, es la pronta respuesta de muchos. Pero no debemos juzgar precipitadamente, ni tampoco aceptar como definitiva la definición del diccionario, ya que esto no es un asunto de etimología del término empleado.

El uso que el Espíritu Santo hace de una expresión define siempre su significado y alcance. Lo que causa tanta confusión y error es el dejar de aplicar esta regla tan sencilla. Hay muchas personas que piensan conocer el significado de una palabra determinada usada en la escritura, pero que son reacias a poner a prueba sus suposiciones por medio de una concordancia. Ampliemos este punto.

Tomemos la palabra “carne”. Su significado parece ser tan obvio que muchos considerarán que el examinar sus varias conexiones en la Escritura es una pérdida de tiempo. Se supone precipitadamente que la palabra es un sinónimo del cuerpo físico, y no se procura indagar más. Pero, en realidad, la “carne” en la Escritura frecuentemente incluye mucho más de lo que es corporal. Sólo por medio de la comparación atenta de cada caso, y el estudio de cada contexto por separado, puede descubrirse todo lo que el término abarca.

Tomemos la palabra “mundo”. El lector de la Biblia imagina frecuentemente que esta palabra equivale a la raza humana, y, en consecuencias interpreta equivocadamente los pasajes en los que la misma aparece. Tomen la palabra “inmortalidad”. ¡Sin duda alguna, ésta no requiere estudio! Es obvio que hace referencia a la indestructibilidad del alma.

Cuando se trata de la Palabra de Dios, el dar por sentado algo sin comprobarlo es locura y error. Si ustedes se toman la molestia de examinar cuidadosamente cada pasaje en el que se encuentran las palabras “mortal” e “inmortal”, se dará cuenta que estas nunca se aplican al alma, sino al cuerpo.

Todo lo dicho acerca de “carne”, “mundo”, o “inmortalidad”, es aplicable con igual fuerza a los términos “conocer” y “preconocer” (conocer desde antes). Lejos de bastar con la simple suposición de que estas palabras no significan otra cosa que simple conocimiento, veremos que los diferentes pasajes en los que se encuentran requieren ser considerados cuidadosamente.

La palabra “preconocimiento” (traducida en la versión española por “conocer de antes») no se encuentra en el A.T., pero si que se da frecuentemente el término “conocer”. Cuando éste es usado en relación con Dios significa a menudo mirar con favor, comunicando, no un simple conocimiento, sino un afecto por el objeto mirado. “Te he conocido por tu nombre” (Exo. 33:17). “Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco” (Deut. 9:24). “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Amós 3:2). En estos pasajes “conocer” significa amar o bien designar.

Asimismo en el N.T., se usa frecuentemente la palabra “conocer” en el mismo sentido que en el Antiguo. “Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!” (Mat. 7:23). “Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”. (Juan 10:14). “Pero si alguien ama a Dios, tal persona es conocida por él”. (1Cor. 8:3). “Conoce el Señor a los que son suyos” (2Tim. 2:19).

El término “Preconocer”, o “presciencia”, tal como se usa en el Nuevo testamento, es menos ambiguo que en su simple forma “conocer”. Si todos los pasajes en los que aparece son estudiados cuidadosamente, se descubrirá que es muy discutible que el término haga referencia a una simple percepción de eventos que han de tener lugar. En realidad, este término nunca es usado en la Escritura en relación con sucesos o acciones, sino que, por el contrario, siempre se refiere a personas. Dios “conoció por anticipado” a las personas, no a sus acciones. Para demostrarlo, citaremos los pasajes en los que se encuentra esta expresión.

El primero es hechos 2:23, donde leemos de Jesús: “Entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendísteis y matásteis por manos de inicuos, crucificándole”. Si nos fijamos con atención en las palabras de este versículo, veremos que el apóstol no estaba hablando del conocimiento anticipado de Dios del acto de la crucifixión, sino de la Persona crucificada: “este, entregado por…”, etc.

El segundo es en Rom. 8:29,30. “Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a estos también llamó.” Fíjense bien en el pronombre que se usa aquí. No es lo que, sino los que antes conoció. Lo que se nos muestra no es la sumisión de la voluntad, ni la fe del corazón, sino las personas mismas. “No ha desechado Dios a su pueblo, el cual antes conoció” (Rom. 11:22). Una vez más, la referencia es claramente a personas solamente.

La última cita es 1Ped. 1:2: “Elegidos según la presciencia de Dios Padre” ¿Quienes son ellos? El versículo anterior nos lo dice: la referencia es a los “extranjeros esparcidos”, es decir, la Diáspora, los judíos creyentes de la dispersión. Aquí, también, la referencia es a personas, no a sus hechos previstos. En vista de estos pasajes ¿qué base bíblica hay para decir que Dios “Previo” los hechos de algunos, a saber, su “arrepentimiento y fe”, y que, a causa de los mismos, los eligió para salvación? Absolutamente ninguna.

La Escritura jamás habla del arrepentimiento y la fe como algo previsto o preconocido por Dios. Es verdad que Dios conocía desde toda la eternidad que algunos se arrepentirían y creerían, pero la Escritura no se refiere a esto como objeto de la “presciencia” de Dios. El término se refiere invariablemente a Dios preconociendo a personas; así pues, “retengamos la forma de las sanas palabras” (2Tim. 1:13).

Otra cosa sobre la que deseamos llamar particularmente la atención es que los dos primeros pasajes citados, muestran de manera clara, y enseñan implícitamente, que la presciencia de Dios no es cautiva, sino que, detrás de ella precediéndola, hay algo más: su propio decreto soberano. Cristo fue “entregado por el (1) determinado consejo y (2) anticipado conocimiento de Dios” (Hech. 2:23). Su “consejo” o decreto fue la base de su anticipado conocimiento.

Asimismo en Romanos 8:29. Este versículo empieza con la palabra “porque”, lo cual nos habla de lo que precede inmediatamente. ¿Qué es, entonces, lo que dice el versículo anterior? “Todas las cosas les ayudan a bien… a los que conforme al propósito son llamados” Así pues, “el anticipado conocimiento” de Dios se basa en su “propósito” o decreto (véase Salmo 2:7)

Dios conoce por anticipado lo que será, porque él ha decretado que sea. Afirmar, por lo tanto que Dios elige porque preconoce es invertir el orden de la Escritura, es como poner el carro delante del caballo. La verdad es que preconoce porque ha elegido. Esto elimina la base o causa de la elección como algo de la criatura, y la coloca en la soberana voluntad de Dios.

Dios se propuso elegir a ciertas personas, no porque hubiera algo bueno en ellas, ni porque previera algo bueno en las mismas, sino solamente, a causa de su pura buena voluntad. El por qué escogió a éstos no lo sabemos; lo único que podemos decir es: “Así, Padre, porque así te agradó”. La verdad clara de Romanos 8:29, es que Dios, antes de la fundación del mundo, separó a ciertos pecadores y los escogió para salvación (2Tes. 2:13).

Esto se ve claro en las últimas palabras del versículo: los “predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo”, etc. Dios no predestinó a aquellos que él preveía que “eran hechos conformes…”, sino que, por el contrario, predestinó a aquellos a los que “antes conoció” (es decir, amó y eligió) “para que fuesen hechos conformes…”. Su conformidad a Cristo no es la causa, sino el efecto de la presciencia y predestinación de Dios.

Dios no eligió a ningún pecador porque viera que creería, por la razón sencilla pero suficiente, de que ningún pecador cree jamás hasta que Dios le da fe; de la misma manera que ningún hombre puede ver antes de que Dios le de la vista. Ya que la vista es el don de Dios, y ver es la consecuencia del uso de su don.

Asimismo, la fe es el don de Dios “Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe” (Efe. 2:8), y creer es la consecuencia del uso de este don. Si fuera cierto que Dios eligió a algunos para ser salvos porque a su debido tiempo éstos creerían, eso convertiría el creer en un acto meritorio, y, en este caso, el pecador tendría razón de jactarse, lo cual la Escritura niega enfáticamente, (Efe. 2:9).

En verdad la Palabra de Dios es suficientemente clara al enseñar que creer no es un acto meritorio. Afirma que los cristianos son aquellos que “por la gracia han creído” (Hech. 18:27). Por lo tanto, si han creído “por gracia”, no hay absolutamente nada meritorio, el mérito no puede ser la base o causa que movió a Dios a escogerlos.

No, la elección de Dios no procede de nada que haya en nosotros, o de nada que proceda de nosotros, sino únicamente de su propia y soberana buena voluntad. Una vez más, en Romanos 11:5, leemos de “un remanente escogido por gracia”. Ahí está suficientemente claro; la misma elección es por gracia, y gracia es favor inmerecido, algo a lo que no tenemos derecho alguno.

Precisamente, se ve la importancia para nosotros, de tener ideas claras y bíblicas sobre la presciencia de Dios. Quien no solamente conoció el final desde el principio, sino que planeó, fijó y predestinó todo desde el principio. Ya que, si ustedes son cristianos verdaderos, lo son porque Dios los escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, (Efe. 1:4), y lo hizo, no porque previo que creería, sino porque, simplemente, así le agradó hacerlo; te escogió a pesar de tu incredulidad natural.

Siendo así, toda la gloria y la alabanza le pertenece solo a El. No tienes base alguna para atribuirte ningún mérito. Has creído “por la gracia”, y eso porque tu misma elección fue “de gracia” (Rom. 11:5).

La Omnisciencia de Dios

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LA OMNISCIENCIA DE DIOS

Arthur W. Pink

“No existe cosa creada que no sea manifiesta en su presencia. Más bien, todas están desnudas y expuestas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. (Heb. 4:13).

Dios es omnisciente, lo conoce todo: todo lo posible, todo lo real, todos los acontecimientos y todas las criaturas del pasado, presente y futuro. Conoce perfectamente todo detalle en la vida de todos los seres que están en el cielo, en la tierra y en el infierno (Dan. 2:22). “Conoce lo que hay en las tinieblas”.

Nada escapa a su atención, nada puede serle escondido, no hay nada que pueda olvidar. Bien podemos decir con el salmista: (Sal. 139:6). “Tal conocimiento me es maravilloso; tan alto que no lo puedo alcanzar” Su conocimiento es perfecto; nunca se equivoca, ni cambia, ni pasa por alto alguna cosa. ¡Sí, tal es Dios al que tenemos que dar cuenta!

Sal. 139:2-4; “Tú conoces cuando me siento y cuando me levanto; desde lejos entiendes mi pensamiento. Mi caminar y mi acostarme has considerado; todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y tú, oh Jehová, ya la sabes toda”. ¡Qué maravilloso ser es el Dios de la Escritura! Cada uno de sus gloriosos atributos debería de honrarle en nuestra estimación.

La comprensión de su omnisciencia debería de inclinarnos ante El en adoración. Con todo ¡Cuán poco meditamos en su perfección divina! ¿Es ello debido a que, aun el pensar en ella, nos llena de inquietud?

¡Cuán solemne es este hecho; nada puede ser escondido a Dios, (Eze. 11:5). “Diles yo he sabido los pensamientos que suben de vuestros espíritus” Aunque sea invisible para nosotros, nosotros no lo somos para él. Ni la oscuridad de la noche, ni la más espesa cortina, ni la más profunda prisión pueden esconder al pecador de los ojos de la Omnisciencia. Los árboles del huerto fueron incapaces de esconder a nuestros primeros padres.

Ningún ojo humano vio a Caín cuando asesinó a su hermano, pero su Creador fue testigo del crimen. Sara podía reír por su incredulidad oculta en su tienda, mas Jehová la oyó. Acán robó un lingote de oro que escondió cuidadosamente bajo la tierra pero Dios lo sacó a la luz (Jos. 7). David se tomó mucho trabajo en esconder su iniquidad, pero el Dios que todo lo ve no tardó en mandar uno de sus siervos a decirle: (2Sam. 12). “Tú eres aquel hombre”. Y a las tribus que quedaban al oriente del Jordán se les dice: (Núm. 32:23). “Pero si no lo hacéis así, he aquí que habréis pecado contra Jehová, y sabed que vuestro pecado os alcanzará”.

Si pudieran los hombres despojarían a la Deidad de su omnisciencia; ¡Qué prueba esta de que “la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Rom. 8:7). Los hombres impíos odian esta perfección divina que, al mismo tiempo, se ven obligados a admitir.

