Por Qué Vivir Para Dios Depende De Buena Teología

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Por Qué Vivir Para Dios Depende De Buena Teología

Por Mark Jones

¿Qué Es La Verdadera Teología?

La buena teología no garantiza necesariamente una buena vida. Demasiados pastores, teólogos, eruditos y laicos han poseído una buena teología y han vivido como su padre, el diablo (Juan 8:44-45). Sin embargo, para aquellos que desean vivir una vida piadosa, la buena teología no es una opción ya que somos santificados por la verdad (Juan 17:17).

Las Escrituras enseñan que la sana doctrina y la vida piadosa van de la mano, siendo la primera la base de la segunda. De hecho, el apóstol Pablo lo deja claro cuando escribe a Timoteo en un contexto afectado por la falsa enseñanza y la vida impía: “Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan” (1 Tim. 4:16).

La salvación del pueblo de Dios está explícitamente ligada al ministerio de Timoteo, que debe caracterizarse tanto por su vida sana como por sus buenas enseñanzas. Por esta razón, muchos teólogos en el pasado definieron la teología de una manera en la que el aspecto práctico del cristianismo era parte de la definición de la verdadera teología. Por ejemplo, el puritano William Ames afirmaba: “La teología es la doctrina o la enseñanza de vivir para Dios”. Para Ames, la teología, tan conceptual como siempre estará dentro de la mente, nunca debe estar divorciada de la respuesta práctica que surge de acuerdo a la voluntad.

El teólogo reformado holandés Petrus van Mastricht se basó en Ames para afirmar, “La teología se define más correctamente como la doctrina de vivir para Dios a través de Cristo”. La adición “a través de Cristo” enfatiza correctamente el hecho de que vivir para y con Dios es imposible sin nuestra unión con Cristo. Como Ames, van Mastricht creía que la teoría y la práctica van juntas en la teología; y así, “Nada se ofrece en la teología que no se incline a este punto, a saber, que la vida de una persona debe dirigirse hacia Dios… Por lo tanto, la teología no es otra cosa que la doctrina de vivir para Dios a través de Cristo.” Como resultado, la buena teología (la que es bien recibida) resulta en una buena vida (la que es bien entregada).

Cinco Pilares

Para mí, hay cinco pilares fundamentales en la fe cristiana. En pocas palabras, la fe cristiana se define como aquello que es:

1. Orientado a la Trinidad

2. Centrado en Cristo

3. Energizado por el espíritu

4. Habitado en la Iglesia

5. Anticipado por el Cielo

Estas son doctrinas que no sólo creemos, sino también a las que respondemos con fe. Así, por ejemplo, creer verdaderamente en la Trinidad es orientar nuestras vidas en torno a la comunión con el único Dios en tres personas, por lo tanto, es “orientado a la Trinidad”. Tenemos comunión con el Padre en el amor, el Hijo en la gracia, y el Espíritu nos da esta comunión con el Padre y el Hijo (2 Cor. 13:14).

Nuestro agradecimiento a Dios por sus actos salvíficos hacia nosotros es imposible sin el conocimiento de lo que Cristo ha hecho por nosotros. Observe cómo Pablo une “las cosas que hay que creer” con “las cosas que hay que hacer” en 2 Corintios 5:14-15: “Porque el amor de Cristo nos domina, pues hemos llegado a la conclusión de que uno murió por todos, y por eso todos murieron; y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que por ellos murió y resucitó”.

Vivimos por Cristo porque Cristo vivió y murió por nosotros. Como tal, nuestras vidas cristianas están centradas en Cristo. Pero no somos capaces de mantener una vida centrada en Cristo aparte de estar “energizados por el Espíritu”. Cristo envió su Espíritu, el Espíritu de Cristo (Rom. 8, 9), para que habite en nosotros y nos permita vivir para Dios por medio de Cristo.

Hablando en el siglo XVII, Thomas Goodwin señaló una vez, “Hay una omisión general en los santos de Dios, al no dar al Santo [Espíritu] esa gloria que se debe a su persona… La obra que hace por nosotros en su bondad es tan grande como los del Padre o el Hijo.” Me pregunto si esto sigue siendo cierto hoy en día para muchos de nosotros. ¿Vivimos conscientes de nuestra total dependencia del Espíritu Santo para nuestra salvación? Si se nos enseña acerca de las glorias del Espíritu y su conexión con la obra del Padre y el Hijo, entonces tal vez nuestro deseo de ser habitados por él aumentará; lo que debería (ordinariamente) darnos una mayor experiencia cristiana y una vida más santa para Dios.

El lugar donde típicamente aprendemos sobre las gloriosas verdades de la fe cristiana es la iglesia. Si Dios es nuestro Padre, entonces la iglesia es nuestra madre. Básicamente, todos podemos estar de acuerdo en que una buena madre protege, nutre y fortalece a sus hijos. Cuando esos hijos son hijos de Dios, la responsabilidad de la “madre” (es decir, la iglesia) se refuerza naturalmente hasta tal punto que hablamos de la necesidad de la iglesia en términos de vida y muerte. Como un bebé muere de hambre sin la leche de su madre, una persona morirá de hambre espiritualmente sin la leche de la palabra de Dios de la iglesia. En otras palabras, no se puede ser un cristiano privado. El Nuevo Testamento hace especialmente del cristianismo un asunto “público” en el que los creyentes pertenecen a una asamblea visible del pueblo de Dios, que normalmente incluye a pastores, ancianos, diáconos y miembros. Por lo tanto, vivimos una vida habitada por la iglesia.

En Efesios 4:11-16 vemos este principio dilucidado por Pablo. Cuando Cristo ascendió, le dio dones a la iglesia:

11 Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, 12 a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error 15 sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro[d], produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor..

Cristo desea que el cuerpo se edifique en el amor. Para que esto suceda, ha dado a la iglesia los dones para hacer esto posible, sin los cuales nos moriríamos de hambre espiritualmente.

Finalmente, la fe cristiana, en su forma básica de vivir para Dios, debe ser una vida anticipada por el cielo. En esta vida, con todas sus luchas y desafíos, estamos anhelando algo más allá de este mundo. Buscamos la vida eterna que saboreamos ahora en Cristo y que disfrutaremos en su sentido más pleno en la muerte y más allá, en la segunda venida de Cristo. La joven iglesia de Tesalónica tenía este concepto; se decía de ellos que “se convirtieron a Dios desde los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, y para esperar de los cielos a su Hijo, a quien resucitó de entre los muertos, a Jesús que nos libra de la ira venidera” (1 Tes. 1, 9-10). Esta es la vida cristiana en pocas palabras: una vida vivida en la adoración de nuestro Dios trino, por medio de Cristo, mientras esperamos que nuestro mismo Salvador regrese y nos lleve a la gloria celestial.

Así, la verdadera teología es la doctrina de vivir para Dios, por medio de Cristo, por el Espíritu, en el contexto de la iglesia, y con mira a las glorias del cielo.

Mark Jones es el autor de Living for God: A Short Introduction to the Christian Faith.

2 comentarios sobre “Por Qué Vivir Para Dios Depende De Buena Teología

    […] a través de Por Qué Vivir Para Dios Depende De Buena Teología — […]

    luzparalasnacionesinternacional escribió:
    24 febrero 2020 en 10:14 am

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