Desearían que no existiera el Testigo de sus pecados, el Escudriñador de sus corazones, el Juez de sus acciones. Intentan quitar de sus pensamientos a un Dios tal: (Os. 7:2).“Y no dicen en su corazón que tengo en la memoria toda su maldad” ¡Cuán solemne es el octavo versículo del Salmo 90! Todo aquel que rechaza a Cristo tiene buenas razones para temblar ante él: “Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.

Pero la omnisciencia de Dios es una verdad llena de consolación para el creyente. En la perplejidad, dice a Job: “Más él conoció mi camino” (Job 23:10). Esto puede ser profundamente misterioso para mí, completamente incomprensible para mis amigos pero, ¡él conoce nuestra condición; “se acuerda que somos polvo” (Sal. 103:14).

Cuando nos asalten la duda y la desconfianza acudamos a este mismo atributo, diciendo: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame por el camino eterno” Sal. 139:23,24.

En el tiempo de triste fracaso, cuando nuestros actos han desmentido a nuestro corazón, nuestras obras repudiado a nuestra devoción, y hemos oído la pregunta escrutadora que escuchó Pedro: “¿Me amas?», hemos dicho como Pedro: “Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo” (Juan 21:17). Ahí hallamos estímulo para orar. No hay razón para temer que las peticiones de los justos no sean oídas, ni que sus lágrimas y suspiros escapen a la atención de Dios, ya que él conoce los pensamientos e intenciones del corazón.

No hay peligro de que un santo sea pasado por alto en la multitud de aquellos que cada día y cada hora presentan sus peticiones, porque la Mente infinita es capaz de prestar la misma atención a millones, que a uno solo de los que buscan su atención. Asimismo la falta de un lenguaje apropiado y la incapacidad de dar expresión al más profundo de los anhelos del alma no comprometerá nuestras oraciones, porque “Y sucederá que antes que llamen, yo responderé; y mientras estén hablando, yo les escucharé”. (Isa. 65:24). “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; su entendimiento es infinito”. (Sal. 147:5).

Dios, no solamente conoce todo lo que sucedió en el pasado en cualquier parte de sus vastos dominios, y todo lo que ahora acontece en el universo entero, sino que, además, El sabe todos los hechos, desde el más insignificante hasta el más grande, que tendrán lugar en el porvenir. El conocimiento del futuro por parte de Dios es tan completo como completo es su conocimiento del pasado y el presente; y esto es así porque el futuro depende enteramente de él. Si algo pudiera en alguna manera ocurrir sin la directa agencia o el permiso de Dios, ello sería independiente de él, y Dios dejaría, por tanto, de ser Supremo.

El conocimiento Divino del futuro no es una simple idealización, sino algo inseparablemente relacionado con su propósito y acompañado del mismo. Dios mismo ha designado todo lo que ha de ser, y lo que él ha designado debe necesariamente efectuarse. Como su Palabra infalible afirma: “él hace según su voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien detenga su mano ni quien le diga: ¿Qué haces?” (Dan. 4:35), Y (Prov. 19:21): “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá”.

El cumplimiento de todo lo que Dios ha propuesto está absolutamente garantizado, ya que su sabiduría y poder son infinitos. Que los consejos Divinos dejen de ejecutarse es una imposibilidad tan grande como lo es que el Dios tres veces Santo mienta. En lo relativo al futuro, nada hay incierto en cuanto a la realización de los consejos de Dios. Ninguno de sus decretos, tanto los referentes a criaturas como a causas secundarias, es dejado a la casualidad. No hay ningún suceso futuro que sea solo una simple posibilidad, es decir, algo que pueda acontecer o no: “Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras” (Hech. 15:18). Todo lo que Dios ha decretado es inexorablemente cierto, “porque en él no hay mudanza ni sombra de variación” (Stg. 1:17). Por tanto, en el principio de aquel libro que nos descubre tanto del futuro, se nos habla de “cosas que deben suceder pronto” (Apoc. 1:1).

El perfecto conocimiento por Dios de todas las cosas es ejemplificado e ilustrado en todas las profecías registradas en su Palabra. En el A.T., se encuentran docenas de predicciones relativas a la historia de Israel que fueron cumplidas hasta en los más pequeños detalles siglos después de que fueran hechas. Ahí, también, se hayan docenas prediciendo la vida de Cristo en la tierra, y estas también fueron cumplidas literal y perfectamente. Tales profecías sólo podían ser dadas por Uno que conocía el final desde el principio, y cuyo conocimiento descansaba sobre la certeza absoluta de la realización de todo lo preanunciado.

De la misma manera, tanto el Antiguo como el N.T., contienen muchos anuncios todavía futuros, los cuales deben cumplirse porque fueron dados por Aquel que los decretó. Pero debe señalarse que ni la omnisciencia de Dios ni su conocimiento del futuro, considerados en si mismos, son la causa. Jamás, sucedió o sucederá, algo simplemente porque Dios lo sabía. La causa de todas las cosas es la voluntad de Dios.

El hombre que realmente cree las Escrituras sabe de antemano que las estaciones continuarán sucediéndose con segura regularidad hasta el final de la tierra: (Gén. 8:22), “Mientras exista la tierra, no cesarán la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.” pero su conocimiento no es la causa de esta sucesión.

Así, el conocimiento de Dios no proviene del hecho de que las cosas son o serán, sino de que él las ha ordenado de ese modo. Dios conocía y predijo la crucifixión de su Hijo mucho siglos antes de que se encarnara, y esto era así porque, en el propósito Divino, El era el Cordero inmolado desde la fundación del mundo, de ahí que leamos que fue “entregado por determinado consejo y providencia de Dios” (Hech. 2:23). El conocimiento infinito de Dios debería llenarnos de asombro.

¡Cuán ilimitadamente superior al más sabio de los hombres es el eterno! Ninguno de nosotros conoce lo que el día de mañana nos traerá; pero el futuro entero está abierto a su mirada omnisciente. El conocimiento infinito de Dios debería llenarnos de santo temor. Nada de lo que hacemos, decimos, o incluso pensamos, escapa a la percepción de Aquel a quien tenemos que dar cuenta: “Los ojos de Jehová están en todo lugar mirando a los malos y a los buenos” (Prov. 15:3) ¡Que freno significaría esto para nosotros si meditáramos más a menudo sobre ello!

En lugar de actuar indiferentemente, diríamos, con Agar: “Tú eres un Dios que me ve” (Gén. 16:13). La comprensión del infinito conocimiento de Dios debe llenar al cristiano de adoración y decir: Mi vida entera ha permanecido abierta a su mirada desde el principio.

El previo todas mis caídas, mis pecados, mis reincidencias; sin embargo, así y todo, fijó su corazón en mi. La comprensión de este hecho, ¡cómo debe postrarme en admiración y adoración delante de él!

La Estrategia de Satanás: El Engañador

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LA ESTRATEGIA DE SATANAS

El Engañador

 

Juan 8:44, Apocalipsis 12:9, 2ª Corintios 11:3; 2ª Juan 7; Genesis 3:1-7

 

1) El Objetivo de Satanás: Tu Mente

 

Cuando Satanás quiso conducir al primero hombre y a la primera mujer al pecado, comenzó atacando la mente de la  mujer. Esto queda claro en 2ª Corintios 11:3.

 

Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad Cristo.

 

¿Por qué le interesa a Satanás atacar tu mente? Porque la mente que tienes es la parte de la imagen de Dios mediante la cual El se comunica contigo, revelándote su voluntad. Es lamentable que algunos cristianos hayan restado importancia al papel de la mente, porque la Biblia destaca su importancia.

 

Leer: Colosenses 3:9-10;  Efesios 4:17-24; Romanos 12:2

 

Dios renueva nuestra vida mediante la renovación de nuestra mente, que a su vez se renueva mediante la verdad. Esa verdad es la Palabra de Dios. 

 

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17)

 

Si Satanás consigue que tú creas una mentira, podrá comenzar a trabajar en tu vida para conducirte al pecado. Es por eso por lo que ataca a la mente, y por eso debemos proteger nuestra mente de los ataques del maligno.

 

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo que justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:8)

 

Tus pensamientos afectan tus sentidos y tu voluntad.

El medico te dice «tu eres lo que comes», La Biblia dice. «Tu eres lo que piensas»

 

Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. (Proverbios 23:7)

 

Satanás buscará tu mente, porque tu mente afecta todo tu ser. Si Satanás captura tu mente, el podrá trabajar en tu vida.

 

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.  Isaías 26:3

 

 

 

2) El Arma de Satanás: Las Mentiras

 

Satanás se acercó a Eva como la serpiente, el sutil engañador.

 

… la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. (Apocalipsis 12:9)

 

Es importante notar los pasos que Satanás siguió para convencer a Eva de que creyera su mentira.

 

  1. Cuestionó la Palabra de Dios. «Así que Dios os ha dicho…» No negó que Dios les había hablado; se limitó a cuestionar si Dios había dicho realmente lo que Eva pensaba que había dicho. La sugerencia de Satanás era: «A lo mejor habéis malentendido lo que ha dicho Dios. Tienes derecho a volver a pensar en lo que dijo.» Vale la pena darse cuenta de que mediante esta sugerencia, Satanás está también poniendo en tela de juicio la bondad  de Dios. «Si Dios te amara de verdad, no te privaría de nada». Esta fue la misa técnica que intentó con el Señor cuando estaba en el desierto: «Si eres el Hijo amado de Dios, ¿cómo es que tienes tanta hambre?»

 

  1. Negó la Palabra de Dios. «¡No moriréis!» Hay un solo pequeño paso entre cuestionar la Palabra de Dios y negarla. Por supuesto, ni Adán ni Eva sabía por experiencia lo que era la muerte. Lo único a que podían aferrarse era la Palabra de Dios, pero eso era todo lo que necesitaban. Si Eva no hubiera escuchado a Satanás cuestionando la Palabra de Dios, jamás habría caído en la trampa, cuando éste dio el siguiente paso: negarla.

 

  1. Proporcionó una mentira sustituta. «¡Seréis como Dios!» Adán y Eva había sido creados a imagen de Dios, pero Satanás les tentó con un privilegio aún mayor: ¡ser iguales a Dios! Esta fue, por supuesto, la gran ambición de Satanás cuando aún era Lucifer, el siervo angélico de Dios.

 

Leer: Isaías 14:12-14

 

Satanás es un ser creado, una criatura, pero quería ser adorado y servido como el Creador. Fue esa actitud la que le llevó a rebelarse contra Dios e intentar establecer su propio reino. «Seréis como Dios» es la mentira gigantesca que ha controlado a la humanidad desde la caída del hombre.

 

«… ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrado y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.» Romanos 1:25

 

Satanás anhela adoración y servicio, ¡y Jesucristo no le iba a conceder una cosa ni la otra!

 

Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito esta: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás» (Mateo 4:8-10)

La mentira de Satanás: «seréis como Dios», motiva y controla buena parte de nuestra civilización actual. El hombre está intentando elevarse, aunque sea tirándose de los cordones de los zapatos. Intenta construir una utopía en este mundo trasladándola quizá al espacio exterior. Por medio de la educación la psiquiatría, las religiones de uno u otro tipo (la mayoría de las cuales ignoran a Jesucristo, el pecado y la salvación), por medio de un mejor entorno natural, el hombre desafía a Dios y así mismo. Está siguiéndole el juego a  Satanás.

 

¿Cómo respondió Eva a la sugerencia de Satanás? Lo hizo cometiendo tres errores que llevaron a pecar.

 

•1)      Se apartó de la Palabra de Dios. En el versículo 2, Eva omitió la expresión «de todo». Lo que Dios había dicho, en Génesis 2:16 fue: «De todo árbol del huerto podrás comer». Parece ser que Eva le iba atrayendo la sugerencia de Satanás, la que decía que Dios les estaba negando ciertas cosas. Cuando comenzamos a cuestionar u olvidar la gracia de Dios. Y su bondad, nos resultará mucho más sencillo desobedecer su voluntad.

 

•2)      Añadió algo ala Palabra de Dios. En el mandamiento original de Dios no encontramos la expresión «ni le tocaréis». Puede que sí las pronunciara, pero desde luego no están registradas en el texto. Eva no sólo redujo la gracia contenida en las palabras de Dios, omitiendo el «de todo», sino que convirtió el mandamiento en algo más insoportable añadiéndole el «ni le tocaréis». «Y sus mandamientos no son gravosos» (1ª Jn. 5:3). Satanás quiere convencernos de que so lo son, y que él tienen algo mejor que ofrecernos.

 

•3)      Cambió la Palabra de Dios. Dios no había dicho: «para que no muráis», Dijo: «porque el día que de él  comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:17). El castigo por la desobediencia, tal y como lo presentó el enemigo, no parecía tan severo; por consiguiente, Eva podía considerar la posibilidad de desobedecer a la voluntad de Dios, obedeciendo ala de Satanás.

 

Una vez que hemos tratado de este modo a la Palabra de Dios estamos abiertos de par en par para que el enemigo llevo a cabo su última jugarreta,. Se limitó permitir a que Eva pensara en aquel árbol aparte de la Palabra de Dios. «¡Échale un buen vistazo! ¡Aprécialo como es realmente!» Era «bueno para comer…codiciable para alcanzar la sabiduría» (Gn. 3:6). Eva tenía que tomar una decisión: ¿la Palabra de Dios o la palabra de Satanás? Rechazó la Palabra divina, creyó a Satanás y pecó. Usted y yo hemos estado padeciendo toda la vida las consecuencias de ese pecado, igual que el resto de la raza humana.

 

Dios cumple sus propósitos para este mundo por medio de la verdad, y Satanás los suyos por medio de las mentiras.

 

Cuando el hijo de Dios cree la verdad divina, el Espíritu de Dios puede obrar con poder; porque el Espíritu Santo es «el Espíritu de verdad» (Jn. 16:13). Pero cuando una persona se cree una mentira, Satanás comienza a trabajar en esa vida, «porque es mentiroso y padre de mentira» (Jn. 8:44). La fe en la verdad divina conduce a la victoria, la fe puesta en las mentiras de Satanás nos lleva a la derrota.

Sin embargo Satanás nunca dirá a nadie: «¡Esto es mentira!» El es la serpiente,  el engañador, y siempre disfraza sus mentiras como si fueran verdades de Dios.

 

Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. (2ª Cor, 11:13-14)

 

Satanás no se acercó a Eva manifestando su verdadera naturaleza, sino que s disfrazó usando a la serpiente. Satanás es un falsificador, un imitador

También existen:

 

  • * Cristianos falsificadores.

 

«en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos» (2ª Corintios 11:26)

 

«El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.» (Mateo 11:38)

 

«Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.» (Juan 8:44)

 

  • * Imitaciones del evangelio

 

«Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.» (Galatas 1:8)

 

  • * Falsos ministros del evangelio

 

Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. (2ª Corintios 11:14-15)

 

  • * Imitación de la justicia (Romanos 10:3)

 

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios (Romanos 10:3)

 

  • * Iglesia falsa «Iglesia de Satanás»

 

Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. (Apocalipsis 2:9)

 

  • * Doctrinas falsificadas (1ª Timoteo 4:1)

 

«Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,» (2ª Timoteo 4:1)

 

Todo esto acabará, por supuesto, cuando entre en escena un imitador de Cristo, el anticristo, que acaparará para Satanás la adoración y servicio de todo el mundo.

 

Y entonces se manifestará aquel inicuo… cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentiroso, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden. (2ª Tesalonicenses 2:8-10)

 

Y la adoraron a la bestia, el anticristo todos los moradores de la tierra. Apocalipsis 13:8

El objetivo de Satanás es su mente, y su arma son las mentiras ¿Cuál es su propósito?

 

3. El Propósito de Satanás: que tú ignores la voluntad de Dios.

 

 

Satanás ataca la Palabra de Dios porque ésta manifiesta la voluntad divina.

 

Lámpara es mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Salmo 119:105)

 

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. (Salmo 40:8)

 

Alejados de la Palabra de Dios, no podemos comprender bien su voluntad. Y la voluntad divina es la expresión de su amor hacia nosotros.

 

El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de sus corazón por todas las generaciones. (Salmo 33:11)

 

La voluntad de Dios nace de sui propio corazón. No se trata de algo impersonal, sino de algo que para el Señor es muy personal. El tiene una comprensión personal de cada uno de sus hijos e hijas, de su naturaleza, sus nombres, sus actos, en función de la cual obra sus planes en ellos.

 

  • * Dios desea que conozcamos su voluntad. (Hechos 22:14)
  • * Dios desea que comprendamos su voluntad. (Efesios 5:17)
  • * Dios quiere que esa comprensión de su voluntad nos llene y nos dirija, (Colosenses 1:9)

 

El resultado de todo esto es que los creyentes viven de corazón haciendo la voluntad de Dios (Efesios 6:6)

La voluntad de Dios no es una obligación, sino una delicia. El cristiano se goza en descubrir la voluntad de Dios, obedeciéndola luego de todo corazón., la voluntad de Dios es lo que nutre.

 

Mi comida es  que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. (Juan 4:34)

 

Tú y yo debemos  orar (como hizo Epafras) para que estemos:

 

Firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere (Colosenses 4:12)

 

Si Satanás consigue que tú no conozcas la voluntad de Dios, te arrebatará todas las gloriosas bendiciones que Dios ha preparado para tu vida. Tomarás decisiones equivocadas, te verás inmerso en actividades pecaminosas, y llevarás un tipo de vida erróneo. Y, por triste que sea decirlo, ¡influirás a otros para que también practiquen lo malo!

 

Los cristianos ignorantes de la voluntad de Dios se perderán de disfrutar la paz y el poder de Dios. No crecerán a su máxima potencialidad, ni podrán conseguir lo que Dios ha planeado para ellos. En lugar de viajar en primera clase, acabarán en segunda o en tercera, quejándose durante todo el viaje. Viven como mendigos, porque se han aislado de la gran riqueza de Dios. Y ven pasar sus vidas (peor aún, ¡la malgastan!) en lugar de invertirlas.

 

Pero el que hace la voluntad de Dios permanecerá para siempre (1ª Juan 2:17)

 

 

4. Tu defensa: La Palabra inspirada de Dios

 

Solo la Palabra inspirada de Dios puede revelar y derrotar las mentiras del diablo. Nosotros no podemos razonar con Satanás, ni (como Eva descubrió) conversar con él sin que nos influya. La sabiduría del hombre no es rival  para la astucia de Satanás. Nuestra única defensa es la Palabra inspirada de Dios.

 

Fue esta arma la que empleó nuestro Señor cuando fue tentado por Satanás en el desierto.

 

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.(A)  2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.  3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.   4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.(B) 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,  6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:  A sus ángeles mandará acerca de ti,(C) y,  En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.(D)  7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.(E)  8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.(F)  11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían. (Mateo 4:1-11)

 

Nuestro Señor no utilizó su divino poder para derrotar a Satanás. Usó la misma arma que nosotros tenemos disponible hoy en día: La Palabra de Dios.

Si tú y yo pretendemos derrotar las mentiras de Satanás, debemos depender de la Palabra divina, este hecho nos hace asumir ciertas responsabilidades.

 

  • 1) Debemos conocer la Palabra de Dios. No existe ningún motivo por el que el creyente deba ignorar el contenido de su Biblia. Hoy día la Palabra de Dios esta disponible para todos. Tenemos al Espíritu Santo que nos enseña las verdades de la Palabra (Juan 16:13-15) Esto significa que debemos dedicar tiempo para estudiar, leer y profundizar en la Biblia. Nadie podría dominar al cien por ciento la Palabra de Dios a pesar de dedicarle toda una vida de estudio, pero deberíamos a prender todo lo que podamos. Debemos buscar voluntariamente tiempo para ello. Del mismo modo que un mecánico estudia los manuales, o el cirujano sus textos de medicina, el cristiano debe estudiar la Palabra de Dios. El estudio bíblico no es un lujo, sino una necesidad.

      Disponemos de una cantidad enorme de recursos para estudiar la Biblia:

  • * La Iglesia local, (pastores y maestros)
  • * Comentarios Bíblicos y libros de estudio de la Biblia
  • * Expositores de la Radio
  • * Seminarios
  • 2) Debemos memorizar la Palabra de Dios. Nuestro Señor cuando estuvo en el desierto, ¡no tenía a mano una concordancia! Pero recordó los libros de Moisés, seleccionó Deuteronomio y citó tres versículos de ese libro para hacer callar a Satanás.

 

En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti. (Salmo 119:11)

 

La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán. (Salmo 37:31)

 

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. (Salmo 40:8)

 

Si no tienes un programa sistemático para memorizar la Biblia, ¡comienza a hacerlo ya!

 

  • 3) Debemos meditar en la Palabra de Dios. La meditación es para el hombre interior lo que la digestión para el exterior. Si tú no fueras capaz de digerir tus alimentos, enfermarías y morirías.

 

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. (Josué 1:8)

 

Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. (Salmo 1:2)

 

¿Realmente te deleitas en la Palabra de Dios, o la lees solo por obligación? ¿Pasas tiempo leyéndola? Reflexiona en los siguientes versículos:

 

¿Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Mas que la miel en a mi boca (Salmo 119:103)

 

Me anticipé al alba, y clamé, esperé en tu palabra. Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en  tus mandatos. (Salmo 119:114)

 

Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata (Salmo 119:72)

 

Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. (Salmo 119:127)

 

¡Aquí tenemos a un santo que prefería tener la Palabra de Dios antes que comida, sueño o dinero! Temprano por la mañana, y por la noche, meditaba en la Palabra y enriquecía su alma. Este tipo de cristiano es el que es capaz de usar la Palabra de Dios para derrotar a Satanás y a sus mentiras.

 

  • 4) Debemos usar la Palabra de Dios. La mente del creyente debería ser como una «computadora espiritual». Debería estar tan saturada de las Escrituras que, cada vez que se enfrentara a una tentación, recordara automáticamente la porción de la Biblia que trata sobre este tema. El ministerio del Espíritu Santo es traer a nuestra mente la Palabra cuando lo necesitamos.

 

Mas el Consolador, El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:26)

 

¡PERO EL ESPIRITU SANTO NO NOS PUEDE RECORDAR ALGO QUE NO HEMOS APRENDIDO!

 

Debemos permitirle que, antes que nada, nos enseñe la Palabra. Debemos memorizar la Escrituras que El nos abra. Entonces el Espíritu divino podrá recordarnos lo que hemos aprendido., usando esas verdades para derrotar a Satanás. Por favor, recuerda que  ¡Satanás conoce la Biblia mejor que nosotros! ¡Y que es capaz de citarla!

            El Espíritu de Dios te ayudará a utilizar la Palabra en la lucha contra el diablo. El Espíritu te mostrará cuando Satanás esta «usando» la Biblia para promocionar sus propias mentiras, como hizo con Jesús en el desierto. Satanás citó el Salmo 91:11,12, pero adaptándolo a su propias intenciones, omitiendo el «en todos tus caminos». Dios promete protegernos cuando estemos en sus caminos. Si nosotros, por pura tontería, nos apartamos de ellos, Dios no esta obligado a cuidar de nosotros. Esto explica porqué Jesús respondió: «También esta escrito…» (Mat. 4:7)

Jesús comparaba un pasaje de las Escrituras con otro. Tomaba en consideración el mensaje global de la Biblia, y no se ceñía (como hacia Satanás) a un `pasaje determinado. A Satanás le encanta sacar versículos fuera de su contexto y usarlos para «corroborar» sus falsas pretensiones. Usted y yo debemos tener una visión global de las Escrituras, si queremos detectar las mentiras de Satanás y superarlas.

 

También es importante que contemplemos el mundo que nos rodea usando «los ojos» de la Biblia. Debemos poder decir:

 

Porque por fe andamos, no por vista (2ª Cor. 5:7)

 

Es posible que la propuesta de un negocio «parezca buena» a la mente natural, pero si no se basa en las verdades de la Palabra de Dios, fracasará.

El matrimonio «puede estar bien» desde el punto de vista humano, pero si contradice a la Palabra de Dios, es incorrecto.

 

Haz un inventario:

 

  • 1) ¿Dedico un tiempo cada día a leer la Palabra de Dios y meditar en ella?
  • 2) ¿Intento memorizar las Escrituras de una forma sistemática?
  • 3) ¿Pienso automáticamente en algún pasaje bíblico cuando me siento tentado o cuando debo tomar alguna decisión, o cuando debo telefonear a mis amigos cristianos par a obtener una guía celestial?
  • 4) ¿Creo que soy más capaz que antes de detectar las mentiras de Satanás?
  • 5) Ahora que soy creyente ¿sigue habiendo mentira en mi mente?
  • 6) ¿Conozco la voluntad de Dios para mi vida? ¿de verdad deseo conocerla?
  • 7) ¿Me deleito en la ley de Dios y la practico de corazón?
  • 8) ¿Soy culpable de mentir? ¿Por qué lo hago?
  • 9) ¿Estoy dispuesto a aceptar como verdad todo lo que dice la Palabra de Dios sobre mi vida? ¿O pregunto de vez en cuando «¿De verdad ha dicho Dios eso?» ¿Discuto su Palabra?
  • 10) La Palabra de Dios, ¿me resulta cada día más maravillosa? ¿La disfruto más que los placeres naturales de la vida, incluyendo la comida y el sueño?

 

 Adaptado de La Estrategia de Satanás de Warren W. Wiersbe

 

 

La Vida Guiada por un Propósito

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La Vida Guiada por un Propósito
(Una Vida con Propósito – Título del libro original)

Artículo escrito por:

Paul Alexander, Ministerios 9Marks. http://www.9marks.org

 

I. Introducción 

Los libros sobre cómo vivir la vida cristiana están a diez centavos la docena. Los tramos de librerías cristianas se doblan por el peso de miríadas de títulos prometiendo liberación de la esclavitud, secretos para vivir libre de deudas, llaves para amar a otras personas y todo un conglomerado de otros asuntos prácticos. Pero el que ha penetrado más profundamente en la actualidad es la reciente publicación de Rick Warren ‘Una Vida con Propósito’. Aún más que su predecesor «Una Iglesia con Propósito». El libro sobre La Vida se ha vuelto un fenómeno popular lleno de plumas, casi hasta el punto de volverse un movimiento en sí mismo. Así como el de la Iglesia vendió más de un millón de copias en menos de diez años, el de la vida ha reportado ventas de 11 millones de copias en menos de dos años- ¡eso es 15,068 copias todos los días por dos años! Los pastores le dan el visto bueno desde el púlpito, citándolo ampliamente y exhortando a los grupos de estudio bíblico que lo lean juntos. Pero el de La Vida ha trascendido la comunidad evangélica, elevándose a ambas listas de los bestsellers tanto del New York Times como de Wall Street Journal, y siendo presentado en las mesas de distribución de Barnes & Nobles e incluso en los pasillos de Wal-Mart. Si hay algún libro cristiano que ha sido espectacularmente popular entre ambos círculos, el evangélico y la cultura en general, es éste. 

 

II. Sumario del libro

 

‘Una vida con propósito’ está diseñado como un diario espiritual de 40 días- un capítulo por día- con la meta de contestar la pregunta «¿Para qué rayos estoy aquí?» (Pág.15). La pregunta es lo suficientemente amplia como para ser dirigida tanto al creyente como al no creyente por igual, lo que podría explicar en parte la amplitud de su atracción. La primera sección de Warren sirve como un detonador para la pregunta. Su meta es preparar al lector para responder las dos preguntas que Dios le formulará en el último día: ¿Qué hiciste con Jesús, y qué hiciste con lo que Dios te dió (p34)? Ya que la vida se trata de darle la gloria a Dios (p53), la pregunta a ser contestada es «¿Cómo puedo darle la gloria a Dios?» (Pág. 55). La respuesta es adorándolo, amando otros creyentes, ser como Cristo, servir a otros con nuestros dones y hablarles de El a otros ( Pág. 55-57). El resto de las cinco secciones encarnan estas ideas respectivamente. El sumario más útil lo da el mismo Warren en la Pág. 306, extraído del gran mandamiento (Mat. 22:37-40) y la gran comisión (Mat. 28:18-20). 

1.      

 «Ama a Dios con todo tu corazón»- Tú fuiste planificado para el placer de Dios, así que tu propósito es amar a Dios a través de la adoración.

2.       «Ama a tu prójimo como a ti mismo»- Tú fuiste formado para servir, así que tu propósito es mostrar amor a otros a través del ministerio.

3.       «Ve y haz discípulos»- Tú fuiste hecho para una misión, así que tu propósito es compartir el mensaje de Dios a través del evangelismo.

4.       «Bautizándolos…»- Tú fuiste formado para la familia de Dios, así que tu propósito es identificarte con Su iglesia a través de la confraternidad.

5.       «Enseñándoles que guarden todas las cosas…»- Tú fuiste creado para ser como Cristo, así que tu propósito es crecer hasta madurar a través del discipulado (todos los énfasis son suyos). 

La adoración no se trata de lo que nos agrada, sino de lo que hace a Dios sonreír. Dios sonríe cuando le amamos, confiamos, obedecemos y alabamos, y cuando usamos nuestras habilidades para Su gloria ( Pág. 70-76). «El corazón de la adoración es la rendición… Ofrecerte a ti mismo a Dios, de eso es que se trata la adoración» (Pág. 78, citando Rom. 12:1-2). Ya que «Dios quiere ser tu mejor amigo», Warren da algunas sugerencias prácticas para desarrollar esa amistad a través de la oración, meditación, honestidad y obediencia ( Pág. 85-113). 

 

La confraternidad es simbolizada por el bautismo y diseñada para enseñarnos cómo amar ( Pág. 117-129). Como la vida de un cuerpo está contenida en las células, «todo cristiano necesita estar envuelto en un pequeño grupo dentro de su iglesia… Es aquí que la verdadera comunidad se lleva a cabo, no en las grandes reuniones» (p139). La verdadera confraternidad está caracterizada por autenticidad, mutualidad, simpatía y misericordia (p143). Pero cultivar este tipo de comunidad requiere honestidad, humildad, cortesía, confidencialidad y frecuencia (Pág. 145-151). También requiere una habilidad para restaurar las relaciones rotas y proteger la unidad de la iglesia (Pág. 152-167). 

 

El discipulado se trata de «tomar en serio los valores, actitudes y carácter de Dios» (Pág.172). Crecemos tomando buenas decisiones (Pág.174), permitiéndole a Dios que transforme nuestra forma de pensar a través de Su Espíritu y nuestro arrepentimiento (Pág.182), aguardando en la palabra de Dios (Pág.185-192) y perseverando a través de problemas y tentaciones (Pág.192-223).  

 

El ministerio es nuestro servicio a creyentes (ver p281). No es un extra opcional de la vida cristiana (Pág. 233), y en gran parte es lo que da sentido y significado a nuestras vidas (Pág. 228, 232). Empezamos a entender cómo Dios pretende que nosotros sirvamos cuando entendemos nuestra CONFIGURACION (forma, perfil): nuestros dones espirituales, corazón, habilidades, personalidad y experiencia (Pág. 236-256). Sin embargo, el servicio cristiano maduro entiende que Dios a menudo nos llama a ministerios secundarios basado en «donde sea que nos necesiten en el momento» más que en nuestra CONFIGURACION (Pág. 257-270). 

 

El evangelismo es nuestro servicio a los inconversos (p281). Llenar a plenitud el mandato evangelístico que Dios te ha dado requerirá abandonar tu agenda de vida por la de Dios (p286). Pero fracasar en hacerlo significará desperdiciar tu vida (p285). El evangelismo personal, entonces, debe ser acometido compartiendo el mensaje de tu vida, que incluye tu testimonio, las lecciones de tu vida, tus pasiones piadosas, y las buenas nuevas (Pág. 289-295); y debe ser acompañado por una preocupación global creciente por el inconverso, que es idealmente alcanzable participando de un corto viaje misionero. 

 

Balancear estos cinco propósitos es la clave para perseverar y tener éxito en la vida cristiana. «Bienaventurados son los balanceados; ellos durarán más que todo el mundo» (Pág. 305). Para alcanzar ese balance, necesitamos discutir estas ideas con otras, registrar las lecciones de nuestra vida a través de la disciplina de la escritura en diarios y escribir una declaración de un propósito específico en la vida que incluya cada uno de estos cinco propósitos bíblicos (Pág. 305-319). 

 

III. Datos adicionales de ayuda

 

Warren incluso da al lector cristiano cuidadoso, muchos argumentos para estar de acuerdo con él.  

 

Primero, él combate el egocentrismo y el individualismo errado, característico de los americanos hoy día. La primera oración de su primer capítulo es: «No es acerca de usted» (Pág. 17), es un respiro de aire fresco, especialmente en medio del humo de métodos evangelísticos y estrategias de mercadeo de la iglesia que vende el evangelio como baratija apelando a las masas. El señala correctamente más adelante que por naturaleza estamos absortos en nosotros y casi toda la propaganda nos anima a pensar en nosotros mismos (Pág. 299). Su prescripción de «dependencia momento-a-momento de Dios» nos exhorta a que nuestra mirada fija en el yo sea redirigida hacía Cristo. 

 

En segundo lugar, Warren se cuida de mantener la autoridad de la Escritura. El explica desde el mismo comienzo que el discernir nuestro propósito en la vida debe venir de una revelación y no de especulación (Pág.19-20). El día 24 de este diario espiritual, titulado «Transformado por la Verdad», expone la importancia de la absorción de la Biblia para avanzar en la santificación progresiva, clamando en términos no inciertos que «la verdad me transforma» (Pág.192).  

 

Tercero, Warren muestra un nivel alentador en centralizarlo todo en Dios diciendo al lector que «la última meta del universo es mostrar la gloria de Dios» (Pág. 53) 

 

Cuarto, Warren recuerda al lector que «la adoración no es para su beneficio» (Pág. 66) ¡Tantas divisiones en la iglesia local de hoy serían enmendadas si esta verdad fuera expuesta más ampliamente! Warren promulga una visión universal bíblica que dice que «cada actividad humana, excepto el pecado, puede ser hecho para el agrado de Dios si se hace con una actitud de alabanza» (Pág. 74). El también acierta cuando dice que «el error más común que los cristianos hacen en la adoración hoy es buscar una experiencia en vez de buscar a Dios. Ellos buscan un sentimiento, y si sucede, ellos concluyen que ellos han adorado. ¡Error! De hecho, Dios muchas veces remueve nuestros sentimientos para que no dependamos de ellos. Buscar un sentimiento, aún el sentimiento de cercanía a Cristo, no es adoración» (Pág. 10). ¡Amén! 

 

Quinto, Warren entiende correctamente la centralidad de la congregación local para el crecimiento del creyente individual cuando él afirma que «el amor no puede ser aprendido en el aislamiento» (Pág. 124). Y él entiende correctamente la prioridad de la iglesia local en el plan evangelístico de Dios cuando él dice que «La iglesia es la agenda de Dios para el mundo» (Pág. 132). Sexto, en una cultura donde el confort es el rey, Warren es de ayuda al recordarnos que «La última meta de Dios para su vida en la tierra no es el confort, sino el desarrollo del carácter» (Pág. 173). Y finalmente, Warren es grandioso en la naturaleza y necesidad de una actitud de siervo en los creyentes maduros (Pág. 257-264). El explota el mito de que el servicio sin egoísmo es una parte opcional de la madurez cristiana, y despierta el lector a entender que «cumplir con su misión evangelística requerirá que usted abandone su agenda y acepte la agenda de Dios para su vida… Usted doblega sus derechos, expectaciones, sueños, planes y ambiciones delante de El» (Pág. 286). 

 

IV. Dificultades 

 

Pero hay algunos puntos de vulnerabilidad, unos pocos que podrían probar ser peligrosos al lector o dañinos al argumento de Warren. 

 

A) Dificultades Interpretativas 

 

Para comenzar por el principio, necesitamos leer el último capítulo de Warren, donde él comenta sobre Hch. 13:36 como el versículo de motivación primario para el libro. Hch. 13:36-37 es parte del argumento evangelístico de Pablo para entender a Jesús como el Mesías, que él presentó en la sinagoga judía en Antioquía de Pisidia en su primer viaje misionero. Y dice así «David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió y fue puesto con sus padres y sufrió descomposición; pero Aquel a quien Dios levantó no sufrió descomposición.» Warren usa la primera parte del versículo 36 para señalar que él dedicó su vida a cumplir los propósitos de Dios sobre la tierra. ¡No hay mayor epitafio que esta declaración! Imagínelo esculpido en su tumba: Que usted sirvió al propósito de Dios en su generación. Mi oración es que las personas pueda decir esto de mí cuando yo muera. También es mi oración que las personas pueda decir lo mismo de usted. Por eso escribí este libro para usted. Esta frase es la definición última de una vida bien vivida. Usted hace lo eterno e infinito (el propósito de Dios) en una forma contemporánea (en su generación). De esto se trata una vida con propósito» (Pág. 318). 

 

Es cierto, David sirvió a los propósitos de Dios en su generación. Pero el punto del pasaje no es «David era bueno, así que sean como él.» El punto es la supremacía de Cristo sobre David como se muestra en Su resurrección, la cual probó que Jesús es el Mesías- el verdadero y eterno Rey de Israel. La aplicación, entonces, no es que nosotros debemos imitar a David, sino que debemos exaltar a Cristo. El versículo motivador se malinterpreta como un moralismo. 

 

B) Dificultades Evangelísticas

 

1. Ambiguedad de la audiencia.

 

La dificultad más significante tiene que ver con la ambigüedad de la audiencia de Warren y la manera en que él busca evangelizar al lector inconverso. Warren parece dirigir su libro a ambos, creyentes y no creyentes por igual. La pregunta «¿Para qué rayos estoy aquí?» es igualmente dirigida a cristianos y no cristianos; el hecho de que Warren intente dirigirse por lo menos a inconversos está claro partiendo de la oración para recibir a Cristo que él ofrece en Pág. 58-59. Sin embargo, Warren le dice al lector en la Pág. 44 que «la buena nueva es que Dios quiere que usted pase las pruebas de la vida, de manera que El nunca permite que las pruebas que usted enfrente sean más grandes que la gracia que El le da para manejarlas.» ¿A quién le habla Warren aquí- creyentes, no creyentes o ambos? Warren continúa: «Cada vez que usted pasa una prueba, Dios se da cuenta y hace planes para recompensarle en la eternidad.» Pero Dios no hace eso para los no creyentes, ¿o sí? U otra vez, «Si usted trata cada día como algo de mucho valor, Dios le promete tres recompensas en la eternidad» (Pág. 45). Pero esto simplemente no es cierto para aquéllos que no se han arrepentido ni han creído en el evangelio. El carruaje parece estar en frente del caballo. 

 

2. El evangelio no es claramente presentado

 

La presentación del evangelio en las Pags. 58-59 sirve de punto de apoyo para el libro, donde Warren termina su compendio sobre la pregunta del propósito de la vida en el capítulo siete y comienza exponiendo los cinco propósitos bíblicos de La Vida con Propósito en los capítulos que restan. Lo que queremos ver en este punto fundamental, entonces, es una articulación clara de ambos, tanto del evangelio como de la respuesta de salvación al mismo (arrepentimiento y fe) de manera que el no creyente continúe leyendo bajo la asunción moralísta de que ser un niño bueno llevando a cabo estos cinco propósitos, es lo que lo salvará del poder y penalidad de su pecado. Pero el arrepentimiento es tibiamente presentado en los siguientes términos: «Vivir el resto de su vida para la gloria de Dios requerirá un cambio de sus prioridades, su horario, sus relaciones, y todo lo demás. A veces significará escoger un sendero difícil en vez de uno fácil» (Pág. 57). Todo esto es cierto, por supuesto. Pero aquí no se menciona ni el pecado ni el arrepentimiento. Es cierto, Warren sí requiere el cambio. Pero el arrepentimiento bíblico es siempre apartarse específicamente del pecado, no sólo de prioridades amorales o relaciones de valores neutrales. El continúa diciéndole al inconverso que «La verdadera vida comienza por comprometerse completamente a Jesucristo. Si usted no está seguro de que lo ha hecho, todo lo que necesita hacer es recibir y creer {cita Juan 1:12}» (Pág. 58). Todavía no hay arrepentimiento. Warren puede intentar comunicar la necesidad de arrepentimiento del pecado hablando de un cambio en las prioridades y relaciones, pero el socava esa intención diciendo «TODO lo que necesita hacer es creer.» Eso no es todo- usted necesita arrepentirse también. 

 

Creer es presentado en los siguientes términos: «Crea que Dios le ha escogido para tener una relación con Jesús, quien murió en la cruz por usted. Crea que no importa lo que usted haya hecho, Dios quiere perdonarle» (Pág. 58). Sin embargo, no se hace ninguna conexión clara entre la muerte de Cristo y el perdón del lector. De hecho, no hay ni siquiera explicación alguna de por qué el no creyente necesitaría el perdón. Una vez dado, Warren dice claramente que «Jesús murió en la cruz por usted.» Pero un no creyente bíblicamente analfabeto ni siquiera sabe todavía que él merece morir por sus pecados. El todavía queda en el aire haciéndose las preguntas fundamentales del evangelio. «¿De qué necesito yo que me perdonen?» ¿Quién es Jesús? ¿Por qué Jesús tuvo que morir por mí en la cruz? ¿Realmente merezco la muerte por mis pecados? ¿Cómo pudo Jesús morir la muerte que yo merecía? ¿Por qué Dios acepta la muerte de Jesús como la mía? ¿Por qué no podía morir otra persona en vez de Jesús?» Sin responder esas preguntas, la frase «Jesús murió en la cruz por usted» queda abierta a ser interpretada por el lector post-moderno en cualquier forma que él escoja. El evangelio todavía no ha sido identificado bíblicamente. 

 

Recibir a Cristo es presentado de la siguiente manera: «Reciba a Jesús en su vida como su Señor y Salvador. Reciba Su perdón por sus pecados. Reciba Su Espíritu, quien le dará el poder de cumplir el propósito de su vida {citando Juan 3:36 MSG}» (Pág. 58). Aquí el pecado y el perdón son verbalmente mencionados, lo cual es magnífico, pero todavía no hay una explicación clara de quién es Jesús, ni por qué nuestro pecado sin arrepentimiento ofende a Dios e impide nuestra relación con El (i.e., por Su santidad), ni de la ira santa que nuestro pecado sin arrepentimiento saca de El, ni la muerte como consecuencia de esa ira, y de la penalidad por nuestro pecado, ni de la relación de la muerte de Cristo con el perdón de los pecados de otra persona para su reconciliación con Dios.  

 

Con el evangelio dejado al olvido y no arrepentimiento requerido, el resto del libro está construido en la precaria asunción de la conversión del lector. «Usted es un hijo de Dios y usted da gozo (placer) a Dios como ninguna otra cosa que El haya creado» (Pág. 63). 

 

A este punto alguien muy bien podría objetar: «¡Dale un chance al hermano, por favor! ¡El les dijo que Jesús murió por ellos! ¿Qué más tú quieres que haga, sentar al inconverso en una clase de seminario antes de que pueda convertirse?» Quizás nuestro amigo tan franco tiene algo de razón. Después de todo, nadie realmente entiende todas las implicaciones de tomar la decisión de seguir a Cristo al momento de arrepentirse y creer. Sin embargo, la persona y obra de Jesucristo son exactamente los objetos donde el inconverso debe poner su fe. La fe que salva no es ciega. No, de hecho, es una forma de fe que tiene sus ojos bien abiertos- abiertos por el Espíritu Santo a la santidad innegociable y a la indoblegable justicia de Dios; a la realidad y atrocidad de mi pecado a los ojos de Dios; a la ira justa y aterrorizante de Dios hacia mi pecado; a la necesidad de un eterno  otro que sufriera mi sentencia eterna de condenación, de modo que yo pudiera ser absuelto para siempre; y a mi necesidad de arrepentirme de mis pecados y confiar en la muerte de Cristo como la provisión de Dios para mi perdón y reconciliación con El. La presentación de Warren del evangelio simplemente no le da al inconverso suficiente para continuar. 

 

3. La seguridad de salvación es insinuada prematuramente.

 

Warren continúa: «Donde sea que usted esté leyendo esto, yo le invito a inclinar su cabeza y susurrar quietamente la oración que cambiará su eternidad. ‘Jesús, yo creo en Ti y yo Te recibo.’ Adelante. Si usted sinceramente dijo esa oración en serio, ¡felicidades! ¡Bienvenido a la familia de Dios! Usted está listo ahora para descubrir y comenzar a vivir el propósito de Dios para su vida» (Pág. 58-59). 

 

El resto del libro, entonces, asume que el lector inconverso elevó la oración y hecho esto ahora es un cristiano bona fide.  

 

Aún si el evangelio y su respuesta requerida han sido suficientemente explicados, al inconverso ahora se le dice que su seguridad interna de salvación y la afirmación de su conversión por otros dependen en la mera sinceridad de su oración. «Si usted sinceramente dijo esa oración en serio, ¡felicidades! ¡Bienvenido a la familia de Dios! Usted está listo ahora para descubrir y comenzar a vivir el propósito de Dios para su vida» (Pág. 58-59). Pero nunca se nos dice en la Escritura que si hacemos una oración una vez, debiéramos sentirnos seguros de nuestra salvación (esto no es lo que 1 Juan 1:9 enseña). Ni se nos dice jamás que una oración «cambiará nuestra eternidad.» Elevar una oración no debe ser la exhortación que demos a las personas para su seguridad de salvación. Conoceremos a otros y a nosotros mismos por nuestros frutos (Mat. 7:15-27; 1 Juan 2:3-6, Santiago 2:14-26; 2 Pedro 1:10-11). La conversión genuina sólo se discierne por el fruto que el verdadero arrepentimiento produce con el tiempo. 

 

4. Los propósitos degeneran en moralismos

 

Si todo esto es cierto, entonces el resto del libro es mero moralismo para el lector inconverso, aunque los propósitos son claramente bíblicos, porque la persona que oró la oración de Warren no está realmente convertida. El no ha escuchado una clara presentación del evangelio. El no ha escuchado cómo responder «salvíficamente» al evangelio por las gracias del arrepentimiento de pecado y confianza en Cristo. Sin embargo, está siendo invitado a que haga  de «el agradar a Dios, la meta de su vida» (Pág. 76), habiéndosenos dicho que «vivir con un propósito es la única manera de vivir» (Pág. 312). Warren le dice al inconverso cómo él debe vivir, pero no le dice claramente lo que debe hacer para ser salvo o dónde él puede encontrar el poder para vivir semejante vida. Tal ambigüedad oscurece el evangelio de la gracia y confunde a los inconversos en lo que se refiere a ser un cristiano. Hacer una oración, aunque incluya una articulación de arrepentimiento, no es lo que salva. Es la persona y el trabajo redentor de Cristo lo que salva; nuestro continuo arrepentimiento y creencia, ambos regalos de Dios (Hch. 11:18; Efe. 2:9-9; 2 Ped. 1:1), son los que nos sumergen en la corriente de la gracia redentora de Dios. Una oración- incluso una sincera- puede o no ser evidencia de la fe salvadora de la que escribe Santiago en Stgo. 2. 

 

Ciertamente, Warren está en lo correcto en su intento de compartir el evangelio antes de comenzar a exponer los propósitos de la vida cristiana. Pero, animando la seguridad de salvación, donde no hay ni siquiera el botón, mucho menos el fruto de arrepentimiento, es uno de los mayores problemas en el evangelismo americano de hoy. Los propósitos que Warren propaga son propósitos solidamente bíblicos y cada cristiano debería preocuparse con los mismos. El problema es que se convierten en moralismos en la ausencia de una presentación clara del evangelio.  

 

5. La conversión es confundida con vivir con propósito.

 

Porque la presentación del evangelio es nebulosa, la conversión es confundida facilmente con vivir con un propósito. «No hay habilidades no-espirituales, sólo mal usadas. Empiece a usar las suyas para el placer de Dios» (Pág. 75). Yo estoy seguro que Warren no intenta comunicar que usar nuestras habilidades para el placer de Dios es la esencia de la salvación, pero así es que se lee a los ojos de un inconverso sin una estructuración del evangelio más transparente. Empezando a usar mis habilidades para el placer de Dios no es una respuesta de salvación al evangelio si no está acompañada por arrepentimiento. Esto es justicia por obras. U otra vez, «¿Hará usted el agradar a Dios la meta de su vida?» (Pág. 76). Es una buena pregunta, pero porque el evangelio no ha sido presentado claramente, podría ser fácilmente entendido como implicando que yo seré salvo y mi vida mejorará si yo sólo hago del agradar a Dios la meta de mi vida, a pesar de mi corazón no arrepentido. Aún antes de su presentación del evangelio, Warren confunde la idea de vivir con propósito con la realidad de la conversión. «Nada importa más que saber los propósitos de Dios para su vida y nada puede compensar que no conozcamos estos propósitos… La peor tragedia no es la muerte, sino la vida sin propósito» (Pág. 30). Pero, ciertamente, la peor tragedia no es la muerte ni la vida sin propósito, sino ambas vida y muerte sin responder al evangelio en arrepentimiento y fe. 

Sin embargo alguien podría todavía decir, «¿No es la vida con propósito como Warren la define- adoración, evangelismo, comunión, discipulado y ministerio- realmente lo mismo que arrepentimiento? Si alguien está haciendo todas esas cosas, ¿cómo puede usted decir que no están teniendo un estilo de vida de arrepentido? ¡Deje el juego de palabras y proceda con el cumplimiento de la Gran Comisión!» Quizás nuestro amigo bocón está en lo correcto otra vez. Quizás todo esto es simplemente un asunto de terminología, y Warren solamente no está usando el vocabulario que a mí me gustaría que él usara. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que cada uno de esos propósitos puede ser llevado a cabo hipócritamente. Las personas lo hacen todos los días. Ellos leen sus biblias, cantan himnos en la iglesia con lágrimas en sus ojos, dan dinero para las misiones, tal vez incluso comparten su fe en el trabajo y van a cortos viajes misioneros, mientras albergan y esconden años de pecados sin arrepentimiento debajo del piso de sus corazones. El arrepentimiento no es solamente hacer todas las cosas externamente. También es apartarse de todo lo malo internamente. 

 

El arrepentimiento no se trata más hasta la página 182, como parte de la santificación progresiva. «Para ser como Cristo usted debe desarrollar la mente de Cristo. El NT le llama a esto arrepentimiento de transformación mental, que en griego literalmente significa ‘cambiar su mente.’ «Usted se arrepiente cada vez que usted cambia su manera de pensar y adopta la manera de pensar de Dios» (Pág.182). Ciertamente ésta es una presentación más correcta del arrepentimiento, aunque todavía le hace falta la conexión específica con el pecado. Ahora bien ¿el arrepentimiento sólo debe suceder después de la conversión? No, el arrepentimiento es parte de la conversión; significa que llamar a los inconversos a salvación es fundamental para la fiel predicación del evangelio de Cristo (Marcos 1:14-15). El pastor cristiano, por lo tanto, está sobre terreno peligroso al seguir a Warren cuando espera llamar claramente a las personas al arrepentimiento del pecado, después que los haya convencido de que se arrepintieron sin el arrepentimiento. Cuando dilatamos el llamado al arrepentimiento, confundimos el significado de ambos, evangelismo y conversión; inconscientemente, engañando personas con la que ellos han compartido el evangelio fielmente sin requerir arrepentimiento, o que ellos han respondido moderadamente al evangelio sin entregarlo.  

 

6. La conversión es confundida con un profundo deseo de agradar a Dios.

 

«Lo que Dios mira es la actitud de tu corazón- ¿complacerlo a El es tú más profundo deseo?… ¿Harías de complacer a Dios la meta de tu vida? No hay nada que Dios no haga por la persona totalmente absorta con esta meta» (Pág. 76). Esto suena grandioso, y yo estoy de acuerdo con que Dios no mira meras apariencias externas, pero a El sí le importan nuestros afectos y actitudes. La integridad o sinceridad de mi deseo de agradar a Dios no es fundamentalmente lo que Dios busca cuando salva- de lo contrario la salvación no sería totalmente por gracia, como Warren afirmaría apasionadamente, y millones de musulmanes devotos estarían camino al cielo, lo que Warren negaría apasionadamente. Una persona puede tener un profundo deseo de agradar a Dios, pero sin arrepentimiento del pecado y la creencia en Jesucristo solamente como el único Quien ha pagado la penalidad por ese pecado, nadie es convertido. 

 

También a veces cuando Dios mira mi corazón El ve pecado- orgullo, codicia, amargura, ira, lujuria- las nueve yardas completas, a pesar de que soy un cristiano. Los elementos de mi vieja naturaleza todavía están todos dentro de mí, a pesar de que me entristece y a veces me avergüenza tener que admitirlo, y a pesar de que Dios ha dado el tiro final a mi vieja naturaleza en la muerte y resurrección de Cristo. Entonces, ¿y qué si agradar a Dios no es siempre mi más profundo deseo? ¿Qué piensa Dios de mí entonces? Lo que Dios mira en mi corazón no puede ser solamente mis deseos. Si ése fuera el caso, sería imposible para cualquier persona ser salvo. Pero gloria a Dios, lo que El mira es la justicia de Su propio Hijo perfecto, que El acreditó a mi cuenta por gracia a través de la fe, para que yo pueda ser absuelto ante la vara de Su indoblegable justicia (2Cor. 5:21). Eso es lo que significa ser convertido. Solamente ahora podemos nosotros comenzar a pensar acerca de vivir con un propósito, a la luz del evangelio de la gracia de Dios en Cristo. 

 

C) Peligros del Discipulado

 

1. Sólo el evangelio tiene el poder de empuje para el individuo cristiano.

 

El objetivo primario de Warren es mostrar al lector «cómo vivir una vida con propósito- una vida guiada, controlada y dirigida por los propósitos de Dios» (Pág. 30). La definición asume que el propósito tiene poder para llevar al creyente hacia delante en la vida cristiana. Sin embargo, aún los propósitos de Dios no tienen poder de empuje para cumplirse ellos mismos. Dios cumple sus propósitos a través del instrumental de Su palabra efectiva. Así lo leemos en Isa. 55:10-11.

 

Porque así como la lluvia y la nieve caen del cielo y no se devuelven sin mojar la tierra y hacerla concebir y germinar, y proveyendo de semilla al sembrador y de pan al que come; así será Mi palabra que sale de mi boca; no volverá a Mí vacía, sin cumplir lo que Yo deseo y sin tener éxito en los asuntos para los que Yo la envío. 

 

Este pasaje de Isaías es la razón por la que no podemos resolver la dificultad simplemente igualando los propósitos de Dios con el evangelio: la distinción entre los dos es clarificada aquí en que la palabra de Dios es lo que cumple los propósitos de Dios. Los dos son claramente distintos en la misma mente de Dios- Dios envía Su palabra para cumplir Sus propósitos. Vemos el mismo instrumental activo del evangelio en el NT (Hch. 20:32; Rom. 1:16; 1 Cor. 1:18; Col. 1:5-6; Heb. 4:12; Stgo. 1:18; 1 Ped. 1:23-25). 

 

Lo que esto significa, sin embargo, es que el evangelio es lo que habilita nuestra participación en los propósitos de Dios. La vida cristiana no es, por lo tanto, llevada (guiada) por propósito; es llevada (guiada) por el evangelio. 

 

2. La primacía del evangelio es sustituida por la primacía del propósito.

 

La definición de La Vida con Propósito (la vida guiada por propósito) (Pág. 30) también asume que no hay nada más fundamental por lo que un cristiano debe ser guiado que los propósitos de Dios como los entiende y define Warren. Sin embargo, detrás de todos esos propósitos está el evangelio. 

 

El evangelio no solamente capacita nuestra participación en los propósitos de Dios; también regula e informa nuestra participación en esos propósitos, determinando con quién buscamos unidad, por quién somos discipulados, con quién cooperamos en el evangelismo, cómo andamos en la tarea del evangelismo, y la forma en que vamos cumpliendo ambos el Gran Mandamiento y la Gran Comisión. Cuando la primacía del evangelio es sustituida (reemplazada) por el propósito, el evangelio cesa de regular nuestra participación en esos propósitos. Nos arriesgamos a adquirir esa clase de ecumenismo errado que viene de unirnos con otras iglesias alrededor del propósito del evangelismo, sin asegurarnos primero que se comparte un entendimiento bíblico común, ambos dentro de las iglesias que cooperan con los asuntos de nuestro evangelismo.  

 

Nos arriesgamos a ofrecer una adoración que desagrada a Dios porque viene ante Su presencia con la mala percepción de nuestro mérito más que con el reconocimiento de nuestra rebelión. Nos arriesgamos a tener una comunión basada más en asuntos demográficos comunes o incluso metas en común que en un entendimiento y experiencia comunes en el poder transformador del evangelio. Nos arriesgamos a llevar a cabo un discipulado que enseña santidad a través del esfuerzo en vez de la gracia. Nos arriesgamos a adquirir un amor que es demasiado tolerante para ofender. 

 

Nada de esto es para insinuar en lo más mínimo que ya sea Warren o Saddleback ha cometido cualquiera de estos errores haciendo el propósito primario. Pero no es difícil ver el potencial por estos errores en comentarios como éste: «Si nos concentramos en amarnos el uno al otro y cumplir los propósitos de Dios, tenemos como resultado la armonía» (p162). Hasta cierto punto esto es verdad; pero es reduccionista. Warren obviamente intenta fomentar la unidad aquí, pero ni el amor ni la unidad es distintivamente cristiano si no está regulada por un entendimiento correcto y común de lo que el evangelio cristiano es y de la respuesta que éste acarrea. 

 

3. La adoración se malinterpreta como rendición.

 

Warren articula una vista fuertemente activa de la adoración en la Pág.74. Pero en la Pág. 75 él iguala ofrecerse uno mismo a Dios con rendición, y en Pág. 77 él dice «El corazón de la adoración es la rendición» (citando Rom. 12:1-2). Sin embargo, ofrecerse uno mismo como específicamente un sacrificio vivo es diferente a la idea totalmente pasiva de la rendición. Warren clama que «rendirse a Dios no es una resignación pasiva, fatalismo, o una excusa para la holgazanería» (Pág. 80). Pero sólo una página más adelante él elabora que «Usted déjelo todo y permita que Dios trabaje» (Pág. 81), como un sumario de lo que significa depender (confiar en) del Señor sin sentir como si usted necesitara sentirse en control. Warren sí dice al final del capítulo que a veces la rendición significará «hacer tareas inconvenientes, desagradables, con un alto costo o aparentemente imposibles» (Pág. 84). Pero usar el lenguaje de rendición para hablar acerca de cosas que requieren actividad es más confuso que de ayuda. 

 

4. «La verdadera comunión» se descentraliza de la congregación reunida.

 

«El cuerpo de Cristo, como su propio cuerpo, es en realidad una colección de muchas células pequeñas. La vida del cuerpo de Cristo, como su cuerpo, está contenida en las células. Por esta razón, cada cristiano necesita estar involucrado en un pequeño grupo dentro de su iglesia… Aquí es donde la verdadera comunión toma lugar, no en las grandes reuniones» (Pág.139). Sin embargo ekklesia, la palabra griega para iglesia, significa «reunión». La iglesia es la comunidad de Dios, el programa de Dios para ambos evangelismo y discipulado. Jesús pudo haber reunido doce discípulos, pero no se nos manda en ningún sitio en la escritura a formar pequeños grupos, ni se nos dice que la «verdadera comunión» sucede en ningún otro sitio que no sea donde se reúne la iglesia, la ekklesia. La participación en pequeños grupos puede ser sabia y de ayuda, pero la estructura de estos grupos no es mandada bíblicamente. La ekklesia es donde crecemos, en parte, tal vez, porque es ahí donde aprendemos a amar personas muy diferente a nosotros, personas con quien tal vez hemos compartido poca cosa fuera del evangelio. Cuando rompemos la iglesia en células o pequeños grupos, son casi siempre basados en afinidad o geográficamente. Pero fomentar la idea de que la «verdadera» comunión sólo pasa en grupos basados en afinidad o geografía ignora y casi parece contradecir el poder de unidad del evangelio en medio del pueblo que comparte poco o nada en común excepto la fe salvadora en Cristo.  

 

La autenticidad, mutualidad, simpatía y misericordia son todas ingredientes indispensables de la comunidad cristiana. Pero la responsabilidad- confrontación y confesión de pecado conocido, junto con la exhortación a arrepentirse y crecer- está extrañamente ausente. Entonces se nos dice que la comunidad requiere compromiso, honestidad, humildad, cortesía, confidencialidad y frecuencia     (Pág. 145-151); pero nunca se nos dice que nuestra comunión es distintivamente en el evangelio de Jesucristo. Puedo encontrar lo que sea desde autenticidad hasta frecuencia en un club rotario si yo quisiera. Sin el evangelio- sin el arrepentimiento perseverante del pecado y creencia continua en la muerte y resurrección expiatoria sustitutiva como la que me absuelve de mi pecado delante de Dios- no hay nada distintivamente cristiano acerca de ninguna comunidad- o aún acerca de aquéllos que la hacen. 

 

5. El discipulado es reducido a decisiones.

 

«Permitimos a Cristo que viva a través de nosotros. ‘Este es el secreto: Cristo vive en ti.’ ¿Cómo sucede esto en la vida real? A través de las decisiones que tomamos. Escogemos hacer lo correcto en situaciones y entonces confiamos en el Espíritu de Dios para que nos dé Su poder, amor, fe y sabiduría para hacerlo… Dios espera que usted actúe primero» ( Pág. 174, 175). Estoy de acuerdo que las buenas decisiones son parte de nuestro avance en la santificación progresiva. Pero si Dios esperara que nosotros actuemos primero, El estuviera esperando un tiempo bien largo. Nosotros necesitamos la gracia hasta para tomar la decisión, y la gracia viene de Dios que actúa primero en y para nosotros. Dios nunca espera que usted actúe primero (Eze. 36:26-27; Rom. 5:8-10; Efe. 2:1-6; Fil. 2:12-13). 

 

6. El ministerio es identificado erróneamente como el sendero al significado (o a la importancia).

 

«En el reino de Dios, usted tiene un lugar, un propósito, un rol y una función qué cumplir. Esto le da a su vida un gran significado y valor» (Pág. 228). «El servicio es el sendero para el verdadero significado» (Pág. 232). Warren parece estar insinuando que vivir una vida centrada en los demás es la manera de vivir que más vale la pena. Sin embargo hablando en términos de significado personal es engañoso. El significado personal en la vida cristiana viene de nuestro estatus inmutable como hijos de Dios, no de la tarea que Dios nos da para hacer o el éxito cambiante con que nos topamos. Una vez empezamos a buscar nuestro sentido o significado en nuestro ministerio, somos más susceptibles a un orgullo nauseabundo o un profundo desaliento. El significado personal viene del evangelio y de lo que Dios ha hecho por nosotros- perdón, reconciliación a Dios, Su amor sacrificial por nosotros- no de lo que Dios nos da para que «hagamos por El» en el ministerio. 

 

7. Los dones son identificados como garantías de los deseos de Dios para nosotros.

 

«Lo que yo puedo hacer, Dios quiere que yo lo haga… Dios nunca le pedirá que dedique su vida a una tarea para la cual no tiene talento. Por otra parte, las habilidades que usted sí tiene son un fuerte indicativo de lo que Dios quiere que usted haga con su vida» (Pág. 243-244). «Usar su ‘forma’ es el secreto para ambos plenitud de frutos y realización en el ministerio… Usted será lo más efectivo cuando usted use sus dones y habilidades espirituales en el área que su corazón desee, y de la manera que mejor exprese su personalidad y experiencias. Mientras mejor le quede, más exitoso será usted» (Pág. 248). Tal vez, pero ¿y qué de Moisés y Jeremías (Ex. 3:11; 4:10; Jer. 1:6)? De seguro que ellos eran buenos haciendo otras cosas. Pero esas cosas no eran a las que Dios los había llamado para hacer. Yo entiendo lo que Warren quiere decir- usualmente Dios trabaja de acuerdo a los dones y pasiones que El nos hadado; de acuerdo. Pero decir sin calificación que Dios quiere que yo haga lo que yo puedo hacer es engañoso- no deja lugar ya sea para esperar en el tiempo de Dios para hacer aquello en lo que soy bueno, o hacer algo en lo que me siento totalmente incapacitado pero que como quiera tiene que ser hecho. A veces Dios nos llama a hacer precisamente esas cosas en las que nos sentimos totalmente incapacitados sólo para probar que El es El Unico que merece el crédito. 

 

8. El evangelismo es separado de la predicación.

 

Warren dice que «su testimonio personal es más efectivo que un sermón, porque los inconversos ven pastores como vendedores profesionales, pero lo ven a usted como un ‘cliente satisfecho’, así que le dan a usted más credibilidad. Las historias personales también son más fáciles de relatar que principios (o reglamentos) y a las personas le encanta escucharlas. Ellas capturan nuestra atención y las recordamos por más tiempo… Otro valor de su testimonio es que traspasa la defensa intelectual» (p290). Sin embargo, Pablo no puede concebir el compartir el evangelio fuera de la predicación del evangelio (Rom. 10:14). El testimonio personal bien podría ser una manera efectiva de compartir el evangelio, si de hecho el evangelio es la parte más prominente de nuestro testimonio, si es explicado suficientemente para que sea entendido por el inconverso de una manera bíblicamente inerrante, y si la respuesta apropiada de arrepentimiento y creencia es tanto explicada como implicada. Pero si el testimonio personal es apenas una historia personalizada de cómo mi vida mejoró después de que yo oré una oración ambigua, o si el evangelio no es explicado y el arrepentimiento y la creencia no son traídos, entonces el testimonio es tan ineficaz como golpear las personas en la cabeza con una biblia de estudio. 

 

Warren también lamenta aquí que «los inconversos ven los pastores como vendedores profesionales.» Sin embargo el mismo Warren perpetúa esta percepción presentando todos los beneficios de la Vida Guiada por Propósito y siendo ligero con el arrepentimiento. La introducción es representante del libro, prometiendo al inconverso que la perspectiva de la Vida Guiada por Propósito «reducirá su estrés, simplificará sus decisiones, aumentará su satisfacción, y lo más importante, lo preparará para la eternidad» (Pág. 9). Un poco más adelante, en una sección titulada «Los Beneficios de una Vida con Propósito,» Warren anuncia el paradigma de ser guiado por propósito como capaz de dar significado a su vida, simplificar su vida, enfocar su vida, motivar su vida y prepararlo para la eternidad (Pág. 30-33). Al final del día, el acercamiento al evangelismo se trata de vender a los inconversos el evangelio mostrándoles cómo suplir a sus necesidades a medida que ellos las perciben y las definen, en vez de predicarles la cruz de Cristo y llamar a las personas al arrepentimiento y a la fe. 

 

V. Conclusión

 

Otra vez, nada de esto es para menospreciar los cinco propósitos que Warren promueve. Los propósitos mismos son sólidamente bíblicos. Ni tampoco es nada de esto para impugnar los motivos de Warren para escribir el libro {1}. La dificultad es que a pesar de que el evangelio no es presentado claramente al lector inconverso que Warren presume alcanzar, cualquier persona que «ore la oración» is después de todo inmediatamente afirmado en su conversión y exhortado en su seguridad. Sin embargo aún si el evangelio ha sido presentado claramente, el efecto del método evangelístico de Warren es producir convertidos cuestionables, y el efecto del modelo ser guiado por propósito es reemplazar la primacía del evangelio con la primacía del propósito. El resultado es una confusión de conversión con vivir con propósito, dando al libro entero un sabor moralizado que encaja con la hermenéutica que lo dio a luz. 

 

El evangelio solo capacita e informa nuestra participación en los propósitos de Dios. Solamente el evangelio, entonces, debe ser proclamado como el que tiene el poder de guiar la vida cristiana y solamente el evangelio debe gozar la primacía en la vida cristiana. Lo que necesitamos es una Vida Guiada por el Evangelio

 

{1} En sus palabras, él quiere «explicar los propósitos de Dios para nuestras vidas en las maneras más simples» («Una Fenómeno con Propósito: Una Entrevista con Rick Warren» {ModRef: Enero/Febrero 2004, vol. 13, #1}). 

Evidencia Bíblica de la Pluralidad del Liderazgo

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Evidencia Bíblica de la Pluralidad del Liderazgo

Evidencia de Pluralidad entre Pastores/Ancianos/Apacentadores

A. Donde un Anciano/Superintendente/pastor es mencionado en el Nuevo testamento, es predominantemente referenciado en la forma plural

Iglesia de Jerusalén

  • 1. Hechos 11:30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo
  • 2. Hechos 15:2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.
  • 3. Hechos 15:4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.
  • 4. Hechos 15:6 Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto.
  • 5. Hechos 15:22-23 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud.
  • 6. Hechos 16:4 Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen.

 Iglesia de Listra, Iconnio y Antioquía

  1. Hechos 14:23 Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
  2. 1ª Timoteo 4:14 No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.

 Iglesia de Efeso

  1. Hechos 20:17 Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.
  2. Hechos 20:28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.
  3. 1 Timoteo 5:17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

Iglesia de Filipos

  1. Filipenses 1:1 Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos

Iglesia de Creta

  1. Tito 1:5 Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé

Otras Iglesias

  1. Santiago 5:14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
  2. 1ª Pedro 5:1 Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada…
  3. 1ª Pedro 5:2,3 Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

B. No existen ejemplos donde se haga una clara indicación de un solo  Anciano/Pastor/Superintendente/Apacentador sobre la iglesia.

C. Todas las referencias singulares para Anciano/Pastor/Superintendente/Apacentador son totalmente compatibles con la pluralidad.

  • 1ª Timoteo 3:1-2 Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar
  • 1ª Timoteo 5:19 Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos.
  • Tito 1:6 el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía…
  • Tito 1:7 Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas.
  • 1ª Pedro 5:1 Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada.

Evidencia de Pluralidad Entre Diáconos

 A. Donde un diácono (s) es mencionado en el Nuevo Testamento, el oficio es predominantemente referenciado en la forma plural.

  • 1. Hechos 6:1-7 En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. 3Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos. Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
  • 2. Filipenses 1:1 Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos…
  • 3. 1ª Timoteo 3:8 Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas.
  • 4. 1ª Timoteo 3:10 Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles.

 

 La única referencia en singular para Diácono (singular) es completamente compatible con la pluralidad.

1ª Timoteo 3:12 Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas.

Evidencia de la Pluralidad Entre los Apóstoles y Sus Delegados

A. Jesús escogió a doce apóstoles.

  • Mateo 10:2-4 2Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, 4Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.
  1. Marcos 3:14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.
  2. Lucas 6:13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.
  3. Juan 6:70 Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?

B. En Hechos y en las epístolas se hace a menudo referencia a los apóstoles en la forma plural.

  •  Hechos 1:2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido.
  • Hechos 1:26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
  • Hechos 2:37; 2:42-43; 4:33; 4:35-37; 5:2; 5:12; 5:18; 5:29; 5:40; 6:6; 8:1; 8:14; 8:18; 9:27; 11:1; 14:4; 14:14; 15:2; 15:4; 15:6; 15:22-23; 16:4.
  • Rom. 16:7; 1 Cor. 4:9; 1 Cor. 9:5; 1 Cor. 12:28-29; 1 Cor. 15:7; 1 Cor. 15:9; 2 Cor., 11:13; Gal. 1:17; Gal. 1:19; Efes. 2:20; Efes. 3:5; Efes. 4:11; 1 Tes 2:6; 2 Ped. 3:2; Judas 1:17;

C. Existe una evidencia ocasional de ministerio singular, sin embargo una rendición de cuentas en curso a la pluralidad es convincentemente clara.

Referencias Singulares

  • Rom 1:1; Rom 11:13; 1 Cor 1:1; 1 Cor 9:1-2; 1 Cor. 15:9; 2 Cor. 1:1; 2 Cor. 12:12; Gal 1:1; Efes 1:1; Col. 1:1; 1 Tim 1:1; 1 Tim 2:7;  2 Tim 1:1; 2 Tim 1:11; Tito 1:1; Heb 3:1; 1 Ped 1:1; 2 Ped 1:1;

Rendición de Cuentas Explícita

  • Gálatas 2:1-15
  • Hechos 15:2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.
  • Hechos 15:4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.
  • Hechos 15:6 Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto.
  • Hechos 15:22-23 22Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; 23y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud.
  • Hechos 16:4 Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen.

D. Aun en la apariencia de un ministerio singular, permanece un contexto de equipo y referencia.

Pablo y Bernabé

  • Hechos 14:14 Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces…
  • Hechos 15:2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.

Pablo y Otros

  1. Hechos 16:17 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.
  2. Hechos 16:19 Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades;
  3. Romanos 16:21 Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípater, mis parientes.
  4. 2 Corintios 8:23 En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo.
  5. Filip 2:25; Col 1:17; 1 Tes 3:2; Col. 4:7; Fil 1:24;

¿Atar y Desatar Qué?

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¿Atando Y desatando Qué?

Mateo 18:18

Por Pablo Santomauro

Hoy en día es muy común el escuchar en las iglesias a cristianos «atar y desatar» enfermedades, pobreza, demonios y hasta al diablo mismo. Para apoyar esta práctica se usan pasajes como el siguiente: «De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo» (Mat. 18:18). Esta declaración del Señor fue dada en el contexto de disciplina dentro de la iglesia primitiva. Las palabras «atar» y «desatar» eran populares entre los rabinos de la época y equivalían a «prohibir» y «permitir»; en Mateo 18 equivalen a «disciplinar» y «restaurar». Aquel miembro de la iglesia que persiste en pecar debe ser separado (atado) de la congregación (1 Cor. 5:5), para luego en amor ser conducido al arrepentimiento y por consiguiente ser restaurado (desatado) Gálatas 6:1. Como vemos, los demonios, las enfermedades y la pobreza son totalmente ajenos al contexto.

Otro pasaje que se usa es Mateo 12:29, donde Jesús dice: «Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa». Esta declaración de Cristo es parte de una ilustración usada para refutar la acusación de los fariseos de que él expulsaba demonios en alianza con Satanás. Jesús expresa en contexto que él es más poderoso que Satán, y establece que sus exorcismos son hechos en el poder de Dios. Sería equivocado concluir de este pasaje que Cristo estaba estableciendo un patrón universal para ser seguido por los creyentes.

Alentamos a los cristianos a que se aparten del malentendido tan serio de Mateo 18:18 y 12:29 por las siguientes razones:

1. No es bíblico. La Escritura no enseña que «atar y desatar» es el método para combatir al diablo y sus huestes, sino a través de la oración, la lectura de la Palabra y una vida de obediencia.

2. El enfoque erróneo del cristiano es centrarse en los demonios en vez de Jesucristo; esto reduce la eficacia del creyente en el trabajo del Reino.

3. En el terreno práctico no da resultados, como la experiencia lo indica. Alguien dijo una vez: «Si en realidad ataron al diablo, debe haber sido con una cadena muy larga».

4. En cuanto a «desatar» pobreza o enfermedad, la Biblia trae principios que pueden gravitar en nuestro bienestar físico y material, pero en última instancia es la soberanía de Dios la que determina nuestra condición. Nosotros no controlamos esos aspectos. La Escritura enseña que es Dios el que controla y limita los movimientos del diablo y sus huestes; también es él quien guarda a los creyentes del mal (Job 1:12; 2:6; Luc. 22:31,32; 2 Tes. 3:3; 1 Jn. 5:18).

Ciertamente llegará el tiempo en que Jesús mismo «atará» al diablo por 1000 años (Ap. 20:1-3); luego del milenio Satanás y sus huestes serán lanzados en el lago de fuego (Ap. 20:10). Jesucristo no necesita la asistencia del ser humano en esta área (o ninguna otra). Entre tanto, el antídoto para combatir al diablo no es «atándolo» sino resistiéndolo firmes en la fe (1 Ped. 5:9). Santiago lo expresa claramente: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Stg. 4:7).

(15 de febrero, 1997)

Reseña del Libro de Benny Hinn

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Reseña del libro de Benny Hinn

Señor, necesito un Milagro

Por Pablo Santomauro y Ricardo Becerra

 

El título es más que llamativo, ¿quién no necesita un milagro? En la portada trasera del libro Señor, necesito un Milagro, el autor nos revela un «secreto», que por alguna razón, las grandes mentes del mundo cristiano no supieron descubrir en 2000 años de historia. El «secreto» consiste en que usted como cristiano, puede y debe recibir sanidad siempre, además de vivir en perfecta salud todo los días de su vida. Lamentablemente, el libro no cumple lo que promete.

¿Fe en Dios o en mis declaraciones?

Hinn afirma que existe un muro protector que nos protege de toda enfermedad (p. 93). Este muro protector consiste en «creer, proclamar y comenzar a vivir de tal forma que podamos decir: ‘¡La enfermedad no es mía y no la toleraré bajo ninguna circunstancia!’ Cuando este mensaje comience a moverse dentro de nuestra alma, la enfermedad tendrá que huir. . . Usted debe oírla, hablarla y confesarla» (pp. 94, 95).

Este concepto que se conoce como «la Confesión Positiva», las sectas metafísicas por muchos años lo han enseñado a sus adeptos. La Biblia no enseña la confesión positiva. Esta forma de orar promueve una fe en su propia fe o en sus declaraciones en lugar de depender de la soberanía de Dios. Cuando Timoteo padecía de sus problemas estomacales y enfermedades, Pablo no le recetó que negara sus síntomas de enfermedad y que reclamara o confesará su sanidad. Todo lo contrario, Pablo más bien le dio un remedio para aliviar sus malestares, bebiendo un poco de vino en lugar de agua (1 Tim. 5:23).

La Salvación y Sanidad

En el libro, Benny Hinn dogmáticamente dice: «Repito, cuando el Señor perdona el pecado, siempre incluye sanidad» (p. 89, «énfasis agregado») . Sin embargo, la Escritura y la vida real contradicen esta declaración. ¿Qué de las cantidades de personas que reciben a Cristo como su salvador estando enfermas y no son sanadas? ¿Qué de aquellos cristianos que caen enfermos y sufren por largo tiempo? Benny Hinn tiene la respuesta a estas preguntas:

1. La persona no ha seguido sus 4 leyes (pp. 94-95). 2. La persona puede estar en pecado (pp. 74-75). 3. La persona no tiene suficiente fe (pp. 97 y 102).

La absurdidad del razonamiento de Hinn es evidente, cuando recordamos al apóstol Pablo y su enfermedad (2 Cor. 12:7-9), a Timoteo con sus malestares estomacales (1 Tim. 5:23), o al profeta Eliseo que murió de una enfermedad (2 Rey. 13:14). ¿Acaso estos hombres de Dios vivieron en pecado o fueron faltos de fe? Además, si llevamos la declaración de Hinn a su conclusión lógica de que: «cuando el Señor perdona el pecado, siempre incluye sanidad» (p. 89), tendríamos que decir que si la persona que aceptó al Señor por primera vez, no sanó porque no tuvo suficiente fe para sanar, tampoco puede tener suficiente fe para ser salva, lo cual sería ¡absurdo!

¿Hágase mi voluntad?

Benny Hinn dice que nunca debemos decirle a Dios que se haga Su voluntad en nuestras peticiones: «Yo no soy de los que oran diciendo: ‘Si es tu voluntad Señor, sana a esta persona’. ¡La voluntad de Dios es sanar! Nunca me oirá orar diciendo palabras que puedan destruir la fe, tales como: Si es tu voluntad Señor, sánales. Dios quiere que se ponga de pie y sea sanado, hoy mañana y siempre!» (p. 83).

La palabra de Dios contradice categóricamente a Hinn. Jesucristo enseñó a sus discípulos a orar diciendo «hágase tu voluntad» (Mt. 6:10). En el jardín de Getsemaní Jesús mismo oró: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mt. 26:39). El apóstol Pablo oraba y pedía en oración, siempre condicionada a la voluntad de Dios (Rom. 1:10; 15:32). Además, el apóstol Juan nos dice que si oramos a Dios «conforme a su voluntad, él nos oye» (1 Jn. 5:14).

En Resumen

Si necesita un milagro de Dios, ponga su vista y confianza en nuestro Señor Jesucristo, el autor y el consumador de nuestra fe (Heb. 12:2). Dependa completamente de El cuando haga su petición, aunque nuestra oración no parezca ser contestada. La verdad es que Dios siempre contesta; a veces es un «sí», un «no» o «espera». Cualquiera que sea la contestación debemos permanecer firmes en Sus caminos, ya que esa es la verdadera fe.

Deseamos dejar algo en claro. En el Centro de Investigaciones Religiosas creemos firmemente que Dios sana y hace milagros en las vidas de sus hijos, en su propio tiempo, en su propio plan y de acuerdo con su soberana voluntad y propósito.

Después de haber examinado, a la luz de las Escrituras, algunas de las enseñanzas del libro Señor, necesito un Milagro, creemos que éste no es muy edificante para el crecimiento del cuerpo de Cristo, ya que éste contiene principios antibíblicos y conceptos metafísicos. Estas enseñanzas pueden confundir o desviar a muchos de los caminos de Dios después de darse cuenta que el libro no cumple lo que promete.

¿Responde Dios a la Oración de los Incrédulos?

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¿Responde Dios a la oración de los incrédulos?

 

 El Dios soberano puede contestar cualquier oración que a él se le haga. Pero la Escritura enseña claramente que Dios no escucha ni contesta cualquier oración. De hecho, la Escritura da por lo menos quince razones por las cuales no contesta la oración. Dios no contesta la oración de:

 Aquellos que tiene motivos personales y egoístas.

3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Stgo 4:3

 Aquellos que guardan iniquidad en sus corazones

Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. Salmo 66:18

 Aquellos que permanecen en pecado

2pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Isaías 59:2

31Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Juan 9:31

 Aquellos que sirven indignamente a Dios

7En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. 8Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. 9Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos. Malaquías 1:7-9

 Aquellos que se apartan de Dios

10Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados.11Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada, con hambre y con pestilencia. Jeremías 14:10-12

24 Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, 25 Sino que desechasteis todo consejo mío Y mi reprensión no quisisteis, …. 28 Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán. Proverbios 1:24-25,28

 Aquellos que no obedecen la ley de Dios

9 El que aparta su oído para no oír la ley, Su oración también es abominable. Proverbios  28:9

11Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; 12y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos. 13Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos; Zacarías 7:11-13

 Aquellos que hacen oídos sordos al clamor del pobre

13 El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído. Proverbios 21:13

 Aquellos que son violentos

 15Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Isaías 1:15

 2pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. 3Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua. Isaías 59:2-3

 Aquellos que rinden culto a los ídolos

 11Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán a mí, y no los oiré. 12E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso, los cuales no los podrán salvar en el tiempo de su mal. 13Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusiste los altares de ignominia, altares para ofrecer incienso a Baal.14Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que en su aflicción clamen a mí. Jeremías 11:11-14

 15Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas.16Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente. 17Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de maldad la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí que aplican el ramo a sus narices. 18Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré. Ezequiel 8:15-18

 Aquellos que no tienen fe

 6Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. Santiago 1:6-7

 Aquellos quienes viven en hipocresía

 1En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Lucas 12:1

Aquellos que guardan orgullo en su corazón

 6Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Santiago 4:6

 

5Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. 1ª Pedro 5:5

 Aquellos que se autojustifican

 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. Lucas 18:11-14

 Aquellos que maltratan al pueblo de Dios

 40  Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, Para que yo destruya a los que me aborrecen. 41 Clamaron, y no hubo quien salvase; Aun a Jehová, pero no los oyó. Salmo 18:40-41

 2Vosotros que aborrecéis lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y su carne de sobre los huesos; 3que coméis asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y los rompéis como para el caldero, y como carnes en olla. 4Entonces clamaréis a Jehová, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas obras. Miqueas 3:2-4

 Entonces, ¿Responde Dios las oraciones de los incrédulos? Responder afirmativamente o no responder a esto es difícil sin considerar la respuesta en varias maneras. Sin embargo, es digno mencionar que los principios mencionados representan algunas de la características claves de un incrédulo. De esta manera podemos decir seguramente esto, en general, DIOS NO CONTESTA LAS ORACIONES DE UN INCRÉDULO.

_  John F. Macarthur